martes, 6 de enero de 2026

NO ES SOLO POR EL PETRÓLEO: DIEZ TESIS SOBRE VENEZUELA

Traducción, intro y selección de extracto: Biblioteca Laín Diez, Chile

Desde Brasil llegan estas tesis del compañero Gabriel Teles (miembro de “Crítica Desapiedada” y coordinador del “Centro de Estudos sobre o Colapso Social), recién traducidas y que compartimos aquí. Están formuladas a partir de la actual coyuntura provocada por los movimientos militares de EEUU en Venezuela, y que parecen abrir un nuevo capítulo en el Cono Sur como espacio de pugnas interimperialistas entre los fragmentos y potencias de dominación capitalista global. Hacemos circular esta perspectiva, que, sin plantear verdades concluyentes, incita a la reflexión crítica y a una clarificación de nuestra condición presente.

«El discurso dominante volvió a girar en torno a un viejo argumento (confortable tanto para los gobiernos como para parte de la izquierda) según el cual todo se explicaría por el petróleo. Esta lectura, en verdad, oscurece más de lo que revela. En mi opinión, despolitiza el conflicto, apaga sus mediaciones de clase y desvía el foco de las transformaciones más profundas en curso del sistema internacional y en la propia América Latina. Lo que está en juego en Venezuela no es solo un recurso natural, ni un régimen específico, sino un nuevo patrón de tutela imperial, articulado con la reorganización interimperialista y la fragilidad estructural de las soberanías periféricas.»

Tesis 1. Venezuela como expresión de una transición en la dinámica internacional
Tesis 2. Recursos estratégicos y mediaciones geopolíticas
Tesis 3. Límites históricos de la soberanía periférica
Tesis 4. Las fracturas internas como condición para la injerencia externa
Tesis 5. La lawfare como técnica de legitimación de la excepción
Tesis 6. Selectividad estructural del derecho internacional
Tesis 7. La tutela imperial como forma contemporánea de dominación
Tesis 8. Administración de la crisis y vaciamiento de la soberanía
Tesis 9. El autoritarismo como efecto de la crisis internacional
Tesis 10. Centralidad del criterio de clase

Artículo completo:

PDF diagramado https://drive.google.com/file/d/1sM1xNERRpMjJqRj9N2wJBQGsU4xVdLel

PDF sin diagramar https://drive.google.com/file/d/1dYBFJXUMITFYEMvP5z4xOtMaFJRp6CBr

Xenofobia marxista. La izquierda de espaldas a la clase obrera venezolana

tomado de La Caja: Herramientas para el debate (Facebook)
Argentina, 06/01/2026



Es sabido, como ya hemos comentado muchas veces en ocasión de eventos sociales o electorales en Latinoamérica donde el pequeño capital nacional se enfrenta a los capitales medios de origen extranjero bajo las formas políticas propias, que la izquierda suele hocicar ante el nacionalismo burgués.

Es decir, toda movilización social contra un gobierno populista enseguida es degradado a “golpe de estado” de la “derecha aliada al imperialismo” mientras que el mismo fenómeno contra un gobierno de “derecha” recibe el beneplácito de la categoría de “rebelión”, mientras que en el terreno electoral todo gobierno no populista rápidamente es llamado “fascista”.

En ese acto, claro, en el primer caso no solo se defiende gobiernos hambreadores que expresan capitales impotentes sino que se sanciona la acción política de una fracción obrera, como pasó en Bolivia, como pasó en Perú contra Castillo, contra Dilma y, obviamente, contra la dictadura de Maduro.

Y poco importa que este último haya encabezado un régimen hambreador y represivo, que tiene salarios africanos y que cometió crímenes de lesa humanidad. Ese gobierno no es fascista, porque fascista es Patricia Bullrich por poner un protocolo que prohíbe el corte de calles. O sea, fascista no es encarcelar, torturar, fusilar y hasta desaparecer opositores, fascista es una medida administrativa que pone orden.

Esta cuestión ambivalente desnuda que la izquierda, aún cuando cacarea no apoyar a Maduro o menea el ficticio voto “crítico” en los ballotages, se coloca en el campo político del pequeño capital nacional. ¿Por qué? En términos ideológicos, porque considera que el enemigo es el capital más grande y extranjero que oprime y bloquea el desarrollo de los países latinoamericanos donde el nacionalismo, por acción u omisión, cumple un rol progresivo. Acción: si enfrenta al imperialismo; omisión: si no lo enfrenta, quedaría “expuesto” como que no va a fondo en la tarea esencial que la izquierda considera para la región, la liberación nacional. Ese no ir a fondo, imaginan, puede volcar las masas a la izquierda que aparecen como los verdaderos defensores de la nación.

Ahora bien, ese esquema, cuyo anclaje es la teoría del imperialismo, olvida varias cuestiones. Uno, el capital es una unidad mundial donde cada país cumple un rol en la acumulación global, esto es, realiza una porción privada del trabajo social según las características propias de cada espacio nacional.

Dos, el capitalismo es una forma histórica de organizar la producción social basada en la producción de valor sobre la base de la producción de plusvalía relativa (esto es, incrementar la productividad por innovación tecnológica para abaratar la fuerza de trabajo) y no “saquear” o “acumular” recursos o valores de uso como los modos de producción precapitalistas. Ningún recurso vale por sí solo, el valor está dado cuando media el trabajo. Por lo tanto, en el capitalismo los capitales más eficientes, más productivos, tienden a imponerse y liquidar a los capitales ineficientes.

Tres, señalar que el problema de los países latinoamericanos está dado por la opresión extranjera que bloquea sus desarrollos implica una formidable apología del capital mismo, en tanto se está diciendo que de no mediar la injerencia extranjera, todo país podría ser una potencia. Además de ser falso, puesto que los países centrales viven de producir más valor y comerciar entre ellos, no de “saquear” a países periféricos.

Cuatro, plantear la contradicción nación-imperio en lugar de obreros-capitalistas, esto es, atar a los obreros a capitales parásitos e impotentes, además de condenar a esa fracción obrera, los educa en la ideología enemiga y los lleva a un callejón sin salida al plantear una tarea, la nacional, que no existe. Por ende, es reaccionario.

Embanderada en la defensa de capitales chatarreros nacionales, la izquierda, por último, termina reproduciendo la fragmentación de la clase obrera, en tanto suele despreciar a las fracciones obreras que están del otro lado bajo la etiqueta de “cipayos”, “alienados” o “desclasados”. Se perdona que los obreros voten o apoyen al nacionalismo burgués, esos son “compañeros confundidos”, pero se rechaza y desprecia a los obreros que votan al no populismo. Nace así la imagen del “pobre de derecha”. Y ahí se ingresa en un terreno pantanoso y miserable.

Porque no sólo esa cuestión pone a la izquierda de espaldas a la clase en ocasiones donde la misma, con las armas que tiene y la conciencia que puede, se cansa y se lanza a luchar contra el populismo o festeja su caída, tal como ocurre ahora en el caso de Venezuela. Además de ello, digo, aparecen actitudes miserables como desear o reírse de que un votante de Milei perdió el trabajo, de que los venezolanos ahora creen que fueron liberados.

Y, acaso lo peor, la xenofobia que se está viviendo detrás de la burla sobre que los venezolanos que celebran la captura de Maduro, “se vuelvan a su país” o que son idiotas que celebran “bombardeos” contra su territorio, incluso hasta la burla sobre el grupo de inmigrantes venezolanos que fueron deportados cuando festejaban en Nueva York.

Hasta este extremo, la xenofobia, llega la izquierda en el afán de defender al capital chatarrero nacional y sus gobiernos hambreadores.

Puede que, obreros al fin, caigan presos del contenido reaccionario que predomina en épocas de crisis, al cabo la xenofobia es una relación de solidaridad entre obreros de un mismo país que compiten contra obreros de otros países. O puede, simplemente, que sea una canallada, un escalón más en el descenso y la degradación a la que conduce toda expresión política de capitales parásitos condenados a desaparecer.

Por ello urge construir una herramienta política que rompa la dinámica del binarismo burgués y pueda plantear los intereses universales de la clase.

Panfleto internacionalista

Anónimo, 05/01/2026

 

PROLETARIOS DE VENEZUELA Y DE TODO EL MUNDO:

NICOLÁS MADURO Y DONALD TRUMP! SON BASURA! ENEMIGOS DE NUESTRA CLASE POR IGUAL! 

OPOSICIÓN DERECHISTA Y OFICIALISMO = FALSO ANTAGONISMO Y PUGNA INTERBURGUESA

CONTRA EL INTERVENCIONISMO IMPERIALISTA Y CONTRA TODA DEFENSA DE LA NACIÓN 

A ORGANIZARNOS EN NUESTRO PROPIO TERRENO HISTÓRICO: EL DE LA REVOLUCIÓN SOCIAL MUNDIAL 

EL PROLETARIADO NO TIENE PATRIA

NUESTRA SALVACIÓN NO VENDRÁ DE FUERA, NI DE NINGÚN ESTADO 

ANTE LA CATÁSTROFE CAPITALISTA, NUESTRA ÚNICA ALTERNATIVA: LA REVOLUCIÓN SOCIAL MUNDIAL 

POR EL DERROCAMIENTO DEFINITIVO DEL CAPITALISMO, EL VALOR Y LA MERCANCÍA

Algunas notas rápidas sobre Venezuela

Anónimo
Chile, 04/01/2026


• El antiimperialismo reducido a un simple "anti EE.UU." es un problema, cuando existe más de un polo imperialista en la actualidad (China-Rusia). No hay imperialismo bueno.

• Hablar de soberanía nacional (desarrollo del capital local), autodeterminación de los pueblos (que ignora la existencia de clases sociales) y defensa de la democracia (siempre burguesa) es reforzar la ideologia de la clase dominante.

• El desastre de la gestión del capital del "Socialismo del Siglo XXI" es patente hace años, la degradación del nivel de vida del proletariado y la enorme migración, es una consecuencia material de dicho "proceso".

• Hoy somos testigos de una nueva reestructuración interimperialista del capital en el mundo por medio de las armas (Venezuela, Ucrania, Palestina, etc) en donde no podemos perder de vista que el principal enemigo siempre está en casa, y es "nuestra" propia burguesía. 


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Análisis del conflicto en Venezuela desde una PERSPECTIVA MATERIALISTA HISTÓRICA

1.- La naturaleza del Estado venezolano:
El gobierno de Maduro representa una burguesía estatal petrolera que surgió del proceso bolivariano, que aunque inicialmente incorporó elementos antiimperialistas, se consolidó como una fracción burguesa con intereses particulares. La “izquierda del capital” como categorización es precisa: un proyecto que administra elcapitalismo nacional mientras disputa márgenes de autonomía dentro de la división internacional del trabajo.

2.- Intervención estadounidense:
Las sanciones económicas, el reconocimiento de gobiernos paralelos y la presión militar constituyen formas de intervención que responden a:
- Control estratégico de recursos energéticos
- Contención de influencias extra-hemisféricas (China, Rusia) en zona tradicionalmente bajo hegemonía estadounidense
- Disciplinamiento para impedir que modelos alternativos de gestión capitalista (aún dentro del marco burgués) ganen legitimidad

3.- Dimensión interimperialista:
Efectivamente, Venezuela se ha convertido en campo de competencia entre EE UU. (potencia hegemónica en declive relativo) - China (potencia ascendente mediante inversiones, préstamos y , acuerdos petroleros) Rusia (apoyo militar y energético como forma de proyección geopolítica).

Ante el conflicto en Venezuela, el programa histórico proletario debería afirmar:

Independencia de clase absoluta y Derrotismo revolucionario: Ni apoyo a Maduro (burguesía estatal con retórica antiimperialista), ni a Guaidó/EE.UU. (burguesía prooccidental).

Unidad internacionalista: La crisis venezolana muestra la bancarrota del capitalismo nacional como solución. Solo la revolución obrera internacional puede resolver las contradicciones interimperialistas.

Autoorganización obrera: Apoyar solo las iniciativas que surjan de la clase trabajadora venezolana independientemente de ambos bloques estatales.

lunes, 5 de enero de 2026

Venezuela, agresión imperial colonialista

por Rolando Astarita
Argentina, 05/01/2026

 

El ataque militar de EEUU a Venezuela y el secuestro de Maduro y su esposa, Cilia Flores, constituyen una brutal violación de los principios del derecho internacional, que atribuye a los Estados derechos y obligaciones que configuran su soberanía. El principio de no injerencia en las políticas internas de los países, el derecho a la integridad territorial y a la autodeterminación constituyen los pilares de la democracia burguesa en el plano internacional. Se trata de una igualdad burguesa, formal, como lo son todos los derechos democráticos burgueses. Pero no por ello carecen de importancia.

En particular, el uso unilateral de la fuerza y la detención de un jefe de Estado en ejercicio son lo opuesto a los principios del derecho internacional democrático burgués. Lo mismo cabe decir de la agresión militar que acompañó al secuestro de Maduro y su mujer. EEUU atacó a Venezuela con 150 aeronaves, misiles y bombas, asesinando, según información recogida por el New York Times, unas 80 personas ((32 de ellos militares cubanos). Pero la Carta de la ONU sostiene la igualdad soberana de los Estados, y prohíbe que una potencia actúe por encima de otra, independientemente de su poder militar. Prohíbe explícitamente cualquier forma de intervención directa o indirecta. Todo esto es pasado por alto por Washington. Y ya había antecedentes cercanos: más de 100 personas fueron asesinadas, en las semanas previas, por EEUU con el pretexto de que manejaban lanchas cargadas de droga.

Status colonial y doctrina Monroe

Descabezado el gobierno venezolano, Trump advirtió que Delcy Rodríguez “no se porta bien” (esto es, si no hace lo que Washington le ordena) habrá nuevos ataques. También dijo que Venezuela estará bajo la tutela de EEUU, al menos en el próximo periodo.

Equivale a colocar a Venezuela en situación de semicolonia de Washington. Esto es, pérdida de su autonomía -formal- política. Encaja con la revitalización, por parte de Trump y su staff, de la doctrina Monroe, que dice, en resumidas cuentas, que el hemisferio occidental, y América Latina en particular, es coto de caza de EEUU. Recordemos que Trump ha reclamado el derecho de EEUU a apropiarse de Groenlandia (“la necesitamos por razones de seguridad”); la ocupación militar del canal de Panamá, e incluso la compra de Canadá. La contrapartida implícita (o no tan implícita) es que Rusia tiene derecho a invadir Ucrania; y China a defender su zona de influencia (¿Taiwán en el largo plazo?). Con este principio establecido, los capitales chinos y rusos no deberían meterse en América Latina. O reducir su participación a una mínima expresión.

¿Acuerdo con el aparato chavista?

Producido el secuestro de Maduro, la líder de la oposición, Corina Machado, y el excandidato Edmundo González Urrutia, se ofrecieron para encabezar un gobierno de transición hacia un régimen post chavista (que incluiría la libertad de los presos políticos; otorgamiento de libertades democrático-burguesas; reconocimiento del triunfo electoral de González Urrutia en julio de 2024). Los venezolanos de la diáspora que salieron, el mismo sábado 3/01, a festejar “la caída del dictador” en muchas ciudades del mundo, creyeron lo mismo. Pero Trump y su mano derecha, Marco Rubio, apretaron el freno. Dijeron que la oposición está mayoritariamente fuera de Venezuela, y que Machado no tiene poder ni reconocimiento para liderar un gobierno de “transición”. Apostaron por Delcy Rodríguez. La oposición y Machado pasan a un segundo plano. Por su parte, Trump y Rubio se han cuidado de hablar sobre el restablecimiento de libertades democráticas; tampoco se ha liberado a los presos políticos.

Recordamos: Rodríguez fue ministra de Comunicación (2013-2014) y canciller (2014-2017). Entre 2017 y 2018 presidió la Asamblea Constituyente. Y asumió la gestión del petróleo después de que el exministro Tareck El Aissami terminara en prisión por un desfalco a la industria. Rodríguez tuvo buen trato con los empresarios, y ahora Washington quiere que se entienda con las petroleras estadounidenses. Además, ha recibido el respaldo de las Fuerzas Armadas. El problema de fondo: Washington y la dirigencia venezolana temen que estallen enfrentamientos entre facciones militares o los colectivos; o entre movilizaciones populares a favor y en contra del régimen. Una dinámica de ese tipo podría sumir a Venezuela (en crisis económica profunda desde hace años) en una disgregación similar a la ocurrida en Libia post Gadafi, o Iraq post Hussein. En escenarios de anarquía y guerra civil no hay posibilidad de realizar negocios con un mínimo de seguridad. Además, habría nuevas olas de refugiados, que afectarían a la región y al mismo EEUU.

La estrategia de Trump entonces es sostener el régimen represivo, pero orientado ahora al capitalismo, y favorable en especial a los capitales estadounidenses. En este último respecto, es clave la industria petrolera. Actualmente Venezuela produce 1,1 millones de barriles diarios, contra más de 3 millones antes de que Chávez asumiera la presidencia. Para revertir este declive es necesario renovar equipos e invertir en infraestructura. Los expertos calculan que se precisan unos 100.000 millones de dólares. En el plan de Washington esta inversión la realizarían empresas norteamericanas, en cooperación con PDVSA (a propósito, en el primer día hábil después de la captura de Maduro sus bonos subieron fuerte). De nuevo, este programa requiere avanzar en acuerdos con el aparato estatal chavista. Y no sería la primera vez que grandes “revolucionarios antiimperialistas” giran en redondo y se adaptan “a los tiempos que corren”.

Es en este punto que aparece la mayor funcionalidad de Delcy Rodríguez sobre Corina Machado. Rodríguez expresa, al menos parcialmente, la continuidad de los intereses de la burocracia estatal y los mandos de las Fuerzas Armadas. No es el caso de Machado. La variante Machado es defendida por la Unión Europea; pero no es viable sin el apoyo de Washington.

Por ahora (escribo esto el 5 de enero) todo parece marchar como si hubiera un cierto consenso entre las fuerzas políticas implicadas de no hacer demasiadas olas. Significativamente, Delcy Rodríguez invitó a EEUU a “trabajar juntos en una agenda de cooperación”. Afirmó asimismo que es prioritario avanzar hacia “un relacionamiento internacional equilibrado y respetuoso” con Washington. A su vez, Diosdado Cabello elogió el orden y tranquilidad que había en Venezuela a pocas horas de consumada la agresión yanqui. Por supuesto, el mismo sábado 3 se convocó a una manifestación “antiimperialista” en Caracas y otras ciudades. Pero no movió el amperímetro.

Por último, es llamativo que los yanquis llegaran a Maduro, lo capturaran y se lo llevaran, sin encontrar gran resistencia. Solo un helicóptero de la fuerza agresora fue dañado por balas, sin que eso le impidiera volver a su base. No se informa de muertos entre los atacantes. Una situación que, por lo menos, es extraña.  

Para terminar, sobre libertades democráticas y el proyecto socialista

En notas anteriores hemos reivindicado la tradición del marxismo de defensa de las libertades democrático-burguesas, y su significado para la liberación de los trabajadores. Esas notas las escribimos en polémica con gente que menosprecian la lucha por los derechos y libertades democráticas. Se vio en la invasión rusa a Ucrania (la mayor parte de la izquierda argentina negó el derecho de los ucranianos a defenderse). Y se ve en la actitud ante la represión policial, militar y parapolicial, en Venezuela. Militantes y organizaciones de izquierda desoyeron o desestimaron denuncias sobre detenciones ilegales, secuestros y torturas por parte del régimen, diciendo que las mismas eran funcionales al imperialismo y a la “derecha fascista”. Una consecuencia es que el socialismo es identificado, por millones de personas, con regímenes dictatoriales y burocráticos.

Enfatizamos que la lucha por libertades democráticas tiene dos aspectos: a) la defensa de la autodeterminación nacional y el rechazo de la intervención militar de EEUU, o de cualquier potencia, contra naciones más débiles; b) el rechazo de los regímenes dictatoriales burocráticos, la exigencia de la libertad de prensa y reunión, el derecho al voto, etcétera. Ambos aspectos deberían enfatizarse en la propaganda socialista.

El problema más grave: sea cual sea la suerte de Maduro en los próximos meses, el tema que objetivamente se instala en el seno de la izquierda es el balance del “socialismo siglo XXI”. Durante el ascenso de Chávez, y los altos precios del petróleo, buena parte de la izquierda presentó al chavismo como la renovación de los ideales y de la alternativa socialista. Pero la economía y con ella la población trabajadora, se hundieron en el atraso, la miseria y el hambre. Millones emigraron. Millones fueron llevados al callejón de la desesperanza y la resignación. Que miles de trabajadores salgan a la calle a vivar una agresión imperialista, y a agradecer a un sujeto como Trump «por la libertad», debería ser motivo de profunda reflexión en la izquierda. Repetimos, es necesario encarar un balance a fondo de lo dicho y lo actuado.

El castillo de naipes del progresismo. La caída de Maduro y la impotencia del pequeño capital

tomado de La Caja: Herramientas para el debate (Facebook)
Argentina, 05/01/2026

 

La reciente caída de Nicolás Maduro sin oposición relevante, ni militar ni social, es otra estación de la seguidilla de derrotas que el progresismo, como paraguas ideológico del nacionalismo antinorteamericano y el populismo, viene sufriendo en el mundo desde hace una década. Pero, acaso, lo que distingue a las derrotas seriales del progresismo es la facilidad con la cual es vencido en una abierta contradicción con los discursos inflamados, las diatribas que buscan invocar una épica al estilo espartano en las Termópilas y las promesas de comerse el mundo que los sectores que forman aquel continente político suelen esgrimir.

En suma, no resulta extraño que pierdan, puede pasar. Resulta extraño que caigan sin luchar o sin una oposición digna.

¿Por qué pasa eso? ¿Falta de coraje? ¿O, más bien, es una expresión de la impotencia que representan? Veamos.

El cambio en la materialidad del proceso de trabajo, operado a mediados de los ‘70, que vimos bajo la forma de la internacionalización de la gran industria vía la informática, robótica y automatización del proceso productivo y, sobre todo, las consecuencias profundas que produjo a escala planetaria (la fragmentación del proceso productivo mismo, el desplazamiento del capital manufacturero a Asia, la fragmentación de la clase obrera y una nueva división internacional del trabajo) tomaron la forma ideológica y política del llamado “neoliberalismo” en los países centrales y en Latinoamérica, pero también reformas similares se dieron en la URSS (Perestroika) y en la China de Deng.

Esto es, todo el mundo salió de la autarquía propia de la manufactura y avanzó hacia la inevitable fragmentación y descentralización que el capital demandaba, donde dos tipos de países serían los ganadores: aquellos que producían tecnología y aquellos otros que podían explotar una abundante mano de obra barata. Los países que no contaban con esos aspectos, en cambio, se hundieron (URSS, Yugoslavia, Checoslovaquia, Argentina).

A su turno, dada la revolución técnica en la base del trabajo permitió, por un lado, abaratar las mercancías (entre ellas, las materias primas, clave para Latinoamérica) y, por el otro, degradar la otrora mano de obra calificada y expandir una porción de trabajadores que directamente sobraban para el capital. De esta manera, las dictaduras militares y la ola neoliberal en los ‘90, en LATAM, tuvieron por función adaptar el continente a la nueva etapa, incluyendo la caída salarial y la liquidación de capitales ineficientes (la llamada “desindustrialización” en Argentina).

Dos décadas, por lo tanto, de plenas transformaciones que parieron un nuevo mundo tras la larga noche “neoliberal” como forma política de la fase contractiva.

Larga noche que, en los 2000, empezó a clarear de la mano del fenomenal ascenso de China como taller del mundo y la expansión de una clase obrera fabril que demandaba mejores condiciones de vida, entre ellas, mejor alimentación. O sea, carne de cerdo y soja para alimentar a los cerdos. El crecimiento exponencial chino produjo un ciclo alcista en las materias primas y Latinoamérica ingresó en una fase expansiva.

En ese contexto, entonces, aparece la forma política que representa esa fase expansiva: el populismo y, dadas las transformaciones en la clase obrera, su correlato ideológico, el progresismo. De esta forma, apalancados en una montaña de riqueza social producto de los altos precios de las materias primas, el populismo incorporó fracciones enteras de obreros que estaban fuera del circuito de producción y consumo bajo la forma de trabajo precarizado, empleo privado subsidiado y, sobre todo, empleo estatal. Todo ello, naturalmente, financiado con el agro (kirchnerismo, Lula), petróleo (Chávez, Correa), gas (Evo Morales).

Sin embargo, pese a los discursos inflamados sobre transformaciones e, incluso, revoluciones (Venezuela), lo cierto es que no existió nada de ello fuera del despilfarro de riqueza social para sostener un esquema social de corto vuelo.

La crisis de 2008 y el desplome de las materias primas en 2012-14 fueron el canto del cisne del populismo y entonces aparecieron los heraldos negros: Macri, Piñera, Temer, Bolsonaro y, aunque simulaba continuidad, Maduro.

A partir de entonces, el populismo empieza a perder, una a una, todas las fichas en el continente, no sin antes destruir lo que había construido. El kirchnerismo, Evo Morales, Dilma y el propio Maduro protagonizaron ellos mismos el declive de su propia construcción y agotaron el proceso que les dio vida. Cuánto más agotado lucían más crecía la asociación con China que, de esta manera, ingresa en territorio que EEUU considera propio.

Expansión que no solo alcanza a Latinoamérica sino que también se dio en África y, naturalmente, en Asia, un poco facilitado por el giro internista que dio el primer gobierno de Trump. Nace así el BRICS, que no era una alianza con otra perspectiva comercial ni todas las pavadas que dlce el progresismo, sino un bloque que responde a la necesidad del desarrollo chino y la garantía de tener acceso a materias primas abaratadas a cambio de manufacturas, emulando el esquema de Gran Bretaña en el siglo XIX.

Es esta razón, por la cual, en forma contradictoria con el discurso productivo e industrialista que tiene el populismo (Argentina y Brasil), que la alianza con China conduce a liquidar la estructura industrial y transformarnos en meros productores de materias primas, tal como se puede ver que pasó en Venezuela con Maduro y que explica el éxodo de 8 millones de venezolanos.

Y es por esto, junto a la ausencia de transformación alguna en la etapa populista y el regreso de la fase contractiva, que vemos caer a todo ese personal político sin que se arme el quilombo que prometían en las canciones.

También por aquello vemos la agresiva intervención de EEUU en la región, en parte porque disputa a nivel global con el capital chino y entiende que necesita una acumulación continental para competir, en parte porque el avance chino amenaza los capitales norteamericanos que operan en la región. He aquí la otra paradoja, la alianza con EEUU permite la supervivencia de los capitales industriales chatarreros, tanto locales como extranjeros. Porque el carácter chatarrero de los capitales industriales no es una anomalía ni un plan extranjero para bloquear el desarrollo, es una necesidad de los capitales avanzados para reciclar su maquinaria obsoleta en nuestros países, seguir amortizando y obteniendo ganancias. Esto es, cumple un rol en la acumulación mundial del capital.

Y son estos motivos por los cuales EEUU está decidido a barrer con los gobiernos prochinos en la región, aún si necesita intervenir militarmente. Pero no interviene por el petróleo ni va a venir por el litio. Interviene porque necesita la región alineada para emplear una escala continental como forma de competir con los capitales chinos. No ver la unidad mundial del capital, seguir pensando la realidad a partir del hecho nacional no sólo educa a los trabajadores en la ideología de nuestro enemigo, además es reaccionario porque ata a la clase a capitales parásitos y plantea problemas que no son reales.

Por otro lado, el carácter chatarrero de los capitales locales, su impotencia para competir a escala mundial es la razón que explica la fácil caída del populismo ahora sintetizada en la captura de Maduro.

No es cierto que el populismo no quiso desarrollar la región por demagogia distributiva, no pudo porque expresa capitales ineficientes que dependen del auxilio de los ingresos de las materias primas y que están condenados a ser fagocitados por capitales más eficientes. Por ello, una vez agotado el ciclo alcista, el populismo se derrumbó como un castillo de naipes sin pena ni gloria.

La caída de Maduro

tomado de La Caja: Herramientas para el debate (Facebook)
Argentina, 03/01/2026

 

La captura de Nicolás Maduro tras una intervención militar norteamericana debe inscribirse como otro episodio más de la disputa global entre el capital norteamericano y el chino. Esa disputa, de índole comercial, ya ha trascendido al escenario militar tal como vimos en Ucrania, Irán, Gaza y, tarde o temprano, veremos en Taiwán.

Hasta el momento, EEUU sigue imponiéndose en aquel terreno, como vimos en la paliza a Irán y acabamos de ver en Venezuela, en una operación similar pero, acaso, más sencilla que aquella donde Bush Padre capturó a Noriega, presidente panameño. No obstante, la fragmentación a la cual está destinada Ucrania, en una guerra que sólo continúa para desgastar al eje chino-ruso, anticipa la suerte que puede correr Taiwán, esto es, su anexión a China.

Por ello mismo, como parte de una disputa donde EEUU parece declinar en lugares estratégicos ante el ascenso chino, la política para Latinoamérica se muestra más agresiva, sobre todo porque pareciera que EEUU piensa en una acumulación de capital a escala continental como forma de competir con el capital chino.

En este sentido, no es diferente el salvataje del Tesoro norteamericano a Milei que la captura de Maduro, esto es, la administración de Trump parece estar dispuesta a no admitir gobiernos prochinos, si es necesario poner la friolera de 20 mil millones de dólares, lo ponen, si es necesario secuestrar en forma ilegal al líder del gobierno de un país, lo hacen.

Queda por ver cómo se desarrolla la situación, si hay una transición encabezada por elementos de la propia dictadura venezolana o asume la oposición con algún acuerdo con aquellos elementos, sostenidos por Estados Unidos, hasta un llamado a elecciones libres. La posibilidad de un contraataque del régimen parece lejana, habida cuenta que en Caracas no hay, al momento, movilización social en favor de Maduro y, ante todo, porque la facilidad del ataque estadounidense mostró que la oposición militar no existe.

Esto no quita que el chavismo, como forma de gobierno, se haya terminado, en tanto la enorme porción de obreros sobrantes para el capital que deja la “revolución bolivariana” requerirá la continuidad de políticas asistencialistas.

Por otro lado, mucho se habla, en estos momentos, de que el interés, en verdad, es el petróleo. Pues bien, primero, Estados Unidos consume 25 millones de barriles de petróleo diarios y produce unos 14 millones de bpd. Tiene un déficit de 11 millones de bpd.

Segundo, Venezuela, actualmente, produce 1 millón de bpd. ¿Cuánto producía antes? Previo a Maduro la producción era de 2.5 millones de bpd y el pico se alcanzó previo a Chávez con una producción de 3.5 millones de bpd. Esto es, aún si Venezuela triplicara la producción petrolera actual y toda ella fuera para el consumo norteamericano, el déficit sería de 7.5 millones de bpd.

Tercero, ya hay capitales norteamericanos explotando petróleo venezolano, como por caso Chevron, que produce unos 300 mil bpd, siendo la empresa individual que más produce y también está Citgo, la empresa de capital estadounidense que realiza el refinamiento del crudo venezolano.

Cuarto, dado que el 90% de la producción petrolera venezolana se destina a la exportación y, a su vez, que el 90% de las exportaciones son a China, resulta difícil pensar en que la intervención responde al interés petrolero.

Quinto, al margen de todo aquello, hay una razón más de peso sobre la conveniencia del petróleo venezolano. Puesto que ese crudo es pesado, existe un costo adicional para su refinado. Por caso, el crudo de Arabia Saudita precisa un costo adicional de 5 dólares por barril para el refinado, el de Irán, Irak, Kuwait unos 8 dólares por barril. El ruso unos 15 dólares. ¿Y el venezolano? Unos 20-30 dólares por barril. Con un precio internacional de 65 dólares en la actualidad, no parece muy rentable.

Sexto, sería conveniente, cuando se denuncia injerencia extranjera o imperialismo en torno al petróleo, que se investigue el acuerdo que Maduro firmó con China Concord Resources Corp (CCRC), empresa privada y no estatal.

Por último, es necesario en estos casos despejar la maleza ideológica si lo que intentamos es comprender la realidad con vistas a intervenir en la misma lejos del binarismo burgués que suele dominar todo análisis político: pequeño capital o capitales más eficientes, donde el interés universal de la clase obrera está ausente.

Obviamente que la acción de EEUU no se debe al combate al narco ni busca llevar “libertad”, obvio que es violatoria de la autonomía nacional, es cierto que es una agresión al derecho internacional y todas las aberraciones institucionales que quieran, pero ya debiera quedar claro que el derecho internacional no existe, en tanto ante igualdad de derechos, prima la fuerza.

Pero no menos obvio es que la dictadura venezolana no sólo produjo una catástrofe económica que llevó a una diáspora de 7 millones de personas, redujo la producción de petróleo a un tercio de lo que producía hace tres décadas, llevó adelante un régimen represivo que transforma a Patricia Bullrich y a Sergio Berni en Heidi y Pedro en los Alpes, con 18 mil presos políticos y más de 10 mil ejecuciones extrajudiciales por parte de las fuerzas de seguridad del régimen. Esto es, estamos ante un gobierno reaccionario en toda la línea que no se puede defender y así lo prueba la propia clase obrera venezolana, tanto la que festeja en el exilio como aquella que no está moviendo un dedo en Caracas.

Lamentablemente, para terminar, la propaganda será que el “socialismo” hundió a Venezuela y EEUU la salvó. Lamentablemente EEUU hizo la tarea que no pudo no supo hacer la propia clase obrera venezolana. Esa limitación debemos atender si lo que buscamos es desplegar una acción política revolucionaria.

Comunicado sobre el ataque americano sobre Venezuela

  por GIIC (Grupo Internacional de la Izquierda Comunista) - 04/01/2026

 

“Primero es América. Es la paz por la fuerza. Bienvenidos al 2026.” (Pete Hegseth, Secretariado a la defensa, en la rueda de prensa de Trump del 3 de enero)

El ataque estadounidense contra Venezuela y el secuestro de su presidente Maduro en la noche del 2 al 3 de enero marcan una nueva etapa en la carrera hacia una guerra imperialista generalizada. Nadie lo duda realmente. “Nadie volverá a cuestionar el dominio estadounidense en el hemisferio occidental”, proclamó Trump en esa misma rueda de prensa. La intervención estadounidense fuera de cualquier marco legal internacional e incluso nacional significa que ha llegado el momento del uso exclusivo de la fuerza militar, sin pretensión de legalidad, y que se ha vuelto definitivo. Al igual que la Sociedad de Naciones a mediados de la década de 1930, especialmente a partir de la invasión de Etiopía por la Italia de Mussolini, se había convertido en una cáscara vacía, la ONU ya no cuenta. Ya no existe. No habrá vuelta atrás. El derecho del más fuerte y de la cañonera ya no se disimula, ya no se esconde detrás de ningún derecho internacional.

Las reglas del juego imperialista que prevalecían desde 1945 ya no existen. Y muchos ya no pueden participar en él. Solo Estados Unidos, China y, en menor medida, Rusia tienen ahora las cartas para sentarse a la mesa de juego, para gran disgusto de las antiguas potencias europeas, que han quedado excluidas desde el estallido de la guerra en Ucrania. Teniendo en cuenta los precedentes establecidos por la política exterior de Trump, no existe ninguna norma formal que impida a China imponer un bloqueo naval o, en última instancia, incluso invadir Taiwán y las amenazas militares estadounidenses sobre…

Groenlandia entran en el ámbito de lo posible, si no de lo probable, para gran consternación de Dinamarca y los europeos. Trump también amenazó a México, Colombia y Cuba (1) . Incluso la burguesía canadiense, que desde hace mucho tiempo forma parte integrante del bloque imperialista dirigido por Estados Unidos, debe empezar a preocuparse dada la disposición de Estados Unidos a tomar por la fuerza lo que tiene los medios para tomar.

El asalto a Caracas no tenía como único objetivo apoderarse del petróleo venezolano y privar de él a China y, de paso, a Cuba. También se trata de presionar y aislar aún más a los gobiernos de América central y del sur que aún no se han alineado con las políticas trumpianas. En particular, el Brasil de Lula está en el punto de mira. Después de Panamá, luego la Argentina de Millei, luego Chile, Ecuador, Perú, etc., el continente sudamericano y centroamericano está siendo sometido. La garra estadounidense se extiende y amenaza. El acceso de China y otros competidores, en particular europeos, a los mercados de América del Sur será cada vez más difícil y su influencia y presencia imperialistas disminuirán en la misma medida.

En el momento de redactar, el destino de Venezuela aún no está definido en lo que respecta al equipo en el poder. Sin embargo, este episodio puso de manifiesto la incapacidad de Rusia y China para proyectar su poder más allá de sus fronteras, una capacidad que, por ahora, solo tiene Estados Unidos. Por lo tanto, fueron incapaces de impedir el bombardeo estadounidense y el secuestro de Maduro, que se había reunido con un enviado del Gobierno chino horas antes de ser capturado por las fuerzas estadounidenses. Esto solo puede animar a los sucesores de Maduro, ya sean del régimen actual o de la oposición proestadounidense – igualmente corrupta y desde siempre (2)– a aceptar los dictados estadounidenses. “Estados Unidos brindará una visión de cómo debe gestionarse Venezuela y esperará que el gobierno provisional la lleve a cabo en un periodo de transición, bajo la amenaza de una nueva intervención militar (3).”

A cambio, las demás potencias imperialistas, empezando por China y sin duda también los europeos, se verán reforzados en su convicción de que para sobrevivir hay que tomar medidas militares, ya que al final solo cuenta la fuerza. La carrera armamentística mundial se acelerará aún más. Peor aún, la ofensiva estadounidense para excluir a China del continente americano forma parte de la política clásica del imperialismo estadounidense conocida como “containment”, la misma que estranguló cada vez más a Japón en la década de 1930 y lo llevó a embarcarse en la aventura de Pearl Harbor. No podemos prejuzgar aquí la eficacia de esta política de estrangulamiento de China en la actualidad. Sin embargo, no cabe duda de que esta no podrá sino reaccionar de una forma u otra, incluso acelerando el desarrollo de su propio poder naval, so pena de aceptar los dictados estadounidenses.

El ataque de Estados Unidos a Venezuela hace que Taiwán se vea más directamente amenazado. Aunque China carece de la capacidad de proyección de poder de Estados Unidos, tiene los medios y los incentivos para utilizar el poder duro cerca de sus propias costas. Puede estrangular económicamente a Taiwán y ejercer presión mediante la incautación de buques mercantes. También puede ejercer presión sobre Estados Unidos restringiendo las exportaciones de galio y minerales de tierras raras, ambos estratégicos y que son materias primas importantes para cualquier plan de Estados Unidos de relocalizar la fabricación de chips avanzados, que actualmente se concentra en Taiwán. Incluso antes de la última escalada con Venezuela, China anunció la construcción de nueve portaaviones para 2035. La carrera hacia la guerra está en marcha y el asalto a Venezuela no puede sino convencer a los últimos indecisos sobre su realidad.

En el caso de Venezuela, el proletariado local e internacional debe abstenerse de apoyar a cualquiera de los bandos, tanto al bando de Maduro, denominado “bolivariano”, como al bando proestadounidense, denominado “democrático”. Apoyar a uno u otro bando solo empeoraría aún más la situación de los trabajadores y asalariados del país, aunque solo fuera porque no podrían servir más que como carne de cañón en caso de conflicto armado. La participación, o incluso el mero apoyo pasivo, a uno u otro bando no haría más que perjudicar cualquier resistencia futura a las condiciones de explotación, salarios, empleo, represión, etc., que no harán más que empeorar, independientemente del gobierno que esté en el poder.

Lo mismo ocurre con los proletarios de los países vecinos de América Central o del Sur, en particular Colombia o Brasil, así como con el proletariado internacional en general. Es probable que las fuerzas de izquierda intenten organizar manifestaciones de apoyo contra el “imperialismo yanqui”. Ya es el caso en Estados Unidos, donde el 3 de enero se celebraron manifestaciones contra la intervención estadounidense en las principales ciudades, como Nueva York, Chicago, San Francisco, Washington, etc. Lo mismo ocurre en Europa y Canadà. A instancias de las fuerzas de izquierda “La France insoumise” y del PCF, se celebró en París una manifestación en la que participaron varios cientos de personas. Sin duda, no es participando en ella como los proletarios pueden aportar una solidaridad efectiva a los trabajadores de Venezuela, ni siquiera a su población en su conjunto. El único terreno en el que pueden expresar su solidaridad de clase es en la lucha contra su propio capitalismo, incluidos contra los gobiernos de izquierda antiamericanos, al menos antitrumpistas, de los presidentes Lula (Brasil) y Gustavo Preto (Colombia).

Pero, sobre todo, el ataque estadounidense interpela un poco más al proletariado de las principales potencias imperialistas que nos precipitan hacia el drama, empezando por Estados Unidos, por supuesto.

La burguesía estadounidense se embarca en una huida hacia adelante que, a pesar de las bravuconadas de Trump y su equipo, apenas disimula una especie de pánico ante su declive y la creciente y masiva afirmación del poder chino. “Estados Unidos nunca permitirá que potencias extranjeras roben a nuestro pueblo (4) y nos expulsen de nuestro hemisferio”, afirma Trump. Pero para defender hoy sus intereses imperialistas al nivel que exige la situación, la burguesía estadounidense también tendrá que redoblar sus ataques contra su propio proletariado. Lo mismo ocurrirá inevitablemente con los demás rivales imperialistas si quieren tener siquiera un asiento en la mesa de juego.

Es una carrera contra el tiempo entre el capitalismo y el proletariado cada vez más empobrecido. El primero, en una situación desesperada, nos está sumiendo en la guerra. El segundo debe hacer frente al empeoramiento de las condiciones de vida y de trabajo como resultado de esta preparación general para la guerra. Revolución proletaria internacional o guerra imperialista generalizada, esa es la alternativa a la que se enfrenta la humanidad. La responsabilidad histórica del proletariado, clase explotada y revolucionaria a la vez, así como la de sus minorías comunistas, se ve aún más comprometida.



Notas

(1) https://www.axios.com/2026/01/03/trump-maduro-venezuela-mexico-sheinbaum 2 .

(2)La burguesía venezolana siempre ha sido una burguesía parasitaria, que vive de las rentas del petróleo. Como resultado, el personal con el que se dota para gobernar el país siempre ha sido de lo más corrupto.

(3) New York Times, Con Venezuela, Trump abre una nueva era de riesgo para EE. UU, January 3th 2026.

(4) Es decir, la burguesía estadounidense considera que el petróleo venezolano le pertenece.

Venezuela – La lucha de clases contra el imperialismo y el mito de la independencia nacional

Angry Workers - 04/01/2026
https://www.angryworkers.org/2026/01/04/venezuela-class-struggle-against-imperialism-and-the-myth-of-national-independence (traducción automática)

 

Los ataques del ejército estadounidense en Venezuela son una expresión del imperialismo , pero ¿cómo podemos responder a ellos? Es comprensible que la reacción de muchos sea movilizarse por la «independencia nacional». Desde una perspectiva de la clase trabajadora y de la emancipación internacional, el grito de guerra por la «soberanía» es un mito peligroso. La situación en Venezuela forma parte de un panorama global de confrontación de bloques, y como trabajadores internacionales debemos encontrar la manera de no quedar aplastados en el medio.

Venezuela y China

Una de las razones esgrimidas por el gobierno estadounidense para combatir el "comunismo" en Venezuela son sus estrechos vínculos con "enemigos de EE. UU.": China e Irán. La víspera de su secuestro, Maduro recibió a una delegación china de alto rango . Poco después de finalizar la reunión, se encontraba en un helicóptero del ejército estadounidense. China es ahora, en la práctica, el único factor relevante que contrarresta el avance actual de EE. UU. y los movimientos afines a EE. UU. en Latinoamérica (Milei/Argentina, Bukele/El Salvador, Nasrallah/Honduras, Kast/Chile, Mulino/Panamá, etc.).

China importa actualmente aproximadamente el 80% de la producción diaria de petróleo de Venezuela, que asciende a 950.000 barriles diarios (a noviembre de 2025, es decir, antes de que las tropas estadounidenses incautaran el primer petrolero). No existe información alguna sobre los precios reales a los que China ha comprado petróleo venezolano durante los últimos 10 años ni sobre los precios a los que se cobra la enorme cantidad de bienes entregados desde China a Venezuela a crédito (electrodomésticos Haier, autobuses Yutong, automóviles). Incluso se instaló una fábrica de ensamblaje de autobuses Yutong en Yaracuy en 2015.

En Chancay, Perú, el gigante logístico chino COSCO opera un gran puerto de aguas profundas a 100 km al norte de Lima, la capital. Desde allí, el viaje a China dura 23 días, en comparación con los 40 días anteriores. En Panamá, Estados Unidos quiere expulsar a China de los dos puertos a ambos extremos del canal (Colón y Balboa). Mientras tanto, Black Rock/MSC y COSCO se disputan las acciones. Panamá ha abandonado nuevamente el proyecto chino de la cadena de suministro «Ruta de la Seda».

Parece que no hay tropas estadounidenses en Venezuela, al menos no en cantidades significativas. Cuando Trump anuncia que Estados Unidos gobernará el país hasta que se produzca una "transición ordenada", esto solo puede basarse en la amenaza (convertida en realidad tras el secuestro de Maduro) de que podrían atacar con eficacia y mortíferamente en cualquier momento y lugar.

La guerra en Ucrania y el genocidio en Palestina son parte de este cuadro

Podemos ver el resultado de la supuesta lucha por la "independencia nacional" en Ucrania: la clase trabajadora de ambos bandos es enviada a la ruina . El gobierno ruso necesita la guerra para mantener su poder y depende cada vez más de los suministros de China e Irán. El gobierno ucraniano depende totalmente del apoyo militar y financiero de la UE y EE. UU., y a cambio vende tierras agrícolas e infraestructura a empresas occidentales . En lugar de "defender la democracia", el Estado ucraniano restringe los derechos sindicales y políticos y recluta a la fuerza a jóvenes para el frente. Los izquierdistas, como el Partido Verde en Alemania, pero también grupos más cercanos, repiten el mito de la "autodefensa nacional" para exigir cada vez más armas para la masacre.

Ni siquiera el genocidio en Palestina puede entenderse sin considerar la confrontación en bloque. No fue casualidad que la confrontación se intensificara poco después de que el gobierno chino lograra sentar a los gobiernos de Arabia Saudita e Irán en la mesa de negociaciones. Era evidente que esto socavaba los Acuerdos de Abraham , previamente negociados por Estados Unidos, y que los equilibrios de poder regionales cambiarían drásticamente. En ese momento, todos los que tenían interés en el juego querían ejercer su influencia. El territorio palestino se utiliza como una pequeña pieza en el acuerdo, en particular por el régimen de Irán, principal patrocinador de Hamás. Por otro lado, Occidente y Estados Unidos refuerzan la maquinaria de guerra israelí. Mientras decenas de miles de palestinos adinerados lograron huir de la región, la población proletaria local de Gaza paga el precio.

Podemos ver que la idea de la "independencia nacional" en un mundo capitalista global es un mito. El problema es que la contraparte del bloque estadounidense —es decir, estados como China, Irán y Rusia— tampoco tiene nada que ofrecer en términos de liberación obrera. Mientras vemos ondear banderas iraníes en las protestas contra la guerra en Gaza, en el propio Irán, miles de trabajadores se enfrentan actualmente a las fuerzas estatales, protestando contra la inflación y el régimen. ¿De qué lado estamos?

Resistencia de la clase obrera contra el impulso bélico

Actualmente, presenciamos una carrera armamentística global, liderada por Estados Unidos, que gastará más de un billón de dólares estadounidenses en defensa militar en 2026. La UE prevé un presupuesto militar de más de dos billones de euros para los próximos siete años. Es evidente que lo pagan recortando nuestros ingresos y prestaciones sociales, como la sanidad y la educación. Todos los gobiernos quieren normalizar esta preparación para futuras guerras; en el Reino Unido nos dicen repetidamente que estamos en guerra con Rusia.

Debemos rechazar esto en nuestra lucha diaria. Debemos desarrollar una estrategia más amplia para sabotear la maquinaria bélica y defendernos de las agresiones estatales, como los ataques a migrantes por parte de las unidades del ICE. Necesitamos estrategias de resistencia proletaria clandestina, combinadas con luchas donde tengamos mayor poder colectivo. Los trabajadores de ST Microelectronics en Francia se declararon en huelga contra el uso de su producto para fines militares; los conductores de tranvía en Múnich se negaron a conducir tranvías con anuncios de reclutamiento militar; los trabajadores portuarios en Génova bloquean barcos con entregas de armas y convocan una huelga general; los estudiantes en Alemania protestan contra el esfuerzo estatal por reintroducir el servicio militar obligatorio; los trabajadores de la salud se manifiestan contra los planes de reclutarlos en el aparato médico militar; los trabajadores de DHL protestan contra la participación de su empresa en la logística militar; los trabajadores de VW denuncian el plan de las empresas de vender partes de sus plantas a la industria armamentística.

Todas estas pequeñas luchas son expresiones de la cuestión del control obrero: ¿quién decide qué pasa con lo que producimos o los servicios que prestamos? Debemos expandir gradualmente esta batalla por el control al ámbito social. Contra la guerra global, por un futuro libre y comunista.

Venezuela: No ser tontos útiles de las oligarquías (de izquierda)

por Rafael Uzcátegui, 04/01/2026

 

El ataque de Estados Unidos a Venezuela es condenable desde muchos ángulos. Por primera vez, el país es bombardeado en su propio territorio por un gobierno extranjero. Pero en política las apariencias suelen engañar. Con la poca información disponible —y observando los hechos y el comportamiento de los actores— la trama del conflicto venezolano parece haber dado un giro inesperado: un golpe interno dentro del chavismo, facilitado por el “imperialismo”.

Los acontecimientos siguen en desarrollo, pero hasta el momento de escribir esta nota hay cuatro hechos que permiten sostener una hipótesis preliminar: el ataque en sí, las declaraciones de Donald Trump, las declaraciones de Delcy Rodríguez y la decisión del Tribunal Supremo de Justicia.

1) El ataque: fuerza aplastante, defensa inexistente

Luego de meses de asedio y presión, y tras ataques contra lanchas que dejaron más de 100 víctimas, el ejército de Estados Unidos atacó Venezuela en la madrugada del sábado 2 de enero. No existe un parte oficial de daños. Según reportes, fueron bombardeados al menos varios puntos de naturaleza militar en Caracas, La Guaira, Aragua y Miranda, con especial foco en Fuerte Tiuna, donde se encontraba Nicolás Maduro.

Hasta ahora, el gobierno no ha publicado cifras de muertos y heridos. El New York Times habla de al menos 40 fallecidos, entre militares y civiles. Se especula que la mayoría de las bajas ocurrieron durante la captura de Maduro.

Lo más llamativo no es solo el ataque, sino la ausencia de respuesta militar venezolana. Pese a que se había anunciado la posibilidad de un operativo de extracción, la reacción fue nula —por no decir inexistente—: no hay imágenes de fuego defensivo ni señales de resistencia sostenida. Algunos analistas ironizaron con que “los helicópteros gringos se pasearon como Pedro por su casa”. La periodista especializada Sebastiana Barráez afirmó que, para ese momento, la mitad del personal militar estaba en “permiso navideño”. Trump, por su parte, aseguró que no hubo pérdidas de equipamiento ni incidentes con el personal estadounidense durante la operación.

2) Trump: la confesión implícita de un nuevo guion

El segundo acto fue la rueda de prensa de Donald Trump, donde ratificó la captura de Nicolás Maduro y de Cilia Flores. Ahí soltó frases que, juntas, suenan menos a propaganda y más a señales de un arreglo: dijo que había “hablado largamente con Delcy Rodríguez”, que “Rodríguez haría todo lo que ellos dijeran”, que “gobernaría a Venezuela durante un tiempo”, y remató desestimando a María Corina Machado con una frase deliberadamente humillante: “una mujer bonita, pero sin respaldo dentro de Venezuela”.

Más allá del tono, el mensaje central fue claro: Trump ubicó a Delcy como interlocutora y como pieza de transición.

3) Delcy: antiimperialismo de trámite, omisiones cruciales

Después habló Delcy Rodríguez. Usó, sí, la jerga antiimperialista típica del chavismo y dijo que Venezuela “no sería una colonia”. Pero su discurso tuvo un centro distinto: exigir una fe de vida de Maduro y exhibir una carpeta con el supuesto decreto de “estado de conmoción exterior” —un articulado cuyo texto nadie conoce— para pedirle al TSJ [Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela] una interpretación.

Y, sobre todo, su primera alocución estuvo llena de omisiones y giros difíciles de ignorar:

- Desconvocó las movilizaciones que otros voceros chavistas habían promovido contra el ataque, y pidió “calma” y “quedarse en casa”.

- No dio cifras de muertos y heridos ni habló de la magnitud de los daños.

- Se apartó de la narrativa de “ataque contra la población” y, pese a algunas frases duras, sonó inusualmente condescendiente con Estados Unidos luego de una agresión de esa escala.
En una situación así, lo que no se dice suele decir más que lo que se pronuncia.

4) El TSJ: el atajo para no llamar elecciones

Finalmente, la decisión del Tribunal Supremo de Justicia. Meses antes, Nicolás Maduro había hablado de activar un “decreto de estado de conmoción exterior” en caso de agresión. Su contenido, hasta ahora, se mantiene en secreto. Lo relevante no es el misterio: es la utilidad política. Ese decreto, supuestamente, incluiría una fórmula para definir quién ejerce funciones presidenciales en caso de ausencia.

Delcy pidió una “interpretación” al TSJ y el tribunal respondió con velocidad: la nombró “presidente encargada”.

El problema es que la Constitución no contempla la figura de “presidencia encargada”, “provisional” o “interina” en caso de ausencia del presidente. El artículo 233 establece que si hay falta absoluta antes de cumplirse cuatro años del período, el Vicepresidente Ejecutivo asume para convocar nuevas elecciones en 30 días (y juramentar al electo, según el procedimiento). Con la simulación del “decreto de conmoción”, Delcy evita el punto decisivo: no declara la falta absoluta y no convoca comicios.
Dicho de forma simple: el TSJ fabricó una salida para conservar el poder sin pasar por la ruta constitucional.

El trasfondo: una facción preparada para administrar la continuidad

Delcy Rodríguez y su hermano Jorge Rodríguez han sido piezas centrales de la cúpula chavista durante años. A Jorge se le atribuye inteligencia fría, capacidad de maniobra y talento para negociar: ha dirigido la parte oficial en distintos procesos, incluido el Acuerdo de Barbados. También ha tejido puentes con empresarios, partidos “opositores” y sectores de sociedad civil que han sido calificados como “normalizadores”.

En los últimos meses, además, se habría promovido en Estados Unidos una operación de posicionamiento —incluyendo entrevistas en medios— para presentar a Delcy como una figura “confiable” y “moderada”. Si esto es así, entonces lo ocurrido no sería un accidente: sería la fase operativa de un plan.

Conclusión: no es la “clásica invasión”; es algo más turbio
Tendremos más datos en las próximas horas, pero hasta ahora todo apunta a una situación sorprendente: una facción del chavismo habría entregado a Maduro para conservar el control del poder, con apoyo o aval de Estados Unidos.

Si en este momento estás genuinamente indignado por la incursión estadounidense —y con razón: el precedente es terrible—, no te conviertas en tonto útil de las oligarquías de izquierda. Esto no parece la postal simplona de una “invasión imperialista” tradicional. Huele más bien a reacomodo interno, a sustitución controlada y a continuidad maquillada. Una traición negociada.
No me creas a mí. Busca, contrasta, conecta los puntos, hazte preguntas. Y, sobre todo: piensa por ti mismo.