Mostrando entradas con la etiqueta malvinas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta malvinas. Mostrar todas las entradas

domingo, 3 de abril de 2022

Malvinas: No todo fue complicidad y silencio

Ediciones Emancipación Obrera

El libro, editado a fines de 1982, es una recopilación de documentos y volantes repartidos en Argentina desde la Toma de las Malvinas por parte de la dictadura cívico-militar de Galtieri hasta la derrota argentina. También incluye una declaración al "Encuentro de los Pueblos", realizada en Centroamérica en 1982 y una reproducción de volantes repartidos en Italia en solidaridad con la lucha contra los gobiernos de Galtieri y de Teatcher

Descargar en: https://viejoarchivista.blogspot.com/2012/05/libro-sobre-la-guerra-de-malvinas.html

Todo el poder a Lady Di. Militarismo y anticolonialismo en la cuestión de las Malvinas

Néstor Perlongher
revista Persona nro.12, 1982

Resulta por lo menos irónico comprobar cómo la ocupación militar de las Malvinas -extendiendo a los desdichados kelpers los rigores del estado de sitio- ha permitido a una dictadura fascistizante y sanguinaria como la de Argentina agregar a sus méritos los raídos galones del antiimperialismo.

Pero esta ironía se torna cruel cuando se ve cómo en nombre de una abstracta territorialidad, que en nada ha de beneficiarlas, las castigadas masas argentinas (o al menos considerables sectores de ellas) se embarcan en la orgía nacionalista y claman por la muerte. Es casi lógico que un Estado paranoico como el argentino genere una guerra: la producción de excusas para un delirio xenofóbico que signifique un paso adelante, según la terminología de ultraderecha acuñada por la revista Cabildo, que ha venido pregonando la guerra desde hace tiempo. Paso adelante que tienda al olvido de las masacres y el saqueo, y permita mediante un ritual sacrificial, fortalecer la fuerza del Estado. Esto no es nuevo.

Pero el ansia de guerra de las masas -supremo deporte de nuestras sociedades masculinas- resulta menos fácil de entender, a no ser que se acuda a la hipótesis de un deseo de represión. Las masas desearon el fascismo, diría Reich, la naturaleza de cuyos enclaves libidinosos podría ser, en el seno de la épica militarista, la misma que lleva a un grupo cualquiera de muchachos a armar una patota.

En el plano de la retórica política, no deja de ser revelador cómo los opositores multipartidarios -que arrastran también a comunistas, montoneros y trotskistas (en particular el PST, Partido Socialista de los Trabajadores)- se han prestado a la puesta en escena de esta pantomima fatal, llamando no a desertar, sino a llevar aún más lejos una guerra que caracterizan de antiimperialista y que no discute el interés de las poblaciones afectadas, sino los afanes expansionistas de los Estados.

La claudicación de las izquierdas ante los delirios patrioteros de la dictadura es ya una constante: ellas se dejan llevar -como los personajes de Alejo Carpentier en El Siglo de las Luces– por el entusiasmo de las concentraciones de masas, sin percibir cuándo estas resultan en una legitimación del régimen -como en el Mundial de Fútbol de 1978- o cuándo obedecen a luchas internas del gobierno con la bendición de la todopoderosa Iglesia Católica: así, en la manifestación ante el santo del trabajo en noviembre del año pasado, se vio a recoletos marxistas subir de rodillas las escaleras del templo de San Cayetano, patrono de los Desocupados, junto con un ministro militar.

En el caso del artificioso conflicto de las Malvinas, la argumentación esgrimida para justificar la claudicación ante el patriotismo fascista de la Junta Militar se inspira, vagamente, en la concepción del imperialismo de Lenin, según la cual, en caso de conflicto entre un país atrasado y uno avanzado, debíase defender al primero -como si un amo pobre fuese menos despótico que uno rico. Distinta fue, dentro del marxismo, la posición de Rosa Luxemburgo, quien en su época negóse a defender la independencia de Polonia para no aliarse a la burguesía nacionalista polaca, contra la que, en 1920, Trotsky lanzaría el Ejército Rojo (ruso), esta vez en nombre del socialismo. El mismo Marx -con una visión no menos estatista- defendería, por su parte, la ocupación de México por los Estados Unidos, considerando que estos impondrían un capitalismo más moderno.

Por debajo de estas referencias -que apuntan a la historicidad del concepto de imperialismo- sólo un régimen como el argentino, que es, más que una dictadura de clase una dictadura del Estado, del aparato militar relativamente por encima de las clases, puede cambiar tan abruptamente sus alianzas: pasarse del bando americano al ruso. La dictadura no tenía, ante el derrumbe, otra alternativa que la guerra -y no atacó a Chile temiendo el carácter igualmente paranoico de la dictadura vecina. Cambio de alianza que puede llevar a un reagrupamiento de las fuerzas que sustentan el Estado -pero que casi seguramente, a no ser que medie una de las insurrecciones que periódicamente convulsionan a la ingobernable Argentina, apunta a fortalecerlo como tal. Y por debajo de la cual puede leerse un proceso progresivo: cómo la URSS, que detenta hoy el 40% del comercio exterior argentino y construye puertos y represas (suertes de Assuán latinoamericanas), va remplazando, como potencia económicamente dominante, el papel antaño ejercido precisamente por Inglaterra -dependencia activa desplazada luego por el saqueo indiferente de los yanquis. Ello puede explicar el alborozo de la izquierda -especialmente del PC, que hace años pregona un gobierno de coalición cívico-militar -ante lo que ve como un paso más en el proyecto de convertir a la Argentina en una Ukrania del Atlántico.

Decir que la movilización por la guerra sirve para verter consignas antidictatoriales -por otra parte inconcebibles, dada la ruina del país- es por lo menos una hipocresía: ya que ellas estaban, pese a tan inconstantes voceros, desatándose antes con más claro vigor. El gobierno, aplaudido unánimemente como anticolonialista, acaba de prohibir los filmes pacifistas y las críticas antibélicas, que pueden desmoralizar a los guerreros.

La ultraburocratizada y semiclandestina CGT ha donado un día de salario, ya esmirriado, para las tropas. Y hasta la masacrada izquierda, delirante de euforia patriótica, tiene que apoyar esas medidas y otras más radicales. Así, presuntas vanguardias del pueblo revelan su verdadera criminalidad de servidores del Estado.

En medio de tanta insensatez, la salida más elegante es el humor: si Borges recomendó ceder las islas a Bolivia y dotarla así de una salida al mar, podría también proclamarse: Todo el poder a Lady Di o El Vaticano a las Malvinas, para que la ridiculez del poder que un coro de suicidas legitima quede al descubierto. Como propuso alguien con sensatez, antes que defender la ocupación de las Malvinas, habría que postular la desocupación de la Argentina por parte del autodenominado Ejército Argentino.

El solo hecho de que guapos adolescentes, en la flor de la edad, sean sacrificados (o aún sometidos a las torturas de la disciplina militar) en nombre de unos islotes insalubres, es una razón de sobra para denunciar este triste sainete, que obra mediante el casamiento de los muchachos con la muerte.

 

Artículo leído, con introducción sobre Perlongher y el Frente de Liberación Homsexual en: https://youtu.be/Wu3_ALbhFRg

Black Flag (UK, 1982) sobre Malvinas

Artículos traducidos y publicados por Expandiendo la revuelta en Lxs anarquistas en Inglaterra frente a la guerra de Malvinas (1982-1983)

 

¿Conexión Malvinas?

Periódico Black Flag
Mayo de 1982, Inglaterra

El pasado viernes 2 de abril, pasaron dos cosas que, por más sorprendentes que parezcan, están permanentemente conectadas.

El gobierno argentino invadió las islas Malvinas. Inmediatamente la rama antiterrorista de Scotland Yard1llevó a cabo redadas anti-libertarias, apoderándose de lo que informó al "Daily Telegraph" que eran "folletos terroristas".

La razón de la atención Argentina a las Malvinas fue, como es bien sabido, desviar la de la crisis económica en el país, y el viejo y bien conocido uso de utilizar el patriotismo al servicio de estafar a los trabajadores. Este patriotismo fue construido por bandas fascistas que se encuentran en el poder, en una serie de ataques armados contra la clase trabajadora, y la reciente desaparición de cientos de mujeres y hombres que nunca más se encontraron o fueron encontrados en un estado de absoluta aflicción después de las torturas. Estas bandas fascistas han encontrado resistencias, etiquetadas por la prensa internacional, bajo distintas órdenes, como "terroristas". Siempre fue inteligente, para nosotros, para la resistencia argentina, para los gobiernos de ambos países y para el mundo Muy aliados al reino del terror argentino han estado los "traidores" de la inteligencia británica y la policía política secreta. Han ayudado a la República Argentina en los asesinatos y desapariciones, han ayudado a combatir la resistencia, han perseguido a todos los que se opusieron al régimen, sabiendo todo el tiempo que finalmente este régimen entraría en conflicto con Gran Bretaña. Inmediatamente comenzaron los combates -y sabiendo que su comportamiento “traidor” podría quedar al descubierto- iniciaron un nuevo bombardeo contra los anarquistas, siempre buenos para un ataque sensacional al estilo fascista.

Los allanamientos fueron en pequeñas imprentas y en la librería Freedom, que se indica en los folletos como la dirección para distribuir las copias comerciales.

Las redadas se han producido aparentemente, por un folleto recién producido, y aún no disponibles sobre los disturbios de Brixton. Estas redadas se describen en el "Telegraph" como "seguimiento de inteligencia intensificada" (¿No es difícil descubrir un folleto a punto de ser publicado? Cualquier librero puede hacerlo) "y actividades antiterroristas antes de la visita a Gran Bretaña del papa y el Presidente Reagan". ¿Qué tienen que ver el Papa y Reagan con Brixton? ¿Por qué usar eso como una excusa?

La verdadera razón estaba en Argentina. La escuadra "antiterrorista" tiene una excusa para desviar la atención de sus actividades contra los refugiados argentinos y los combatientes de la resistencia ahora que su política en la Argentina se puede calificar de alta traición.

Si Rusia se apoderará de parte de una posesión británica, la prensa gritaría pidiendo "topos" comunistas, y la policía probablemente lo usaría como excusa para atacar a todas las organizaciones revolucionarias por muy anti-urss que sucedió. Pero, no hace falta decirlo; nada similar sucedió cuando la argentina fascista se apoderó de posesiones británicas: y los "topos" en Whitehall no estaban tan molestos.

Háganos saber quiénes hijo. Si el director de la fiscalía intenta hacer negocios sucios, tendremos por lo menos la oportunidad de expresar en público la exigencia de descubrir a los traidores en los cuerpos secretos del poder.

Si la "prensa libre" de Gran Bretaña transmitirá el mensaje es otro asunto.



War on the rocks

Periódico Black Flag
Junio de 1982, Inglaterra

No se gana ningún debate al decidir quién es el propietario legítimo de las Malvinas. El argumento de ambos lados se basa en la mentira de que un país pertenece al Estado al que fuera leal el primer hombre blanco que lo vio.

El primer hombre blanco conocido que encontró las islas fue inglés. Por lo tanto, el Reino Unido afirma que las Malvinas claramente le pertenecen.

Pero los conquistadores españoles en una serie de aberrantes acciones criminales, subyugaron las Américas y robaron la enorme tierra del hemisferio sur. Argentina se sublevó contra ellos cuando estaban disputando una guerra y el rey se había escapado. La república reclama ahora la “herencia” del imperio español que derrocó. Como el Papa había entregado las Américas -¡que no le correspondían!- al imperio español, la reivindicación argentina también es clara. Durante los últimos 150 años, las islas han estado en posesión británica. Ahora se nos dice cuán "británicos" son los habitantes de las Malvinas. Pero esto no les sirvió cuando se aprobó el proyecto de ley de paternidad.

Durante los últimos cuarenta años Argentina ha estado bajo el dominio de un régimen fascista la mayor parte del tiempo. Y hay una resistencia decidida tratando de deshacerse de él. Torturas, asesinatos, desapariciones están a la orden del día. No solo no se ha brindado ayuda a la resistencia por parte de otras potencias, sino que Gran Bretaña en particular ha aportado a la policía y el ejército argentinos para reprimir la resistencia.

Sin embargo, es claro que una dictadura militar siempre debe enfocarse en la agresión extranjera para formar la unidad nacional cuando parece perder fuerza en su larga batalla contra su propio pueblo. Y siempre hay un montón de opositores liberales al régimen que cambiarán y apoyarán al gobierno, ya que hay personas que serán finalmente convencidas por el argumento patriótico Si bien se puede argumentar que dentro de la lógica del estatismo, "Gran Bretaña" no tuvo otra alternativa que resistir frente a "Argentina", también sigue dentro de su lógica natural que esa “resistencia” está llena de traidores…

Toda la inteligencia británica hace tiempo que se dedica a apuntalar el régimen argentino (entre otros, pero éste lo ha necesitado más). ¡Cuán simple sería, cuando la junta militar fascista trastorna “nuestros” intereses, derrocarla dando ayuda a sus enemigos internos – o simplemente retirando la acción contra ellos!- Si esto no se hace, entonces muestra que el gobierno británico está enviando gente al por mayor a la muerte, pero no está preparado para tomar ninguna medida que pueda “manchar” sus conciencias estatistas. El principio de “hasta acá, pero no más” significa que aquellos que dan sus vidas deben ser traicionados automáticamente en algún momento por aquellos que las dirigen, y en general ellos lo saben, lo cual es el giro más fantástico de todos.

Solo podemos esperar que la resistencia argentina aproveche la oportunidad que brinda la guerra para sacudirse a sus opresores y debemos asegurarnos de que los líderes británicos no reciban ninguna ayuda para salvar a la junta que ha velado por sus intereses durante tanto tiempo.

Debemos trabajar para que el pueblo británico no se deje engañar por quienes claman por la victoria (ya sea del capitalismo británico o del fascismo argentino). ). En la actualidad una población civil acalorada por la guerra cuenta los aviones que caen y las personas mueren quemadas o ahogadas en un mar helado como si fueran goles de fútbol; de hecho, todo el conflicto está siendo tratado como una extensión de la copa del mundo y el terrorismo de salón de la población en general está excitado por las muertes horrorosas en el ártico. Algunos “van tan lejos” como para querer que se cancele la copa del mundo; después de todo, tienen un buen sustituto en la guerra del Atlántico sur.

Ahora vemos la hipocresía del estatismo mundial con sus gritos contra el terrorismo, utilizando consignas pacíficas para justificar el imperialismo hasta amenazar sus propios intereses.

Limitar el número de víctimas: ¡atacar sólo a los culpables!

lunes, 2 de abril de 2012

A 30 años de la guerra de Malvinas… ¡nos oponemos a su guerra, nos enfrentamos a su paz!

Este 2 de abril se cumplen 30 años desde el desembarco del ejército argentino en las Islas Malvinas, que despertara nuevamente el conflicto con el Reino Unido por el control del territorio. Un mes más tarde, el hundimiento del buque General Belgrano por un submarino británico daría comienzo al conflicto armado que dejó como saldo más de 700 muertos y 1800 heridos, así como innumerables daños psicológicos en personas que se vieron involucradas directa o indirectamente en la guerra. En el caso argentino, si analizamos la situación social que dio lugar a esta masacre realizada en nombre de la patria, encontramos un modelo de acumulación en profunda crisis. El gobierno de la Junta Militar estaba dispuesto a sostenerlo mediante la destrucción de toda expresión combativa del proletariado así como la imposición del individualismo y la fragmentación social, tal como lo venía haciendo desde el año `76 al frente del Estado.  
 
La avanzada neoliberal se forjó a sangre y fuego sobre la persecución y exterminio de la "subversión", así como el exilio forzado de miles de disidentes: era necesaria una hegemonía política absoluta a nivel interno que pusiera a Argentina en sintonía con las necesidades del capital. Pero mientras se sucedía una escalada de medidas económicas liberales, se sentía cada vez más la pérdida del poder adquisitivo de los/as asalariados/as. Desde las cenizas empezaron a reemerger reclamos de distintos sectores de la población. Ya en los `80, el descontento se generalizaba exponencialmente, mientras salían a la luz, con cada vez más fuerza, las desapariciones forzadas de personas y demás atrocidades realizadas por los militares y policías, que se hicieron de conocimiento público a partir de la persistente denuncia de grupos de DDHH, con las Madres de Plaza de Mayo a la cabeza. 
 
Entonces, cuando el gobierno de la junta militar decide tomar las Islas Malvinas, no hace más que continuar su política interna por otros medios. El objetivo no era “recuperar” las islas, era la desaparición del conflicto social. Es claro que esta medida que representaba una solución provisoria a los problemas políticos de los milicos, no resolvía ninguno de los problemas del proletariado argentino, muy por el contrario, los agravaba... mientras nos defendemos del “enemigo exterior” no podemos reclamar aumentos salariales, ni nada… todos juntitos, explotadores y explotados, honrando a la bandera genocida argentina. 
 
 No es nuestro fin el defenestrar a los milicos en defensa de la gestión democrática del terrorismo estatal. Sean gobiernos dictatoriales o democráticos, el Estado siempre cumple la función de mantener en pie el orden vigente: la sociedad de clases que impone la dictadura del capital sobre la vida. No importa quién gobierne, su fin último siempre es la defensa de la propiedad privada de los medios de producción por parte de la burguesía, y nuestra condena a trabajar toda la vida para acrecentar su riqueza. Intentarán convencernos con la tele, la Iglesia y la Escuela… o nos obligaran a resignarnos a palazos o torturándonos en un calabozo… Ser proletarios significa que no existe más opción que apresar nuestra actividad humana tras las rejas del trabajo asalariado o desesperar en la desocupación. 
 
A través de las guerras entre Estados, distintas fracciones de la burguesía se enfrentan por conquistar mercados, apropiarse de fuerzas productivas, territorios y “recursos naturales”. Esto, a su vez, pone en marcha la producción de armamento, empresas de servicios, constructoras y medios de comunicación, entre otros. Pero a veces estos no son motivos suficientes para desatar un conflicto bélico, y hay otra razón de fondo que erige a la guerra como un fin en sí mismo: su potencialidad para debilitar y desarticular al proletariado en momentos de crisis y conflictividad social. En ellas se nos mata (¡y se nos obliga a asesinarnos entre nosotros!) en el frente de batalla, mientras se nos exigen todo tipo de sacrificios en la “retaguardia”, haciéndonos dejar de lado la defensa de nuestros intereses como clase para fortalecer el dominio de la burguesía. Cuando se presta a matar y morir por el Estado de "sus" burgueses, el proletariado se niega como tal, quedando enajenado de su necesidad urgente de emancipación revolucionaria. Frente a la guerra no tenemos más opción que oponernos a los represores y explotadores directos, oponernos al reclutamiento, romper la disciplina en las calles y los lugares de trabajo e instar al proletariado del “bloque enemigo” a realizar lo propio en su territorio. 
 
 Para persuadirnos la burguesía se sirve de quienes pretenden anestesiarnos con política e ideologías. Así es como en Argentina, TODOS los partidos políticos de derecha e izquierda apoyaron abiertamente la guerra de Malvinas. Las consignas que proclamaron -y siguen proclamando- como “anti-imperialismo”, “segunda independencia”, “defensa de la economía nacional”, “independencia económica” o “liberación nacional” por mencionar algunas, no son más que sanguinarios anzuelos para arrastrarnos a la barbarie asesina del capitalismo y su guerra. No importa si las islas son argentinas, inglesas o de quien sea... seguiremos siendo herramientas, engranajes, mercancías que se compran y venden para generar ganancias, acá como en el resto del planeta. 
 
 Lejos de la política y la especulación, nosotros entendemos que los proletarios no tenemos patria, que los explotadores y explotados están distribuidos por todo el mundo y que no hay conciliación de clases posible, nuestra lucha es por terminar con el capitalismo como sistema totalitario a escala mundial. Ninguna alianza estratégica con ninguna burguesía, ni ningún tipo de participación en el Estado, que direccionan nuestros esfuerzos para fortalecer las estructuras que nos oprimen y dominan, y nos alejan cada vez más de la posibilidad de una ruptura histórica, de la Revolución Social. No queremos dejar de preocuparnos por lo importante por atender sólo lo inmediato, ¡la revolución comunista se trata de oponernos hoy al capital, su Estado y su sistema de trabajo asalariado! 
 
A 30 años de la guerra, el mito de las Malvinas sigue siendo un espectáculo útil a la clase dominante para desviar nuestra atención. Ahora se condena la “aventura” de los militares, su irresponsabilidad, que fue “ilegítimo” por tratarse de un gobierno dictatorial, etc. Y cuando menos lo esperemos nos llamarán a que nos “pongamos la camiseta” argentina y nos ajustemos los cinturones para defender a la patria, que veamos morir a nuestros hermanos en el frente de batalla y enloquecer... ¡Siempre orgullosos de ser argentinos! Pero nadie va a denunciar que es la sociedad de clases la que engendra las guerras, no hay forma de superarlas sin acabar con el capitalismo primero, porque la guerra es su naturaleza. 
 
Los principales “opositores” a la guerra son los partidarios de la paz. A estos debemos advertirles que no existe una sin la otra. La defensa de la paz frente a la guerra no es más que la defensa de todo lo establecido a través de la guerra, y favorece claramente al último ganador. La paz es la aceptación de las condiciones “acordadas” al finalizar un conflicto armado, y siempre persiste la posibilidad de que un Estado se presente como víctima y comience una nueva agresión. No hay una sola frontera en este planeta que no haya sido trazada por la fuerza, por lo que habrá sobrados motivos de reclamar paz y hacer la guerra por siempre, a menos, claro, que tiremos abajo todos los Estados y banderas que nos separan para controlarnos y dominarnos en cada región. 
 
A su vez, es necesario comprender que la “paz” en el capitalismo no significa la ausencia de violencia entre las personas, porque mientras estamos en “paz” existen las prisiones, la trata de personas, la devastación de la naturaleza en busca de riqueza, el gatillo fácil, y un larguísimo etcétera… Esta es la “paz” capitalista, en la que la burguesía amasa millones y el conflicto social no existe, la “paz” nos suena a mantenernos pasivos ante esta sociedad que nos destruye y que pretende acabar con el planeta.
 
Nosotros no somos pacifistas. Estamos decididamente en guerra con la burguesía, y hacemos un llamado al proletariado mundial a generalizar la Revolución Social. ¡Expropiación de todo lo existente, abolición del trabajo asalariado! ¡Por el comunismo anárquico!

 

 # Por Autonomía Proletaria. autonomiaproletaria.blogspot.com.ar # Argentina, 2 de Abril de 2012 (en la conmemoración nacionalista del 30° aniversario de la guerra de Malvinas)