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miércoles, 13 de abril de 2011

La era de los motines ha comenzado…

Nada explota como una refinería y a los insurrectos parece gustarles quemar cosas…
(declaración de un analista financiero en Aljazeera)


La fase de transición de la crisis: de la reestructuración a la rebelión

Día a día, el viento de revuelta que barre regiones de África y de Oriente Medio se hace sentir más. Un país tras otro aparece en los titulares de la prensa internacional y el tema es siempre el mismo: conflictos entre manifestantes y la policía o matones paraestatales de cada régimen local, que suele ser totalitario. Pese a todos los esfuerzos del espectáculo global para ocultar la naturaleza proletaria de los levantamientos y subrayar sus contradicciones internas, presentando los acontecimientos como meros «movimientos políticos por la democracia» o como confrontaciones políticas entre los seguidores de tal o cual político regional, no se puede ocultar la evidente verdad: se trata de una clase contra otra. Los proletarios utilizan piedras, cócteles Molotov y palos; la poli está completamente armada y tiene tanto miedo que dispara y mata indiscriminadamente. Los proletarios ocupan edificios, bloquean carreteras y queman coches, reducen cárceles a cenizas, liberan a los presos y sabotean las infraestructuras. El capital se prepara para imponer una dictadura aún más dura. Para los regímenes de transición no será fácil estabilizarse, pues no podrán satisfacer ninguna de las principales reivindicaciones de los insurrectos relacionadas con sus condiciones de vida. Egipto y Libia son, de momento, las manifestaciones más serias de la fase insurreccional de la crisis. Egipto es importante debido a su relevancia económica y geopolítica dentro de la competencia global intercapitalista y Libia lo es, no sólo por su relevancia como país productor de petróleo, sino también porque el Estado perdió rápidamente el control de la situación, lo que ha desatado el pánico a escala mundial.

El actual régimen de acumulación es el resultado de la primera reestructuración que tuvo lugar durante las décadas de 1970 y 1980; su crisis es la otra cara del éxito de esa reestructuración. Es la profundización del propio neoliberalismo lo que ha producido esta crisis histórica, porque el capitalismo es un sistema de relaciones sociales contradictorias. No importa lo estable que parezca por fuera cada modo de acumulación: lleva en su seno el desarrollo de su dinámica contradictoria interna, lo que acaba conduciendo al estallido de la crisis. El logro del capitalismo reestructurado, a saber, el triunfo de la subsunción de toda la existencia del proletariado bajo el capital, ha hecho depender desesperadamente la reproducción del proletariado (y del capitalismo) de los altibajos de la economía, esto es, que ésta sea más vulnerable a la crisis que en cualquier período histórico anterior. En el actual momento histórico en el que nos encontramos, la fase de transición de la crisis capitalista global que estalló en 2008 sigue desarrollándose. En esta fase de transición, el capital financiero global intenta evitar su devaluación directa mediante la imposición de una draconiana segunda fase de la reestructuración en todo el planeta. Las consecuencias de este esfuerzo son visibles en todas partes, pero difieren en lo que se refiere a la intensidad y la calidad del ataque contra el proletariado, que depende de: a) la posición de cada Estado dentro de la jerarquía capitalista global, b) los progresos ya realizados durante la primera fase de la reestructuración impuesta y sobre todo c) la historia de lucha de clases en cada región. En todo el mundo (salvo en China) la reestructuración supone la reducción del salario directo e indirecto (pensiones, prestaciones y servicios públicos); supone que la reivindicación salarial se vuelve ilegítima; también supone el aumento en los precios de bienes esenciales, lo que se debe tanto al mecanismo objetivo de la crisis como al hecho de que determinadas facciones del capital especulan claramente con los precios alimentarios. Uno de los resultados de esta apuesta es que la parte más desvalorizada del proletariado no tiene literalmente nada que comer: «Los precios han subido tanto que si compro unos cuantos limones para mi dolor de garganta, me quedo sin blanca durante todo el mes» dijo un trabajador del Ministerio de Transporte en Egipto.

Ante la tormenta de la crisis económica, los subsidios estatales para la supervivencia de la fuerza de trabajo superflua desaparecen y el resultado es la proliferación del trabajo informal y de la miseria. Los proletarios no tienen otra opción que trabajar (en su mayoría de modo informal) para poder sobrevivir y al mismo tiempo, como resultado de la crisis, les resulta imposible encontrar un empleo o tener unos ingresos que cubran el coste de la reproducción de su fuerza de trabajo. Los proletarios exigen sobrevivir, así que reivindican reducciones en los precios de los alimentos, aumentos salariales y empleos. Sus reivindicaciones piden desesperadamente a los capitalistas que salven al capitalismo de sí mismo. Cuando exigen empleo estable y salarios «decentes», de hecho los proletarios les dicen a los capitalistas: «nos necesitáis, sin nosotros no hay extracción de plusvalía, no hay capital». El capital, por su parte, responde que no puede costear la supervivencia del proletariado, y deja claro que una parte (significativa) de este último es inútil (en términos de valor) y, más importante aún, que la deseada recuperación no conlleva reintegración alguna de esta parte superflua del proletariado; de ello se sigue que estructuralmente estos proletarios constituyen una población sobrante. Históricamente, pues, la reivindicación salarial aparece como un callejón sin salida (estructural, no cíclico) y a la vez como algo necesario. El levantamiento de este proletariado superfluo, y por tanto carente de futuro, se enfrenta a la forma más clara y cruel de dominación capitalista, la policía. Y es precisamente el hecho de que la salida de la crisis, desde el punto de vista capitalista, no incluya a esta población proletaria superflua lo que convierte a la policía en la forma general del capitalismo actual.

En todo el mundo los proletarios experimentan lo asfixiante de su precaria situación en un contexto definido por la miseria y la ghettoización. Los ejemplos más llamativos son Frontex (la policía de fronteras de la UE), la policía y los militares respectivos desplegados en la frontera estadounidense con México, el muro en Palestina, los campos de trabajo vigilados por el ejército en China, las comunidades valladas de Hispanoamérica y su equivalente, las favelas, inmensos barrios bajos, y por supuesto la versión griega de esta situación, la valla de 12,5 km en la frontera con Turquía. De forma lenta pero definitiva, el planeta entero se convierte en un espacio gobernado por el apartheid y se construyen modernos bantustanes para la clase trabajadora. Esta represión urbana asfixia a los proletarios y niega una de las condiciones básicas del capitalismo: la venta libre de la fuerza de trabajo. En El Cairo, este tipo de planificación urbana se puso en práctica a buen ritmo durante la década pasada. En todas las regiones de África y Oriente Medio en las que ahora se produce el levantamiento proletario, la dictadura del valor y de la economía adopta la forma política de una democracia dictatorial. La razón por la que estos motines han alarmado a los capitalistas de todo el mundo es que la dictadura democrática, el totalitarismo, ahora también es la fantasía de la burguesía en los países más desarrollados, pues parece ser la única forma de imponer la segunda fase de la reestructuración.

En todos estos países las manifestaciones y motines comenzaron a partir del terreno de la reproducción; la cuestión es saber si la agitación también llegará al terreno de la producción de valor, al epicentro del capitalismo. Las huelgas que siguieron a la caída del dictador socialista Mubarak parecen apuntar en esa dirección y los capitalistas observan ansiosamente ese rincón del mundo con el dedo en el gatillo, pues de repente los «El Dorados» se convierten en trampas para el capital en regiones volátiles cuyo futuro es muy incierto. La «inmensa ventaja competitiva» se ha convertido, prácticamente de la noche a la mañana, en «un riesgo de gestión imposible». La subcontratación, el turismo, la construcción y la industria textil, pero sobre todo las rutas petroleras y comerciales (Suez y el Golfo) topan ahora con el fuego del levantamiento proletario. Después de Túnez, Egipto y Libia, donde la insurrección prosigue todavía, Bahrein, Yemen, Irán, Irak y Argelia matan proletarios en su esfuerzo por impedir el levantamiento.

El régimen griego también intenta operar proactivamente contra la revuelta venidera: de una parte se prepara para la imposición formal de alguna forma de dictadura (quizá mediante elecciones) y por otra busca dirigir las reacciones hacia un rumbo populista-nacionalista de derecha o de izquierda (como segunda opción). Los funcionarios del capital financiero global, que controlan en estos momentos el poder estatal griego, intentan ahora vender rápidamente la propiedad estatal, después de su éxito en reducir los salarios. Esta venta no es sino un intento de valorizar un capital atrapado (principalmente) en el sistema financiero griego y europeo y que corre peligro inmediato de devaluación masiva. En el otro bando, los proletarios se oponen a esta venta porque comprenden que supone una reducción todavía mayor del salario indirecto y el deterioro de sus condiciones de vida en general; se niegan a pagar multas y peajes, ocupan edificios, tratan de reducir los efectos de crisis haciendo tanto ruido como pueden, pero hasta ahora sólo en la esfera de la circulación y la reproducción. Las huelgas en sectores afectados por la reestructuración no se corresponden con la intensidad del ataque; no representan sino los últimos cartuchos de las capacidades de mediación de los sindicatos.

Las dos probables estrategias de la burguesía griega son de doble filo. La imposición de una dictadura en Grecia probablemente haría atravesar el Mediterráneo al virus de la rebelión, con todo lo que algo así supondría para otros países europeos. Por otro lado, la desaceleración de la reestructuración seguramente pondría en entredicho la participación del Estado griego en la Europa políticamente unificada, lo que lo relegaría a la tercera zona del capital. Eso haría peligrar seriamente los intereses de un gran sector de la burguesía griega.

Para los proletarios que viven en Grecia sólo hay un camino, con independencia de la opción puesta en práctica: unas luchas de clase cada vez más radicalizadas. Seguramente los sindicatos no convocarán pronto otra huelga general de 24 horas como la de hoy, pero a medida que pase el tiempo los frentes de la lucha de clases se multiplicarán y el estallido de la insurgencia ya no puede posponerse mucho más. Por la dinámica de su propio desarrollo y sus fracasos objetivos, las luchas reivindicativas del proletariado, centradas en la existencia del salario y contra el deterioro general del nivel de vida, acabarán rompiendo con su contenido reivindicativo. Esta ruptura ya se anuncia en casos como el de Keratea y aparecerá netamente en cualquier conflicto localizado. El contenido de ruptura hace imposible la unificación política de los proletarios en lucha y por tanto la mediación efectiva de los conflictos. Por ejemplo, la represión a la que probablemente se enfrente el movimiento social «nosotros no vamos a pagar la crisis» podría llevar el conflicto al punto de poner en peligro la propia existencia de los actuales medios de transporte. El desarrollo de la dinámica de rupturas jamás puede terminar y estabilizarse en «conquistas de la clase trabajadora»; sólo puede ser el comienzo del proceso revolucionario histórico.



# por Agentes del Caos
# Octavilla repartida el 23 de febrero de 2011 durante las manifestaciones por la huelga general en Atenas y Tesalónica, Grecia.
# extraído de No había futuro

martes, 8 de febrero de 2011

Magreb y Oriente medio: La reemergencia del proletariado


Desde Diciembre del 2010 la llama de la revuelta está recorriendo los países del Maghreb como un reguero de pólvora. No obstante los ecos de la revuelta traspasan todo límite geográfico, llegando a otros países limítrofes donde comienzan a retumbar las voces de sus vecinos y el sonido de los sables, haciendo palpitar los corazones de sus hermanos de clase que aceptan el reto de enfrentarse también a la tiranía capitalista para defender sus condiciones de vida.

La burguesía internacional se reúne día sí y día también para orientar su forma de enfrentarse a la revuelta; a la par las armas de la democracia se han desplegado por todo el territorio: los ejércitos llevan semanas en las calles reprimiendo, las caras de los diversos gobiernos cambian cada hora, los recambios burgueses hacen fila para tratar de seducir a los rebeldes, las promesas de reformas se amontonan una tras otra, el fundamentalismo democrático se renueva, la transformación en conflicto interclasista trata de abrirse paso…

La prensa internacional de nuestros enemigos no ha dejado de maniobrar e intoxicar para ocultar la verdadera causa de la revuelta. Primero la descalificó como una “típica manifestación de los no civilizados propia de países subdesarrollados”, luego tuvo que calificarla como una revuelta Tunecina “a favor de mayores libertades”, para más tarde pasar a decir lo mismo sobre Egipto. Hoy la lucha por los derechos democráticos es el recurso mediático. Al igual que las demás herramientas del capital, la prensa busca acorralar la revuelta, impedir que siga propagándose como la peste, imposibilitar que los proletarios de otros países nos sintamos identificados con las protestas y salgamos a las calles a enfrentarnos a nuestros opresores. Es uno de los métodos por excelencia para enfrentarse a las luchas proletarias: ahogarlas entre los cordones sanitarios de un país.

Y a pesar de todo, la llama sigue extendiéndose. Túnez, Argelia, Líbano, Egipto, Jordania, Libia, Mauritania, Omán, Yemen, Marruecos Siria, Kuwait o Palestina, en mayor o menor intensidad, han dado muestras de que el proletariado está esperando una mínima señal para salir a por todo.

La formidable extensión de la revuelta está echando por tierra la intoxicación de los medios de información, mostrando que el levantamiento responde a criterios muy diferentes a los que nos quieren vender, criterios que afectan a todos los proletarios de este mundo, y que arraigados en las más profundas raíces de este sistema ponen en cuestión los cimientos sobre los que se sostiene este mundo miserable: las clases sociales.

La abolición de la sociedad de clases. Esas es la esencia de la revuelta. Si los proletarios de todos esos países salen a la calle, no es por el simple rechazo al presidente o gobierno de turno, por las irregularidades en la gestión, por las libertades democráticas, o cualquier otra particularidad local. La esencia de la revuelta es la misma que en Grecia hace unos años, la misma que sobrevuela en las protestas recientes en Europa, o las que están recorriendo los países de Latinoamérica. Es el rechazo a soportar los latigazos de la crisis económica que nos machaca en todos lados, es el rechazo a seguir soportando el régimen de explotación y dominación capitalista, es el rechazo a seguir viviendo donde no se puede vivir. Es la reemergencia del proletariado que tras años de paz social, regresa como una pesadilla ante los ojos de sus amos que lo creían enterrado, para retomar su cometido histórico de mandar al museo de la historia toda sociedad de clases. Es, en definitiva, la humanidad alzándose contra la tiranía de la economía.

Esta realidad que trata de ser velada por toda la maquinaria de enajenación del capital, y que desgraciadamente un vasto número de proletarios dominados por este proceso de enajenación asumen y reproducen como papagayos, no nos lleva a sacar trompetas y platillos como si hubiera algo que celebrar. Que el proletariado salga a la calle, rompa sus divisiones, y extienda por varios países su lucha, es un paso más en el repunte que desde hace años se viene constatando en la lucha de clases. La agudización de la crisis mundial del capitalismo hace que los mismos mecanismos desplegados para paliarla se reproduzcan en todos los países y con todos los gobiernos posibles. Más capital ficticio y más apretones de cinturón a los proletarios. No hay otra receta posible. Pero estos medios exclusivos con los que cuenta el capital para hacer frente a su crisis no hacen sino preparar las armas que lo enterraran.

Las condiciones de los proletarios se homogenizan por abajo cada vez más en todo el mundo. Las luchas ya no solo saltan de un país a otro, sino que dan un salto cualitativo con la convergencia actual de esas luchas en diversos países. El proletariado se niega a realizar más sacrificios, rechaza ser la carne de cañón de la economía, y si bien es cierto que hay países en los que, pese a todo, los proletarios no acaban de lanzarse a la calle y parecen tragar con todo sin apenas protestar, no cabe duda de que es cuestión de tiempo, es cuestión de que el capital siga su cauce normal de apretarnos aun más el pescuezo, para que caiga la gota que acabe de colmar el vaso.

Pero como decíamos, frente a esto no se trata de celebrar nada, sino de impulsar la lucha y enfrentarnos a todos los límites que tenemos. Hay que combatir toda tentativa de reforma, toda ilusión, toda canalización, fortalecer las débiles estructuras de las que disponemos a todos los niveles, difundir las luchas que se den, traer la contienda a nuestras calles, asumir realmente el internacionalismo revolucionario… Y enmarcar toda esta práctica en un contexto que rechace el inmediatismo. De lo contrario nos quemaremos rápidamente. Tenemos que comprender que no se trata de vencer hoy, que la revolución es un proceso y que lo importante es que cada lucha nos fortalezca independientemente del resultado inmediato. Lo primordial es seguir avanzando hacia la inversión de la correlación de fuerzas entre clases a nivel mundial. Si las luchas en el Magreb y Oriente Medio dejan de extenderse, refluyen, son canalizadas por las diversas variantes del capital, lo importante es que la experiencia, las estructuras creadas por nuestra clase, así como las existentes –tanto en esos países como en los demás- se nutran de ese rico proceso y se consoliden como núcleos de reagrupamiento de proletarios, que la comunidad de lucha contra el capital se fortalezca. Lo importante también es comprender que toda canalización o pacificación será temporal pues hoy el capital no puede ofrecer a los proletarios otra cosa que mas y más sacrificios, no puede ofrecer otra cosa que más miseria. Toda promesa de reforma, toda medida para aplacar los ánimos no tiene sostén alguno en este ciclo infernal de crisis bajo el que se hunde el capitalismo.

Hoy se trata para nosotros de poner todos nuestros esfuerzos en asumir estas luchas que se están desplegando en el Magreb y en Oriente Medio como nuestras. Y con ello todo lo que implica: centralizar y difundir información, discutir sobre los diversos aspectos del enfrentamiento, luchar contra los mecanismos de represión y canalización del capital, subrayar los limites de la revuelta, organizar la acción directa, estrechar los contactos con compañeros para asumir juntos esfuerzos…

¡La lucha en Magreb y Oriente Medio es nuestra lucha!

¡Luchemos y organicémonos contra la dictadura democrática de la economía!



# 3 Febrero 2011, región ibérica.
# Los Amigos de Octubre amigosdeoctubre[a]gmail.com

miércoles, 2 de febrero de 2011

Los Rebeldes en el Maghreb… ¿Quienes son?


El Estado y sus iluminados comentaristas nos vendieron en primer lugar que se trataba de:

- un pequeño contratiempo en la buena marcha de sus negocios que hay que erradicar cuanto antes;

- una expresión del salvajismo típico de países poco civilizados;

- Vándalos, terroristas que atacan las instituciones, la propiedad privada, la policía, y que tienen que ser reprimidos por sus gobiernos con nuestra ayuda.

Tras la huida obligada de un jefe de Estado nos vendieron que se trataba de:

- Un pueblo que se levantó contra un terrible dictador, el mismo que horas atrás era un aliado;

- Una “revolución de jazmín” por derechos y libertades democráticas

- Votantes enojados tras no haber encontrado colegios electorales;

- Gente necesitada de sindicatos lo más pronto posible.

Por último, como el establecimiento de un gobierno provisional no les hizo regresar a sus casas, ahora se trataría de milicias de partidarios del ex dictador contra las que el ejército se enfrenta para proteger a la población.

Para nosotros, proletarios,
son el fantasma que persigue a todos los gestores y defensores del capital.

Para nosotros, proletarios,
son nuestros hermanos y hermanas de clase quienes luchan desde hace ya meses y años, en el Maghreb, en el mundo, contra la explotación, contra el Estado…

Para nosotros, proletarios,
la revolución será la extensión y generalización de las demandas radicales para satisfacer nuestras necesidades, fuera y en contra de los partidos y sindicatos.

¡Solidaridad de clase con los insurgentes!



# Grupo Comunista Internacionalista – Enero 2011
http://gci-icg.org - email info@gci-icg.org