Guerra de clases / TŘÍDNÍ VÁLKA
31 de julio de 2022
“¡Sus guerras! ¡Nuestros muertos!”. Bajo esta bandera, los
proletarios radicales se distanciaron de las marchas pacifistas
organizadas en marzo de 2004 en las calles de España tras los atentados
de la masacre de Madrid que dejaron más de 200 muertos. Fue esta
consigna derrotista la que plantearon en respuesta al compromiso militar
de España en Irak y a la “guerra contra el terrorismo” impuesta por el
Estado capitalista mundial y su rama española, haciéndose así eco de las
muchas manifestaciones históricas del derrotismo revolucionario que
marcan el desarrollo de las sociedades de clase y, por tanto, de la
lucha de clases, de la guerra de clases.
Como proletarios social-revolucionarios, comunistas, anarquistas…, no
tenemos absolutamente ningún interés material en ponernos del lado del
Estado capitalista y su democracia, sea cual sea, de nuestros enemigos
de clase, de nuestros explotadores, de aquellos que, con la bayoneta en
la mano, siempre nos han devuelto “plomo, metralla, cárcel” cuando
luchamos y salimos a la calle a reivindicar nuestra humanidad. Y esto es
cierto independientemente de la naturaleza y la orientación política
del régimen de la patria A o de la patria B, que luchan en un conflicto
interestatal por sus propios intereses de conquista y poder. Jamás nos
solidarizaremos con ninguno de nuestros explotadores.
¡Sus intereses! ¡Nuestros muertos! No nos posicionamos a favor de
ninguno de los estados en conflicto, ya sea que uno sea categorizado
según la moral política burguesa dominante como “el agresor” y el otro
como “el agredido” o viceversa. Sus respectivos intereses en juego son
exclusivamente suyos y están en total oposición a los de la clase
explotada, es decir, nosotros, los proletarios; por eso, fuera y en
contra de todo nacionalismo, de todo patriotismo, de todo regionalismo,
de todo localismo, de todo particularismo, ¡afirmamos alto y claro
nuestro internacionalismo!
El proletariado, como clase revolucionaria, no muestra ninguna
neutralidad hacia ninguno de sus explotadores que se enfrentan en la
redistribución de sus cuotas de mercado, sino que, por el contrario, los
envía de vuelta como si fueran las dos caras de una misma realidad, el
mundo de la explotación de una clase por otra, y expresa su profunda
solidaridad con todos los sectores de nuestra clase que sufren los
asaltos multiplicados de uno u otro de sus enemigos históricos. Pero
seamos claros, nunca jamás negaremos a los proletarios la necesidad
imperiosa de defenderse de cualquier agresión, represión, tortura,
masacre…
Y aquí, en este caso, los proletarios de Ucrania ya no tienen delante
sólo a su enemigo habitual y cotidiano, es decir, el “atacado” Estado
ucraniano y sus burgueses locales (llamados “oligarcas” para ocultar
mejor su verdadera naturaleza de clase, como si fueran diferentes de
todos los demás capitalistas del mundo), ya no sólo tienen que sufrir
los ataques de su propia burguesía (con recortes salariales, despidos,
economía de guerra, represión de los movimientos huelguísticos que se
suceden), sino que desde el 24 de febrero de este año, también tienen
que enfrentarse a la ofensiva militar del estado “agresor” de los
capitalistas rusos con su ejército, sus bombardeos, sus misiles, sus
masacres diarias…
¡Sus naciones! ¡Nuestros muertos! Y a todos los belicistas de la
izquierda y de la extrema izquierda del Capital que acusarán una vez más
a los revolucionarios de ser “neutrales” y de no “tomar partido”, les
contestamos que es todo lo contrario lo que proponemos en este
manifiesto y en nuestra actividad militante en general: tomamos partido
sin fisuras por el partido del proletariado y la defensa de sus
intereses históricos e inmediatos, tomamos partido por su acción de
subversión de este mundo de guerra y de miseria, tomamos partido por el
desarrollo, la generalización, la coordinación y la centralización de
los actos de confraternización, de deserción, de motín ya existentes a
ambos lados del frente, contra los dos beligerantes, contra los dos
estados, contra las dos naciones, contra las dos fracciones locales de
la burguesía mundial… Apoyamos la extensión de estas luchas y su
vinculación orgánica como momentos de una totalidad con todas las luchas
que se llevan a cabo desde hace varios meses, en todas partes bajo el
sol negro de la dictadura social del Capital, ya sea en Sri Lanka, Perú,
Irán, Ecuador o Libia…
Tomamos partido por el desarrollo del tercer campo, el único que
defiende los intereses globales del proletariado en su lucha inmediata e
histórica contra la explotación, el trabajo asalariado, la miseria y la
guerra. Este tercer campo es el del proletariado revolucionario
internacionalista que se opone a todos los campos belicistas burgueses
presentes, es el campo de nuestros hermanos de clase que luchan por sus
propios intereses, que son antagónicos a los intereses de todos aquellos
que defienden la propiedad privada, el dinero y el orden social que lo
acompaña…
¡Su paz! ¡Nuestra explotación! Si rechazamos categóricamente todas
las guerras burguesas, en las que el proletariado sólo sirve de carne de
cañón, sea cual sea el bando al que se incorpore, rechazamos igualmente
y con la misma fuerza la “paz”, que nunca es más que el momento
invertido pero complementario de la “guerra”. La paz es sólo un momento
de reconstrucción entre dos guerras, porque la guerra es necesaria para
que el Capital resuelva temporalmente las crisis inherentes a su modo de
producción. Pero la guerra es también el momento supremo de la paz
social, y ésta no es más que la materialización de la guerra permanente
que se libra contra nuestra clase mediante la explotación de nuestra
fuerza de trabajo, la mercantilización de nuestras vidas y la alienación
de nuestras existencias.
Volviendo a Ucrania, queremos subrayar aquí que si nos oponemos
firmemente al apoyo de cualquier bando en la guerra actual, que no es
más que una guerra interestatal, si nos negamos a tomar partido por
cualquiera de los beligerantes burgueses, tanto el “agredido” ucraniano
“ocupado” como el “agresor” ruso “ocupante”, nuestro juicio es diferente
e incluso antagónico a la hora de analizar los acontecimientos que
tuvieron lugar pocas semanas antes del inicio de la guerra en Ucrania.
Nos referimos a la represión militar en Kazajistán y a la “ocupación” de
este país por parte de las tropas de élite del ejército ruso: ¡una
“ocupación” no equivale necesariamente a otra!
¡Nuestras revueltas! ¡Nuestras muertes! Evidentemente, nadie se
escandalizó, o muy pocos lo hicieron, por la represión de la revuelta
obrera en Kazajistán el pasado mes de enero, y con razón. Ni siquiera en
Occidente, donde finalmente los capitalistas comprendieron muy
rápidamente que la burguesía rusa, al “invadir” Kazajstán, que se había
vuelto socialmente incontrolable, al aplastar al proletariado en
revuelta, al restablecer por el terror el orden de los buenos negocios,
el orden de los negocios internacionales, estaba de hecho trabajando
objetivamente para los intereses de todos los capitalistas, y por lo
tanto también de las multinacionales que tienen su sede en Occidente.
Aquí radica toda la diferencia de naturaleza entre, por un lado, la
“ocupación” de Kazajistán para reprimir un movimiento social que ponía
parcialmente en peligro el actual orden de cosas, el orden capitalista,
y, por otro lado, la “ocupación” de una parte de Ucrania en un conflicto
que responde a intereses geoestratégicos entre distintas fracciones del
mismo Capital mundial.
Todo el mundo comprenderá fácilmente que el enfoque proletario de
estos dos tipos de ocupación, y la forma de tomar partido, será
totalmente diferente. En el caso, como en Ucrania, de que haya dos
actores burgueses que se enfrenten, tomar posición y comprometerse
contra uno, contra el “agresor” (aquí en este caso, el Estado ruso),
pero no contra el otro, el “agredido” (el Estado ucraniano), equivale
objetivamente, y sobre todo de manera eminentemente práctica, a quererlo
o no, a pesar de su propia voluntad, a pesar de lo que se afirma, para
comprometerse y apoyar a este último, y esto tanto más en ausencia de
una verdadera dinámica de autonomía frente a las estructuras militares,
las estructuras de abastecimiento, que enmarcan este compromiso. Porque
no nos engañemos, no había antes del estallido de la guerra, y no hay
por el momento, ningún movimiento revolucionario fuerte en Ucrania,
suficientemente antagónico para que pueda afirmar el poder social de
nuestra clase y defender sus intereses inmediatos, así como los
históricos.
En cambio, en el caso de un levantamiento proletario en una región
determinada que la burguesía se ve obligada a reprimir mediante la
aportación de una fuerza de intervención “externa” (debido al derrotismo
que mina las fuerzas locales de represión), la “ocupación” resultante
adquiere un carácter completamente diferente. Nuestro enemigo es nuestra
propia burguesía, por supuesto, pero es sobre todo la burguesía que
tenemos directamente enfrente, la que nos reprime, la que nos bombardea,
la que nos masacra, la que ocupa el lugar de la fracción burguesa que
inicialmente nos explotaba, la que se sustituye por ella. Por supuesto,
entendemos que ante la “agresión”, ante la “ocupación”, ante las
masacres y la represión, los proletarios quieran resistir, tomar las
armas, defenderse… Pero tanto como en Kazajstán esta resistencia armada
tendría por objetivo defender el levantamiento social, defender un
embrión de dinámica revolucionaria, tanto en Ucrania la resistencia de
los proletarios, una vez más si ésta se dirige a uno solo de los
protagonistas del enfrentamiento bélico, corre el riesgo de ser
rápidamente aniquilada en los brazos del Estado ucraniano, de sus
aliados y de sus intereses burgueses. Esto es al menos lo que la
historia de las luchas de nuestra clase nos ha mostrado siempre, hasta
que se demuestre lo contrario… y el ejemplo histórico de España 1936-37
es revelador al respecto ya que allí se sacrificó la revolución en
nombre de un “mal menor” a defender, la república burguesa, el frente
popular antifascista, frente a lo que se representaba como “el mal
absoluto”, el fascismo.
Tanto en España ayer como en Rojava y Ucrania hoy, “el pueblo en
armas” no es, ni mucho menos, el proletariado armado; armado con las
armas de la crítica que permiten el desarrollo de la crítica real por
las armas…
Por lo tanto, sólo podemos saludar a los proletarios que se niegan a
situarse en uno u otro de los campos burgueses presentes y que, por el
contrario, afirman su internacionalismo y se organizan para oponerse a
los dos hermanos enemigos. Como en los años 80 del siglo pasado cuando
los desertores “iraquíes” se organizaron con los desertores “iraníes”
durante la terrible carnicería que duró ocho largos años y cuando se
unieron para luchar juntos contra los dos ejércitos burgueses.
Saludamos a las mujeres proletarias de Ucrania, tanto en la región
occidental de Transcarpacia (por tanto, bajo administración militar
ucraniana) como en el Donbass, en las “provincias orientales” (por
tanto, bajo administración militar rusa), que salieron a la calle para
expresar su desprecio por la “defensa de la patria” y exigir el regreso
de sus hijos, de sus hermanos, de sus familiares enviados a cualquiera
de los frentes para defender intereses que no son los suyos.
Saludamos a los proletarios de Ucrania que acogen clandestinamente a
los soldados rusos que han desertado, por su cuenta y riesgo, porque
cuando son detenidos, ya sea por las autoridades militares rusas o por
las ucranianas, se les hace comprender dónde está la fuerza legal en
este asqueroso mundo, qué bando y qué patria deben defender y que no se
tolerará ninguna confraternización.
Saludamos a los proletarios de Ucrania, que a pesar del reclutamiento
obligatorio, huyen de su incorporación a las unidades militares por
todos los medios a su alcance, legales o no, y se niegan así a
sacrificarse y a servir bajo los pliegues del trapo nacional ucraniano.
Saludamos a los soldados rusos que, desde el inicio de las
“operaciones especiales” en Ucrania, huyen de la guerra y de sus
masacres, abandonando tanques y vehículos blindados en condiciones de
uso, y buscando su salvación en la huida, a través de redes de
solidaridad con desertores de ambos ejércitos.
Saludamos también (¡aunque la información sobre este tema es menos
segura, debido a la guerra de comunicados y propaganda militar!) a los
600 soldados de la Infantería de Marina rusa que se negaron a
desembarcar al principio del conflicto, frustrando así una operación
anfibia en la región de Odessa.
Saludamos también (con las mismas reservas) a los soldados rusos que
supuestamente se amotinaron y se negaron a asaltar Kharkov, también al
principio del conflicto.
Saludamos a los soldados del ejército de la “República Popular de
Donetsk”, incorporados a la fuerza y enviados al frente de Mariupol, que
se negaron a seguir luchando, a servir de “carne de cañón” (¡según su
propia expresión!), aunque esta vez fueron enviados a defender la vecina
“República Popular” de Lugansk
Saludamos a los rebeldes y saboteadores que en la Federación Rusa ya
han quemado decenas de oficinas de reclutamiento militar y otras
oficinas de cerdos en todo el país.
Saludamos a los trabajadores ferroviarios de Bielorrusia que han
saboteado repetidamente las vías férreas que son esenciales para
mantener las líneas de suministro del ejército ruso desplegado en
Ucrania.
Saludamos a los proletarios de Ucrania que tan pronto como los
primeros bombardeos comenzaron a organizar saqueos colectivos de tiendas
abandonadas por sus propietarios, supermercados y centros comerciales
como se informó en Melitopol, Mariupol, Kherson e incluso Kharkov,
planteando así la satisfacción de sus necesidades elementales de
supervivencia en contra de todas las leyes y la moral que protegen la
propiedad privada.
Saludamos a todos los proletarios, en el frente, que organizan
huelgas y se niegan a ofrecer su trabajo y sudor a la economía de
guerra, a la economía de la paz social y, por tanto, a la economía en
general, sean conscientes de ello o no.
Por último, saludamos a los proletarios, a los ferroviarios, a los
estibadores… en Europa, en Grecia, en Inglaterra… que se niegan a
transportar material militar para la OTAN a Ucrania.
Saludamos a todos los que se niegan a sacrificarse en el altar de la guerra, la miseria y la patria.
Y el día, que esperamos esté muy cerca, en que los proletarios salgan
a las calles de Moscú y Kiev, y de todas las grandes zonas urbanas de
Rusia y Ucrania, coreando a una sola voz “¡Putin y Zelenski, fuera!”,
entonces responderemos a nuestro vez, haciendo referencia a los
compañeros que blandían en las calles de Argentina hace unos veinte años
la consigna “¡Que se vayan todos!” Los Biden, los Johnson, los Macron,
los Scholz, los Sánchez, los von der Leyen, los Michel, los Stoltenberg…
todos estos hacedores de guerras y miserias… ¡y todos aquellos,
absolutamente todos, que llegan a la puerta de la alternancia política!
Pero seamos claros: sólo son intermediarios en este sistema de
prostitución generalizada que es el trabajo asalariado, la venta
obligatoria de nuestra fuerza de trabajo. Más allá de todas las personas
que encarnan la dictadura social del Capital, es sobre todo una
relación social impersonal que puede ser, es y ha sido reproducida por
cualquier elemento, burgués o proletario, cooptado para ello. Así pues,
aunque compartamos plenamente la alegría de los proletarios de Sri Lanka
que, tras derrocar al presidente en funciones hace unos días,
invadieron su palacio presidencial y se zambulleron en su piscina de
lujo, la pregunta que debemos hacernos es: cómo llevar la dinámica
revolucionaria hasta sus últimas consecuencias, cómo expropiar a la
clase poseedora y reapropiarse de nuestros medios de existencia… ¡y
sobre todo cómo no volver atrás! Aquí es donde comienza la verdadera
aventura humana…
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