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viernes, 7 de octubre de 2022

Argentina: LIBERTAD A LAS PRESAS MAPUCHE. TERRORISTA ES EL ESTADO

Boletín La Oveja Negra
07/10/2022, Rosario
boletinlaovejanegra.blogspot.com

El 4 de octubre por la mañana el Estado argentino desalojó la lof Lafken Winkul Mapu, a 35 kilómetros de Bariloche. El operativo involucró más de 200 efectivos del “comando unificado de seguridad zona Villa Mascardi” creado recientemente por el ministro de Seguridad de la Nación, Aníbal Fernández.

Dos días antes “vecinos de Bariloche” realizaron una caravana bajo el lema “basta de terrorismo en la Patagonia”. Había consignas como “Roca volvé, terminá lo que empezaste”. A la cabeza iba la presidenta del PRO y exministra de Seguridad Patricia Bullrich, quien el 1° de agosto del año pasado fue hasta donde secuestraron y asesinaron a Santiago Maldonado para festejar su victoria.

Si se quiere seguir el lenguaje presidencial se puede decir que hay discursos de odio. Pero acá lo importante son las acciones, las acciones perpetradas por el Estado argentino, donde los discursos solo vienen a justificar lo ya sucedido o planificado.

Esta vez no hubo asesinados como cuando los disparos de las fuerzas del orden dieron muerte a Rafael Nahuel de la lof Lafken Winkul Mapu o Elías Garay de la lof Quemquemtrew. Esta vez la demostración de fuerzas fue la represión, desalojo y el posterior traslado de mujeres y niños hasta Buenos Aires.

El traslado de las mujeres mapuche detenidas hasta Ezeiza fue bajo el argumento que en Bariloche y cercanías no hay dónde alojar a presas amamantando. La situación es muy dolorosa e indignante. Trascendió que una lamgen fue trasladada sola a un hospital en  trabajo de parto y dio a luz en el cautiverio. Por su parte, niños y niñas mapuche fueron obligados a estar solos durante más de 12 hs. dentro del territorio, resguardándose de las fuerzas policiales que los quería detener también montaña adentro.

Hay quienes dicen que estamos en el siglo XIX o en la dictadura de los 70. ¿Y se preguntan que viene después? Después vienen, juicios y elecciones, cárcel y alguna renuncia de algún que otro funcionario estatal. Porque estamos en democracia. Y esto es también la democracia.

El gobierno nacional no está siguiendo la agenda de Patricia Bullrich, es una política de Estado.

Esto no es como “en la época de Roca”, acá reprime un gobierno elegido libremente, con la ley en la mano, en defensa de la propiedad privada de la burguesía nacional y extranjera.

Los mapuche y otras comunidades que habitaron lo que bajo sangre y fuego hoy se llama Argentina fueron exterminados para el desarrollo de la sociedad capitalista. Hoy no son perseguidos por SER mapuche, son perseguidos por HACER. Hay cientos de miembros de otras comunidades que no son perseguidos. Lo que se intenta reprimir, encarcelar y asesinar es el desprecio por la propiedad privada y el Estado, la firme oposición contra lo que nos arruina la vida.

Si compartimos estas reflexiones es porque pensamos posible acabar con todo esto. Para que, de cara al futuro, no haya injusticias que señalar ni Estado asesino al cual implorar clemencia.


Más información: https://www.anred.org/2022/10/04/comando-especial-del-gobierno-nacional-desaloja-con-disparos-a-la-comunidad-mapuche-lafken-winkul-mapu

lunes, 8 de marzo de 2021

[Chile] ESCALADA REPRESIVA EN EL WALLMAPU: UNA NECESIDAD CAPITALISTA

Proletarixs en revuelta
03/11/2021, Chile

Durante las últimas jornadas, el conflicto en el Wallmapu se ha visto recrudecido, con un incremento en la frecuencia e intensidad de acciones reivindicativas, expresadas en diversas formas de sabotaje contra la infraestructura de la industria forestal (maquinaria, vehículos de transporte, instalaciones), ataques contra propiedades de latifundistas o empresarios y, fundamentalmente, en la toma de fundos y terrenos por parte de comunidades organizadas.

Estas acciones tienen objetivos inmediatos distintos, o establecidos en diferentes niveles, que van desde la reivindicación territorial misma, hasta la exigencia de liberación para las decenas de pres@s polític@s Mapuche y el cese del trato racista en los procesos judiciales en su contra. Así como diversos son los objetivos de estos medios de lucha, tampoco hay tras de ellos una única organización o un movimiento totalmente homogéneo, más allá de que las distintas organizaciones o formas de asociatividad Mapuche en lucha tengan objetivos generales compartidos, principalmente la recuperación y autonomía territorial.

En este proceso de lucha, que desde fines de los 90 y principios del presente siglo se ha vigorizado, la respuesta represiva estatal ha sido, como era esperable, brutal y terrorista, llevada a cabo tanto por la ex Concertación como por los dos gobiernos de la derecha con Piñera a la cabeza, defendiendo a sangre y fuego los intereses capitalistas en la región en conflicto (lo que hoy llaman “macrozona sur”). Este terrorismo de Estado se evidencia en la prisión política que tiene tras las rejas a decenas de comuner@s Mapuche, tras procesos judiciales desproporcionados y plagados de irregularidades, militarización del territorio con su correspondiente asedio y hostigamiento a las comunidades, terror específicamente dirigido hacia la infancia, con varios casos de niñ@s herid@s, secuestrad@s y torturad@s.

Ejemplos de esta represión brutal son trágicamente numerosos, pero basta recordar el reciente y aberrantemente desmedido operativo de la PDI contra la comunidad de Temucuicui, que tras la excusa de un allanamiento por cultivo y tráfico de drogas, movilizó a casi un millar de efectivos. Este operativo fue altamente cuestionado desde distintos sectores, incluidos los de la política burguesa, pues se demostró totalmente inútil en su supuesto objetivo, costándole además a la institución la vida de un efectivo, supuestamente muerto tras un enfrentamiento. Parte de la familia del funcionario responsabilizó a la institución y al gobierno por generar las condiciones para su muerte, y se reunió con la comunidad para manifestar su solidaridad con sus luchas. Durante esa misma jornada, era dictada la sentencia en contra de Carlos Alarcón Molina, paco que asesinó a Camilo Catrillanca el 14 de noviembre de 2018. Mientras escuchaban el fallo en la ciudad de Ercilla, la esposa, la madre y la hija (de solo 7 años) del comunero asesinado fueron violentamente detenidas. Las imágenes del brutal procedimiento, en el que se reducía a la niña y se le inmovilizaba contra el pavimento, junto a las otras dos mujeres, fueron ampliamente difundidas, causando un repudio generalizado. A esto se le sumó un audio que registraba los gritos histéricos de un desquiciado efectivo de la PDI, que amenazaba con matar a una notoriamente angustiada adolescente y sus acompañantes, durante el allanamiento a la comunidad ocurrido el mismo día.

El Estado pretendía vengar el procesamiento de uno de sus esbirros perpetrando el más grande allanamiento que se haya hecho en democracia. El operativo fue ampliamente cuestionado, pero su objetivo era continuar normalizando la creciente militarización de todo el territorio.

La violencia reaccionaria también ha sido llevada a cabo por civiles, bajo el amparo del gobierno. El 19 de febrero, guardias armados de un condominio privado en Panguipulli dispararon contra comuner@s que respondían a la violencia de estos matones a sueldo, que habían estado hostigando a personas que visitaban la ribera del lago. Uno de estos mercenarios asesinó de un disparo en la cabeza a Emilia Milén Herrera (25 años), conocida como “Bau”, en lo que también constituye un crimen de odio, dado que la comunera se identificaba como una mujer trans. La sangre no cesa de correr.

Según la misma prensa burguesa, durante enero y febrero se han llevado a cabo más de 60 tomas de terrenos en la zona en conflicto, lo que desata el pavor entre los representantes del Estado y latifundistas.

La campaña de terror que ya se lleva a cabo en el Wallmapu, y que ahora amenaza con intensificarse, debe ser comprendida más allá incluso de los márgenes de los objetivos de lucha de las comunidades en conflicto. Sin duda que es respuesta al movimiento que más daño concreto ha logrado provocarle a los intereses capitalistas actuando en la zona, pero también es la forma en que la clase capitalista y sus instituciones preparan la respuesta contrarrevolucionaria general. Organismos del capitalismo internacional como el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya prevén el surgimiento por doquier de revueltas a mediados del 2021, dado que la crisis sanitaria, como expresión de la crisis generalizada del capitalismo a nivel mundial, seguirá empeorando las condiciones de vida de millones de personas. En Chile, la experiencia de la imponente revuelta e incipiente proceso revolucionario de octubre de 2019 aún está presente. Si bien la crisis sanitaria del coronavirus y la desmovilización democrática llevada a cabo por el partido del orden en bloque y su “Acuerdo por la Paz” debilitaron y cerraron un ciclo dentro de este proceso, la conflictividad social se encuentra lejos de amainar, y las manifestaciones y diversas experiencias de lucha no han cesado de multiplicarse. Ante este escenario, nuestra clase capitalista ya alista la represión. En Wallmapu anuncia el terror estatal que pretende expandir a todo el territorio nacional, terror que además busca potenciar con la formación de cuadrillas paramilitares sustentadas por un poco numeroso pero ruidoso movimiento patronal, representado en la actualidad por el fascistoide APRA.

Por otro lado, como intento de respuesta ante la crisis mundial del capital y por su función en la economía global como país principalmente exportador, en Chile se incrementará la depredación contra el entorno natural mediante sus principales ejes económicos; minería, pesca-acuicultura, agricultura e industria forestal, siendo estas dos últimas la punta de lanza del capital en las zonas en conflicto en el sur. Las empresas no van a renunciar a dejarle tierras a comunidades cuando la dinámica capitalista les exige más y más extractivismo.

La lucha de las comunidades Mapuche por autonomía y territorio se opone frontalmente contra los intereses del capital en la región. Su éxito estará dado necesariamente por el desarrollo del movimiento social en todo el territorio. La solidaridad no es solo un valor al que aspirar sino una necesidad ineludible de tod@s quienes no podemos ya soportar más este sistema de muerte, que no puede existir si no es estrujándonos más y más, haciendo cada vez más precaria nuestra existencia. La solidaridad con las luchas en el Wallmapu contribuye a sabotear también la escalada represiva del poder político, que espera salir relegitimado luego de las elecciones de abril.

La solidaridad, por otro lado, no significa la renuncia a la crítica. No dejaremos de señalar en algunas expresiones del movimiento Mapuche la traducción de sus demandas bajo el esquema de las ideologías de “liberación nacional”, desarrolladas durante el siglo XX en varios países del “tercer mundo”, las que promovieron la colaboración de clases (“campesinos, obreros y burguesía nacional progresista”) bajo un discurso nacionalista, que resultó en la consolidación del capitalismo en zonas consideradas atrasadas.

Otro fenómeno a poner en cuestión es, por una parte, la acusación de cualquier acción directa por fuera del marco legal democrático como “montaje”, que suele verse con demasiada frecuencia en diversos espacios físicos y virtuales. De esta forma, se despoja de legitimidad toda acción efectiva de fuerza contra los aparatos represivos del Estado/Capital, y se denuncia a compañer@s de ser nada menos que infiltrad@s. Esta lógica nefasta debe ser frenada, lo que no significa dejar de estar atent@s ante maniobras estatales que efectivamente pueden ser calificadas maquinaciones desde el poder. Por otro lado, esto nos lleva también a tensionar acerca de la celebración de toda manifestación de violencia. Centrar las luchas solo en estas últimas conduce a subordinar el movimiento mismo a esta lógica, en la que finalmente el Estado y los defensores del orden se sienten como peces en el agua. Nuestros esfuerzos por derrotar las condiciones de miseria y a sus defensores, para imponer un nuevo mundo basado en la solidaridad, no puede negar la necesidad de organizar nuestras fuerzas para la autodefensa y el avance, pero tampoco puede hacer de este aspecto la columna vertebral del movimiento, ni menos aún, delegar estas acciones en aparatos específicos, lo que termina por parcelar y conducir a una lógica militarista el combate integral contra los intereses del Capital.

Finalmente, recordar el objetivo del proceso constituyente actual: preservar el orden capitalista. Debemos sacudirnos de la ilusión democrática de que una nueva constitución podría significar la mejora, siquiera en aspectos parciales, de nuestras condiciones de vida. La clase capitalista actual no puede ya dar ni mínimas concesiones. No es que solo no quieran, es que no pueden. Son esfuerzos vanos “exigirle” reformas, puro idealismo, cuyos resultados son el inmovilismo y la impotencia. La pretensión de una constitución “plurinacional” para solucionar el “conflicto Mapuche” es así también pura demagogia reaccionaria. Ningún Estado, cuya existencia es indisociable del Capital mismo, puede asegurar la continuidad de las comunidades humanas que se enfrentaron -y siguen enfrentando- a la expansión capitalista mundial. Su función es precisamente la opuesta, por más que el progresismo izquierdista lo oculte; el gobierno bolivariano en Venezuela ha devastado zonas naturales y masacrado comunidades indígenas, y lo pro
pio ha hecho el Estado plurinacional boliviano, con el conflicto en el TIPNIS, por ejemplo.

La única garantía contra el Capital y el terrorismo estatal es la solidaridad por abajo, por fuera y en contra de las instituciones de la política burguesa.

viernes, 28 de agosto de 2020

[Chile] MOVILIZACIONES REACCIONARIAS Y CHANTAJE DEMOCRÁTICO: ESTRATEGIAS DEL ORDEN CAPITALISTA

 
Proletarixs en reuelta
28 de agosto

Mientras los Presos Políticos Mapuche continúan una huelga de hambre de casi 120 días, exigiendo garantías mínimas en los procesos judiciales en su contra levantados por el Estado chileno, los gremios de camioneros -fieles representantes de los intereses de la patronal y agentes históricos de la derecha política- llevan a cabo movilizaciones que tienen como principal demanda la intensificación de la represión estatal en el Wallmapu.

De esta movilización reaccionaria se pueden comentar varios elementos:

-El cacareado llamado a paro del 27 de agosto contó con muy poco apoyo, no siendo seguido por dos de las tres más grandes agrupaciones gremiales de camioneros (todas dirigidas por la derecha), y ha despertado un amplio repudio en toda la población.

-Se enmarca en una estrategia parainstitucional del gobierno que busca afirmar una base en torno a la derecha más rancia, conservadora y filofascista. Esto se expresa en la tolerancia y protección de las manifestaciones de este tipo, siendo uno de sus hitos más importantes el desalojo de la toma de la Municipalidad de Curacautín (y otras dos más) a manos de turbas racistas, que contaron con la abierta complicidad de las fuerzas policiales y militares, además del visto bueno del Ministro del Interior Víctor Pérez, quien horas antes se reunió con los dirigentes fascistas y anti-Mapuche que convocaron a estos ataques.

-También, quedan nuevamente en evidencia las fisuras dentro de la alianza gobernante, tambaleante entre la derecha más dura, y el manejo de la crisis mediante la integración del descontento generalizado en las vías institucionales, a través del plebiscito y proceso constituyente. No por nada algunos de sus rostros más publicitados afirman que votarán por la opción del “Apruebo” y hasta se autodenominan como socialdemócratas.

-Desde este sector de la política burguesa lidian abiertamente con la amenaza de una “revolución social”, y su objetivo declarado es combatirla por todos los medios. Para ello, apuestan, no sin contradicciones y roces internos, por el endurecimiento de la legislación represiva (todos los puntos del petitorio del gremio de camioneros apuntaban en esta dirección), el fortalecimiento de los aparatos policiales y de inteligencia (ídem), canalización institucional de demandas populares y fomento de organizaciones civiles de corte neofascista. Anticipando un escenario de intensa conflictividad social, tantean el terreno de la represión militarizada, junto con la promoción de enfrentamientos entre civiles, mientras otras fracciones, temerosas de un aislamiento total, intentan acercarse a posiciones de “centro” o “dialogantes”. Claramente, esta última política no descarta en absoluto recurrir simultáneamente a la represión sanguinaria; solo pretende acotarla.

-Por su parte, la respuesta general de la izquierda, tanto parlamentaria como pretendidamente revolucionaria, se limita a señalar la identificación con la derecha fascistoide del gremio de camioneros, exigiendo para éste el mismo trato represivo al que nos tiene acostumbradxs el Estado cuando somos nosotrxs quienes salimos a la calle. Así, se acusa al paro de camioneros de “atentar contra el Estado de derecho” y de “ir contra la democracia”. Por tanto, solicita la aplicación de la Ley de Seguridad Interior del Estado o incluso la Ley Antiterrorista, todo en el lenguaje propio de la clase dominante. Una cosa es denunciar la evidente desigualdad con que se tratan las manifestaciones callejeras dependiendo de su identificación política, y otra muy distinta aceptar la lógica y discurso del poder, pretendiendo que sea ejecutado con “justicia”. De esta forma, no se podrá sino ver montajes en las acciones radicales contra la infraestructura capitalista y sus agentes, quitando así legitimidad a la lucha por fuera de los límites que establece la legalidad burguesa para precisamente condenar a la impotencia cualquier intento de protesta. La consecuencia de esta lógica es la propia inactividad frente a las diversas formas en que el poder nos ataca; regalarles las calles, mientras se denuncia el obvio sesgo ideológico del gobierno y los aparatos represivos, como si pudiera esperarse otra cosa. Estos hechos deben ser reconocidos y señalados como expresión de la naturaleza de clase del Estado y la imposibilidad de su reforma. Deben servir para romper toda ilusión en un cambio en su política de defensa de los intereses capitalistas.

-Recordando su herencia propiamente socialdemócrata, esta izquierda intenta colar consignas como “más trenes menos camiones”, como si esa fuera alguna solución siquiera tibia frente a los crecientes conflictos. Como si esos trenes, y la infraestructura que requieren, no tuvieran otro objetivo que no sea acarrear mercancías y materias primas depredadas de nuestro entorno. Jamás pondrá en tela de juicio a las relaciones capitalistas mismas, pues eso sería su condena como variante de izquierda del partido del orden.

-A las manifestaciones del neofascismo se les combate desde nuestra clase, con nuestros propios métodos, no acudiendo a la represión estatal, pues al hacer esto último se otorga legitimidad a mecanismos generados fundamentalmente para ser aplicados contra nuestras luchas.

-Otro discurso de esta izquierda es que tras estas manifestaciones estaría la intención de desestabilizar el actual orden democrático (como si fuera hoy muy estable) con el objetivo de no llevar a cabo el plebiscito en octubre. Asumir ese razonamiento es no comprender que el plebiscito es precisamente la vía mediante la cual el partido del orden pretende recuperar su estabilidad (estabilidad que no es más que explotación capitalista sin mayores sobresaltos), y como consecuencia, tener una excusa para condenar cualquier expresión autónoma que no se cuadre con los delirios democráticos: el clásico y nefasto “no hay que hacerle el juego a la derecha”.

-Lxs explotadxs debemos comprender el mundo no según las categorías propias de la política burguesa (“derecha”, “izquierda”), sino sobre aquello que nos condiciona como clase dominada y explotada. Debemos criticar y actuar contra el capital mismo, y esto significa una oposición radical al Estado, a la jerarquización sexual, la producción y circulación de mercancías; la mercantilización de cada aspecto de nuestras vidas.

-Los sectores reaccionarios de derecha ya preparan la represión brutal de un eventual y probable resurgir proletario, tanto dentro como fuera de su propia legalidad. Mientras, buena parte de la izquierda intenta apaciguarnos y hacernos desfilar hacia las urnas de votos, urnas que de seguir aquella deriva serán más que una triste alegoría del destino de nuestros esfuerzos y nuestras propias vidas. O bien, intentará canalizar toda la energía desplegada en las calles, de la que hace solo unos meses comprobábamos su magnitud, en función de intereses electorales. Cualquier actividad autónoma por fuera de esos márgenes será calificada como irresponsable y relacionada a alguna forma de “guerrillerismo” o “lucharmadismo”, que no ha sido más que la variante armada del reformismo histórico. Nuestra lucha no se decide con votos ni con aparatos armados actuando en representación de toda la clase explotada. Más allá de esa dicotomía propia de la socialdemocracia, el proletariado construye sus organismos autónomos en función de sus intereses vitales, y recurre a las formas de lucha que le sean coherentes y útiles. Y esos medios no son democráticos ni militaristas.

-Frente a la parafernalia política que estas semanas se desplegará con mayor efervescencia, frente a las movidas neofascistas de grupos amparados por el poder, recordemos el potencial que vislumbramos en los meses de revuelta y confiemos en nosotrxs mismxs. Después de todo, no contamos con nada ni nadie más. Pero tampoco les necesitamos ni les queremos.

¡Solidaridad con las comunidades Mapuche que se enfrentan al Estado y cuadrillas paramilitares racistas!

¡Solidaridad en todas las poblaciones contra las políticas asesinas del gobierno de turno y su falsa oposición!

domingo, 2 de agosto de 2020

CONTRA LA REPRESIÓN ESTATAL Y PARAPOLICIAL EN EL WALLMAPU


Vamos Hacia la Vida
1 de agosto 2020

Durante la noche del sábado y madrugada del domingo se sucedieron en tres comunas de la Araucanía dolorosos episodios de servilismo nauseabundo y despreciable racismo. Las municipalidades de Curacautín, Victoria y Traiguén se encontraban ocupadas por comunerxs Mapuche como forma de presión, en solidaridad con los presos políticos que llevan más de 90 días en huelga de hambre. Estas formas de lucha se suman a una serie de otras acciones solidarias y de sabotaje, las que han gatillado la represión más dura por parte del Estado chileno, amparando a su vez a grupos paramilitares y de ultraderecha ligados a intereses latifundistas y de diversas industrias y gremios patronales (forestales, agricultores, transportistas). Fueron estos grupos, en evidente complicidad con los aparatos tradicionales de la represión estatal (policías y militares), los que organizaron violentos desalojos de los edificios tomados, convocando a turbas serviles que se agrupaban entonando diversos cánticos racistas. Mujeres y niñxs fueron insultadxs y golpeadxs, casi linchadxs, y posteriormente detenidxs por la policía. Se quemaron también algunos vehículos de lxs comunerxs movilizadoxs y un rewe –importante símbolo espiritual mapuche- en Victoria. Imágenes que inundaron de ira y pena los corazones de quienes empatizamos con todas las manifestaciones de lucha contra la miseria del mundo capitalista.

El 31 de julio, el recién nombrado ministro del interior Víctor Pérez, siniestro personaje de la derecha más rancia, ferviente pinochetista y con estrechas relaciones con Paul Schäfer y Colonia Dignidad (que, además de secta inspirada en ideas fascistas, funcionara como centro de detención y tortura durante la Dictadura), visitó precisamente la ciudad de Temuco para dar una señal de apoyo a todos los grupos reaccionarios y anti-Mapuche que operan en los territorios en conflicto y, por lo visto en la última jornada, para coordinar los horribles ataques racistas que presenciamos.

El gobierno encabezado por Piñera, atravesado con crisis internas, hace rato viene optando por reforzar su base de apoyo más conservadora y fascistoide, incapaz de recuperar cualquier atisbo de apoyo popular que lo aleje de las históricas e inéditas cifras de rechazo que se ha ganado por su criminal actuar desde la revuelta del 18 de octubre, incluyendo el asesino rol que han jugado en el manejo de la pandemia del coronavirus. El nombramiento de un ultraderechista como Víctor Pérez es una clara señal de esta deriva en pos de una represión totalmente desbocada, que recurre al fomento de cuadrillas nacionalistas, las que desde luego contarán entre sus filas con los siempre despreciables pobres con vocación de vasallos, tal como vimos este fin de semana.

Por su parte, la Izquierda en su más amplio espectro, que fue incapaz de lograr alguna mínima conducción de la revuelta proletaria, revuelta que desbordaba los medios y fines de todo el aparataje político, incluyendo los supuestos “críticos”, y que con mucho esfuerzo ha introducido la consigna de una “nueva constitución”, plebiscito pactado con sangre mediante, no puede tampoco abordar las reivindicaciones Mapuche de territorio y autonomía (y por tanto, expulsión de las industrias capitalistas, forestales y agrícolas principalmente, de las zonas en conflicto) sin traicionar su existencia anclada en la sociedad burguesa: la política como esfera separada de la sociedad, como gestión del Estado siempre capitalista. Pretende simpatizar con su lucha, con sus demandas, y levanta como bandera, queriendo emular la constitución del gobierno -obviamente- capitalista de Evo Morales y el MAS boliviano, y crear así la figura de un Estado plurinacional que integraría al fin al pueblo Mapuche. Por supuesto, eso es un sinsentido. Las comunidades Mapuche no son chilenas, y sus reivindicaciones apuntan a dejar en claro aquello. No es la participación en un Estado nacional que a ellas se les presenta incluso más ajeno que a todxs nosotrxs, lo que podría solucionar de alguna manera el conflicto. Como obviamente tampoco lo hizo la constitución boliviana plurinacional: en cuanto los intereses de los capitalistas nacionales e internacionales chocaron con los de las diversas comunidades originarias de ese país, el Estado no tardó en tomar partido por los primeros; no podría ser de otra manera, el Estado ES SIEMPRE el instrumento de la clase capitalista.

La lucha del pueblo Mapuche se enmarca en una historia centenaria de resistencia a la imposición de las relaciones capitalistas, que desde tiempos de la conquista del continente americano por la corona española vienen expandiéndose y enraizando, masacrando a las culturas originarias, en un proceso de despojo y proletarización forzada, tal como aconteció en todo el planeta. Las formas de vida de estos pueblos, muchos de ellos sin jerarquías políticas definidas en su interior, entraron en abierta contradicción con el progreso de la civilización del Capital, teniendo que pagar por ello con sangre. Y mucha sangre es la que ha corrido. Pero esta tarea genocida la profundizaron y llevaron al paroxismo los estados independientes y republicanos. Es el Estado chileno, y no la corona española, el que mediante su ejército lleva a cabo la “Pacificación de la Araucanía”, masacrando a lxs Mapuche e integrándolos en su territorio, a costa, claro, precisamente de robarles sus tierras y condenarlos a la miseria.

Es contra este Estado que las luchas de las comunidades se dirigen. El mismo Estado contra el que nos alzamos desde siempre, y en este siglo, con mayor fuerza desde el 18 de octubre pasado, en todo el territorio denominado por las castas dominantes como Chile. La expulsión de los intereses capitalistas del territorio ancestral mapuche no va a lograrse por las vías institucionales que propone el reformismo progresista; el percibido aislamiento de esta lucha respecto a otras expresiones del movimiento proletario “chileno” debe ser disuelto precisamente al reconocer como un mismo combate, con todas sus diferencias y contradicciones, el que llevamos a cabo todxs quienes debemos alimentar con nuestras vidas la acumulación de capital.

En las multitudinarias manifestaciones que se sucedían a diario durante las jornadas de revuelta, abundaban por miles las “banderas mapuches” (bandera que por cierto es creada recién en la década del 90 por parte de una agrupación particularmente proclive a la política institucional. Las comunidades mapuche no tenían una bandera nacional propiamente tal, pues el concepto mismo de nación y su fetichismo simbolizado en una bandera son propios de la burguesía moderna, reutilizando simbolismos de sociedades de clase predecesoras). Es ahora cuando esa afirmación de solidaridad se debe hacer carne. Pero no solamente en la necesaria participación de actividades específicamente solidarias con esta lucha, sino fundamentalmente en la comprensión y en el asumir un antagonismo abierto y radical con la sociedad capitalista y todas sus instituciones, para de una vez por todas poner la vida misma, el respeto por nuestra historia y nuestra diversidad, en el centro de nuestras prioridades. Para crear una verdadera comunidad humana rica, heterogénea y solidaria.