domingo, 10 de abril de 2022

LUCHA DE CLASES EN EL PERÚ

Editorial Ande
7 de abril del 2022, Perú

El ovillo que ataba la mecha de las luchas se ha quebrado encendiéndose la chispa en el alma de los trabajadores y en los campos donde alzan los puños. De Albania a Sri Lanka, de España a la India, de Sudan a Perú, algunas cesan, otras se encienden. Sube el precio del pan y las tortillas, del gas y el aceite, del arroz y la leche. En algunos casos el Estado cede unos centavos para contener las luchas, pero las jugosas ganancias del capital continúan galopantes bajo su protección sacando provecho de la miseria de los trabajadores, miseria que crean y profundizan por la cruenta guerra imperialista que han desatado bajo su propia expansión y desarrollo.

Desde el lunes 28 de marzo hay carreteras bloqueadas en Piura, Cajamarca, Ayacucho, Áncash, Junín, Arequipa, Apurímac, Puno, sumándose rápidamente Ica, Ucayali, Tingo María, Huánuco, Huancavelica, Lima, que a la vez se despliegan en una cantidad de regiones como Vitarte, Huaycán, Barrio Chino, El Álamo, Salitral, Las Lomas, Palpa, Mariano Dalmaso y un largo etcétera. Sin embargo, el epicentro de las protestas para el 2 de abril fue Huancayo y en los siguientes días Ica y Huánuco. No es casual que los muertos pertenezcan a estas tres regiones. Tales protestas son promovidas en un inicio por agricultores y transportistas, adhiriéndose raudamente otros sectores del proletariado, siendo el más importante un grueso contingente de los obreros del sector agroexportador en el sur y norte del territorio nacional. Los trabajadores de estos sectores fueron los más activos en las acciones directas que implicaron el bloqueo de carreteras y, en consecuencia, el bloqueo de la circulación de mercancías y la producción de valor. La lucha del proletariado fue una contundente respuesta de clase frente al aumento de los precios que se produjo por la crisis y expansión imperialista del capital a nivel mundial.

Lejos de ver la contradicción entre capital y trabajo, determinación fundamental de las acciones del proletariado, la izquierda del capital, en todas sus variantes, con la visión estrecha que la caracteriza, prefirió criminalizar la protesta, vinculándola a una manipulación de la derecha y a la acción de supuestos sectores “lumpen”. En ese sentido iban las declaraciones de Pedro Castillo, Vladimir Cerrón, Rocío Silva Santisteban y otros tantos colectivos e individualidades, todos, más allá de sus diferencias, representantes del electorerismo, la conciliación de clases y las salidas institucionales, en suma, de una postura contrarrevolucionaria. Estos sectores no tienen como fin el acrecentamiento del poder de los trabajadores, sino la formación de nuevas burocracias subordinadas al esquema de reproducción del capital nacional.

El grueso de la lucha de los trabajadores en el interior del país se dio por un motivo concreto: la defensa de sus condiciones de vida frente al aumento de precios generado por el capital en su proceso de expansión imperialista, frente a los políticos que saquean las arcas públicas y frente al capital nacional que aumenta sus precios a diestra y siniestra. Ese hecho, y no la existencia de elementos externos a los intereses de los trabajadores, es la fórmula básica que resulta incomprensible a la sapiencia de la izquierda institucional. En ese sentido, ve el asunto como algo accesorio porque está empecinada en mantenerse en la gestión de la maquinaria estatal y defender la gestión conciliatoria de Pedro Castillo. Desde asesores con jugosos sueldos hasta ministros; desde altos cargos en el Banco Interamericano de Desarrollo hasta puestos nacionales en Petroperú, todos brindan por la santa república llenando sus bolsillos a diestra y siniestra ¡Salvo los puestos en el gobierno todo es ilusión!

Conviviendo con esta muchedumbre de oportunistas, se puede ubicar una cohorte de sectores conservadores y nacionalistas. Desde su premier Aníbal Torres de raigambre autoritaria y conservadora que cita a Hitler y Mussolini en público como ejemplos de progreso, hasta el mismo presidente; desde sus asesores “ocultos” bajo las sombras, hasta sus ministros. Esto no es un hecho aislado, ya antes había nombrado como su premier a Héctor Valer, un ultraderechista promotor de organizaciones totalmente conservadoras. Su fisonomía se muestra diáfanamente, no obstante, frente a la actual lucha de los trabajadores. Castillo dice el 31 de marzo: “Se está anunciando algunos paros y bloqueos en las carreteras, malintencionados y pagados por algunos dirigentes y cabecillas [...] es necesario decirles que pondremos orden en las próximas horas”. Alfonso Chávarry, refiriéndose a los trabajadores muertos, señala el 4 de abril en el distrito de Ate: “no había nada más, solo son cuatro” y en su llegada a Ica el 6 de abril: “Llegamos para devolver la paz y la tranquilidad” tras la muerte de Jhony Quinto a manos de la policía por una bala en la cabeza. Su “orden” y “paz” se traduce en una brutal y sangrienta represión contra los trabajadores. A esto se suma su declaración del estado de emergencia para el 5 de abril en Lima y Callao. ¡Nada más y nada menos que el día del golpe de Estado encabezado por el criminal Alberto Fujimori! Estas actitudes frente a la crisis no son falta de capacidad, ni torpeza política. Antes que eso, expresan su política de conciliación de clases, sus posiciones conservadoras y contrarrevolucionarias, su papel servil a la explotación capitalista. Por lo que resulta una profunda ingenuidad que ciertos colectivos de izquierda le sigan pidiendo de rodillas al presidente que regrese a su “verdadera” posición de cambiar la constitución y apoyar a los trabajadores. Como si en algún momento hubiera existido una “auténtica” posición a favor de los trabajadores. Va un eco de Toledo, viene un eco de Ollanta, esperemos no venga un eco del siguiente mesías.

En aparente enfrentamiento con la izquierda, todos los representantes de la derecha tan reaccionaria y conservadora pretendieron direccionar la movilización de los trabajadores, intentando imponerles la bandera de la vacancia presidencial. Con una perspectiva aún más mezquina que sus pares de “izquierda”, pretenden hacer creer a los trabajadores que la salida del presidente sería la solución a todos los problemas, que mágicamente los precios bajarían y la carestía de los medios de vida sería resuelta. La hora de la derecha llegó el 5 de abril. Echaron mano de sus viejas tácticas desplegadas en campaña electoral: contrataron operadores políticos del seno del pueblo, pagaron barristas como fuerza de choque, financiaron buses para el traslado y materiales como banderas, cintas, bombos, camisetas, etc., es decir, compraron almas y conciencias como suelen hacer. Se añade también el ingrediente mayoritario de una diversa pequeña burguesía, adepta a la ideología liberal en lo económico, pero conservadora en lo social y cultural, sectores evangélicos recalcitrantes, nacionalistas, grupos abiertamente neofascistas como la Resistencia. No podían faltar los sectores más acomodados de Lima, los “pitucos”, provenientes sobre todo de los distritos de Miraflores, San Isidro, La Molina, San Miguel, etc. Lima, región que más votó a Keiko, se convirtió en el baluarte de las artimañas de la derecha. Pero, al tiempo que fraguaban sus marchas, dejaban caer sus velos de apoyo a los trabajadores mostrando sus únicas intenciones: el control del gobierno. Comenzaron a tildar de revoltosos a los que marchaban fuera de Lima, de pronto, comenzaron a aparecer mágicamente pintas con la hoz y el martillo en Junín, epicentro de la lucha de los trabajadores. Se comenzó a revelar su temor a un desborde, su pánico a que los trabajadores “bajen de los cerros a saquear”.
 Además, que el alza de los bienes primarios no afecta en lo más mínimo sus vastos ingresos.

Esta marcha frankensteiniana no tiene la más mínima intención de resolver el problema de la carestía de los medios de vida, ni es muestra de solidaridad frente a la movilización de los trabajadores. La suya es la agenda de la conservación. Buscan desplazar al ejecutivo en la gestión del Estado e introducir tecnócratas representantes de fracciones capitalistas que no pretenden ninguna reforma fiscal ni ninguna medida regulatoria que melle mínimamente sus ganancias. Si agitar el cambio constitucional como respuesta a la crisis es sembrar ilusiones, es mil veces más inverosímil intentar hacer creer que un reposicionamiento de la derecha resolverá las cosas mágicamente. ¿Qué tienen para ofrecer a los trabajadores del campo y la ciudad? Nada, solo más explotación y miseria. A estas alturas es claro que más allá de quién gestione la maquinaria estatal, el sello capitalista termina imponiéndose siempre contra los intereses de los trabajadores. La diferencia entre Castillo y la derecha es de forma, no de fondo, de apariencia, no de esencia. El antagonismo izquierda-derecha, por tanto, es por el control de los negocios, los puestos y una más eficiente acumulación de capital. De ahí que las medidas tomadas por el gobierno no atenten las ganancias del capital y antes de ser un beneficio para los trabajadores sean un subsidio para los capitalistas.

La solución que propone la izquierda institucional es la asamblea constituyente o, como algunos quieren, la asamblea popular constituyente para darle un cariz más popular a un mecanismo estatal burgués nacido en la revolución francesa. Esta consigna ha calado en la conciencia de vastos sectores de los trabajadores que apuestan por la iniciativa de una asamblea que desplace a la impuesta vía dictadura en 1993. Se trata de una consigna que efectivamente podría paliar de manera coyuntural problemas relacionados a la reproducción de la fuerza de trabajo, por ejemplo, permitiendo el control de precios, entre otras medidas, pero que definitivamente no puede resolver los problemas estructurales derivados de las relaciones sociales de producción capitalistas y la dominación burguesa en nuestro país. Al contrario, no haría más que fortalecer y legitimar el Estado capitalista, la institucionalidad burguesa, el nacionalismo, el ciudadanismo y el parlamentarismo. Lejos de promover la movilización, terminaría por desmovilizar a los trabajadores, promoviendo que militantes radicalizados pasen a trabajar de funcionarios estatales, orientando su acción política a los fines de los grupos políticos que les garantizan prebendas por su posición en el Estado. Las experiencias recientes en Ecuador, Bolivia, Venezuela y Chile demuestran que los procesos constituyentes no trastocan en lo más mínimo la miseria y la explotación capitalistas que padece la clase trabajadora, es más, la potencian en muchos casos. Una asamblea constituyente es ante todo un mecanismo de contención y cooptación de la movilización independiente de la clase trabajadora. No por casualidad todos los procesos constituyentes y los gobiernos “progresistas” se dieron después de movilizaciones de trabajadores radicalizados a los que fueron frenando paulatinamente. Hacer un balance de esas experiencias posibilitaría a los trabajadores superar la “perspectiva constituyente” como alternativa principal frente a la explotación capitalista.

En ese sentido, consideramos que la clase trabajadora revolucionaria necesita actuar independientemente. La pequeña burguesía democrática está muy lejos de desear la transformación de toda la sociedad; su finalidad tiende únicamente a producir los cambios en las condiciones sociales que puedan hacer su vida en la sociedad actual más confortable y provechosa. Desea, sobre todo, reducción de gastos nacionales por medio de un acrecentamiento de la burocracia y la imposición de las principales cargas tributarias sobre los capitalistas. Para este objeto necesita una constitución democrática que pueda darles la mayoría en el gobierno, parlamento y municipalidades. Con el fin de adueñarse del poder y de contener el desarrollo del gran capital, el partido democrático pide la reforma de las leyes, e igualmente que se transfieran los servicios públicos y tantas empresas industriales como se pueda a las autoridades del Estado y del municipio. En cuanto a los trabajadores, ellos deberán continuar siendo asalariados, para los cuales, no obstante, los sectores democráticos procuran salarios más altos, mejores condiciones de trabajo y una existencia más segura. Los demócratas tienen la esperanza de realizar este programa por medio del Estado, la administración municipal, a través de instituciones benéficas. En concreto: aspiran a corromper a la clase trabajadora llamando a la tranquilidad, y así adormecer su espíritu revolucionario con concesiones y comodidades pasajeras.

Considerando todos estos elementos, entendemos que las tareas fundamentales de los trabajadores trascienden las estrechas perspectivas que todos los políticos burgueses pretenden imponerles. Ni la asamblea constituyente resolverá la miseria capitalista, y mucho menos la salida del presidente y del personal político en el Estado. La aparente polarización entre el reformismo y los sectores reaccionarios es secundaria frente a lo verdaderamente importante: la inmediata salvaguarda de las condiciones de vida de los trabajadores, y a largo plazo el desarrollo de la conciencia de los trabajadores y el fortalecimiento de su organización autónoma que permita intervenir de forma independiente contra todas las fracciones capitalistas. Es decir, la reconstrucción del partido revolucionario de los trabajadores, proceso que deviene como parte del autodesarrollo de la conciencia de la clase trabajadora en la confrontación con el capital. La entrada y salida de presidentes, los cierres del congreso o las salidas de ministros, han sido procesos accesorios e irrelevantes para los intereses de los trabajadores. La solución constituyente, así mismo, no pasa de ser un paliativo que no antagoniza con el interés del capital, sino que, al contrario, se materializaría como una concesión para poner a salvo el orden burgués de una eventual radicalización de los trabajadores.

Frente a esto es fundamental la independencia política de la clase trabajadora, el fortalecimiento de sus organizaciones, el apartamiento de las direcciones electoreras de los frentes de defensa, sindicatos y asociaciones, y, en ese sentido, la construcción de su propio partido revolucionario. La tarea no será fácil, ni se desarrollará de la noche a la mañana, pero es el camino de la autoemancipación de la clase trabajadora, de la superación del orden del capital, el camino donde los expropiadores serán expropiados.

¡Contra el Estado, la ultraderecha y los cambios dentro de la lógica del capital!
¡Que la crisis la paguen los capitalistas y no los trabajadores!
¡Abandonar las ilusiones constituyentes y luchar por la independencia política de clase!
¡Por la unidad internacional de la clase trabajadora!

Cartas desde Ucrania

El tratamiento mediático mainstream de la la invasión rusa de Ucrania no es adecuado para nosotros. Cansados de los grandes análisis geopolíticos, de los debates sobre el papel de la OTAN, la UE y el concierto de naciones en general, hemos querido experimentar con un nuevo formato. Por ello, hemos preferido dar la palabra a A., un joven ucraniano, estudiante de informática, aficionado a la historia, al pensamiento crítico y a la revolución. Esta serie de entrevistas con él aparecieron en Tous Dehors. [La traducción es semiautomática] 

 

Parte 1

https://tousdehors.net/Lettres-d-Ukraine

18.03.2022

- ¿Podés empezar contándonos un poco sobre tus antecedentes antes de la guerra? ¿De dónde venís? ¿Qué hacés en la vida cotidiana y cuáles son tus intereses?

Soy de Kharkiv, en el este de Ucrania. Es la segunda ciudad más grande del país y está situada a pocos kilómetros de la frontera rusa. Sin embargo, he pasado los últimos años estudiando en Lviv, en el este de Ucrania. Mi familia y mis parientes también son de Kharkiv. Antes de mudarme a Lviv, hablaba ruso todos los días. Kharkiv es una ciudad casi totalmente rusófona, pero como hemos visto desde el comienzo del conflicto, esta orientación lingüística no se ha traducido en absoluto en posiciones prorrusas.

Estudio informática, en parte porque en Ucrania es una de las únicas formas de ganar un sueldo que no sea miserable y también abre la posibilidad de emigrar en algún momento. También me gusta la programación y la tecnología en general. Hace tiempo que me interesan las formas en que la modernidad capitalista ha determinado drásticamente el desarrollo de la tecnología, al tiempo que paradójicamente permite cierta libertad de uso.

Aparte de eso, me interesa tratar de entender las condiciones de una posible revolución en la actualidad. Tratar de discernir tales perspectivas requiere una comprensión de la estructuración del mundo capitalista y de la historia en general. Dentro de este marco, me interesa cómo ha surgido el mercado global y, más concretamente, cómo lo que los historiadores llaman "segunda servidumbre" y la expansión imperialista han dado forma al país donde crecí. Intento comprender cómo la historia ucraniana ha estado marcada por una lenta y desigual modernización capitalista en torno al eje San Petersburgo - Yuzovka [antiguo nombre de Donetsk] - Odesa, así como por las modernizaciones soviéticas, y aprender de los movimientos de liberación que se turnaron para luchar contra la dominación de los señores, los capitalistas y los burócratas.

- ¿Cuál fue su reacción durante los primeros días de la invasión? ¿Te sorprendió o esperabas una operación militar rusa de esta envergadura?

Sí que estaba preparado para una posible invasión. Había empacado mis cosas más esenciales y los documentos más importantes. Me había asegurado de que mi familia en Kharkiv pudiera huir de la ciudad en caso de ataque. Sin embargo, no creía que se produjera una invasión a gran escala. Suponía que Rusia llevaría a cabo una campaña de desinformación masiva como la que realizó en 2014, con motivo de las invasiones de Crimea y Donbass, pero el secretismo estrechamente guardado sobre la radicalidad del plan de invasión hacía poco fiables esos "indicadores de propaganda". Al revisar diariamente los medios de comunicación estatales rusos y no ver un aumento significativo de las provocaciones, pensé que las tropas estacionadas cerca de la frontera podrían utilizarse como palanca para que Ucrania y la OTAN negociaran condiciones más aceptables para Rusia. En general, descubrí que algunas personas incluso reaccionaban de forma exagerada al escudriñar cada nueva foto de satélite que mostraba bases militares rusas, mientras que la mayoría se estaba acostumbrando al hecho de que Rusia podría llevar a cabo una operación e intensificar así el conflicto en el este de Ucrania.

Más fundamentalmente, no creo que nadie pudiera estar preparado para lo que iba a suceder. Aunque sepas que la invasión rusa lleva ya 8 años, aunque seas consciente de que la vida cotidiana se rige desde entonces por la acumulación de mercancías ensangrentadas, por las múltiples ambiciones imperiales y por una especie de guerra civil global en curso, nada podría haberte preparado para el amanecer del 24 de febrero de 2022. Nadie está preparado para ser despertado por las sirenas que le avisan de un inminente ataque aéreo. Los pensamientos iniciales invadieron mi mente semiconsciente y la hicieron estallar por dentro, ya que aún no estaba seguro de la magnitud de los acontecimientos. "Todos los aeropuertos militares han sido destruidos", escuché y recordé todos los mapas con puntos rojos alrededor de la frontera, y luego "los tanques están en las ciudades" resonó en mi cabeza mientras comenzaba a empacar apresuradamente mis cosas. Mi cuerpo parecía negarse a cooperar, cada sonido se multiplicaba por diez y no podía quedarme quieta ni un segundo, desplazándome por las noticias y enviando mensajes de texto a mis amigos, mientras me paseaba por el piso. Los primeros días de la invasión los pasé en ese estado de ánimo, pero finalmente el avance ruso se frenó y mucha gente empezó a entrar en razón.

Mi familia tuvo la suerte de salir de Kharkiv en coche a primera hora de la mañana, después de las primeras sirenas. Algunos familiares consiguieron cruzar la frontera polaca. Me reuní con mi familia y seguimos en el oeste de Ucrania, con relativa seguridad. Se nos unieron algunos familiares que también pudieron ser evacuados de Kharkiv. Como soy apto para el servicio militar, quedarme en Ucrania es la única opción para mí. Todavía no estamos seguros de lo que haremos, dependerá por supuesto de lo que dure la guerra, pero sobre todo de tener la posibilidad de encontrar un hogar estable.

- Se podría decir que una guerra marca un alto en el curso normal de la vida, que es como una irrupción de lo excepcional en lo cotidiano. En tu opinión, ¿hasta qué punto la situación actual perturba a la sociedad ucraniana? ¿Se mantienen e intensifican las viejas divisiones políticas y sociales o, por el contrario, asistimos a una rápida reestructuración según nuevas líneas de división?

Los que no han aprendido la lección de que el estado de emergencia es la norma creen ver una clara intensificación de las líneas divisorias existentes. No es una coincidencia que la gente atrapada en las ciudades ocupadas y cercadas sea desproporcionadamente pobre, y a menudo anciana, aunque por otra parte se hace un esfuerzo considerable para presentar a los trabajadores que apagan los incendios y limpian las calles, todo ello bajo un bombardeo incesante, como héroes patrióticos. Mientras que las enormes colas para cruzar las fronteras hacen que la gente duerma a la intemperie, a otros simplemente se les rechaza porque tienen la mala suerte de venir de África, Oriente Medio o Asia. Muchas personas han tenido que abandonar sus puestos de trabajo, mientras el gobierno intenta convencer a los habitantes de las zonas "pacíficas" de que es necesario volver a la normalidad. Me resulta difícil negar que la situación actual sirve definitivamente a las fuerzas reaccionarias. Los grupos nacionalistas militarizados reciben cada vez más apoyo y se normalizan. Los liberales progresistas han olvidado sus "luchas" por la democracia y están abrazando el aparato estatal. Sin embargo, también veo muchas oportunidades para la radicalización, ya que el ejército y la policía, al llevar a cabo el reclutamiento general y prohibir que los hombres salgan del país, deteniendo y matando a los saqueadores en el acto, muestran su inclinación por la protección de la propia ley, en lugar de por la supervivencia de todos. Una vez que comprendes que el sistema en el que vivimos es también la causa de todo este horror, que se alimenta de esta violencia, una vez que lo sientes en tu propia carne, es realmente difícil escuchar a esos políticos que movilizan la retórica del sufrimiento y el martirio eterno del pueblo ucraniano con medias tintas.

El gobierno ucraniano y los medios de comunicación presentan la invasión como el resultado de eventos "naturales", inventando una nueva mitología. El Ministro de Sanidad sustituyó rápidamente la declaración diaria del número de personas infectadas y muertas por el Covid por la declaración del número de niños asesinados. En el discurso del poder, la guerra y la pandemia se desvinculan de la normalidad, se niegan sus causas y consecuencias en la propia estructuración del Estado y del mundo en general. Se dice que son cataclismos incontrolables. El asesinato masivo de la población civil ucraniana es descrito de forma apolítica por el Estado y los principales medios de comunicación: se dice que tiene su origen en una población hereditaria y genéticamente inhumana de "orcos" rusos. El Estado ucraniano simplemente intenta sobrevivir, y para ello quiere enseñarnos que no querer sacrificar nuestras vidas para protegerlo es pura y simple traición.

Lo que también es característico de la situación actual es que tanto los nacionalistas ucranianos como los demócratas liberales no tienen ninguna solución a largo plazo. Las exigencias de sanciones y futuras reparaciones a toda la población rusa y los llamamientos al asesinato de Putin demuestran que el orden mundial imperial piensa que va a durar siempre. La ayuda financiera a Ucrania es importante, pero las esperanzas de que todo esto se traduzca en un renacimiento económico de posguerra apoyado por un renovado fervor patriótico y una unidad nacional son simplemente ilusiones. Se trata de soluciones a medias, ya que la guerra está inextricablemente ligada a determinaciones económicas más amplias. No es en absoluto un momento excepcional en el funcionamiento supuestamente normal de la economía mundial, y aunque un tratado de paz o la muerte de Putin podrían poner hipotéticamente fin a esta guerra, no impedirán que Rusia controle de facto las antiguas zonas de influencia soviéticas.

Sólo un poderoso movimiento de masas a ambos lados del frente, que se extienda a los propios ejércitos y que surja de alguna chispa aún indeterminada, podría poner fin a la situación que ha llevado la guerra a las puertas de Europa. Rechazo las categorías de inocencia y culpabilidad que se utilizan para justificar a los políticos racistas y potencialmente genocidas. Por el contrario, debemos tratar de multiplicar y ampliar isl
otes de resistencia civil y construir comunidades abiertas. El imperialismo es inseparable del nacionalismo económico que lo impulsa. Esta gestión económica de las poblaciones que, a sabiendas, deja morir a millones de personas, ya sea con la pandemia del Covid-19, la guerra actual o el cambio climático que se avecina, es el modo de gobernar en el que vivimos. Sólo puede superarse en una revolución que construya un mundo radicalmente nuevo.

- Mi pregunta puede parecer ingenua, pero ¿qué queda del movimiento Euromaidán de 2013-2014? ¿La movilización desde abajo de un número creciente de ucranianos no reactiva ciertas energías del movimiento? La guerra de anexión entre Rusia y Ucrania forma parte de los acontecimientos anteriores. Con la Revolución Naranja en 2004, y luego con el Euromaidán en 2014, Ucrania experimentó dos movimientos significativos que llevaron a la caída de un régimen prorruso.

No creo que el movimiento Euromaidan sea el punto de partida adecuado para analizar la situación actual. Las protestas de 2004 se quedaron en el papel de "movimiento progresista anticorrupción". La llamada "Revolución Naranja" también vio surgir temas nacionalistas que intentaban definir una fuerte identidad ucraniana. Además, el movimiento de 2004 arraigó profundamente la idea de que la corrupción es la principal causa del estancamiento económico ucraniano, en lugar de mostrar que es más bien un síntoma de la baja rentabilidad del capital en los Estados postsocialistas. Creo que cualquier movimiento de izquierdas que considere la corrupción como su principal objetivo de lucha está librando una batalla ya perdida en terreno enemigo.

Después de una Revolución Naranja relativamente pacífica que sólo se limitó a reconocer los resultados electorales, los acontecimientos del invierno de 2013-14 demostraron que puede haber un movimiento de masas capaz de luchar contra la policía en los países de la antigua URSS. El propio Euromaidán no puede clasificarse fácilmente. Las reivindicaciones eran múltiples y el carácter altamente conflictivo del movimiento se intensificó a medida que la represión policial de los manifestantes aumentaba violentamente. Por supuesto, no todos los manifestantes eran activistas de extrema derecha, pero no se puede negar que muchos de ellos acabaron coincidiendo con grupos nazis relativamente pequeños y fueron influenciados por sus tácticas en las calles, pero también por su retórica.

Después de Maidan, la retórica de la extrema derecha continuó extendiéndose, especialmente cuando muchos liberales encontraron apropiado burlarse con orgullo de las afirmaciones de Putin de que Ucrania estaba siendo violada por bandas fascistas de "partidarios de Bandera"
[Nota del editor: líder nacionalista y colaborador nazi durante la Segunda Guerra Mundial]. Soy relativamente pesimista sobre las perspectivas de las estructuras de solidaridad posteriores a la revuelta. La historia posterior al Maidán es un excelente ejemplo de cómo las milicias de derechas han conseguido consolidar su poder en las calles, estableciendo numerosos contactos y ganando una relativa influencia dentro de las instituciones militares, policiales y estatales, mientras que varios grupos anarquistas han ido decayendo poco a poco o incluso ahora son abiertamente patrióticos.

El Euromaidán y la posterior invasión rusa del Donbass permitieron la aparición de una enorme red de voluntarios. Al igual que hoy, las iniciativas políticas para reforzar el ejército fueron consideradas muy populares. Estas redes, a menudo apolíticas, acabaron alimentando a algunos batallones de extrema derecha que habían creado sus propios centros de formación. Consiguieron reclutar activamente a jóvenes, a menudo dispuestos a salir a la calle y a golpear a los homosexuales, por ejemplo.

Lo que no leerás en casi ningún artículo occidental que elogie la actuación del ejército ucraniano en la actualidad, y lo que la mayoría de la gente no entiende, es que la formación, el mantenimiento y el armamento de Ucrania, así como las exigencias del FMI de créditos al Estado, son al mismo tiempo las causas estructurales del desmantelamiento de los hospitales, la escasa inversión en educación, las miserables pensiones de los jubilados, la falta de aumentos salariales en el sector público. La austeridad es también el futuro de Ucrania si alguna vez es aceptada en la UE.
Cartas de Ucrania

Parte 2

https://tousdehors.net/Lettres-d-Ukraine-partie-2

25/03/2022

- Hola, encantado de encontrarte de nuevo para la continuación de nuestra entrevista, ¿podés empezar describiendo cómo ha evolucionado la situación desde la semana pasada?

Aunque el avance ruso se ha detenido temporalmente en el noreste de Ucrania, algunas de las dinámicas que antes no estaban claras se están aclarando.

El gobierno ucraniano tendrá que recurrir a voluntarios para ayudar a los refugiados que aún están en el país. La falta de alojamiento no sólo se debe a la sorpresa de la invasión. Con la declaración de Volodymyr Zelensky de que un referéndum nacional podría decidir pronto el destino de Crimea y Donbass, y la intensificación de los esfuerzos para construir la imagen de una guerra exitosa, las posibilidades de una solución del conflicto parecen aún más sombrías. Las fuerzas rusas han detenido sus intentos de tomar las principales ciudades, optando en cambio por cortar las comunicaciones y rodear a las tropas en el este. Los combates callejeros en Mariupol son una excepción, y la horrible destrucción, las incontables muertes de civiles y el incesante bombardeo de las regiones de Kharkiv y Kiev dan testimonio del dramático precio de cualquier guerra de desgaste.

- El gobierno de Vladimir Putin intenta restaurar una visión imperial del papel de Rusia y lleva una década tratando de erigirse en gendarme regional. En su opinión, ¿en qué medida los recientes acontecimientos forman parte de la política exterior más amplia de Rusia hacia los países de la antigua zona de influencia soviética?

No creo que haya habido una verdadera "recuperación" del imperialismo ruso. Por supuesto, Rusia perdió su posición como principal enemigo de Occidente con el fin de la Guerra Fría, pero su dimensión imperial se mantuvo. En lugar de ver el colapso de la URSS como una ruptura económica y política radical, creo, por el contrario, que debe verse como una sorprendente continuidad. Las repúblicas soviéticas no sólo se separaron en base a las fronteras establecidas por la URSS. Al mismo tiempo, heredaron y conservaron las estructuras soviéticas, como la gestión política de las minorías nacionales y étnicas. Así, los conflictos relacionados con las lenguas minoritarias y, más ampliamente, con la autonomía o independencia regional, que antes se canalizaban a través de la maquinaria política de un partido ultracentralista, han perdido en cierto modo a su árbitro. Mientras que bajo la URSS los problemas se resolvían con reubicaciones forzadas, represión de los derechos culturales o lingüísticos y violenta represión interna, las fragmentaciones contemporáneas están llevando a guerras abiertas entre Estados independientes.

Si se considera la desintegración de la URSS como el resultado del lento desarrollo de las líneas divisorias internas dentro de la propia estructura de la Unión Soviética, entonces ya no es sorprendente la ausencia de cambios "revolucionarios" ni de brotes nacionalistas en los Estados postsoviéticos. Tras un proceso que se intensificó durante los años ochenta y noventa, y en el que 1998 marcó un punto de inflexión con una crisis económica en Rusia que llevó a la quiebra a muchas empresas y permitió una mayor penetración del capital internacional, la antigua autonomía a nivel de las estructuras del Estado y del partido se reflejó en formas de independencia creciente a nivel de las empresas, mientras, a su vez, el mercado se desarrollaba. La organización empresarial y las formas de explotación se adaptaron lentamente a los rápidos cambios de las estructuras mundiales, y la disidencia pasó primero por los canales burocráticos soviéticos establecidos, antes de salir a la calle con el crecimiento de la población excedente, cuando las empresas se deshicieron de sus reservas de mano de obra para reducir los costes de producción.

Vemos dos formas de imperialismo ruso en la región. En Bielorrusia y Kazajistán, por ejemplo, Rusia mantiene relaciones amistosas con la clase dirigente. Como en el caso de la insurgencia kazaja en enero de 2022, las fuerzas armadas rusas pueden operar directamente allí para llevar a cabo campañas represivas. En cambio, Rusia está adoptando una actitud diferente en Ucrania y Georgia. Al no querer perder a los Estados que estaban cerca y que en su día estaban muy integrados, la propia unidad y continuidad de Rusia con estos Estados se ha convertido en una cuestión clave en la elaboración de su política exterior. Por lo tanto, Rusia entabló una guerra abierta contra estos dos países al reclamar su plena independencia. Además, el temor a que las revueltas ucranianas pudieran provocar disturbios en Rusia agravó el problema y sirvió de excusa para la invasión ucraniana. La oligarquía rusa, que se apoya en el Estado para beneficiarse de sus monopolios en la extracción de materias primas y en los sectores energéticos, tiene naturalmente sus ojos puestos en la posible explotación de toda la región. El reto de la clase dirigente rusa es mantener sus objetivos de dominación político-militarista a toda costa para establecer un imperio económico-político que genere rentas y beneficios para sus élites de ultra-ricos.

Si bien hay que considerar a Rusia como una amenaza para las democracias occidentales, tampoco hay que dejar de lado a Estados Unidos. Las políticas de apertura del mercado y de ajuste liberal de la década de 1990 contribuyeron al colapso del nivel de vida en los Estados postsoviéticos. Estas políticas también aumentaron el resentimiento de la población y reforzaron las tendencias más reaccionarias de la región. Si Estados Unidos también contribuyó al aumento de las tensiones antes de la actual invasión, fue porque también se alegró de tener una nueva excusa para aumentar su presupuesto militar. Sobre todo, no nos dejemos engañar, la historia ha demostrado que la búsqueda de beneficios podría acomodar muy bien a esta llamada "Rusia del Este" y fundamentalmente antioccidental. Sólo hay que recordar que durante la Primera Guerra Mundial, Francia y Gran Bretaña lucharon alegremente al lado de un régimen zarista autocrático, pero no dudaron en enviar fuerzas expedicionarias rusas a los campamentos en cuanto empezaron a organizar comités de soldados en la época de la Revolución de 1917.

- Tras casi un mes de guerra, ¿cuál es el estado de las relaciones entre el gobierno ucraniano y las facciones nacionalistas?

Está claro que el gobierno de Volodymyr Zelensky, que ha demostrado tener tendencias "prorrusas" a lo largo de su presidencia, está intentando navegar con cuidado por las peligrosas aguas de las conversaciones de paz. Aunque los nacionalistas y los nazis no están a cargo del Estado ucraniano y nunca han gozado de un apoyo político significativo, se han establecido firmemente en el ejército regular y en varias milicias. Dado que la invasión rusa es actualmente el mayor vehículo para popularizar el nacionalismo ucraniano y que los envíos de armas llegan a raudales desde todo el mundo, en el futuro los líderes de las milicias pueden estar dispuestos a poner a prueba su poder si Zelensky flaquea.

Sin embargo, la relación entre el nacionalismo y el Estado ucraniano es más compleja. Como cualquier Estado-nación, intenta conciliar relatos históricos contradictorios y quiere rechazar cualquier oposición en términos de democracia despolitizándola. Esto termina reduciendo toda la singularidad histórica a la gran narrativa de una nación unida, finalmente liberada del eterno Imperio Ruso, sin cuestionar la naturaleza radical de la "liberación" en cuestión. Bohdan Khmelnytsky, Simon Petliura y Stepan Bandera conviven así con la imagen de los ucranianos liberando los campos de concentración [Nota del editor: son figuras clave del nacionalismo ucraniano, y cada uno de ellos perpetró pogromos antijudíos]. Defender sólo el lado liberal de este Estado es imposible porque su mantenimiento requerirá la violencia fascista en cuanto el orden esté realmente amenazado. En los últimos días, incluso podemos ver cómo la democracia puede ser rápidamente suspendida y los partidos prohibidos para fortalecer la unidad nacional en los esfuerzos de movilización.

Además, el estancamiento económico tiene el efecto de intensificar la violencia, que puede mezclarse con el sadismo social. Recientemente, los saqueadores fueron desnudados y atados a postes telefónicos como castigo inmediato. El gobierno, queriendo asegurar la salud económica de la nación, no ha dudado en suspender "temporalmente" los derechos laborales. Pero además, el uso de una lengua no ucraniana puede ser hoy en día suficiente para hacerte sospechoso a los ojos de los "defensores" del cuerpo nacional.

Frente a la historia nacionalista, mi concepción no es la de la empatía por la museificación de las luchas pasadas. Tampoco está motivado por la curiosidad o la búsqueda de paralelismos a toda costa. El único paralelismo entre nosotros y la gente que el Estado ha consignado al basurero de la historia es que seguimos luchando por un mundo que viene, y especialmente contra el mundo tal y como está configurado actualmente. Cualquier movimiento social que lo desafíe tendrá que hacer estallar las contradicciones que al mismo tiempo garantizan el buen funcionamiento de la sociedad civil ucraniana.

- ¿Cuáles podrían ser las modalidades de una política que rechace tanto el autoritarismo ruso como la dictadura de la economía desde Occidente? En los próximos años, ¿podría escucharse esta postura en Ucrania y compartirse masivamente?

Sin abandonar la posición de "no a la guerra excepto la guerra de clases", puede ser difícil prever una estrategia más amplia que los esfuerzos de ayuda inmediata. La situación a la que nos enfrentamos ahora es muy compleja y la casi ausencia de redes de solidaridad revolucionaria en Ucrania reduce enormemente el número de opciones sobre el terreno. A veces, ofrecerse a luchar puede ser una opción más segura que seguir escondiéndose. Por eso agradezco que los revolucionarios de aquí y de fuera compartan sus debates sobre esta cuestión y que muchos grupos diversos comprendan la importancia de las acciones de solidaridad real a nivel internacional.

Al tratar de desarrollar una estrategia coherente, uno podría estar tentado de posponer la lucha a tiempos más pacíficos. De hecho, mucho depende del resultado del conflicto y todavía es difícil predecir si Ucrania tiene la posibilidad de convertirse en un estado "neutral" o si sólo estamos al principio de una larga guerra de desgaste. Sin embargo, cada vez está más claro que las consecuencias de la guerra serán internacionales. Apenas dos años después del inicio de la epidemia de Covid-19, los países del Sur están a punto de sufrir un nuevo golpe a su seguridad alimentaria. Sin embargo, no debemos sucumbir a un binarismo paz-guerra que en última instancia sólo sirve para defender a los gobiernos y su desfile de declaraciones de estado de emergencia. Antes de la invasión rusa, la prolongada guerra en Donbass se utilizó para justificar la falta de acción contra el ascenso de las fuerzas reaccionarias en el país. El actual deseo del Estado ucraniano de reprimir la disidencia política interna declarando "prorrusa" cualquier forma de desafío al statu quo demuestra que las cosas siguen avanzando en esta dirección. No podemos permitirnos esperar a un capitalismo democrático estable. Debemos adaptarnos a la catástrofe y buscar formas de frenar su proliferación aquí y ahora.

No podemos seguir analizando la situación fijándonos sólo en los símbolos y las consignas, viendo el fascismo sólo cuando tiene una esvástica, o alabando a ciertas brigadas porque enarbolan banderas negras. En el primer caso, algunos podrían estar motivados por la incapacidad de ver el fascismo como un componente necesario de las técnicas de gobierno liberales; en el segundo, por el deseo de un sujeto revolucionario estable y puro. No se puede formar un sujeto ya consciente, aunque algunos traten de sortear el problema de la composición proclamando la llegada del Mesías en el avance de las luchas sin reivindicaciones, mientras que otros todavía esperan ver el surgimiento de una hegemonía democrática revolucionaria sobre las bases políticas del siglo XX. Los revolucionarios siguen siendo sólo una gota en el océano que lleva cada levantamiento. Nuestra tarea actual es también asegurar que nuestras debilidades se conviertan en fortalezas en las próximas insurrecciones que surjan.

Más allá de la simple aceptación y asentamiento de todos los refugiados, necesitamos construir estructuras de solidaridad a largo plazo. Sólo así podremos prepararnos para las próximas crisis alimentaria y climática. Debemos rechazar obstinadamente la militarización de los países del Norte. Las reacciones de la clase política no serán las mismas cuando sus armas caigan sobre los refugiados que no tienen nuestras queridas cabezas rubias ucranianas. Sin embargo, sabotear las entregas de armas a Ucrania sería en gran medida contraproducente, ya que la posibilidad de que Rusia ponga fin a esta guerra depende de la capacidad del ejército ucraniano para seguir defendiéndose. En su lugar, deberíamos apoyar las deserciones masivas y los motines en todos los bandos como la única forma realista de poner fin a cualquier forma de escalada bélica. También debemos actuar con realismo frente a un gobierno ucraniano que quiere construir una imagen de campaña exitosa: esta guerra no se puede ganar y cada minuto de negación está matando a más y más personas. Las proclamas patrióticas no ayudan a los soldados recién alistados, ni a la gente que no puede evacuar las ciudades rodeadas y bombardeadas cuando las autoridades les aseguran que "nunca caerán".

En lugar de celebrar la formación de una sotnia [brigada] de autodefensa "revolucionaria" como una actualización moderna del mito del Sich Zaporogue [estado militarista cosaco] del siglo XVIII, deberíamos cuestionar el fetichismo del militantismo entre nuestros camaradas. Formar una banda callejera masculina centrada en el mito de la violencia no es la única forma de luchar contra el fascismo, y combatir en el ejército regular no es, desde luego, la forma más adecuada de desactivar el Estado. Cuando estalla un acontecimiento, hay que oponerse a los que intentan convertir una insurrección en un asunto "serio" y, más aún, a los que quieren perpetuar el régimen de la propiedad privada y la división por sexos. Por otro lado, para no apoyar ciegamente a los movimientos que se presentan como "antipolíticos", hay que ordenar las posibles estrategias que surjan, porque las barricadas, los cócteles molotov y las ocupaciones no son revolucionarias en sí mismas. Tratar de "convencer" a los movimientos reaccionarios para corregirlos y recuperar las narrativas nacionalistas puede llevar a callejones sin salida. Históricamente, para defenderse de la invasión extranjera, los cosacos de Zaporogues del siglo XVII, elemento central de la narrativa nacional ucraniana, establecieron una comunidad guerrera exclusivamente masculina. Tratar de modelar nuestras organizaciones revolucionarias sobre esta historia sólo conducirá a la exacerbación de la brecha entre los sexos. Así que, obviamente, estamos más interesados en construir comunidades abiertas que luchen contra las divisiones del presente. El éxito de un movimiento antiguerra en Ucrania depende de nuestra capacidad para escapar de las trampas nacionalistas de la organización y para resistir a todas las formas de represión.

Parte 3

https://tousdehors.net/Lettres-d-Ukraine-partie-3

??/04/2022

- ¿Ha habido un cambio significativo en la situación durante la última semana?

Aunque el avance se ha ralentizado y las semanas son cada vez más parecidas, ha habido un cambio notable. En primer lugar, las noticias sobre el éxito de los contraataques del ejército ucraniano en los alrededores de Kiev y el abandono por parte de Rusia de algunas de sus demandas de conversaciones de paz han reforzado la imagen de una exitosa campaña defensiva ucraniana. Cuando Rusia anunció que reducía sus esfuerzos militares en torno a Kiev, fue imposible ignorar la celebración ucraniana de una guerra "ya ganada". Aún no está claro hasta qué punto Rusia está comprometida con las conversaciones de paz o si se trata de una distracción, sobre todo porque el alcance de la "retirada" aún está por determinar. Pero también debemos analizar otro aspecto del problema. La defensa de Ucrania sigue dependiendo de reclutas y voluntarios sin formación militar, mientras la OTAN se prepara para suministrar armas a Ucrania de forma ininterrumpida. El éxito en estos frentes reforzará la imagen de normalidad en la retaguardia, pero millones de refugiados tendrán que conformarse con sobrevivir a un desastre que continuará a medida que el apoyo a ellos desaparezca gradualmente. Los habitantes de las ciudades cercadas seguirán teniendo que esconderse del bombardeo diario, y es probable que Rusia utilice sus fuerzas liberadas en algunos frentes para reforzar otros ejes de ataque. En contra de quienes se empeñan en defender esta falsa dicotomía entre guerra y paz, creo que esto está lejos de acabar.

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Hemos sabido que el gobierno ucraniano, en nombre del estado de excepción y haciendo uso de la ley marcial, ha promulgado una serie de leyes que restringen gravemente los derechos de los trabajadores. Los empresarios pueden aumentar la jornada laboral de 40 a 60 horas semanales, acortar las vacaciones o anular días extra de vacaciones. ¿Teme que todo esto sea la base para una transformación más radical del derecho laboral y de los sindicatos en nombre de la guerra?

Antes de la guerra, Ucrania ya tenía una elevada tasa de desempleo, en torno al 10%. La población activa representa el 65,3% de la población total. Los problemas de incertidumbre sobre el futuro, que se habían manifestado en la fuerte presencia de estudiantes durante el Euromaidán, se agravaron aún más con la ola de austeridad que afectó al sector público y especialmente a las universidades. El empleo informal es elevado en todos los grupos de edad y las miserables pensiones demuestran que para una gran parte de la población casi no hay forma de salir de la pobreza. En un país asolado por el estancamiento económico y la desesperación, sabías que tus planes tenían pocas probabilidades de materializarse, pero al menos sólo se derrumbaban poco a poco y podías seguir convenciéndote de que te quedaban algunas opciones para mejorar tus condiciones de vida. La guerra, en cambio, hace añicos estas últimas esperanzas. Estás totalmente desorientado, te sientes totalmente impotente, mientras te encuentras nadando en un océano de nuevas e incalculables probabilidades. Lo has perdido todo y todo parece absolutamente indescifrable. Después de un mes de guerra, todavía no estoy seguro de poder hablar de un "después". La guerra destruye el futuro, consume las bolsas del mundo con la misma rapidez con la que destruye los puestos de trabajo y las carreras de millones de personas. Simplemente está consumiendo nuestros mundos. Mientras los amigos se incorporan a las filas de un nuevo ejército patriótico, mientras se ven abrumados por el recuerdo de las generaciones muertas pero intentan celebrar este último tartamudeo de la historia, la posibilidad de que las cosas mejoren parece estar simplemente descartada por el momento.

Me temo que las leyes de trabajo "temporal" no han hecho más que legalizar las prácticas existentes. A nadie le importa esta normativa cuando millones de personas han tenido que abandonar sus hogares y los empresarios han suspendido los salarios. El sistema económico se ha visto perturbado, pero se ha adaptado rápidamente y sigue afirmando su reinado: los refugiados tratan de encontrar trabajo, a cualquier precio, sin tener en cuenta las normas de explotación en un momento en el que se encuentran bajo extrema presión. Es difícil decir si estas restricciones continuarán después de la guerra. Sin embargo, esto no sería sorprendente, dada la necesidad de aumentar la ínfima parte de la inversión extranjera y de hacer hincapié en las pocas industrias rentables. Es poco probable que los sindicatos se opongan a estas leyes, ya que prácticamente no existe un movimiento sindical independiente en Ucrania. Las organizaciones oficiales postsoviéticas son estructuras conservadoras vaciadas de toda sustancia opositora. Incluso durante el levantamiento de 2014, no hubo huelgas. Por lo tanto, es poco probable que los sindicatos ampliamente patrióticos empiecen de repente a socavar los esfuerzos bélicos nacionales.

- ¿Cómo pueden encajar los acontecimientos de los últimos años en Ucrania en la reciente ola de levantamientos en los países de la antigua URSS?

Como "buenos revolucionarios", debemos confiar "no en las buenas cosas viejas, sino en las malas noticias" [“non pas sur les bonnes vieilles choses, mais sur les mauvaises nouvelles”]. Aunque el desarrollo de nuestro bando no se basa en absoluto en un proceso uniforme y lineal, los movimientos de sublevación se apoyan unos en otros. En el contexto postsoviético, la revuelta de enero en Kazajistán, por ejemplo, fue el primer acontecimiento de este tipo marcado por los saqueos a gran escala. También fue el primer levantamiento de este tipo no iniciado por las fuerzas políticas dominantes. Los manifestantes de 2020-2021 en Bielorrusia, cuya demanda central era la celebración de elecciones justas, no tocaron la mercancía. Los alborotadores ucranianos de 2014 saquearon comisarías u oficinas gubernamentales y luego devolvieron inmediatamente las armas que adquirieron. En 2020, los disturbios postelectorales en Kirguistán provocaron algunos saqueos, pero la población intervino para ayudar a defender las tiendas atacadas. La cuestión de cómo los disturbios de este invierno en Kazajistán podrían influir en futuros movimientos en cuanto a la rápida coordinación de las masas y los saqueos sigue abierta. El movimiento kazajo también debe considerarse en el contexto de los numerosos levantamientos actuales provocados por la inflación y el aumento de los precios de los combustibles y las materias primas.

Al observar los acontecimientos de los últimos años en Ucrania, es difícil no sentirse abrumado por un sentimiento de depresión. Las protestas nacionalistas han conseguido movilizar incluso a liberales y demócratas. Los nacionalistas ucranianos se han convertido en maestros de la acción espectacular de quemar unos neumáticos para exigir la dimisión de un ministro. Además, ni siquiera las restricciones relacionadas con la pandemia de Covid-19 provocaron una movilización significativa. El único movimiento que surgió, mientras el Estado vaciaba los hospitales y abandonaba todos los esfuerzos por limitar la propagación del virus, fueron algunas manifestaciones de empresarios que exigían el levantamiento de las últimas restricciones sanitarias
en nombre de business as usual. Aunque uno quisiera proclamar que las contradicciones se han hecho por fin evidentes a los ojos de la población, la realidad es muy distinta.

El sabotaje de las líneas ferroviarias bielorrusas y las ocasionales deserciones rusas demuestran el poder de perturbación de los actos desinteresados en nombre de un ideal democrático que trasciende las barreras nacionales. A la pregunta "¿debemos sabotear esta máquina de muerte?" la respuesta es: "nuestras vidas no tendrán sentido hasta que interrumpamos los circuitos globalizados de producción de mercancías"

La dinámica general de la gran guerra civil global, también llamada "movimiento real", permanecerá opaca para nosotros hasta que una gran ruptura abra nuevas posibilidades Sin embargo, todavía podemos percibir algunos ecos más o menos difusos de la revuelta. Durante el conflicto, Ucrania fue escenario de cientos de saqueos. Los saqueadores se encontraron a menudo con la oposición de muchos de sus conciudadanos. Estos incidentes de saqueo muestran el inmenso alcance del odio de los excluidos del proceso de valorización del capital, ya sea que rompan tiendas o intenten atacar máquinas expendedoras. Los primeros simbolizan el dominio total del capital sobre los paisajes urbanos optimizados para el comercio, así como para la circulación de mercancías y personas; de hecho, los bulevares soviéticos son tan amplios que ni el barón Hausman podría haber soñado con hacerlo mejor. Los cajeros automáticos evocan la fantasía de una futura automatización de la economía en la que el tiempo libre fuera del trabajo se reduciría a una maldición.

Además, aunque están surgiendo otras líneas de fractura, puede decirse que el campo político ucraniano está produciendo socialdemócratas sin socialdemocracia. Si se toma al pie de la letra este punto de vista socialdemócrata, son útiles las descripciones de Mike Davis sobre una cierta ceguera de la clase dirigente [véase: "Thanatos Triumphant", Mike Davis, New Left Review]. Dado el cuadro apocalíptico que describe de un mundo de multimillonarios que destruyen "todas las cosas buenas del mundo", con una avaricia que ya no necesita las interminables justificaciones del espectáculo, no es de extrañar que una clase política obligada a mantener un sistema global que destruye las economías nacionales esté desorganizada y confundida; y esto es cierto para todos los bandos. Aunque sigue insinuando quizás demasiado a determinados políticos en el origen de un imperialismo cada vez más falto de visión, su análisis identifica el problema actual y cómo miles de millones de personas están atrapadas en esta eterna tormenta de progreso. En efecto, es nuestra época la que Walter Benjamin tenía en mente, citando las palabras de Fuchs cuando buscaba entre los restos muertos del movimiento obrero signos de pensamiento materialista: "Los tiempos decadentes y los cerebros enfermos -escribió- también se inclinan por las representaciones grotescas". En tales casos, lo grotesco es un reflejo escandaloso del hecho de que, para la época y los individuos en cuestión, los problemas del mundo y de la existencia parecen insolubles".

Sin embargo, la alternativa un tanto desafortunada que Mike Davis propone a esta infructuosa "canalización" de las "energías generadas por Occupy, BLM o la campaña de Bernie Sanders" en el siglo XXI es la de una renovación de la propaganda por el hacer en el siglo XXI. Como si las matanzas del siglo pasado hubieran podido mitigar la represión o abolir las guerras. Nos negamos a resignarnos a discernir la redención del pueblo judío en el asesinato de un Petliura que hacía tiempo que se había retirado. Si hay una solución al sufrimiento ucraniano, no nos conformaremos con un ligero reequilibrio del poder financiero para dar cabida a un movimiento nacionalista radicalizado. En su lugar, partiendo de la desesperación como caracterización básica de nuestro tiempo, nos esforzamos por marcar un camino a través de la oscuridad que pueda ofrecer algún día una salida viable.

Los restos del movimiento obrero siguen oscureciendo el camino. En lugar de intentar reanimar sus cadáveres, debemos dirigirnos a todas las manifestaciones de negatividad que nos rodean. Si una sociedad de trabajadores asalariados, cada uno a merced de una economía totalitaria, utilizó la estrategia de las huelgas y la autogestión, al final sólo pudo producir una sociedad de desempleo generalizado, ¿cómo será la revolución para nosotros? Con la fragmentación de los puestos de trabajo, el aumento de la movilidad de la fuerza de trabajo y las diversas formas de pseudoempleo, la explotación sigue siendo obra del capital, y son sus frágiles circuitos de circulación los que tendrán que ser atacados en el futuro. El mismo movimiento dialéctico sigue la historia reciente de la ciudadanía: quienes depositaron sus esperanzas en su universalidad se han perdido la explosión de la condición generalizada de no-ciudadanía. Mientras que todo ciudadano es siempre un ciudadano en
devenir, porque siempre es sospechoso de estar incompleto y debe probarse continuamente a sí mismo quedando sujeto a un nuevo examen, una de las múltiples facetas del anticiudadano, al que se le niega la ciudadanía es al refugiado. Cuando la banalidad de los entornos cotidianos y familiares estalla en la guerra de la que se suponía que uno estaba protegido, ¿cómo puede un refugiado confiar en un nuevo orden político que ya le rechaza? Al no estar ya subyugado por su gobierno y sus impuestos, el refugiado empieza a despreciar toda frontera como un objeto tangible a derribar.

domingo, 3 de abril de 2022

Malvinas: No todo fue complicidad y silencio

Ediciones Emancipación Obrera

El libro, editado a fines de 1982, es una recopilación de documentos y volantes repartidos en Argentina desde la Toma de las Malvinas por parte de la dictadura cívico-militar de Galtieri hasta la derrota argentina. También incluye una declaración al "Encuentro de los Pueblos", realizada en Centroamérica en 1982 y una reproducción de volantes repartidos en Italia en solidaridad con la lucha contra los gobiernos de Galtieri y de Teatcher

Descargar en: https://viejoarchivista.blogspot.com/2012/05/libro-sobre-la-guerra-de-malvinas.html

Todo el poder a Lady Di. Militarismo y anticolonialismo en la cuestión de las Malvinas

Néstor Perlongher
revista Persona nro.12, 1982

Resulta por lo menos irónico comprobar cómo la ocupación militar de las Malvinas -extendiendo a los desdichados kelpers los rigores del estado de sitio- ha permitido a una dictadura fascistizante y sanguinaria como la de Argentina agregar a sus méritos los raídos galones del antiimperialismo.

Pero esta ironía se torna cruel cuando se ve cómo en nombre de una abstracta territorialidad, que en nada ha de beneficiarlas, las castigadas masas argentinas (o al menos considerables sectores de ellas) se embarcan en la orgía nacionalista y claman por la muerte. Es casi lógico que un Estado paranoico como el argentino genere una guerra: la producción de excusas para un delirio xenofóbico que signifique un paso adelante, según la terminología de ultraderecha acuñada por la revista Cabildo, que ha venido pregonando la guerra desde hace tiempo. Paso adelante que tienda al olvido de las masacres y el saqueo, y permita mediante un ritual sacrificial, fortalecer la fuerza del Estado. Esto no es nuevo.

Pero el ansia de guerra de las masas -supremo deporte de nuestras sociedades masculinas- resulta menos fácil de entender, a no ser que se acuda a la hipótesis de un deseo de represión. Las masas desearon el fascismo, diría Reich, la naturaleza de cuyos enclaves libidinosos podría ser, en el seno de la épica militarista, la misma que lleva a un grupo cualquiera de muchachos a armar una patota.

En el plano de la retórica política, no deja de ser revelador cómo los opositores multipartidarios -que arrastran también a comunistas, montoneros y trotskistas (en particular el PST, Partido Socialista de los Trabajadores)- se han prestado a la puesta en escena de esta pantomima fatal, llamando no a desertar, sino a llevar aún más lejos una guerra que caracterizan de antiimperialista y que no discute el interés de las poblaciones afectadas, sino los afanes expansionistas de los Estados.

La claudicación de las izquierdas ante los delirios patrioteros de la dictadura es ya una constante: ellas se dejan llevar -como los personajes de Alejo Carpentier en El Siglo de las Luces– por el entusiasmo de las concentraciones de masas, sin percibir cuándo estas resultan en una legitimación del régimen -como en el Mundial de Fútbol de 1978- o cuándo obedecen a luchas internas del gobierno con la bendición de la todopoderosa Iglesia Católica: así, en la manifestación ante el santo del trabajo en noviembre del año pasado, se vio a recoletos marxistas subir de rodillas las escaleras del templo de San Cayetano, patrono de los Desocupados, junto con un ministro militar.

En el caso del artificioso conflicto de las Malvinas, la argumentación esgrimida para justificar la claudicación ante el patriotismo fascista de la Junta Militar se inspira, vagamente, en la concepción del imperialismo de Lenin, según la cual, en caso de conflicto entre un país atrasado y uno avanzado, debíase defender al primero -como si un amo pobre fuese menos despótico que uno rico. Distinta fue, dentro del marxismo, la posición de Rosa Luxemburgo, quien en su época negóse a defender la independencia de Polonia para no aliarse a la burguesía nacionalista polaca, contra la que, en 1920, Trotsky lanzaría el Ejército Rojo (ruso), esta vez en nombre del socialismo. El mismo Marx -con una visión no menos estatista- defendería, por su parte, la ocupación de México por los Estados Unidos, considerando que estos impondrían un capitalismo más moderno.

Por debajo de estas referencias -que apuntan a la historicidad del concepto de imperialismo- sólo un régimen como el argentino, que es, más que una dictadura de clase una dictadura del Estado, del aparato militar relativamente por encima de las clases, puede cambiar tan abruptamente sus alianzas: pasarse del bando americano al ruso. La dictadura no tenía, ante el derrumbe, otra alternativa que la guerra -y no atacó a Chile temiendo el carácter igualmente paranoico de la dictadura vecina. Cambio de alianza que puede llevar a un reagrupamiento de las fuerzas que sustentan el Estado -pero que casi seguramente, a no ser que medie una de las insurrecciones que periódicamente convulsionan a la ingobernable Argentina, apunta a fortalecerlo como tal. Y por debajo de la cual puede leerse un proceso progresivo: cómo la URSS, que detenta hoy el 40% del comercio exterior argentino y construye puertos y represas (suertes de Assuán latinoamericanas), va remplazando, como potencia económicamente dominante, el papel antaño ejercido precisamente por Inglaterra -dependencia activa desplazada luego por el saqueo indiferente de los yanquis. Ello puede explicar el alborozo de la izquierda -especialmente del PC, que hace años pregona un gobierno de coalición cívico-militar -ante lo que ve como un paso más en el proyecto de convertir a la Argentina en una Ukrania del Atlántico.

Decir que la movilización por la guerra sirve para verter consignas antidictatoriales -por otra parte inconcebibles, dada la ruina del país- es por lo menos una hipocresía: ya que ellas estaban, pese a tan inconstantes voceros, desatándose antes con más claro vigor. El gobierno, aplaudido unánimemente como anticolonialista, acaba de prohibir los filmes pacifistas y las críticas antibélicas, que pueden desmoralizar a los guerreros.

La ultraburocratizada y semiclandestina CGT ha donado un día de salario, ya esmirriado, para las tropas. Y hasta la masacrada izquierda, delirante de euforia patriótica, tiene que apoyar esas medidas y otras más radicales. Así, presuntas vanguardias del pueblo revelan su verdadera criminalidad de servidores del Estado.

En medio de tanta insensatez, la salida más elegante es el humor: si Borges recomendó ceder las islas a Bolivia y dotarla así de una salida al mar, podría también proclamarse: Todo el poder a Lady Di o El Vaticano a las Malvinas, para que la ridiculez del poder que un coro de suicidas legitima quede al descubierto. Como propuso alguien con sensatez, antes que defender la ocupación de las Malvinas, habría que postular la desocupación de la Argentina por parte del autodenominado Ejército Argentino.

El solo hecho de que guapos adolescentes, en la flor de la edad, sean sacrificados (o aún sometidos a las torturas de la disciplina militar) en nombre de unos islotes insalubres, es una razón de sobra para denunciar este triste sainete, que obra mediante el casamiento de los muchachos con la muerte.

 

Artículo leído, con introducción sobre Perlongher y el Frente de Liberación Homsexual en: https://youtu.be/Wu3_ALbhFRg

Black Flag (UK, 1982) sobre Malvinas

Artículos traducidos y publicados por Expandiendo la revuelta en Lxs anarquistas en Inglaterra frente a la guerra de Malvinas (1982-1983)

 

¿Conexión Malvinas?

Periódico Black Flag
Mayo de 1982, Inglaterra

El pasado viernes 2 de abril, pasaron dos cosas que, por más sorprendentes que parezcan, están permanentemente conectadas.

El gobierno argentino invadió las islas Malvinas. Inmediatamente la rama antiterrorista de Scotland Yard1llevó a cabo redadas anti-libertarias, apoderándose de lo que informó al "Daily Telegraph" que eran "folletos terroristas".

La razón de la atención Argentina a las Malvinas fue, como es bien sabido, desviar la de la crisis económica en el país, y el viejo y bien conocido uso de utilizar el patriotismo al servicio de estafar a los trabajadores. Este patriotismo fue construido por bandas fascistas que se encuentran en el poder, en una serie de ataques armados contra la clase trabajadora, y la reciente desaparición de cientos de mujeres y hombres que nunca más se encontraron o fueron encontrados en un estado de absoluta aflicción después de las torturas. Estas bandas fascistas han encontrado resistencias, etiquetadas por la prensa internacional, bajo distintas órdenes, como "terroristas". Siempre fue inteligente, para nosotros, para la resistencia argentina, para los gobiernos de ambos países y para el mundo Muy aliados al reino del terror argentino han estado los "traidores" de la inteligencia británica y la policía política secreta. Han ayudado a la República Argentina en los asesinatos y desapariciones, han ayudado a combatir la resistencia, han perseguido a todos los que se opusieron al régimen, sabiendo todo el tiempo que finalmente este régimen entraría en conflicto con Gran Bretaña. Inmediatamente comenzaron los combates -y sabiendo que su comportamiento “traidor” podría quedar al descubierto- iniciaron un nuevo bombardeo contra los anarquistas, siempre buenos para un ataque sensacional al estilo fascista.

Los allanamientos fueron en pequeñas imprentas y en la librería Freedom, que se indica en los folletos como la dirección para distribuir las copias comerciales.

Las redadas se han producido aparentemente, por un folleto recién producido, y aún no disponibles sobre los disturbios de Brixton. Estas redadas se describen en el "Telegraph" como "seguimiento de inteligencia intensificada" (¿No es difícil descubrir un folleto a punto de ser publicado? Cualquier librero puede hacerlo) "y actividades antiterroristas antes de la visita a Gran Bretaña del papa y el Presidente Reagan". ¿Qué tienen que ver el Papa y Reagan con Brixton? ¿Por qué usar eso como una excusa?

La verdadera razón estaba en Argentina. La escuadra "antiterrorista" tiene una excusa para desviar la atención de sus actividades contra los refugiados argentinos y los combatientes de la resistencia ahora que su política en la Argentina se puede calificar de alta traición.

Si Rusia se apoderará de parte de una posesión británica, la prensa gritaría pidiendo "topos" comunistas, y la policía probablemente lo usaría como excusa para atacar a todas las organizaciones revolucionarias por muy anti-urss que sucedió. Pero, no hace falta decirlo; nada similar sucedió cuando la argentina fascista se apoderó de posesiones británicas: y los "topos" en Whitehall no estaban tan molestos.

Háganos saber quiénes hijo. Si el director de la fiscalía intenta hacer negocios sucios, tendremos por lo menos la oportunidad de expresar en público la exigencia de descubrir a los traidores en los cuerpos secretos del poder.

Si la "prensa libre" de Gran Bretaña transmitirá el mensaje es otro asunto.



War on the rocks

Periódico Black Flag
Junio de 1982, Inglaterra

No se gana ningún debate al decidir quién es el propietario legítimo de las Malvinas. El argumento de ambos lados se basa en la mentira de que un país pertenece al Estado al que fuera leal el primer hombre blanco que lo vio.

El primer hombre blanco conocido que encontró las islas fue inglés. Por lo tanto, el Reino Unido afirma que las Malvinas claramente le pertenecen.

Pero los conquistadores españoles en una serie de aberrantes acciones criminales, subyugaron las Américas y robaron la enorme tierra del hemisferio sur. Argentina se sublevó contra ellos cuando estaban disputando una guerra y el rey se había escapado. La república reclama ahora la “herencia” del imperio español que derrocó. Como el Papa había entregado las Américas -¡que no le correspondían!- al imperio español, la reivindicación argentina también es clara. Durante los últimos 150 años, las islas han estado en posesión británica. Ahora se nos dice cuán "británicos" son los habitantes de las Malvinas. Pero esto no les sirvió cuando se aprobó el proyecto de ley de paternidad.

Durante los últimos cuarenta años Argentina ha estado bajo el dominio de un régimen fascista la mayor parte del tiempo. Y hay una resistencia decidida tratando de deshacerse de él. Torturas, asesinatos, desapariciones están a la orden del día. No solo no se ha brindado ayuda a la resistencia por parte de otras potencias, sino que Gran Bretaña en particular ha aportado a la policía y el ejército argentinos para reprimir la resistencia.

Sin embargo, es claro que una dictadura militar siempre debe enfocarse en la agresión extranjera para formar la unidad nacional cuando parece perder fuerza en su larga batalla contra su propio pueblo. Y siempre hay un montón de opositores liberales al régimen que cambiarán y apoyarán al gobierno, ya que hay personas que serán finalmente convencidas por el argumento patriótico Si bien se puede argumentar que dentro de la lógica del estatismo, "Gran Bretaña" no tuvo otra alternativa que resistir frente a "Argentina", también sigue dentro de su lógica natural que esa “resistencia” está llena de traidores…

Toda la inteligencia británica hace tiempo que se dedica a apuntalar el régimen argentino (entre otros, pero éste lo ha necesitado más). ¡Cuán simple sería, cuando la junta militar fascista trastorna “nuestros” intereses, derrocarla dando ayuda a sus enemigos internos – o simplemente retirando la acción contra ellos!- Si esto no se hace, entonces muestra que el gobierno británico está enviando gente al por mayor a la muerte, pero no está preparado para tomar ninguna medida que pueda “manchar” sus conciencias estatistas. El principio de “hasta acá, pero no más” significa que aquellos que dan sus vidas deben ser traicionados automáticamente en algún momento por aquellos que las dirigen, y en general ellos lo saben, lo cual es el giro más fantástico de todos.

Solo podemos esperar que la resistencia argentina aproveche la oportunidad que brinda la guerra para sacudirse a sus opresores y debemos asegurarnos de que los líderes británicos no reciban ninguna ayuda para salvar a la junta que ha velado por sus intereses durante tanto tiempo.

Debemos trabajar para que el pueblo británico no se deje engañar por quienes claman por la victoria (ya sea del capitalismo británico o del fascismo argentino). ). En la actualidad una población civil acalorada por la guerra cuenta los aviones que caen y las personas mueren quemadas o ahogadas en un mar helado como si fueran goles de fútbol; de hecho, todo el conflicto está siendo tratado como una extensión de la copa del mundo y el terrorismo de salón de la población en general está excitado por las muertes horrorosas en el ártico. Algunos “van tan lejos” como para querer que se cancele la copa del mundo; después de todo, tienen un buen sustituto en la guerra del Atlántico sur.

Ahora vemos la hipocresía del estatismo mundial con sus gritos contra el terrorismo, utilizando consignas pacíficas para justificar el imperialismo hasta amenazar sus propios intereses.

Limitar el número de víctimas: ¡atacar sólo a los culpables!

Ucrania : el reparto del mundo capitalista ha comenzado...

Pantopolis 24/02/2022
Publicado en https://www.leftcommunism.org/spip.php?article479

1. El significado de la guerra en Ucrania

Así, a las 4 de la mañana de este jueves 24 de febrero de 2022, las tropas rusas comandadas por el autócrata Vladimir Putin, digno heredero del zar Nicolás II y de José Stalin, invadieron y bombardearon Ucrania con el objetivo de anexionarla parcial o totalmente. Esto supuso un paso decisivo en el ámbito de los conflictos militares en Europa tras la guerra en la antigua Yugoslavia. El bombardeo de una quincena de ciudades ucranianas, el inicio de un macabro recuento de muertes civiles y militares, el despliegue del ejército ruso en tres frentes, la ocupación de aeródromos militares y del emplazamiento nuclear de Chernóbil, la caída programada del gobierno ucraniano para formar un equipo de marionetas a las órdenes de Moscú, el inicio de una enorme emigración a los países vecinos de la CEE, todo ello refleja sin duda una aceleración de la historia, que podría a medio y largo plazo -con la implicación de China en el conflicto- desembocar en un tercer conflicto mundial.

Putin declaró en 2005 que la desaparición de la URSS en 1989 fue "la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX". Impulsados, es cierto, por el mordisqueo de los márgenes del Imperio (Polonia, Rumanía, Hungría, Bulgaria, la antigua Checoslovaquia, los países bálticos) por parte de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, la camarilla de Putin y sus oligarcas pronto dejaron claro que querían recuperar algunos de estos márgenes. Es una ley general del imperialismo capitalista, sea ruso, estadounidense o chino: quien no refuerza sus posiciones acaba perdiéndolas a medias, quien las pierde por completo en zonas geoestratégicas reaccionará como una bestia desesperada dispuesta a todo, incluso a un conflicto nuclear. Basta recordar la crisis de los misiles rusos en Cuba en octubre de 1962, a poca distancia de Florida, crisis que coincidió con la crisis de los misiles estadounidenses en Turquía, a las puertas de Rusia.

En agosto de 2008, las tropas de la dictadura bicéfala de Medvédev y Putin, supuestamente para evitar un "genocidio" de la población rusófona, invadieron Osetia del Sur tras una guerra de cinco días, cuidadosamente planificada por el antiguo director del FSB. El 26 de agosto de 2008, Rusia reconoció oficialmente la "independencia" de Osetia del Sur y Abjasia, región escindida de Georgia. Estas dos regiones se unieron al club, al que se le augura un futuro muy brillante, de las regiones ex soviéticas adscritas al águila imperial rusa, del que Transnistria había sido el paradigma (desde 1992) tras su secesión de Moldavia, que se había unido más o menos al "campo occidental".

Ya en agosto de 2008, la nueva "Rusia imperial" dijo que estaba dispuesta a "garantizar la seguridad de estos dos estados en disputa" (Osetia del Sur y Abjasia). El presidente francés Sarkozy, del que Macron es sucesor, presentó su mediación en el conflicto ruso-georgiano y la "congelación" momentánea del conflicto como una "victoria".

Hitler utilizó una vez una trillada mentira de Estado, la eterna antífona de todos los bandidos imperialistas: un Estado E (en este caso Polonia) planea con sus aliados X, Y y Z (Gran Bretaña, Francia, etc.) desmembrar un Estado A que a su vez está rodeado por toda Europa (en este caso Alemania). La minoría étnica M (en 1939, los Volksdeutsche) está amenazada de aniquilación (genocidio) por la mayoría M’...

Es bien sabido que las SS, con uniformes polacos robados, organizaron un falso asalto "polaco" a una emisora de radio alemana. Esto sirvió de pretexto para la anexión y el desmembramiento -¡pronto con la valiosa ayuda de la Unión Soviética estalinista! - Polonia, especialmente las regiones con una gran población de habla alemana: Prusia Occidental, Poznan-Posen, Alta Silesia y la antigua "ciudad libre" de Danzig-Gdansk, liquidando así la Polonia de 1919.

Putin -coronado como un puro "genio" por Donald Trump tras su discurso marcial del lunes 21 de febrero por la noche- no podía copiar servilmente el escenario imaginado y luego ejecutado el 1 de septiembre de 1939 para invadir y anexionar Polonia. Sin embargo, los términos de la ecuación de 1939 -el uso del pretexto de las minorías étnicas, supuestamente amenazadas de "genocidio", la fantasía paranoica de la teoría obsidiana del cerco- siguen siendo los mismos.

En el caso de Ucrania, el régimen capitalista/imperialista ruso justificó su "intervención preventiva de genocidio" con el argumento de las "armas de destrucción masiva". Occidente habría suministrado misiles a Ucrania, listos para ser convertidos en cabezas nucleares, amenazando a la población rusa con un "genocidio". La ocupación de Chernóbil por el ejército ruso sólo tiene un objetivo: forjar el mito de que Ucrania podría recoger los residuos de uranio y plutonio del sarcófago de la central nuclear, construido tras su explosión el 26 de abril de 1986.

Sin duda, Putin encontró su inspiración en el plan de guerra elaborado veinte años antes (2002) por George W. Bush, Dick Cheney y Donald Rumsfeld, con la complicidad activa (y financieramente interesada) del británico Tony Blair. En febrero de 2003, el Secretario de Estado Colin Powell elaboró un dossier sobre el "programa de armas de destrucción masiva" (nucleares y químicas) de Irak. Todo fue fingido, y para poner nerviosa a la Asamblea de la ONU, Powell blandió una supuesta cápsula de ántrax. La fresca y alegre guerra por la ocupación de los campos petrolíferos iraquíes por parte del Tío Sam y las fuerzas de John Bull podría comenzar.

Una década después, resultó que las municiones químicas habían sido diseñadas en la década de 1980 en Estados Unidos, fabricadas en Europa y rellenadas en Irak con productos químicos generosamente proporcionados por empresas occidentales, y utilizadas sobre todo contra el enemigo hereditario interno: los kurdos (New York Times, 14 de octubre de 2014).

Todas estas mentiras, los estados imperialistas, es decir, prácticamente todas las grandes y medianas potencias capitalistas (China incluida, por supuesto, a pesar de su muy cómica etiqueta "comunista"), las vomitan a diario para justificar el avance de sus peones en el tablero mundial.

La historia de los últimos 30 años, más o menos, es la de la recomposición del mundo imperialista en el que dominan dos grandes polos: los EE.UU., cuyo "declive programado" se anuncia a pesar de que es abrumadoramente la primera potencia militar; la China capitalista, impulsada desde hace más de 30 años por las formidables inversiones de las potencias occidentales y que manifiesta abiertamente su deseo de dominar el mundo. Fuera de estos dos polos, Rusia busca reconstituir su antiguo imperio anterior a 1989, aunque tenga que caminar "al borde del abismo". No tiene más remedio que elegir el eje chino (el de las "Rutas de la Seda"), que sin embargo podría llegar a amenazar su flanco sur siberiano. En cuanto a la China de Xi Jinping, sólo puede apoyar a medias al aliado ruso. Si Ucrania se convierte en un escollo para el frente sino-pacífico o indo-pacífico por el control de Taiwán y el Mar de China, el Reino Medio habrá ganado suficiente espacio estratégico para desplegar su política expansionista.

En cuanto a la suerte de los habitantes de Ucrania, es la menor de las preocupaciones tanto del militarismo ruso, que se abre paso con las bombas, como de la "democracia" del bloque occidental, acostumbrada desde hace tiempo a utilizar sus armas tanto en el extranjero (Oriente Medio, África, Asia) como en su propio país cuando dice estar "amenazada" por un "enemigo interno".

Por otro lado, la inevitable migración de cientos de miles de ucranianos a Occidente podría ser un tema recurrente utilizado por la derecha (pero también por la izquierda) para estigmatizar a los ucranianos "que vienen a comer nuestro pan nacional".

Para todos estos "demócratas", el único interés de los ucranianos es ser un valor de cambio geoestratégico. Para Estados Unidos, el enemigo sistémico sigue siendo el poder capitalista chino, al que tendrá que aplastar en las próximas décadas.

Si Rusia (sin Putin) pudiera cambiar de alianza en benficio de EEUU, la sangre de los ucranianos y de muchos otros podría servir de pegamento para firmar un tratado formal contra el Reino del Medio.


Este es el primer artículo de un análisis que incluirá otros tres y que se reproduce del sitio internacionalista PANTOPOLIS.