miércoles, 28 de febrero de 2024

[Israel] El discurso de los derechos humanos ha fracasao en detener el genocidio en Gaza

Un anarquista de Jaffa sobre la necesidad de estrategias anticoloniales para la liberación
2024-02-13, publicación original en CrimthInc.

Tras cuatro meses de asalto a Gaza, el ejército israelí ha obligado a más de un millón de refugiados a refugiarse al borde de la frontera egipcia y ahora los bombardea mientras amenaza con organizar un asalto terrestre contra ellos. En el siguiente texto, Jonathan Pollak, participante desde hace mucho tiempo en Anarquistas contra el Muro y otros esfuerzos de solidaridad anticolonial, explica por qué no debemos esperar que las instituciones internacionales o los movimientos de protesta de la sociedad israelí pongan fin al genocidio de Gaza y hace un llamamiento a la gente corriente para que pase a la acción.

Una versión más corta de este texto fue rechazada por la plataforma liberal israelí Haaretz, un indicio de la disminución del espacio para la disidencia en Palestina y dentro de la sociedad israelí.


El discurso de los derechos humanos no ha logrado detener el genocidio en Gaza

Llevamos ya más de 120 días de un ataque israelí sin precedentes contra Gaza. Sus terribles repercusiones y nuestra incapacidad para ponerle fin deberían obligarnos a reevaluar nuestra perspectiva sobre el poder, nuestra forma de entenderlo y, lo que es más importante, lo que tenemos que hacer para combatirlo.

En medio de la sangre derramada, los interminables días de muerte y destrucción, la insoportable escasez, el hambre, la sed y la desesperación, las incesantes noches de fuego y azufre y fósforo blanco lloviendo indiscriminadamente del cielo, debemos enfrentarnos a la cruda realidad y remodelar nuestras estrategias.

Las víctimas mortales registradas oficialmente -además de las muchas personas palestinas que permanecen sepultadas bajo los escombros y que aún no figuran en el recuento oficial- suponen ya la aniquilación de casi el 1,5% de toda la vida humana en la Franja de Gaza. A medida que Israel intensifica sus ataques contra Rafah, parece que no hay final a la vista. Pronto se habrá extinguido la vida de uno de cada cincuenta habitantes de Gaza.

El ejército israelí está infligiendo un número sin precedentes de sufrimiento y muerte a los 2,3 millones de habitantes de Gaza, superando cualquier cosa jamás presenciada en Palestina -o en cualquier otro lugar- durante el siglo XXI. Sin embargo, estas asombrosas cifras no han penetrado en las gruesas capas de disociación y desconexión que caracterizan a la sociedad israelí y a los aliados occidentales de Israel. En todo caso, la reducción de esta tragedia a estadísticas parece dificultar más que mejorar nuestra comprensión. Presenta un todo que oscurece lo específico: las cifras ocultan la personalidad de los innumerables individuos que han sufrido muertes dolorosas y particulares.

Al mismo tiempo, la insondable magnitud de la masacre de Gaza hace imposible comprenderla a través de las historias de las víctimas individuales. Periodistas, barrenderos, poetas, amas de casa, trabajadores de la construcción, madres, médicos y niños, una multitud demasiado vasta para ser narrada. Nos quedan figuras anónimas sin rostro. Entre ellos hay más de 12.000 niños. Probablemente muchos más.

Por favor, hagan una pausa y digan esto en voz alta, palabra por palabra: más de doce mil niños y niñas. Asesinadas. ¿Hay alguna forma de que podamos asimilarlo y superar el ámbito de las estadísticas para comprender la horrible realidad?

Las frías y contundentes cifras también ocultan cientos de familias aniquiladas, muchas de ellas completamente borradas -a veces tres, incluso cuatro generaciones, borradas de la faz de la tierra.

Estas cifras eclipsan a las más de 67.000 personas que han resultado heridas, miles de las cuales quedarán paralizadas para el resto de sus vidas. El sistema médico de Gaza ha sido destruido casi por completo; se están llevando a cabo amputaciones vitales sin anestesia. El grado de destrucción de las infraestructuras en Gaza supera al de los bombardeos de Dresde al final de la Segunda Guerra Mundial. Casi dos millones de personas -aproximadamente el 85% de la población de la Franja de Gaza- se han visto desplazadas, con sus vidas destrozadas por los bombardeos israelíes mientras se refugian en el sur de la Franja, peligrosamente superpoblada, que el gobierno israelí declaró falsamente “segura”, pero que sigue bombardeando con cientos de bombas de 2000 libras. El hambre en Gaza, creado por la política estatal israelí incluso antes de la guerra, es tan grave que equivale a una hambruna. En su desesperación, la gente ha recurrido a comer forraje, pero ahora incluso eso se está acabando.

Hace aproximadamente un mes, un conocido mío que huyó a Rafah desde la ciudad de Gaza después de que bombardearan su casa allí me dijo que él y su familia ya se habían visto obligados a trasladarse de un refugio temporal a otro seis veces diferentes en sus intentos de escapar de las bombas. Desesperado, me dijo: “No hay comida, ni agua, ni un lugar donde dormir. Estamos constantemente sedientos, hambrientos y mojados. Ya he tenido que sacar a mis hijos de debajo de los escombros dos veces: una en Gaza y otra aquí en Rafah”.

Estos ríos de sangre deben romper los muros de nuestra apatía. Ojalá el tiempo se detuviera lo suficiente para que todos pudiéramos procesar nuestro dolor. Pero no lo hará. Sigue pasando mientras caen más bombas sobre Gaza.

Décadas de injusticia han allanado el camino para esto. Han pasado 75 años desde la Nakba, 75 años de colonialismo israelí, y sus defensores siguen negando los hechos. Incluso después de que la Corte Internacional de Justicia (CIJ) afirmara que hay motivos para temer que se esté cometiendo un genocidio en Gaza, Estados Unidos y muchos de los demás aliados occidentales de Israel han guardado silencio.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, calificó la mera disposición del tribunal a debatir el caso de “una vergüenza que no se borrará en generaciones”. Efectivamente, la sentencia es una vergüenza. A pesar de que todo quedó a la vista, el tribunal no ordenó a Israel que cesara el fuego. Es una vergüenza para el propio tribunal y para la idea misma de que el derecho internacional debe proteger las vidas y los derechos de las personas que son aplastadas por la fuerza militar de las naciones.

Se dirá sin duda que el derecho, por naturaleza, es meticuloso y que considera el bosque no como un todo sino como árboles individuales. A eso debemos responder que la realidad, los hechos, el sentido común deben estar por encima de la ley, no por debajo de ella. Israel dedica considerables recursos a un legalismo del campo de batalla, destinado a dar cobertura a sus actos asesinos. Este enfoque consiste en trocear la realidad en finas lonchas de observaciones y acciones independientes aprobadas legalmente. En el bloque X había un objetivo militar, lo que justifica la muerte de más de dos docenas de civiles no implicados; el bloque Y era el hogar de un bombero empleado por Hamás, lo que legitima, según el principio de proporcionalidad, la decisión de aniquilar a tres familias vecinas. Pero esta práctica no puede convertir el agua genocida en vino legítimo. Se trata de una luz de gas legal que desmenuza la realidad para ocultar un patrón de asesinato masivo indiscriminado.

Si la matanza del 1,5% de la población en cuatro meses no es genocidio; si los actos de Israel no se consideran lo suficientemente graves como para que un tribunal ordene el cese inmediato de la matanza, ni siquiera a la luz de la incitación abierta al exterminio de los palestinos por parte de destacados políticos israelíes y miembros de la prensa, por no mencionar al presidente y al primer ministro de Israel; cuando se acepta la falta de castigo por tales incitaciones y tales actos en lugar de calificarlos de genocidio en los términos más sencillos, entonces las palabras que utilizamos para describir la realidad han perdido todo su significado y necesitamos urgentemente un nuevo lenguaje que vaya más allá de los confines de la jerga jurídica.

Dejar el cuchillo del carnicero en la mano del carnicero -dejar a Israel sin trabas ni obstáculos- significa permitir que continúe la matanza en Gaza. Este es el fracaso absoluto y continuo del derecho internacional y de las instituciones encargadas de mantenerlo.

Este fracaso traspasa la responsabilidad de forzar el fin de la catástrofe en curso, para que recaiga sobre los hombros de la sociedad civil. Esto debería obligarnos a superar los vacíos paradigmas liberales de los derechos humanos, que han sustituido a la liberación como discurso dominante en la política de izquierdas.

El camino a seguir

El discurso de los derechos humanos que ha secuestrado a la izquierda política en las últimas décadas nos ha alejado de un marco de liberación y acción eficaz. Ahora está claro que debemos desviarnos del pensamiento liberal para restablecer estrategias que desarmen y deconstruyan el poder. La complicidad moral con los crímenes de Israel que representa la negativa de la CIJ a ordenar un alto el fuego inmediato nos obliga a ello. Ofrece un argumento convincente de que todos debemos romper con el actual sistema fracasado.

Por otra parte, la realidad no esperará a que resolvamos las cosas. No podemos simplemente tomarnos nuestro tiempo y esperar a pasar a la acción hasta que hayamos desarrollado y popularizado nuevas narrativas y marcos conceptuales. Tenemos que utilizar todos los medios a nuestro alcance para actuar ahora mismo.

¿Nos ofrece la CIJ alguna herramienta que podamos utilizar? la CIJ está considerada la más alta instancia del derecho internacional. Aunque no dispone de mecanismos de aplicación independientes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, sus sentencias y jurisprudencia se consideran la base de la jurisprudencia del derecho internacional, y a menudo se incorporan a las sentencias de los tribunales nacionales sobre estos asuntos. A pesar de haber ordenado muy pocas medidas contra Israel o el genocidio en curso que se está llevando a cabo, el tribunal sí determinó que hay motivos considerables para creer que se está produciendo un genocidio.

Dado que el tribunal no adoptó ninguna medida real contra Israel, debería ser evidente que la responsabilidad de actuar recae sobre nosotras y nuestros movimientos. Afortunadamente, la sentencia también podría darnos algunas herramientas para utilizar aquí y ahora mientras desarrollamos nuevos marcos de liberación. Un ejemplo de ello es una reciente demanda ante un tribunal federal de California que pretendía ordenar a la administración estadounidense que pusiera fin al apoyo militar a Israel. El caso fue desestimado alegando que la política exterior estadounidense está fuera de la jurisdicción del tribunal, pero éste determinó que es plausible que Israel esté cometiendo genocidio en Gaza basándose en la sentencia de la CIJ.

El argumento jurídico de que los gobiernos deben abstenerse de complicidad en el genocidio no carece de fundamento en la legislación estadounidense, así como en muchos otros países. Un tribunal holandés ha ordenado recientemente al gobierno de los Países Bajos que detenga la entrega de piezas para los aviones de combate F-35 que Israel está utilizando para bombardear la Franja de Gaza. Ahora podría ser plausible obligar a más gobiernos a imponer embargos de armas, sanciones u otras medidas a través de los tribunales nacionales.

Sin embargo, tales estrategias nos siguen reduciendo a confiar en supuestos expertos; no nos ayudarán a construir movimientos. El genocidio no se detendrá desde dentro de la sociedad israelí. La presión para hacerlo debe venir de fuera. Ha llegado el momento de la acción directa y de los esfuerzos de abajo arriba, como los boicots impulsados por las comunidades a los productos israelíes, a los vendedores que comercian con ellos, a las exportaciones culturales y propagandísticas israelíes y a cualquier otra cosa que alimente el movimiento mundial de boicot, desinversión y sanciones. El bloqueo del puerto de Tacoma o las acciones de los trabajadores portuarios de todo el mundo que se niegan a cargar barcos y mercancías israelíes y a transportar armas a Israel son ejemplos de cómo podríamos avanzar, construyendo hacia un movimiento de base proactivo.

Debemos hacer todo lo que esté en nuestra mano para detener el genocidio que se está produciendo ahora, pero es importante que abordemos el hecho de hacerlo como un paso hacia la promoción de la liberación palestina y el desmantelamiento del colonialismo de los colonos israelíes. La descripción del pueblo palestino como poco más que víctimas a merced de la represión israelí es a veces bien intencionada, pero borra su personalidad y su capacidad de acción. Mientras nos esforzamos por poner fin a la maquinaria bélica de Israel, debemos articular que esto forma parte de la lucha para acabar con el colonialismo israelí, y centrar a los y las palestinas como protagonistas de esa historia.

Las raíces del problema

Desde antes de la creación del Estado israelí, Israel ha sido una sociedad racista y colonialista, basada en la idea de que los israelíes son fundamentalmente superiores a los palestinos. Esta es la corriente principal del pensamiento político israelí, tanto en su ala derecha como en la llamada izquierda. Este es el pensamiento que motivó la desposesión masiva de familias palestinas que precedió a la formación del Estado, la limpieza étnica de la Nakba en 1948, y diversas formas de apartheid y gobierno militar desde entonces. De hecho, sólo ha habido un año en la historia de Israel -1966- en el que no impusiera un régimen de dictadura militar sobre al menos parte de su población palestina.

Desde mucho antes del actual asalto a Gaza, la realidad cotidiana de la existencia palestina bajo el dominio israelí ha sido un terror continuo y permanente en medio de la violencia y la incertidumbre. Ser palestino significa pasar por un puesto de control sin saber si te sacarán y te detendrán; significa la violencia de las turbas de colonos; significa que te metan en la cárcel bajo detención administrativa, sin saber para qué ni durante cuánto tiempo; significa una redada militar en mitad de la noche. Son todas estas cosas y otras peores, día tras día, a lo largo de toda una vida, a lo largo de generaciones. Una de las muchas cosas que ocurrieron el 7 de octubre fue que, durante un breve periodo de tiempo, también los israelíes, como sociedad, experimentaron ese tipo de terror existencial, esa inquietante incertidumbre y falta de seguridad.

Los sucesos del 7 de octubre han tenido tal impacto en la sociedad israelí que, incluso hoy, la mayoría de la ciudadanía israelí sigue centrándose en sí misma como principal víctima de la narración. Uno de los efectos de esto es la obsesión israelí por contextualizar el genocidio de Gaza en relación con la violencia del 7 de octubre. Una queja común sobre la decisión de la CIJ entre los israelíes es que el tribunal no mencionó el 7 de octubre en su decisión (de hecho, sí lo mencionó). Al mismo tiempo, esta exigencia de contexto pretende suprimir el contexto más amplio. Muchas personas, incluso de la llamada izquierda, expresan su indignación cuando la situación actual se pone en el contexto de la Nakba, la ocupación de 1967 o el asedio en curso. Según esta lógica al revés, proporcionar ese contexto se percibe como un genocidio contra los israelíes.

El racismo israelí era frecuente antes, pero desde el 7 de octubre, el discurso genocida no disimulado y los llamamientos abiertos al genocidio real se han convertido en la norma. Dentro de la sociedad israelí no existe ningún movimiento realmente significativo contra el genocidio. Los movimientos de protesta que existen tienen un tamaño y una influencia insignificantes, o se dedican principalmente a exigir un acuerdo de intercambio de rehenes, o se centran en cuestiones internas israelíes, reminiscencias del movimiento pro-judicial de antes del 7 de octubre.

Los minúsculos islotes aislados de resistencia al asalto a Gaza y a los aspectos más generales del dominio israelí son tan pequeños que deben entenderse como un error de redondeo, no como una fuerza real. La idea de que existe un movimiento contra el colonialismo y por la liberación palestina dentro de la sociedad israelí es una ilusión. Para desempeñar un papel a la hora de labrar un camino hacia un futuro de verdadera libertad, quienes proceden de esta sociedad de colonos tendrán que rechazar de raíz el colonialismo israelí. Debemos tener en cuenta que, por mucho que queramos ser parte de la solución, también seguiremos siendo inherentemente parte del problema.

Al abordar el futuro posterior al genocidio, debemos preguntarnos cómo sobrevivirán las ideas igualitarias en una realidad asolada por la guerra, la muerte y la destrucción. No está claro cómo podemos prever y crear un futuro que pueda trascender el trauma del pasado reciente, sobre todo teniendo en cuenta que, aunque la ruina y la violencia podrían disminuir una vez que haya cesado el asalto, la represión israelí continuará.

Todavía no hay nada claro sobre el futuro posterior al genocidio, incluidos los giros que tomará el movimiento palestino de liberación. Eso sólo lo puede decidir los y las palestinas. Lo que es obvio -y debería haber estado claro mucho antes- es que quienes se oponen al colonialismo no deben regodearse en los privilegios que éste otorga. Los detalles exactos del camino hacia la liberación son inciertos, pero es innegable que quienes quieran contribuir a allanarlo sólo pueden desempeñar un papel en ello dentro del movimiento palestino. La responsabilidad de encontrar formas de hacerlo, de transgredir los límites de la identidad nacional forzada que existen precisamente para impedirlo, recae en quienes desean apoyar al pueblo palestino y romper los confines del colonialismo.

lunes, 26 de febrero de 2024

[EE.UU.] Sobre la acción de Aaron Bushnell en solidaridad con Gaza

Aaron Bushnell, era soldado estadounidense de 25 años que se prendió fuego frente a la embajada de Israel en Washington DC, murió en el hospital. Grito “Palestina libre” mientras se prende fuego.

Traducción automática de un artículo publicado en CrimethInc.:  “This Is What Our Ruling Class Has Decided Will Be Normal” On Aaron Bushnell’s Action in Solidarity with Gaza

“Esto es lo que nuestra clase gobernante ha decidido que será normal”
Sobre la acción de Aaron Bushnell en solidaridad con Gaza

El domingo 25 de febrero recibimos un correo electrónico de una persona que firmó Aarón Bushnell.

Lee,

Hoy planeo participar en un acto extremo de protesta contra el genocidio del pueblo palestino. Los enlaces a continuación deberían llevarlo a una transmisión en vivo y a imágenes grabadas del evento, que serán muy inquietantes. Le pido que se asegure de que las imágenes se conserven y se informen sobre ellas.

Consultamos la cuenta de Twitch. El nombre de usuario mostrado era “LillyAnarKitty” y el ícono de usuario era un círculo A, el significado universal del anarquismo: el movimiento contra todas las formas de dominación y opresión.

En el vídeo, Aaron comienza presentándose. “Mi nombre es Aaron Bushnell. Soy miembro en servicio activo de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y ya no seré cómplice del genocidio. Estoy a punto de participar en un acto de protesta extremo, pero en comparación con lo que la gente ha estado experimentando en Palestina a manos de sus colonizadores, no es nada extremo. Esto es lo que nuestra clase dominante ha decidido que será normal”.

El vídeo muestra a Aaron continuando filmando mientras camina hacia la puerta de la embajada de Israel en Washington, DC, cuelga el teléfono, se moja en un líquido inflamable y se prende fuego, gritando “Palestina libre” varias veces. Después de que se desploma, los agentes de policía que habían estado observando cómo se desarrollaba la situación entran corriendo en el marco: uno con un extintor de incendios, otro con una pistola. El oficial continúa apuntando con el arma a Aaron durante más de treinta segundos mientras Aaron yace en el suelo, ardiendo.

Posteriormente, la policía anunció que habían llamado a su Unidad de Eliminación de Artefactos Explosivos.

Desde entonces hemos confirmado la identidad de Aaron Bushnell. Sirvió en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos durante casi cuatro años. Uno de sus seres queridos nos describió a Aaron como “una fuerza de alegría en nuestra comunidad”. Una publicación en línea lo describió como “una persona increíblemente gentil, amable y compasiva que dedica cada minuto y cada centavo que tiene a ayudar a los demás. Es tonto, hace reír a cualquiera y no haría daño a una mosca. Es un anarquista de principios que vive sus valores en todo lo que hace”.

Los amigos de Aaron nos dicen que ha fallecido como consecuencia de sus heridas.

Toda la tarde, mientras otros periodistas daban la noticia, discutíamos cómo debíamos hablar de esto. Algunos temas son demasiado complejos para abordarlos en una publicación apresurada en las redes sociales.

La magnitud de la tragedia que está teniendo lugar en Gaza es desgarradora. Supera todo lo que podemos entender desde el punto de vista de Estados Unidos. Más de 30.000 palestinos han sido asesinados, entre ellos más de 12.000 niños. Más de la mitad de todos los edificios habitables de toda Gaza han sido destruidos, junto con la mayoría de los hospitales. La gran mayoría de la población vive como refugiada con poco acceso a agua, alimentos o refugio.

El ejército israelí está planeando ahora una invasión terrestre de Rafah que añadirá un número incalculable de víctimas a este número. No es una exageración decir que estamos siendo testigos de la comisión deliberada de genocidio. Todas las pruebas disponibles indican que el ejército israelí seguirá matando a miles de palestinos hasta que se vean obligados a detenerse. Y cuanto más se prolongue este derramamiento de sangre, más personas morirán en el futuro, mientras otros gobiernos y grupos imitan el precedente sentado por el gobierno israelí.

El gobierno de Estados Unidos tiene la misma responsabilidad en esta tragedia, ya que armó y financió a Israel y le proporcionó impunidad en la esfera de las relaciones internacionales. Dentro de Israel, las autoridades han reprimido efectivamente los movimientos de protesta en solidaridad con Gaza. Si las protestas van a ejercer influencia para detener el genocidio, corresponde al pueblo de Estados Unidos descubrir cómo lograrlo.

¿Pero qué hará falta? Miles de personas en todo el país han participado en valientes actos de protesta sin lograr aún detener el ataque de Israel.

Aaron Bushnell fue uno de los que simpatizó con los palestinos que sufren y mueren en Gaza, uno de los que está atormentado por la pregunta de cuáles son nuestras responsabilidades cuando nos enfrentamos a una tragedia así. En este sentido, fue ejemplar. Honramos su deseo de no permanecer pasivos ante la atrocidad.

La muerte de una persona en Estados Unidos no debería considerarse más trágica –ni más digna de noticia– que la muerte de un solo palestino. Aún así, hay más que decir sobre su decisión.


Aaron fue la segunda persona que se autoinmoló en una institución diplomática israelí en Estados Unidos. Otro manifestante hizo lo mismo en el consulado de Israel en Atlanta el 1 de diciembre de 2023. No nos resulta fácil saber hablar de sus muertes.

Algunos periodistas se ven a sí mismos involucrados en la actividad neutral de difundir información como un fin en sí mismo, como si el proceso de seleccionar qué difundir y cómo enmarcarlo pudiera alguna vez ser neutral. Por nuestra parte, cuando hablamos, suponemos que estamos hablando con personas de acción, personas como nosotros que son conscientes de su agencia y están en el proceso de decidir qué hacer, personas que pueden estar luchando contra el dolor y la desesperación.

Los seres humanos se influyen unos a otros tanto a través de argumentos racionales como a través de la contagiosidad de la acción. Como dijo Peter Kropotkin : "El coraje, la devoción y el espíritu de sacrificio son tan contagiosos como la cobardía, la sumisión y el pánico".

Así como tenemos la responsabilidad de no mostrar cobardía, también tenemos la responsabilidad de no promover el sacrificio de manera casual. No debemos hablar descuidadamente de asumir riesgos, ni siquiera de riesgos que hayamos asumido nosotros mismos. Una cosa es exponerse al riesgo; otra cosa es invitar a otros a correr riesgos sin saber cuáles pueden ser las consecuencias para ellos.

Y aquí no hablamos de un riesgo, sino de la peor de todas las certezas.

No enaltezcamos la decisión de acabar con la vida, ni celebremos nada que tenga repercusiones tan permanentes. En lugar de exaltar a Aarón como mártir y animar a otros a emularlo, honramos su memoria, pero os exhortamos a tomar un camino diferente.


"Esto es lo que nuestra clase dominante ha decidido que será normal".

Estas palabras de Aarón nos persiguen.

El esta en lo correcto. Estamos entrando rápidamente en una era en la que la vida humana se considera inútil. Esto es obvio en Gaza, pero también podemos verlo en otras partes del mundo. Con las guerras proliferando en Medio Oriente y el norte de África, nos encontramos en el umbral de una nueva era de genocidios. Incluso dentro de Estados Unidos, los incidentes con víctimas masivas se han vuelto rutinarios, mientras que un segmento entero de la clase baja está condenado a la adicción , la falta de vivienda y la muerte.

Como táctica, la autoinmolación expresa una lógica similar a la premisa de la huelga de hambre. El manifestante se trata a sí mismo como un rehén e intenta utilizar su voluntad de morir para presionar a las autoridades. Esta estrategia supone que las autoridades están preocupadas en primer lugar por el bienestar del manifestante. Hoy, sin embargo, como escribimos sobre la huelga de hambre de Alfredo Cospito ,

Nadie debería hacerse ilusiones sobre cómo ven los gobiernos la santidad de la vida en la era de la COVID-19, cuando el gobierno de Estados Unidos puede tolerar la muerte de un millón de personas sin sonrojarse mientras el gobierno ruso emplea explícitamente a convictos como carne de cañón. Los políticos fascistas recién elegidos que gobiernan Italia no tienen escrúpulos en condenar a muerte a poblaciones enteras, y mucho menos en permitir que muera un solo anarquista.

En este caso, Aaron no era un anarquista encarcelado, sino un miembro en servicio activo del ejército estadounidense. Su perfil de linkedin especifica que se graduó de la formación básica “de primer nivel y de primera clase”. ¿Hará esto alguna diferencia para el gobierno de Estados Unidos?

Al menos, la acción de Aaron muestra que el genocidio no puede tener lugar en el extranjero sin daños colaterales en este lado del océano. Desafortunadamente, las autoridades nunca se han sentido especialmente conmovidas por las muertes de personal militar estadounidense. Innumerables veteranos estadounidenses han luchado contra la adicción y la falta de vivienda desde que regresaron de Irak y Afganistán . Los veteranos se suicidan a un ritmo mucho mayor que el resto de adultos. El ejército estadounidense sigue utilizando armas que exponen a las tropas estadounidenses a lesiones cerebrales permanentes .

A los miembros del ejército se les enseña a comprender su voluntad de morir como el principal recurso que tienen para poner al servicio de las cosas en las que creen. En muchos casos, esta forma de pensar se transmite de generación en generación. Al mismo tiempo, la clase dominante toma con calma la muerte de soldados. Esto es lo que han decidido que será normal.

No es la voluntad de morir lo que influirá en nuestros gobernantes. Realmente temen nuestras vidas, no nuestras muertes; temen nuestra voluntad de actuar colectivamente según una lógica diferente, interrumpiendo activamente su orden.

Muchas cosas que valen la pena hacer implican riesgos, pero elegir poner fin intencionalmente a tu vida significa excluir años o décadas de posibilidades, negándonos al resto de nosotros un futuro contigo. Si tal decisión alguna vez es apropiada, será sólo cuando se hayan agotado todos los demás cursos de acción posibles.

La incertidumbre es una de las cosas más difíciles de soportar para el ser humano. Existe una tendencia a tratar de resolverlo lo más rápido posible, incluso imponiendo de antemano el peor de los casos, incluso si eso significa elegir la muerte. Hay una especie de alivio al saber cómo resultarán las cosas. Con demasiada frecuencia, la desesperación y el autosacrificio se mezclan y confunden, ofreciendo un escape demasiado simple de tragedias que parecen irresolubles.

Si tienes el corazón destrozado por los horrores en Gaza y estás dispuesto a soportar consecuencias significativas para intentar detenerlos, te instamos a que hagas todo lo que esté a tu alcance para encontrar camaradas y hacer planes colectivamente. Sentar las bases para una vida plena de resistencia al colonialismo y a todas las formas de opresión. Prepárese para correr riesgos según lo exija su conciencia, pero no se apresure hacia la autodestrucción. Te necesitamos desesperadamente vivo, a nuestro lado, para todo lo que está por venir.

Como escribimos en 2011 en referencia a la autoinmolación de Mohamed Bouazizi ,

Nada es más aterrador que apartarse de lo que sabemos. Puede que se necesite más coraje para hacer esto sin suicidarse que para prenderse fuego. Ese coraje es más fácil de encontrar en compañía; Hay tantas cosas que podemos hacer juntos que no podemos hacer como individuos. Si hubiera podido participar en un movimiento social poderoso, quizás Bouazizi nunca se habría suicidado; pero, paradójicamente, para que tal cosa sea posible, cada uno de nosotros tiene que dar un paso análogo al que dio hacia el vacío.

Admitamos que el tipo de actividad de protesta que ha tenido lugar hasta ahora en Estados Unidos no ha servido para obligar al gobierno estadounidense a obligar a detener el genocidio en Gaza. Es una pregunta abierta qué podría lograr eso. La acción de Aarón nos desafía a responder esta pregunta, y a responderla de manera diferente a como lo hizo él.

Lamentamos su fallecimiento.


Si usted o sus familiares actualmente sirven en el ejército de los EE. UU., comuníquese con la línea directa de derechos de los militares al 1-877-447-4487.

 

 

martes, 6 de febrero de 2024

[Argentina] Ustedes, los «progres», parieron a Milei

Alberto Bonnet
Buenos Aires, 23 noviembre de 2023. publicado en comunizar

Hasta ayer ustedes, los siervos progres de sus señores justicialistas, nos convocaron a votar a Massa contra Milei. Y ayer algunos de nosotros votaron por su candidato, sólo para que no ganara la contraria, naturalmente, y otros no lo votamos. Pero, sea como sea, hoy todos nosotros juntitos les decimos: ustedes, los progres, parieron a Milei y a sus votantes.

Ustedes parieron a Milei proveyéndole dinero, candidatos y fiscales a La libertad avanza para dividir el voto a Juntos por el cambio. Ayer, los responsables de esta miserable maniobra, la pandilla entera de Unión por la patria, incluyéndolos a ustedes, sus siervos progres, merecía haber recibido cascotazos antes que votos. Pero, por encima de todo, ustedes parieron a los votantes de Milei, durante sus cuatro años de gobierno.

Ustedes parieron a los votantes dolarizadores de Milei mediante su política económica, su consabida emisión monetaria descontrolada acompañada de las consabidas policías de precios, tipos de cambio, cupos de importaciones y demás ocurrencias propias de comisarios de Trulalá, que llevaron la inflación del 53,8% de diciembre de 2019 (IPC general interanual) al 142,7% de octubre de 2023, multiplicando los precios por nueve en cuatro años de gobierno. O, dicho de otra manera, que llevaron la indigencia y la pobreza del 6,7 y el 35,5%, respectivamente, del segundo semestre de 2018, a un 9,3 y un 40,1% en el segundo de 2023 (y, gracias a su última devaluación, a un 43,5%). Toda una proeza la de ustedes, progres: parieron un ejército entero de dolarizadores que no cuentan ni con un dólar en sus bolsillos.

Ustedes parieron a los votantes anti-cuarentena de Milei mediante su confinamiento ante el COVID, uno de los más prolongados y restrictivos del mundo entero, con todo su tremendo costo económico y social a cambio de su mediocre beneficio sanitario (en términos de muertos por millón de habitantes, nos dejaron por debajo de Perú y Brasil, es cierto, pero también por arriba del resto de América Latina y de buena parte del resto del mundo). Y, además, para que aquellos votantes anti-cuarentena se multiplicaran aún más, ustedes se dedicaron a insultar a los enfermos y a los muertos por la pandemia, jugando a su jueguito berreta de anti-imperialismo entre laboratorios, montando sus vacunatorios VIP y festejando el cumpleañitos de su primera dama en la Quinta de Olivos en medio de la cuarentena. ¿Sergio presidente? Tarde. Antes correspondía la destitución, mediante juicio político, del presidente Alberto.

Ustedes parieron a los votantes anti-casta de Milei, simplemente, comportándose ustedes mismos como una casta. Pero no cualquier casta, no, sino como la más corrupta e impune que uno pueda imaginarse. La casta encabezada por ese presidente que viola sus propios decretos y una vice-presidenta que sólo ocupa su cargo para no ocupar una celda. La casta que genera desde arriba sus propias organizaciones, como La Cámpora, gracias a su manejo del arbitrio y el presupuesto del Estado. La casta que, para perpetuarse en el poder, implementa un plan platita que insume al menos un punto y medio del producto. ¿Qué esperaban de la ciudadanía? ¿Acaso votos a favor de la supervivencia de vuestra casta?

Ustedes parieron a los votantes–rappi de Milei, esas penosas sombras de emprendedores, a través del aumento incesante de precarización laboral. Hoy, gracias a ustedes, ya casi la mitad del trabajo es precario: el 27,3% trabaja en negro y el 22,2% por cuenta propia. Total: 49,5%. Un esfuerzo más de ustedes, progres, y los precarios son mayoría. La recuperación del empleo, después de su derrumbe durante la pandemia, redujo la brecha preexistente entre los volúmenes de ambos y, además, incrementó brutalmente la brecha entre sus respectivos salarios. Aunque esto, a ustedes, les importó un carajo, desde luego, porque confiaron en que podían emparcharlo con un poco más asistencialismo.

Ustedes parieron a los votantes anti-feminazis de Milei mediante sus grotescas prácticas de pinkwashing. Las boludas resoluciones del INADI sobre lenguaje inclusivo, el pelotudo cuadernillo del INADI para los periodistas destacados en el Mundial de Qatar, y un largo etcétera. ¿Usamos la e, la x, o la @? Mejor dejemos un espacio en blanco, en un país donde el 64% de aquellos pobres son mujeres, donde entre el 56,2% (INDEC) y el 66% (UNICEF) de los niños son pobres y están sometidos, especialmente las nenas, a violencia doméstica cotidiana en sus hogares, donde el desempleo de las mujeres jóvenes alcanza el 13,4%, es decir, más del doble del nivel promedio. Ojo, progres: ser parte de la casta reditúa privilegios como, por ejemplo, la libertad de pasear en yate por el Mediterráneo, pero también puede encerrar en un tupper.

Ustedes parieron a los votantes anti-adoctrinamiento de Milei, adoctrinando a través de sus materiales didácticos en escuelas y colegios, confabulándose con Baradel y demás forajidos para destruir la calidad de la educación pública, convirtiendo cada universidad del conurbano en una unidad básica. Y también parieron a sus votantes anti-derechos humanos, manipulando la lucha y los organismos de lucha contra los crímenes cometidos por la última dictadura con fines partidarios durante años, y convirtiendo de pasadita esos derechos humanos en asuntos violados en el pasado, para poder seguir violándolos ustedes mismos en el presente cuando les conviene, como en Jujuy, en nombre de las exportaciones de litio. En fin, si me olvidé de algunos de los votantes de Milei (son tantos, gracias a ustedes y para desgracia nuestra, que quizás me olvide de algunos), seguro que a esos también los parieron ustedes.

Ayer ustedes, progres, nos convocaron desde su gobierno a votar a Massa contra Milei para defender nuestras conquistas… La de instalar a Milei en la presidencia de la Argentina: ¿es una de esas conquistas que debíamos defender? ¿o un retroceso que nunca les perdonaremos?

jueves, 1 de febrero de 2024

[Argentina] La patria es un supermercado construido sobre el genocidio indígena y proletario

Expandiendo la revuelta
01/02/2024, Buenos Aires.

No se trata simplemente de ir en contra, de apelar a retoricas ideológicas o anteponer deseos personales a una lucha colectiva, pero cuando vemos el espectáculo de la revuelta, o mejor dicho, la revuelta convertida en espectáculo, por lo menos nos toca hacer una autocrítica.

El nacionalismo invade cada consigna y cada discurso, pero sobre todo impone su proyección en torno a la lucha contra el DNU y la Ley ómnibus, argumentando una falsa dicotomía, un enemigo imaginario cuando al fin y al cabo todos se sientan en la misma mesa a la espera de “inversiones” y “debaten” en el parlamento la gestión de la explotación. No nos equivoquemos, estamos todxs en la misma, pero hay muchxs, demasiadxs, que buscan hacer de la rabia, de la indignación, de la rebeldía, un espacio de explotación mediático-política. Cuando frente al Congreso hay más cámaras que caras tapadas, cuando las manifestaciones se transforman en un reel para instagram o en palabras ingeniosas para twitter, lo discursivo se impone por sobre las prácticas. Mientras tanto C5N y Grabois advierten que si alguien le tira alguna piedra a la policía es un infiltrado de Bullrich, y TN cumple su función histórica “quienes están ahí no son el pueblo, el pueblo está trabajando” repiten cínicamente, al mismo tiempo los medios “alternativos” reivindican lo “pacifico” de los manifestantes que se dejan pegar para dar una buena imagen, y lo deshonroso de la detención policial a algunas militantes por cantar el himno nacional.

Sabemos que es una frase hecha, pero la realidad no deja de demostrarnos una y otra vez que los dirigentes son quienes están apaciguando la rebeldía, que antes que la negación de la realidad están más interesados en llegar a acuerdos políticos, en acumular militantes y en representar a una masa pasiva que aplauda sus decisiones. Desde el peronismo a la izquierda parlamentaria, desde los medios oficiales a gran parte de los que se dicen alternativos, no queremos ser parte de este show y al mismo tiempo sabemos que somos tantxs otrxs, que más allá incluso de diferencias ideológicas, queremos arrasar con esta realidad, las asambleas nos demuestran constantemente que no necesitamos lideres ni punteros, y las manifestaciones espontáneas, como aquella surgida el reciente 21 de diciembre, evidencian que cuando nos organizamos horizontalmente somos más peligrosxs que cuando nos convertimos en carne de cañon ajena.

La lucha es larga y seguiremos acá, firmes, algunas veces entre la multitud, otras en sus márgenes, lo que podemos decir en este momento, es simplemente que seamos críticxs de nuestra participación en el espectáculo al que nos intentan introducir, y no dejemos tampoco que los reflectores y el asco patriótico apaguen nuestras pasiones.