Mostrando entradas con la etiqueta antifascismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta antifascismo. Mostrar todas las entradas

viernes, 1 de julio de 2022

¿Qué es eso del antifascismo revolucionario?

Agustín Guillamón
Barcelona, julio de 2022

 

Al hilo del tiempo

AYER

Amadeo Bordiga abordó el tema del fascismo en numerosos artículos, entre 1921 y 1926. El fascismo era el problema número uno que el PCd´I debía afrontar en su acción durante estos años.

Ante todo, para comprender las tesis de Bordiga sobre el fascismo, es preciso diferenciar su pensamiento de la ideología antifascista.

Para el antifascismo, el fascismo se caracteriza esencialmente por la supresión violenta de la legalidad y las libertades políticas democráticas. Para Bordiga, dentro de la más pura ortodoxia marxista, el uso abierto de la violencia no caracteriza nada. La violencia en sí carece de significación precisa. Lo importante es analizar y concretar qué clase utiliza la violencia contra qué otra clase. Para Bordiga, el abecé más elemental del marxismo enseña que, en toda sociedad dividida en clases, la clase dominante ejerce la violencia para someter a la clase dominada.

Bordiga consideraba que la ideología que caracteriza el fascismo como una regresión a formas precapitalistas es ajena a la teoría marxista.

Las formas políticas no varían con la moda, sino que vienen determinadas por el conjunto de relaciones sociales imperantes, y su evolución depende no del azar, el capricho o la voluntad, sino del desarrollo económico y social de esa sociedad, esto es, de los cambios que se operan en esa estructura de relaciones sociales en su contacto con los acontecimientos históricos.

En el pensamiento de Bordiga, la aceptación por el proletariado de la ideología antifascista suponía defender la democracia, renunciando a sus intereses de clase, o lo que es lo mismo, renunciando a afirmarse como clase revolucionaria.

Así pues, la antítesis democracia/fascismo, para Bordiga era falsa. Democracia y fascismo no se oponen, sino que se complementan: esta sería una tesis fundamental y distintiva, no sólo para Bordiga, sino para la Fracción de Izquierda comunista italiana en los años treinta.

Tanto fascismo como democracia son, en los artículos de Bordiga, métodos de dominación de la gran burguesía, orientados al mantenimiento de las relaciones sociales de producción capitalistas.

Bordiga, abandonando las definiciones e ideas fetichistas del capital, esto es, el capital como cosa, ya sea dinero, fábricas, etc., retomaba la definición marxista del capital, definido como una relación social de producción, y precisamente aquella que se establece entre una clase social, caracterizada por su libertad (libertad para vender su fuerza de trabajo), y aquella otra clase social caracterizada por ser compradora de fuerza de trabajo asalariada.

Partiendo de la definición marxista del capital, Bordiga afirmó que la clase dominante, es decir, la caracterizada por comprar fuerza de trabajo, se servía alternativamente (o al unísono) del método democrático y/o del método fascista de dominación, para mantener vigentes las relaciones sociales de producción capitalistas, es decir, la compra-venta de fuerza de trabajo en un mercado regido por la ley de la oferta y la demanda.

Que la clase capitalista dominante recurrirse al método democrático o al método fascista no dependía de una opción ideológica; no era un acto voluntario, sino que dependía del grado de maduración de los conflictos sociales.

El método más hábil, el que dio mejores resultados en la Italia de 1920-1925, fue el empleo conjunto de la violencia fascista, alentada y apoyada desde las instituciones democráticas, junto al arma sutil y paralizante del reformismo social y la defensa de las libertades democráticas y la legalidad burguesa, como objetivo propuesto al movimiento obrero.

El fascismo no era para Bordiga una regresión hacia formas políticas precapitalistas, ni tampoco una forma política incompatible con los postulados democráticos, sino una contrarrevolución preventiva para conjurar la amenaza revolucionaria del proletariado.

Bordiga y sus partidarios en la dirección del PCd´I extrajeron sus tesis de la experiencia histórica vivida día a día por el proletariado en Italia.

Obra de la democracia parlamentaria fue la represión durante el bienio rojo de los movimientos populares surgidos a causa de la crisis económica de postguerra: inflación, reconversión industrial y paro, que golpearon duramente las condiciones de vida de la clase obrera.

Las milicias fascistas no intervinieron decisivamente sino con posterioridad a la liquidación del movimiento de ocupación de fábricas de septiembre de 1920, al final del bienio rojo.

El arma más eficaz, utilizada por Giolitti en la desmovilización del movimiento revolucionario, fue la CGL y el PSI, es decir, el reformismo sindicalista y socialista.

El Estado democrático, en colaboración con la socialdemocracia, había creado las condiciones para la aparición de un tercer factor contrarrevolucionario: las escuadras fascistas.

Su misión no fue la de aplastar un movimiento revolucionario, ya vencido por la represión del Estado democrático y el colaboracionismo del socialismo reformista, sino impedir su rebrote.

Un rasgo esencial del fascismo, para Bordiga, era su raíz industrial, y por tanto negaba el carácter de reacción feudal del movimiento fascista.

Bordiga afirmaba que el fascismo había nacido en las grandes ciudades industriales del norte de Italia, como Milán, donde Mussolini fundó los fascios en 1919. De ahí la temprana financiación del fascismo por parte de los grandes industriales, así como la aparición del Fascio como un gran movimiento unitario de la clase dominante. Su implantación en las grandes y ricas regiones rurales de Emilia-Romaña, anterior incluso al dominio de las grandes ciudades industriales, se produjo precisamente en las zonas rurales caracterizadas por una agricultura avanzada, plenamente capitalista, como la imperante en el Valle del Po. La gran burguesía terrateniente de Emilia-Romaña dio su total apoyo al fascismo, que apenas si tuvo eco en el atrasado sur de Italia.

Todavía fueron precisos dos años de auténtica guerra civil (1921 y 1922), la preciosa colaboración del socialismo reformista y la traición del sindicalismo de la CGL, para que el fascismo pudiera dominar los grandes centros industriales del norte de Italia. Pero una vez conseguido esto, tras el fracaso de la huelga general de agosto de 1922, la Marcha sobre Roma se convirtió en puro trámite.

Trámite en el que Bordiga no dejó de subrayar la toma democrática del poder por los fascistas, con el voto favorable de todas las formaciones políticas liberales y democráticas existentes entonces en el Parlamento.

HOY

Pasados cien años de la publicación de los artículos de Bordiga sobre el origen y auge del fascismo en Italia, podemos afirmar, sin duda alguna, que el antifascismo ha sido la peor consecuencia histórica e ideológica del fascismo y es. hoy, el último baluarte teórico del capital.

La esencia del antifascismo radica en promover la lucha contra el fascismo, fortaleciendo la democracia. Esto es, no apoya la lucha contra el capitalismo, sino sólo contra su forma fascista. No lucha por destruir el capitalismo, no lucha por la revolución proletaria, su objetivo es la caída del fascismo para restablecer la democracia burguesa.

El antifascismo conduce a la lucha por una opción burguesa, excluyendo toda alternativa revolucionaria y anticapitalista. Y esa exclusión es precisamente la función contrarrevolucionaria del antifascismo.

No existe un antifascismo revolucionario, más allá de la vacua retórica de un confuso oxímoron. El antifascismo siempre es democrático e integrador, nunca es antisistema, y siempre es objetivamente contrarrevolucionario.

Otra cosa es la imagen deforme y falsa que los militantes antifascistas creen y difunden de sí mismos como gallos peleones con un terrible espolón, cuando solo son desplumadas aves de corral, listas para ser degolladas y arrojadas al caldero.

miércoles, 2 de marzo de 2022

Ucrania y Rusia: ¿Nazis contra el fascismo?

por Julio Cortés
02/03/2022, Chile


“Nazis contra el fascismo” fue el provocativo nombre de una banda punk inglesa de fines de los 70 que en su brevísima existencia hizo un solo disco (“Sid did it”, 1979[1]). En su momento el absurdo nombre se explicaba como una broma en relación a los festivales de Rock contra el Racismo organizados por la Liga Antinazi, y replicados por la extrema derecha bajo la etiqueta de Rock contra el Comunismo.

¿Por qué será que en 2022 este nombre ya no me parece tan absurdo? Tal vez porque en menos de un trimestre hemos vivido dos grandes explosiones de retórica “antifascista” que nos tiene viendo distintos tipos de nazis y fachos por todas partes.

Primero en Chile, cuando tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales cuyos resultados fueron liderados por José Antonio Kast, el grueso de la izquierda (amarilla, roja, lila e incluso negra) llamó a “derrotar al fascismo” votando por el candidato Boric, a pesar de que hasta ese momento los “octubristas” no le podían perdonar su firma a título individual en el Acuerdo del 15 de noviembre de 2019, mediante el cual la clase dominante retomó el control que habían perdido durante un mes entero de insurrección en todo Chile.

En uno de los pocos diagnósticos lúcidos de esos días se da en el clavo cuando se dice que “a contra corriente del pensamiento popular, no fue su ‘fascismo’ lo que le impidió captar más votos a Kast, sino todo lo contrario: la falta de él. En primer lugar, el discurso de Kast no contó para nada con elementos revolucionarios y populares propios del fascismo histórico que pudieran enganchar con algún sector indeciso del proletariado —al cual necesita ganarse para imponerse democráticamente—, y en segundo lugar, no logró trascender el esquema político tradicional aferrándose a su pinochetismo clásico con un carácter claramente burgués, lo que al igual que en las elecciones del Apruebo/Rechazo se reflejó bien, por ejemplo, en el mapa del voto en las comunas del gran Santiago”[2].

La gran paradoja es que, si bien sabemos racionalmente que Kast tenía tanto de fascista como Boric de comunista, las campañas y votantes de cada candidato se movilizaron afectivamente en base al miedo al fascismo, por un lado, y al comunismo por el otro.

En fin, el miedo al fascismo se pasó la misma noche del 19 de diciembre de 2021 en medio de masivas celebraciones, a pesar de que el bando derrotado obtuvo el 44% de los votos (porcentaje que nunca obtuvieron ni Mussolini ni Hitler, que en su mejor momento electoral bordeaban el 32% y el 38%), y del apoyo al mal menor se dio paso intempestivamente a una verdadera e insoportable “Boricmanía”, que aún está lejos de terminar y garantiza que ante la menor crítica al nuevo gobierno seremos sin duda alguna acusados de “hacerle el juego al fascismo”.

Chile ya no será la “tumba del neoliberalismo”, y ahora se enfatiza que más bien de lo que se trata es de defender lo alcanzado en los “30 años” de transición y avanzar muy gradualmente, en una nueva versión de la democracia de los grandes acuerdos. Pero nada de esto importa mucho ahora, pues vivimos “la dicha de vencer juntxs al fascismo”, como decía un afiche masivamente pegado en las paredes del centro de Santiago por la juventud de un partido de izquierda. Este fascismo era tan sui generis que pudo ser derrotado a costa de memes y lápices bic, sin derramamiento de sangre, partisanos ni lucha armada, y sin siquiera ponernos a discutir en serio que es la reacción en general y en especial el fascismo y si acaso es posible oponerse a ambos contundentemente sin oponerse al capitalismo en su totalidad.

Así, de manera bastante sorprendente, la campaña electoral “antifascista” logró lo que no lograron ni la represión policial y militar, ni el acuerdo del 15 de noviembre de 2019, ni la pandemia: apagar las barricadas de la rebelión social y renovar la confianza en el sistema político.

Y así llegamos a la segunda gran campaña antifa en febrero de este año, con una guerra entre Rusia y Ucrania, lideradas respectivamente por el ex agente de la KGB Vladimir Putin y el comediante de origen judío Zelensky. Lo llamativo en que en esta guerra cada bando acusa de “fascista” al otro.

Muchos de los “antifascistas por Boric” deben haber quedado muy confundidos y amargados cuando el Presidente joven dio su apoyo inmediato al comediante Volodimir Zelensky, presidente de la “Ucrania nazi”, apoyada también por el “globalista” y también judío Georges Soros, que para el imaginario de los “patriotas” de la extrema derecha chilena es el financista de los “antifas” a nivel global.

Más confusión aún debe causar el hecho de que Donald Trump, calificado también como fascista por liberales e izquierdistas, apoye al nacionalista conservador de Putin, reinventado ahora por cierta izquierda como “antiimperialista” y por ciertos neofascistas como un campeón “antiglobalista”.

Por su parte, la extrema derecha parece estar dividida por sus apoyos y orientación geopolítica entre “atlantistas” y “eurasianistas”. Los primeros apoyan a Ucrania y los segundos a Rusia, lo cual es totalmente coherente si tenemos en cuenta que el fascista español Ramiro Ledesma, fundador del nacional-sindicalismo, señalaba en los años treinta que el carácter ultranacionalista de los fascismos hacía imposible una cooperación internacional duradera entre ellos.

Lo cierto es que, como ha destacado Hassan Akram[3], existen fascistas y ultraderechistas de diversas variedades a ambos lados de este conflicto: el Batallón Azov y los seguidores del histórico colaborador nazi y exterminador de judíos Stepan Bandera en el lado ucraniano, y una serie de fascistas e incluso “nacional-bolcheviques” rusos que, con Dugin a la cabeza, defienden la necesidad de que en continuidad directa con el Imperio ruso y el período del estalinismo soviético se oponga desde Eurasia un contrapeso a la hegemonía unipolar de Estados Unidos, establecida tras la caída del bloque soviético en 1989/1991.

Como era de esperar, mientras los gobernantes ucranianos comparan a Putin con Hitler, el burócrata ruso proclama que va a “desnazificar” Ucrania y con eso se asegura el entusiasta e incondicional apoyo de antifascistas de izquierda que se excitan con una supuesta continuidad histórica entre Stalin y Putin, como “vencedores de los nazis”, sin tener las herramientas ni las ganas de comprender que de este modo la coartada antifascista los hace apoyar a uno de los bandos en una guerra imperialista, tan “fascista” como cualquier otro.

Esto último ha sido relatado por muy pocos analistas, entre los que cabe mencionar al italiano Franco “Bifo” Berardi, que nos recuerda que se sabe que Putin es nazi “desde que terminó la guerra en Chechenia con el exterminio”. Pero “fue un nazi muy bien recibido por el presidente estadounidense (Trump), quien, mirándolo a los ojos, dijo que entendía que era sincero”. También gozó de la simpatía de “los bancos británicos que están llenos de rublos robados por los amigos de Putin tras el desmantelamiento de las estructuras públicas heredadas de la Unión Soviética”[4].

El punto en común es que “el jerarca ruso y el angloamericano fueron amigos muy queridos cuando se trataba de destruir la civilización social, el legado del movimiento obrero y comunista”, aunque como es normal, “la amistad entre asesinos no dura mucho”, lo cual es algo que aprendimos en Chile cuando las dictaduras de Pinochet y Videla colaboraron reprimiendo juntas en la Operación Cóndor, para poco después estar a punto de declararse la guerra por las islas Picton, Lennox y Nueva.

En este contexto Berardi califica de irracional que la OTAN esté armando a “los nazis polacos, bálticos y ucranianos contra el nazismo ruso”. Si bien no soy dado a ver nazis o fascistas por todas partes, indudablemente hay neonazis fuertemente organizados y armados en Ucrania y una influyente amalgama rojiparda/imperial en Rusia, entiendo el punto de Bifo: apoyar a uno u otro bando este caso parece una versión pesadillesca de la táctica del “mal menor”.

Que la mayoría de los izquierdistas apoyen la acción rusa contra Ucrania, considerada como “nido de neonazis”, no es de extrañar. Que Putin sea a su vez un ultranacionalista autoritario y conservador, muy cercano al postfascismo eurasiático de los defensores actuales del Imperio ruso parece no importarles demasiado, pues más que anticapitalistas integrales estos izquierdistas son simplemente opositores al imperialismo gringo. Muchos de ellos nunca entendieron que el estalinismo era una contrarrevolución, y siguen creyendo que la Madre Rusia actual es la legítima heredera de la Unión Soviética de los años más heroicos.

Esa posición los acerca a ciertos sectores del nacionalismo, tal como quedó claro en Chile cuando grupos “nacional-revolucionarios” llamaron a apoyar a Eduardo Artés. Por supuesto que ambos tipos de patriotas chilenos apoyan decididamente la intervención militar de Rusia y las “repúblicas populares” de Donetsk y Lugansk: ¡un sueño hecho realidad para Dugin y todos los “nacional bolcheviques”![5]

El llamado “rojipardismo” se produce a partir de los años 20 para designar a corrientes que se autodenominaron “nacional bolcheviques” y otras que podrían constituir distintas especies de “fascismo de izquierda”.

Este coqueteo nacionalista había sido advertido como un grave peligro, entre otros por Rosa Luxemburgo. En su “Crítica de la revolución rusa” ella advertía que los bolcheviques con su llamado al derecho de autodeterminación de las naciones habían agravado las dificultades objetivas con que se enfrentaban tras tomar el poder, pues “bajo el dominio del capitalismo no hay lugar para ninguna autodeterminación nacional”, pues en una sociedad de clases cada clase social “desea ‘autodeterminarse’ de manera distinta y (…) entre las clases burguesas los puntos de vista de la libertad nacional ceden completamente el lugar a los del dominio de clase”[6]. Con su política y la “rimbombante fraseología nacionalista del ‘derecho a la autodeterminación hasta la separación estatal’” los bolcheviques “no hicieron otra cosa que prestar a la burguesía de todos los países limítrofes el mejor de los pretextos, y hasta la bandera para sus aspiraciones contrarrevolucionarias”[7]. En este sentido, para Rosa Luxemburgo, tanto en la socialdemocracia alemana como con los bolcheviques es posible constatar que “en la presente guerra mundial es un sino fatal del socialismo estar predestinado a proveer de pretextos ideológicos para la política contrarrevolucionaria”[8].

Casi un siglo después de ese primer rojipardismo, se ha resucitado el concepto para referir expresiones mucho más difusas y confusas de posible convergencia entre extrema derecha y extrema izquierda.

Como explica Steven Forti, el final de la Guerra Fría y el desplome del “socialismo real” provocaron otro ejemplo visible de rojipardismo, “cuando se juntaron las nuevas formulaciones hijas de los años 70 –el grupo de la revista Orion de Claudio Mutti y Maurizio Murelli, Nouvelle Résistance de Christian Bouchet, el Movimiento Social Republicano de Juan Antonio Llopart, etc.– con el euriasianismo de Dugin”. El mundo postsoviético pasó a ser un “verdadero laboratorio que los nacionalistas revolucionarios occidentales miraban con interés: en 1993 se fundó en Rusia el Partido Nacional-Bolchevique, liderado por Eduard Limónov acompañado hasta 1998 por el mismo Dugin”[9].

Ni Limonov ni Dugin adherían al viejo ideal del comunismo, pero eran leales “hacia aquél gran Imperio que libró una Gran Guerra Patriótica, que venció al nazismo y situó a Rusia como primera potencia mundial. Un Imperio con el que la gente común se identificó hasta un extremo que occidente siempre prefirió no ver”, lo que de hecho se puede apreciar bastante bien en el filme “Funeral de Estado”.

Esta identificación ha vuelto a quedar en primer plano a fines de febrero de 2022 con las acciones militares de Rusia en Ucrania. Como destaca Zizek, “la política exterior de Putin es una clara continuación de esta línea zarista-estalinista”, no así de la política leninista aplicada antes de la estalinización, y que Putin denuncia precisamente como responsable de haber “inventado” a Ucrania.

Por eso para Zizek “no es de extrañar que podamos volver a ver los retratos de Stalin durante los desfiles militares y las celebraciones públicas en la Rusia de hoy, mientras que Lenin es borrado”, pues “Stalin no es celebrado como comunista, sino como el restaurador de la grandeza de Rusia después de la ‘desviación’ antipatriótica de Lenin”[10]. Dicha constatación coincide con la lectura “nacional revolucionaria” de la geopolítica del actual conflicto de Rusia y Ucrania, que destaca el hecho de que ya en 1993 en la ex URSS se unieron contra Boris Yeltsin “comunistas, nacionalistas y partidarios de la monarquía zarista ortodoxa”, fuerzas que a pesar de todas sus diferencias “todas tienen algo en común: la defensa de la soberanía de Rusia y el Eurasianismo”[11].

El autor, el nacionalista hispano José Alsina Calvés, identifica a esa coalición de fuerzas como “la que dará apoyo a la emergencia de Vladimir Putin y al renacimiento de Rusia”. Por eso no es casualidad lo que él mismo señala: que mientras los neoliberales de derecha ven aún “comunismo” en Rusia, los neoliberales de izquierda la identifican con “una especie de reencarnación del ‘fascismo’”[12].

De este modo, estamos ante un complejo escenario en que se mezclan fenómenos y posiciones propias del siglo XX con una nueva época que recién se está empezando a conformar, y en la que de manera bastante posmoderna se producen mescolanzas de todo tipo que hacen posible el absurdo de tener que escoger entre dos males menores casi idénticos: “nazis contra el fascismo”.

La resaca de la guerra fría y la imposibilidad de avanzar hacia la superación del capitalismo ha llevado a una especie de callejón sin salida en que se nos obliga a apoyar a un tipo de postfascistas (los rusos) contra los “neonazis” ucranianos, como si el Batallón Azov representara a todo la población de esa zona, y no me cabe duda de que algunos nuevos rojipardos aplaudirían a rabiar incluso el uso de una bomba atómica “antifa” contra Ucrania.

Se vienen tiempos duros, en que los anticapitalistas y antiautoritarios no nos podemos confundir: no se combate al fascismo sin combatir al capitalismo en su conjunto, y apoyar bandos en una guerra imperialista nos deja en la misma posición que la socialdemocracia hace poco más de un siglo, es decir, traicionando la lucha por la emancipación humana en aras de consideraciones geopolíticas y de la colaboración de clases bajo la bandera de las distintas burguesías nacionales.



Notas:

[1] https://www.youtube.com/watch?v=vV6_ywb3XuM&ab_channel=4t5punk

[2] Vamos hacia la vida, “La alegría nunca llegó y el miedo se disfraza de esperanza”, 5 de enero de 2022. En: https://hacialavida.noblogs.org/la-alegria-nunca-llego-y-el-miedo-se-disfraza-de-esperanza/

[3] https://lavozdelosquesobran.cl/hassan-akram-por-guerra-entre-rusia-y-ucrania-estamos-frente-a-dos-paises-con-fuerte-presencia-de-la-ultraderecha-organizada/28022022

[4] Franco “Bifo” Berardi, “Guerra y demencia senil”. Lobo suelto, 27 de febrero de 2022. En: https://lobosuelto.com/guerra-y-demencia-senil-franco-bifo-berardi/

[5] Ver la “Declaración del Partido Comunista de Chile (Acción Proletaria) antes los últimos sucesos en Ucrania” y el Comunicado del Círculo Patriótico “En apoyo a la acción de Rusia y los pueblos de Donetsk y Lugansk”.

[6] Rosa Luxemburgo, Crítica de la revolución rusa, Montevideo, Biblioteca de Marcha, 1972, pág. 88.

[7] Ibid., pág. 91.

[8] Ibid.

[9] Forti, Steven. “Los rojipardos: ¿mito o realidad?”. Nueva Sociedad N°288, julio/agosto 2020. En: https://nuso.org/articulo/los-rojipardos-mito-o-realidad/

[10] Slavoj Zizek, “’Goodbye Lenin’ en Ucrania: aceptadlo, izquierdistas, Putin es un nacionalista conservador”. El Confidencial, 24 de febrero de 2022. En: https://blogs.elconfidencial.com/cultura/tribuna/2022-02-24/slavoj-zizek-lenin-donbas-ucrania_3380578/

[11] José Alsina Calvés, “La geopolítica del angloimperio y la balcanización de Rusia”. Blog de editorial Ignacio Carrera Pinto, 27 de febrero de 2022. En: https://blog.ignaciocarreraediciones.cl/la-geopolitica-del-angloimperio-y-la-balcanizacion-de-rusia-por-jose-alsina-calves/ Donde dice “comunistas” debemos entender que se refiere a las mutaciones del bolchevismo ruso posteriores a la muerte de Stalin.

[12] Ibid. Alsina Calvés está ligado al grupo SOMATEMPS, contrario a la independencia catalana y autor de un “Manifiesto Hispanista”, y vinculado al Movimiento Social Republicano de Llopart.

lunes, 10 de enero de 2022

[Chile] ¿El triunfo de qué? / Rebelión y castigo

¿El triunfo de qué?
[Sobre las elecciones presindeciales en Chile, fascismo y antifascismo]
22/12/2021
por Julio Cortés 

Rebelión y castigo. Consideraciones acerca de la criminalización del “estallido social” y el proyecto de indulto general a los “Presos de la Revuelta”
[En este artículo se analizan los principales aspectos de la respuesta judicial frente a la rebelión popular de octubre de 2019 en Chile, y en especial los procesos de criminalización de quienes han sido imputados de participar en la comisión de delitos políticos y comunes en dicho contexto. Se hace además un recorrido por el concepto de prisión política y el uso habitual en la historia de Chile de amnistías e indultos luego de procesos de alta conflictividad política y social, centrándose en el efecto “creador de derecho” que tuvo la “revuelta” y los principales contenidos del proyecto de indulto general que se tramita actualmente en el Senado.]
21/12/2021
por Julio Cortés

jueves, 2 de diciembre de 2021

[Francia] Pase Sanitario / Revolución sin fronteras

• Combatir la explotación y el nacionalismo
• Marcha de Revolución sin Fronteras - Manifestación contra el pase sanitario
• Una pequeña aclaración sobre el artículo de FAFWATCH
• ¿El peor producto del fascismo? ¡Es el antifascismo!

Compilado y publicado por Tridni Valka en diciembre de 2021

Nota de Tridni Valka: Desde hace varios meses, se está desarrollando en todo el mundo un movimiento de protesta muy heterogéneo y confuso, una protesta que tiene como objetivo la obligación de la vacuna anticovid, así como el "pase sanitario" que la acompaña, y sus consecuencias en términos de refuerzo del control social ejercido por el Estado hacia el proletariado. Este movimiento se expresa con cierta virulencia en Francia, y los militantes revolucionarios intentan infundirle consignas para una clara ruptura con el orden capitalista (como "Luchemos contra la explotación y el nacionalismo" o "¡La única perspectiva de una vida mejor es la revolución!") y asumir así sus tareas de liderazgo. En Toulouse, en particular, los compañeros que organizaban una "marcha revolucionaria" bajo el lema "Revolución sin fronteras" fueron agredidos físicamente por una banda de algunas decenas de militantes de extrema derecha. Aunque estos compañeros se niegan a caer en la trampa del antifascismo, era una oportunidad demasiado buena para que todos los sectores locales de la socialdemocracia y el izquierdismo gritaran y trataran de vendernos por milésima vez su mercancía ideológica adulterada haciendo circular la consigna "Toulouse antifascista"...

Por lo tanto, aprovechamos la reedición de varias pequeñas contribuciones sobre estos acontecimientos para reafirmar sucintamente nuestra posición de siempre sobre la cuestión del fascismo y el antifascismo, así como la necesidad de organizar la autodefensa de los compañeros y nuestras luchas.

La crítica del antifascismo se inscribe plenamente en la crítica global de la falsa polarización burguesa del fascismo frente al antifascismo, no debe limitarse a la crítica del frontismo y del activismo, ni separarse de la globalidad de la lucha anticapitalista. El fascismo no es una tercera fuerza, es sólo una de las facetas, una manifestación cotidiana entre otras de la fuerza del Estado. Históricamente, el proletariado siempre ha tenido que enfrentarse a estos órganos del Estado que son las milicias patronales (Pinkerton en EEUU, redes cercanas a la SAC, la OAS y Peugeot en Francia), los pistoleros en España en los años 20, las guardias blancas y los ejércitos, los escuadrones de la muerte (Triple A en Argentina, Policía de Honor en Francia, GAL y Guérilleros de Cristo Rey en España durante los años 70) o los cuerpos francos en Alemania y Hungría en 1919. El proletariado también ha tenido siempre que armarse en consecuencia para defenderse de las amenazas y ataques contra sus condiciones de vida y organización de la lucha.

En este sentido, es necesario aclarar el contenido real de la acción de los grupos proletarios que se constituyen como grupos de autodefensa frente al Estado, que en este caso toma la forma de fascistas armados a menudo dispuestos a matar, porque el uso de expresiones como "lucha antifascista" sólo puede reforzar la confusión. La polarización fascismo versus antifascismo sólo ha servido para confinar cualquier avance revolucionario a la defensa de un mal menor y, por tanto, del orden existente, movilizando a los proletarios en defensa del Estado, para preparar el enfrentamiento bélico en un terreno que no es el de nuestra clase. Es una visión global de los fenómenos y una crítica histórica del antifascismo lo que nos permite considerar de forma muy precisa el ejemplo de la llamada "guerra de España": ésta no sólo fue de forma eminentemente práctica el ataúd del proletariado militante en esta región, sino que también preparó ideológicamente a toda la clase de los explotados para aceptar dejarse envolver en la masacre generalizada que fue la llamada "segunda guerra mundial".

Desde hace décadas, algunos sectores militantes defienden también un "antifascismo revolucionario", considerando que el "verdadero antifascismo" no debe centrarse sólo en la desaparición de los fascistas de la faz de la tierra, sino que debe potenciar el cambio (revolucionario) de la sociedad, un cambio que permita librarla de las razones por las que aparece el fascismo, en contraposición a lo que se denomina "antifascismo democrático" que "proviene de iniciativas ciudadanas" y que "paradójicamente sólo ayuda al fascismo". Evidentemente, aunque algunas formulaciones sigan siendo ambiguas, existe una cierta voluntad de aclarar las cosas.

Sin embargo, consideramos que es cuando menos contraproducente querer "revolucionar" absolutamente lo que es manifiesta y plenamente contrarrevolucionario desde el principio: es tan absurdo "revolucionar" el antifascismo como "revolucionar" el sindicalismo o el parlamentarismo. Siguiendo las lecciones aprendidas por muchos militantes, grupos, colectivos, partidos..., señalamos que la necesidad de que nuestra clase y sus minorías revolucionarias se organicen contra "las milicias fascistas" no puede corresponder de ninguna manera a una adhesión (¡y menos de forma estructurada!) a la ideología antifascista (que ya ha demostrado sus efectos nefastos en la historia) sino a una necesidad de autodefensa en su lucha como minoría por afirmar sus medios de existencia.

Recordemos esta lección esencial que toda la historia del movimiento obrero nos ha enseñado desde hace cien años: ¡sea fascista o antifascista, la democracia es siempre la dictadura del Capital!

Que muera el Capital y su democracia, así como sus fascistas y antifascistas.

*

Combatir la explotación y el nacionalismo


Folleto encontrado en la manifestación de Toulouse del 4 de septiembre de 2021 y publicado por Détruisons l’économie.

Con la introducción del pase sanitario y sus medidas complementarias, el Estado vuelve a aplicar la misma estrategia que ha utilizado desde el comienzo de la epidemia de Covid: reforzar el control social, enfrentando a las personas entre sí, esta vez entre los que tienen el pase y los que no.

Las rencillas entre vacunados y no vacunados complican cualquier solidaridad entre los explotados e impiden identificar al causante de las sucesivas crisis que vivimos: el sistema capitalista y no nuestro compañero, nuestro vecino, nuestro amigo...

Por otro lado, quieren acostumbrarnos a estar sometidos a controles cada vez más regulares. Se refuerzan los poderes de la policía, se generalizan los controles de identidad y se subcontrata a una parte cada vez mayor de la población. No es de extrañar que esta vigilancia se lleve a cabo con el apoyo de la tecnología.

Las condiciones de vida de los inmigrantes indocumentados, ya de por sí duras, serán aún más duras. Por otro lado, las mercancías, los diversos comerciantes internacionales y los turistas de los países más ricos seguirán circulando de un país a otro sin dificultad, mientras que las personas que no tengan los papeles en regla tendrán que luchar aún más en las fronteras y en sus viajes.

Es contra esta dinámica de control social acelerado contra la que pretendemos luchar.

Si luchamos contra el pase, no es porque nos opongamos a la vacunación, sino contra el capitalismo y las diferentes herramientas que utiliza para mantenerse, al contrario que ciertos componentes del movimiento que están ahí por razones antagónicas a las nuestras: la extrema derecha siempre se ha opuesto a derribar el sistema.

Siempre ha velado por el mantenimiento del orden establecido, de la moral burguesa, enclaustrada tras las fronteras que defiende a ultranza. La designación de chivos expiatorios siempre ha formado parte de sus prácticas. No son más que carroñeros, que quieren fortalecerse a través de este movimiento para establecer una sociedad aún más autoritaria.


Ante la crisis sanitaria, la degradación de nuestras condiciones de vida que traerá la crisis económica, los despidos que inevitablemente caerán, la reforma del paro o las pensiones, más que servir la sopa a la extrema derecha:

La única perspectiva de una vida mejor es la revolución.


*

Marcha de Revolución sin Fronteras - Manifestación contra el pase sanitario

Este texto fue escrito por personas que participaron en una marcha revolucionaria presente durante la manifestación contra el "pase sanitario", el sábado 11 de septiembre de 2021 en Toulouse.

¿Por qué una marcha revolucionaria?
Queríamos celebrar una marcha revolucionaria para defender una orientación: la que vincula las manifestaciones contra el pase sanitario con el levantamiento de los Gilets Jaunes [Chalecos Amarillos] y, más ampliamente, con la gran ola de revueltas que ha sacudido el mundo desde entonces.

¿Por qué "Revolución sin fronteras"?
Queríamos insistir en el carácter sin fronteras de la revolución, porque sabemos bien que los ataques contra los explotados, los policías que se están generalizando, adoptan ciertamente formas diferentes según los países, pero en la misma lógica general: aplastar las bocas de los proles, dividirnos para explotarnos mejor.

Ciertas tendencias políticas quisieran acabar con las prácticas y las luchas de los últimos años.
Pretenden circunscribir la manifestación a los espacios autorizados y reducir la lucha a reivindicaciones parciales, como la libertad de consumir sin pase, cuando fracciones cada vez más amplias de la población simplemente ya no tienen la posibilidad financiera de consumir.

La hostilidad de estas tendencias a tomar el camino revolucionario abierto por los GJ, en favor del statu quo o la reacción, es lo que ha dado confianza a los grupos fascistas. La falta de solidaridad del resto de la manifestación fue lo que contó a los grupos fascistas que atacaron a la comitiva de revolucionarios y chalecos amarillos. Pero los manifestantes no lo oyeron así y juntos la manifestación despejó a los fascistas, antes de que los policías echaran gases por todas partes.

¿Qué es lo siguiente?
¡Reiteramos nuestra oposición al control social que constituye el pase sanitario y, sobre todo, al deterioro de nuestras condiciones de vida, a los despidos y a las cesantías que se avecinan!

Viva la revolución sin fronteras
Construyamos la solidaridad de todos los explotados

Source : https://iaata.info/Cortege-revolution-sans-frontiere-Manif-contre-le-pass-sanitaire-4927.html
PDF : https://iaata.info/IMG/pdf/sans_titre-3.pdf

*


Pequeña aclaración sobre el artículo de FAFWATCH

Publicado el 15 de septiembre de 2021.

Un texto que ignora la perspectiva revolucionaria de la marcha para esconderse detrás de una estrategia "pacifista y democrática". Todo lo contrario de lo que llevaba la marcha revolucionaria atacada por los fascistas.

El texto de fafwatch sobre el ataque a la manifestación (que puede encontrarse aquí https://iaata.info/Toulouse-attaque-fasciste-contre-la-manifestation-anti-pass-sanitaire-4931.html) es, a su vez, un ataque al discurso que la marcha revolucionaria pretendía llevar a la manifestación.

En este sentido, no es baladí comprobar que la marcha revolucionaria contra la explotación y el nacionalismo se ha convertido, una vez pasada por el tamiz del antifascismo inocentista de este texto, en una simple marcha contra la explotación y el nacionalismo.

Así que no es de extrañar que el texto se esconda tras la defensa de una manifestación "democrática y pacifista". Básicamente: se atacó a ciudadanos inocentes pacifistas que ejercían su derecho a manifestarse. La posición de exterioridad de este texto es evidente aquí. Mientras la marcha revolucionaria se asume como parte de la manifestación, mientras toma partido por un futuro revolucionario, contra las tendencias interclasistas, ciudadanistas, legalistas y demócratas, pero también confusionistas y nacionalistas, fafwatch plantea el antifascismo como una especie de banda de vigilantes al margen de la lucha, que toma la defensa de los ciudadanos inocentes. Una milicia que defiende la inocuidad del movimiento no es revolucionaria (eufemismo).

Y por cierto, se realiza una verdadera investigación y balance a partir de las imágenes de la escena para establecer las responsabilidades, ¡un verdadero trabajo de keuf [policía]! ¿A quién le importa si podemos demostrar, con tres fotos, quién llevaba la bolsa con su equipo? ¿O la premeditación del acto? ¿Si no es con la esperanza de que la policía se apodere de estas imágenes para detenerlos? Además, el llamamiento al Estado para que juzgue y condene a estos grupos fascistas es claro en este texto.

De hecho, la perspectiva revolucionaria es barrida por este texto en favor de una delación inocente en la forma debida.

Y es justo que el texto no termine con la importancia de votar en las próximas elecciones para contrarrestar a la extrema derecha (porque los fascistas "meterán una papeleta marrón en la urna el próximo mayo").

Así que un pequeño recordatorio de la pancarta atacada: Abajo el Estado, los policías y los jefes. Revolución sin fronteras.

Defender el statu quo de una manifestación inofensiva, democrática y pacifista hace el juego a las tendencias que allanan el camino a estos fascistas. Vea el texto publicado en iaata aquí :

https://iaata.info/Cortege-revolution-sans-frontiere-Manif-contre-le-pass-sanitaire-4927.html


Fuente : https://iaata.info/Petite-mise-au-point-a-propos-de-l-article-de-FAFWATCH-4932.html

*

¿El peor producto del fascismo? ¡Es el antifascismo!

[Nota de Tridni Valka: He aquí algunas "tesis de trabajo" sobre la polarización fascismo burgués versus antifascismo. No se trata de un absoluto, ni de una biblia, y menos aún de un "texto sagrado" que hay que firmar con las dos manos, sino sólo de un preliminar a una discusión más profunda de la cuestión.

De los archivos de un camarada desenterramos este viejo texto, que data de hace más de 20 años y que en su momento circuló principalmente en inglés en Europa del Este, pero también en Francia y España. Hemos hecho algunas pequeñas correcciones pero nos gustaría señalar la categorización ideológica presente en el texto según la cual la dictadura del Capital se articula en torno a los polos "democracia" versus "dictadura" (incluso con el uso de comillas), una categorización que tiende a eludir la naturaleza profunda de la dictadura social del Capital que es precisamente y realmente la democracia (¡SU democracia!) como principalmente la negación del antagonismo de clase y su conflictividad.

Como todo el material político de nuestra clase y de nuestra lucha, este texto debe ser fuertemente criticado. Así que discutan y aporten la contradicción para fortalecer nuestra comunidad de crítica contra el Capital.]

1/ La esencia del antifascismo consiste en luchar contra el fascismo promoviendo la democracia, a la que se opone, es decir, en luchar no para destruir el capitalismo, sino para obligarlo a renunciar a su naturaleza totalitaria. Al promover esta utopía, el antifascismo desvía los antagonismos de clase de manera muy concreta; ya no hay dos clases enfrentadas: proletariado versus burguesía, sino dos proyectos opuestos: Comunismo/anarquía frente al Capital, destrucción del Viejo Mundo frente a su preservación, abolición de la sociedad de clases e imposición de las necesidades humanas frente a la dictadura del Valor, pero en lugar de las polarizaciones burguesas: "democracia" frente a "fascismo", "estado de derecho" frente a "estado policial", "civiles" frente a "militares", "parlamentarismo" frente a "régimen dictatorial" y "partido único". El fascismo se identifica, en el "mejor" de los casos, con el totalitarismo del Estado. Todas estas campañas burguesas son la negación en acción de los antagonismos de clase, de su lucha implacable y secular, y son por tanto en este sentido el reino de la democracia. Jugar al antifascismo es reforzar lo que se cree que se está combatiendo. Las actuales campañas antifascistas dirigidas por la burguesía (al igual que las campañas fascistas) tienen como objetivo reconstituir la unión nacional en torno al Estado, hacer que los proletarios se adhieran a la reproducción de la relación social capitalista. También permiten hoy, como ayer, recrear una polarización con vistas al lanzamiento de una nueva guerra que permita (según nuestros enemigos de clase) el relanzamiento de un nuevo ciclo de acumulación…

2/ El problema no es que la "democracia" garantice una explotación más suave que la "dictadura" (por utilizar las categorizaciones acordadas que introduce la socialdemocracia): todo el mundo "preferiría" ser explotado a la manera sueca que ser torturado a la manera brasileña. Pero, ¿tenemos elección? No podemos elegir la forma en que se nos explota. Es siempre el estado del capital el que cambia las formas de su dictadura según sus necesidades de valorización. Esta "democracia" se transformará a su vez en una "dictadura" en cuanto sea necesario. El Estado sólo puede tener una función, que cumple "democráticamente" o "dictatorialmente".

3/ El fascismo sólo puede explicarse teniendo en cuenta el período precedente: el aplastamiento de la ola revolucionaria de 1917-21 por la socialdemocracia (Rusia, Alemania, Italia, Hungría, Bulgaria, etc.). Es ante todo la socialdemocracia la que desarma, ideológica y prácticamente, al proletariado y reprime militarmente sus insurrecciones. En Alemania, fueron los cuerpos libres dirigidos por el socialista Noske quienes encabezaron la campaña para restablecer el orden. El fascismo, al igual que su hermano mayor el estalinismo, "sólo" completa la obra de la contrarrevolución acabando con un proletariado derrotado. La llamada dictadura siempre llega después de que los proletarios hayan sido derrotados por la democracia, con sus sindicatos y partidos de izquierda. El antifascismo oscurece esta realidad fundamental al identificar el fascismo con las "fuerzas del mal" y reducirlo a una "reacción" a-histórica e "irracional" surgida de la nada. La credibilidad del fascismo en los años 30 se explica por el hecho de que cumplía en parte el programa de la socialdemocracia: "mejora" del "nivel de vida", grandes obras públicas, reducción del paro, etc.

4/ La táctica esencial de todos los frentes antifascistas es pegar ruidosamente la etiqueta de fascista al Estado (véase en Francia la consigna: "CRS=SS"), que tiene el mismo efecto que la denuncia de los partidos que dirigen el Estado. En ambos casos, la crítica al Estado se esconde tras la denuncia de quienes lo dirigen. Más aún, el antifascismo es la promoción y el fortalecimiento de la democracia y, por tanto, de su Estado.

5/ El antifascismo recuerda constantemente las masacres nazis, lo que sirve para justificar esta guerra dándole un carácter humanitario y ocultar así la realidad de que la guerra es una necesidad material del Capital, que le permite liquidar en poco tiempo una masa excedente de fuerzas productivas. Pero toda guerra necesita una justificación para enrolar a los proletarios bajo sus banderas. La lucha contra el fascismo permitió justificar la masacre de más de 50 millones de proletarios con la lucha contra el "totalitarismo". Y sin embargo, incluso si nos situamos en el único terreno del humanismo burgués y pacifista, los campos de exterminio nazis no fueron los únicos "horrores" de la guerra: por ejemplo, las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, los bombardeos masivos y asesinos sobre las grandes ciudades de Alemania, las masacres de Setif en Argelia en mayo de 1945 por el ejército francés, el mismo día de "la Liberación", etc.

6/ El desarrollo del Capital lleva a estas dos consecuencias principales: la obediencia de los trabajadores, y por tanto la destrucción suave o violenta del movimiento revolucionario; y la competencia con otros capitales nacionales, y por tanto la guerra. La relación social capitalista se articula en torno a la competencia y a la constitución de naciones que servirán de soporte, de base material para las guerras. Cada nación produce su propio nacionalismo en competencia con su nacionalismo vecino, cada nación tiende a acaparar la cuota de mercado de su vecino. Todo nacionalismo es en esencia imperialista y, en consecuencia, favorece las guerras. Toda nación contiene en su interior las semillas del imperialismo, incluso las llamadas naciones progresistas del "Tercer Mundo": Vietnam, Nicaragua, etc.

7/ El triunfo del Capital nunca es tan total como cuando los trabajadores se movilizan por él creyendo que están "cambiando la vida". Entre la "dictadura" y la "democracia", se trata más bien de dos maneras de encuadrar al proletariado, ya sea integrándolo por la fuerza, ya sea asociándolo a través de "sus" organizaciones: sindicatos, partidos, asociaciones, etc. El antifascismo consecuente consiste en reforzar el Estado, siempre presentado como "democrático", "de derecho",... mientras se vincula al proletariado, "haciendo participar a los hombres".

8/ Para todos los reformistas de la sociedad capitalista, la democracia se concibe como un elemento del socialismo, elemento que ya está presente en el mundo actual. El socialismo sería, en efecto, una democracia total. La lucha por el socialismo consistiría en ganar más y más derechos democráticos dentro del capitalismo, una ideología socialdemócrata que tiene un nombre: gradualismo. El antifascismo siempre llevará a más totalitarismo; su lucha por un estado "democrático" (¡lo es en esencia!) consolida el estado. Para los revolucionarios, el socialismo, el comunismo, la anarquía significa la destrucción total de la relación social capitalista, por tanto de sus clases, de su Estado, de su democracia. No tenemos que mejorar, y por tanto reforzar en última instancia, aquello contra lo que luchamos. El fascismo y el antifascismo forman parte de un todo, son las dos fauces de una misma trampa que nos aplasta.

9/ Cuando los proletarios se unen voluntaria y militantemente al campo de la democracia, del antifascismo, del Estado, pierden toda capacidad de defender sus propios intereses de clase, se desautorizan como clase revolucionaria, destructora de esta sociedad de clases, refuerzan lo que dicen combatir: el Estado. No hay, es decir, no hay más, movimiento autónomo del proletariado desde el momento en que se encierra en el marco estatal.

10/ El movimiento comunista sólo puede ganar si los proletarios van más allá del simple levantamiento (incluso armado) que no ataca al propio asalariado.

11/ La guerra de España sirvió para polarizar a los proletarios de todo el mundo, tanto de los "países fascistas" como de los "países democráticos", en torno a la oposición fascismo-antifascismo, y preparar así la Sagrada Unión de 1939-1945. Fue un ensayo general de la Segunda Guerra Mundial, como la Guerra de los Balcanes lo fue de la Primera. La burguesía siempre busca formalizar alianzas, polarizar los campos en pugna, hacer que los proletarios se adhieran a sus banderas para dar una base material sólida a su solución que es la guerra.

12/ Al apoyar al Estado existente en su forma "democrática" para impedir que adopte la forma "dictatorial", el antifascismo desarma ideológica y materialmente a los proletarios al falsear y negar el antagonismo que les opone al Estado, el Estado del Capital. El antifascismo entrega así a los proletarios a la represión, al pedir el fin de la lucha contra el enemigo de clase, que está decidido a llegar hasta el final. Esto es lo que hizo, entre otras cosas, durante las sangrientas luchas en Barcelona en mayo de 1937. Es la falta de ruptura de los proletarios y revolucionarios con el antifascismo, y más globalmente con la socialdemocracia, lo que les llevó a la derrota y a la muerte.

13/ Para una franja radicalizada del proletariado, la guerra de España servirá como inicio de la justificación de la (futura) guerra contra el fascismo. Rechazando hasta entonces la Sagrada Unión, incluso contra la Alemania nazi, los proletarios que aún resistían llegaron a aceptarla como el "mal menor" en comparación con la victoria fascista. La gran función ideológica de la guerra de España fue, pues, polarizar a los indecisos en torno a la alternativa "democracia" versus "fascismo", presentada en cada campo como la única respuesta al totalitarismo "plutocrático" o "fascista". Y en 1936, como en 1940 o 1914, seguía siendo la socialdemocracia la que estaba al frente de la movilización de los proletarios para la guerra.

El antifascismo es una fórmula de confusión.

Fascista o antifascista, ¡la dictadura del Capital es la democracia!

La lucha contra el fascismo comienza con la lucha por la revolución social.

miércoles, 24 de noviembre de 2021

[Chile] Crítica de la crítica del texto “Sobre Kast, Boric y la contrarrevolución en curso”

23 de noviembre de 2021. Tomado de un muro de facebook

Ver también:  Sobre Kast, Boric y la contrarrevolución en curso

El autor comienza su crítica saludando la discusión que aporta el texto en entornos libertarios, sin embargo, nos anuncia -sin aún decirnos las razones- que el escrito realiza una lectura errónea de la “realidad que se nos viene encima”, y aprovecha de especular una falta de lectura acerca de los medios asociados a la clase dominante. Sobre este primer punto, señalar en primera instancia que dicha afirmación se basa en una falacia por desconocimiento de lo que efectivamente ha hecho la persona que escribió el texto que crítica -y por tanto lo único que nos anuncia es que el pretendido crítico cree saber más acerca del tema en cuestión- y, en segundo lugar, cuando queremos saber qué pasos dará la clase dominante no leemos los medios de reproducción de su ideología – y, por tanto, de su falsa conciencia- sino que observamos atentamente lo que realmente hacen.

Como nuestro crítico, vamos por parte. Es una labor tediosa, porque es un compendio de todas las imposturas que el primer texto quería criticar y, por otro lado, no sale de la misma retórica impotente que caracteriza al anarquismo y la ultraizquierda en la actualidad. Ya antes de terminar el texto sabemos la conclusión: hay una terrible realidad que “se nos viene encima” -haciendo aquí gala del pensamiento paranoico que ha invadido al conjunto de la izquierda ante el fenómeno Kast-, y que gane Kast es peor a que gane Boric. Tal conclusión va en contra de cualquier pretensión de pensamiento materialista, ni tampoco aporta nada a alguna alternativa emancipadora, simplemente afianzan el pensamiento izquierdista actualmente existente y con ello reproduce de manera ampliada su ideología. Sobre todo hoy, cuando los hechos presentes que se desarrollan frente a nuestros ojos nos muestran que el gobierno más progresista de Europa lanza tanquetas a los obreros del metal, cuando AMLO pacta con narcotraficantes y lidera una cacería humana contra inmigrantes o cuando Biden continua una política genocida con el beneplácito complaciente de toda la izquierda progresista norteamericana. La realidad grita, pero nuestro crítico no escucha porque está atrapado en la cámara de resonancia que denuncia.

Más aún, en ningún momento del texto se señala la posibilidad segura de que Boric gane por un potencial efecto anti-Kast, solamente señala que un número de unas cuantas miles de personas no fueron a votar por Boric por razones sumamente fundadas, a las cuales nuestro crítico parece ser ciego porque, recordemos, hay una terrible realidad que se nos viene encima y el nos la va a señalar. Se ha pasado completamente por alto la tesis principal del texto, a saber, que Kast y Boric son dos caras de una misma contrarrevolución que comienza el 15 de noviembre de 2019. De allí el absurdo que recorre todo el texto, nos llama en última instancia a votar por Boric cuando el auge del fascismo se debe precisamente al triunfo de la política socialdemócrata que aún mantiene a Piñera dentro del palacio de La Moneda, y no al revés. Por lo demás, el texto nos habla acerca de las ideas de derecha de Parisi, de los pactos del PDG con Republicanos y todo lo que ocurre en el cielo de la política, pero no nos explica cómo puede ser que un candidato que realizó una campaña exclusivamente de manera online haya sacado casi un millón de votos, a qué publico apunta y porqué Boric es impotente para obtener dichos votos. Simplemente nos señala la alta improbabilidad de que eso suceda. Por nuestra parte, no jugamos a la futurología, simplemente señalamos los hechos reales que han hecho naufragar a Boric y, además, evidenciar el peligro que él representa para cualquier movimiento emancipador a despecho de todas las esperanzas e ilusiones que se hayan depositado en su programa y su despliegue de ingeniería emocional progresista.

Pero el crítico va más lejos, incluso coincide con la lectura política de los comentarista de El Mercurio -hay que tener cuidado al leer los “medios de la clase dominante”-, puesto que afirma que “de ganar las elecciones Boric, el proyecto tiene pocas esperanzas de éxito. Los inversionistas van a presionar hasta el cansancio, la derecha liderada por Kast va a estar a sus anchas, lo que podría traducirse en un viraje posterior aún más a derecha”. Nuevamente la crítica falla, porque entonces tendría que explicarnos porqué un candidato que se ha codeado con empresarios, que firmó como individualidad el Pacto por la Paz y la Nueva Constitución, que fue a la ENADE a calmar a cualquier empresario indeciso, que se ha mostrado sistemáticamente a favor de medidas represivas que mantengan la paz social del capital, que empero hace todo eso y más, sería un gobierno en el cual los “inversionistas” van a sentirse incómodos. Por el contrario, Boric ha hecho todo lo posible para salvar, perpetuar y engrandecer el proyecto histórico de la elite chilena: el desarrollo del capitalismo. Por lo demás, todo sea dicho, nos dice que “es cuestión de recordar que el auge del nazismo también es consecuencia del fracaso de la socialdemocracia”. Pero, amigo crítico, la socialdemocracia no fracasó con el nacionalsocialismo, sino que este fue la expresión de su triunfo y continuidad. La socialdemocracia masacró a la revolución para, acto seguido, abrir la puertas a la reacción fascista. En el texto anterior también lo he señalado, toda contrarrevolución surge sobre el terreno del movimiento de subversión que le precede. El movimiento nazi es la continuación empírica de la ideología del trabajo de la socialdemocracia alemana, por ello el lema de los campos de concentración fue arbeit mach frei [El trabajo libera]. De la misma manera, uno de los responsables directos de la reacción fascista que hoy tanto temor genera es precisamente aquel por quien hoy la izquierda llama histéricamente a votar.

Por otro lado, la nota jamás dice que solamente la ultraizquierda y el movimiento mapuche serán las víctimas de la persecución política en un eventual gobierno de Kast, simplemente dice que Boric – levantado por la izquierda como el supuesto último muro de defensa entre el fascismo y las mujeres y las disidencias sexuales- es una amenaza para ell@s tanto como lo es Kast, puesto que es, como ya he señalado, Boric mismo quien ha pactado, fortalecido y abierto el espacio político institucional para al expresión fascista. Por otro lado, le aviso a nuestro crítico que, de la misma manera que Republicanos, la policía, el Estado y quienes lo sostienen jamás han tenido reparos en materia de derechos humanos. La prueba: los acontecimientos del 18 de octubre en adelante, para los cuales Boric se apresuró a asegurar la futura impunidad con tal de salvar la “paz social”.

La crítica afirma que “la nota no señala nada sobre la convención constituyente. ¿Parece raro?”. Bueno, la verdad es que el texto si lo señala, dice “Lo que ha pasado inadvertido hasta el momento para estas personas, es que el fascismo -es decir la reacción más conservadora de la burguesía frente al capitalismo amenazado- les ha derrotado sucesivamente desde el 15 de noviembre de 2019 en adelante, y Boric y la convención constituyente, el apruebo y Elisa Loncón, son la expresión viva de esa derrota que hasta hace poco celebraban como una victoria que anunciaba un cambio social venidero. Aún recuerdo cuando el artista progre favorito de la gente, Alfredo Castro, celebró una premiación diciendo que Pinochet estaba muerto con el comienzo de una nueva constitución. En realidad, lo contrario es la verdad: Pinochet y su legado capitalista están más vivos que nunca, y tanto la convención como estas elecciones son la prueba de ello, puesto que el capitalismo refundado por su régimen terrorista ha sido administrado y profundizado por los gobiernos democráticos de izquierda y derecha, y el pretendido candidato del antifascismo aspira a ser un administrador de ese legado, no su destructor”. Nuestro crítico omite lo esencial de esa crítica: la convención es una continuidad del legado de Pinochet ¿Parece raro no?

El autor señala que la convención constituyente implica una reestructuración del poder y de la composición de fuerzas del trabajo-capital. Sin llegar si quiera a cuestionar la poca realidad de esa afirmación, en cuanto a los límites que el propio Boric le puso a dicha instancia el 15 de noviembre, hay que señalar que un cambio en las relaciones entre el capital y el trabajo, sigue siendo un cambio dentro de los marcos del capital y el trabajo, es decir en ningún caso supone una alteración de las relaciones de producción capitalista, simplemente plantea una modernización necesaria e inevitable de dicha relación que fue precipitada por el movimiento de la revuelta. Para remate, el autor me recuerda lo que es ser un buen marxiano, y señala que yo desconozco que Marx habría apoyado un punto de vista similar a que nuestro crítico expone. Y bueno, quizás tenga razón, porque Marx fue el más grande crítico del trabajo hasta ahora, pero también su obra tiene una dimensión que ontologiza el trabajo. Mientras que nuestro crítico se centra en este último, yo me quedo con el de la crítica de la economía política. Y, como Marx diría, si el Estado entrega salud gratuita se debe a los aspectos civilizatorios del capitalismo, a la lucha social de las personas, y al momento de crisis que atraviesa el capitalismo en general (véase el debate de la renta básica universal, que antes era impensable). Bajo ningún caso este es mérito de Boric, así como tampoco el IFE lo es de Piñera.

Finalmente, la parte más lamentable del texto. En ella señala que como hablo de contrarrevolución entonces el “estallido” pasa a ser automáticamente una revolución. Bajo ningún caso, se trata, sí, de una erupción revolucionaria de consecuencias a largo plazo, de la misma manera que la revuelta de 1905 presupone la revolución de 1917. Y uso esta caricatura para mostrar que nuestro crítico bien podría haberles advertido a las minorías revolucionarias de votar por Kerenski ante el terrible futuro que se avecinaba con un zarismo cada vez más despótico. Vuelvo aquí a la “nota” que nuestro crítico señalaba como tan errónea: “ Hoy vivimos una restauración del capitalismo en un nivel superior, en un escenario histórico en el que salga quien salga como presidente deberá gobernar en un país polarizado, con un capitalismo que ya no funciona sin policía permanente en la calle, militares en el Wallmapu, leyes de control y represión del movimiento de personas y, por supuesto, sin una represión masiva sobre cualquier expresión de protesta”. Acto seguido, el crítico nos dice que los manifestantes en la revuelta no querían la revolución, ¿pero es que se trata todo esto de voluntades subjetivas? Querido crítico, la revuelta no debe ser juzgada por lo que sus participantes dicen de sí mismos, sino por lo que realmente hizo, y en esa línea yo señalaba algunas pistas acerca de donde residía el contenido verdaderamente radical de la revuelta. Así que, lamentablemente, nuestro crítico nos quería señalar la realidad no solo del terrible futuro que se nos avecina, sino también mostrarnos la realidad de la revuelta. Y en ambas, según lo que puedo juzgar hasta ahora, nuestro crítico ha fallado, su texto más bien constituye un triste reduccionismo y, en consecuencia, sus conclusiones son erróneas.


viernes, 5 de junio de 2020

LANG LEVE DE OPSTAND!

1 juni 2020

Na nog een nacht van opstand in de straten van de Verenigde Staten na de moord op George Floyd, kondigt president Trump vanuit een bunker in het Witte Huis aan dat hij “Anti-Fa” zal aanmerken als een terroristische organisatie. Deze benaming beoogt een spontane, veelzijdige beweging tot een organisatie te reduceren, waarbij niet alleen een ideologie, maar ook een hiërarchisch functioneren volgens de logica van de staat wordt toegekend.

Opnieuw wordt het terrorisme gebruikt als een alibi voor de criminalisering van brede sectoren in de strijd, die op zijn beurt het “antifascisme” volledig te boven gaat. Maar naast het aan de kaak stellen van en het bestrijden van de opmars van de repressie die dit betekent, is het noodzakelijk om de polarisatie die wordt nagestreefd binnen de strijd te verwerpen. De valse keuze tussen economie en leven, opgelegd door Covid-19, heeft geleid tot een heropleving van de klassieke burgerlijke polarisatie tussen economisch liberalisme en staatsinterventie. Deze laatste is op zijn beurt weer op verschillende manieren geregeld, afhankelijk van de regio. Over het algemeen is het zo dat er wordt gesproken van een progressieve en rechtse aanpak, en zelfs van het fascisme, zoals in Brazilië en de Verenigde Staten. Wij zien het beroep op het antifascisme niet toevallig als een poging tot het kanaliseren van een opstand die zij niet kunnen beheersen.

Hoewel het straatantifascisme (de Antifa), van het straatvechterstype dat de confrontatie aangaat met de neonazistische bendes, die in de Verenigde Staten en Europa veel voorkomen, niet identiek is aan het militaire en staats-antifascisme (van “de good guys”) van de jaren dertig is, is het wel zijn erfgenaam. De zegevierende verdedigers van het officiële antifascisme hebben tijdens de Tweede Wereldoorlog massaal arbeiders vermoord en vrouwen verkracht. En ze maakten rechtstreeks deel uit van de zegevierende regeringen die, in naam van de strijd tegen het fascisme, talloze landen hebben onderworpen aan een democratisch kapitalistisch regime waar geen protest meer zou mogen zijn omdat wij vrij zouden zijn en wij slechter af zouden zijn als de anderen hadden gewonnen.

Fascisme en democratie zijn altijd complementaire politieke systemen geweest die de belangen van de rijken dienden. Wanneer de democratie de strijd van de uitgebuitenen en onderdrukten niet kan bedwingen, of gewoon om ons op afstand te houden, neemt het kapitaal zijn toevlucht tot meer wrede vormen. Deze methoden, die geacht worden de voorrechten van de fascisten te zijn, maken tegenwoordig deel uit van elke regering die zich vrij en antifascistisch verklaart en ze zijn openlijk totalitair: moorden zoals die op George Floyd of de miljoenen doden door toedoen van de politie in elk land, slavenarbeid als noodzakelijke aanvulling op de arbeidsmarkt en discipline in scholen, gevangenissen en psychiatrische inrichtingen. Toch noemt geen enkele president zichzelf een fascist, maar het tegendeel!

Nu de democratie een totalitaire controle over het sociale leven is geworden, heeft het fascisme als een systeem van overheersing zijn betekenis verloren. Natuurlijk zijn er nog steeds nazi’s en fascisten, maar zij zijn niet degenen die aan de touwtjes trekken, zij zijn een probleem van de straat en moeten elke dag op straat worden bestreden. Maar antifascisme als politieke optie is een farce. Vandaag de dag dient het, net als in het verleden, alleen om de onderdrukten en de onderdrukkers, de uitbuiters en de uitgebuitenen, de heersers en de heersers te verenigen. In naam van het antifascisme worden we opgeroepen om ons aan te sluiten bij de volkerenmoordenaars van vandaag: de progressieve of linkse heersers van welk land dan ook, die evengoed bloed aan hun handen hebben. Of bij de erfgenamen van het stalinisme en het genocidale maoïsme.

Het probleem is niet rechts of links. Het probleem is het kapitalisme, het is de democratie. Je hoeft je niet aan te sluiten bij het antifascistische front om de fascisten te bestrijden. Wat ons verenigt is een gemeenschappelijk optreden overal tegen datgene wat ons uitbuit en onderdrukt, tegen de wortel van het probleem: privé-eigendom, geld en de staat.

In de straten van de V.S. mengen zwarte proletariërs zich met blanke en Latino proletariërs. Ze hebben in minder dan een week tijd het beklemmende dagelijkse leven uitgedaagd. Om dit op één enkele beweging te schuiven, zoals Trump en zijn entourage dat willen, of om de oppositie achter een deel van deze uitspraken te willen krijgen, laat slechts zien hoe goed deze twee tegengestelde fracties in de politiek op elkaar ingespeeld zijn, in de manier waarop ze deze marktwereld besturen.

Laat Trump noch de beulen waar dan ook ter wereld aan ons de doelstellingen en ontwikkelingen van onze strijd opdringen!

De staat is een terrorist!


Bron in het Nederlands: https://arbeidersstemmen.wordpress.com/2020/06/03/revolte-massale-demonstraties-en-rellen-in-de-verenigde-staten

ES https://panfletossubversivos.blogspot.com/2020/06/viva-la-revuelta.html
EN https://panfletossubversivos.blogspot.com/2020/06/long-live-revolt.html
FR https://panfletossubversivos.blogspot.com/2020/06/vive-la-revolte.html
DE https://panfletossubversivos.blogspot.com/2020/06/es-lebe-die-revolte.html

ES LEBE DIE REVOLTE!

1. Juni 2020

Nach einer weiteren Nacht des Aufruhrs in den Straßen der Vereinigten Staaten wegen der Ermordung von George Floyd kündigt Präsident Trump von einem Bunker im Weißen Haus aus an, dass er „Anti-Fa“ als terroristische Organisation bezeichnen werde. Diese Bezeichnung soll eine spontane, facettenreiche Bewegung zu einer Organisation reduzieren und ihr nicht nur eine Ideologie, sondern auch eine nach staatlicher Logik funktionierende Hierarchie zuweisen.

Wieder einmal wird der Terrorismus als Alibi für die Kriminalisierung kämpfender breiter Sektoren benutzt, die wiederum völlig den „Antifaschismus“ übersteigen. Aber neben der Anprangerung und dem Kampf gegen den repressiven Vormarsch, den dies bedeutet, ist es notwendig, die Polarisierung zurückzuweisen, die in diesem Kampf installiert werden soll.

Die von Covid-19 auferlegte falsche Wahl zwischen Wirtschaft und Leben hat zu einem Wiederaufleben der klassischen bürgerlichen Polarisierung zwischen Wirtschaftsliberalismus und Staatsinterventionismus geführt. Letztere wiederum ist je nach Region unterschiedlich kodifiziert worden. Im Allgemeinen spricht man von fortschrittlich und rechtsgerichtet, und geht sogar so weit, vom Faschismus zu sprechen, wie in Brasilien und den Vereinigten Staaten. Wir sehen keinen Zufall in dem Appell an den Antifaschismus als Kanalisierung einer Revolte, die sie nicht kontrollieren können.

Obwohl der in den Vereinigten Staaten und Europa verbreitete Straßenantifaschismus (die Antifa) vom Straßenschlägertyp, der sich den Neonazi-Banden entgegenstellt, nicht der statische und militärische Antifaschismus (der „Guten“) der 1930er Jahre ist, so ist er doch ihr Erbe. Die siegreichen Verteidiger des offiziellen Antifaschismus ermordeten im Zweiten Weltkrieg massenhaft Arbeiter und vergewaltigten Frauen. Und nachher gehörten sie direkt zu den siegreichen Regierungen, die im Namen des Kampfes gegen den Faschismus so sehr vielen Länder einem demokratischen kapitalistischen Regime unterworfen haben, in dem es keinen Protest mehr geben sollte, weil wir eigentlich frei wären und es uns schlechter ginge, wenn die anderen gewonnen hätten.
Faschismus und Demokratie waren schon immer komplementäre politische Systeme, die den Interessen der Reichen dienten. Wenn die Demokratie nicht in der Lage ist, die Kämpfe der Ausgebeuteten und Unterdrückten einzudämmen oder einfach nur, um uns in Schach zu halten, greift das Kapital auf brutalere Formen zurück. Heute sind diese Methoden, die angeblich das Vorrecht der Faschisten sind, Teil jeder Regierung, die sich für frei und antifaschistisch erklärt, und sie sind offen totalitär: Morde wie der an George Floyd oder die Millionen von Toten durch die Polizei in jedem Land, Sklavenarbeit als notwendige Ergänzung des Arbeitsmarktes und Disziplin in Schulen, Gefängnissen und Irrenanstalten. Doch kein Präsident bezeichnet sich selbst als Faschist, sondern das Gegenteil!

Jetzt, da die Demokratie zu einer totalitären Kontrolle des gesellschaftlichen Lebens geworden ist, hat der Faschismus als Herrschaftssystem seine Bedeutung verloren. Natürlich gibt es immer noch Nazis und Faschisten, aber sie sind nicht diejenigen, die die Fäden in der Hand haben, sie sind ein Problem der Straße und müssen jeden Tag auf der Straße bekämpft werden. Doch Antifaschismus als politische Option ist eine Farce. Heute wie damals dient er nur dazu, die Unterdrückten und die Unterdrücker, die Ausbeuter und die Ausgebeuteten, die Herrscher und die Beherrschten zu vereinen. Im Namen des Antifaschismus sind wir aufgerufen, uns den Völkermördern von heute anzuschließen: den fortschrittlichen oder linken Machthabern eines jeden Landes, die ebenfalls Blut an ihren Händen haben. Oder mit den Erben des Stalinismus und des völkermörderischen Maoismus.

Das Problem ist nicht die Rechte oder die Linke. Es ist der Kapitalismus, es ist die Demokratie. Man muss sich nicht der antifaschistischen Front anschließen, um die Faschisten zu bekämpfen. Was uns eint, ist das gemeinsame Handeln überall gegen das, was uns ausbeutet und unterdrückt, gegen die Wurzel des Problems: Privateigentum, Geld und den Staat.

In den Straßen der USA mischen sich schwarze Proletarier mit Weiße und Latino Proletarier. In weniger als einer Woche haben sie den bedrückenden Alltag in Frage gestellt. Dies zu eine einzige Bewegung reduceren wie Trump und sein Gefolge es wollen – oder um die Opposition hinter ein Teil dieser Äußerungen zu bekommen – zeigt wie gut diese beiden gegnerischen Fraktionen in der Politik auf einander eingestellt sind, in der Art und Weise, wie sie diese Warenwelt führen.

Lasst weder Trump noch die Henker irgendwo auf der Welt uns den Zielen und Entwicklungen unserer Kämpfe zuordnen!

Der Staat ist ein Terrorist!


Quelle auf Deutsch: https://arbeiterstimmen.wordpress.com/2020/06/03/usa-viva-la-revuelta

ES https://panfletossubversivos.blogspot.com/2020/06/viva-la-revuelta.html
EN https://panfletossubversivos.blogspot.com/2020/06/long-live-revolt.html
FR https://panfletossubversivos.blogspot.com/2020/06/vive-la-revolte.html
NL https://panfletossubversivos.blogspot.com/2020/06/lang-leve-de-opstand.html 

VIVE LA REVÓLTE!

1er juin 2020

Après une nouvelle nuit de révolte dans les rues des États-Unis suite à l’assassinat de George Floyd, le président Trump annonce depuis son bunker de la Maison Blanche vouloir classer la mouvance « Antifa » comme organisation terroriste. Cette dénonciation cherche à encadrer un mouvement spontané et multiforme (sans majuscules) et à le faire passer pour une Organisation, en lui attribuant non seulement une idéologie mais aussi un fonctionnement hiérarchique conforme à la logique de l’État.

Une fois de plus, le terrorisme est utilisé comme alibi pour la criminalisation de larges secteurs en lutte, ce qui dépasse complètement l’« antifascisme ». Mais en plus de dénoncer et de lutter contre l’avancée répressive que cela signifie, il nous faut rejeter la polarisation que l’on cherche à installer au sein de la lutte.

Le faux choix entre l’économie et la vie imposé depuis le Covid-19 a conduit à la résurgence de la polarisation bourgeoise classique entre libéralisme économique et interventionnisme d’État. Ce dernier, pour sa part, a été codifié de différentes manières selon les régions. D’une manière générale, il se présente comme progressiste et de droite, et on peut même aller jusqu’à parler de fascisme, comme au Brésil et aux États-Unis. Ce n’est certainement pas un hasard si l’antifascisme est appelé en renfort pour canaliser une révolte qu’ils ne peuvent pas contrôler.

Bien que l’antifascisme de rue (l’Antifa), du type « casseurs » qui affrontent les gangs néo-nazis, ce qui est courant aux États-Unis et en Europe, ne soit pas l’antifascisme étatique et militaire (des « gentils ») des années 1930, il en est l’héritier. Les défenseurs victorieux de l’antifascisme officiel ont massivement assassiné des travailleurs et violé des femmes pendant la Seconde Guerre mondiale. Et ils faisaient directement partie des gouvernements victorieux qui, au nom de la lutte contre le fascisme, ont soumis tant et tant de pays à un régime capitaliste démocratique où l’on ne doit plus protester parce que nous sommes soi-disant libres et que notre situation serait pire si les autres avaient gagné.

Le fascisme et la démocratie ont toujours été des systèmes politiques complémentaires servant les intérêts des riches. Lorsque la démocratie ne peut contenir les luttes des exploités et des opprimés, ou simplement pour que tout le monde marche droit, le Capital recourt à des formes plus brutales. Aujourd’hui, ces méthodes, qui sont censées être l’apanage des fascistes, font partie de tout gouvernement qui se déclare libre et antifasciste, et qui est par ailleurs ouvertement totalitaire : des meurtres comme celui de George Floyd ou les milliers de morts perpétrés par la police dans tous les pays, le travail forcé comme complément nécessaire au marché du travail, et la discipline dans les écoles, les prisons et les hôpitaux psychiatriques. Pourtant, aucun président ne se dit fasciste, bien au contraire !

Maintenant que la démocratie est devenue un contrôle totalitaire de la vie sociale, le fascisme en tant que système de domination a perdu son sens. Bien sûr, il y a encore des nazis et des fascistes, mais ce ne sont pas eux qui tirent les ficelles, ils sont un problème lié à la rue et c’est donc là qu’il faut les combattre tous les jours. Mais l’antifascisme en tant qu’option politique est une farce. Aujourd’hui comme hier, il ne sert qu’à unir les opprimés et les oppresseurs, les exploiteurs et les exploités, les dirigeants et les gouvernés. Au nom de l’antifascisme, nous sommes appelés à nous joindre aux génocidaires d’aujourd’hui : les gouvernements progressistes ou de gauche de tout pays, qui ont aussi du sang sur les mains. Ou les héritiers du stalinisme et du maoïsme génocidaire.

Le problème, ce n’est pas la droite ou la gauche. C’est le capitalisme, c’est la démocratie. Inutile de rejoindre le front antifasciste pour combattre les fascistes. Ce qui nous rassemble, c’est l’action commune partout contre ce qui nous exploite et nous opprime, contre la racine du problème : la propriété privée, l’argent et l’État.

Dans les rues des États-Unis, les prolétaires noirs se mêlent aux blancs et aux latinos. En moins d’une semaine, ils ont bravé la normalité quotidienne oppressante. Vouloir attribuer tout cela à un seul mouvement comme le font Trump et son entourage, ou vouloir tirer profit de ces déclarations comme le fait l’opposition, exprime combien ces deux factions similaires politiquement ne s’opposent que dans la façon dont elles gèrent ce monde mercantile.

Que ni Trump ni les bourreaux, nulle part dans le monde, ne fixent à notre place les objectifs et les développements de nos luttes !

L’État est le vrai terroriste !



Traduction française : Los Amigos de la Guerra de Clases



ES https://panfletossubversivos.blogspot.com/2020/06/viva-la-revuelta.html
EN https://panfletossubversivos.blogspot.com/2020/06/long-live-revolt.html
DE https://panfletossubversivos.blogspot.com/2020/06/es-lebe-die-revolte.html
NL https://panfletossubversivos.blogspot.com/2020/06/lang-leve-de-opstand.html

miércoles, 3 de junio de 2020

LONG LIVE THE REVOLT!

June 1st, 2020

After another night of revolt in the streets of The United States due to the killing of George Floyd, president Trump, from a bunker in the White House, announced that he would designate "Antifa" as a terrorist organization. This finger-pointing seeks to frame a spontaneous and manifold movement (without capitals) as an Organization, not only assigning it an ideology but also a functionality that is hierarchical and in consonance with state logic.

Once again, terrorism is is used as an alibi for the criminalization of wide sectors in the struggle, which at the same time completely exceed "anti-fascism". But beyond denouncing and fighting against the repressive advance that this signifies, it's necessary to reject the polarization that is sought to be introduced at the heart of the struggle.

The false choice between the economy and life that was imposed commencing from COVID-19 caused a resurgence of the classical bourgeois polarization between economic liberalism and state interventionism. This, in the same time, has been codified in different forms according to the region. Generally as progressivism vs. the right, and even arriving to speak of fascism, like in Brazil and the United States. We don't see any coincidence in anti-fascism being appealed to for the channeling of a revolt that they cannot control.

Although street anti-fascism (Antifa), of the thug type that confronts the neo-nazi gangs, which is common in the United States and Europe, is not the statist and military antifascism (of "the good guys") from the '30s of the last century, it is its heir. The victorious defenders of official anti-fascism killed workers and raped women on a massive scale during the Second World War. And they directly formed a part of the triumphant governments that, in the name of the struggle against fascism, subjected so many countries to a capitalist democratic regime in which one must no longer protest because we're supposedly free and we would have it much worse if the others had won.

Fascism and democracy have always been complimentary political systems to the service of the interests of the rich. When democracy can no longer contain the struggles of the exploited and oppressed, or to simply keep them in line, Capital resorts to more brutal forms. Today these methods, which it is supposed are exclusive to the fascists, form a part of any government that declares itself to be be free and anti-fascist, which on their part are openly totalitarian: killings such as that of George Floyd or the millions of deaths at the hands of the police of every country, slave labor as the necessary compliment of the labor market, and discipline in the schools, jails and mental hospitals. However, no president calls themself fascist - all to the contrary!

Now that democracy has turned into totalitarian control of social life, fascism as a system of domination has lost its meaning. Obviously there continues to be nazis and fascists but they aren't the ones pulling the strings, they are a problem of the street and there must be fought against day by day. But but anti-fascism as a political option is a farce. Now just as before it only serves to befriend the oppressed and the oppressors, exploiters and exploited, governors and governed. In the name of anti-fascism they call on us to unite behind the genocides of today: the progressive or leftist rulers of whatever country, who also have their hands stained with blood. Or the heirs of genocidal stalinism and maoism.

The problem is not the right or the left. It's capitalism, it's democracy. It's not needed to unite behind the antifascist front in order to fight the fascists. What unites us is common action everywhere against what exploits and oppresses us, against the root of the problem: private property, money and the State.

In the streets of the United States there mix black proletarians, together with whites and latinos. They have challenged the oppressive everyday normality in less than a week. To want to attribute this to one sole movement as does Trump and his entourage, or to want, like his opposition, to score a point by these declarations, expresses the commonality in political mentality that these two opposing factions have, but only in how to manage this mercantile world.

May neither Trump nor the executioners from any part of the world mark the objectives and developments of our struggles for us!

The State is the real terrorist!

Donwload PDF

ES https://panfletossubversivos.blogspot.com/2020/06/viva-la-revuelta.html
FR https://panfletossubversivos.blogspot.com/2020/06/vive-la-revolte.html
DE https://panfletossubversivos.blogspot.com/2020/06/es-lebe-die-revolte.html
NL https://panfletossubversivos.blogspot.com/2020/06/lang-leve-de-opstand.html

lunes, 1 de junio de 2020

¡VIVA LA REVUELTA!

Anónimo
1 de junio de 2020

Tras otra noche de revuelta en las calles de Estados Unidos por el asesinato de George Floyd, el presidente Trump desde un bunker en la Casa Blanca anuncia que designará a “Antifa” como organización terrorista. Este señalamiento busca a encuadrar a un movimiento (sin mayúsculas) espontáneo y multiforme en una Organización, asignándole no solo una ideología sino también un funcionamiento jerárquico y acorde a las lógicas estatales.

Una vez más, el terrorismo es utilizado como coartada para la criminalización de amplios sectores en lucha, que a su vez exceden completamente al “antifascismo”. Pero además de denunciar y luchar contra la avanzada represiva que esto significa, es necesario rechazar la polarización que se busca instalar en el seno de la lucha.

La falsa elección entre la economía y la vida impuesta a partir del Covid-19 hizo resurgir la clásica polarización burguesa entre liberalismo económico e intervencionismo estatal. Esta última, a su vez, se ha codificado de diferentes formas según la región. Generalmente como progresismo y derecha, e incluso llegando a hablar de fascismo, como en Brasil y Estados Unidos. No vemos ninguna casualidad en que se apele al antifascismo como canalización de una revuelta que no pueden controlar.

Si bien el antifascismo callejero (el Antifa), de tipo pandillero que enfrenta a las bandas neonazis, común en Estados Unidos y Europa no es el antifascismo estatista y militar (de “los buenos”) de los 30 del siglo pasado, sí es su heredero. Los victoriosos defensores del antifascismo oficial asesinaron trabajadores y violaron masivamente mujeres durante la Segunda Guerra Mundial. Y directamente formaron parte de los gobiernos vencedores que, en nombre de la lucha contra el fascismo, sometieron a tantos y tantos países a un régimen capitalista democrático donde ya no se debería protestar porque supuestamente somos libres y estaríamos peor si hubieran ganado los otros.

Fascismo y democracia han sido siempre sistemas políticos complementarios al servicio de los intereses de los ricos. Cuando la democracia no puede contener las luchas de los explotados y oprimidos, o simplemente para mantenernos a raya, el Capital recurre a formas más brutales. Hoy, esos métodos que se suponen son privativos de los fascistas forman parte de cualquier gobierno que se declara libre y antifascista, que por su parte son abiertamente totalitarios: asesinatos como el de George Floyd o los millones de muertos a manos de la policía de todos los países, el trabajo esclavo como complemento necesario del mercado laboral, y el disciplinamiento en escuelas, cárceles y manicomios. Así y todo, ningún presidente se dice fascista ¡sino todo lo contrario!

Ahora que la democracia ha devenido en control totalitario de la vida social, el fascismo como sistema de dominación ha perdido su sentido. Claro que sigue habiendo nazis y fascistas pero no son los que mueven los hilos, son un problema de la calle y deben ser combatidos en ella día a día. Pero el antifascismo como opción política es una farsa. Hoy como ayer solo sirve para hermanar a oprimidos y opresores, explotadores y explotados, gobernantes y gobernados. En nombre del antifascismo se nos llama a unirnos a los genocidas de hoy: los gobernantes progresistas o de izquierda de cualquier país, que también tienen las manos manchadas con sangre. O con los herederos del estalinismo y el maoísmo genocida.

El problema no es la derecha o la izquierda. Es el capitalismo, es la democracia. No hace falta unirse al frente antifascista para combatir a los fascistas. Lo que nos une es la acción común en todas partes contra lo que nos explota y nos oprime, contra la raíz del problema: la propiedad privada, el dinero y el Estado.

En las calles de Estados Unidos se mezclan proletarios negros, junto con blancos y latinos. Han desafiado la opresiva cotidianidad en menos de una semana. Querer arrogar esto a un solo movimiento como hace Trump y su séquito, o querer como su oposición sacar una tajada por estas declaraciones, expresa lo común que tienen de mentalidad política estas dos fracciones que están enfrentadas, pero solo en cómo gestionar este mundo mercantil.

¡Que ni Trump ni los verdugos de ninguna parte del mundo nos marquen los objetivos y desarrollos de nuestras luchas!
¡Terrorista es el Estado!


Descargar panfleto en PDF (tamaño A4)

EN https://panfletossubversivos.blogspot.com/2020/06/long-live-revolt.html
FR https://panfletossubversivos.blogspot.com/2020/06/vive-la-revolte.html
DE https://panfletossubversivos.blogspot.com/2020/06/es-lebe-die-revolte.html
NL https://panfletossubversivos.blogspot.com/2020/06/lang-leve-de-opstand.html

viernes, 22 de junio de 2007

ANTIFASCISTAS: UN ESFUERZO MAS SI QUIEREN SER REVOLUCIONARIOS.

Este año hemos vuelto a ser convocados para recordar a los luchadores antifascistas muertos durante el franquismo. Mientras el poder asesina a nuestros hermanos en las cárceles, los tajos, los psiquiátricos y las fronteras, nos piden que recordemos a cinco fusilados de hace 30 años, cinco fusilados que no tienen nada que ver con nosotros, con nuestros intereses o nuestros deseos. Porque nosotros no queremos ser antifascistas, queremos ser revolucionarios.

Fascismo y democracia han sido siempre sistemas políticos complementarios al servicio de los intereses del capital. Cuando la democracia no podía contener el empuje proletario el capital recurría a formas de dominación más brutales. El fascismo italiano surgió al calor de las luchas obreras del norte de Italia, el nazismo alemán como respuesta a las insurrecciones de los años 20 y en España, el alzamiento militar que se convertiría en franquismo fue la reacción a una clara situación prerrevolucionaria. En todos los casos la socialdemocracia (los partidos socialistas y comunistas) allanó el camino de la represión o colaboró abiertamente con ella, combatiendo así a su verdadero enemigo: la revolución.

Ahora que la democracia ha devenido en control totalitario de la vida social, el fascismo como sistema de dominación ha perdido su sentido. Claro que sigue habiendo nazis y fascistas pero no son los que mueven los hilos, son un problema de la calle y deben ser combatidos en ella día a día, sin esperar a fechas señaladas ni a coordinadoras antifas que nos marquen el camino. Pegarle a un nazi es un ejercicio sano y desestresante tanto como pegarle al ciudadano demócrata que nos vigila, nos delata y nos denuncia.

El antifascismo como opción política es una farsa y los autoproclamados antifascistas de politiqueo y rueda de prensa no son más que los restos de una izquierda extraparlamentaria, grupuscular y burocrática reconvertida en ciudadanista y neodemócrata que busca clientela joven y rebelde. Que no nos vendan la moto antifa, el problema no es la derecha o la izquierda, es el capitalismo, es la democracia. Los madrileños que no somos ni demócratas ni antifascistas seguiremos combatiendo a los fascistas, a los demócratas de toda la vida y a los que empiezan su vida como demócratas, pero no bajo la falsa bandera del antifascismo sino bajo la de la lucha revolucionaria.




# Noviembre de 2005, Madrid. Comunistas por la anarquía.