Habib Saï - Andisheh va Peykar (Pensamiento y lucha)
29 de septiembre de 2022
Traducción rápida del francés.
DNDF lo presenta del siguiente modo: Un compañero nos ha enviado una rápida traducción de un texto persa ligeramente revisado para los lectores no iraníes.
Luego en esa entrada del sitio, en la sección de los comentarios que siguen al artículo sobre las luchas en Irán, se publican a diario o cada pocos días actualizaciones por camaradas desde el interior de Irán a través de otros, refugiados en Francia, y otras informaciones recogidas en la red.
Leer en francés en: http://dndf.org/?p=20449
Advertencia
En primer lugar, subrayemos un punto importante en el contexto actual: al igual que otros grupos en el exilio, tenemos una presencia en la situación iraní que, en el mejor de los casos, podría calificarse de "secundaria" y "subordinada". No podemos pretender de ninguna manera estar en la inmediatez de las cosas y tener el pulso de la sociedad en nuestras manos; en otras palabras, debemos considerar nuestro propósito, incluso más que antes, como puramente "consultivo" y simplemente nuestra forma de participar en las luchas en curso.
Recordemos al buen camarada Lenin que decía que un momento de lucha en una situación revolucionaria equivale a días, meses en la experiencia del pueblo; o algo así.
En Irán, bastaría con que a la actual ola de protestas le siguiera una ola de huelgas para que se produjera una situación así.
Justo cuando el payaso idiota con turbante que estos días ejerce de presidente de la República Islámica tomó el podio de la ONU (el 21 de septiembre de 2022) por el púlpito de la mezquita de su pueblo natal, y comenzó su discurso descaradamente mendaz y lleno de invectivas con un versículo del Corán, la madre de Mahsa, la joven mártir de Saghez, sentada en el suelo del cementerio, junto a un montón de tierra que cubría a su amada, sosteniendo sobre su pecho una hermosa foto de su hija, metió los dedos en la tierra ensangrentada del Kurdistán y se echó puñados de ella sobre la cabeza para no dejar sola a su querida hija, víctima de este terrible destino.
Miles de personas se reunieron y la rodearon en ese momento de dolor y angustia, y las mujeres, traspasadas por el dolor y la ira, se quitaron el hiyab y lo quemaron para que nunca más ese signo de la tiranía medieval rigiera sus vidas.
Es en este momento cuando el Presidente, un idiota del pueblo, le dice a la periodista occidental que lleva un pañuelo en la cabeza que "las mujeres iraníes han elegido el hiyab de forma espontánea" y que "el hiyab de nuestras mujeres forma parte de nuestra cultura".
Cuando este insensato, siguiendo su discurso, habla obscenamente de la justicia y afirma que "la justicia misma está enraizada en una racionalidad nacida de la revelación", sin darse cuenta, proclama que "el deseo de establecer la justicia es un don divino en la existencia de todos, y una acumulación de injusticia pone en movimiento a las naciones en forma de revoluciones populares."
Evidentemente, no ve cómo el pueblo iraní está dando la razón a su premisa... ¡contra él!
Aquí no vamos a detenernos en las sucesivas oleadas de una insurrección que ahora llama a la puerta, ni en sus 40 años de azares e historia; otros lo han hecho, mejor y quizá con más precisión que nosotros; pero hay puntos que no deben pasarse por alto en esta oleada de entusiasmo y esperanza; sobre todo si queremos ver la situación, no desde el punto de vista de algún tipo de "libertad" metafísica o simplemente desde la perspectiva de las libertades individuales y democráticas en Occidente, sino evaluarla desde el punto de vista de los trabajadores y su destino.
Si lo hacemos, es también porque en el levantamiento de febrero de 1979 experimentamos la "voz directa" [صراطالمستقیم término coránico] de la "unidad de la palabra" [lema principal de Jomeini que dirigió a las multitudes contra el Sha] en nuestra carne y sangre y sobre todo vemos la siniestra combinación a la que ha llevado todo esto.
En estas situaciones, hay que desconfiar de las ideas preconcebidas y tratar de pensar a contracorriente.