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lunes, 20 de junio de 2022

LA PAZ, ES LA GUERRA

Gilles Dauvé
Junio de 2022

La paix, c'est la guerre
troploin.fr/node/104

Traducción semiautomática: Panfletos Subversivos
 

«La guerra por la paz»... «la causa de los débiles contra los fuertes»... «Crímenes contra la humanidad en el corazón de Europa... una lucha por la civilización»... «genocidio en curso en Ucrania».

La primera cita es del periódico socialista Le Droit du Peuple, y la segunda del burgués Times de Londres, ambas escritas en 1914; la tercera del Primer Ministro francés durante la guerra de Kosovo en 1999, y la última del Primer Ministro ucraniano el 9 de marzo de 2022.

Los medios de comunicación franceses nunca hablarán de la dictadura chadiana (apoyada por Francia) como lo hacen de la dictadura bielorrusa (apoyada por Rusia). Tampoco mencionarán los millones de civiles asesinados por los ejércitos francés y estadounidense en las guerras de Indochina y Vietnam, al igual que las masacres de civiles por parte del ejército ruso en Ucrania.

Hay pocas novedades en el lavado de cerebro, salvo que la propaganda se intensifica a medida que la guerra se acerca al corazón de Europa. Rusia lo niega, prohibiendo las palabras "guerra" e "invasión" (el Estado francés esperó hasta 1999 para reconocer oficialmente que entre 1945 y 1962 había librado una "guerra" en Argelia y no sólo "operaciones"). Occidente entrega eufemísticamente armas a Ucrania a través del Fondo Europeo para la Paz.

Cuando las palabras se hinchan, su significado estalla. En particular, genocidio se convierte en sinónimo de masacre, mientras que la palabra se refiere al exterminio de un pueblo como pueblo: Hitler lo hizo con los judíos, pero ni Stalin pretendía la eliminación del pueblo ucraniano a principios de los años 30, ni posteriormente Pol Pot la del pueblo camboyano. Putin tampoco pretendía eliminar al pueblo ucraniano.

Pero, antes de ser mental, la confusión está en la práctica. Si las ideologías se confunden, si todo el mundo ha podido proclamarse socialista, comunista, proletario, revolucionario (título del libro publicado en 2017 por el actual presidente de la república francesa), es porque hasta ahora los movimientos sociales no han realizado un programa que rompa con el orden de las cosas. Así que, en la mitología y el discurso político, todo vale. Como el socialismo era nacional en 1914, los nazis podían reivindicarlo como propio: el nazi es el "nacional socialista" (nationalsozialist).

Cuando nos vemos reducidos a la pasividad por luchas fallidas o desviadas, recibimos información e imágenes como espectadores de una realidad contra la que no podemos reaccionar temporalmente.

Leer completo/PDF:
https://drive.google.com/file/d/1E82OWWrp7Tp26xKgOmM8jYSI57C6E2II/view

domingo, 20 de marzo de 2022

Covid, crisis y resiliencia capitalista

Gilles Dauvé
19/03/2022
Traducción semiautomática, original en: https://ddt21.noblogs.org/?page_id=3380


En 1919, la llamada gripe española, que entre 1918 y 1921 causó la muerte de entre 20 y 50 millones de personas, apenas tuvo importancia en los debates de los delegados de todo el mundo que habían acudido a preparar lo que sería el Tratado de Versalles. A principios de 2022, el número de muertes por Covid se acerca a los 5,8 millones. Las pandemias del pasado pueden haber sido más graves (el sida se cobró 33 millones de vidas), pero sus efectos en la política mundial fueron mucho menores: fue necesario el desarrollo capitalista del siglo XX para unificar realmente el planeta.

En 2020, durante algunas semanas o más, 3.000 millones de adultos estuvieron inactivos o teletrabajaron, y 1.600 millones de jóvenes vieron interrumpida su escolarización. En lugar de lockdown (confinamiento) Adam Tooze prefiere hablar de shutdown (parada, o corte): a finales de febrero, antes de las medidas del gobierno, el flujo de capitales se había ralentizado, había un shock financiero, una caída de la bolsa, un descenso de la inversión, y las empresas cerraban o pasaban a tiempo parcial. Según Tooze, el lockdown del gobierno no precedió sino que siguió al shutdown económico, la contracción mundial del comercio y la producción fue más rápida que la que se produjo tras el crac de 1929.

Sea cual sea el momento, los Estados reaccionaron.

La salud pública sólo existe como un aspecto del orden público. El orden público enmarca lo que es necesario para que una sociedad se perpetúe, según las normas y limitaciones del lugar y la época. Hasta cierto punto, se tolera el fraude fiscal, pero cualquier ataque a un banco será reprimido. Allí se libra la "guerra contra las drogas" y en otros lugares se legaliza el consumo de cannabis. La homosexualidad (masculina) fue ilegal en Inglaterra hasta 1967: ahora es la homofobia la que se castiga en los tribunales.

La salud pública no consiste en proteger o salvar vidas de forma sistemática, como el Estado moderno no se ocupa de garantizar que todo el mundo tenga un techo o una buena alimentación. Garantizar la reproducción de la población significa prevenir y tratar las enfermedades... tanto como lo permita una sociedad basada en las relaciones de clase y los imperativos de la rentabilidad. Ante una epidemia, el objetivo número uno de una política sanitaria no es que haya el menor sufrimiento y muerte posible, sino evitar que un exceso de enfermos atasque los servicios de urgencias y reanimación. Un requisito que cada estado cumple según el nivel de orden o desorden aceptable en proporción a las capacidades y criterios socialmente aceptados en el país. En 2017, el 68% de las muertes en Nigeria se debieron a enfermedades relacionadas con la pobreza, frente al 3,5% en Alemania. En 2021, en Perú, las familias de los pacientes de Covid tuvieron que comprar ellas mismas las bombonas de oxígeno necesarias para el tratamiento. Pero incluso en un país "rico" y con un "estado social" como Francia, a principios de 2020 no se podía dar prioridad a la identificación de los infectados (por la falta de pruebas), a la protección de la población (por la falta de mascarillas), y más aún a centrarse en los individuos de riesgo, los ancianos, las personas con comorbilidades agravantes o las personas que viven fuera del sistema sanitario. La sociedad no funciona para sacrificar todos sus recursos a los débiles y vulnerables: sólo se ocupa de ellos si su situación supera un umbral socialmente aceptable (dos o tres personas sin hogar que mueren de frío cada invierno en Francia es aceptable, no decenas).

Desde el principio del confinaminto, los observadores lúcidos señalaron que la contención no serviría de mucho si no se realizaba un cribado a gran escala, una distribución masiva de mascarillas y una cuarentena de las personas infectadas.

Sin embargo, dos años después, los promotores del confinamiento se permiten decir que, al obligar a entre un tercio y la mitad de los seres humanos a permanecer en casa, durante más o menos tiempo y en distintos grados, su política sanitaria ha salvado innumerables vidas.

(Dejemos de lado aquí el hecho, igualmente incuantificable, de que, al fomentar la soledad, el desamparo, el miedo y la desesperación, el aislamiento forzado ha contribuido a aumentar la mortalidad en proporciones ciertamente elevadas.)

El verdadero éxito político de los Estados, y del capitalismo como sistema mundial, es haber afrontado una crisis sanitaria tan grave improvisando, afirmando una posición en enero para negarla en abril, jugando tanto con el miedo como con la confianza, prohibiendo o haciendo obligatorio un comportamiento un día, otro al siguiente, sin renunciar nunca a los fundamentos de esta sociedad, ni perder su poder. Las poblaciones sufrieron estos acontecimientos en un marco que no habían elegido, y recibieron la terapia social y médica que se les impuso. Al principio, el deterioro de los sistemas de seguridad social, así como una medicina avanzada que descuidaba la prevención, impidieron la aplicación de medidas de emergencia (sólo unos pocos países adoptaron tales medidas, como Corea del Sur). Entonces, con la pandemia en marcha y ganando terreno, los Estados se contentaron con presentar el aislamiento forzoso como una medida razonable: no importaba si era la mejor o la menos mala solución, ya que era la única practicable.

Esto no impidió muchas iniciativas de base -fabricación de máscaras para el propio entorno, solidaridad vecinal, etc.- pero no fueron más allá del ámbito local. En general, una población reducida a la pasividad no fue tratada, y mucho menos curada.

En condiciones tan desfavorables, ¿cómo podrían escapar a la confusión los discursos y acciones antivacunas y antipase? Los "Convois de la liberté" canadienses y franceses fueron un buen resumen de la mayoría de las ambigüedades contemporáneas, mezclando reivindicaciones colectivas, protestas individuales, eslóganes "de izquierdas" y lenguaje de extrema derecha. Allí, como en otras partes, lo que domina es una demanda de libertad disociada de lo que le daría contenido. Ser libre, personal o colectivamente, sólo tiene sentido en relación -o incluso en oposición- a otras personas y grupos. Para el empresario, la "libertad" es la posibilidad de contratar y despedir según sus intereses; para su empleado, es la posibilidad de exigir y organizarse para ello.

Algunas de las manifestaciones contra el pase son iniciadas y dirigidas por la extrema derecha, otras por los sindicatos y los izquierdistas, pero en la mayoría de ellas, la multitud no es más que un amasijo intelectual y mental de ingenuidad y agravios. Lo que destaca no es tanto la presencia de la extrema derecha como la ausencia de un mínimo de opinión algo estructurada, un vacío reconocido a menudo por los propios manifestantes en nombre de un reclamado apolitismo.

Cuando no entendemos lo que somos, tampoco sabemos qué lo provoca. El declive y el atropello de la lucha de clases desdibuja la existencia misma de las clases sociales en el imaginario colectivo. Como a los proletarios les cuesta reconocerse como lo que son, borran a la burguesía de su conciencia y de sus debates. En el mejor de los casos, el burgués es el rico, o más bien el muy rico y sobre todo el demasiado rico. En lugar de entenderlo por su función (gestionar la relación capital/trabajo en su propio beneficio), se le describe como perteneciente a una élite manipuladora, a una oligarquía que el Covid daría la oportunidad de "reiniciar" el mundo. Al no poder identificar lo que se podría actuar, buscamos nombres, y los encontramos en los participantes de Davos, los miembros de los clubes nacionales (Le Siècle) y mejor aún de los clubes transnacionales (Grupo Bilderberg).

Simétricamente, ya que tenemos que reclamar algo, es tentador aferrarse a un símbolo conveniente. "Francia", por ejemplo, se opone a los poderes elusivos. En los desfiles de los Gilets Jaunes abundaban las banderas tricolores, pero también las regionales. Los leones y las flores de lis de Picardie no expresaban la reivindicación de una Picardie política autónoma, sino que servían de referencia frente a un adversario lejano y casi inaccesible -el Estado, París, Bruselas...- que no se podía entender ni nombrar. Del mismo modo, en una ciudad de la región de Oise, durante una manifestación contra el pase en el otoño de 2021, una bandera bretona (añadida a la tricolor en la misma pancarta) no señalaba ningún nacionalismo bretón: sólo una identidad-refugio, a diferencia de las banderas políticas o sindicales, que son criticadas por ser un signo de afiliación partidista, y por lo tanto un símbolo de una división perjudicial (entre la izquierda y la izquierda, por ejemplo), una división que la tricolor evitaría al reunir a todos los ciudadanos

Es más, los propios partidos supuestamente radicales están borrando la representación de lo que se supone que encarnan. La hoz y el martillo están pasados de moda. El megáfono, símbolo de la NPA, es un instrumento de comunicación que sólo expresa el deseo de hablar en público, y podría ser el logotipo de una empresa de publicidad. La hoz y el martillo prometían un futuro de trabajo generalizado (con herramientas que ya eran antiguas: este símbolo data de 1917, y a menudo se asociaba con el arado y el martillo al principio). Una visión limitada y criticable, pero criticable precisamente porque afirmaba un contenido. El megáfono del NPA no dice nada.

La confusión intelectual y la difuminación de las líneas de visión son siempre contrarrevolucionarias. Pero es dudoso que haya más ambigüedad e incoherencia en las manifestaciones contra el pae que en las habituales marchas sindicales, de izquierda o de extrema izquierda.

El autor de estas líneas prefirió vacunarse, más por comodidad que por creer en la protección que ofrece contra el virus para él y para los demás. Frente a los modernos medicamentos y tratamientos de alta tecnología, incluso a los que tenemos conocimientos científicos sólidos nos resulta difícil decidirnos, por no hablar del ciudadano medio que carece de esos conocimientos. En Francia, el número de vacunas obligatorias para un bebé ha pasado de tres a once: ¿quién de nosotros podría decidir si son necesarias? Muy a menudo, en la práctica, es imposible e inevitable dar a la medicina un mínimo de confianza que difícilmente podríamos justificar.

Otros compañeros han optado por rechazar la vacuna Covid. Algunos ciertamente porque niegan la gravedad de la enfermedad, asimilando por ejemplo el virus al de la gripe, pero nada prueba que este punto de vista dominara entre los comunistas libertarios y anarquistas que se oponen a la vacuna y al pase. Su principal motivación es la desconfianza hacia las drogas, basada en las diversas catástrofes farmacológicas (el "escándalo de los opioides" en Estados Unidos es una de las más recientes), especialmente las vacunas anti-Covid.

Añadamos que una buena parte de los libertarios y comunistas que rechazan el pase sanitario, o incluso estas nuevas vacunas, no lo hacen por sí mismos como individuos, sino por razones políticas derivadas de lo que también consideran un interés colectivo.

Vacunarse contra el Covid no es un imperativo político de solidaridad social, de clase o humana, ni negarse a vacunarse es un gesto subversivo dirigido contra el Estado, el capitalismo y sus apoderados mediáticos. Y si esta vacunación se eleva al nivel de una cuestión de principios, se debe sin duda a la falta de otros campos de lucha en la actualidad.

A la salud pública le ocurre lo mismo que a la ecología: reparamos más o menos lo que hemos dañado, mientras seguimos sin prevenir las catástrofes climáticas y sanitarias. En nombre del bien colectivo, el Estado nos protege (a su manera y sin renunciar a su papel de garante de los intereses de la clase burguesa) a cambio de nuestra sumisión, ante el calentamiento global como ante una epidemia.

El virus no demostró nada nuevo, ni cambió nada de fondo.

La civilización capitalista no creó el SARS-CoV-2, pero ha contribuido en gran medida a ello mediante el deterioro de la biodiversidad, la deforestación, la agricultura industrial que favorece la aparición de nuevos virus y enfermedades, la circulación cada vez más amplia de personas y mercancías, y las viviendas insalubres. Después de que las primeras contenciones permitieran temporalmente al planeta respirar un poco y que el cielo se volviera azul, la crisis sanitaria no aliviará la crisis ecológica. Dejar el coche en el garaje durante un tiempo también significó vivir cada vez más con Internet y una sobreabundancia de objetos conectados. Además, el futuro del automóvil es eléctrico. Las "nuevas movilidades urbanas", repletas de electrónica, anuncian una producción y un consumo adicionales de electricidad (que, no lo olvidemos, es sólo una forma y no una fuente de energía). Ya esperamos el regreso del crecimiento virtuoso, puesto que pregresivamente se "descarboniza".. A principios de 2022, la Unión Europea concedió la etiqueta "verde" a la energía nuclear.

Más que cualquier otro sistema, el capitalismo se ve impulsado regularmente a la automutilación para rejuvenecerse. Se alimenta de sus crisis, incluso de las graves como la de 1929, a costa de una selección, incluso de una "destrucción creativa" de sus élites económicas y políticas: renueva a los que gestionan la relación capital/trabajo, las empresas y los mercados, mostrando una adaptabilidad que asombraba al principio de la Revolución Industrial y sigue sorprendiendo dos siglos después (véase, por ejemplo, la composición de la clase dirigente china, que mezcla burócratas y grandes empresarios).

El papel de los Estados es evitar los desequilibrios sociales y ecológicos excesivos y, si se producen, gestionarlos sin excesivos conflictos: con algunas concesiones temporales, lo han conseguido en la crisis sanitaria.

Si la respuesta de los proletarios a la gestión burguesa de la pandemia es limitada, es porque ya han sido golpeados antes, y una crisis (económica, política o sanitaria) por sí sola no revierte la situación.

Pero hubo luchas. Desde el principio. Por ejemplo, el 16 de marzo de 2020, una huelga en Mercedes-Benz en Vitoria (País Vasco español) para obligar a la empresa a cerrar tras detectarse un caso positivo. Al mismo tiempo, en Italia, se producen huelgas salvajes en Fiat-Chrysler. En Estados Unidos, la presión de las bases empujó al sindicato automovilístico UAW a obtener una paralización más o menos completa de la producción en GM, Ford y Fiat-Chrysler el 18 de marzo. A estas luchas les siguieron otras, casi en todos los continentes, contra la gestión de la crisis, el deterioro de las condiciones de vida y el fortalecimiento de la autoridad del Estado, no sin la confusión antes mencionada. Hubo acciones defensivas contra la falta de medidas sanitarias, y otras más ambiguas contra el pase sanitario, pues es cierto que la "desobediencia" abarca los más diversos significados: gesto puramente individual, "desobediencia civil" pacífica, acción colectiva antiestatal...

Como explicó un camarada portugués en un correo electrónico, durante las dos fases del encierro, el centro de Lisboa estuvo desierto, mientras que en los suburbios se celebraron fiestas, los católicos asistieron a misa a puerta cerrada, el Partido Comunista celebró su fiesta anual, hubo marchas en solidaridad con Black Lives Matter y los jóvenes organizaron raves en el sur. Estos comportamientos no estaban motivados por un desprecio a la salud propia o ajena, sino por un sentido de "comunidad", sea lo que sea, que prioriza el mantenimiento de los lazos sociales sobre el distanciamiento social: "Uno puede estar solo en la decisión de no vacunarse, pero reunirse con otras doscientas personas con las que se comparte una forma de identidad es una elección social y colectiva que se enfrenta a una idea abstracta de sociedad. Sería un error suponer que se trata simplemente de niños pequeños y estúpidos: no lo eran. Eran activistas del PC y católicos, pero también inmigrantes brasileños y caboverdianos.”

El mundo no se limita a este ejemplo, hay muchos otros, y estas disparidades no son sorprendentes: dos años de pandemia no han paralizado a las poblaciones, ni han puesto fin a las luchas, ni han disipado el equívoco y la incertidumbre reinantes. En general, una resistencia múltiple no ha impedido a los gestores de este mundo mantener el control de la situación. A menos que ocurra algo en un futuro próximo que no podamos prever actualmente, el capitalismo como sistema social y político mundial saldrá fortalecido de la crisis de Covid. Lejos de estar moribundo, a pesar de sus contradicciones, este sistema se mantiene unido tanto por su fuerza de inercia como por un desarrollo siempre acelerado, destructivo y catastrófico, pero sería un error negar su dinámica persistente.

Una "crisis" es un momento decisivo, un punto de inflexión en una enfermedad, un momento incierto que nos obliga a tomar decisiones, que no son necesariamente las de una ruptura. Fracturas, inestabilidades, contradicciones... no faltan, pero la verdadera vulnerabilidad de nuestras sociedades proviene de lo que las impulsa: la relación capital/trabajo asalariado. Lo que ocurra después dependerá de los proletarios.

Mientras tanto, es importante distinguir entre lo que está fuera de nuestro control y lo que está bajo nuestro control. Philip K. Dick escribió que "todos los gobernantes tienen un cierto aspecto ficticio que, en definitiva, forma parte de su maquillaje escénico" (La Penúltima Verdad, 1964). La pandemia actual tiene su materialidad, sus millones de muertos, su aumento de la miseria, pero también proyecta sus ficciones, sus mitos, sus ilusiones, y es mejor no confundir la realidad con la ficción.

G. D., marzo de 2022.



Lecturas

Adam Tooze, The Shutdown: An Economic History of Covid, 2022. Bien investigado, con las limitaciones inherentes a la historia inmediata. Del mismo autor, se recomiendan los estudios sobre la economía del Tercer Reich (Le salaire de la destruction : Formation et ruine de l’économie nazie, 2012), y de los años 20 (Le Déluge : 1916-1931: Un nouvel ordre mondial, 2015). Libros publicados por Belles Lettres.

Tristan Leoni y Céline Alkamar, Whatever it takes. Quoi qu’il en coûte. Le Virus, l’Etat et nous, abril de 2020 (primera y segunda parte):

Gilles Dauvé., Virus, le monde d’aujourd’hui, septiembre de 2020 [Hay traducción: https://hacialavida.noblogs.org/virus-el-mundo-de-hoy-guilles-dauve-septiembre-2020]

Anthithesi/Cognord, La réalité du déni et le déni de la réalité, septiembre de 2021.
Muchas buenas ideas. Por desgracia,
acompañadas de un gran defecto. Este texto razona como si un cierto número de medidas fueran de hecho tan indispensables que todos los que cuestionan o rechazan el confinamiento, las vacunas o los pases sanitarios deben ser considerados como movidos por "una adhesión acrítica (y a veces inconsciente) a las teorías reaccionarias de la conspiración protofascista". Una amalgama abusiva. Se puede criticar el antifascismo sin ser complaciente con el fascismo. Se puede criticar el sionismo sin ser antisemita. Del mismo modo, se puede hablar de los Grandes Negocios (incluyendo la Gran Farmacia) sin creer que uno o varios comités semiocultos mueven los hilos de la política mundial. Además, hay que desconfiar de palabras como "conspiración" y "complot", que a menudo dicen más sobre la persona que las utiliza que sobre aquello a lo que se supone que se refieren.
¿Fueron Karl y Friedrich conspiradores cuando escribieron que
"el gobierno moderno es sólo un comité que administra los asuntos comunes de toda la clase burguesa"? (Manifiesto Comunista, 1848)? [Hay traducción: https://antithesi.gr/?page_id=955]

Sobre la imposible autorreforma ecológica: Pommes de terre contre gratte-ciel, incluyendo « Le Capitalisme ne sera pas écologique » , noviembre de 2020.

martes, 13 de octubre de 2020

Virus, el mundo de hoy

Gilles Dauvé
22 de septiembre 2020

Traducción: Vamos Hacia la Vida (Chile)


1 / ENFERMEDAD DE CIVILIZACIÓN
1.1 / Morimos como hemos vivimos
1.2 / Cronología de una gestión por expedientes
Primer momento: Advertencia
Segundo momento: Negación
Tercer momento: La gestión sanitaria tiene prioridad sobre la economía
Cuarto momento: De vuelta al trabajo —casi— como siempre
1.3 / “¡Y bien! La guerra”
2 / CADA CUAL SEGÚN SU CAPITALISMO
3 / “ME VEO OBLIGADO A ADMITIR QUE TODO CONTINÚA”…
3.1 / Preservar el status quo
3.2 / Tres semanas ganadas para el planeta
3.3 / Aceleración
3.4 / ¿Habrá una vida sin Internet?
4 / BALANCE Y PERSPECTIVAS
4.1 / Distanciamiento  
4.2 / Hipótesis

https://hacialavida.noblogs.org/virus-el-mundo-de-hoy-guilles-dauve-septiembre-2020

martes, 16 de agosto de 2016

Las dudosas virtudes de la propaganda: «Tierra y Libertad» de Ken Loach

Gilles Dauvé, 2014

Tierra y Libertad tiene una gran reputación en ámbitos militantes. El propósito de este material no es el de cuestionar esa reputación desde el punto de vista de un crítico de cine: el objetivo en este caso serán las cuestiones políticas y teóricas.

Tampoco nos centraremos en las cuestiones estéticas. Algunos favorecerán la ambigüedad en el arte, alejándose de novelas con un mensaje, creyendo que es con nobles sentimientos que la mala literatura se escribe (y probablemente la mala teoría también). Otros despreciarán el “arte por el arte”, y preferirán la ficción que relate hechos sociales sin tener grandes pretensiones.

No entraremos en esos debates. Esto es sólo sobre Tierra y Libertad, no sobre la filmografía de Ken Loach ni sobre sus posiciones políticas.

Primero, un breve resumen para aquellos que puedan no haber visto la película (estrenada en 1995).

Casi toda la narrativa es un racconto. Una joven mujer descubre el pasado de su recientemente muerto abuelo, David. En la década del 30, David, un joven trabajador, y miembro del Partido Comunista de Inglaterra, va a España a luchar contra Franco. Aunque originalmente su intención era integrar las Brigadas Internacionales, termina encontrándose en una pobremente equipada milicia del POUM en el frente de Aragón, junto a hombres y mujeres, voluntarios de toda Europa. Una de ellas es Blanca, una ardiente defensora del POUM. David se siente atraído hacia ella.

Cuando resulta herido, David va a Barcelona, donde se une a las Brigadas Internacionales. En mayo del 37, cuando el Estado republicano, apoyado por los stalinistas finalmente recupera el control de la ciudad y se libra de los elementos radicales, David primero toma el lado de las fuerzas gubernamentales, hasta que eventualmente rompe el carnet del partido y vuelve a su vieja compañía.

La milicia del POUM, mientras tanto, está en graves situaciones. Las Brigadas Internacionales primero le niegan cualquier apoyo militar, para luego forzar a que se desbanden (el POUM había sido prohibido acusado de agente del fascismo). En la lucha entre estas, Blanca es muerta a balazos.

Volviendo al presente en Inglaterra, en el funeral de David, vemos a sus viejos camaradas de armas en España. La película termina con un saludo con el puño en alto.

Como mostramos en este resumen, la película desarrolla eventos de gran importancia histórica pocas veces vistos en pantalla. Casos similares, como el film de Sam Wood, Por quién suenan las campanas, hecho en 1943 cuando Rusia y Estados Unidos luchaban juntos frente a Hitler, presentó al campo antifascista como un frente unido, en sintonía con la novela de Hemingway que inspiró la película. La temática de Tierra y Libertad es una que raramente se trata en el cine.

El problema es que, en vez de problematizar e instar al debate crítico sobre esos eventos, los narra de una manera en la cual fuerza conclusiones sobre nosotros como si fueran autoevidentes, y en última instancia evade el debate político.

Esto no quiere decir que el film carezca de debate. Todo lo contrario. Una de las escenas más largas (12 minutos) de la película, y una de las más importantes, según Loach mismo, describe una discusión sobre la colectivización de la producción en un pueblo liberado por la milicia del POUM. ¿Debe la colectivización darse inmediatamente o no? Un estadounidense argumenta que la guerra contra Franco debe ser prioritaria, y recomienda a los pobladores que no tomen medidas radicales que impidan que las democracias capitalistas apoyen a la República en su esfuerzo antifascista. En cambio, un voluntario alemán propone que la guerra y la revolución deben ir de la mano. La reunión eventualmente se decanta por la colectivización.
Esta escena está claramente en el núcleo de la cuestión.

Mirar un film, sin embargo, es diferente a leer y elegir posiciones políticas sobre papel. El observador se enfrenta a una pantalla: los personajes actúan en una sucesión de escenas, y la forma en la que cada escena toma relevancia depende de qué ha sido mostrado antes y después al espectador. En este caso, la discusión “guerra versus revolución” o “guerra más revolución” tiene sentido solo en relación con la totalidad de la trama, y especialmente con la escena donde el conflicto entre la milicia y el ejército regular explota en violencia y sangre. Ciertamente, la oposición entre esos dos grupos es central para la película: por ende, la impresión y el recuerdo que nos queda proviene directamente de la manera en la que son caracterizados.

Por un lado, la milicia del POUM se nos muestra como llena de vida y cálida. Una unión fraterna, donde cada miliciano tiene y mantiene su personalidad. También las milicianas, ya que no es una milicia excluyentemente masculina. Blanca no es solo bonita, cumple una función importante, política y emocionalmente. Por el contrario, en Por quién suenan las campanas, el personaje principal femenino, María, es una víctima, no una protagonista activa. Por el otro lado, el ejercito republicano, ahora “profesional”, es caracterizado como una masa de brutales y no diferenciables uniformados. Entre sus oficiales, observamos al americano que veíamos argumentar contra la colectivización.

Como todo el drama está visto (y narrado) desde los ojos de un buen muchacho, somos llevados a identificarnos con un grupo (el grupo al que este muchacho pertenece), y contra el otro: un poco debido a lo que estos grupos representan y mucho más debido a como lucen.

Imaginémonos un film soviético antitrotskista hecho a fines de los 30 (los stalinistas denunciaron al POUM como trotskista, lo cual no era: Trotsky fue abiertamente crítico hacia el involucramiento del POUM en el Frente Popular). Nos mostrarían por un lado a un pelotón de las Brigadas Internacionales donde socialistas, comunistas y demócratas pelearían como hermanos. Nos encariñaríamos con tres o cuatro de ellos, de diferentes países, con diversos pasados y personalidades, con algunos roces menores que se resolverían hacia el fin. Los veríamos peleando, cocinando y divirtiéndose. Gente decente y elocuente.

Del otro lado, se nos presentaría a una banda salvaje armada, incapaz de tener una conversación política coherente. Si el guionista se preocupara por la caracterización, nos mostraría a uno de ellos emborrachándose, a otro mirando el reloj que le robó a un burgués y a un tercero escapando con el dinero del grupo.

Con la misma lógica que en Tierra y Libertad, solo que de forma invertida, la historia nos sería contada desde las memorias de un joven e inocente trabajador. Hacia el principio tendría inclinaciones anarquistas pero, mientras la trama se va desarrollando, se convertiría gradualmente en amigo del camarada Stalin. En resumen, el primer grupo sería imbuido de lo que reconocemos como las virtudes de la humanidad, el segundo con los signos de la malicia. ¿Por quién sería llevado a simpatizar el espectador? Esto sería Tierra y Libertad invertida: Propaganda stalinista en lugar de antistalinista.

Lo malo de la propaganda no es solo que nos miente. Los propagandistas además nos mantienen pasivos: presumen que nos dan alimento para nuestro pensamiento, pero solo nos dan basura preprocesada.

La publicidad y la propaganda tienen mucho en común. Aunque la propaganda suele lucir pobre y cruda en comparación a las habilidades imaginativas de los spots publicitarios, los propagandistas usan técnicas similares. Un comercial de TV liga el producto que promociona con la imagen de algo que al potencial comprador se sabe de antemano que le gusta: un auto se mostrará junto a una familia feliz, comida para mascotas con un alegre gato jugando, una loción corporal con una modelo de pasarelas, etc. Funciona bajo el principio de la manipulación emocional. Asimismo, la propaganda nos da un signo positivo hacia lo que quiere que creamos, y uno negativo hacia lo que deberíamos rechazar. Esto es lo que la oposición milicia/ejército es en esencia en Tierra y Libertad: una confrontación entre los buenos y los malos.

En los 70, algunos críticos de cine atacaron a lo que denominaban ficción de izquierdas. Este género consistía en tomar prestados los códigos del cine mainstream para aplicarlos a otros de contenido antiburgués o antiestablishment. Como en los filmes detectivescos, el investigador iría desnudando la trama de un crimen, solo que esta vez el perpetrador sería un criminal social o político. El personaje principal, un buen hombre aunque con sus contradicciones, sería un periodista de investigación, un trabajador, un policía honesto, un “hombre de la calle”, haciendo lo mejor que puede contra los militares fascistas, un violador, policías racistas, un político corrupto o un patrón explotador. Como en una moderna moralidad (género teatral), los personajes personifican actitudes y grupos, y el protagonista principal representa a la humanidad (por ende a la audiencia) y actúa en su lugar. Mientras la trama se desarrolla, el héroe y el espectador desenmascaran la indecencia y la infamia de la sociedad actual. En ocasiones el film logra esto aun sin una búsqueda ni un héroe: la moral implícita de la historia es tan clara que no hay necesidad de corregir lo malo. 

Aquí hay dos buenos ejemplos:

Z (1969): en un país no especificado (aunque todos entendemos que se trata de Grecia), un obstinado juez da luz sobre el asesinato de un primer ministro de izquierda por oficiales del ejército. La confesión (1970): en 1952, un ministro del gobierno checo es arrestado bajo cargos falsos y obligado a confesar.

Ambas fueron dirigidas por Costa–Gavras e inspiradas en eventos reales (en La confesión está el juicio montado narrado luego por Artur London). Ambas fueron grandes éxitos comerciales y de crítica. Una atacaba a los fascistas, la otras a los stalinistas.

Pero, ¿cuánto clarificaron estas bien hechas películas acerca de la dictadura de los coroneles en Grecia entre 1967–1974 o sobre los regímenes burocráticos en Europa Oriental? Poco o nada, ya que el desarrollo histórico se reduce a una lucha entre héroes y villanos.

El lector objetará que Ken Loach dista mucho del mainstream Costa–Gavras: ¿no está su cine guiado por una perspectiva de clase? De acuerdo, pero hay mucho más que el análisis de clase. Las ideas que subyacen en un film, y más aún el punto político que trata de desarrollar, solo existen en relación a la forma en que su escritor o director nos la muestran. Siempre que el arte esté involucrado, la forma importa como mínimo igual que el contenido. Para entender integralmente la significancia histórica de Dickens o Zola, uno no puede contentarse solo con entender sus explicitas “ideologías”, también debemos interiorizarnos en la forma en que esos autores populares logran construir su apoyo y aprobación. ¿Cómo se relacionan con el lector? ¿Cuánto lo dejan situarse a sí mismo en la lectura? De hecho, autores como Zola o Dickens usan códigos y patrones que dejan muy poco espacio a una crítica distante y reflexiva. Lo que es claro en los libros se aplica aún más en las películas, ya que el cine apela más directamente a los sentimientos y emociones que otras formas de arte, puesto que su capacidad de manipulación es mayor.

Tierra y Libertad hace un gran uso de eso. Para enviar su mensaje a la audiencia, Ken Loach envía las señales adecuadas. Es cuidadoso al no presentarnos a un protagonista que entiende todo desde el principio. David va a España como un dedicado pero crédulo antifascista, con una creencia ingenua en el PC y la Unión Soviética. Es lo que millones de trabajadores en todo el mundo solían ser, ingenuos tal como quizás lo es el espectador promedio de la película. Solo paso a paso y tras dolorosas experiencias, incluyendo la perdida de la mujer que ama, podrá ver la verdad que nosotros los espectadores reconocemos gracias a él. España habrá sido una tierra de iniciación tanto para David, como al mismo tiempo para nosotros.

El problema es que nuestra conciencia no se genera al analizar y criticar diferentes opciones y posiciones. Ya que todo nos hace identificarnos con David, con sus sucesivas actitudes, sus dudas y sus certezas finales, se nos deja solo con una forma de pensar. Además, y como en muchas otras películas, el proceso por el cual empatizamos es más efectivo cuando nos podemos identificar con un individuo que dista de ser el prototipo de héroe de acción, que luce y actúa como tú y yo. El antihéroe es la forma más común de héroe de nuestros días, sea que prefieras a Loach o a George Lucas.

Algunos amigos me han dicho: «Tierra y Libertad puede tener sus debilidades, pero tiene el considerable mérito de mostrarnos los conflictos que existieron dentro del bando republicano, especialmente las revueltas de mayo del 37, en un film destinado a una audiencia masiva: por ende, ayuda a clarificar históricamente e incita al observador a aprender más por sí mismo». Este argumento esta errado por una serie de razones.

Primero, hacer conocer los eventos de mayo de 37 tiene una diferente significancia en 1937 que 70 años luego. Orwell, cuya experiencia en España fue similar a la de David, tuvo una gran dificultad para ver su libro Homenaje a Cataluña publicado. Algunas de las 1500 copias publicadas en 1938 todavía no habían sido vendidas cuando una segunda edición salió en 1951. Cuando Orwell murió en 1950, solo había una sola traducción (en italiano). La edición americana apareció solo en 1952, la francesa en 1955. Desde entonces, el libro se ha convertido en parte del trasfondo cultural de gran parte de las personas políticamente involucradas o educadas de occidente. Solo el seguidor de Ken Loach puede tener conocimiento previo de las luchas “intestinas” o “fratricidas” entre stalinistas y anarquistas durante la guerra civil. Es cuando menos dudoso que el film esclarezca algo al espectador promedio. A él se le muestra un conflicto entre protagonistas que permanecen extraños. POUM, CNT, trotskistas, comunistas, ¿Qué significa todo eso? Y ¿Qué diferencia hay entre comunistas y stalinistas? Todo lo que el espectador recordará es que los derrotados (POUM y anarquistas) tenían la razón pero que eso no fue suficiente para hacer algo con ella, y que los stalinistas ganaron… hasta que Franco ganó. Afortunadamente la historia ya pasó de página: el totalitarismo ya terminó, en sus versiones fascistas y stalinistas. Franco está muerto y también lo está la URSS (una vez más y en relación a la diferencia entre comunismo y stalinismo, continua la confusión, el stalinismo se muestra simplemente como una mezcla de autoritarismo, militarismo, decepción y mentiras). Las escenas de lucha callejera de mayo del 37 tampoco nos aportarán mucho.

En segundo lugar, ¿Qué es lo que podemos entender al identificarnos con una forma de bien frente a una del mal? Si tomamos la lección seriamente, debemos prepararnos para pelear (incluso en una guerra) contra un enemigo caracterizado como un villano absoluto, contra quien cualquier medio, aún aquellos que suelen verse como inaceptables, como la tortura o los asesinatos extrajudiciales, aparecerían como un mal menor. Cuando lidiamos con aquellos que hacen volar a inocentes en una estación del subterráneo, todo parece permitido. «Un terrorista es alguien que tiene una bomba pero no una fuerza aérea», escribía William Blum. Ken Loach ciertamente no apoya la “Guerra contra el terrorismo”, pero la lógica binaria de Tierra y Libertad es compatible con cualquier versión de malmenorismo.

Tercero y más importante, el film elude las cuestiones políticas importantes de la guerra en España:
Básicamente, para la Izquierda comunista (principalmente para la “italiana” pero también para la “germano–holandesa”) desde el momento en que los proletarios aceptaron combatir al fascismo bajo el liderazgo del estado democrático, estaban perdidos de dos formas distintas, primero perderían las victorias y reivindicaciones que habían obtenido de la burguesía hasta el momento, y luego perderían la batalla militar antifascista. La posición de la izquierda comunista fue y continúa siendo la de una pequeñísima minoría.

Sin embargo, si uno no toma esta posición, si uno cree que Franco solo podría ser destruido por la acción de una fuerza armada efectiva, apoyada por todas las tendencias democráticas de la población, incluyendo a la burguesía, entonces ¿quién está en lo correcto? ¿La pequeña milicia del POUM cuya única fuerza se deriva de su experiencia proletaria y su actividad insurgente? ¿O una fuerte y estructurada maquinaria militar, popular y moderna al mismo tiempo, que no tiene miedo de hacer uso de la disciplina, ni de incorporar oficiales conservadores siempre y cuando luchen por la república contra el fascismo?

Tierra y Libertad no se posiciona respecto a esa cuestión. De hecho no se posiciona en prácticamente nada, solo nos hace sentir empatía por la gente común frente a los poderosos. No esta mal… pero no hace nada por expandir nuestra conciencia.

Este no es el lugar para proponer otra versión de la historia. Digamos solamente que en 1937, cuando la contrarrevolución prevaleció en todo el mundo, incluyendo en España, buscar una forma revolucionaria de luchar contra el fascismo era como intentar cuadrar el círculo. La victoria del ejército regular contra las milicias, y finalmente su derrota contra Franco, eran inevitables. Como escribió Orwell unos años después:
«Las milicias del gobierno español durante los primeros seis meses de la guerra —el primer año en Cataluña— eran un ejército genuinamente democrático, pero eran un tipo primitivo de ejército, solo capaz de acciones defensivas (…). Pero si se quiere eficacia militar en el sentido tradicional, no hay forma de escapar del soldado profesional, y mientras que el soldado profesional este en control, él se encargara de que el ejército no sea democratizado. Y lo que es verdad entre las fuerzas armadas también lo es de la nación como un todo: cada aumento de la fuerza de la maquinaria militar significa más poder para las fuerzas de la reacción» (Democracia en el ejército británico, septiembre de 1939)

Un ejército democrático no es a lo que apuntamos. Además, las milicias no eran tan “primitivas” como Orwell sugiere. Cualquiera sea el caso, el film de Ken Loach ni acuerda ni desacuerda. Esquiva el asunto. El problema de Tierra y Libertad es que nos deja con la impresión de que más allá de las condiciones de la época (con un estado burgués con las riendas del poder), las milicias como la que caracteriza el film pudieran haber resistido contra Franco.

Tierra y Libertad no es criticable porque sea un film con un mensaje, sino porque pretende educarnos mientras nos entretiene con verdades masticadas. Su hilo narrativo no es tan diferente de la típica producción de Hollywood con sus buenos chicos, sus loquillos, su muchacho honesto que entra en la adultez, pierde la inocencia y un poco el rumbo hasta que vuelve a la senda correcta. Todas estas características de la ficción mainstream se encuentran en Tierra y Libertad, sin olvidar a la inteligente y bella chica que muere por el héroe: la muerte trágica de Blanca es el paso final en la ruptura de David con el stalinismo. El film piensa por nosotros. Nos muestran a un héroe positivo que sirve de ejemplo para nuestra propia conducta. David aprende su lección duramente en 1937, la narración de su toma gradual de conciencia, su pérdida de ilusiones acerca del PC, nos instruirá 60 u 80 años después. Todo se nos muestra a través de los ojos de David, cualquier otra ventana a la realidad está cerrada para nosotros. David se enfrenta a una sucesión de elecciones que son de hecho impuestas sobre él, y estamos atados a suscribir a sus (forzadas) decisiones ya que cada miembro de la audiencia se identifica con él. De hecho, ese es exactamente el propósito de focalizar todo en un héroe positivo (un observador crítico debería de rechazar el film en su totalidad, así como un fanático stalinista… pero estas son especies en extinción). En lugar de tomar control de su comprensión, el espectador se ve empujado a permanecer pasivo.

Aunque pueda ser interesante hacer un análisis de otros films de Ken Loach (incluyendo sus documentales), este texto no es sobre él en general, es tan solo una pequeña intromisión en la práctica de la propaganda. (Por ejemplo, si el método usado en Tierra y Libertad también puede ser visto en El viento que mueve la cebada (2006), no lo es así en Miradas y sonrisas (1979))

La autonomía —tanto individual como colectiva— no es claramente la llave para todo, pero es una condición necesaria en una lucha consistente para la emancipación humana. Por ende, no puede haber ninguna actividad de propaganda “útil”. La autoempoderación es incompatible con el control de las emociones, los héroes positivos, los modelos a seguir, y las conclusiones inducidas. Nada es obvio. La alienación no puede combatirse con medios alienados.


Original extraido de: http://www.troploin.fr/node/82

Traducido por la Biblioteca Ghiraldo (Argentina) para el ciclo: «A 80 años de la Revolución Social en España», realizado entre julio y agosto de 2016. En PDF

miércoles, 27 de julio de 2016

Rojava: realidad y retórica

Traducido por A.K. y Agintea Hausten. Publicado originalmente en Troploin en febrero de 2015


Cuando la gente (N. del T.: ‘proletarios’ en la versión francesa resumida) toma sus problemas en sus propias manos para sobrevivir, se abre la posibilidad de un cambio social. Lo que ha estado ocurriendo en Rojava desde 2012 es un intento de cambio social, especialmente debido al rol que han jugado las mujeres.
Los kurdos están forzados a escribir su propia historia bajo condiciones en las que sólo pueden incidir en la vorágine de una guerra civil internacionalizada, una situación bastante alejada de un escenario ideal para la emancipación.

  • De la nación sin Estado a la construcción nacional
  • Autodefensa
  • La nación tiene un nuevo rostro
  • “La construcción de una nación democrática”
  • ¿Un pueblo sin clases?
  • ¿El poder para el pueblo?    
  • Mujeres armadas
  • Llamada a las armas
  • Radicalismo mainstream
  • ¿Qué critica al Estado?
  • Perspectivas

G.D. & T.L.

 
   

miércoles, 18 de febrero de 2015

¿Kurdistán?

«Hay períodos en los que uno no puede hacer nada, salvo no perder la cabeza.» (Louis Mercier-Véga, La Chevauchée anonyme)

Cuando los proletarios se ven obligados a encargarse de sus propios asuntos para asegurar su propia supervivencia, abren la posibilidad de un cambio social.

Los kurdos se ven forzados a actuar en las condiciones en las que se encuentran, y que intentan crear para sí en el marco de una guerra internacionalizada poco favorable a la emancipación.

Nosotros no estamos aquí para «juzgarlos», ni tampoco para perder la cabeza.
  • Auto (defensa)
  • ¿Revolución democrática?
  • Nuevo nacionalismo
  • Otra vida cotidiana
  • Una estructura social idéntica
  • Soldados
  • A las armas
  • Libertario
  • ¿Qué crítica del Estado?
  • Perspectivas   
    


G. D.& T. L.
Traducido y corregido por Editorial Klinamen a partir del original francés.