Mostrando entradas con la etiqueta Ucrania. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ucrania. Mostrar todas las entradas

jueves, 6 de noviembre de 2025

Panfletos internacionalsitas contra la guerra, contra la paz

¡Alto a la Guerra-Alto a la Paz! ¡Parar el genocidio significa muerte al Capitalismo!

México, octubre de 2025

«El momento de emergencia exigía acción, el periodo extraordinario exigía soluciones “reales” (¿?) la gente salía de nuevo a las calles para parar el genocidio perpetrada por Israel, cobijada por múltiples Estados Europeos, aplaudida por sus asquerosos esbirros en Latinoamérica, financiada y dirigida por Estados Unidos. Y cuando paró el bombardeo, ¡¡¡el alto al fuego lo logró Estados Unidos!!! Muchos camaradas preguntaban ¿Qué carajo significa esto?

La presión internacional ha interrumpido el genocidio, por ahora. Pero también ha validado a Hamas como interlocutor del destino de los palestinos, justo cuando los mismos proletarios cuestionaban y atacaban su liderazgo. Justo cuando cientos de israelitas desertaban o se negaban a participar en el genocidio. Es necesario seguir con la presión en las calles, ningún Estado abogará por nuestros intereses. También es imperativo la discusión entre camaradas para afilar el rumbo organizativo. Dirían por ahí: el reagrupamiento y la unificación sólo será a partir de intercambios, más o menos fraternos. Tengamos nervios de acero para lo que se avecina.»

Panfleto completo: https://insurgenciamagisterial.com/alto-a-la-guerra-alto-a-la-paz-parar-el-genocidio-significa-muerte-al-capitalismo


Continúan las deserciones en los frentes de la guerra entre Rusia y Ucrania

Octubre 2025

Sobre las deserciones en el ejército ucraniano; y los motines y desobediencia en el ejército ruso.

Panfletos y entrevistas: https://materialesxlaemancipacion.espivblogs.net/2025/10/18/continuan-las-deserciones-en-los-frentes-de-la-guerra-entre-rusia-y-ucrania

lunes, 24 de febrero de 2025

¡Proletarios “en el frente interno”!

22/02/2025
https://rdnetwork.noblogs.org/post/2025/02/22/proletarians-on-the-home-front


¡Camaradas!

En muchas partes del mundo, el capitalismo está reactivando su maquinaria bélica principal para masacrar a miles y miles de proletarios. Se les bombardea y acribilla sin tregua, se les mata deliberadamente de hambre y se les priva de agua, se les obliga a dispararse, apuñalarse o gasearse en las trincheras, se les viola, tortura y mutila…

Cuando nuestra clase se enfrenta a esta carnicería, a esta horrible intensificación de la inhumanidad de la sociedad capitalista, ¡su única reacción es negarse a someterse a ella! Esto nos sale de las entrañas y al mismo tiempo es la expresión de nuestros intereses históricos de clase.

Por eso, poco después del comienzo de la guerra en Ucrania, empezaron a aparecer “incidentes” a ambos lados del frente. Los soldados de ambos ejércitos intentan cada vez más escapar al reclutamiento y evitar ser enviados al frente. Se esconden cuando pueden, y si son reclutados a la fuerza en unidades militares, intentan escapar y abandonar sus posiciones a la primera oportunidad. La situación ha llegado tan lejos que los generales ucranianos se quejan de la “desintegración total de la disciplina del ejército”. Lo mismo está ocurriendo, aunque desgraciadamente a menor escala, en otros conflictos interburgueses en Oriente Medio, Sudán y otros lugares. Tanto en Ucrania como en Rusia, oficiales del ejército y reclutadores militares han sido atacados por sus “propias” tropas.

Pero, ¿qué podemos hacer nosotros, como proletarios que vivimos en los territorios “pacíficos” del “frente interno”, para apoyar concretamente la lucha de nuestros hermanos de clase uniformados que se rebelan contra la guerra capitalista y vincularla concretamente a nuestras propias luchas? ¿Aunque tengamos la suerte de vivir lo suficientemente lejos de la “zona de la muerte” como para no sufrir los bombardeos, los misiles, la ocupación militar o la presencia de bandas ambulantes de matones de las “unidades especiales”?

Nuestras vidas siguen viéndose afectadas a diario por los recortes del “gasto social”, el deterioro de las condiciones laborales y la intensificación de la explotación, la subida de los precios de la vivienda, los alimentos, la energía y otros medios de supervivencia, el aumento del control social y la represión y la militarización general de la sociedad.

Por supuesto, esto no es nada nuevo; también conocemos esta miseria en tiempos de “paz” capitalista y luchamos contra ella con la misma intensidad. Pero durante la guerra o los preparativos intensivos para la guerra, el capital y su Estado deben concentrar una parte cada vez mayor de la producción en lo que se conoce como “economía de guerra”. Es decir, producir rápidamente armas, municiones y vehículos militares, combustible, raciones alimenticias, etc. para gastarlos con la misma rapidez en el proceso de masacrar a los proletarios, es decir, ¡al resto de nosotros! Y como cada Estado tiene que hacer esto más rápidamente y a mayor escala que el “enemigo”, esto crea una inmensa presión para hacernos trabajar cada vez más arduamente, por más tiempo y con menos medidas de seguridad, etc. Al mismo tiempo, el Estado tiene que redoblar su propaganda a favor de la nación y de la santidad de “la Patria”, “la democracia” y “la libertad” para convencernos de que nos sacrifiquemos por los intereses del Capital, los cuales nunca pueden ser los nuestros.

La primera respuesta a la pregunta de qué hacer es: ¡rebelarnos contra nuestra propia explotación! Mediante huelgas, ocupaciones, bloqueos y sabotajes de autopistas y ferrocarriles, saqueos de mercancías y su redistribución entre la clase, etc. en tiempos de guerra, atacamos la producción, valorización y reproducción del Capital necesario para el esfuerzo bélico. Pero también, al afirmar nuestros intereses de clase en oposición a los intereses de la clase dominante, ¡desbaratamos su cuento de hadas de la “unidad nacional”! Nuestros enemigos de clase también tendrán que enviar más policías y soldados para intentar reprimir nuestras luchas – y no podrán ser utilizados para ahuyentar a los desertores y refugiados, para imponer la movilización, para vigilar las fronteras… y su lealtad al Estado no es un hecho. Después de todo, los motines en el ejército ruso en febrero de 1917 se desencadenaron cuando los soldados recibieron órdenes de sus oficiales de reprimir a los trabajadores en huelga en Petrogrado.

Para que nuestro ataque a la maquinaria bélica sea directo y eficaz, debemos concentrar nuestra actividad subversiva en varias áreas:

Desorganización de la infraestructura militar, como almacenes de municiones, ferrocarriles, puertos, aeropuertos y las carreteras utilizadas para llevar tropas y equipo militar a los frentes.

Podemos inspirarnos en nuestros hermanos y hermanas proletarios de los colectivos que han estado saboteando los ferrocarriles en Bielorrusia y Rusia desde el comienzo de la guerra para impedir el transporte de suministros militares al frente.

Los estibadores de Génova y Trieste en Italia y del Pireo en Grecia también bloquearon el envío de armas y municiones a Ucrania, Israel o para los bombardeos estadounidenses en Yemen.

Perturbación del reclutamiento militar, la conscripción y la “busificación” de reclutas para el frente. Tanto en Ucrania (Transcarpatia, etc.) como en Rusia (Daguestán, etc.), los cerdos y las patrullas militares que vienen a detener a los hombres reclutados a la fuerza se enfrentan a sus familiares y amigos enfadados.

Si vivimos en países más alejados del frente, el Estado ha utilizado hasta ahora o bien tácticas de reclutamiento “voluntario” y de manipulación nacionalista, como los programas de educación patriótica llevados a cabo en Francia y Polonia, por ejemplo, o bien planes de servicio militar obligatorio. Si buscamos inspiración sobre qué hacer, señalemos la larga tradición de protestas y disturbios contra los reclutadores militares y los “asesores de carreras militares” en las universidades estadounidenses, que se remontan a las llamadas guerras de Vietnam y del Golfo y llegan hasta la reciente guerra de Gaza.

¿Por qué los reclutadores militares, los propagandistas nacionalistas o los buenos ciudadanos que delatan para el Estado y denuncian la resistencia de clase antimilitarista – aquellos que nos obligan a sacrificarnos por el “bien de la nación” –, por qué a estos compinches se les debería permitir vivir sus vidas en paz y con seguridad? ¡Tratémoslos como nuestro movimiento de clase ha tratado siempre a los soplones y esquiroles! ¡Los chivatos no duran mucho tiempo!

¡Ayudemos a escapar a los desertores, escondámoslos y pasémoslos de contrabando a través de las fronteras, pero también organicemos nuestra lucha con ellos! Ya existen redes en Rusia y Ucrania que ayudan a los soldados a escapar del ejército, y tenemos que vincularlas con nuestras propias redes de lucha. Eso significa contactos seguros, teléfonos seguros, hogares seguros, recaudación de fondos…

La historia de la lucha de clases nos muestra que la única manera de oponerse realmente a la guerra capitalista, no a favor de continuar nuestra miseria en la paz capitalista, sino por la destrucción de toda la sociedad de miseria y explotación, y por lo tanto por el fin de todas las guerras, ¡es cuando la revuelta de los proletarios en el frente y la lucha de los que están en el “frente interno” se unen prácticamente!

Recordemos la experiencia de los proletarios en Irak durante la llamada primera guerra del Golfo de 1991, cuando los desertores del ejército, muchos de los cuales habían conservado sus armas, se reunieron tanto en los humedales del sur como en las montañas del norte, ¡donde organizaron con militantes obreros la insurrección contra el Estado!

Frente a la catástrofe capitalista mundial, ¡la revolución es nuestra única perspectiva!
¡Volvamos nuestras armas contra “nuestros propios” explotadores y “nuestros propios” generales!
¡Luchemos juntos contra la guerra capitalista y contra la paz capitalista!
¡Transformemos la guerra capitalista en una insurrección de clase mundial por el comunismo!

martes, 24 de diciembre de 2024

Declaración Surrealista Internacional sobre y contra las guerras del capital y en concreto la masacre de Gaza

24/12/2024

Las manos de la tormenta

Tu flor pasará por las manos de la tormenta
Sigue la estrella de su mano, sus máscaras, sus halcones,
y  el hielo rojo del trance.
(Laurence Weisberg)

Dame la niebla que fecunde el barrio de los insaciados,
que tatúe con su lengua el farallón alto de su pecho insatisfecho.
Dame el océano y su rumor de promesas,
y su voz depositando en la calle un idioma confín.
(Eugenio Castro)
En nuestra lucha por liberarnos del lúgubre laberinto en el que seguimos atrapados desde hace un siglo, los surrealistas nos alineamos con quienes comparten nuestro objetivo de transformar el mundo y cambiar la vida. Condenamos los obstáculos a esta liberación y las mentiras y las excusas al servicio de este imperio de la miseria.

Pero el mundo necesita algo más que declaraciones. La retórica visionaria no detendrá las bombas ni resucitará a los muertos. Convencidos sin embargo de que el surrealismo es un proyecto liberador que enraíza su utopía en la crítica despiadada de todo lo que existe objetiva y subjetivamente en todos los planos de lo real y de lo imaginario, o no es nada, reafirmamos nuestros principios como una chispa de esperanza y como una señal que presagia caminos mejores. Lo mismo que el cielo estrellado sobre el smog y las luces de neón, a veces estos caminos se deben alcanzar utilizando la imaginación incluso cuando la mera hipótesis de su existencia desafía y rompe los esquemas de nuestros sentidos, y especialmente el sentido así llamado “común” que dicta y administra la dominación.

Por ello mismo seguimos siendo fieles al espíritu de la solidaridad internacional que el realismo racionalizador ignora y el capitalista sofoca y persigue, y en consecuencia rechazamos alinearnos con bloques imperialistas y frentes capitalistas, ya sea en defensa de la desesperada hegemonía de EE.UU y sus lacayos, o en nombre de los regímenes “multipolares” rivales. Nos negamos a tomar partido en guerras apocalípticas entre bandas mafiosas nacionales. Por consiguiente, ante la matanza imperialista y la guerra por poderes en Ucrania no adoptamos otra posición que el derrotismo total en relación con todas las partes, en favor de la disolución de todos los Estados beligerantes y de la apertura de un camino hacia la utopía a través de sus ruinas. Merecen nuestro desprecio todos los dobles raseros y los insulsos llamamientos a la democracia, la soberanía y el antifascismo (con ambos ejércitos con neonazis recalcitrantes en sus filas). Nos burlamos de los políticos y expertos que nos dicen que aceptemos la necesidad de una guerra nuclear. Y si se nos acusa de maximalistas, ilusos o utópicos con toda su razón instrumental, nos arrogamos el derecho de réplica, en nombre de nuestra razón ardiente, preguntando a nuestros sensatos y realistas acusadores qué es entonces el pragmatismo, el punto medio, el mal menor, la realidad abyecta y la miserable realpolitik que tendríamos que aceptar en lugar de nuestro deseo de emancipación total e irreductible, y qué garantías del más mínimo éxito pueden ofrecer semejantes expedientes mediocres, cobardes y colaboracionistas, que no pase por el reforzamiento de la dominación y su fin del mundo que nunca jamás será el nuestro.

Del mismo modo que rechazamos esas narrativas putrefactas, también rechazamos las ideologías de superioridad racial o religiosa y la licencia que las acompaña para aniquilar a los demás. Esta mentalidad es más que evidente en la masacre que el ejército de Israel está perpetrando contra la población de Gaza, a instancias de un Estado que ya no teme expresar sus profundos anhelos genocidas mientras sus patrones (y clientes) de Washington y Bruselas callan, bizquean y asienten. Es un hecho criminal e intolerable que el mundo no ayude a los palestinos hasta que se desmantele la ocupación: esta es la primera y última medida a tomar, por su absoluta y prioritaria necesidad, y porque poco o nada más se podría esperar de un «concierto internacional» podrido, de una «gobernanza mundial» enloquecida, de un humanitarismo asesino que no es sino el corolario inevitable y lógico del abominable colonialismo europeo, que fue denunciado y estigmatizado, como no podía ser menos y con esta misma expresión terrible pero certera, por los surrealistas de los años 30 del pasado siglo.

Tampoco nos hacemos ilusiones algunas con respecto a ningún régimen de Oriente Próximo, pues todos ellos se ríen de la libertad y aplastan la disidencia a mayor gloria del Mercado omnipresente y omnipotente, incluyendo a las dos potencias, Israel e Irán, que supuesta y espectacularmente posan como enemigos antagónicos cuando no son sino las dos caras de la misma moneda autoritaria, teocrática, nacionalista y capitalista, por mucho que una se diga «demócrata occidental», y la otra presuma de «democracia islámica». La única esperanza germina y crece entre sus respectivos sediciosos, y en su convergencia hoy improbable y remota pero no imposible: los Anarquistas contra el Muro y los desertores de la guerra que en Israel denuncian la cínica demagogia asesina de Netanyahu, las jóvenes y los insurrectos que en Irán desafían la barbarie clerical en nombre de la mujer, la vida y la libertad. Y por supuesto, los palestinos que por todos los medios resisten a la opresión y la muerte, sin privarse empero de criticar la más que discutible estrategia de los dirigentes de Hamás y sus crímenes y exacciones, a pesar de arriesgase a una doble y fatal represión.

Porque lo mismo pensamos de los movimientos de liberación nacional y/o religiosa cuyos medios se corresponden exactamente con sus fines, incluyendo para empezar los que aplican a su propio pueblo al que nunca se le pregunta su opinión ni sus deseos, por mucho que sea comprensible que ese mismo pueblo pueda cerrar filas tras su bandera por pura desesperación y rabia ante el genocidio perpetrado por un sionismo racista y neocolonial que, presa de una paranoia securitaria que ha roto y burlado cualquier freno moral o excusa plausible, se ha entregado definitivamente a las peores fantasías del profético destino manifiesto y el sagrado espacio vital. Pero insistimos en que sólo se podrá encontrar una solución, aun imperfecta y precaria, cuando se produzca una transformación revolucionaria regional y global hacia una confederación antiestatal de comunas árabes e israelíes emancipadas tanto de la economía espectacular como del espectáculo religioso, como ya apunta la experiencia kurda en Rojava a pesar de su imperfección y precariedad. Por muy maximalista, ilusa y utópica que pueda parecer ahora mismo tal deseo y esperanza, en plena noche opaca del siglo donde nos debatimos a ciegas, buscando la anhelada puerta de salida (y de clausura) de las ideologías y religiones muertas y mortíferas, y la utopía que puede y debe tender a ser real siempre que recuerde las nobles experiencias revolucionarias que nos precedieron, si no olvida las amargas lecciones de la Historia y sus promesas traicionadas.

Pero aunque las contingencias existan como Grandes Transparentes donde todo será otra vez, por ahora el optimismo anticipatorio tiene que velar sus armas inactuales, dejando su puesto a la organización del pesimismo que la urgencia del desastre actual reclama y exige. En medio de este horror, los cadáveres de niños etiquetados como terroristas ponen en evidencia los principios del “orden internacional basado en unas normas”. En Israel y en todo el mundo, los partidarios de la sed de sangre apocalíptica se encarnizan hasta el delirio frenético, tanto los que pretenden justificarse con una elucubración teológica como los que esgrimen un sofisma laico, mientras que se difumina, o mejor dicho pretenden difuminar, el recuerdo de las generosas organizaciones revolucionarias internacionalistas como el movimiento israelí Matzpen, que en los años 60 y 70 denunció el colonialismo sionista desde dentro tendiendo puentes con sus camaradas palestinos, libaneses y argelinos por la revolución proletaria, o el grupo surrealista árabe Le Désir Libertaire, que se atrevió a combatir el nacionalismo panarabista y el fanatismo islamista como problemas y males añadidos a la trágica iniquidad de la ocupación de Palestina y la petrificación y explotación de las sociedades árabes, y nunca su solución.

Por su hipócrita parte, el liberalismo progresista y tecnófilo es un fósil moral en bancarrota que se desmorona y se fusiona cada vez más con el estercolero circundante, y sus huecos pronunciamientos humanitarios se reducen a una alucinación narcisista en el humo del campo de batalla. Una bala que roza la oreja de un obsceno oligarca provoca jadeos en bocas que rezuman la sangre de Gaza, que hacen una pausa entre cráneos roídos para denunciar la «violencia política» en el corazón del principal exportador de violencia del mundo.

Por todo ello, los que todavía pretendan domesticar la poesía, la libertad y el amor al servicio de esta monstruosa civilización capitalista que nos gobierna con números y balas tienen la boca llena de cadáveres. Muy al contrario, y desde la desviación absoluta respecto a semejante cultura servil y tal ideología atroz, seguimos sosteniendo que el espíritu poético debe arder en todas partes si todavía desea y pretende cambiar la vida y transformar el mundo, abrasando como un eros salvaje los endebles simulacros de la nuda vida miserabilista y monitorizada que se nos imponen desde todas partes.

Flores y apoyo a los resistentes, a los que confraternizan, a los desertores y a los que están de duelo, a los que luchan por su vida y a los perseguidos por sus actos de conciencia.

Un saludo a todos los rebeldes que, desde los ecologistas radicales de Soulévements de la terre contra las megabalsas en Francia, a los proletarios y estudiantes de Kenia o Bangladés contra el neoliberalismo y la tiranía, siguen saliendo a las calles y campos para encender una vez más y siempre la llamarada blasfema de la libertad y la revuelta, luz negra que devora y abole la iluminación artificial e inhumana de la ridícula antorcha olímpica de Macron I el Represor y del siniestro incendio de los pogromos fascistas.

¡No comeremos de ese pan! Seguiremos, sí, la estrella que enarbola la tormenta, que fecundará el barrio demolido de los insaciados, que depositará en todas las calles la promesa del hielo rojo del trance: un común idioma confín.
 
Primeras firmas:
Magdalena Benavente, Jay Blackwood, Richard Burke, Susan Burke, Doug Campbell, Steven Cline, Neil Coombs, Mohsen ElBelasy, Alice Farley, Brandon Freels, Esther Holbrook, Stuart Inman, Ghadah Kamal, Renay Kerkman, Taya King, Unruh Lee, Ryan McCarthy, David Nadeau, Jaime Alfaro Ngwazi, Flores Nunes Jr, Daniel O’Reilly, Marianna O’Reilly, Gregorio Parades, Pierre Petiot, Matthew Presti, Marco Rivera, Penelope Rosemont, Mark Rosenzweig, Veronica Cabanillas Samaniego, James Sebor, LaDonna Smith, Darren Thomas, Andrew Torch, Beth E. Wilson, Craig S. Wilson, Dada Zilch.

Cooperativa Surrealista Chrysopoeia.

Grupo Surrealista del Medio Oeste y del Norte de África.

Por el Grupo surrealista de Madrid: Manuel Crespo, Andrés Devesa, Vicente Gutiérrez Escudero, Javier Gálvez, Lurdes Martínez, Noé Ortega, Jesús García Rodríguez, Jose Manuel Rojo.
                                                                     ***
El 1 de agosto de 2024 recibimos el borrador de una Declaración Surrealista Internacional sobre y contra las guerras del capital, en concreto la intolerable masacre de Gaza a manos del ejército israelí y su lúgubre mesías, propuesta por los camaradas estadounidenses Ryan McCarthy, Mark Rosenzweig y Craig S. Wilson en nombre del colectivo Surrealist Revolution. No dudamos en sumarnos colaborando sustancialmente en su redacción, proceso lento y complejo que se alargó mucho más tiempo del conveniente al ser necesario discutir, armonizar y aprobar el texto definitivo, cuya versión en inglés es más breve y resumida que la que aquí ofrecemos por las exigencias y servidumbres de la traducción.

Por razones análogas, y porque no se pretendía abordar un análisis o estudio exhaustivo, se ha renunciado a añadir nuevas consideraciones sobre la invasión israelí de Líbano o la caída de la sangrienta tiranía de Bashar Al Assad en Siria, acontecimientos que nada bueno presagian en tanto responden a la misma y criminal lógica geopolítica imperialista y sectaria que ha engendrado tanto dolor, espanto e iniquidad, y que por ello mismo en poco o nada nos obligarían a corregir o matizar las principales reflexiones y pronunciamientos del texto, tanto críticos como utopistas, más allá de sus aspectos más coyunturales.

Por último, no nos hacemos ninguna ilusión, aunque sí todo el deseo que ningún realismo capitalista, ningún miserabilismo religioso, racista o nacionalista nos podrá arrebatar jamás, sobre el alcance, repercusión y sobre todo eficacia de esta Declaración, asumiendo los límites, limitaciones, incoherencias obvias, arbitrariedades infundadas, errores garrafales y simples lugares comunes que pudiera lastrar su discurso y significado, por lo demás inevitables al abordar una cuestión tan sangrante y dolorosa como compleja.

Pero quien calla otorga, y también olvida, y el terror criminal de ayer engendra el de mañana. Y tamaño colaboracionismo, semejante amnesia cómplice, tal silencio reveladoramente culpable, tampoco son los nuestros.

Porque la voz del idioma confín puede equivocar su palabra y su oráculo, y se equivoca, pero solo lo hace total e irremisiblemente cuando no se pronuncia.

Grupo surrealista de Madrid

viernes, 17 de febrero de 2023

Dos entrevistas: Perú / Ucrania

Revuelta en la región peruana: Entrevista a l@s compañer@s de Editorial Ande
Vamos Hacia la Vida
14/02/2023, Chile
https://hacialavida.noblogs.org/revuelta-en-la-region-peruana-entrevista-a-ls-companers-de-editorial-ande

Guerra en Ucrania: La organización de los anarquistas en el frente ucraniano + Sabotaje y acciones de contraguerra en suelo ruso
Colectivo Emma Goldman a Comité de Resistencia
13/02/2023, Chile
https://lapeste.org/2023/02/uerra-en-ucrania-sabotaje-y-acciones-de-contraguerra-en-suelo-ruso-la-organizacion-de-los-anarquistas-en-el-frente-ucraniano-entrevista

viernes, 9 de diciembre de 2022

Motines en el ejército ruso

Noviembre de 2022
Fuente en checo: antimilitarismus.noblogs.org/post/2022/11/09/vzpoury-v-ruske-armade

“No se trata de cómo una chusma civil caótica y rebelde puede derrotar a los ejércitos disciplinados y bien organizados del Estado capitalista en una batalla campal, se trata de entender cómo este movimiento de masas puede socavar la capacidad de lucha efectiva del ejército y provocar el colapso y la dispersión de las fuerzas armadas del Estado.” (Khaki rebelové)

En todas las guerras, tarde o temprano, aparecen tendencias a la deserción, diversas formas de sabotaje y amotinamiento por parte de los soldados rasos. Las motivaciones de quienes participan en estas actividades pueden ser variadas y a veces bastante contradictorias. En cualquier caso, siempre es una contribución importante a la subversión de las fuerzas armadas del Estado, que debilita la capacidad del ejército para hacer la guerra.

A pesar de la propaganda a favor del régimen y de la guerra, aumentan los informes sobre la baja moral de combate entre los soldados del ejército ruso. Los soldados se negaron a seguir las órdenes, desertaron y organizaron motines.

En la región de Ulyanovsk, por ejemplo, más de 100 hombres movilizados se amotinaron el 2 de noviembre de 2022. El canal de noticias de la oposición Serditaya Chuvashia [Chuvashia enfadada] informó de la revuelta en el centro de formación, según la cual más de 100 soldados movilizados se negaron a partir hacia Ucrania.

“¡Nos negamos a participar en la operación militar especial y lucharemos por la justicia hasta conseguir el dinero prometido por nuestro gobierno dirigido por el presidente ruso! […] ¿Por qué debemos luchar por este Estado y dejar a nuestras familias sin apoyo? También hay afirmaciones más prosaicas como “Nos han jodido”.

La revuelta fue sofocada por la policía antidisturbios OMON y las tropas de la Guardia Nacional, directamente subordinadas al presidente Putin. Algunos soldados fueron detenidos por la policía militar. También se sellaron todas las armerías del lugar. Al parecer, todos los detenidos durante la rebelión fueron puestos en libertad sin cargos y se permitió a toda la unidad volver a casa durante dos días.

En Kazán se produjo otro motín de hombres movilizados. Los hombres movilizados del centro de formación protestaron contra las condiciones que tienen que soportar. Les dieron rifles automáticos oxidados, sin comida ni agua, pero al menos recibieron algo de leña. Un oficial vino a negociar con los soldados. Sin embargo, huyó rápidamente debido a las amenazas de violencia.

También se filtró una carta en la que los marinos rusos acusan a Vladimir Putin de llevarlos a la masacre. Acusan a Putin de tratarlos como “carne” y a los generales de utilizarlos como “carne de cañón”. Los soldados desmoralizados también afirman que los comandantes están encubriendo el caos en Donetsk y restando importancia al número de víctimas por temor a la rendición de cuentas.

La carta se publicó mientras estallaba un motín en las fuerzas armadas rusas, en el que 2.000 reclutas rodearon al general Kirill Kulakov y gritaron airadamente “¡Fuera de aquí!”, “¡Qué vergüenza!” y “¡Abajo el régimen [de Putin]!”.

En un momento de la revuelta, se oyó al comandante decir: “Estoy respondiendo a sus preguntas…”. Pero uno de los reclutas enfadados gritó: “Maldito general, ya sabe a dónde nos envía”.

Uno de los motines de los soldados rusos se saldó incluso con la muerte de un coronel que supuestamente fue atropellado deliberadamente por un tanque por sus propios subordinados. El incidente ha sido reportado por Político y otros medios de comunicación. Según estas fuentes, el coronel ruso Yuri Medvedev murió en un hospital bielorruso tras ser víctima de un motín de sus propios subordinados. Según Politico, los soldados rusos habían perdido la paciencia con el comandante que los llevó a la muerte.

A pesar de la proliferación de motines, los soldados rusos siguen siendo estereotipados por muchos como partidarios fanáticos del régimen de Putin. Se trata de un gran problema que hay que abordar. Aunque se filtra información sobre los soldados que se niegan a cumplir, se dedican pocos recursos a la creación de redes o al apoyo práctico a las deserciones, los sabotajes y los motines. Si hay innumerables iniciativas para apoyar a los refugiados civiles, también debería haber suficientes para apoyar a los amotinados del ejército.

 

Traducción al español: https://inter-rev.foroactivo.com/t11539-antimilitarismus-appel-journees-de-solidarite-internationale-avec-les-deserteurs-tridni-valka-class-war-guerre-de-classe/

Convocatoria: jornadas de solidaridad internacional con los desertores

Algunos anarquistas en la región de Europa Central
Noviembre de 2022
Fuente en checo: antimilitarismus.noblogs.org/post/2022/11/18/vyzva-dny-mezinarodni-solidarity-s-dezertery
Traducido por: materialesxlaemancipacion.espivblogs.net/2022

 
La guerra en Ucrania continúa con todas sus consecuencias negativas para una gran parte del mundo. Sin embargo, también continúan los actos de deserción y la negativa a ser reclutado, que, si se generalizan, podrían llevar al fin de la guerra. Por ello, los anarquistas de la región centroeuropea hacen este llamamiento para organizar el apoyo activo a los desertores. Dondequiera que vivamos, hagamos de cada mañana un día de solidaridad internacional de la clase trabajadora y de resistencia a la guerra. Organicémonos en los centros de trabajo, en las escuelas y en las calles para reforzar la influencia de la deserción. Luchemos por unas condiciones de vida dignas para todos aquellos que se niegan a ser utilizados como carne de cañón en la guerra interimperialista.

Al menos 200.000 personas están huyendo de Rusia para escapar de la movilización militar de Putin, y decenas de miles más están evitando la movilización en Ucrania. Sin embargo, algunas voces afirman que “el número de desertores es tan insignificante que es extraño siquiera empezar a hablar de ello”. Hay que oponerse a estos intentos cínicos de “hacer invisibles” a quienes deciden no servir en el ejército, desertar o emigrar por razones políticas. Hay que escuchar sus voces y proporcionarles ayuda práctica.

La retórica antibélica no tiene todavía el poder subversivo necesario para detener la guerra, por lo que es necesario crear condiciones que faciliten la transición de la reflexión a la acción para aquellos que se sientan inclinados a desertar. No se trata de situarse en primera línea entre los tanques de los dos ejércitos y pensar que eso animará a los soldados a deponer las armas. Se trata de conseguir condiciones a nivel internacional que garanticen que los desertores puedan desertar con seguridad y vivir en otro país sin riesgo de ser perseguidos y estigmatizados socialmente.

En la actualidad, los opositores a la guerra en Rusia y Ucrania no tienen prácticamente ningún lugar al que acudir. Están atrapados entre las fronteras nacionales por sus “propios” gobiernos, mientras que los países vecinos se niegan a aceptarlos y a proporcionarles condiciones materiales decentes. Si la elección de la gente se limita a la opción “o ser obligado a servir en el ejército o ser perseguido”, difícilmente se puede esperar un aumento de las deserciones. Es necesario lograr la apertura de las fronteras no sólo para los refugiados civiles, sino también para los desertores de los ejércitos de ambos lados del frente. Esto es precisamente lo que puede debilitar considerablemente la dinámica de la guerra.

Pero esto no se hará nunca negociando con los distintos gobiernos que no son más que títeres locales del Estado mundial del capital, ni tampoco mediante un llamamiento socialdemócrata a “hacer concesiones en el ámbito de la política migratoria”. Nuestra única arma, nosotros los proletarios, es la lucha de clases, es la movilización en las calles, es el sabotaje de la economía, es la acción directa contra la guerra permanente… Y es entonces, y sólo entonces, cuando la asustada clase dominante se ve obligada a dejarse llevar, lo que nunca constituirá para nosotros un punto de llegada en la lucha, sino sólo un momento a partir del cual hay que dirigir nuevas ofensivas contra la totalidad de este mundo de miseria y guerra…

Por otra parte, las proclamas de los políticos criticando la agresión del ejército ruso son una manifestación de hipocresía, incluso cuando se niegan a proporcionar buenas condiciones de vida a quienes se niegan a servir en el ejército. Y además, ¡por qué y cómo habrían de actuar de otra manera, estos dignos representantes del orden burgués! Es necesario oponerse sistemáticamente a los agresores de Putin, así como a los estadistas de otros países que, con sus propias políticas, permiten que el ejército mantenga su potencial bélico. Son los gobiernos de los países en los que vivimos los que efectivamente dificultan la deserción, contribuyendo así a la continuación de la guerra.

Los que se preocupan por salvar vidas deberían pensar en cómo debilitar la capacidad de lucha de los ejércitos, en cómo animar a los soldados a abandonar el frente, en cómo animarles a desobedecer, en cómo motivarles para que usen sus armas contra los que les obligan a entrar en la guerra. Pensemos en ello y organicemos acciones directas que hagan realidad estas consideraciones.

¿¡Guerra y revolución!?

Tridni Valka (Guerra de clases) nro.14, boletín comunista
Fines de 2022

Parece que fue ayer cuando por fin salimos de la “crisis pandémica de Covid-19” (aunque algunos dicen que nunca saldremos de ella) y ya hay una nueva “crisis”. Según la narrativa burguesa dominante, la guerra en Ucrania es una nueva razón para que el proletariado deje de lado la satisfacción de sus necesidades. En su lugar, debemos unirnos al frente unido con las fuerzas de “nuestra” burguesía y sacrificarnos por un “bien mayor” de “defensa de la integridad territorial de Ucrania” o su “desnazificación” – dependiendo de donde vivamos.

Nos obligan a convertirnos en carne de cañón en la “defensa de la nación”, lo que significa sufrir y morir por los intereses de uno u otro bando burgués – como está ocurriendo ahora con los proletarios “rusos” y “ucranianos”. O nos obligan a hacer sacrificios en el “frente interno”: aceptar el aumento de los precios de los productos básicos que permiten nuestra supervivencia cotidiana como la alimentación, la vivienda, la salud, la energía, el transporte, etc.; aceptar el aumento de la represión y la vigilancia; aceptar la militarización del trabajo y el aumento brutal de la tasa de nuestra explotación.

La guerra es, por supuesto, parte integrante de la propia lógica de funcionamiento del capitalismo. Es la expresión de una necesidad de las facciones rivales del Capital de conquistar mutuamente sus mercados para realizar sus beneficios. En este sentido la guerra capitalista y la paz capitalista no son más que dos caras de la misma moneda y cualquier guerra no es más que una continuación de esta competición por medios militares.

La guerra de 2022 en Ucrania (que es más bien una nueva fase abierta de la guerra que comenzó en 2014) no es una excepción. En las últimas décadas nos arrastraron a otras guerras increíblemente sangrientas, algunas de las cuales aún continúan: en Somalia, en la antigua Yugoslavia, en Afganistán, en Irak, en la región africana de los Grandes Lagos, en la región del Cáucaso, en Siria, en Yemen… o recientemente en Etiopía… Todos esos conflictos nacieron de la competencia entre facciones burguesas locales, pero al mismo tiempo representaron guerras territoriales por poderes entre “las grandes potencias” y en todos ellos (como siempre) fueron los proletarios los masacrados.

A pesar de ser tan brutales como lo es la guerra que actualmente asola Ucrania, estas guerras no permitieron a la burguesía movilizar al proletariado en apoyo de los intereses capitalistas a un nivel tan global. La razón principal es que esta vez la formación de los superbloques capitalistas capaces de una confrontación global está mucho más cerca y el choque de sus intereses faccionales opuestos es mucho más obvio y directo. Por lo tanto, es fácil para los ideólogos burgueses de ambos bandos fingir que se trata de “una guerra santa” del “Bien contra el Mal”. Una vez más nos empujan hacia los campos de exterminio en nombre de la paz, esta vez hacia la guerra que puede acabar con toda la vida en este planeta.

Frente a la realidad de la movilización, la militarización de nuestras vidas, la propaganda nacionalista y la horrible carnicería de proletarios, la posición comunista siempre ha sido el rechazo revolucionario derrotista de ambos campos del conflicto burgués a favor del “tercer campo”, ¡el campo de la revolución comunista global! Hemos abordado esto recientemente en nuestro folleto: ¡Proletarios en Rusia y en Ucrania! En el frente de producción y en el frente militar… ¡Camaradas! así como en una segunda contribución: Manifiesto internacionalista contra la guerra y la paz capitalista en Ucrania (ambos textos se encuentran en los anexos de este boletín).

De forma similar a la “crisis de Covid-19”, nosotros como comunistas rechazamos todas las falsificaciones burguesas de la realidad, ya que todas sirven al mismo propósito de mantener a nuestra clase subyugada a los intereses de la clase dominante e impedirle la realización de sus propios intereses de clase, es decir, abolir la sociedad basada en la explotación del trabajo humano. Tanto si la narrativa que intentan imponernos se basa en la ciencia y la medicina “sagradas” oficiales (que pretenden ser objetivas e imparciales) y en las estadísticas gubernamentales, como si se basa en la ciencia “disidente y prohibida” que el “Nuevo Orden Mundial no quiere que veáis” (y que, sin embargo, de alguna manera está por todo YouTube), nuestra única respuesta a esto es reafirmar la posición de subjetividad proletaria militante, es decir, analizar siempre la realidad material basándonos en el criterio de lo que hace avanzar u obstaculiza la lucha por nuestros intereses de clase. Y desde esta posición, y en confrontación con todas las falsificaciones mencionadas, intentamos descubrir siempre la corriente proletaria en toda esta agitación.

Al igual que la anterior “crisis de los Covid-19”, también se afirma que la guerra en Ucrania es la raíz de la aparente “crisis económica” y la justificación de la escasez y/o el aumento de los precios de muchos productos básicos. En realidad, ambas crisis simplemente desenmascararon la crisis subyacente de valorización.

No existe tal cosa en este planeta como la escasez de alimentos o energía. Es la lógica del capital la que crea la “escasez”, ya que la única razón por la que se producen las mercancías en el capitalismo es para venderlas con el fin de obtener beneficios. Su valor de uso como alimentos, ropa, combustible, etc. sólo tiene sentido para el Capital como medio para este fin. Por lo tanto, es lógico dejar que la comida se pudra o quemar el combustible en lugar de dárselo a aquellos que no pueden pagarlo. Por tanto, el trigo de Ucrania o Rusia no se transportará por otras rutas ni se sustituirá por trigo u otro producto comestible de otros lugares para alimentar a los proletarios hambrientos de Egipto o Líbano o Sri Lanka, a menos que se pueda hacer rentable.

En las siguientes páginas intentamos analizar los movimientos proletarios que han estado sacudiendo el mundo a pesar del Covid-19 y los cierres relacionados y la guerra en Ucrania, contra la miseria de la vida en la sociedad capitalista y en oposición a los esfuerzos de movilización interclasista del Estado. Este texto no pretende ser una cronología de estos movimientos proletarios ni una relación exhaustiva y detallada de la actividad militante y organizativa cotidiana “sobre el terreno”. Hay otros militantes, con una conexión más directa con estos movimientos que la nuestra, que han asumido bien estas tareas. Nos centramos en los movimientos que, según nosotros, representan el apogeo de la militancia proletaria reciente, manteniendo al mismo tiempo la continuidad militante, reapareciendo bajo otra forma después de haber sido reprimidos por el Estado, dando nacimiento a minorías militantes o dinamizando las ya existentes y creando potencialmente el espacio para las rupturas programáticas.

Mencionemos aquí que planeamos cubrir las acciones revolucionarias derrotistas del proletariado en el territorio de Rusia y Ucrania contra la guerra capitalista (deserciones y motines en ambos bandos, ataques a los centros de reclutamiento, sabotaje de los esfuerzos de guerra, subversión de la reciente movilización en Rusia, etc.) en un material aparte. También tenemos que mencionar aquí los disturbios de enero en Kazajstán desencadenados por los altos precios del combustible, aunque no hablamos de ello en detalle en el siguiente texto. Fue una erupción muy fuerte de ira proletaria y contenía algunos momentos insurreccionales que llevaron a la burguesía local a pedir refuerzos de Rusia y otros países de la OTSC (Organización del Tratado de Seguridad Colectiva) para aplastarla y evitar que se convirtiera en una insurrección proletaria a gran escala. Hemos publicado en nuestro blog una colección de materiales militantes de varios grupos que informan sobre el movimiento en Kazajstán.

• A veces todo tiene que cambiar para que todo siga igual…
• ¡No pagaremos por su crisis!
• ¡No sólo arde Colombia!
• No va más, el juego (aún no) ha terminado…
• ¿Qué perspectiva revolucionaria? 

Leer contenido completo en: https://www.autistici.org/tridnivalka/guerra-de-clases-14-2022-guerra-y-revolucion

domingo, 20 de noviembre de 2022

UN DEBATE SOBRE LA GUERRA EN UCRANIA

El 10 de septiembre de 2022 Internationalist Perspective coorganizó un debate público en Nueva York titulado “Guerra y crisis capitalista”.

Desde entonces, la guerra en Ucrania se ha intensificado y muchas más personas de Ucrania y Rusia han muerto por algo peor que nada. Las fuerzas ucranianas, armadas hasta los dientes por Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, han retomado parte del territorio, Rusia anexó provincias en el este de Ucrania, los misiles de ambas partes sembraron la destrucción en ambos lados, Putin ordenó la movilización masiva, provocando montones de protestas, resistencia y un éxodo de muchos miles rechazando el papel de carne de cañón. Todo esto y más ha sucedido, pero la pregunta fundamental debatida en Woodbine sigue siendo la misma: ¿es este un conflicto local en el que la nación invadida merece apoyo universal? ¿O es un conflicto interimperialista, resultante de la crisis global del capitalismo, en el que la clase trabajadora no tiene nada que ganar y todo que perder?

De estas evaluaciones se desprenden perspectivas opuestas. En este debate, moderado por Ross Wolfe, tres de los cuatro oradores argumentaron que se trata de una guerra entre capitalistas competidores en la que la clase trabajadora es la víctima y que, por lo tanto, esta última solo puede defender sus intereses negándose a luchar entre sí y luchando contra la clase dominante en ambos países. Esta posición se conoce como “derrotismo revolucionario”.

Sanderr de IP puso el énfasis en cómo, la incapacidad del capitalismo para superar los problemas económicos, sociales y climáticos arraigados en su propia crisis sistémica, lo lleva a la guerra. No “¿qué Estado apoyar?” sino “guerra ó revolución” es la cuestión planteada por los acontecimientos en Ucrania. El texto completo de su presentación en la reunión se puede encontrar a continuación.

Andrew, un comunista de Kharkhiv y autor de las “Cartas desde Ucrania” publicadas en Endnotes, declaró que “deberíamos buscar signos de la revuelta más pequeña contra el Estado y el nacionalismo y tratar de comprender la posibilidad de su contagio y propagación, más allá de las fronteras nacionales también, a medida que las consecuencias económicas de la guerra se extienden más y más (…) En lugar de esperar un mejor partido de “izquierda”, deberíamos tratar de facilitar y explotar los casos de saqueo individual y masivo, evasión del reclutamiento y deserción, huelgas que cortan toda la mierda patriótica en la atmósfera, tanto en Ucrania como más allá”. El texto de su presentación también se puede encontrar a continuación.

Lilya, originaria del norte de Ucrania, que ahora vive en el extranjero pero todavía en estrecho contacto con la gente de su país, informó sobre la creciente miseria causada por la guerra. Gran parte del fervor nacionalista inicial en Ucrania se ha disipado, dijo, pero la resistencia a la guerra no vendrá de los partidos, sino de la gente común de la clase trabajadora que realmente está sufriendo en este momento.

Un punto de vista completamente diferente fue defendido por John de Insurgent Notes afirmó que el derrotismo revolucionario nunca existió (ignorando el hecho de que fue el derrotismo revolucionario de la clase trabajadora, en Rusia en 1917 y en Alemania en 1918, lo que puso fin a la Primera Guerra Mundial) y abogó en cambio por el “defensismo”, lo que significa que los trabajadores y los pro-revolucionarios deberían unirse al esfuerzo de guerra del Estado ucraniano y la OTAN, mientras mantienen una posición autónoma hacia el Estado. También dijo que deberíamos reconsiderar el nacionalismo, alegando que podría haber formas de nacionalismo con un contenido anticapitalista y un potencial revolucionario. Su conclusión era que vivir bajo el régimen capitalista liberal de Zelensky es preferible a ser gobernado por el Kremlin “fascista”. El mismo argumento del “mal menor” que se ha utilizado una y otra vez para alistar a la clase trabajadora en las guerras del capitalismo.

LEER EL DEBATE COMPLETO AQUÍ

• Pensamientos inoportunos: Notas sobre la revolución y Ucrania (Andrew)
• LA CRISIS CAPITALISTA Y LA GUERRA EN UCRANIA (Sanderr)
• ¡HAZ ALGO! (I.L.)

lunes, 3 de octubre de 2022

Rusia: movilización y resistencia

¿Puede el movimiento antiguerra ruso estar a la altura del desafío?

Traducción e introducción: materialesxlaemancipacion.espivblogs.net

Extraído de:
avtonom.org 26/09/2022
es.crimethinc.com/2022/09/26/russia-mobilization-and-resistance-can-the-russian-anti-war-movement-rise-to-the-challenge 

Publicamos a continuación un posicionamiento  realizado por anarquistas de Rusia con respecto a la agitación y desobediencia contra la reciente movilización masiva de tropas de milicos y reclutamiento forzado de civiles por parte del Estado capitalista ruso. Una vez más el fantasma del derrotismo revolucionario se manifiesta en las calles de distintas ciudades rusas a través de acciones directas, deserciones y sabotajes realizadas por el proletariado a manera de insumisión, y como contundentes respuestas a la agudización de este conflicto bélico que una vez más arrastro a nuestra clase al matadero imperialista. Más allá de ciertas discrepancias terminológicas expuestas en el texto (“ciudadanos” o  “por una sociedad más participativa e igualitaria”) se resalta cualitativamente el rechazo contundente de una guerra entre todas las distintas facciones del Capital, oponiéndose a todas por igual; y que además, exhorta a una movilización internacional e internacionalista para frenar esta barbarie, dando a entender que desde hace mucho esto dejo de ser un conflicto local y que por el contrario se enmarca en la actual crisis del Capital.

El 21 de septiembre, tras la contraofensiva ucraniana de principios de septiembre, Vladimir Putin anunció una «movilización parcial» de la población rusa para apoyar la invasión rusa de Ucrania iniciada en febrero de este año. El artículo de Crimethinc, escrito en colaboración con anarquistas rusos y que incorpora material traducido de nuestro sitio web avtonom.org, examina la respuesta del movimiento antiguerra en Rusia y el potencial de disturbios en la sociedad rusa en general.

A finales de marzo de 2022, escribimos que la primera fase del movimiento antiguerra ruso había llegado a su límite, reprimido en gran parte por la fuerza bruta. Suponíamos que la siguiente fase no comenzaría hasta que las sanciones económicas y la pérdida de seres queridos en la guerra hubieran hecho mella en la población. Sin embargo, en contra de lo que se esperaba, la economía rusa no se ha hundido -gracias en parte a la fidelidad de los capitalistas occidentales al petróleo ruso- y Putin ha conseguido minimizar el descontento en Moscú y San Petersburgo recurriendo a soldados procedentes principalmente de pequeñas ciudades.

Otro acontecimiento que puede presionar a la sociedad rusa es la movilización de aquellos que han sido reclutados, y en Rusia todos los hombres mayores de 18 años están sujetos a la conscripción. Después de que las bajas de guerra rusas alcanzaran las cinco cifras, Putin eligió finalmente este camino. Ya estamos viendo cómo se recluta a la gente a la fuerza en las fuerzas armadas rusas. ¿Significa esto que la guerra se prolongará indefinidamente? ¿O comenzará un nuevo periodo de inestabilidad política en Rusia?

En nuestra opinión, el movimiento antibélico militante en Rusia sigue siendo la única esperanza de paz en toda la región postsoviética. Como escribimos en marzo:

«La única manera de evitar esta guerra -y probablemente también la única manera de detenerla ahora sin que se produzcan enormes bajas en ambos bandos- es que estalle un poderoso movimiento internacional contra la guerra en Rusia que haga tambalearse al gobierno de Putin, seguido de algo similar en Ucrania y en otras partes del mundo. Si la guerra se prolonga indefinidamente o se termina de alguna manera por la fuerza bruta del militarismo nacionalista, dejará a la gente de todos los lados del conflicto atrapada en una trampa nacionalista y militarista durante décadas.

Pero si la guerra en Ucrania termina mediante la rebelión y la solidaridad de la gente común, podría sentar un precedente para nuevos levantamientos, insurrecciones y solidaridad que podrían extenderse desde Rusia a Ucrania, Europa Occidental y Estados Unidos.»

El problema es que durante la última década y media Putin ha reprimido sistemáticamente todos los movimientos en Rusia, así como en los países vecinos. Un sinnúmero de rusos, que de otro modo podrían formar la columna vertebral del movimiento antiguerra ruso, ya están en prisión o se han visto obligados a emigrar. Sobre esto, los anarquistas de Irkutsk escribieron en su canal de Telegram el día después de que se anunciara la "movilización parcial":

«El verano fue un periodo de recesión. Nadie protestaba, o si lo hacían, era de forma individual y era más bien un activismo cotidiano.

Ayer la situación volvió a cambiar. Y como alguien escribió a finales de febrero: Enhorabuena, tenemos una situación revolucionaria, pero me apresuro a decir que no tenemos ninguna fuerza revolucionaria en el país».

¿Cómo se crea un movimiento revolucionario en medio de la más brutal represión? Esta es más o menos la misma cuestión por la que la gente ha estado luchando en Irán durante la última década, aunque con más imprevisibilidad.

El anuncio de una "movilización parcial" desencadenó una nueva ola de emigración. Han aparecido largas colas en las fronteras, por ejemplo en la frontera con Mongolia. Irónicamente, si Rusia consigue proteger sus fronteras de los desertores para que la movilización sea más eficaz, también puede cerrar la válvula de presión que hasta ahora ha garantizado la sostenibilidad de la autocracia rusa.

Inmediatamente después de que Putin anunciara una "movilización parcial", los manifestantes salieron a las calles de todo el país. Como en febrero y marzo, las feministas ayudaron a organizar muchas de estas concentraciones. Las protestas del 21 de septiembre y de este pasado fin de semana no fueron tan grandes como las manifestaciones en el momento álgido de la primera ola de protestas. Pero si se tiene en cuenta que las penas han aumentado tanto que ahora se pueden pasar años en la cárcel por sostener una pancarta, es impresionante que hayan tenido lugar. (Como amantes de la poesía de Vladimir Mayakovsky, queremos enviar nuestro más cordial saludo a los manifestantes que fueron detenidos por intentar leer poesía antibélica en su monumento de la Plaza del Triunfo).

La policía, como es habitual, respondió a la protesta con fuerza bruta. Además, la propia movilización militar se ha utilizado de forma punitiva: a muchos de los detenidos se les entregaron avisos de movilización en las comisarías. Por supuesto, esta práctica contribuirá a la inquietante impresión de que la movilización es una táctica de distracción por parte del gobierno de Putin contra ciertos segmentos de la población, en lugar de un objetivo patriótico, y también podría conducir a una movilización menos fiable de las tropas en el frente.

Las protestas más interesantes han tenido lugar en pequeñas ciudades de la periferia de Rusia, donde los manifestantes han empezado a intentar defenderse. En el pueblo de Endirey, en Daguestán, por ejemplo, la policía se vio obligada a disparar por encima de las cabezas de los manifestantes para recuperar el control de la situación. En Makhachkala, la capital de Daguestán, los manifestantes intentaron bloquear la carretera y se enfrentaron a las fuerzas de seguridad. Si la red de control de Rusia comienza a desgarrarse, lo hará en los bordes, no en el centro del régimen.

Como la protesta ordinaria es tan costosa, la principal forma de protesta que ha cobrado impulso en los últimos siete meses han sido las acciones clandestinas, como la quema de centros de reclutamiento militar y el sabotaje de ferrocarriles. Antes del anuncio de la "movilización parcial", se habían producido al menos 37 ataques incendiarios contra comités militares y edificios administrativos desde la invasión de Ucrania; en la mañana del 25 de septiembre, tras el anuncio de movilización de Putin, se habían registrado al menos 17 ataques más. En el momento de finalizar este texto se ha producido otro, con lo que el número de ataques asciende a 55 (a fecha de 26.09.2022).

Algunos de estos ataques bien podrían ser obra de anarquistas organizados, como los asociados a la clandestina Organización Militante Anarco-Comunista, que comenzó a recibir mucha publicidad después de que los entrevistáramos el mes pasado. Algunos de los otros ataques son simplemente actos de desesperación. En las últimas 24 horas, un hombre que protestaba contra la movilización se prendió fuego en una estación de autobuses de Ryazan. Otro disparó y mató a un comisario militar en la ciudad de Ust-Ilimsk, en la región de Irkutsk. Al parecer, cuando el comisario militar estaba informando a los reclutas, el asaltante dijo: «¡Nadie va a ninguna parte!» y le disparó. Al igual que en Kazajstán, el hecho de que sea tan difícil protestar abiertamente significa que la línea entre salir a la calle con una pancarta dibujada a mano y salir solo con una lata de gasolina o un arma de fuego casera es más delgada que en Europa Occidental y Estados Unidos.

Aunque por fin se puede asumir que, acorralado, Putin puede perder pronto el poder, esto no garantiza en absoluto que lo que venga después sea mejor. El nacionalismo frustrado es un caldo de cultivo clásico para el fascismo, y muchos de los que se han atrevido a criticar la política exterior de Putin son halcones de la guerra que han exigido una política más agresiva hacia Ucrania y sus aliados. Putin ha cultivado movimientos nacionalistas y fascistas leales mientras reprimía movimientos y subculturas autónomas y antiautoritarias, y el legado de la Unión Soviética ha desacreditado las ideas izquierdistas y comunistas en la mente de millones de rusos.

Ahora es crucial canalizar los recursos y el apoyo a los anarquistas rusos y a los manifestantes contra la guerra para que tengan los medios a su disposición para defender su causa ante otros rusos, no sólo para poner fin a la guerra en Ucrania, sino también para un nuevo modelo de sociedad que sustituya al régimen de Putin, uno más participativo e igualitario. El capitalismo desenfrenado y la anarquía que se produjeron tras el colapso de la Unión Soviética en 1991 fueron un desastre de enormes proporciones; por ello, es comprensible que muchos rusos tengan miedo al cambio, y corresponde al movimiento anarquista demostrar que el cambio social puede conducir a resultados diferentes.

Como argumentamos en el artículo Levantamiento en Kazajistán: «El verdadero cambio social en la esfera de influencia rusa, como en Occidente, requerirá una larga lucha. El derrocamiento de los gobiernos es necesario pero no suficiente: para protegerse de futuras imposiciones políticas y económicas, los ciudadanos tendrán que desarrollar un poder colectivo sobre una base horizontal y descentralizada. Esto no es el trabajo de un día o de un año, sino de una generación».

Llevamos mucho tiempo insistiendo en que la situación de Rusia merece nuestra atención no porque represente un caso atroz y excepcional de opresión estatal, sino porque es una variación de la misma situación a la que nos enfrentamos todos en todo el mundo. La autocracia totalitaria no ha perdido su posición como modelo de poder estatal en el siglo XXI. Está ganando terreno en Europa -como demuestra la victoria de la extrema derecha en las elecciones italianas de esta semana-, así como en Estados Unidos.

A medida que se intensifican los conflictos por los recursos, exacerbados por la crisis medioambiental, es probable que veamos más guerras como la de Ucrania. De hecho, ya está ocurriendo en otros países de la antigua Unión Soviética, como las acaloradas disputas entre Tayikistán y Kirguistán, Azerbaiyán y Armenia. Los que luchan contra el autoritarismo y el militarismo en Rusia hoy en día están luchando lo mismo que deberíamos estar luchando en todo el mundo y deberíamos aprender de ellos y apoyarlos.

miércoles, 28 de septiembre de 2022

Manifestaciones contra la movilización - ¡Genial! Deshacerse del capitalismo que exige nuestra sangre - ¡aún mejor!

Bilan et Perspectives, 22 de septiembre de 2022
Tradución semiautomática
Original: https://www.leftcom.org/en/articles/2022-09-28/demonstrations-against-the-mobilisation-great-getting-rid-of-capitalism-that

En un discurso a la nación desde Moscú el miércoles 21 de septiembre, Vladimir Putin anunció una movilización parcial de 300.000 reservistas, con vistas a lanzar una nueva ofensiva sobre Ucrania, que comenzó el 24 de febrero.

Esto significa que la guerra acaba de alcanzar un nuevo nivel superior. La movilización de la población es un asunto muy serio. Significa una situación que no se ha visto en Europa desde hace mucho tiempo, una guerra entre dos países europeos. Y ahora, habrá que hacer que la población acepte este decreto.

Medio millón de rusos(1) ya habían abandonado el país desde la invasión de Ucrania el 24 de febrero. Ahora, el fenómeno ha aumentado desde el anuncio del miércoles. Las sedes de las compañías aéreas fueron asaltadas tras el discurso de Putin. También se formaron colas en los puestos fronterizos con Georgia y Finlandia durante la noche. Naturalmente, este éxodo sólo está formado por rusos que tienen suficiente dinero para huir en primer lugar.

El reclutamiento también está a la orden del día en Ucrania. Como dijo un tal Oleksiy a un periodista de Slate, "algunos dicen que el gobierno utilizará esta aplicación [Diia, una aplicación gubernamental que centraliza digitalmente los documentos administrativos personales] para una movilización masiva, y luego para localizar a los reclutas de forma precisa e inmediata... así que no hay posibilidad de escapar del reclutamiento entonces". "(2) Desde el 24 de febrero, se impuso la primera y más dura de estas restricciones: a partir de entonces, los hombres ucranianos de entre 18 y 60 años ya no podían salir del territorio. (3) Según el plan represivo, el reclutamiento se convirtió en una nueva forma de castigo: en lugar de una multa o una pena de prisión, los que no respetaban la ley eran obligados a acudir al centro de reclutamiento. También en Rusia, el gobierno ofrece ahora a los prisioneros la libertad después de la guerra si aceptan alistarse en los batallones.
En Rusia, las manifestaciones callejeras son una nueva realidad

En toda Rusia, el anuncio de la movilización fue recibido con manifestaciones espontáneas durante todo el día en 39 ciudades, entre las que destacan Moscú, San Petersburgo y Ekaterimburgo,(4) y al menos 1.332 personas fueron detenidas el miércoles.(5) Fue una de las protestas más importantes en el país desde las que siguieron al anuncio de la ofensiva sobre Ucrania.

Los manifestantes corearon "¡No a la guerra!" y "¡No a la movilización!". En algunos servicios policiales se puso en marcha el "Plan Fortaleza" para proteger los edificios policiales. Pero las manifestaciones no han cesado, y entre el 24 de febrero y el 21 de septiembre, las detenciones han ascendido a 16.500.

A los rusos detenidos durante las manifestaciones contra la movilización parcial se les han impuesto órdenes de reclutamiento durante su detención, según el grupo de defensa de los derechos humanos OVD-Info. En Moscú, un manifestante fue informado de que se enfrentaba a diez años de prisión si se negaba. Según OVD-Info, al menos 1.310 manifestantes fueron detenidos ayer (21 de septiembre) sólo en Moscú. A pesar de la extrema dificultad de protestar bajo este régimen de terror, se han producido manifestaciones por todas partes. "Todo el mundo tiene miedo. Yo estoy a favor de la paz y no quiero tener que disparar. Pero es muy peligroso salir en este momento, si no habría habido mucha más gente", explicaba un manifestante en San Petersburgo.

Y ahora, ¿veremos una reacción de los trabajadores, y de la población en general?

La clase dirigente no se hace ilusiones. Los desertores rusos han sido rechazados por algunos países. Jan Lipavský, ministro checo de Asuntos Exteriores, declaró por la AFP: "Entiendo que los rusos huyan por las decisiones cada vez más desesperadas de Putin. Pero los que huyen porque no quieren cumplir un deber impuesto por su propio gobierno, no cumplen los criterios para obtener un visado humanitario". Actualmente, Finlandia(6) es el único Estado miembro de la UE fronterizo con Rusia que permite el paso de ciudadanos rusos, aunque tengan visados Schengen. Las clases dominantes imperialistas pueden chocar en la guerra, pero cuando se trata de reacciones contra la guerra y de rechazar convertirse en su carne de cañón, están unidas en la negativa a aceptar a aquellos que "no quieren cumplir con su deber [patriótico] impuesto por su propio gobierno".

Evidentemente, la guerra es el modo de vida de una clase dirigente en crisis. Si las poblaciones ya no marchan para ofrecer su sangre, el imperialismo entra en bancarrota. Hoy como ayer, el sacrificio de las poblaciones es el resultado inevitable de este modo de vida bárbaro. La única fuerza capaz de enfrentarse a la clase dominante es la clase obrera, empezando por la huelga de masas. Sólo a través de su lucha se pueden paralizar los brazos asesinos de los imperialismos rivales.

Por eso debemos romper nuestras cadenas para acceder a un mundo mejor, contra un capitalismo que se hunde y que hace aguas por todos lados: crisis económica, crisis sanitaria, crisis medioambiental, hambruna, inflación galopante que arrasa con nuestros salarios. Debemos apoyar decididamente el rechazo de los proletarios de ambos lados del conflicto actual a servir de carne de cañón. La única batalla que vale la pena librar es la lucha de clases anticapitalista contra el descenso de la sociedad a la barbarie.


Notas:
(1) Le Monde, 22 de septiembre de 2022
(2) slate.fr
(3) Los países de la UE limítrofes con Ucrania han respetado la decisión de Ucrania desde entonces.
(4) ovd-news.translate.goog
(5) 479 detenidos en San Petersburgo, 49 en Ekaterimburgo, 30 en Perm,26 en Cheliabinsk, 23 en Ufa, 18 en Krasnoyarsk, 17 en Voronej, 14 en Krasnodar, 13 à Tver, 12 en Saratov, 11 en Kaliningrado, 9 en Irkoutsk, 8 en Arkhangelsk, 6 en Novosibirsk, 4 en Ulan-Ude, etc....
(6) Esta mañana hemos sabido que Finlandia también ha cerrado sus fronteras a los reclutas rusos.

miércoles, 10 de agosto de 2022

Manifiesto internacionalista contra la guerra y la paz capitalista en Ucrania…

Guerra de clases / TŘÍDNÍ VÁLKA
31 de julio de 2022

“¡Sus guerras! ¡Nuestros muertos!”. Bajo esta bandera, los proletarios radicales se distanciaron de las marchas pacifistas organizadas en marzo de 2004 en las calles de España tras los atentados de la masacre de Madrid que dejaron más de 200 muertos. Fue esta consigna derrotista la que plantearon en respuesta al compromiso militar de España en Irak y a la “guerra contra el terrorismo” impuesta por el Estado capitalista mundial y su rama española, haciéndose así eco de las muchas manifestaciones históricas del derrotismo revolucionario que marcan el desarrollo de las sociedades de clase y, por tanto, de la lucha de clases, de la guerra de clases.

Como proletarios social-revolucionarios, comunistas, anarquistas…, no tenemos absolutamente ningún interés material en ponernos del lado del Estado capitalista y su democracia, sea cual sea, de nuestros enemigos de clase, de nuestros explotadores, de aquellos que, con la bayoneta en la mano, siempre nos han devuelto “plomo, metralla, cárcel” cuando luchamos y salimos a la calle a reivindicar nuestra humanidad. Y esto es cierto independientemente de la naturaleza y la orientación política del régimen de la patria A o de la patria B, que luchan en un conflicto interestatal por sus propios intereses de conquista y poder. Jamás nos solidarizaremos con ninguno de nuestros explotadores.

¡Sus intereses! ¡Nuestros muertos! No nos posicionamos a favor de ninguno de los estados en conflicto, ya sea que uno sea categorizado según la moral política burguesa dominante como “el agresor” y el otro como “el agredido” o viceversa. Sus respectivos intereses en juego son exclusivamente suyos y están en total oposición a los de la clase explotada, es decir, nosotros, los proletarios; por eso, fuera y en contra de todo nacionalismo, de todo patriotismo, de todo regionalismo, de todo localismo, de todo particularismo, ¡afirmamos alto y claro nuestro internacionalismo!

El proletariado, como clase revolucionaria, no muestra ninguna neutralidad hacia ninguno de sus explotadores que se enfrentan en la redistribución de sus cuotas de mercado, sino que, por el contrario, los envía de vuelta como si fueran las dos caras de una misma realidad, el mundo de la explotación de una clase por otra, y expresa su profunda solidaridad con todos los sectores de nuestra clase que sufren los asaltos multiplicados de uno u otro de sus enemigos históricos. Pero seamos claros, nunca jamás negaremos a los proletarios la necesidad imperiosa de defenderse de cualquier agresión, represión, tortura, masacre…

Y aquí, en este caso, los proletarios de Ucrania ya no tienen delante sólo a su enemigo habitual y cotidiano, es decir, el “atacado” Estado ucraniano y sus burgueses locales (llamados “oligarcas” para ocultar mejor su verdadera naturaleza de clase, como si fueran diferentes de todos los demás capitalistas del mundo), ya no sólo tienen que sufrir los ataques de su propia burguesía (con recortes salariales, despidos, economía de guerra, represión de los movimientos huelguísticos que se suceden), sino que desde el 24 de febrero de este año, también tienen que enfrentarse a la ofensiva militar del estado “agresor” de los capitalistas rusos con su ejército, sus bombardeos, sus misiles, sus masacres diarias…

¡Sus naciones! ¡Nuestros muertos! Y a todos los belicistas de la izquierda y de la extrema izquierda del Capital que acusarán una vez más a los revolucionarios de ser “neutrales” y de no “tomar partido”, les contestamos que es todo lo contrario lo que proponemos en este manifiesto y en nuestra actividad militante en general: tomamos partido sin fisuras por el partido del proletariado y la defensa de sus intereses históricos e inmediatos, tomamos partido por su acción de subversión de este mundo de guerra y de miseria, tomamos partido por el desarrollo, la generalización, la coordinación y la centralización de los actos de confraternización, de deserción, de motín ya existentes a ambos lados del frente, contra los dos beligerantes, contra los dos estados, contra las dos naciones, contra las dos fracciones locales de la burguesía mundial… Apoyamos la extensión de estas luchas y su vinculación orgánica como momentos de una totalidad con todas las luchas que se llevan a cabo desde hace varios meses, en todas partes bajo el sol negro de la dictadura social del Capital, ya sea en Sri Lanka, Perú, Irán, Ecuador o Libia…

Tomamos partido por el desarrollo del tercer campo, el único que defiende los intereses globales del proletariado en su lucha inmediata e histórica contra la explotación, el trabajo asalariado, la miseria y la guerra. Este tercer campo es el del proletariado revolucionario internacionalista que se opone a todos los campos belicistas burgueses presentes, es el campo de nuestros hermanos de clase que luchan por sus propios intereses, que son antagónicos a los intereses de todos aquellos que defienden la propiedad privada, el dinero y el orden social que lo acompaña…

¡Su paz! ¡Nuestra explotación! Si rechazamos categóricamente todas las guerras burguesas, en las que el proletariado sólo sirve de carne de cañón, sea cual sea el bando al que se incorpore, rechazamos igualmente y con la misma fuerza la “paz”, que nunca es más que el momento invertido pero complementario de la “guerra”. La paz es sólo un momento de reconstrucción entre dos guerras, porque la guerra es necesaria para que el Capital resuelva temporalmente las crisis inherentes a su modo de producción. Pero la guerra es también el momento supremo de la paz social, y ésta no es más que la materialización de la guerra permanente que se libra contra nuestra clase mediante la explotación de nuestra fuerza de trabajo, la mercantilización de nuestras vidas y la alienación de nuestras existencias.

Volviendo a Ucrania, queremos subrayar aquí que si nos oponemos firmemente al apoyo de cualquier bando en la guerra actual, que no es más que una guerra interestatal, si nos negamos a tomar partido por cualquiera de los beligerantes burgueses, tanto el “agredido” ucraniano “ocupado” como el “agresor” ruso “ocupante”, nuestro juicio es diferente e incluso antagónico a la hora de analizar los acontecimientos que tuvieron lugar pocas semanas antes del inicio de la guerra en Ucrania. Nos referimos a la represión militar en Kazajistán y a la “ocupación” de este país por parte de las tropas de élite del ejército ruso: ¡una “ocupación” no equivale necesariamente a otra!

¡Nuestras revueltas! ¡Nuestras muertes! Evidentemente, nadie se escandalizó, o muy pocos lo hicieron, por la represión de la revuelta obrera en Kazajistán el pasado mes de enero, y con razón. Ni siquiera en Occidente, donde finalmente los capitalistas comprendieron muy rápidamente que la burguesía rusa, al “invadir” Kazajstán, que se había vuelto socialmente incontrolable, al aplastar al proletariado en revuelta, al restablecer por el terror el orden de los buenos negocios, el orden de los negocios internacionales, estaba de hecho trabajando objetivamente para los intereses de todos los capitalistas, y por lo tanto también de las multinacionales que tienen su sede en Occidente. Aquí radica toda la diferencia de naturaleza entre, por un lado, la “ocupación” de Kazajistán para reprimir un movimiento social que ponía parcialmente en peligro el actual orden de cosas, el orden capitalista, y, por otro lado, la “ocupación” de una parte de Ucrania en un conflicto que responde a intereses geoestratégicos entre distintas fracciones del mismo Capital mundial.

Todo el mundo comprenderá fácilmente que el enfoque proletario de estos dos tipos de ocupación, y la forma de tomar partido, será totalmente diferente. En el caso, como en Ucrania, de que haya dos actores burgueses que se enfrenten, tomar posición y comprometerse contra uno, contra el “agresor” (aquí en este caso, el Estado ruso), pero no contra el otro, el “agredido” (el Estado ucraniano), equivale objetivamente, y sobre todo de manera eminentemente práctica, a quererlo o no, a pesar de su propia voluntad, a pesar de lo que se afirma, para comprometerse y apoyar a este último, y esto tanto más en ausencia de una verdadera dinámica de autonomía frente a las estructuras militares, las estructuras de abastecimiento, que enmarcan este compromiso. Porque no nos engañemos, no había antes del estallido de la guerra, y no hay por el momento, ningún movimiento revolucionario fuerte en Ucrania, suficientemente antagónico para que pueda afirmar el poder social de nuestra clase y defender sus intereses inmediatos, así como los históricos.

En cambio, en el caso de un levantamiento proletario en una región determinada que la burguesía se ve obligada a reprimir mediante la aportación de una fuerza de intervención “externa” (debido al derrotismo que mina las fuerzas locales de represión), la “ocupación” resultante adquiere un carácter completamente diferente. Nuestro enemigo es nuestra propia burguesía, por supuesto, pero es sobre todo la burguesía que tenemos directamente enfrente, la que nos reprime, la que nos bombardea, la que nos masacra, la que ocupa el lugar de la fracción burguesa que inicialmente nos explotaba, la que se sustituye por ella. Por supuesto, entendemos que ante la “agresión”, ante la “ocupación”, ante las masacres y la represión, los proletarios quieran resistir, tomar las armas, defenderse… Pero tanto como en Kazajstán esta resistencia armada tendría por objetivo defender el levantamiento social, defender un embrión de dinámica revolucionaria, tanto en Ucrania la resistencia de los proletarios, una vez más si ésta se dirige a uno solo de los protagonistas del enfrentamiento bélico, corre el riesgo de ser rápidamente aniquilada en los brazos del Estado ucraniano, de sus aliados y de sus intereses burgueses. Esto es al menos lo que la historia de las luchas de nuestra clase nos ha mostrado siempre, hasta que se demuestre lo contrario… y el ejemplo histórico de España 1936-37 es revelador al respecto ya que allí se sacrificó la revolución en nombre de un “mal menor” a defender, la república burguesa, el frente popular antifascista, frente a lo que se representaba como “el mal absoluto”, el fascismo.

Tanto en España ayer como en Rojava y Ucrania hoy, “el pueblo en armas” no es, ni mucho menos, el proletariado armado; armado con las armas de la crítica que permiten el desarrollo de la crítica real por las armas…

Por lo tanto, sólo podemos saludar a los proletarios que se niegan a situarse en uno u otro de los campos burgueses presentes y que, por el contrario, afirman su internacionalismo y se organizan para oponerse a los dos hermanos enemigos. Como en los años 80 del siglo pasado cuando los desertores “iraquíes” se organizaron con los desertores “iraníes” durante la terrible carnicería que duró ocho largos años y cuando se unieron para luchar juntos contra los dos ejércitos burgueses.

Saludamos a las mujeres proletarias de Ucrania, tanto en la región occidental de Transcarpacia (por tanto, bajo administración militar ucraniana) como en el Donbass, en las “provincias orientales” (por tanto, bajo administración militar rusa), que salieron a la calle para expresar su desprecio por la “defensa de la patria” y exigir el regreso de sus hijos, de sus hermanos, de sus familiares enviados a cualquiera de los frentes para defender intereses que no son los suyos.

Saludamos a los proletarios de Ucrania que acogen clandestinamente a los soldados rusos que han desertado, por su cuenta y riesgo, porque cuando son detenidos, ya sea por las autoridades militares rusas o por las ucranianas, se les hace comprender dónde está la fuerza legal en este asqueroso mundo, qué bando y qué patria deben defender y que no se tolerará ninguna confraternización.

Saludamos a los proletarios de Ucrania, que a pesar del reclutamiento obligatorio, huyen de su incorporación a las unidades militares por todos los medios a su alcance, legales o no, y se niegan así a sacrificarse y a servir bajo los pliegues del trapo nacional ucraniano.

Saludamos a los soldados rusos que, desde el inicio de las “operaciones especiales” en Ucrania, huyen de la guerra y de sus masacres, abandonando tanques y vehículos blindados en condiciones de uso, y buscando su salvación en la huida, a través de redes de solidaridad con desertores de ambos ejércitos.

Saludamos también (¡aunque la información sobre este tema es menos segura, debido a la guerra de comunicados y propaganda militar!) a los 600 soldados de la Infantería de Marina rusa que se negaron a desembarcar al principio del conflicto, frustrando así una operación anfibia en la región de Odessa.

Saludamos también (con las mismas reservas) a los soldados rusos que supuestamente se amotinaron y se negaron a asaltar Kharkov, también al principio del conflicto.

Saludamos a los soldados del ejército de la “República Popular de Donetsk”, incorporados a la fuerza y enviados al frente de Mariupol, que se negaron a seguir luchando, a servir de “carne de cañón” (¡según su propia expresión!), aunque esta vez fueron enviados a defender la vecina “República Popular” de Lugansk

Saludamos a los rebeldes y saboteadores que en la Federación Rusa ya han quemado decenas de oficinas de reclutamiento militar y otras oficinas de cerdos en todo el país.

Saludamos a los trabajadores ferroviarios de Bielorrusia que han saboteado repetidamente las vías férreas que son esenciales para mantener las líneas de suministro del ejército ruso desplegado en Ucrania.

Saludamos a los proletarios de Ucrania que tan pronto como los primeros bombardeos comenzaron a organizar saqueos colectivos de tiendas abandonadas por sus propietarios, supermercados y centros comerciales como se informó en Melitopol, Mariupol, Kherson e incluso Kharkov, planteando así la satisfacción de sus necesidades elementales de supervivencia en contra de todas las leyes y la moral que protegen la propiedad privada.

Saludamos a todos los proletarios, en el frente, que organizan huelgas y se niegan a ofrecer su trabajo y sudor a la economía de guerra, a la economía de la paz social y, por tanto, a la economía en general, sean conscientes de ello o no.

Por último, saludamos a los proletarios, a los ferroviarios, a los estibadores… en Europa, en Grecia, en Inglaterra… que se niegan a transportar material militar para la OTAN a Ucrania.

Saludamos a todos los que se niegan a sacrificarse en el altar de la guerra, la miseria y la patria.

Y el día, que esperamos esté muy cerca, en que los proletarios salgan a las calles de Moscú y Kiev, y de todas las grandes zonas urbanas de Rusia y Ucrania, coreando a una sola voz “¡Putin y Zelenski, fuera!”, entonces responderemos a nuestro vez, haciendo referencia a los compañeros que blandían en las calles de Argentina hace unos veinte años la consigna “¡Que se vayan todos!” Los Biden, los Johnson, los Macron, los Scholz, los Sánchez, los von der Leyen, los Michel, los Stoltenberg… todos estos hacedores de guerras y miserias… ¡y todos aquellos, absolutamente todos, que llegan a la puerta de la alternancia política!

Pero seamos claros: sólo son intermediarios en este sistema de prostitución generalizada que es el trabajo asalariado, la venta obligatoria de nuestra fuerza de trabajo. Más allá de todas las personas que encarnan la dictadura social del Capital, es sobre todo una relación social impersonal que puede ser, es y ha sido reproducida por cualquier elemento, burgués o proletario, cooptado para ello. Así pues, aunque compartamos plenamente la alegría de los proletarios de Sri Lanka que, tras derrocar al presidente en funciones hace unos días, invadieron su palacio presidencial y se zambulleron en su piscina de lujo, la pregunta que debemos hacernos es: cómo llevar la dinámica revolucionaria hasta sus últimas consecuencias, cómo expropiar a la clase poseedora y reapropiarse de nuestros medios de existencia… ¡y sobre todo cómo no volver atrás! Aquí es donde comienza la verdadera aventura humana…

 

En otros idiomas:
https://www.autistici.org/tridnivalka/manifeste-internationaliste-contre-la-guerre-et-la-paix-capitaliste-en-ukraine

jueves, 7 de julio de 2022

MUERTE Y EXTINCIÓN: A PROPÓSITO DE LA INVASIÓN DE UCRANIA

Jacques Camatte, 10 de marzo de 2022

El momento de la invasión de Ucrania me impuso la siguiente cuestión: ¿es esta dinámica de muerte una máscara de nuestro devenir hacia la extinción? ¿O es el devenir a la extinción lo que precisamente condiciona este nuevo montaje de la matanza, de la guerra en su forma antigua (no la guerra cibernética), visible y tocante a la lucha por la supervivencia? Pero, de hecho, esto aplica a todos los conflictos armados actuales, que no comenzaron ayer.

Lo que se pone fundamentalmente de relieve es la importancia de la amenaza por ambos lados, pero especialmente del lado ruso. Y esto: el desencadenamiento de la enemistad. Los ucranianos reaccionaron al ataque ruso defendiéndose enérgicamente, lo cual es lógico y está ampliamente justificado; pero esto fue acompañado por un desencadenamiento de odio no sólo por parte de rusos y ucranianos, sino por parte de los que se llaman occidentales y apoyan a los ucranianos. De modo que la defensa de los ucranianos y la demonización de los rusos han sido la principal preocupación de los medios, enmascarando, ocultando la cuestión del Covid 19 (curiosa y repentinamente ya no se considera peligroso y las medidas contra él pronto serán derogadas) y la publicación del IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) que destaca el grave peligro del calentamiento global y, por tanto, el aumento del riesgo de extinción.

Los rusos se han sentido amenazados desde hace mucho tiempo, especialmente desde el fin de la Unión Soviética, y es importante recordar que, en ese momento, ellos liquidaron el Pacto de Varsovia e incluso propusieron unirse a la OTAN –ya que volvían a ser amigos como lo habían sido durante la guerra contra Alemania. “La seguridad paneuropea es un sueño”, se les respondió. La realidad es la enemistad, y Estados Unidos necesitaba un enemigo. Tener un enemigo permite protegerse de una amenaza haciéndola visible gracias a algún tipo de encarnación. Esta situación no ha hecho más que incrementarse más y más hasta hoy.[1]

De hecho, tenemos que remontarnos más atrás en el tiempo para encontrar los fundamentos de esta enemistad: a la Revolución de Octubre de 1917, que generó una gran amenaza –que pareció tener un fundamento real durante un corto período, pero que, de manera atenuada, persistió incluso después del final de la fase revolucionaria–, así como la enemistad contra el proletariado que estaba ligado a ella. Esta enemistad duró hasta fines del siglo pasado, cuando el proletariado desapareció y fue reemplazado por estratos sociales dominados y explotados en diversos grados. Se podría decir que, hasta hoy, más o menos inconscientemente, se culpa a los rusos de haber hecho la revolución.

Hemos afirmado varias veces que la especie humana trata continuamente de ponerse en guardia contra una amenaza. Esta puesta en guardia se actualiza tanto a nivel de naciones como de individuos: de ahí los diferentes conflictos que pueblan la historia. La muerte aparece como el medio de escapar de la amenaza.[2] Esta es una explicación de la intervención rusa en Ucrania, pero no una justificación. Más aún: cuanto más se lucha contra una amenaza, más se la refuerza, como muestra el caso de Rusia en lo que hace al presente y lo que viene.

Esta dinámica –que provoca guerras que destruyen a hombres, mujeres, pero también a la naturaleza (hecho que muchas veces queda encubierto)– aumenta el riesgo de extinción porque exalta la enemistad que es la causa esencial del calentamiento global ligada a la destrucción de la naturaleza misma. Se trata de una dinámica que no encuentra ningún obstáculo porque se sustenta en otra dinámica: la de la autonomización de la forma capital –que fue capaz de imponerse gracias a la desaparición del proletariado– expresada a través de la necesidad de una constante innovación que induce a la obsolescencia de lo producido así como de los productores no innovadores o insuficientes, generando una amenaza acompañada de una enemistad en el seno de la realidad social y económica, complementaria a la de lo superfluo de los seres humanos, contribuyendo todo ello a la creación de condiciones de vida donde “¿No es más deseable la muerte que esa vida que es una mera medida preventiva contra la muerte?” (Marx). De hecho, incluso la
muerte no puede resolver nada, porque no puede abolir la cada vez más cercana víspera de la extinción. La humanidad sólo puede escapar de ella abandonando la enemistad como forma y principio de vida.

Notas:
[1] Muchos documentos que prueban la validez de esta proposición están disponibles en Internet. Por otro lado, debemos mencionar el pasado nazi de Ucrania, que fue una amenaza para la URSS, ahora Rusia, pero fue igualmente una fuerza contra la Alemania nazi. Recordemos también esto: “De hecho, la crisis que llevó a la disolución de la URSS y del bloque del Este no es un fenómeno local que concierne sólo a estos países sino un fenómeno global: el fin de la oposición capital-trabajo y la evanescencia del fenómeno de la propiedad basada en la tierra; la plena eliminación de los límites al devenir del capital y la realización de un desarrollo no antagónico, no dialéctico. Más exactamente, hay una disolución del conflicto por su generalización dentro de la comunidad-sociedad del capital. Esto conmociona profundamente los cerebros de los humanos que están acostumbrados a pensar solo en términos de conflicto y polarización entre dos campos. El escenario ahora alcanzado por el capital impone a hombres y mujeres la necesidad de vivir sin enemigos, lo que socava todas sus representaciones y causa el actual desconcierto, que corre el riesgo de ser sólo transitorio porque los enemigos se transforman en competidores, en verdaderos actores capitalistas. Se necesita algún tiempo para eliminar las viejas representaciones” (Epílogo al «Manifiesto comunista de 1848», escrito en 1991).
[2] Cfr. la consigna franquista: ¡Viva la muerte!

 

Fuente: https://contemporaneafilosofia.blogspot.com/2022/06/jacques-camatte-muerte-y-extincion.html

lunes, 20 de junio de 2022

LA PAZ, ES LA GUERRA

Gilles Dauvé
Junio de 2022

La paix, c'est la guerre
troploin.fr/node/104

Traducción semiautomática: Panfletos Subversivos
 

«La guerra por la paz»... «la causa de los débiles contra los fuertes»... «Crímenes contra la humanidad en el corazón de Europa... una lucha por la civilización»... «genocidio en curso en Ucrania».

La primera cita es del periódico socialista Le Droit du Peuple, y la segunda del burgués Times de Londres, ambas escritas en 1914; la tercera del Primer Ministro francés durante la guerra de Kosovo en 1999, y la última del Primer Ministro ucraniano el 9 de marzo de 2022.

Los medios de comunicación franceses nunca hablarán de la dictadura chadiana (apoyada por Francia) como lo hacen de la dictadura bielorrusa (apoyada por Rusia). Tampoco mencionarán los millones de civiles asesinados por los ejércitos francés y estadounidense en las guerras de Indochina y Vietnam, al igual que las masacres de civiles por parte del ejército ruso en Ucrania.

Hay pocas novedades en el lavado de cerebro, salvo que la propaganda se intensifica a medida que la guerra se acerca al corazón de Europa. Rusia lo niega, prohibiendo las palabras "guerra" e "invasión" (el Estado francés esperó hasta 1999 para reconocer oficialmente que entre 1945 y 1962 había librado una "guerra" en Argelia y no sólo "operaciones"). Occidente entrega eufemísticamente armas a Ucrania a través del Fondo Europeo para la Paz.

Cuando las palabras se hinchan, su significado estalla. En particular, genocidio se convierte en sinónimo de masacre, mientras que la palabra se refiere al exterminio de un pueblo como pueblo: Hitler lo hizo con los judíos, pero ni Stalin pretendía la eliminación del pueblo ucraniano a principios de los años 30, ni posteriormente Pol Pot la del pueblo camboyano. Putin tampoco pretendía eliminar al pueblo ucraniano.

Pero, antes de ser mental, la confusión está en la práctica. Si las ideologías se confunden, si todo el mundo ha podido proclamarse socialista, comunista, proletario, revolucionario (título del libro publicado en 2017 por el actual presidente de la república francesa), es porque hasta ahora los movimientos sociales no han realizado un programa que rompa con el orden de las cosas. Así que, en la mitología y el discurso político, todo vale. Como el socialismo era nacional en 1914, los nazis podían reivindicarlo como propio: el nazi es el "nacional socialista" (nationalsozialist).

Cuando nos vemos reducidos a la pasividad por luchas fallidas o desviadas, recibimos información e imágenes como espectadores de una realidad contra la que no podemos reaccionar temporalmente.

Leer completo/PDF:
https://drive.google.com/file/d/1E82OWWrp7Tp26xKgOmM8jYSI57C6E2II/view

Adiós a la vida, adiós al amor… Ucrania, la guerra y la autoorganización

Tristan Leoni, 8 de mayo de 2022

Adieu la vie, adieu l’amour… Ukraine, guerre et auto-organisation
https://ddt21.noblogs.org

Traducción semiautomática – Materiales x la emancipación

Clausewitz hablaba de la incertidumbre del campo de batalla como la «niebla de la guerra», y el término podría aplicarse con la misma facilidad a la avalancha mediática que estamos viviendo desde el 24 de febrero de 2022 en relación con Ucrania. Los dos bandos se encuentran inmersos en una guerra de propaganda e imagen bastante clásica, reforzada de forma inédita por las redes sociales. Desde este punto de vista, los ucranianos tienen la ventaja; hay muchas imágenes disponibles en su lado (tomadas por civiles o periodistas), mucho menos en el lado ruso (no hay smartphones para los soldados, ni civiles, ni pocos periodistas). De ahí, por ejemplo, que al principio hubiera un exceso de vehículos rusos destruidos. Esto es lo que ven los occidentales (nosotros), pero es sólo una parte de la realidad. Sobre todo porque los algoritmos acentúan la banalidad de nuestros respectivos sesgos cognitivos, empujándonos a favorecer la información que confirma nuestras opiniones y presuposiciones: este es el «problema de Diagoras», pero en tiempos de guerra este lote cotidiano se vuelve excesivo, asfixiante. No es fácil mantener la distancia necesaria y la cabeza fría para entender lo que está pasando y, si es necesario, actuar en consecuencia; es aún menos fácil cuando se vive en un país beligerante o cobeligerante.

Leer completo: https://materialesxlaemancipacion.espivblogs.net/2022/06/07/adios-a-la-vida-adios-al-amor-ucrania-la-guerra-y-la-autoorganizacion

sábado, 4 de junio de 2022

CRISIS UCRANIA

s/d
Italia, s/f

La necesidad de restablecer a nivel mundial un mayor nivel de ganancia que sea en grado de sostener sus economías siempre más en dificultad, obliga a estas potencias capitalistas a desencadenar mayores controles y explotación de los trabajadores, sea a su interno que al externo. Aumentar la ganancia, aumentar el saqueo de materias primas, se ha trasformado, para ellos, en un objetivo fundamental, para poder seguir manteniendo sus ganancias y su poder nacional e internacional.

No nos hacemos, ninguna ilusión respecto a los intereses portadores de la Rusia de Putin que son: Defender, en primer lugar las exigencias del propio capital nacional y en sub-orden, poder garantizar un relativo bienestar a la parte mayoritaria de la población, con el objetivo de lograr mantener la paz social interna, porque de otra manera el riesgo de revueltas sociales y de perdida consensual sería peligroso. Tampoco tenemos dudas sobre la narración dominante, porque sabemos que la invasión rusa de la Ucrania, es solamente uno de los últimos actos de un enfrentamiento entre potencias estatales capitalistas, que dura desde hace muchos años y del cual el nuestro imperialismo aliado con la OTAN, tiene muchas responsabilidades.

Quienes desean oponerse seriamente a esta escalada militar, tendrá que poner sobre el terreno todas sus energías para contrastar las miras expansionistas de USA y Europa y desenmascarar los planes de envolver a Rusia en una tenaza militar a través de la OTAN y políticamente, utilizando y financiando sin escrúpulos, las ONG como medio de destabilizzar y de propagandear determinados proyectos presuntos humanitarios y democráticos, que en los hechos sirven para fomentar el disenso interno a favor del Occidente. Esta estrategia, claro esta, no sucede solo en esta zona, sino que se repite en todas las zonas del globo, donde las grandes potencias "exportan" sus democracias y se apoderan de la mayor parte de los recursos naturales, dejando sobre esos territorios, en general, miseria, desolación y bandas armadas.

Es necesario protestar en contra del desplegamiento de tropas y armas siempre más mortales y sofisticadas del bloque occidental hacia la frontera Rusa. Y en esto Italia da, un grande apoyo militar, económico y político.

Es necesario recordar, que si bien para nosotros el enfrentamiento real es entre todos los explotados, contra todos los estados capitalistas (incluido el Ruso), en la parte nuestra de mundo, el derrotismo revolucionario se debe exprimir necesariamente, primero en contra de nuestros propios estados y en contra de sus militarismos disfrazados de "buenos sentimientos". Así como en contra de la nuestra clase dominante. Mientras un real internacionalismo proletario debe exprimir necesariamente solidaridad militante a favor de la población del Donbass, que desde hace años se encuentra debajo de las bombas y misiles del imperialismo OTAN y los escuadrones fascistas que colaboran con el gobierno ucranio. Sin que ningún país hasta ahora protestara seriamente.

La causa principal de estos conflictos es la insaciable sed de ganancias de un sistema fundado sobre la explotación del ser humano sobre el ser humano. Es este el primer monstruo contra quien hay que luchar para parar su carrera destructiva en contra de toda la humanidad. Un monstruo que no duda un instante en difundir el hambre y la miseria; muerte, saqueos y destrucción en todo el mondo, disfrazando estas acciones detrás de supuestos propósitos humanitarios y a nombre de una supuesta civilización superior. Un monstruo que, como hemos visto con la gestión de la pandemia del Covid, no duda a usar instrumentos autoritarios y de diciplinamiento social hacia sus propias poblaciones para imponer condiciones de explotación aun peores de las existentes y así impedir cualquier resistencia organizada. Una sociedad siempre más militarizada fundada sobre el control asfixiante de sus propios ciudadanos, a los que se les pide una completa fidelidad y sometimiento a las superiores exigencias de la economía, (es decir, de la ganancia) pena la total exclusión de la vida civil y social.

Recurrir a continuas alarmas emergenciales -en nombre de las cuales se hace pasar impunemente, y a menudo con el consenso de los mismos sujetos che son y serán víctimas, medidas de opresión y de control social siempre menos intolerables y justificables del punto de vista sanitario, con el cual las mayorías de las medidas nada tienen que ver.

Esta misma metodología la están utilizando en relación con la crisis Ucrania. Mientras se reduce casi totalmente los alarmes y la propaganda (no las medidas impuestas!) sobre los peligros del contagio, gobierno y más media si son ya lanzados a la carga con otra nueva emergencia: la amenaza rusa sobre el destino de la Europa y de los valores occidentales.

Una intensísima propaganda, que como aquella del coronavirus, dura de noche y de día, tendiente a crear el consenso hacia la propia política interventora y mercantilista de armas siempre más sofisticadas y destructivas.

A esta estrategia hay que oponerse firmemente, rechazando cualquier llamado a la solidaridad y a la unidad nacional y movilizarse en contra del verdadero enemigo que es el sistema capitalista, en contra de sus instituciones políticas y de sus dispositivos militares internos y externos. Los principales responsables son, justamente, nuestra propia burguesía, nuestro propio gobierno, que con la nueva emergencia, nos está imponiendo ya nuevas restricciones económicas y sociales. Italia, el país donde vivimos, es parte integrante justamente de ese campo imperialista dominante, que más está destruyendo la vida humana en este planeta.

Disolución de la alianza militar imperialista de la OTAN

No a la presencia de tropas y armamentos italianos a las fronteras Rusa y Ucrania.

Movilización de masas contra la guerra y el estado de emergencia permanente

Guerra a la guerra