lunes, 9 de marzo de 2026

[Irán] Declaración sobre la guerra en curso y la urgencia de la acción revolucionaria

Confederación del Trabajo Iraní en el Extranjero (ILC)
1 de marzo de 2026
Traducción automática desde https://communaut.org/de/angriffe-auf-den-iran-angriffe-auf-das-leben

El asesinato de Alí Jamenei, junto con varios miembros de alto rango del llamado Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Iraní (CGRI) y del aparato gobernante, constituye un acontecimiento extraordinario en Irán. Constituye un duro golpe al corazón de la maquinaria represiva y a la columna vertebral de la República Islámica. Para millones de iraníes, la muerte de un hombre que durante décadas representó masacres, opresión, pobreza, militarismo y un régimen sangriento ha desencadenado un momento de liberación: una mezcla de ira reprimida durante mucho tiempo y un alivio explosivo. La presencia de gente en las calles y la reacción social en general demuestran la profundidad del odio acumulado en la sociedad durante años de crímenes y masacres.

Esto no es alegría por la guerra. No es alegría por los bombardeos ni por la muerte de niños. No es alegría por la intervención extranjera. Es el sombrío alivio de que estén apareciendo grietas en un monstruo que, hace apenas dos meses, en el Dey [Nota: el décimo mes del calendario iraní], empapó el país en sangre, disparando y aplastando a decenas de miles y transformando la sociedad en un océano de dolor y rabia. Las personas que hoy respiran son las mismas que fueron golpeadas, fusiladas y encarceladas ayer.

Sin embargo, debemos dejar clara la realidad: este golpe contra la cúpula del Estado se produjo en el contexto de una guerra librada desde arriba y sin la voluntad popular. Una guerra que amenaza vidas, transforma ciudades en zonas de muerte y busca paralizar la sociedad mediante el miedo y la destrucción. Estados Unidos e Israel desempeñaron un papel directo con sus ataques militares y deben ser condenados incondicionalmente. Ninguna narrativa de "rescate" ni ninguna representación "defensiva" puede justificar la matanza de civiles. Al mismo tiempo, debe quedar claro: la República Islámica y el CGRI no son víctimas de esta guerra, sino que se encuentran entre sus principales artífices. Un Estado que durante años utilizó a la sociedad como escudo para sus proyectos militares y nucleares ahora está pagando el precio de esta política con un colapso interno. La muerte de Jamenei no significa que la crisis haya terminado, pero demuestra inequívocamente que este sistema ya no puede reproducir su antigua autoridad. Una estructura cuyo líder ha sido destituido, que ahora está en guerra y se enfrenta a una sociedad llena de ira y odio, ha entrado en una fase de inestabilidad irreversible.

También debemos ser conscientes de un hecho crucial: una ruptura en la cúpula no implica automáticamente que la voluntad popular se haga realidad. Es precisamente en momentos como estos que se activan los proyectos que buscan controlar la sociedad: la "transición controlada", la reorganización de las élites y la promoción de alternativas desde arriba que buscan secuestrar la revolución y arrebatarle al pueblo el control de los acontecimientos. Los pactos secretos, la reproducción de la misma estructura con una nueva cara o la instauración de gobiernos títeres bajo la bandera de la "estabilidad" y la "transición" son intentos de neutralizar la dinámica revolucionaria y bloquear el poder directo del pueblo. Estos escenarios no significan el fin de la República Islámica, sino la continuación del mismo orden represivo bajo una nueva forma.

La única fuerza que puede evitar este desenlace es una organización democrática de base, independiente y nacional. En un momento como este, la cuestión central no es simplemente la "resistencia a la guerra". La verdadera pregunta es si la sociedad puede aprovechar conscientemente la brecha creada por la ruptura en la cúpula para impulsar la revolución. La guerra tiene como objetivo intimidar a la sociedad y detener la revolución; la respuesta del pueblo debe ser reconstruir y organizar su poder social en medio de esta crisis.

Los trabajadores, los asalariados, los jóvenes, las mujeres y todas las fuerzas sociales deben comprender una verdad fundamental: ninguna potencia extranjera les traerá la libertad. La única fuerza que puede finalmente derrocar este sistema es una sociedad organizada. Unirse a las organizaciones sociales existentes, fortalecer las organizaciones obreras independientes y crear consejos, comités locales y redes de ayuda mutua ya no es una "opción", sino una necesidad urgente, tanto para proteger vidas humanas en tiempos de guerra como para asumir el control colectivo del futuro de la sociedad.

La República Islámica está herida e inestable. Este no es momento de observar ni dudar, sino de actuar. El verdadero fin de esta guerra no llegará mediante acuerdos entre estados, sino mediante el derrocamiento revolucionario de un orden que ha convertido la vida misma en un campo de muerte. Hacemos un llamamiento a la gente de todo el mundo, a los movimientos obreros y a todas las fuerzas que aman la libertad a solidarizarse con el pueblo iraní, no con los estados ni con las máquinas de guerra. La verdadera solidaridad significa apoyar el derecho del pueblo a derrocar a la República Islámica y construir un orden humano, libre e igualitario. La lucha ha entrado en una nueva fase. Se ha roto la opresión, se ha desvanecido el miedo y se ha abierto la posibilidad de avanzar. Una sociedad que ha derramado tanta sangre tiene el derecho —y el deber— de forjar su propio futuro.

«¡Quieren convertir Teherán en Gaza!»

Un informe desde Teherán
Se actualiza a medida que recopilan o reciben información: http://dndf.org/fil-infos-iran


Amanece en el octavo día de guerra. Las explosiones de ayer nos han mantenido a todos despiertos. Las detonaciones vuelven a empezar. M. cuenta los sonidos y distingue las explosiones del fuego antiaéreo. Se oye el ascensor; los vecinos suben al tejado uno a uno. W. abraza a P. y llora en silencio. M. dice: «Van a convertir este lugar en Gaza también».

Se acercaba el amanecer y los ruidos habían cesado, pero un amigo llamó para decir que Mehrabad había sido pulverizada. Se tragó los sollozos y se despidió.

Séptimo día: Alrededor de las cinco de la mañana, aún estaba oscuro, y el sonido de los aviones de combate inundaba la ciudad. En cuestión de minutos, comenzó una sinfonía de explosiones aterradoras. La ciudad se estremeció, y las miradas escrutaron el cielo en busca de estelas de condensación y la caída de bombas israelíes y estadounidenses.

Los gritos resonaron por el edificio. En algún lugar cercano, algo fue destruido, y con cada explosión, nos acurrucábamos. Un vecino asomó la cabeza por una ventana y gritó: “¡Allahu Akbar!” [“Dios es grande”]. Otra voz se alzó desde la calle, profiriendo insultos contra todos: Jamenei, Netanyahu y el hombre que coreaba consignas.

Durante más de cuarenta minutos, Teherán soportó los ataques más violentos. Esos minutos sembraron el miedo en los corazones de los que sobrevivimos, un miedo que probablemente ninguna terapia pueda curar jamás. 

(...)

Escribo estas líneas mientras resuenan explosiones de fondo. En algún lugar de Teherán, algo arde. Dicen que después de unos días uno se acostumbra.

No, no es así. El humo, las explosiones y el fuego no son cosas a las que uno se acostumbra.

Vivimos en un Teherán que poco a poco se convierte en ruinas, y aún seguimos vivos, entre ellas.

sábado, 7 de marzo de 2026

Trayectoria acelerada hacia la guerra… e intentos de respuesta proletaria guerra en Irán

28 de febrero de 2026
Matériaux Critiques / League of Internationalist Communists / Balance y Avante / Grupo Barbaria / y otros compañeros internacionalistas



Ucrania, Gaza, Venezuela, Colombia, Ecuador, Irán, Sudán, Estados Unidos… pero también Groenlandia… marcan el claro aumento de las zonas de guerra y la intensificación de la violencia social y criminal, lo que agrava una situación económica ya precaria. Esta proliferación de zonas de conflictos armados, denominados de baja o media intensidad, pero que en la mayoría de los casos se traducen en catástrofes «humanitarias» de gran envergadura, ilustra de manera inequívoca la aceleración de la trayectoria capitalista hacia la guerra generalizada. El mundo capitalista se prepara económica, política y militarmente para estallidos belicistas de mayor magnitud.

La reconstitución y reorganización de bloques y alianzas, así como el refuerzo de la división del planeta en zonas de control e influencia, expresan una preparación belicista y una perspectiva militar concreta hacia un conflicto que puede ser inminente.  Por lo tanto, es a nivel mundial donde se tiende a preparar la aceleración del curso hacia las guerras.

En Oriente Medio, África y Asia, zonas que durante mucho tiempo han estado en el centro de los intereses y conflictos imperialistas entre los dos antiguos grandes protagonistas, Estados Unidos y la URSS, se suma la aparición y la intervención de nuevas potencias que se están alzando entre las grandes: China, India, Corea del Sur, Japón… Esta nueva situación pone fin a la antigua bipolarización «Este-Oeste» para rediseñar una situación plural y de crisis múltiples. En este juego, es la China de Xi Jinping la que se revela como una de las más emprendedoras, intensificando sus reivindicaciones territoriales, especialmente en torno a Taiwán, y esforzándose por estructurar un marco internacional libre de la hegemonía occidental.

Esta dinámica acelera la fragmentación de la anterior «gobernanza mundial» al exacerbar todas las contradicciones capitalistas dentro de los bloques militares ya constituidos, como la OTAN: intereses divergentes en el Mediterráneo, conflicto sobre Groenlandia, posicionamiento ambiguo de Turquía; principal amenaza: Rusia o China; tendencia a la autonomía europea… Ha llegado el momento de reposicionarse estratégicamente y de ordenar los bandos que podrían enfrentarse en un futuro relativamente próximo.

La persistencia de los conflictos en Ucrania, Gaza y Sudán, junto con el reciente ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, así como la inestabilidad social estructural del país, sigue debilitando los equilibrios regionales. Estos focos de tensión generan graves crisis humanitarias y mantienen una presión constante sobre el equilibrio internacional, cada vez más inestable. El regreso de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos marca una profunda aceleración de este paradigma, ya esbozado en tiempos de Biden. La anterior administración anticipó el alejamiento de la UE y la centralidad de la guerra comercial con China. Las intervenciones directas, en particular en Venezuela, así como las veleidades territoriales con respecto a Groenlandia, ilustran una diplomacia transaccional (dar y recibir) e impredecible. Desde el punto de vista de las inversiones, el principal motor sigue siendo la inteligencia artificial, aunque cada vez se enfrenta más a las limitaciones de la capacidad energética y al aumento de los riesgos de las ciberamenazas y otros tipos de piratería privada y estatal.

La actual política «trumpiana» está a la vanguardia de esta tendencia mundial a rediseñar violentamente las zonas de influencia. De este modo, rompe los antiguos equilibrios de la época de la «guerra fría» (1945-1991), con sus códigos pacificados, y de las «Naciones Unidas». Esta nueva política proactiva marca, tanto fuera como dentro de los Estados Unidos, el regreso sin complejos a un autoritarismo reivindicado y a una represión abierta como principal modo de acción política.

Por supuesto, las «maniobras sucias» de todo tipo nunca han cesado (operaciones clandestinas y golpes bajos), pero desde el secuestro y la exfiltración de Maduro, muestran claramente, como indica el nombre de la operación «Absolute Resolve» (Resolución Absoluta), la dirección combativa generalizada que es tomada. La época de los discursos orwellianos con doble sentido, «hablar de paz para preparar la guerra», está dando paso cada vez más a la afirmación marcial del rearme, que, por supuesto, va acompañada de represiones y del resurgimiento de nacionalismos agresivos.

Las políticas «trumpistas» son cada vez más imitadas por otros países, como nos muestra la última crisis entre Colombia y Ecuador, donde, al día siguiente de la petición del presidente de Colombia, Petro, de liberar a Jorge Glas[1], el presidente de Ecuador, Noboa, respondió imponiendo aranceles aduaneros del 30% a las importaciones colombianas. A raíz de ello, Colombia suspendió acuerdos cruciales, como el tránsito de petróleo (46 millones de barriles colombianos han transitado por el oleoducto OCP desde 2013[2]) o el suministro eléctrico recíproco. La escalada de medidas de represalia hace temer una grave desestabilización económica para ambos países. Así, la economía se utiliza, más que nunca, como arma principal de guerra. Las políticas «trumpistas» llegan igualmente a Cuba.

Se trata, en general, de una situación mundial que genera inestabilidades geopolíticas, económicas y sociales cada vez más extendidas. Esta vulnerabilidad no se había visto desde 1945 y hoy en día provoca un aumento de los riesgos de crisis en todos los ámbitos: financiero, militar, social, climático… El famoso inversor estadounidense Ray Dalio predice que, a partir de ahora, Estados Unidos se ha convertido en un auténtico polvorín:

«Según Ray Dalio, el último colapso de este tipo se produjo entre 1930 y 1945, “lo que condujo al establecimiento del orden monetario, político interno y geopolítico internacional de la posguerra, que hoy vemos desmoronarse”. […] Una etapa 6 presentada como “la más difícil y dolorosa”, ya que corresponde al momento en que “el país se queda sin dinero y suele producirse un conflicto terrible en forma de revolución o guerra civil”, con las únicas opciones reales disponibles, una gestión pacífica o violenta, directamente derivadas de las decisiones impuestas por los dirigentes en el poder. […] Un terreno fértil para asentar el auge del populismo, con la aparición de “líderes con una fuerte personalidad, anti-elitistas, que pretenden luchar por el hombre común”. […] Este riesgo de cambio también se ve reforzado por un aumento de la deuda, con el efecto acelerador asociado de una creación monetaria intensificada que provoca una inflación cada vez mayor. El resultado: el orden monetario y político establecido se erosiona, las desigualdades se acentúan y las tensiones siguen intensificándose, hasta el punto de poner en tela de juicio las relaciones de poder existentes hasta ahora».[3]

El año 2026 refuerza así la transición hacia un orden mundial complejo, en el que la gestión sistémica de los riesgos geopolíticos, financieros, militares y climáticos se impone como imperativo estratégico de todos los Estados. La economía mundial se enfrenta, por tanto, a un crecimiento inestable y a una crisis de deuda soberana. Esta inestabilidad produce, en general, como reacción:

El proteccionismo, que se impone como política común a todos los Estados tras la instauración de nuevos aranceles impuestos por los Estados Unidos. Estos aranceles suponen un grave riesgo inflacionista y amenazan con desorganizar de forma duradera el comercio de mercancías y las cadenas de suministro globales. Cabe destacar que, históricamente, la competencia exacerbada ha conducido a políticas proteccionistas que han desembocado en guerras imperialistas locales y mundiales.

El nacionalismo, que sigue siendo la cobertura ideológica privilegiada del proteccionismo. Este se desarrolla con tanta más fuerza cuanto que se enfrenta a otro nacionalismo, que también se ha vuelto más agresivo. Su desarrollo es simétrico y complementario. Constituye uno de los elementos ideológicos indispensables en el camino hacia la guerra.

El endurecimiento generalizado de las políticas migratorias y la erosión de los llamados «logros sociales», que socavan cada vez más lo que se consideraba «derechos adquiridos» de la mítica «democracia social» y las últimas «redes sociales». Este endurecimiento va acompañado, por regla general, del refuerzo represivo del Estado como «respuesta» a la inseguridad social.

Si se perfila una respuesta proletaria, esta se desarrollará de forma antagónica a los puntos característicos del camino hacia la guerra y como reacción a la ofensiva estatal. A inicios de año, se han manifestado claramente dos primeros esbozos de esta respuesta, primero en Irán y luego en Estados Unidos:

Entre finales de diciembre y principios de enero en Irán, la fuerza de las revueltas ha sido, una vez más, violentamente aplastada por una represión masiva, bestial y despiadada.

«Lo que está ocurriendo hoy en Irán no es un acontecimiento excepcional ni una explosión repentina. Esta voz es la de una vida que, durante años, ha sido aplastada bajo la presión y que ya no soporta ni la represión ni el silencio. Las personas que han salido a la calle no son instrumentos de conspiraciones ni peones de las potencias mundiales; son el producto de la pobreza absoluta, la represión continua, la discriminación cotidiana y un apartheid tejido en el tejido mismo de su existencia. Estas protestas no vienen de fuera; han surgido del corazón de los hogares, de las calles y de seres humanos que ya no solo quieren sobrevivir, sino vivir plenamente sus vidas».[4]

Y, como Marx ya había señalado en 1848, en relación con otra derrota proletaria:

«Las masacres sin resultados desde los días de junio y octubre, la tediosa fiesta expiatoria desde febrero y marzo, el canibalismo de la propia contrarrevolución convencerán a los pueblos de que, para abreviar, simplificar y concentrar la agonía asesina de la vieja sociedad y los sangrientos sufrimientos del nacimiento de la nueva sociedad, solo hay un medio: el terrorismo revolucionario»

Poco después en Estados Unidos, por el contrario, fue el inicio de la represión lo que encendió la mecha y provocó el levantamiento violento de una parte del proletariado y las clases subalternas en un enfrentamiento frontal con el Estado federal y sus fuerzas armadas. Este intento de reacción pone de manifiesto que la única solución frente a la ofensiva estatal es desarrollar el arma de la lucha y la unificación de clase.

«El viernes, más de 100 000 personas en Minneapolis, en Minnesota, desafiaron temperaturas bajo cero y una sensación térmica de -30 grados Fahrenheit (-34 grados Celsius) para unirse a las manifestaciones del “Día de la Verdad y la Libertad” contra el asesinato de Renée Nicole Good por un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y la ocupación federal en curso de la ciudad. La manifestación reunió a amplios sectores de la clase trabajadora —personal sanitario, docentes, carteros y muchos otros— así como a numerosos estudiantes y miembros de la clase media. Inmigrantes y nativos del país desfilaron codo con codo».[5]

La intensificación de la trayectoria hacia la guerra, acompañada de una represión cada vez más extendida, es la perspectiva desde el punto de vista del capital global. Ante esta catástrofe bélica y represiva anunciada, el proletariado tiene las claves de la respuesta mediante el desarrollo de su lucha, independientemente de todas las estructuras políticas, sindicales o nacionales, y ello con métodos de acción directa, sin ninguna ilusión democrática y en una dirección revolucionaria. La guerra imperialista, alimentada por las rivalidades desenfrenadas entre las potencias capitalistas, debe ser contrarrestada por una guerra de clases, impulsada por los intereses de una clase social, el proletariado, que se encuentra enajenada con respecto a toda la riqueza social. Por lo tanto, la clase explotada debe, en la práctica, solidarizarse con todas las luchas sociales —actualmente, por desgracia, demasiado limitadas— en todo el mundo, esforzándose por radicalizarlas y expandirlas. Esta es la única manera de poner fin a la barbarie capitalista y a la masacre global que pende sobre nuestras cabezas como la espada de Damocles, y que es capaz de aniquilar a toda la humanidad.

«Quien tiene hierro, tiene pan»

Blanqui: Brindis de Londres (1851)


Notas:

1] Jorge Glas, ecuatoriano con nacionalidad colombiana, ya condenado por corrupción, fue objeto de una controvertida redada en la embajada de México en Quito en 2024. En junio de 2025, fue condenado a 13 años más de prisión por malversación de fondos. Vicepresidente bajo la presidencia de Rafael Correa.

2] Comunidad Andina de Naciones (CAN), crisis en la que no se han tenido en cuenta los «famosos» principios de libre circulación de mercancías.

3] H. Bernard: Ce célèbre investisseur américain prédit un effondrement de l’ordre monétaire et politique actuel, 27 de enero de 2026

4] Colectivo Pensée et Combat – 17 de enero 2026

5] https://www.wsws.org/es/articles/2026/01/26/fce1-j26.html

domingo, 1 de marzo de 2026

[Argentina] EL PROYECTO DE REFORMA LABORAL AUTODENOMINADO “LEY DE MODERNIZACIÓN LABORAL”

Organización Obrera nro. 109
Enero / Febrero 2026
Federación Obrera Regional Argentina


El gobierno nacional de Javier Milei ha presentado un nuevo proyecto de reforma laboral autodenominado “Ley de Modernización Laboral”. En ese sentido, el proyecto lleva el mismo nombre que el capítulo laboral de la denominada “Ley Bases” aprobada en el año 2024. Recordemos que esta ley había introducido importantes modificaciones a la legislación laboral sumamente regresivas, centradas a favorecer los despidos y el trabajo no registrado, como ser la extensión del período de prueba y la derogación de indemnizaciones por despidos y trabajo no registrado. El argumento para impulsar esa reforma había sido, como no, que abaratar los despidos generaría más puestos de trabajo. El resultado obvio: crecimiento de los despidos, reducción del empleo formal y crecimiento del trabajo informal.

La reforma de la “Ley Bases” apuntaba a la necesidad inmediata del capital de abaratar los costos de los despidos en el marco de la recesión económica y el cierre masivo de empresas, reduciendo la planta del personal registrado y trasladando a los laburantes las consecuencias de la crisis económica. El objetivo ahora con este nuevo proyecto de reforma laboral, es aumentar el poder empresarial sobre quienes conservan sus puestos de trabajo, reduciendo o eliminando los límites legales que lo impedían y que aseguraban derechos laborales básicos, trasladando enormes recursos de trabajadores y jubilados a favor de las empresas y reduciendo los derechos sindicales.

Estas son las principales reformas de la llamada “Ley de Modernización Laboral”:

Despidos:

1) Reduce el salario que se toma como base para el cálculo de las indemnizaciones laborales, eliminando del mismo el aguinaldo, las vacaciones, las propinas y todos los rubros salariales que no se devenguen mensualmente;

2) La “Ley Bases” había ampliado a 6 meses el período de prueba, con posibilidad de ser extendido en los convenios colectivos de trabajo a 8 y 12 meses según el caso. Si esto no fuera poco, el proyecto ahora elimina el preaviso de 15 días que debe abonar el empleador en caso de uso de período de prueba, abaratando todavía más los despidos durante el período de prueba;  

3) Permite a las PYMES pagar los montos de las sentencias laborales hasta en 12 cuotas. A estas empresas les va a convenir no pagar las indemnizaciones por despido, para poder acogerse luego al pago en cuotas en los juicios laborales;        

4) Crea el llamado Fondo de Asistencia Laboral en donde se desvía el 3% de las contribuciones patronales destinado a la ANSES, para financiar el pago de las indemnizaciones por despido, estando esos fondos administrados por entidades financieras. De esta manera, jubilados y jubiladas subsidian a las empresas el pago de tales indemnizaciones, desfinanciando los recursos de la ANSES para el pago de jubilaciones y pensiones, facilitando los despidos y generando un nuevo negocio financiero. Se estima que casi 3 mil millones de dólares serían desviados de la ANSES a estos fondos.   

Jornada de trabajo:

Se flexibilizan los límites legales sobre la jornada de trabajo, pudiendo mediante convenios colectivos de trabajo o acuerdos individuales superar las 8 horas de trabajo, sin necesidad de las empresas de tener que pagar recargos por horas extras. Se crea así el denominado “Banco de Horas”, que permite al empleador modificar permanentemente los horarios de trabajo para compensar las mayores horas realizadas algún día, con la única limitación de que no se pueden superar las 12 horas diarias de trabajo. Todo esto sin tener que pagar recargos por horas extras.

Tercerización laboral:

1) Se reduce la responsabilidad solidaria de las empresas que tercericen parte de sus servicios a otras empresas menores, dejando sin garantías a los trabajadores y trabajadoras que trabajan en estas últimas;

2) Reduce la responsabilidad de quienes compren empresas por las deudas laborales que tengan los anteriores propietarios. De esta manera, aquellos empleadores que tengan muchas deudas laborales, pueden vender la empresa a terceros y estos últimos no se harían responsables por tales deudas.   

Trabajadores de plataformas:

Excluye totalmente del ámbito de las leyes laborales a los trabajadores y trabajadores de plataformas, creando para los mismos un régimen legal propio no laboral que nos les reconocen derechos laborales y sindicales, no modificando significativamente las actuales condiciones en las cuales trabajan. Las empresas que administran las plataformas siguen fijando los precios de los servicios, tienen plano control de los algoritmos, no hay límites para la jornada de trabajo ni pago de recargos por horas extras, pudiendo las plataformas bloquear con total discrecionalidad el ingreso de los trabajadores sin tener que pagar indemnizaciones por despido. Establece la obligatoriedad de los trabajadores de anotarse y pagar el monotributo, debiendo contratar un seguro de accidentes de trabajo cuyo costo debe ser soportado entre el trabajador y la empresa que administra la plataforma.    

Renuncia de derechos y derogaciones:

1) Se permite que el trabajador pueda renunciar a los mejores derechos obtenidos en sus contratos de trabajo por sobre los previstos en las leyes y convenios colectivos de trabajo. Esto significa que, si un trabajador venía gozando de mejores derechos que los previstos en la ley y en el convenio colectivo, puede ser obligado a renunciar a los mismos, perdiendo así los mayores beneficios obtenidos a lo largo de la relación laboral;

2) Se derogan leyes como el Estatuto del Periodista, el Estatuto del Viajantes de Comercio y la Ley de Teletrabajo.   

Derechos sindicales:

1) Los convenios colectivos de trabajo de empresa se imponen siempre a los convenios colectivos de actividad, aunque tengan peores derechos laborales que los previstos en estos últimos. Se podrían acordar salarios por empresa inferiores a los previstos para la actividad;

2) En paralelo con lo antes mencionado, el proyecto favorece la creación de sindicatos por empresa para que puedan celebrar esos convenios a la baja;

3) Se reducen las horas para que los delegados sindicales puedan realizar su actividad gremial y se deja sin tutela sindical a delegados congresales y suplentes;

4) Las asambleas en los lugares de trabajo deben contar con autorización del empleador y se pueden descontar los salarios por participar en las mismas;

5) Se deroga prácticamente el derecho de huelga al ampliar considerablemente las actividades consideradas esenciales y creando una nueva categoría llamada “servicios de importancia trascendental”. Entre ambas categorías, se encuentran incluidas prácticamente todas las actividades económicas existentes. En el caso de las actividades llamadas esenciales, sólo pueden hacer huelga el 25% del personal y en el caso de los servicios de importancia trascendental sólo el 50% del personal.

Como podemos apreciar en este breve resumen, la quita de derechos laborales y el aumento del poder empresario es considerable. Si sumamos la reforma de la Ley Bases del año 2024, junto con las reformas de la última dictadura militar y la flexibilización de los 90´, la eliminación de los derechos laborales es total, volviendo estériles y meramente testimoniales los preceptos contenidos en las leyes laborales. La necesidad de la organización gremial y de la lucha en las calles para hacer frente a esta nueva reforma, resulta imperiosa y necesaria para poner un freno al gobierno y al poder empresarial.