Mostrando entradas con la etiqueta Francia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Francia. Mostrar todas las entradas

domingo, 16 de abril de 2023

[Francia] Sobre el compañero Serge

 Traducciones de Grupo Barbaria

Llamamiento a la acción: todos somos compañeros de S.

Los compañeros de S.
11 de abril de 2023

En el momento de escribir estas líneas, nuestro compañero Serge lleva 15 días en coma y su pronóstico sigue siendo incierto. Queremos dar las gracias de todo corazón a todos los compañeros que le han mantenido con vida gracias a su rápida intervención y a los que hoy se ocupan de su tratamiento lo mejor que pueden. También agradecemos a todas las personas que, de una forma u otra, han mostrado su solidaridad con los heridos y detenidos del movimiento.

Asistimos, desde lejos, a los diversos intentos de los políticos de sacar tajada de la situación de Serge. Se desviven por hacer de nuestras luchas un trampolín con el que reforzar su posición en el juego político. Y para eso quieren que nos comportemos. Pero saben muy bien que el Estado y la burguesía, de la que forman parte, están decididos a no rendirse.

Esta situación no es nueva. Es mundial, de Francia a China, de Colombia a Irán. En todas partes la esperanza de las migajas se desvanece. Nuestras condiciones de vida se deterioran con la misma rapidez con que ellos se enriquecen, y allí donde nos sublevamos, nos encontramos con la represión y la violencia del Estado. Decir que el capitalismo sólo ofrece muerte, guerra y destrucción en el horizonte es reconocer que la solución para acabar con él está en las luchas contra nuestra explotación, en los estallidos sociales, en nosotros.

Tras semanas de lucha en Francia, las direcciones sindicales y políticas se esfuerzan por defender su estrategia de mantenimiento del orden frente a los millones de proletarios que han dado su tiempo, su cuerpo e incluso su vida para vencer. Rechazamos su derrota programada y por eso, en muchos lugares, han surgido formas de organización que nos permiten tomar la iniciativa y reforzar la lucha, a través de asambleas, ocupaciones, manifestaciones, huelgas, bloqueos, sabotajes.  Lo esencial para nosotros es construir la unidad de las y los que rechazan la división de la lucha y que hoy se enfrentan al Estado. Lo que le hicieron a Serge, lo que le hicieron a todos los heridos y detenidos, no hay manera de que lo dejemos pasar.

Con esta perspectiva llamamos a continuar las acciones para reforzar el movimiento y a dedicarlas a todos los heridos y detenidos de aquí y de otros lugares. Numerosas pancartas han florecido en las procesiones y en los muros. Los metros llevan los nombres de los heridos. Se entonan canciones. Se multiplican las ocupaciones y los sabotajes. Continuemos.

También pedimos a todas y todos los que en Francia y en el mundo se reconocen en este llamamiento que hagan de la semana del 1 de mayo una semana intensa de acciones contra el Estado y el capital: en el trabajo, en las manifestaciones, en las rotondas, en dedicatoria a todos nuestros compañeros heridos, asesinados y detenidos, aquí y en otros lugares, ayer y hoy, que no pueden participar. No en un sentido simbólico o conmemorativo, sino con el objetivo de lanzar, relanzar o continuar las luchas en las que participamos.

Porque podríamos haber sido cualquiera de nosotros los que estamos luchando, ¡TODOS SOMOS COMPAÑEROS DE S.!

¡Viva la revolución!


PD: retransmitimos en el blog lescamaradesdus.noblogs.org y en las diferentes redes, todas las iniciativas dedicadas a los heridos y detenidos que pululan por todas partes. Si queréis que retransmitamos iniciativas locales, enviadlas a s.informations@proton.me. Si alguna asamblea/grupo está pensando en poner en marcha nuevas acciones para la semana de acción y más adelante, hacédnoslo saber.


* * * * * *

Tercer comunicado de los padres de Serge

Los padres de Serge,
12 de abril de 2023

Traducimos y difundimos el tercer comunicado de los padres de Serge, el compañero herido gravemente en la manifestación contra los embalses de Sainte-Soline [Barbaria]

La amenaza de disolver uno de los colectivos [Les soulèvements de la terre] que convocaron una manifestación contra los embalses el 25 de marzo es una nueva ilustración del desprecio que este régimen expresa hacia cualquiera que quiera bloquear la política que está llevando al servicio de la burguesía. Se trata de dar crédito a la idea de que los miles de manifestantes presentes en Sainte-Soline eran niños sin ninguna autonomía, que llegaron allí bajo la influencia de algún poder oculto.

La amenaza de disolver las estructuras que organizan la solidaridad contra la represión es otro reflejo de este desprecio, que consiste en hacer creer a la gente que ella misma, a nivel popular, es incapaz de organizarse para defenderse.

Sin embargo, lo que ocurre hoy en Francia es todo lo contrario.

En Sainte-Soline, no había «azules» y «negros» de un lado y «familias» del otro.

Las decenas de miles de personas que participaron en esta manifestación prohibida sabían que los que tenían más movilidad formarían parte de la comitiva encargada de abrir el camino hacia la cuenca, y nadie disoció a los «no violentos» de los «violentos», a los manifestantes «buenos» de los «malos». La complicidad entre ellos era evidente. Estas decenas de miles de personas actuaron juntas, cada una según sus posibilidades, contra el modelo capitalista representado por los tanques y a pesar de las amenazas de represión del Estado. Y fueron capaces, juntos, de resistir físicamente al brazo armado del Estado.

La violencia estuvo del lado de la policía, que se ensañó con todos los manifestantes.

Los 200 heridos de Sainte-Soline —entre ellos nuestro hijo Serge y Mickaël, los más graves— no son el resultado de una «mala gestión del orden», de errores de tal o cual persona, o simplemente fruto de la casualidad. El responsable de estos 200 heridos es un Estado cuyo único objetivo, en el periodo actual, es poner de rodillas toda protesta social para gestionar mejor la explotación del trabajo en los años venideros, ante la crisis que atraviesa el capitalismo para perpetuarse.

La represión policial y legal es omnipresente y se extiende como la miseria sobre el mundo pobre, pero no nos dejaremos encerrar en una lucha contra esta represión que monopolizaría todos nuestros espacios y nuestra visión de la vida. Porque nuestro mundo es también un mundo de lucha, y la lucha es la fiesta. La fiesta son las barbacoas de los chalecos amarillos en las rotondas; son los gritos y cantos en las manifestaciones contra la reforma de las pensiones; es la expresión creativa y colorista que pueden tener las manifestaciones de mujeres o de gays; son las huelgas o las ocupaciones en las que los trabajadores se descubren en su lugar de trabajo; son los alegres bloqueos de carreteras o de institutos…

Contra la represión, estos espacios de lucha y celebración dan testimonio de que el mundo debe cambiar de base, y de que tenemos dentro de nosotros, ahora mismo, la capacidad de lograrlo potenciándolos y ampliándolos.

No necesitamos ninguna «figura» o partido que nos muestre el camino a seguir llevándonos de la mano.

Mantendremos nuestra unidad en la misma lucha contra la ordenación del territorio capitalista, y nuestra solidaridad contra la represión. No se mata a un movimiento declarando disueltas algunas de sus estructuras o prohibiéndolas.

La disolución o las prohibiciones no cambiarán nada.

Y no cederemos a los discursos para retractarse de los partidos políticos que siguen intentando hablar en nuestro nombre cuando ya no representan gran cosa.

Debemos tener confianza en nosotros mismos para repeler la embestida del Estado policial, así como la de la extrema derecha al acecho.


* * * * * *

Comunicado del local «Camarade» [sobre S. y las luchas en Francia]

15 de abril
Traducimos y difundimos el comunicado del local Camarade sobre Serge, el compañero herido en la manifestación contra el megaembalse en Sainte-Soline y todavía con pronóstico reservado [Barbaria]

El local Camarade, abierto en 2017, es un espacio que defiende posiciones y propuestas para acabar con el aumento del precio de la vida y el trabajo de por vida, por la solidaridad y la autodefensa de clase, por las revueltas, por la revolución, contra la formas de división en las luchas y los movimientos, contra las categorías del poder que nos dividen en buenos y malos manifestantes, en los movimientos de lucha en Toulouse y más allá.

Serge es un miembro activo desde su apertura, una apertura que se situaba en la continuidad de una historia política de la que muchos de nosotros ya formábamos parte en ese momento. Somos viejos compañeros y amigos que nos conocimos en las luchas que han perturbado la monotonía cotidiana del aplastamiento capitalista en los últimos quince años.

La ridícula operación de demonización de Serge fue rápidamente sofocada por las decenas de testimonios que respondieron al llamamiento de los Camarades du S [Compañeros del S, juego de palabras con S. de Serge y S, la categoría de potencial terrorista con la que el Estado categoriza a Serge y miles de activistas y militantes en Francia] para decir quién es él y eso se lo agradecemos calurosamente. No podía ser de otra forma.

También agradecemos a todas las personas que cuidaron de nuestro amigo mientras los militares se quedaban esperando a que muriera.

También agradecemos a todas las personas que mostraron solidaridad, con palabras y acciones. Pronto reanudaremos las actividades del local para reunirnos y continuar la lucha.

Aprovechamos para recordar a todos los políticos que intentan capitalizar la situación de Serge que él no los quiere.

Hoy como ayer, el Estado nos hace la guerra. Desde Sainte-Soline hasta el movimiento de pensiones, pasando por los que han pasado y los que vendrán, el cerco policial es su única respuesta. Con la masacre de Sainte-Soline, el Estado ha dejado clara su intransigencia hacia todo lo que lo cuestiona y lo cuestionará.

El Estado sólo puede pensar identificando a un enemigo. Construye una identidad, ahora la «ultraizquierda». Luego hace una selección de objetivos con esta identidad, donde los criterios de pertenencia son relativamente difusos (el Ministro logró incluir en ella a la LDH [Ligue des droits de l’Homme, una asociación ciudadanista por los derechos humanos]), esperando que los círculos más alejados del punto neurálgico inicien un movimiento de retirada para dejar que la policía haga su trabajo y aplaste a los recalcitrantes. Cuando el Estado blande la amenaza de la ultraizquierda, es otra cosa lo que quiere aplastar.

Los grupos políticos que ataca no son el desbordamiento. El desbordamiento somos todos los que luchamos contra el Estado, contra la explotación, aquí y ahora. El desbordamiento es cuando no podemos aceptar parar una huelga mientras los poderosos nos escupen en la cara su desprecio por lo que somos, con o sin exigencias.

El desbordamiento es volver a casa después de la undécima manifestación organizada por los sindicatos y su instinto de derrota, con la cabeza llena de preguntas sobre el dinero que hemos perdido haciendo huelga sin tomar una parte activa en ella.

El desbordamiento es cuando, después de una tarde en los gases, bajo los porrazos y al alcance de las LBD [lanceur de balles de défense, una escopeta antidisturbios con balas no letales], las granadas ensordecedoras, las granadas de cerco y las G2ML [granada ensordecedora y de gas lacrimógeno], decimos «nunca más» y decidimos protegernos de estos asesinos servidores de la ley.

Este desbordamiento es el momento en que el movimiento adquiere una nueva dimensión. En la actualidad, muchas de sus componentes han llegado a este punto y están avanzando hacia la organización práctica para lograr victorias. Porque ese es el objetivo de una lucha. Debemos darnos los medios para ganar.

Bajo el pretexto de la vaga figura de la ultraizquierda, el Estado nos atacará en realidad a todos nosotros, a todas las prácticas que buscan la solidaridad en la lucha para plantarle cara.

La primera victoria es la unidad en la lucha, el rechazo a la división. El debate estratégico sobre la unidad se polariza entre dos posiciones. Por un lado, se nos habla de la unidad política detrás de la izquierda, lo que significa la extensión del control del movimiento por parte de los partidos y sindicatos que capitalizan nuestras luchas.

A esta unidad en la recuperación, oponemos la unidad en la lucha, mediante la extensión del movimiento en el tiempo y el espacio, mediante la construcción de un movimiento masivo, revolucionario y autónomo, para que todo el mundo viva bien.

En este sentido, hacemos un llamamiento a fortalecer la solidaridad en las manifestaciones, entre los proletarios, entre los sectores, en la huelga y en los bloqueos y en la calle, y a fortalecerla en todo el mundo, porque la situación de Serge y del movimiento actual contra el viejo mundo habla y resuena en otras partes del planeta. También nos unimos al llamamiento a protegernos de las fuerzas de policía y gendarmería.

Es por lo que nos unimos al «llamamiento a la acción» de los Compañeros del S a partir de la semana del 1º de mayo en solidaridad con Serge y con otros heridos, siempre con el mismo objetivo de continuar y reforzar las luchas y el movimiento en curso para darnos los medios para ganar.

Fuerza para Serge, viva el comunismo y la anarquía.
¡Continuaremos hasta la victoria de la Revolución mundial!

jueves, 30 de marzo de 2023

[Francia] Represión en Sainte-Soline

Comunicado de prensa sobre la situación de S., que se encuentra entre la vida y la muerte tras la represión en Sainte-Soline

El sábado 25 de marzo, nuestro compañero S. fue alcanzado en la cabeza por una granada explosiva durante la manifestación contra los embalses. A pesar de su estado crítico, la prefectura impidió  intencionadamente que los servicios de urgencias intervinieran en primer lugar y que le trasladaran a una unidad de cuidados adecuada en segundo lugar. Actualmente se encuentra en reanimación neuroquirúrgica. Su pronóstico vital sigue estando comprometido.

El estallido de violencia represiva que sufrieron los manifestantes se saldó con centenares de heridos, varios de ellos con lesiones físicas graves, tal y como recogen los diversos informes disponibles. Los 30.000 manifestantes habían acudido con el objetivo de bloquear la construcción del megaembalse de Sainte-Soline, un proyecto que pretende monopolizar la gestión del agua en manos de una minoría que se beneficia de un sistema capitalista que no tiene nada más que defender salvo la muerte. La violencia del brazo armado del Estado democrático es la expresión más clara de esto.

En la etapa actual abierta por el movimiento contra la reforma de las pensiones, la policía mutila e intenta asesinar para impedir el levantamiento, y defender a la burguesía y su mundo. Pero nada debilitará nuestra determinación de poner fin a su dominio. El martes 28 de marzo y los días siguientes, reforcemos las huelgas y los bloqueos. Salgamos a la calle, por S. y por todos los heridos y encarcelados de nuestros movimientos.

Viva la revolución

Camaradas de S.

PS: Si tienes alguna información sobre las circunstancias en las que hirieron a S., ponte en contacto con nosotros en: s.informations[a]proton.me

Deseamos que este comunicado tenga la mayor difusión posible.

* * * * * *

Segundo comunicado de prensa sobre S.

Mientras nuestro camarada Serge lucha como un león por conservar la vida que el Estado intenta arrebatarle, asistimos a una nueva oleada de violencia, esta vez mediática, que pretende convertirle en un hombre legítimamente fusilable. A día de hoy, sigue en coma y su pronóstico es aún incierto. Nuestra solidaridad se dirige también a Mickaël y a todos aquellos que han encontrado la violencia policial en su camino.

Las palabras del poder del Estado se repiten incansablemente en los escenarios de los medios de comunicación burgueses para construir el enemigo que quieren combatir. Su cortina de humo no resistirá a las decenas de testimonios que han venido a recomponer el curso de los acontecimientos. La gendarmería utilizó granadas para dañar a los manifestantes y orquestó el fracaso de los servicios de rescate, aunque ello supusiera dejar morir a los compañeros.

Los servicios de inteligencia distribuyen el dossier de Serge a las redacciones con el fin de imponer el prisma policial para designar lo que somos. No nos entretendremos aquí desmontando cada una de las versiones policiales voluntariamente truncadas. Eso sería creer que alguna verdad sobre este tema puede existir en los arcanos de la propaganda estatal y mediática. Serge, como militante revolucionario, lleva muchos años participando con toda su voluntad en las diferentes luchas de clase que surgen contra nuestra explotación, siempre en una preocupación de ampliación, refuerzo y victorias para los proletarios.

Porque sí, no podemos resignarnos a ser aplastados.

Hacemos un llamamiento a todos los que le conocen para que digan a los que le rodean quién es. Pero recordando una cosa: Serge, en la lucha, rechaza la estrategia del poder para designar a los buenos y a los malos. Mantenemos esta línea con él.

El martes 28 de marzo, personas de todo el mundo tomaron la iniciativa de manifestar su solidaridad en el corazón del movimiento contra la reforma de las pensiones en Francia. También recibimos muchos mensajes de camaradas de otros países. Les damos las gracias de todo corazón y les invitamos a continuar y reforzar la lucha. Ya están previstas otras iniciativas y llamamos a sumarse a ellas y a multiplicarlas, sin moderación, en Francia y en el mundo.

Llamamos a la difusión masiva de este comunicado.

PD: Circulan muchos rumores sobre la salud de Serge. Por favor, no los difundan. Les mantendremos informados de la evolución de la situación. 

Para contactar con nosotros: s.informations[a]proton.me

Camaradas de S.


 * * * * * *

Comunicado de prensa de los padres de Serge (S.)

[Publicamos el comunicado de los padres de Serge, el compañero que se encuentra en grave estado de salud tras la represión de Sainte-Soline. Este texto está motivado por la campaña de descrédito que ha iniciado la prensa francesa contra él, curándose en salud frente a las posibles consecuencias de la brutal represión policial. En particular, denuncian que Serge estaría fichado por la policía desde 2010 como clase «S», por sécurité de l’État, que son los individuos vigilados por la policía sin el objetivo inmediato de su detención. Bajo esta categoría, miles de activistas y militantes anticapitalistas están en la mira del aparato del orden burgués. - Barbaria]

Nuestro hijo Serge se encuentra actualmente hospitalizado con «pronóstico vital reservado», a raíz de la herida causada por una granada GM2L, durante la manifestación del 25 de marzo de 2023 organizada en Sainte-Soline (79) contra los proyectos de embalses de riego.

Presentamos una denuncia por tentativa de homicidio, obstrucción deliberada a la llegada de los servicios de urgencia, y por violación del secreto profesional en el marco de una investigación policial, y utilización indebida de información contenida en un expediente.

A raíz de los diversos artículos aparecidos en la prensa, muchos de ellos inexactos o engañosos, queremos hacer saber que:

•    Sí, Serge está en la lista «S» —como miles de activistas en la Francia actual.

•    Sí, Serge ha tenido problemas judiciales —como la mayoría de las personas que luchan contra el orden establecido.

•    Sí, Serge ha participado en muchos mítines anticapitalistas —como millones de jóvenes en todo el mundo que piensan que una buena revolución no estaría de más, y como los millones de trabajadores que luchan actualmente contra la reforma de las pensiones en Francia.
Consideramos que no se trata de actos criminales que mancillarían a nuestro hijo, sino que, por el contrario, estos actos le honran.
 

Los padres de Serge, 29 de marzo de 2023


 * * * * * *

Para conocer algo del contexto:

(Fuente: https://illwill.com/sainte-soline)

El 25 de marzo 30.000 personas acudieron a Sainte-Soline, Francia, para protestar contra el bombeo industrial de agua subterránea para uso exclusivo de un puñado de grandes empresarios agrícolas. Hubo 200 heridos, 40 de gravedad, dos de ellos están en coma. Tras una semana de protestas contra la ley de pensiones, Macron había dado un discurso con el objetivo de sembrar el miedo, quitar apoyo popular al movimiento y echarle la culpa a los “agitadores”. Los cuerpos mutilados de los manifestantes en Sainte-Soline son consecuencia directa del discurso del presidente. Los medios difundieron comentarios de policías anónimos: ¡nunca habían visto tanta violencia! "¡Nunca había pasado antes!" “¡Es peor que los chalecos amarillos!” “Algunos vienen para matar”. La cuestión de si algunos manifestantes eran posibles “asesinos de policías” se debatió en los programas de televisión. En BFMTV admitieron que nunca se ha hallado un arma de fuego en una protesta, pero el término "asesino" se puso sobre la mesa igual. Incluso lo pronunció el Ministro del Interior. Así, se creó un enemigo: una bestia sanguinaria excluida de la comunidad humana. Luego, se anunció que "frente a la irrupción de violencia, Emmanuel Macron encarna el lado del orden”, y por eso sufrimos una lluvia de granadas policiales. Los medios no tardaron en repetir el guión de la policía: la violencia vino de ambos lados, fue un enfrentamiento “equilibrado”. 3.200 policías, un cañón de agua, dos helicópteros, vehículos blindados que disparaban granadas, drones, cuatrimotos, camiones, todo para proteger y defender un hoyo vacío, indestructible por definición. Los manifestantes en Sainte-Soline querían eludir el cerco policial y plantar sus banderas en el embalse. La policía buscó desplegar toda su fuerza y brutalidad contra los manifestantes para traumatizarlos, mutilarlos y desanimarlos. Los primeros consideraban el embalse como una metáfora del futuro al que nos ha condenado el poder; los segundos protegían un orden, un hoyo, un vacío. 

* * * * * *

Comunicados en idioma original: camaraderevolution.org

jueves, 2 de diciembre de 2021

[Francia] Pase Sanitario / Revolución sin fronteras

• Combatir la explotación y el nacionalismo
• Marcha de Revolución sin Fronteras - Manifestación contra el pase sanitario
• Una pequeña aclaración sobre el artículo de FAFWATCH
• ¿El peor producto del fascismo? ¡Es el antifascismo!

Compilado y publicado por Tridni Valka en diciembre de 2021

Nota de Tridni Valka: Desde hace varios meses, se está desarrollando en todo el mundo un movimiento de protesta muy heterogéneo y confuso, una protesta que tiene como objetivo la obligación de la vacuna anticovid, así como el "pase sanitario" que la acompaña, y sus consecuencias en términos de refuerzo del control social ejercido por el Estado hacia el proletariado. Este movimiento se expresa con cierta virulencia en Francia, y los militantes revolucionarios intentan infundirle consignas para una clara ruptura con el orden capitalista (como "Luchemos contra la explotación y el nacionalismo" o "¡La única perspectiva de una vida mejor es la revolución!") y asumir así sus tareas de liderazgo. En Toulouse, en particular, los compañeros que organizaban una "marcha revolucionaria" bajo el lema "Revolución sin fronteras" fueron agredidos físicamente por una banda de algunas decenas de militantes de extrema derecha. Aunque estos compañeros se niegan a caer en la trampa del antifascismo, era una oportunidad demasiado buena para que todos los sectores locales de la socialdemocracia y el izquierdismo gritaran y trataran de vendernos por milésima vez su mercancía ideológica adulterada haciendo circular la consigna "Toulouse antifascista"...

Por lo tanto, aprovechamos la reedición de varias pequeñas contribuciones sobre estos acontecimientos para reafirmar sucintamente nuestra posición de siempre sobre la cuestión del fascismo y el antifascismo, así como la necesidad de organizar la autodefensa de los compañeros y nuestras luchas.

La crítica del antifascismo se inscribe plenamente en la crítica global de la falsa polarización burguesa del fascismo frente al antifascismo, no debe limitarse a la crítica del frontismo y del activismo, ni separarse de la globalidad de la lucha anticapitalista. El fascismo no es una tercera fuerza, es sólo una de las facetas, una manifestación cotidiana entre otras de la fuerza del Estado. Históricamente, el proletariado siempre ha tenido que enfrentarse a estos órganos del Estado que son las milicias patronales (Pinkerton en EEUU, redes cercanas a la SAC, la OAS y Peugeot en Francia), los pistoleros en España en los años 20, las guardias blancas y los ejércitos, los escuadrones de la muerte (Triple A en Argentina, Policía de Honor en Francia, GAL y Guérilleros de Cristo Rey en España durante los años 70) o los cuerpos francos en Alemania y Hungría en 1919. El proletariado también ha tenido siempre que armarse en consecuencia para defenderse de las amenazas y ataques contra sus condiciones de vida y organización de la lucha.

En este sentido, es necesario aclarar el contenido real de la acción de los grupos proletarios que se constituyen como grupos de autodefensa frente al Estado, que en este caso toma la forma de fascistas armados a menudo dispuestos a matar, porque el uso de expresiones como "lucha antifascista" sólo puede reforzar la confusión. La polarización fascismo versus antifascismo sólo ha servido para confinar cualquier avance revolucionario a la defensa de un mal menor y, por tanto, del orden existente, movilizando a los proletarios en defensa del Estado, para preparar el enfrentamiento bélico en un terreno que no es el de nuestra clase. Es una visión global de los fenómenos y una crítica histórica del antifascismo lo que nos permite considerar de forma muy precisa el ejemplo de la llamada "guerra de España": ésta no sólo fue de forma eminentemente práctica el ataúd del proletariado militante en esta región, sino que también preparó ideológicamente a toda la clase de los explotados para aceptar dejarse envolver en la masacre generalizada que fue la llamada "segunda guerra mundial".

Desde hace décadas, algunos sectores militantes defienden también un "antifascismo revolucionario", considerando que el "verdadero antifascismo" no debe centrarse sólo en la desaparición de los fascistas de la faz de la tierra, sino que debe potenciar el cambio (revolucionario) de la sociedad, un cambio que permita librarla de las razones por las que aparece el fascismo, en contraposición a lo que se denomina "antifascismo democrático" que "proviene de iniciativas ciudadanas" y que "paradójicamente sólo ayuda al fascismo". Evidentemente, aunque algunas formulaciones sigan siendo ambiguas, existe una cierta voluntad de aclarar las cosas.

Sin embargo, consideramos que es cuando menos contraproducente querer "revolucionar" absolutamente lo que es manifiesta y plenamente contrarrevolucionario desde el principio: es tan absurdo "revolucionar" el antifascismo como "revolucionar" el sindicalismo o el parlamentarismo. Siguiendo las lecciones aprendidas por muchos militantes, grupos, colectivos, partidos..., señalamos que la necesidad de que nuestra clase y sus minorías revolucionarias se organicen contra "las milicias fascistas" no puede corresponder de ninguna manera a una adhesión (¡y menos de forma estructurada!) a la ideología antifascista (que ya ha demostrado sus efectos nefastos en la historia) sino a una necesidad de autodefensa en su lucha como minoría por afirmar sus medios de existencia.

Recordemos esta lección esencial que toda la historia del movimiento obrero nos ha enseñado desde hace cien años: ¡sea fascista o antifascista, la democracia es siempre la dictadura del Capital!

Que muera el Capital y su democracia, así como sus fascistas y antifascistas.

*

Combatir la explotación y el nacionalismo


Folleto encontrado en la manifestación de Toulouse del 4 de septiembre de 2021 y publicado por Détruisons l’économie.

Con la introducción del pase sanitario y sus medidas complementarias, el Estado vuelve a aplicar la misma estrategia que ha utilizado desde el comienzo de la epidemia de Covid: reforzar el control social, enfrentando a las personas entre sí, esta vez entre los que tienen el pase y los que no.

Las rencillas entre vacunados y no vacunados complican cualquier solidaridad entre los explotados e impiden identificar al causante de las sucesivas crisis que vivimos: el sistema capitalista y no nuestro compañero, nuestro vecino, nuestro amigo...

Por otro lado, quieren acostumbrarnos a estar sometidos a controles cada vez más regulares. Se refuerzan los poderes de la policía, se generalizan los controles de identidad y se subcontrata a una parte cada vez mayor de la población. No es de extrañar que esta vigilancia se lleve a cabo con el apoyo de la tecnología.

Las condiciones de vida de los inmigrantes indocumentados, ya de por sí duras, serán aún más duras. Por otro lado, las mercancías, los diversos comerciantes internacionales y los turistas de los países más ricos seguirán circulando de un país a otro sin dificultad, mientras que las personas que no tengan los papeles en regla tendrán que luchar aún más en las fronteras y en sus viajes.

Es contra esta dinámica de control social acelerado contra la que pretendemos luchar.

Si luchamos contra el pase, no es porque nos opongamos a la vacunación, sino contra el capitalismo y las diferentes herramientas que utiliza para mantenerse, al contrario que ciertos componentes del movimiento que están ahí por razones antagónicas a las nuestras: la extrema derecha siempre se ha opuesto a derribar el sistema.

Siempre ha velado por el mantenimiento del orden establecido, de la moral burguesa, enclaustrada tras las fronteras que defiende a ultranza. La designación de chivos expiatorios siempre ha formado parte de sus prácticas. No son más que carroñeros, que quieren fortalecerse a través de este movimiento para establecer una sociedad aún más autoritaria.


Ante la crisis sanitaria, la degradación de nuestras condiciones de vida que traerá la crisis económica, los despidos que inevitablemente caerán, la reforma del paro o las pensiones, más que servir la sopa a la extrema derecha:

La única perspectiva de una vida mejor es la revolución.


*

Marcha de Revolución sin Fronteras - Manifestación contra el pase sanitario

Este texto fue escrito por personas que participaron en una marcha revolucionaria presente durante la manifestación contra el "pase sanitario", el sábado 11 de septiembre de 2021 en Toulouse.

¿Por qué una marcha revolucionaria?
Queríamos celebrar una marcha revolucionaria para defender una orientación: la que vincula las manifestaciones contra el pase sanitario con el levantamiento de los Gilets Jaunes [Chalecos Amarillos] y, más ampliamente, con la gran ola de revueltas que ha sacudido el mundo desde entonces.

¿Por qué "Revolución sin fronteras"?
Queríamos insistir en el carácter sin fronteras de la revolución, porque sabemos bien que los ataques contra los explotados, los policías que se están generalizando, adoptan ciertamente formas diferentes según los países, pero en la misma lógica general: aplastar las bocas de los proles, dividirnos para explotarnos mejor.

Ciertas tendencias políticas quisieran acabar con las prácticas y las luchas de los últimos años.
Pretenden circunscribir la manifestación a los espacios autorizados y reducir la lucha a reivindicaciones parciales, como la libertad de consumir sin pase, cuando fracciones cada vez más amplias de la población simplemente ya no tienen la posibilidad financiera de consumir.

La hostilidad de estas tendencias a tomar el camino revolucionario abierto por los GJ, en favor del statu quo o la reacción, es lo que ha dado confianza a los grupos fascistas. La falta de solidaridad del resto de la manifestación fue lo que contó a los grupos fascistas que atacaron a la comitiva de revolucionarios y chalecos amarillos. Pero los manifestantes no lo oyeron así y juntos la manifestación despejó a los fascistas, antes de que los policías echaran gases por todas partes.

¿Qué es lo siguiente?
¡Reiteramos nuestra oposición al control social que constituye el pase sanitario y, sobre todo, al deterioro de nuestras condiciones de vida, a los despidos y a las cesantías que se avecinan!

Viva la revolución sin fronteras
Construyamos la solidaridad de todos los explotados

Source : https://iaata.info/Cortege-revolution-sans-frontiere-Manif-contre-le-pass-sanitaire-4927.html
PDF : https://iaata.info/IMG/pdf/sans_titre-3.pdf

*


Pequeña aclaración sobre el artículo de FAFWATCH

Publicado el 15 de septiembre de 2021.

Un texto que ignora la perspectiva revolucionaria de la marcha para esconderse detrás de una estrategia "pacifista y democrática". Todo lo contrario de lo que llevaba la marcha revolucionaria atacada por los fascistas.

El texto de fafwatch sobre el ataque a la manifestación (que puede encontrarse aquí https://iaata.info/Toulouse-attaque-fasciste-contre-la-manifestation-anti-pass-sanitaire-4931.html) es, a su vez, un ataque al discurso que la marcha revolucionaria pretendía llevar a la manifestación.

En este sentido, no es baladí comprobar que la marcha revolucionaria contra la explotación y el nacionalismo se ha convertido, una vez pasada por el tamiz del antifascismo inocentista de este texto, en una simple marcha contra la explotación y el nacionalismo.

Así que no es de extrañar que el texto se esconda tras la defensa de una manifestación "democrática y pacifista". Básicamente: se atacó a ciudadanos inocentes pacifistas que ejercían su derecho a manifestarse. La posición de exterioridad de este texto es evidente aquí. Mientras la marcha revolucionaria se asume como parte de la manifestación, mientras toma partido por un futuro revolucionario, contra las tendencias interclasistas, ciudadanistas, legalistas y demócratas, pero también confusionistas y nacionalistas, fafwatch plantea el antifascismo como una especie de banda de vigilantes al margen de la lucha, que toma la defensa de los ciudadanos inocentes. Una milicia que defiende la inocuidad del movimiento no es revolucionaria (eufemismo).

Y por cierto, se realiza una verdadera investigación y balance a partir de las imágenes de la escena para establecer las responsabilidades, ¡un verdadero trabajo de keuf [policía]! ¿A quién le importa si podemos demostrar, con tres fotos, quién llevaba la bolsa con su equipo? ¿O la premeditación del acto? ¿Si no es con la esperanza de que la policía se apodere de estas imágenes para detenerlos? Además, el llamamiento al Estado para que juzgue y condene a estos grupos fascistas es claro en este texto.

De hecho, la perspectiva revolucionaria es barrida por este texto en favor de una delación inocente en la forma debida.

Y es justo que el texto no termine con la importancia de votar en las próximas elecciones para contrarrestar a la extrema derecha (porque los fascistas "meterán una papeleta marrón en la urna el próximo mayo").

Así que un pequeño recordatorio de la pancarta atacada: Abajo el Estado, los policías y los jefes. Revolución sin fronteras.

Defender el statu quo de una manifestación inofensiva, democrática y pacifista hace el juego a las tendencias que allanan el camino a estos fascistas. Vea el texto publicado en iaata aquí :

https://iaata.info/Cortege-revolution-sans-frontiere-Manif-contre-le-pass-sanitaire-4927.html


Fuente : https://iaata.info/Petite-mise-au-point-a-propos-de-l-article-de-FAFWATCH-4932.html

*

¿El peor producto del fascismo? ¡Es el antifascismo!

[Nota de Tridni Valka: He aquí algunas "tesis de trabajo" sobre la polarización fascismo burgués versus antifascismo. No se trata de un absoluto, ni de una biblia, y menos aún de un "texto sagrado" que hay que firmar con las dos manos, sino sólo de un preliminar a una discusión más profunda de la cuestión.

De los archivos de un camarada desenterramos este viejo texto, que data de hace más de 20 años y que en su momento circuló principalmente en inglés en Europa del Este, pero también en Francia y España. Hemos hecho algunas pequeñas correcciones pero nos gustaría señalar la categorización ideológica presente en el texto según la cual la dictadura del Capital se articula en torno a los polos "democracia" versus "dictadura" (incluso con el uso de comillas), una categorización que tiende a eludir la naturaleza profunda de la dictadura social del Capital que es precisamente y realmente la democracia (¡SU democracia!) como principalmente la negación del antagonismo de clase y su conflictividad.

Como todo el material político de nuestra clase y de nuestra lucha, este texto debe ser fuertemente criticado. Así que discutan y aporten la contradicción para fortalecer nuestra comunidad de crítica contra el Capital.]

1/ La esencia del antifascismo consiste en luchar contra el fascismo promoviendo la democracia, a la que se opone, es decir, en luchar no para destruir el capitalismo, sino para obligarlo a renunciar a su naturaleza totalitaria. Al promover esta utopía, el antifascismo desvía los antagonismos de clase de manera muy concreta; ya no hay dos clases enfrentadas: proletariado versus burguesía, sino dos proyectos opuestos: Comunismo/anarquía frente al Capital, destrucción del Viejo Mundo frente a su preservación, abolición de la sociedad de clases e imposición de las necesidades humanas frente a la dictadura del Valor, pero en lugar de las polarizaciones burguesas: "democracia" frente a "fascismo", "estado de derecho" frente a "estado policial", "civiles" frente a "militares", "parlamentarismo" frente a "régimen dictatorial" y "partido único". El fascismo se identifica, en el "mejor" de los casos, con el totalitarismo del Estado. Todas estas campañas burguesas son la negación en acción de los antagonismos de clase, de su lucha implacable y secular, y son por tanto en este sentido el reino de la democracia. Jugar al antifascismo es reforzar lo que se cree que se está combatiendo. Las actuales campañas antifascistas dirigidas por la burguesía (al igual que las campañas fascistas) tienen como objetivo reconstituir la unión nacional en torno al Estado, hacer que los proletarios se adhieran a la reproducción de la relación social capitalista. También permiten hoy, como ayer, recrear una polarización con vistas al lanzamiento de una nueva guerra que permita (según nuestros enemigos de clase) el relanzamiento de un nuevo ciclo de acumulación…

2/ El problema no es que la "democracia" garantice una explotación más suave que la "dictadura" (por utilizar las categorizaciones acordadas que introduce la socialdemocracia): todo el mundo "preferiría" ser explotado a la manera sueca que ser torturado a la manera brasileña. Pero, ¿tenemos elección? No podemos elegir la forma en que se nos explota. Es siempre el estado del capital el que cambia las formas de su dictadura según sus necesidades de valorización. Esta "democracia" se transformará a su vez en una "dictadura" en cuanto sea necesario. El Estado sólo puede tener una función, que cumple "democráticamente" o "dictatorialmente".

3/ El fascismo sólo puede explicarse teniendo en cuenta el período precedente: el aplastamiento de la ola revolucionaria de 1917-21 por la socialdemocracia (Rusia, Alemania, Italia, Hungría, Bulgaria, etc.). Es ante todo la socialdemocracia la que desarma, ideológica y prácticamente, al proletariado y reprime militarmente sus insurrecciones. En Alemania, fueron los cuerpos libres dirigidos por el socialista Noske quienes encabezaron la campaña para restablecer el orden. El fascismo, al igual que su hermano mayor el estalinismo, "sólo" completa la obra de la contrarrevolución acabando con un proletariado derrotado. La llamada dictadura siempre llega después de que los proletarios hayan sido derrotados por la democracia, con sus sindicatos y partidos de izquierda. El antifascismo oscurece esta realidad fundamental al identificar el fascismo con las "fuerzas del mal" y reducirlo a una "reacción" a-histórica e "irracional" surgida de la nada. La credibilidad del fascismo en los años 30 se explica por el hecho de que cumplía en parte el programa de la socialdemocracia: "mejora" del "nivel de vida", grandes obras públicas, reducción del paro, etc.

4/ La táctica esencial de todos los frentes antifascistas es pegar ruidosamente la etiqueta de fascista al Estado (véase en Francia la consigna: "CRS=SS"), que tiene el mismo efecto que la denuncia de los partidos que dirigen el Estado. En ambos casos, la crítica al Estado se esconde tras la denuncia de quienes lo dirigen. Más aún, el antifascismo es la promoción y el fortalecimiento de la democracia y, por tanto, de su Estado.

5/ El antifascismo recuerda constantemente las masacres nazis, lo que sirve para justificar esta guerra dándole un carácter humanitario y ocultar así la realidad de que la guerra es una necesidad material del Capital, que le permite liquidar en poco tiempo una masa excedente de fuerzas productivas. Pero toda guerra necesita una justificación para enrolar a los proletarios bajo sus banderas. La lucha contra el fascismo permitió justificar la masacre de más de 50 millones de proletarios con la lucha contra el "totalitarismo". Y sin embargo, incluso si nos situamos en el único terreno del humanismo burgués y pacifista, los campos de exterminio nazis no fueron los únicos "horrores" de la guerra: por ejemplo, las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, los bombardeos masivos y asesinos sobre las grandes ciudades de Alemania, las masacres de Setif en Argelia en mayo de 1945 por el ejército francés, el mismo día de "la Liberación", etc.

6/ El desarrollo del Capital lleva a estas dos consecuencias principales: la obediencia de los trabajadores, y por tanto la destrucción suave o violenta del movimiento revolucionario; y la competencia con otros capitales nacionales, y por tanto la guerra. La relación social capitalista se articula en torno a la competencia y a la constitución de naciones que servirán de soporte, de base material para las guerras. Cada nación produce su propio nacionalismo en competencia con su nacionalismo vecino, cada nación tiende a acaparar la cuota de mercado de su vecino. Todo nacionalismo es en esencia imperialista y, en consecuencia, favorece las guerras. Toda nación contiene en su interior las semillas del imperialismo, incluso las llamadas naciones progresistas del "Tercer Mundo": Vietnam, Nicaragua, etc.

7/ El triunfo del Capital nunca es tan total como cuando los trabajadores se movilizan por él creyendo que están "cambiando la vida". Entre la "dictadura" y la "democracia", se trata más bien de dos maneras de encuadrar al proletariado, ya sea integrándolo por la fuerza, ya sea asociándolo a través de "sus" organizaciones: sindicatos, partidos, asociaciones, etc. El antifascismo consecuente consiste en reforzar el Estado, siempre presentado como "democrático", "de derecho",... mientras se vincula al proletariado, "haciendo participar a los hombres".

8/ Para todos los reformistas de la sociedad capitalista, la democracia se concibe como un elemento del socialismo, elemento que ya está presente en el mundo actual. El socialismo sería, en efecto, una democracia total. La lucha por el socialismo consistiría en ganar más y más derechos democráticos dentro del capitalismo, una ideología socialdemócrata que tiene un nombre: gradualismo. El antifascismo siempre llevará a más totalitarismo; su lucha por un estado "democrático" (¡lo es en esencia!) consolida el estado. Para los revolucionarios, el socialismo, el comunismo, la anarquía significa la destrucción total de la relación social capitalista, por tanto de sus clases, de su Estado, de su democracia. No tenemos que mejorar, y por tanto reforzar en última instancia, aquello contra lo que luchamos. El fascismo y el antifascismo forman parte de un todo, son las dos fauces de una misma trampa que nos aplasta.

9/ Cuando los proletarios se unen voluntaria y militantemente al campo de la democracia, del antifascismo, del Estado, pierden toda capacidad de defender sus propios intereses de clase, se desautorizan como clase revolucionaria, destructora de esta sociedad de clases, refuerzan lo que dicen combatir: el Estado. No hay, es decir, no hay más, movimiento autónomo del proletariado desde el momento en que se encierra en el marco estatal.

10/ El movimiento comunista sólo puede ganar si los proletarios van más allá del simple levantamiento (incluso armado) que no ataca al propio asalariado.

11/ La guerra de España sirvió para polarizar a los proletarios de todo el mundo, tanto de los "países fascistas" como de los "países democráticos", en torno a la oposición fascismo-antifascismo, y preparar así la Sagrada Unión de 1939-1945. Fue un ensayo general de la Segunda Guerra Mundial, como la Guerra de los Balcanes lo fue de la Primera. La burguesía siempre busca formalizar alianzas, polarizar los campos en pugna, hacer que los proletarios se adhieran a sus banderas para dar una base material sólida a su solución que es la guerra.

12/ Al apoyar al Estado existente en su forma "democrática" para impedir que adopte la forma "dictatorial", el antifascismo desarma ideológica y materialmente a los proletarios al falsear y negar el antagonismo que les opone al Estado, el Estado del Capital. El antifascismo entrega así a los proletarios a la represión, al pedir el fin de la lucha contra el enemigo de clase, que está decidido a llegar hasta el final. Esto es lo que hizo, entre otras cosas, durante las sangrientas luchas en Barcelona en mayo de 1937. Es la falta de ruptura de los proletarios y revolucionarios con el antifascismo, y más globalmente con la socialdemocracia, lo que les llevó a la derrota y a la muerte.

13/ Para una franja radicalizada del proletariado, la guerra de España servirá como inicio de la justificación de la (futura) guerra contra el fascismo. Rechazando hasta entonces la Sagrada Unión, incluso contra la Alemania nazi, los proletarios que aún resistían llegaron a aceptarla como el "mal menor" en comparación con la victoria fascista. La gran función ideológica de la guerra de España fue, pues, polarizar a los indecisos en torno a la alternativa "democracia" versus "fascismo", presentada en cada campo como la única respuesta al totalitarismo "plutocrático" o "fascista". Y en 1936, como en 1940 o 1914, seguía siendo la socialdemocracia la que estaba al frente de la movilización de los proletarios para la guerra.

El antifascismo es una fórmula de confusión.

Fascista o antifascista, ¡la dictadura del Capital es la democracia!

La lucha contra el fascismo comienza con la lucha por la revolución social.

lunes, 16 de diciembre de 2019

[Francia] Chaleco Amarillo: ¿Eres ciudadano?


El ciudadano vota.
El parlamentario hace la ley.
El policía la hace cumplir.
El juez castiga a todo aquel que no la respete.
El patrón se enriquece con tu fatiga.
El padre de familia te pone en el camino correcto.
Y para que te tragues todo eso, los periodistas te dan primicias E-X-C-L-U-S-I-V-A-S.
Los intelectuales piensan por ti, los de uniforme blanco te encajan pichicatas.
Pero es lógico: es su profesión. Y tu que eres ciudadano, también votas por eso.
El presidente cambia, los milicos siguen. Porque se necesitan algunos para mantener el orden: proteger a los propietarios y us propiedades, poner a la gente refractaria a trabajar o en los calabozos.
Cuando el milico te apalea y/o te tira gases… resulta cómico verte gritar que eres ciudadano, francés, demócrata o republicano.
Porque es esa misma democracia la que te insulta y condena. Es la misma que persigue a los inmigrantes indocumentados luego de haber saqueado tierras por todo el mundo.
Porque para el que no tiene el buen pedazo de papel (carta de identidad), ni billetes en el bolsillo las fronteras están por todas partes, como lo están las redadas, las miradas, los garrotes policiales. Y no lejos de aquí como en Vincennes, no se incluyen los Centros de Detención Administrativas.
Mientras haya papeles y dinero, nunca habrá suficiente para todos.
Pero siempre lo suficiente para que pasemos la vida a correr por él.
El problema no es la inmigración, sino los Estados.
El problema no es Macron, es la democracia.
El problema no es el fin del mes, sino el dinero.
Las autoridades siempre serán enemigas de la libertad.
De la tuya, de la nuestra.
Francia: ¡qué reviente!
¡Viva la revolución!


Autor, fecha y ciudad desconocidos
Traducción Grupo Comunista Internacionalista
Publicado en revista Comunismo nro.68 (noviembre de 2019)

domingo, 2 de junio de 2019

Guerra de Clases 09/2019: “Chalecos amarillos”

“¿Es una revuelta?”
“¡No, Sire, es una revolución!”
(duque de La Rochefoucauld-Liancourt a Luis XVI, rey de Francia, 15 de julio de 1789, después de la toma de la Bastilla)

Recientemente publicamos en nuestro blog, ya que tuvimos acceso a ellos y otros nos llegaron, algunos documentos producidos por y alrededor del movimiento “chalecos amarillos” que sacude a Francia desde hace varias semanas. Lo que sigue es una especie de introducción a todos ellos (una introducción que normalmente publicamos antes, ciertamente).

No volveremos a la historia del movimiento, a acontecimientos o expresiones particulares, ya que podemos referir a los lectores interesados en esto a diferentes sitios web y blogs que asumen muy bien esta tarea.

Lo que nos gustaría tratar aquí es la forma en que nos aproximamos a este movimiento, cómo lo analizamos, cómo evaluamos su importancia en el marco de la lucha de clases. Y no queremos ocultar que varios artículos que escupen sobre este movimiento, producidos y reproducidos por demasiados grupos de ultra-izquierda, fueron una inspiración (negativa) para esta contribución, lo que podemos llamar: “Qué NO hacer”.

Aunque somos conscientes de muchas debilidades expresadas por el movimiento y somos los primeros en criticarlas, difícilmente podemos estar de acuerdo con la metodología utilizada por esos grupos, metodología que limita el movimiento sólo a esas debilidades, que generaliza esos puntos débiles e ilusiones expresadas sólo por una parte de los “chalecos amarillos” como si fuera la naturaleza del movimiento, un análisis que capta a la clase como algo estático, sociológico, mecánico…

No vamos a repasar todos los argumentos de la ultra-izquierda contra los “chalecos amarillos”, pero al menos tenemos que mencionar los más absurdos para responder a ellos, para situar este movimiento en el lugar correcto en la lucha de clases, para ponerlo de nuevo a caminar de pies y que no ande de cabeza…

>> continuar leyendo y/o descargar revista en pdf

Tridni Valka, 2019

martes, 18 de diciembre de 2018

[Francia] REFLEXIONES PROVISIONALES SOBRE LOS CHALECOS AMARILLOS

Original en francés: Réflexions provisoires sur les Gilets Jaunes
15 décembre 2018
traducido por Federico Corriente

El siguiente texto es el resultado de las reflexiones de compañeros que viven en Francia, Suiza y Alemania, y tiene por objetivo presentar la situación actual en Francia a un público alemán (bien que mal, traduce quien quiere). Compartimos sus conclusiones, con unas pocas reservas, especialmente con respecto al uso de la investigación de Le Monde, cuyo método nos parece insatisfactorio, pues sesga la representación de los componentes sociales del movimiento, y sobre todo su politización (en particular en cuanto a la presencia de la extrema derecha).


1. El «pueblo» y el precio del litro
Fue la gota que colma el vaso. Un aumento de los impuestos sobre el combustible hizo estallar la ira de aquellos y aquellas que sufren plenamente el desmantelamiento del Estado de bienestar. Pero, ¿por qué la gota fue el aumento de los impuestos del combustible, y no la quiebra del código de trabajo emprendida por la ley El Khomri e intensificada por las ordenanzas de Macron, o incluso la privatización de los ferrocarriles? Porque un depósito vacío equivale a un arresto domiciliario. Para los individuos relegados a las periferias del espacio social, a sus márgenes suburbanos y rurales, el automóvil es la última garantía residual de socialización. Permite «salir» de la zona. En tales condiciones, no es raro que el automóvil sea percibido como un factor central de socialización.

Ponerse un chaleco amarillo supone salir de una invisibilidad padecida hasta ahora, primero en las encrucijadas y en los peajes, para rehacer un vínculo y converger luego sobre los centros urbanos, la capital y su corazón simbólico: los Campos Elíseos. La vivencia económica de la desocialización se experimenta tanto más escandalosamente como una afrenta cuando uno es consciente de que pertenece a algo así como «el pueblo», en el sentido de «los de abajo», los que tienen dificultades para llegar a fin de mes. En una capital ocupada repentinamente por individuos y grupos que jamás habían puesto los pies en ella, aparecieron por doquier etiquetas y consignas alusivas a la Revolución Francesa.

La única tradición revolucionaria que parece permitir la reconstrucción de un imaginario político común no tiene nada que ver con los movimientos obreros; se inspira en el relato nacional sobre la revolución fundadora de 1789. Sin duda, habría que guardarse de sobreinterpretar la omnipresencia de banderas francesas y los continuos cantos de La marsellesa en los bloqueos, las comitivas y los disturbios. Cuando los resultados de la primera encuesta nos dicen que sólo el 12,7% de los chalecos amarillos encuestados dicen ser de derechas, y el 5,4% de extrema derecha , también cabe considerar estos símbolos nacionales como insignias enarboladas por defecto —son los únicos compartidos— y también como la reivindicación de una forma de anonimato político, así como de una ruptura con los partidos y sindicatos existentes.

Tal como están las cosas, estas referencias a la nación revolucionaria ponen de manifiesto que el declive de la identidad obrera desde finales de la década de 1970 conlleva el olvido de la historia del movimiento obrero por parte de un gran sector del proletariado. El momento de rescate de la memoria que acompaña a toda lucha lleva al movimiento de los chalecos amarillos a volver a un pasado más lejano.

2. Nación y autoorganización
Así pues, la identificación con una tradición revolucionaria que opone al pueblo al rey Macron no implica que el conjunto del movimiento se construya en torno a la afirmación de una comunidad nacional preexistente —que, como es sabido, requiere su complemento racista— para anclarse en un territorio y una genealogía imaginarios. Lo que la mayoría de los chalecos amarillos han tomado por blanco es la injusticia social, en el sentido más inmediato de la vivencia de unas condiciones de existencia material degradadas . El movimiento nació de una crítica de los impuestos sobre el consumo antes de trasladarse hacia nuevas reivindicaciones, incluida la redistribución más equitativa de la riqueza (restablecimiento del impuesto sobre el patrimonio) y la mejora de las condiciones salariales (ajuste de los salarios a la inflación, aumento del salario mínimo…). Por el momento, este giro hacia los salarios y las condiciones de trabajo no es hegemónico dentro del movimiento, marcado como está por una redefinición de la subjetividad política, ya no asalariada, sino ante todo consumidora-ciudadana.

El interlocutor principal de los chalecos amarillos no es la clase capitalista, sino un Estado que redistribuye mal la riqueza. No se apunta a los réditos —pese a que sean muy visibles en la explosión de los precios de la vivienda— sino a los impuestos, vividos como una intervención ilegítima del Estado macronista en la economía de la «gente de a pie».
Empleados, trabajadores, artesanos, pequeños burgueses, capitalistas y, en mucho menor grado, ejecutivos y miembros de la clase directiva, convergen sobre todo en torno a la denuncia del impuesto. La causa de esta injusticia sería la falta de democracia, cuando no la instrumentalización política de los instrumentos democráticos para defender a una casta privilegiada. Los escasos eslóganes «anticapitalistas» se corean poco y son sofocados rápidamente por el clamor unitario del «Macron dimisión». Por ahora, el objetivo principal parece ser la dimisión del gobierno, a lo que algunos chalecos amarillos añaden la exigencia de una revisión de la Constitución para garantizar mejor el control popular sobre el presidente.

Hasta el momento, el Estado es el horizonte principal de un movimiento que, sin embargo, no parece estar satisfecho con el puñado de cambios en el salario mínimo y las primas anunciados el lunes 10 de diciembre. El Vº Acto del sábado 15 podría permitir entrever si, tras este anuncio, en el fondo lo que se reclama es un cambio del personal en el poder. ¿Bastaría con que Macron dimita? La aspiración de los chalecos amarillos sería, en tal caso, una prolongación de los movimientos de las plazas y de los indignados, y marcaría la consagración de una nueva subjetividad ciudadana tras la desintegración de la subjetividad asalariada. Pero, ¿acaso la exigencia de la dimisión de Macron no expresa también el rechazo de toda negociación, dado que el Presidente es a la vez el único interlocutor y aquel a quien se quiere expulsar? En ese caso se trataría de una reivindicación asumida como ilegítima, porque sabemos que los capitalistas y los sucesivos gobiernos llevan considerando ilegítimas las reivindicaciones salariales desde hace cuarenta años.

Esta ilegitimidad, esta falta de reconocimiento, sería, por tanto, lo que engendra unas formas de protesta en las que ya no se trata de negociar, sino de expresar el rechazo a los políticos. Y si no hay nada que negociar, tampoco hace falta encontrar representantes… Por otro lado, el imaginario de la pertenencia a la nación revolucionaria, reactivado por la experiencia de la desocialización y de la precariedad, no supone, estrictamente hablando, una identificación con el Estado francés existente. Esta nación imaginada es un continente cuyo contenido está actualmente en entredicho. ¿Va hacia una descompartimentación que —no sin luchas internas— creará un frente unido que articule a los proletarios (incluidos los de los «suburbios») y los segmentos precarizados de la clase media? ¿O va, por el contrario, hacia una compartimentación que reforzará la oposición de los franceses «auténticos», unidos en una comunidad racista, a las «élites» y a los «inmigrantes», identificados con la globalización? Esa es una de las tensiones activas dentro de la polifonía ambiental.

La izquierda radical, como una veleta desorientada por una tormenta imprevisible, oscila entre tres tipos de posicionamiento frente a esta indeterminación. Parte de ella se repliega sobre una posición rígida, viendo en el carácter informe del movimiento —o incluso en algunas situaciones de racismo cotidiano— el signo de un confusionismo que le ahorraría de entrada cualquier análisis sociohistórico. Otra ya se ha lanzado de cabeza al movimiento, impulsada por la esperanza —o más bien por la desesperación— de ver llegar esa insurrección que no acaba de cuajar. Entre estos dos extremos están las llamadas a unirse con precaución a los chalecos amarillos, a «ir a ver» en un principio, y luego intentar apoyar formas emergentes de autoorganización. Esta última posición, la más pragmática, no debe hacernos olvidar que los chalecos amarillos han surgido sin las organizaciones de izquierda existentes, al margen de las instituciones heredadas de los movimientos obreros de siglos anteriores, y que es posible que esta autonomía objetiva haga obsoleta la perspectiva de una «intervención» comunista.

3. El lenguaje de los chalecos amarillos
Si los magníficos disturbios del primero de diciembre en París fueron una especie de acontecimiento de reconciliación que federó a todo el mundo, desde el trabajador de veinte años que descubría París hasta a quienes encabezan habitualmente las procesiones, lo cierto es que por el momento estas prácticas conflictivas se siguen desarrollando en una contigüidad sin convergencia, en una comunidad temporal cuya única mediación es un enemigo común: el Estado. Ahora bien, precisamente quienes hacen de sus chalecos libros de reclamaciones y quienes hablan el idioma de «destitución» o la «anulación» no apuntan a este Estado de la misma manera. En cualquier caso, no malinterpretemos el alcance de un incendio que sin duda puede hacer arder automóviles y edificios, lo cual no tiene nada que ver con la transformación de las relaciones sociales capitalistas.

Este no es el caso de los bloqueos de las rotondas y de los depósitos de gasolina, que, ciertamente, a menudo parecen organizados de manera intermitente, de modo que el trabajo asalariado de unos y otros siga su curso normal, pero que no dejan de ser una forma de tomar como objetivo la circulación capitalista. Sería falaz oponer esta circulación a la producción, como si se tratara de dos «espacios» separados, cuando la producción capitalista consiste precisamente en producir mercancías mediante mercancías, que, como sabemos, no se encuentran en otro lugar que no sea el mercado capitalista, mercado cuyo funcionamiento normal cuesta imaginar, por tanto, en el supuesto de que los bienes no circulen con normalidad. Además, poco a poco la lucha emprendida por los chalecos amarillos contra el deterioro de las condiciones materiales de existencia se extiende a sectores más claramente identificables.

Desde hace dos semanas ha surgido un movimiento de escuelas secundarias inédito, en el sentido de que no ha partido de las escuelas secundarias de los centros de las ciudades sino de los de los espacios pobres y desocializados, para denunciar la reforma del sistema escolar y la fractura social en general. Hoy, viernes 14, los trabajadores del ferrocarril han iniciado una huelga contra las reformas de la SNCF y más allá. Todo esto en una dinámica de ruptura con el escenario habitual del «movimiento social» a la francesa —que comienza en febrero-marzo y se agota a pocas semanas de mes de agosto— y lo suficientemente alejado, también, de las próximas elecciones presidenciales para que nadie pueda creer realmente en la solución mediante las urnas que exigen Le Pen y Wauquiez. Si los bloqueos y las huelgas se multiplican y se prolongan en el tiempo, entraremos en una nueva fase.

La derecha y la extrema derecha podrían verse arrinconadas en tal caso en el callejón sin salida de un «partido del orden» en desfase con el movimiento. O, por el contrario, se arrojarán también a este último, tomando partido por los trabajadores, pero en ese caso se arriesgan a entrar en conflicto interno con sus fracciones burguesas conservadoras. La gran preocupación de Rassemblement National parece ser encontrar representantes en las instituciones y las grandes empresas para asumir el poder algún día. Además, su deseo ineludible, en el momento en que se escribe este artículo, es que la lucha naufrague en el resentimiento, en las medias tintas, y que finalmente acabemos hablando de otras cosas; del terrorismo islamista, por ejemplo, del famoso pacto de Marrakech, o de lo que sea, siempre y cuando no perturbe equilibrio de fuerzas que vemos construirse ante nuestros ojos.

Por otro lado, las acciones estratégicas realizadas en común forman parte, de hecho, de un nuevo imaginario que no ha de ser juzgado a la luz de aquello que le falta según este o aquel esquema de la revolución como mandan los cánones, sino a la luz de aquello que ya lo aleja de la normalidad producida por la derrota incesante de las luchas durante cuatro décadas. En este momento la lucha es apropiada al margen de los marcos legales y representativos convencionales. Es violenta en su rechazo de la palabra presidencial y mediática «desde las alturas». Personas que nadie estaba acostumbrada a oír hablar han empezado a hacerlo, y eso cuestiona las representaciones que todo el mundo proyectaba sobre ellas. La gran desconfianza de una parte de la izquierda radical quiere decir lo siguiente: en el fondo, a este segmento provincial del proletariado se lo consideraba perdido para la causa, e irremediablemente conquistado por la afasia política, o peor, por la reacción.

Los chalecos amarillos nos recuerdan que habrá que contar con este proletariado, apañarse con lo que sus condiciones de vida han hecho de él, a saber, una población que no puede permitirse el lujo de un modo de vida conforme a los cánones del pensamiento académico y crítico. Sí, muchos chalecos amarillos expresan la cuestión social en el idioma del yugo fiscal y del poder adquisitivo, pero al hacerlo así, no hacen más que hablar el idioma que se nos ha querido inculcar. Se trata del lenguaje de la derrota, del realismo capitalista, de los sueños triturados y del achatamiento de la política por la lógica de los mercados capitalistas, cuyo desaprendizaje quizá estemos empezando a esbozar ahora.

por Unos comunistas reunidos entre los actos IVº y Vº


1. Colectivo, «“Chalecos amarillos”: una investigación pionera sobre la “revuelta de ingresos modestos”», Le Monde, 11 de diciembre de 2018.

2. A este respecto, cabe añadir que si, en efecto, las categorías más empobrecidas del proletariado no se congregan particularmente en las movilizaciones «clásicas», habrá que entender si estas categorías están realmente presentes en el movimiento actual, y si la respuesta es «sí», ¿cuál es su poder de iniciativa? Contrariamente a los lugares comunes, más que trillados, no creemos que el proletariado vaya a movilizarse tanto más fácilmente cuando sus condiciones de reproducción se degradan (nota del editor).

sábado, 8 de diciembre de 2018

[FRANCIA] SOBRE LOS CHALECOS AMARILLOS

Compilamos algunas consideraciones que andan circulando en la web. Principalmente traducciones publicadas en Facebook por el usuario Átopos Blaidd.

  • CHALECOS AMARILLOS PARA QUIENES VEN ROJO
  • COMUNICADO DEL GIIC
  • 1 DE DICIEMBRE: LLEVAR EL DESORDEN AÚN MÁS LEJOS
  • EL AMARILLO NO ES EL COLOR DE LA PRIMAVERA
  • DEMANDAS DEL MOVIMIENTO DE LOS CHALECOS AMARILLOS
  • DEL CHALECO AMARILLO A LA RABIA NEGRA 
  • ¿DE LA RABIA NEGRA A LA INSURRECCIÓN GENERALIZADA?
  • OTROS ARTÍCULOS PUBLICADOS EN EL PORTAL LIBERTARIO «A LAS BARRICADAS»

Avisar de antemano que los enlances de las notas al pie no están completos, es cuestión de descifrarlos entrando al sitio web nombrado y buscando el artículo en cuestión.





CHALECOS AMARILLOS PARA QUIENES VEN ROJO

Este artículo https://agitationautonome.com/2018/11/22/des-gilets-jaunes-a-ceux-qui-voient-roug apareció un par de días antes de las grandes manifestaciones del 24 de noviembre. Esta es una traducción hecha un poco a la rápida, a la cual seguirán otras, que den cuenta del movimiento de protestas en Francia, según se han ido desarrollando los acontecimientos. Hay una versión en inglés traducida por los compañeros de Ediciones Inéditos (https://ediciones-ineditos.com). [
Traducción: Átopos Blaidd]
* * *

En los últimos días, la izquierda ha debido luchar para aprehender políticamente ese nuevo fenómeno llamado "chalecos amarillos" (Gillets Jaunes), pues éste no ha surgido directamente de las formas de protesta tradicionales. Esto ha tenido el efecto de que todos los análisis críticos se apresuran a apoyar alegremente el movimiento sin cuestionar nada (¿quién se moviliza? ¿por qué? ¿cómo?). O bien a despreciarlo descaradamente por esos "picantes" que no adhieren a las "buenas causas", como si la conciencia de clase pudiese surgir mágicamente en los proletarios. Al mismo tiempo, no podemos describir los eventos como una burda e infundada manipulación de la extrema derecha, capaz de crear un descontento social completamente artificial a través de videos en Facebook.

La locura por los "chalecos amarillos" es un síntoma del período político en que nos encontramos, fruto de un capitalismo en crisis y de la disolución de cualquier identidad de trabajadores reconocible y comúnmente compartida. Esta pérdida de puntos de referencia ha sido brutal, y algunos debates dentro de la izquierda radical (debates que a veces reflejan más un pasado imaginario que una comprensión de la compleja composición de clase de las luchas actuales) han consistido en cuestionar la proporción de proletarios que usan automóvil y que, por lo tanto, han sido directamente afectados por la subida del precio del diesel. Muy a menudo terminan volviendo a la fantasía reaccionaria de una buena Francia campesina rural donde vivía la mayoría de los "pobres" (el concepto del proletariado se escurre rápidamente por las grietas). En nuestra opinión, es más relevante centrarse en el contenido político de este movimiento y en cómo se traduce en la práctica.

La diversidad de los chalecos amarillos en relación con los motivos para movilizarse le ha permitido a cada cual plantar su pequeña bandera ideológica mientras retiene solo lo que le conviene. Así, Action Française, un grupo monárquico francés fundado en 1898, después del caso Dreyfus, por Charles Maurras; el GUD, un grupo neofascista fundado en 2017 por antiguos miembros del Grupo de Defensa Sindical e inspirado en el movimiento italiano Casa Pound; el Rassemblement National, ex Frente Nacional de Marine Le Pen; el grupo Les Républicains, principal partido de derecha animado por el ex presidente Nicolas Sarkozy; pero también La France Insoumise, movimiento populista de izquierda de Jean-Luc Mélenchon; varios grupos trotskistas que van desde la extrema izquierda ex trotskista del Nouveau Parti Anticapitaliste, hasta los orto trotskistas de Lutte Ouvrière, e incluso anarquistas que difunden la buena nueva... todos podrían reclamar la victoria y fortalecerse gracias al relativo éxito de las manifestaciones del 17 de noviembre. Recordemos que cuando en toda Francia salen a protestar 250 mil personas en una movilización convocada por los sindicatos, eso se considera una derrota, y en este caso ni siquiera se había declarado la huelga.

El episodio de Marcel Campion [1] debería haber servido como una lección para algunos que, arrastrados por el ardor de la masificación se están negando a pensar sobre la rabia de aquellos que están saliendo a la calle sobre una base interclasista, yendo incluso detrás de las reivindicaciones liberales de los pequeños patrones. Porque sí, todas las encuestas muestran que "la gente está cabreada". Pero tenemos que preguntarnos qué significa "la gente" y acerca de qué están enojados.

Si policías, fachos y parte de los patrones se han sentido interpretados por las demandas de los "chalecos amarillos", ello no es una recuperación oportunista y aleatoria que se ha dado en una convergencia antinatural: es porque la dinámica del movimiento coincide con sus intereses de clase. O, al menos, porque la confusión prevaleciente no amenaza directamente a esos intereses, al menos en la Francia metropolitana. La situación es muy diferente, por ejemplo, en la Isla de Reunión (donde el desempleo entre la población trabajadora es del 22%), donde el movimiento no se está llevando a cabo de manera interclasista, sino precisamente en los barrios más pobres y más racializados (disturbios, saqueos de tiendas departamentales, la policía entregando insignias a los comerciantes para formar milicias, toque de queda, etc.).

Independientemente de lo que digan algunos manifestantes aislados, que expresan su frustración de manera desorganizada ante las cámaras queriendo transmitir declaraciones impactantes, el movimiento se ha desarrollado en torno a un discurso poujadista [2] de protesta contra los "impuestos" y las "cuotas" que "asfixian a la gente", lo cual está lejos de ser una lucha de clases (y al contrario de lo que se ha dicho, casi el 70% del aumento de los precios proviene de las fluctuaciones del precio del petróleo y no de una política estatal deliberada).

La decisión de "bloquear el país" un día sábado sin acudir a los lugares de producción, está lejos de ser trivial, y es divertido observar que Martínez, el "socialdemócrata", tiene un mejor análisis de clase que la mayoría de los izquierdistas al declarar que “la CGT no marcha con la extrema derecha ni con los patrones”. Una extrema derecha que se siente cada vez más cómoda (saludos nazis, denuncia de migrantes a la policía, invitaciones a militantes antisemitas, ataques racistas y homofóbicos, etc.), precisamente porque la movilización del 17 de noviembre no tuvo bases sectoriales ni proletarias, sino territoriales y populistas.

Queriendo negar lo obvio e inventar nuevos aliados para ampliar las filas de la "gente rebelde", los izquierdistas imaginan que comparten con chalecos amarillos al menos un enemigo en común: los capitalistas o, en su defecto, "los ricos". Pero, ¿cómo podemos afirmar que este movimiento se opone a la burguesía cuando evita cuidadosamente atacar los puntos críticos de la economía, contentándose en cambio con organizar marchas vacías hacia los ayuntamientos, donde los funcionarios electos locales son vilipendiados simbólicamente?

La cobertura mediática y la gestión policial de esta movilización también dicen mucho sobre el grado de amenaza que supone para el Estado y la economía: la complacencia de los noticiarios frente a algo que en cualquier otro contexto habría sido descrito como “disturbios”; las intervenciones policiales relativamente escasas y no violentas frente a mítines no autorizados y, por lo tanto, ilegales; Le Monde hablando sobre un "relativo resguardo de la seguridad" porque no ha habido daños materiales, siendo que se ha informado ya de un muerto y cientos de heridos...

Sin embargo, el día siguiente al 17 de noviembre hubo señales de iniciativas locales que fueron más allá de una lucha fiscal. En algunos lugares, la falta de una coordinación estricta ha permitido algunos "brotes" que se han escapado del marco de la demanda inicial, ya sea tomando una orientación para-sindical, especialmente con bloqueos logísticos que han asustado a los patrones, o bien dando lugar a ataques racistas, sexistas y homofóbicos nacidos directamente del carácter populista de estas manifestaciones. De hecho, "la gente" implica la pertenencia a una "comunidad nacional" de la cual los extranjeros están necesariamente excluidos.

Queda por verse si las fracciones dispersas de los "chalecos amarillos" disidentes pueden sobrevivir independientemente de una dinámica nacional, una vez que la ola de confusión de las movilizaciones haya disminuido. El movimiento se ha basado en una ira generalizada y real entre varias poblaciones pero, en ausencia de contenido estable y determinado, es probable que implosione porque el hecho de ser "ciudadanos enojados" no proporciona ninguna base política común, aunque todos intenten aferrarse a ello de la mejor forma que puedan. Fue esta falta de una base política común lo que llevó a la pérdida del Movimiento de las Horcas en 2013 en Italia, un movimiento populista que fue en parte anti-fiscal y tan "inclusivo" como el movimiento el de los "chalecos amarillos".

En el lado izquierdista, los filósofos de la École normale supérieure (una de las universidades más prestigiosas de Francia) han podido "experimentar" su pequeño momento con "el Pueblo" (perdón, las "subjetividades difusas"), mientras el escalofrío de la insurrección ciudadana les recorre el espinazo, y comienzan a soñar con disturbios y barricadas en medio de un mitin contra el aumento de los precios del petróleo. En efecto, es este reclamo dirigido al Estado el que constituye la médula espinal de la movilización, y no un anticapitalismo inconsciente de ningún tipo que naturalmente estaría en el germen de las acciones ciudadanas de los "indignados" (en el sentido del "Indignados" españoles o el movimiento "Nuit Debout").

Génération Ingouvernable [4] llama a “perdernos en la confusión”, una llamada más política. Pero, ¿por qué culpar a los revolucionarios románticos, los mismos que llamaron a la revuelta durante la última Copa del Mundo? Y aquí reaparecen otros poetas: Lundi Matin [5], que afirma que el chaleco amarillo tiene la "utilidad simbólica" de volver la seguridad en contra del propio orden de la seguridad [6]: "Lo que se impuso por primera vez como un dispositivo de seguridad se transforma en una disidencia social. (...) Cuando salen de sus autos, los chalecos amarillos se reconocen entre sí por la urgencia que les impone el repentino deterioro de sus formas de existencia".

Todas estas extrapolaciones izquierdistas delirantes son lógicamente congruentes con los anarquistas que creían que el movimiento por la independencia fiscal de Cataluña llevaría a la abolición absoluta del capitalismo, o que la consolidación del Estado kurdo en Rojava tenía algo que ver con la revolución comunista. Todo lo que se mueve es rojo, cualquier enojo es revolucionario y puedes hacer pasteles de chocolate con las sobras de un guiso de zapallo.

La comparación con la autonomía italiana de la década de 1970 fue aún más audaz, al atribuir el término "disturbios urbanos" a una caminata ciudadana escoltada por la CRS [7]. Hasta pudimos leer a un intelectual trotskista que vinculaba los chalecos amarillos con las luchas contra la circulación del capital (y alegando por ese motivo que los chalecos amarillos eran trabajadores que que habían abandonado la fábrica, cuando en realidad una mayoría abrumadora estaba trabajando el sábado pasado). Cuando no pasa nada, tenemos que soñar: soñar nos mantiene ocupados en los días entre una reunión y otra, y nos permite sacar del closet el disparate ideológico que teníamos guardado desde el final del último movimiento social.

[1] El sitio web Lundi Matin recibió con agrado el llamado de Marcel Campion, "rey de los recintos feriales" y, por cierto, empresario multimillonario partidario de Marine Le Pen, a manifestarse juntos contra la reforma del código laboral en 2017.

[2] Poujade fue un político francés de la 4ta República que lideró un fuerte movimiento de protesta contra los impuestos, compuesto por comerciantes y gerentes de pequeñas empresas y que pidió un levantamiento del hombre común contra la élite. Jean-Marie Le Pen fue elegido diputado por primera vez en 1956, mientras se postulaba para el partido de Poujade.

[3] Martínez es el actual jefe del sindicato más grande de Francia, la CGT.

[4] Génération Ingouvernable: grupo nacido del Cortège de Tête durante el movimiento contra el Loi Travail.

[5] Revista semanal online inspirada principalmente en los textos del Comité Invisible.

[6] El chaleco amarillo se hizo obligatorio por primera vez en Francia en 2008.

[7] Policía antidisturbios francesa.




Comunicado del GIIC sobre la revuelta social en Francia (2 de diciembre 2018)

Al tercer sábado del movimiento de los "chalecos amarillos", las imágenes de los disturbios en los Campos Elíseos y del barrio burgués rico y chic de París que los rodea, están en la primera plana de los noticieros. Pero este 1ero de Diciembre, y después dos semanas de bloqueos de las carreteras y de las rotondas, es una verdadera revuelta social mezclando obreros, desempleados, jubilados, artesanos, campesinos, pequeños y auto-empresarios que ha explotado a través todo el país. Los enfrentamientos con la policía se han multiplicado en Tolosa, Marsella, pero también en Tours, Avignon, en Dijon, en varias ciudades más o menos grandes… hasta el Puy en Velay donde la prefectura ha sido quemada por los manifestantes [1].
Exacerbación y generalización de la rabia popular en todo el país

Si unos grupos de extrema derecha [2] y de "extrema izquierda" tipo Black blocs fueron, por cierto, activos al inicio de los enfrentamientos parisinos, se puede dudar seriamente que fuera lo mismo en Puy en Velay (18 000 habitantes al centro de la Francia rural) o aún en Charlevilles-Mézières (48 000 habitantes en las Ardenas). Ante la represión de los CRS y gendarmes (la policía anti-motín), numerosos "chalecos amarillos" decidieron responder a la violencia estatal, sea asumiendo ellos-mismos su propria defensa, sea asociándose directamente o pasivamente a las violencias de diversos grupos más o menos informales llamados "extremos". Este rechazo físico al ceder a la violencia policíaca del Estado se había ya expresado durante las manifestaciones obreras de 2016 contra la "ley trabajo" que habían sido reprimidas de manera muy violenta, y durante las cuales, miles de trabajadores mostraban sin embargo su solidaridad con los "black blocs" y otros frente a la policía. Esta "radicalización" de los manifestantes durante las movilizaciones sociales responde a las violencias cotidianas impuestas por el capitalismo y la dictadura de su Estado ; y de manera más general a la crisis del capitalismo y a las miserias de todo tipo que este impone sobre miles de millones de seres humanos. Más allá del desconcierto creciente del gobierno incapaz de enfrentar la situación inmediata y que parece únicamente capaz de tirar aceite al fuego, su rechazo – hasta ahora – para retirar sería sólo el alza de las tasas sobre la gasolina que hubiera podido calmar la explosión general de rabia, ilustra a la vez la urgencia del capitalismo francés, pero también internacional, para imponer cada vez más miseria y explotación y el inevitable estallido de violencias sociales masivas a nivel mundial cuyos inicios apenas estamos viendo. Del mismo modo, el hecho que, hasta ayer, las encuestas de opinión indican que 85% de la población francesa apoya al movimiento a pesar de las violencias de los 17 y 24 de noviembre – centenares de heridos y dos muertos – expresa esta radicalización y generalización de la rabia… como las contradicciones y limites de este movimiento ’interclasista’; quiere decir en el cual se mezclan pequeños empresarios, artesanos, incluso campesinos, asalariados, obreros y jubilados.

En el momento de redactar, el callejón sin salida parece total. Por un lado, sin volver sobre ninguna de las tasas y otros aumentos de los precios de la energía que ha decidido, el gobierno centra toda su comunicación sobre los amotinados, los medios de comunicación evocan un clima de insurrección y los sindicatos de policía llaman a que intervenga el ejército y a declarar de nuevo el estado de urgencia ; por el momento, el gobierno parece incapaz de proponer cualquier respuesta política. Por el otro, el movimiento de los chalecos amarillos, por sus características, su composición social diversa y aun contradictoria, sus reivindicaciones también diversas y contradictorias, es incapaz de organizarse a mínimamente y aún menos de poder presentar una verdadera perspectiva de lucha contra el Estado y el capitalismo.
Límites y callejón sin salido del movimiento "interclasista"

La foto de una treintena de chalecos amarillos arrodillados ante la Tumba del soldado desconocido al Arco de Triunfo en París y cantando a todo pulmón la Marseillaise, brazos blandidos hacia el cielo, cualquiera sean los autores (elementos de extrema derecha o no), en medio de los enfrentamientos, ilustra claramente los limites y las contradicciones de este movimiento.

Por una parte, además de las reivindicaciones llamando a la dimisión de Macron y a la disolución de la Asamblea Nacional, reivindicaciones típicas de la pequeña burguesía y de la extrema derecha, la de la bajada de los impuestos y tasas permite a "todos" reconocerse y reagruparse detrás este eslogan. Una gran mayoría de obreros, de proletarios, sobre todo en provincia, poco acostumbrados, si jamás lo fueran, a movilizarse sea por la huelga, sea en las manifestaciones, rechazados lejos de las ciudades y lugares de trabajo por el precio de las rentas y de la vivienda, se ven obligados a utilizar su coches para ir al trabajo. Así, el aumento de la tasa sobre la gasolina se vivió como una enésima agresión contra sus condiciones de vida, "la gota que colma el vaso". Es precisamente sobre estas reivindicaciones y características pequeño burguesas, en nombre del "pueblo francés", reagrupando a todas las capas de "trabajadores", asalariados y proletarios, pero también pequeños empresarios, auto-empresarios, artesanos, comerciantes, campesinos a veces, que el partido de izquierda France Insoumise de Mélenchon lo disputa a la extrema derecha y al Rassemblement National de Marine Le Pen el liderazgo de la defensa del pueblo francés, de la bandera nacional y del nacionalismo lo más grosero.

Sobre este terreno, los obreros que se encuentran aislados y ahogados en tanto que proletarios en una masa con intereses heterogéneos y aun a menudo contradictorios, aislados y ahogados en el "pueblo", no ganarán nada. Y tienen todo que perder a dejándose arrastrar a métodos y objetivos de lucha que pueden sólo perjudicar la defensa de sus intereses y llevarles en el callejón sin salida del nacionalismo y de la xenofobia, incluso del racismo.
Les toca a los proletarios tomar la dirección de la lucha contra el capitalismo

Por la otra parte, la participación individual de numerosos obreros, de jubilados y de desempleados hizo que varias reivindicaciones que podrían ser retomadas por la clase obrera como un todo, por el proletariado en tanto que clase explotada y revolucionaria, emergieron claramente encima del bric-a-brac reivindicativo de los chalecos amarillos. Además de la anulación de la alza del precio de la gasolina, el aumento del salario mínimo legal, el SMIC – muchos chalecos amarillos "obreros" fijan el aumento a 1800 euros mensuales –, así como el aumento general de los salarios y de las pensiones deberían ser retomadas en los lugares de producción para movilizarse y comprometerse de manera resuelta, quiere decir colectivamente, en la lucha. Es así que la clase obrera podría presentar a estas reivindicaciones una salida real abriendo la vía no solamente a que se las puede ganar, a que el capitalismo francés retrocede por primera vez desde mucho, pero también a la destrucción del capitalismo como tal que conduce el conjunto de la humanidad a la miseria, a la catástrofe ecológica – por la cual la burguesía quiere hacer pagar a los proletarios y poblaciones y a la cual la carrera a la ganancia capitalista nos lleva de manera inevitable – y, de manera más general, a la guerra imperialista generalizada.

Por ello, no se puede contar con los sindicatos llamados "obreros" para llamar a la lucha y a huelgas en la situación presente. Es precisamente lo que la componente obrera de los "chalecos amarillos" ha entendido muy bien después de los fracasos sucesivos de las movilizaciones pasadas, la de 2003 hasta las de 2016 contra la "ley trabajo" y de 2018 de los ferrocarrileros. En ausencia de perspectiva obrera, este sentimiento "anti-sindicalista" entre los sectores los menos experimentados del proletariado en Francia se reconoció, erróneamente, en el "anti-sindicalismo" del pequeño burgués que no es sino la expresión de su temor patológico ante la lucha obrera y la perspectiva del comunismo. Los sindicatos se abstendrán de hacerlo, salvo si sectores obreros al movilizarse ellos-mismos les obligue, aún menos que la emergencia de luchas obreras, huelgas y manifestaciones, en la situación actual de rabia generalizada arriesgaría a presentar rápidamente, y verdaderamente (al contrario de los chalecos amarillos), un peligro real para la burguesía y el capitalismo francés. Dadas las circunstancias y el radicalismo aparente de los chalecos amarillos y del ambiente generalizado en el país, una dinámica de movilización del proletariado en Francia daría de manera inmediata otro carácter a la revuelta social detrás las reivindicaciones salariales, un carácter de clase, en la cual la bandera tricolor lo cedería rápido a la bandera roja ; la Marseillaise al canto de la Internacional – de paso, haría volar en pedazo la "unidad interclasista" de los chalecos amarillos. Y sobre todo, cuestionaría rápidamente el poder existente, el gobierno actual, y provocaría una crisis política afectando a todo el poder de Estado [3].

Sin embargo, para que esta perspectiva de lucha obrera pueda abrirse, todavía los proletarios, los obreros los más combativos, tienen que comprometerse y movilizarse para el estallido lo más pronto posible de combates obreros, para intervenir hacia los chalecos amarillos, en particular obreros, y enseñarles el verdadero terreno y camino del enfrentamiento al capital. Para esto, no podrán ahorrarse la confrontación política a… los sindicatos y partidos de izquierda tan en los lugares de trabajo como en las manifestaciones callejeras. Pero para que esta perspectiva pueda abrirse, los militantes obreros más conscientes y los revolucionarios deben reagruparse, organizarse, en comités de lucha u otro forma, y dirigirse hacia todos los proletarios, tan en los lugares de trabajo como a los, "chalecos amarillos", quienes están en los bloqueos de carretera.
 

GIIC (Grupo Internacional de la Izquierda Comunista) – Revolución o Guerra (www.igcl.org), 2 de Diciembre 2018.



Notas:

[1] . Desde el 17 de noviembre, otro movimiento de "chalecos amarillos" se ha desarrollado, en grado menor, en Bélgica.

[2] . Cabe destacar que los intentos iniciales de la extrema derecha de arrastrar a los chalecos amarillos sobre un terreno racista y xenofobo fracasaron hasta la fecha y que estos últimos, en su mayoría, se alejaron de este. El peligro del fascismo al poder no está en la agenda.

[3] . No quiere decir por lo tanto que las cuestiones de la insurrección obrera y del poder de los consejos obreros, de los "soviets", sean planteadas. Falta mucho para que el proletariado esté a tal nivel de confrontación al capital y al Estado burgués.



1 DE DICIEMBRE: LLEVAR EL DESORDEN AÚN MÁS LEJOS

Esta nota apareció el 3 de diciembre en francés en el blog Carbure (https://goo.gl/w3kJLQ). Fue publicada el mismo día en inglés en la web de Ediciones Inéditos (https://goo.gl/WMpAJJ). Esta es nuestra traducción. Hay que leerlo teniendo en cuenta el giro que la situación dio hace unas horas, cuando el primer ministro francés, Édouard Philippe, anunció la congelación de los precios del gas, la electricidad y de los carburantes hasta que un "diálogo nacional" ponga a punto la reforma del sistema fiscal. [Traducción: Átopos Blaidd]

* * *

El sábado 1 de diciembre, el movimiento Gilets Jaunes dejó de pertenecer a y ser el movimiento de la Francia blanca de clase baja que había sido al principio. Dada la predecible negativa del Estado a satisfacer hasta el más modesto reclamo (como lo demuestra el hecho de que los "portavoces" del movimiento no pudiesen o no quisieran reunirse con el Primer Ministro), también dado el aspecto irrisorio que cualquier demanda asume a la luz de una existencia intolerable, y gracias a la convergencia en un entorno urbano de TODAS las rabias, empieza a manifestarse bajo la capa de discursos e ideologías el contenido revolucionario de nuestra época, y este contenido es el desorden. La pregunta ahora es dónde terminará lo que ha comenzado, o hasta qué punto esto que ha comenzado podrá seguir creando el desorden. Ya quienes pusieron en marcha el movimiento se han puesto a la retaguardia de lo que detonaron, apelando a la razón y exigiendo un retorno al orden republicano en las páginas de Le Journal du Dimanche. Ellos eran la encarnación de la iniciativa en este movimiento y su reticencia demuestra que este movimiento ya no es suficiente. Se contentarán con una moratoria sobre el aumento de los precios del combustible, sobre el aumento del precio de lo que sea, o con la organización de un referéndum sobre la transición energética, justo cuando empieza a emerger un movimiento dispuesto a tomar lo que encuentre en su camino y que ya no puede cristalizar en torno a ningún discurso o demanda; excepción hecha de la repetición del "Que renuncie Macron", como una especie de mantra que invoca la nada y la desaparición de todo lo que este mundo representa. "Que renuncie Macron" es el límite político de este movimiento y al mismo tiempo un llamado al fin de toda política.

Teniendo en cuenta lo que ocurrió el sábado 1 de diciembre, sería absurdo seguir llamando a esto un "movimiento en contra del alza del costo de la vida", o religar a un reclamo económico lo que evidentemente ha ido mucho más allá de eso. El sábado, los "Cuadernos de Quejas" (1) fueron utilizados para iniciar incendios. El movimiento Gilets Jaunes, tras superar la etapa de hacer demandas económicas que le caracterizó durante la primera semana, entró en su fase políticamente populista en la semana siguiente, al exigir que el Estado se retire del pueblo o que el pueblo se convierta en el Estado. Hicimos la crítica de esta fase y determinamos el contenido de las demandas formuladas por la Francia blanca de clase baja dentro de su mediación de clase, demostrando los límites del interclasismo y señalando el peligro de una unión nacional popular de algunos contra los "otros". Apenas acabábamos de hacer la crítica de esta fase cuando nos vimos entrando en otra diferente.

Este movimiento ha carecido del nihilismo necesario para dotar de algún significado a su "apoliticismo": el encuentro con los "banlieues" (2) le aportó la correspondencia que no tenía con el "movimiento real” (3), que no es un movimiento de progreso social sino uno de destrucción de la sociedad. Este encuentro le permitió al movimiento reconocerse con alegría en el "movimiento real", como en su casa. Bajo la presión, el interclasismo derivó en una unidad de quienes saben clara o confusamente que no pueden esperar nada de esta sociedad, con aquellos que han sido relegados a los suburbios, los que han naufragado en la pesadilla de la franja periurbana y los receptores de la RSA (4) que sobreviven recogiendo castañas en Ardèche. Había que ver pasar al ejército muerto de la marcha sindical en la Place Bastille, escondiéndose detrás de sus banderas y sus consignas para afirmar la particularidad de sus trabajadores, y sentir la total indiferencia de quienes, con o sin chalecos amarillos caminaban sin rumbo pero juntos por París, para comprender cuán anacrónicos son el antiguo movimiento obrero, sus sindicatos, sus representantes y sus demandas. No habrá "convergencia social", este movimiento no surgió de la razón izquierdista y nunca será un movimiento social. Esa época se ha ido. Ya no se trata de antirracismo o antifascismo, de izquierda o de derecha, cuando lo único que queda por hacer es quemar todo y saber con quién se puede lograr esto. Este estado de cosas se trata tanto de la guerra civil como de la superación revolucionaria: dar el paso que conduce de la insurrección a la revolución es caminar sobre la hoja de una espada.

Este encuentro ha tenido lugar y queda por ver si se puede repetir y diseminar. Todo lo que puede oponerse a este encuentro ya está aquí, presente en la misma naturaleza "social" del movimiento, así como en las relaciones sociales en sí mismas, que ningún disturbio puede abolir: el eslogan federativo "Que renuncie Macron" contiene implícitamente la posibilidad de una alianza nacional-populista que tome el poder estatal en nombre de “el pueblo” (Le Pen y Mélenchon pidiendo al unísono las elecciones anticipadas), y que de al Estado una forma adecuada a la crisis: una forma compasiva-autoritaria, capaz de hacer que cada cual se ponga en su lugar, asignando a unos la Otredad, mientras asigna simétricamente a los demás la responsabilidad y el patriotismo; aplastando a unos en nombre de los otros con tal de poder dominarlos a todos. Lo hemos visto diez veces en los últimos años: “Que se vayan todos” es a menudo un llamado a renovar, para peor, al personal político. Sin embargo, para llegar hasta allí habrá que volver a poner en su sitio a la Francia blanca de clase baja, sometida a la conducción de la clase media: el trabajo honesto ya pagó su precio justo y la armoniosa circulación de mercancías. Esta es la única forma actualmente concebible de salir de la crisis, a menos que el propio gobierno de Macron se encargue de efectuar tal giro autoritario.

Para evitar esto, el desorden debe ser llevado aún más lejos. El momento de los disturbios urbanos es, en sí mismo, el punto límite de lo que está sucediendo ahora: históricamente corresponde con dos modalidades, o bien la toma del poder del Estado o bien su puesta en crisis para obligarle a hacer concesiones. Pero esto no es 1917, no es posible tomar el poder estatal para realizar un programa socialista; y no estamos en 1968, no ha habido acuerdos de Grenelle (5). Permanecer en la fase de los disturbios urbanos es quedarse en el nivel en que el movimiento todavía tiene una política. Pero si lo que se manifestó el sábado en París y en todas partes de Francia vuelve a los bloqueos, pone en marcha otros nuevos y empieza a "bloquear el país", es decir, a apoderarse de su futuro y a partir de ahí decidirlo, podemos imaginar el paso desde los disturbios a la revuelta, y de ahí a la revolución. Pero nadie puede decir en qué dirección va todo esto, pues va más rápido que el mundo entero: no hay mejor indicio de un contenido revolucionario que esto. Este movimiento, porque es una lucha de clases, porta en su interior todo lo que puede ser hoy en día una revolución comunista, incluidos sus límites, sus peligros y su imprevisibilidad: pero para llegar a ese punto, probablemente será necesario quemar muchas cosas que aún se interponen entre nosotros, ya sean autos o relaciones sociales.

C.A.

PD: En respuesta a ciertas críticas y preguntas sobre este texto, debe quedar claro que debe entenderse como una instantánea de un evento en desarrollo. Si alguien se sorprendió por su tono "optimista" (que no es algo habitual), también se debe tener en cuenta que este optimismo se ve atenuado por la perspectiva de un retorno al orden, que también resulta previsible dada la naturaleza de este movimiento. Todas las preguntas surgidas de los textos anteriores siguen vigentes. Aunque es esencial mantenerse lúcido, también es esencial tener en cuenta que la lucha de clases no es un río largo y tranquilo, ni una pista de aterrizaje bien marcada para los bombarderos de la teoría "pesada". Lo que se hace y se deshace en el curso de una lucha va más rápido que nuestras habilidades analíticas, y si lo que se abrió el 1 de diciembre se está cerrando rápidamente, esto deberá ser informado, como todo lo demás. Nada está escrito en piedra: en las luchas hay conjeturas, "desahucios" y todo tipo de otras cosas. Digamos que este texto es parte de eso y toma su posición.

(1) Los Cahiers de Doléances (Cuadernos de Quejas) fueron las listas de demandas elaboradas por cada uno de los tres Estados en Francia, entre marzo y abril de 1789, el año en que comenzó una situación revolucionaria.
(2) Banlieue: suburbios de la periferia urbana parisina.
(3) Referencia al Manifiesto del Partido Comunista de 1847, en el que se afirma: "Llamamos comunismo al movimiento real que suprime el estado actual de las cosas".
(4) RSA, Revenue de Solidarité Active: modalidad de beneficio social otorgado por el Estado a quienes intentan reinsertarse en el mercado de trabajo.
(5) Acuerdos de Grenelle fueron los que suscribió el gobierno francés con los sindicatos y la patronal para poner fin al levantamiento de mayo y junio de 1968 en Francia.



EL AMARILLO NO ES EL COLOR DE LA PRIMAVERA

Publicado el 6 de diciembre en el sitio web "A ruthless critique against everything existing" (https://goo.gl/HzbscK). [Traducción: Átopos Blaidd]

* * *

Mientras escribimos estas líneas, las calles de París siguen anegadas de una variopinta multitud llena de sueños de un mundo mejor. Pero ningún sueño o fe han traido ni una sola vez el paraíso a la Tierra, porque el advenimiento de un mundo mejor no requiere simplemente la satisfacción de una demanda preexistente, sino la transformación radical de la manera en que las personas se relacionan entre sí. Revolución significa cambiar las relaciones sociales cualitativa y no cuantitativamente. Ninguna revolución es política en el sentido corriente del término. ¿Qué cabe decir entonces acerca de los llamados "chalecos amarillos"?

# 1

El movimiento conocido como los chalecos amarillos se inició a causa de un aumento del impuesto sobre el combustible que impacta directamente sobre la vida de una gran proporción de los habitantes de Francia. El aumento en el precio del combustible hace subir cada vez más el costo de reproducción de quienquiera que consuma la mercancía combustible. Este aumento afecta claramente a la mayoría, si no a toda, la clase trabajadora, pues supone en esencia una disminución indirecta de los salarios reales. Pero el problema es que el elevado costo de los combustibles, además de reducir los salarios, especialmente los de la clase trabajadora, implica también una disminución del poder de consumo de toda la población, más allá de la clase trabajadora [1]. Esto le convierte en un tema apto para generar frentes, alianzas entre clases y acuerdos antigubernamentales en lugar de un nìtido conflicto de clases. Especialmente dado que el impuesto ha sido introducido por el gobierno y sus exigencias para cubrir la inestabilidad presupuestaria, las condiciones muestran que el conflicto estaba, está y seguirá estando dirigido contra un gobierno que "no representa al pueblo", es decir, que no tiene en cuenta las necesidades de la gente . Esto fue evidente desde el principio: la masa no apeló a las organizaciones de trabajadores existentes, pues no creían que el conflicto fuese con algunos empleadores o con alguna clase.

# 2

Las luchas antigubernamentales son luchas nacionales . De una forma u otra, reprochan al Estado haber incumplido sus promesas. En Francia esto es particularmente notorio por el hecho de que el Estado, tras promover el uso del diesel, súbitamente -en la presidencia de Macron- aumentò su precio. A pesar de su diversidad, este movimiento persigue el objetivo de cambiar de gobierno. La mayoría de las causas y la mayoría de las demandas del movimiento son económicas, y van mucho más allá del alza de impuestos. Se refieren a años de problemas económicos que están hirviendo en la sociedad francesa y afligiendo a los Ciudadanos Franceses. Como tales ciudadanos franceses, consideran que ningún gobierno está reconociendo en el plano material lo que formalmente les ha sido reconocido en el plano político: que como ciudadanos de este país tienen un futuro y merecen la oportunidad de vivir. Lo que debemos entender, dejando atrás la carga de un marxismo anquilosado y demasiado centrado en la economía, es que las causas y demandas económicas no implican necesariamente una lucha de clases revolucionaria. Ni siquiera implican clases. La lucha de clases puede desarrollarse entre fracciones de clases, y puede tener un carácter profundamente reaccionario, sobre todo cuando se limita a satisfacer necesidades que le son exteriores. En tales casos, la lucha misma predetermina una disposición a hacer alianza con quien se muestre capaz de satisfacer el reclamo. En un momento en que sociedades enteras, más allá de las divisiones de clase, parecen verse afectadas por déficits gubernamentales, devaluaciones monetarias y deudas, los problemas económicos aparecen directamente relacionados con el Estado. Como lo que está en juego es el contexto general de la sociedad burguesa, la forma más general de su funcionamiento, tiene lugar un cambio en comparación con el pasado. Las diferencias de clase se transforman en competencia por los ingresos, y en demandas de ingresos y en políticas de ingresos. Puesto que el Estado es un regulador general de los ingresos y de las políticas económicas, función que cumplen en particular sus gobiernos, cada uno de ellos trata de "parchar" los problemas derivados de las sucesivas medidas extraordinarias y proyectos de ley (la cuestión de los decretos o leyes especiales ha venido creciendo en casi toda Europa) [2]. Esto refuerza la percepción de que la rebaja del poder de compra se debe a la falta de democracia y es culpa del gobierno. El nuevo discurso sobre el “ingreso” que ha emergido reúne a individuos de todas las clases sociales, quienes ven precisamente en la redistribución y en el frente inter-clasista la posibilidad de suspender las medidas. Estas alianzas son ya un terreno preparado empíricamente para el triunfo de la ideología nacional.

# 3

La transformación de las luchas en un asunto de competencia por los ingresos hace que los movimientos apunten hacia las diferencias extremas de ingresos, vistas como "perjudiciales" para el buen funcionamiento del mercado o del Estado: el objetivo es entonces criticar a la "élite" [3]. Este significante se usa por lo general para señalar a una burguesía adinerada que compra políticos, posee capitales injustificadamente grandes, monopoliza los mercados y se sirve de planes "fraudulentos" para favorecer sus intereses. Además, esta elite es internacional, una clase burguesa, indeterminada, que destruye no solo a Francia sino a muchos países. En el caso de este movimiento, que surge precisamente de la competencia por los ingresos, muchas agendas políticas diferentes son fusionadas en términos de afinidad ecléctica. Los leninistas tradicionales coinciden así con todo tipo de antisemitas y teóricos de la conspiración, ya que sus teorías subrayan la "naturaleza oculta de la élite que disuelve la escena política y el mercado". En la narrativa sobre la riqueza injustificada de la élite y los monopolios, las sobresimplificaciones económicas del anarquista terminan dándose la mano con todo tipo de keynesianos que hablan de una adecuada redistribución del ingreso, vuelta al Estado Nación y a una economía nacional. Denunciando el carácter transnacional de las élites, tanto keynesianos como nacionalistas, tanto leninistas como teóricos anarquistas de "lo local", dan forma a una colorida plataforma de narrativas nacionales: el promedio resultante no es una crítica del capital sino un deseo común de localización. Esto es lo que permite que el movimiento de los chalecos amarillos se extienda por varios países, obteniendo así un carácter "internacional" sin expresar ningún tipo de internacionalismo [4]. Se manifiesta así la tendencia común de la clase trabajadora nacionalizada a aliarse con el pequeño capital, los trabajadores por cuenta propia y los empleados estatales, todos unidos para reclamar por una economía nacional. Puede que las avanzadas demandas económicas de los manifestantes franceses no sean un signo de reconstitución de una clase obrera militante, sino de una radicalización, como medio de lucha, de las formaciones interclasistas y de la incorporación de la agenda de clase en alianzas sociales más amplias.

# 4

Una vez que se pone en marcha la competición por los ingresos, dado que encuentran a un enemigo en el extremo superior de los "ingresos más altos" también encuentran uno en el extremo inferior. Como el reclamo debe hacerse efectivo en términos materiales, salariales, que son la promesa de identidad civil, la persona que no tiene derecho a vivir aquí no merece recibir "una parte del pastel". Las protestas, aparte de una mínima y excepcional franja politizada, son hostiles a los inmigrantes. Los inmigrantes, independientemente de su número en el país, son considerados como una carga para el Estado y para los contribuyentes. Los únicos inmigrantes que forman parte del país son los que están “afrancesados” y se han ganado el derecho a vivir en Francia, un derecho evidentemente estatal. Si bien el movimiento de los chalecos amarillos difícilmente puede ser acusado de racismo generalizado, se basa en algo que es igualmente peligroso: la separación efectuada por el Estado entre inmigrantes legales e ilegales, útiles y sobrantes. Esta retórica es sobradamente reaccionaria y es lo que traza la línea política que divide a "progresistas y reaccionarios" en toda Europa. Las demandas económicas, precisamente porque son económicas y se dan en un momento en que la visión del comunismo ha desaparecido del inconsciente colectivo, tienen un carácter puramente defensivo, definido por la política económica del Estado que, si ha de satisfacerlas, debe en primer lugar existir [5]. Las luchas de Kiev, de las plazas y de los chalecos en Francia muestran la miseria de la clase obrera nacionalizada, en un mundo de clases que revelan asimismo toda su sordidez y no su grandeza. Los tiempos en que la revuelta era el campo exclusivo de la práctica comunista ya se han ido.

# 5

Los choques violentos en curso no son prueba de radicalidad. La revolución o la revuelta suponen un cambio radical en la forma de las relaciones sociales. Por mucho que veamos humo en las calles y nos identifiquemos con la imagen de un manifestante enmascarado siendo golpeado por fuerzas de orden y seguridad, tales identificaciones son siempre ficticias y precarias. Proyectamos lo que en nuestra sociedad sabemos de los símbolos “encapucharse, destruir, bloquear la calle” y, sin embargo, los motivos y efectos de estas imágenes y acciones en otra sociedad, en otro momento, son muy diferentes de Grecia. Detrás de la capucha puede estar el peor fascista, que odia al "Estado de los que han traicionado a la nación". Sabemos por el triste ejemplo de Kiev que hay menos significado en los conflictos que en la manera en que los sujetos experimentan esos conflictos en su vida cotidiana. Cuando nacionalistas, pequeños burgueses, trabajadores por cuenta propia y anarquistas luchan juntos contra la policía, lo que triunfa es la ideología nacional, y no necesariamente como hegemonía ideológica. He aquí Gramsi, pero en términos de funcionamiento, de experiencia: el nacionalismo es la unidad y la memoria de la unidad, vivenciada por sujetos burgueses heterogéneos. El nacionalismo se basa en la tolerancia siempre frágil pero exitosa entre categorías contradictorias. Y mientras esta unidad sea funcional, su tensión interna se canalizará en una dirección diferente: hacia la élite y los inmigrantes, las dos caras del "internacionalismo". El nacionalismo como función es la coexistencia dentro de una plaza o una calle, de todas las identidades burguesas tal como lo que son. Los ataques conjuntos contra la policía llevados a cabo por anarquistas, nacionalistas, pequeños burgueses y trabajadores apuntan en esta dirección. [6]

# 6

El haber conseguido frenar el aumento del precio de los combustibles, es un logro revolucionario. No hay que subestimar la posibilidad de que la amplia destrucción en términos de valor, el bloqueo de calles, etc., puedan evolucionar de formas imprevisibles. También el que hubiese ocasión, aunque muy pequeña, para efectuar expropiaciones, es definitivamente algo positivo. [7] Sin embargo, viendo lo que vemos ahora, podemos decir lo siguiente: si los chalecos amarillos salen derrotados, en el sentido de sólo algunas de sus demandas sean atendidas mientras que otras no, es más probable que el movimiento siga un curso revolucionario de clase. Por ejemplo, las demandas de aumento salarial tienen más incidencia sobre el impulso de los acontecimientos de lo que realmente se afirma. No obstante, si este reclamo se mantiene, seguramente deberá enfrentar la hostilidad incluso del pequeño capital. Y llegado ese punto, las personas que sigan en las calles tendrán que enfrentar un problema importante: por un lado, su disminución cuantitativa, dado que una gran parte de la masa abandonará el movimiento tal como existe ahora; y por otro lado, el encuentro con los inmigrantes, muy difícil en términos materiales reales dado que en todas partes parece estar descartado de plano.

# 7

El Estado, la contrarrevolución y el capitalismo superan a la clase y al análisis radical del asunto, y Macron parece saberlo: a diferencia de los revolucionarios que buscan las claves de la historia en una causa oculta, la verdad profunda del mecanismo social, el capitalismo toma en cuenta la fatiga, la frustración, la esperanza, el miedo y la fugacidad de la vida. Sabe que unas pocas promesas, unas cuantas concesiones hechas a medias, la abundante violencia y la pérdida de varios días de salario, pesan incluso sobre los anhelos más vitales. Lo que empuja a la gente a la calle, el dolor y el miedo, puede llevarlos de vuelta a sus casas: la apuesta de los revolucionarios se plantea precisamente sobre esta marea incierta. El desafío que anida en su corazón es éste: ¿qué dolor es más grande que el dolor del presente o del futuro? Casi siempre es mejor vivir un poco que no vivir en absoluto. Aquellos que no viven en absoluto, esos que no tienen nada que perder excepto sus "cadenas", no han sido de ninguna manera escuchados en esta rebelión. Hasta ahora.

Notas

[1] https://earther.gizmodo.com/frances-gas-tax-disaster-shows-… .

El proyecto de ley se propuso sobre la base de la transición a la "energía verde" aunque, obviamente, tenía otros incentivos, y más bien ningún beneficio ambiental. Pero esto no lo entienden fácilmente quienes trabajan con diesel y quieren seguir pagando poco. Reaccionaron ante el alza de precio defendiendo sus vidas, sin preocuparse, desde luego, por el beneficio ecológico. Entonces surge un problema diferente: dentro del capitalismo, la no devaluación de la clase trabajadora puede ser incompatible con los problemas ambientales. Esto, por un lado, muestra que la respuesta a los problemas ecológicos es también la respuesta al capitalismo en su conjunto, pero hasta que esto suceda, puede que al interior de la lucha aparezca un problema de prioridades, con la clase obrera desempeñando un papel más conservador que progresista.

[2] https://iapp.org/news/a/2018-global-legislative-predictions/ .

[3] https://voiceofeurope.com/…/europe-is-on-the-brink-of-a-wo…/

[4] https://voiceofeurope.com/…/revolutionary-scenes-as-yellow…/

[5] https://www.doctv.gr/page.aspx?itemID=SPG12699. Por supuesto, vale la pena señalar aquí que no sabemos cuántos y exactamente quiénes están haciendo demandas en esta etapa. Sin embargo, la pretensión de que todos estén representados en la lista es indicativa de un clima chovinista. Algunas peticiones son puramente nacionalistas. Por otro lado, las demandas financieras podrían ser cómodamente el programa de Strasser o de Popular Right.

[6] http://lahorde.samizdat.net/…/gilets-jaunes-ni-macron-ni-f…/ , http://autonomies.org/2018/12/the-uncertain-tides- of-insurrection-the-yellow-west-protests-of-france / y https://www.rt.com/…/445352-police-union-yellow-vests-fran…/ . Para ver un ejemplo de un análisis clásico de demanda de clase: https://jacobinmag.com/…/yellow-vests-fuel-prices-france-pr…

[7] Para un cuadro muy general: https://www.thelocal.fr/…/opinion-why-frances-yellow-vest-p…