miércoles, 21 de enero de 2026

¿Quién es responsable, junto con la República Islámica, de la reciente masacre en Irán?

Habib Saii
20 de enero de 2026

Traducido de: http://dndf.org/qui-porte-la-responsabilite-au-meme-titre-que-la-republique-islamique-du-recent-massacre-en-iran

 

El orden sangriento de la República Islámica reina una vez más sobre el país y hunde a nuestro pueblo en un inmenso luto.

Un levantamiento que se perfilaba para crecer e intensificarse, dispuesto a derrocar el orden corrupto vigente, avanzando cada día con mayor determinación y eficacia, experimentando y aprendiendo formas concretas de lucha contra las fuerzas represivas del régimen, se ha convertido en el juguete de oportunistas ávidos de poder, completamente ignorantes de la naturaleza del régimen contra el que decían luchar. Ingenuamente imaginaron que una simple convocatoria a la manifestación y la participación masiva del pueblo bastarían para aniquilar a este monstruo, un régimen curtido en las guerras y campos de batalla de Oriente Medio durante 47 años, y para restituir el poder político a la monarquía con una simple invitación a dimitir.

Sí, fueron estos monárquicos y sus aliados extranjeros quienes, de manera temeraria e infantil, se aprovecharon de la desesperación y el abatimiento de una parte del pueblo y, prematuramente y sin madurez política, condujeron el levantamiento hacia el matadero de los mercenarios del régimen.

Con mentiras como "estamos detrás de ustedes", "decenas de miles de Pasdarans y Basijis ya están registrados en la plataforma del Príncipe Heredero y listos para unirse a la revolución", o "no se preocupen, Trump los apoya", sentados a miles de kilómetros de distancia, de los Estados Unidos y el Reino Unido, lanzaron el llamado "a derribar el régimen" y enviaron a la gente hacia una cita macabra.

No sólo su pedido oficial de apoyo a los Estados Unidos permitió al régimen capitalizar los sentimientos nacionalistas y etiquetar a todos los manifestantes como "espías" y "terroristas", sino que al convocar una manifestación en una fecha y hora específicas, eliminaron toda iniciativa del movimiento, dando así a los asesinos del régimen el tiempo necesario para prepararse para esta confrontación desigual y preparar sus ametralladoras y armas pesadas para una masacre horrible.

Sí, esta masacre fue perpetrada por el régimen capitalista de la República Islámica y sus diversas fuerzas represivas, y esta mancha criminal quedará grabada para siempre en su frente. Pero la responsabilidad recae particularmente en Reza Pahlavi, quien utilizó el sacrificio de decenas de miles de vidas, así como de cientos de miles de heridos y prisioneros, como medio para satisfacer sus ambiciones de poder.

El movimiento revolucionario en nuestro país no comenzó con su llamado. Es una lucha de clases que comenzó hace 47 años, con la llegada al poder de la República Islámica, y que ha alcanzado sus máximos logros: héroes caídos en cada etapa, ejecuciones y la afluencia de otros a las cárceles. En cada fase, el movimiento extrajo nuevas lecciones de su enfrentamiento con la contrarrevolución y las aplicó en la siguiente. Lo verdaderamente admirable en Irán es precisamente la continuidad de esta lucha, cuyas oleadas alcanzan su máximo auge a intervalos cada vez más cortos. Es en esta confrontación continua que las masas aprenden las lecciones de la lucha, que los mayores muestran el camino a las nuevas generaciones y que los principios concretos de la organización de la lucha revolucionaria se ponen a prueba y se transmiten a la siguiente generación.

Los monárquicos en el extranjero no comprenden con qué tipo de poder se enfrentan. Solo quienes han vivido las realidades específicas de la República Islámica durante 47 años y participan en las luchas correspondientes, quienes comprenden sus mediaciones y articulaciones en la vida cotidiana, en la producción y reproducción de estas realidades, quienes las han confrontado directamente, son capaces de comprender su contenido de clase y, en consecuencia, adoptar las tácticas adecuadas en cada ámbito. Se trata de un proceso material y práctico a gran escala, no de una teoría abstracta que pueda dictarse desde fuera mediante fórmulas generales.

Nuestros trabajadores han experimentado durante mucho tiempo, en su propia carne, la represión y la crueldad de la República Islámica: desde el movimiento de 2016 y especialmente la masacre de noviembre de 2018, cuando probaron las ametralladoras pesadas de los Pasdaran, luego con el movimiento Mahsa, que les recordó una vez más el poder represivo del régimen.

Un movimiento que, al cabo de unos días, había tomado la apariencia de una revuelta del hambre, que iba encontrando poco a poco su propio ritmo, su lógica, sus especificidades locales y profesionales, y que iba ganando fuerza —hasta el punto de que, en algunas regiones, se había transformado en violencia revolucionaria— fue brutalmente desviado de la vía política de la lucha de clases por la recuperación oportunista de los monárquicos, para verse sumergido en una guerra prematura, inmadura y definitiva, que se convirtió en un matadero de masas.

Los partidarios del Sha, que consideran el país la herencia de su padre y hablan día y noche de "recuperarlo", intentaron, como siempre, aprovechar la ola del levantamiento para obtener beneficios propios y de sus aliados, a partir de la segunda semana. Donde las masas ya llevaban más de una semana en huelga y manifestándose en las calles, ¡ellos también lanzaron llamamientos a la protesta! Los medios de comunicación, bajo su control, amplificaron al máximo esta supuesta alternativa "liberadora". Pero esta vez, las condiciones únicas e inimaginables de represión y asfixia política en Irán —donde líderes civiles, nacionales y sindicales han sido asesinados o encarcelados en cárceles de seguridad— impidieron el libre surgimiento de debates políticos de clase, creando una especie de desesperación en un segmento de la población, que se vio obligado a aferrarse a este falso santuario.

Lamentablemente, muchos líderes de base del movimiento —un movimiento que, durante al menos ocho años, ha trascendido todas las facciones del régimen y del cual estábamos viviendo una nueva fase— están encarcelados, y su liberación les habría permitido desempeñar su papel, positivo o negativo, en la situación actual. Esto se había convertido en un requisito previo para desarrollar los temas concretos de la lucha de clases.

Pero lo que más deseaban los partidarios del Sha no tenía nada que ver con el avance de la revolución. Solo buscaban una presencia masiva en las calles y su registro visual, y sobre todo, se esforzaban por prevenir cualquier violencia contra el régimen para, en sus propias palabras, iniciar una "transición ordenada". Sabían muy bien que dicha violencia revolucionaria podía fácilmente volverse contra ellos y sus aliados extranjeros. Los objetivos materiales y reales del movimiento les interesaban poco. Les importaba poco que, incluso en la primera semana, mezquitas fueran atacadas e incendiadas, instituciones religiosas, oficinas de oración del viernes, oficinas de impuestos, medios de comunicación estatales, bancos, centros del aparato de seguridad, bases de la milicia Basij, cuarteles, prefecturas, comisarías, vehículos blindados, almacenes de la Guardia Revolucionaria e incluso parques de bomberos hubieran sido incendiados o, en ocasiones, ocupados; todas estas actividades les importaban poco. Lo que querían —y lo que repetían una y otra vez los ejecutivos de medios y los estrategas de su “equipo”— era que los “usuarios” enviaran miles de fotos y vídeos promocionales con pancartas y el rostro del “hijo del Sha” a los medios de comunicación a su cargo, así como a los de Estados Unidos, Israel, etc., para convencer a Trump, mediante alguna manipulación digital, de que este príncipe caprichoso e impotente era el único líder nacional legítimo, y que su reconocimiento “confirmaría la dirección de la revolución”.

Su objetivo no era combatir a la República Islámica, sino una transición pacífica que preservara el aparato represivo y administrativo del Estado, para resolver el asunto con un simple cambio de liderazgo. Es evidente cómo los estrategas del príncipe advirtieron contra permitir que los cuarteles cayeran en manos del pueblo, porque «recuperar miles de armas del pueblo no es tarea fácil». Y, sin embargo, en diez días, se vio la caída de cuarteles; por ejemplo, en Babol (una ciudad del norte de Irán), las comisarías 12 y 13, según se informa, cayeron en manos de los residentes, y se incautaron 500 armas.

Incluso antes de que la confrontación se intensificara, los monárquicos intentaron contenerla y enfrentar al aparato represivo de la República Islámica; vimos que el "líder confirmado de la revolución" estaba enviando mensajes melosos llenos de promesas a las fuerzas armadas, los Pasdaran, los Basij y el ejército.

El resultado de estas maniobras fue simplemente que este "registro de la dirección revolucionaria", mediante el llamado a salir a las calles en dos fechas específicas y a horas fijas en cada ciudad, condujo al pueblo a la masacre. Y aún estamos lejos de comprender el horror de sus consecuencias. Esta estrecha brecha que se ha abierto, dejando al descubierto los cuerpos de nuestros innumerables jóvenes, es solo una parte de la atroz realidad de la que es responsable la dinastía Pahlavi, lo que se suma a su ya sombrío historial.

Por otro lado, incluso antes del infame llamamiento, la nefasta sombra que esta figura proyectaba sobre el movimiento sembró dudas y vacilaciones entre otros. ¿Qué podría ser más natural que quienes se involucran a diario en las luchas sociales y económicas contra el régimen y sus instituciones hubieran optado, durante la guerra de doce días, por mantener la calma y no sumar sus gritos de protesta al estruendo de los cazas y bombas israelíes, negándose así a atender los llamamientos de los monárquicos y sus aliados israelíes?

Esta directiva del hijo del Sha asestó el golpe más devastador que se pudo haber infligido en esta delicada etapa del desarrollo del movimiento. Incluso el aparato mediático del régimen amplificó sus eslóganes para silenciar otras voces y "demostrar" que "nuestros oponentes son estos agentes y espías extranjeros", tachando así de "terrorista" a todo el movimiento de protesta, desacreditándolo y allanando el camino para su masacre.

Incluso hoy, con total descaro, como si no existieran decenas de miles de muertos y cientos de miles de heridos y encarcelados, culpan a Trump, quien "no cumplió su promesa". Pero, por supuesto, el pueblo, dispuesto al sacrificio, debería seguir movilizado "hasta que llegue el momento" —es decir, durante un futuro ataque estadounidense e israelí— para "recuperar las calles y tomar las instituciones del poder". El gran estratega, aunque profundamente consternado por lo sucedido, recuerda de repente que este tipo de acción también requiere preparación táctica y logística. Esta vez, no olvida añadir: "¡La próxima vez, habrá que construir barricadas en las calles!".

Estas figuras están tan alejadas de la lucha revolucionaria y tan absortas en sus fantasías que ni siquiera dudan en convocar una huelga entre los trabajadores petroleros sin tener la menor idea de los requisitos básicos para organizarla. Son soñadores palaciegos que quieren devolver a Irán, una vez más, a una monarquía despótica mediante la intervención extranjera, para entregárselo a las grandes petroleras occidentales y mendigarles su escasa cuota de poder futuro.

lunes, 12 de enero de 2026

Porque si

04/01/2026
Original en griego: https://alertacomunista.wordpress.com/2026/01/04/just-cause
Traducción al inglés: https://alertacomunista.wordpress.com/2026/01/05/just-because
Esta es una traducción automática apenas revisada (para fuentes y gráficos consultar el original)

¡Dejad de citarnos leyes a nosotros que tenemos espadas ceñidas a nuestro alrededor!
(Cneo Pompeyo Magno, citado en Plutarco, Vidas paralelas)
Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental y proteger nuestro territorio nacional y nuestro acceso a geografías clave en toda la región. Negaremos a competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio. Este "Corolario Trump" de la Doctrina Monroe es una restauración sensata y contundente del poder y las prioridades estadounidenses, coherente con los intereses de seguridad de Estados Unidos.

Nuestras metas para el Hemisferio Occidental se pueden resumir en "Reclutar y Expandir". Reclutaremos a nuestros aliados en el Hemisferio para controlar la migración, detener el tráfico de drogas y fortalecer la estabilidad y la seguridad terrestre y marítima. Nos expandiremos cultivando y fortaleciendo nuevos socios, a la vez que reforzamos el atractivo de nuestra nación como socio económico y de seguridad predilecto del Hemisferio. (Casa Blanca, Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América , noviembre de 2025, págs. 15-16)

3 de enero de 1990. Noriega, líder de facto de Panamá, se entrega al ejército estadounidense tras la invasión estadounidense a Panamá unas semanas antes. Es arrestado por narcotráfico. La invasión estadounidense recibió el nombre en clave de Operación Causa Justa, que irónicamente suena similar a la Operación Causa Justa.

3 de enero de 2020. Estados Unidos, durante el primer mandato de Trump, asesinó al general iraní Soleimani, del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, con un ataque con drones.

3 de enero de 2026. Estados Unidos, durante el segundo mandato de Trump… Bueno, ya saben lo que pasó, y el patrón y el simbolismo de la fecha ya están establecidos.

El arresto de Maduro por narcotráfico se realizó, en efecto, con justa razón . No en el sentido de que fuera improvisado, sino, como dijo el general romano Pompeyo, en el sentido de que quienes poseen poder militar no están limitados por ninguna ley nacional o internacional, no requieren justificación legal: actúan simplemente porque pueden hacerlo.(1) Y el Estado estadounidense tenía muy buenas razones nacionales para actuar.

Desde la última vez que comentamos sobre la estrategia estadounidense(2), las cosas les han ido bien, de forma lenta pero segura, ya que al tratar con el sistema global de estados, las cosas se complican debido a las burocracias, así como a los ciclos electorales políticos que a menudo causan conflictos entre las estrategias estatales nacionales a largo plazo y los objetivos gubernamentales a corto plazo en la búsqueda de votos. Cada vez más estados están empezando a imponer aranceles y diversas restricciones y regulaciones a los productos chinos. Se ha alcanzado un alto el fuego formal en Oriente Medio,(3) por lo que poco a poco se abre el camino para el desarrollo del Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa. Las negociaciones entre bastidores entre Estados Unidos y Rusia sobre la guerra en Ucrania también se están acercando gradualmente a un acuerdo y al desarrollo de algunas relaciones económicas entre ambos países. China se hunde cada vez más en la recesión. Y en Estados Unidos, a pesar de estos éxitos, han empezado a aparecer las primeras nubes de una recesión: otro ciclo crediticio se acerca a su punto álgido y, por lo tanto, al inicio de su fase descendente. Y los ciclos económicos no pueden alterarse mediante iniciativas políticas, por más exitosas que sean para los intereses del Estado que las adoptó.

Todos los temas mencionados requieren un análisis exhaustivo, cada uno individualmente, pero aquí nos limitaremos a unos breves comentarios sobre el asunto venezolano. Así como las declaraciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) sobre el enriquecimiento de uranio superior al 60% en Irán durante las negociaciones entre Estados Unidos e Irán indicaron la inminencia de un ataque contra Irán, la concesión del Premio Nobel de la Paz a Machado, de la oposición venezolana, mientras Estados Unidos ya concentraba tropas en el Caribe durante los meses previos, marcó la cuenta regresiva para Maduro.

Como la administración Trump ha declarado explícitamente en repetidas ocasiones, toda influencia china debe ser eliminada del continente americano. Este es un nuevo resurgimiento de la Doctrina Monroe, según la cual Estados Unidos no permitirá la presencia de potencias extranjeras en el continente americano, una doctrina formulada originalmente en 1823 contra las potencias coloniales europeas. El resurgimiento de la Doctrina Monroe no es más que otro aspecto de la actual contención estadounidense de China. Venezuela había desarrollado relaciones muy estrechas con China, incluso más estrechas que las relaciones entre Brasil y China, siendo Brasil supuestamente uno de los estados miembros fundadores de esa inexistente cooperación estatal —sin ninguna alianza económica, política o militar sustancial— denominada BRICS. Por ello, la ruptura de las relaciones de Venezuela con China debía realizarse de manera ejemplar.

En primer lugar, cabe aclarar que las constantes referencias de Estados Unidos al narcotráfico no son un pretexto. El narcotráfico genera ingresos tanto para el régimen de Maduro como para China. En el caso de las drogas sintéticas (por ejemplo, el fentanilo), los precursores para su fabricación provienen de las industrias química y farmacéutica chinas y llegan a Estados Unidos a través de países latinoamericanos. Por lo tanto, la persecución contra el narcotráfico tenía un objetivo político tanto para Maduro como para la propia China .

El segundo mito es que la verdadera razón de la intervención en Venezuela fue la adquisición de las ganancias del petróleo venezolano. En los últimos meses, Estados Unidos, incluso el propio Trump, ha declarado que Maduro "les dio todo": oro, petróleo, todos los recursos de Venezuela. Sin embargo, Estados Unidos lo ha negado. Esto en sí mismo invalida las afirmaciones de que Estados Unidos simplemente quería el petróleo venezolano. El objetivo central de Estados Unidos es cambiar la política exterior de Venezuela, alejarla de China . Por eso exigieron la destitución de Maduro. Como Estados Unidos ha hecho saber repetidamente a lo largo de sus negociaciones con Maduro, querían que Maduro renunciara y se autoexiliara. O bien Estados Unidos no confiaba en que honrara el acuerdo de cortar los lazos de Venezuela con China, o querían que su exilio sirviera de ejemplo para otros gobiernos latinoamericanos.

Por alguna razón, Maduro se negó a dimitir. Quizás creía que Estados Unidos no podía tocarlo. Quizás recibía amenazas de muerte de Rusia y China. (5) En cualquier caso, el resultado es conocido. Maduro fue capturado en una "operación militar especial" estadounidense, en la que el gobierno estadounidense amenazó directamente a Cuba, México y Colombia durante la conferencia de prensa en Mar-a-Lago y la entrevista de Trump en Fox News. (6). Estos son tres países con relaciones muy estrechas con China. (7)

Otro hecho que desmiente la interpretación errónea de que las ganancias petroleras son el principal motivo de Estados Unidos es que este país es, con diferencia, el mayor productor de petróleo del mundo. Este hecho a menudo se pasa por alto, ya que Estados Unidos consume casi todo el petróleo que produce y exporta muy poco.

Además, el desarrollo de los yacimientos petrolíferos venezolanos (cuya producción comenzó a decaer tras la llegada de Chávez al poder en 1999 y nunca se recuperó) por parte de empresas estadounidenses implicará un nuevo aumento de la producción petrolera, es decir, un aumento de la oferta y, por consiguiente, una presión a la baja sobre el precio del petróleo. Por lo tanto, una caída de la rentabilidad por barril de petróleo para los petrocapitalistas. Sin embargo, la energía barata beneficia a los centros de datos, que están creciendo rápidamente para el desarrollo de la IA. En otras palabras, estos desarrollos benefician más al sector de alta tecnología que a la industria petrolera. No obstante, el desarrollo de los yacimientos petrolíferos venezolanos por parte de empresas estadounidenses tardará varios años, por lo que el impacto no será inmediato. Por lo tanto, el verdadero objetivo de EE. UU. ni siquiera es apoyar al sector de alta tecnología estadounidense.

Además, el petróleo venezolano es de baja calidad, ya que se trata de un crudo pesado, es decir, con un alto contenido de azufre y metales, y, por lo tanto, se vende a un precio mucho menor que el del petróleo Brent o WTI, ya que su proceso de refinación tiene un costo mucho mayor.(8) Este es otro hecho que indica que el objetivo de EE. UU. no es maximizar las ganancias de los petrocapitalistas estadounidenses provenientes del petróleo venezolano, sino expulsar la influencia china de Latinoamérica.

Sin embargo, esto no significa que el petróleo no desempeñe un papel importante en este asunto. Simplemente, es un papel diferente del mito izquierdista según el cual la industria petrolera estadounidense está detrás de todas sus acciones. Para Estados Unidos, el problema casi nunca ha sido la obtención de beneficios para los petrocapitalistas, sino casi siempre el control del flujo de petróleo. Porque quien controla el flujo de petróleo a otros estados también controla la capacidad industrial (y militar) de estos .

Dado que el verdadero objetivo de EE. UU. es China, ¿quiénes son algunos de los principales productores de petróleo de los que China importa petróleo? Rusia, Venezuela e Irán. Oficialmente, el mayor proveedor de petróleo de China es Arabia Saudita. Sin embargo, en la búsqueda de energía barata para sostener la enorme industria china, China es el principal importador de petróleo para todos los países cuyo petróleo está bajo sanciones internacionales (es decir, principalmente "occidentales"). Los países sancionados no pueden vender su petróleo en los mercados mundiales, por lo que venden a una clientela más limitada. Esta menor demanda de su petróleo significa que se ven obligados a venderlo a precios mucho más bajos que los precios del mercado. Por lo tanto, China compra casi todo el petróleo venezolano, iraní y ruso a bajo precio, un precio humillante para los países productores que no tienen otra opción debido a las sanciones que vender su petróleo con grandes descuentos.

Hemos mencionado en otras ocasiones que Estados Unidos, bajo el gobierno de Trump, está intentando desarrollar relaciones con Rusia con la esperanza de relajar las relaciones entre Rusia y China.(9) En cuanto a Venezuela e Irán, estos dos estados han sido objeto de ataques militares estadounidenses en los últimos meses y actualmente están experimentando un cambio de régimen. Si se instalan gobiernos proestadounidenses en estos dos estados, se podrían levantar las sanciones, lo que les impediría vender su petróleo con descuento, por debajo del precio de mercado, lo que haría que China perdiera energía barata para su industria en un momento en que ya se encuentra en recesión. Además, independientemente de si se levantan o no las sanciones, Estados Unidos podrá amenazar a China con que, si realiza alguna acción que no les guste, cerrará el suministro de petróleo de Venezuela e Irán a China. En tal caso, al cerrarse el suministro, China tendrá menos opciones, una oferta reducida, para comprar petróleo, por lo que el proveedor restante podrá obligarla a comprar con una prima, a precios superiores a los del mercado. En otras palabras, esto es otra forma de que EE. UU. presione a China, otra moneda de cambio para EE. UU. en la guerra comercial contra China. De ahí la declaración de Trump en la conferencia de prensa de que la gente no debería preocuparse, el flujo de petróleo venezolano continuará. Lo que implica, al menos por el momento, que si sus compradores “se portan bien”…(10)

La mejor heurística para analizar el segundo mandato de Trump es que, incluso si algo no tiene que ver con China, tiene que ver con China.

En cuanto al cambio de régimen, no debemos caer en la trampa del discurso de los medios de comunicación. Desde el punto de vista de la política internacional, el cambio de régimen no es un cambio de sistema político ni un cambio de figuras políticas. El cambio de régimen significa un cambio de algunas políticas exteriores estratégicas primarias , y nada más. Por ejemplo, en Irán un cambio de régimen no significa necesariamente el regreso del Sha o la creación de una democracia burguesa al estilo occidental. El cambio de régimen también podría venir con los "moderados" del régimen existente tomando el poder. Desde el punto de vista de la política internacional, el cambio de régimen para Irán sería un cambio significativo en su política exterior, y el título que ostentará el líder del estado iraní o los derechos civiles otorgados a los ciudadanos iraníes son irrelevantes desde esta perspectiva.

Lo mismo ocurre en Venezuela. Por ahora, parece que el cambio de régimen implica que Rodríguez, vicepresidente de Maduro, asuma el poder bajo la presión y la guía de Estados Unidos. La oposición venezolana no necesariamente tiene que llegar al poder para que se produzca un cambio de régimen. Esta desempeña un papel estratégico para Estados Unidos, presentándola como prueba de la crueldad de Maduro para justificar moralmente la intervención estadounidense ante una parte del electorado estadounidense. Pero la política exterior venezolana puede cambiar incluso sin que la oposición se convierta en gobierno; la nueva administración de Rodríguez puede simplemente cooperar con Estados Unidos y abandonar a China. Estados Unidos ya ha confirmado que tuvo agentes de la CIA en Venezuela durante meses y que contaba con un informante dentro del círculo íntimo de Maduro, por lo que monitoreaba cada uno de sus movimientos y conocía sus coordenadas exactas en todo momento. Es probable que toda la operación se haya llevado a cabo con el conocimiento y la cooperación de varios altos funcionarios del régimen de Maduro: lo traicionaron para salvarse o para encontrar la oportunidad de ascender a la cima del poder estatal. La operación militar especial norteamericana fue tan quirúrgica y sin derramamiento de sangre que hace sospechar que tal vez fue, hasta cierto punto, un montaje.(11)

En cuanto a las reacciones de la izquierda ante el asunto venezolano, hemos presenciado una vez más un teatro del absurdo que se extiende a las calles, a las embajadas estadounidenses y a internet. Quienes antes pedían el arresto de un líder extranjero (Netanyahu) por un Estado distinto al suyo (Israel), ahora califican el arresto de un líder extranjero (Maduro) por un Estado distinto al suyo (Venezuela) de ilegal, imperialista, etc. Y quienes justificaron la invasión rusa de Ucrania y culparon a Estados Unidos de la guerra debido al expansionismo de la OTAN en la esfera de influencia rusa, ahora rechazan el razonamiento estadounidense sobre la intervención en Venezuela debido al expansionismo de China en la esfera de influencia estadounidense. En ambos casos, la ironía pasa más desapercibida para los izquierdistas que los bombarderos furtivos estadounidenses. Otro gran momento del izquierdismo. Y todo esto, sin siquiera formular la gran pregunta: ¿cómo afecta el arresto de Maduro, su reemplazo por su vicepresidente y un giro proestadounidense en la política exterior venezolana a la vida cotidiana del proletariado venezolano? Si la situación se mantiene igual en el futuro, es decir, si no hay ataques militares estadounidenses más amplios contra Venezuela, nada cambiará para el proletariado venezolano, ni para mal ni para bien. Entonces, ¿para qué sirven las manifestaciones "antiguerra", manifestaciones contra una guerra que no existe en realidad, sino solo en la mente de los supuestos "antiimperialistas" (en realidad, nacionalistas de izquierda antiestadounidenses)? Al final, probablemente sean los izquierdistas los verdaderos "loros estocásticos", que simplemente reconocen patrones y adivinan la siguiente señal sin comprender el tema en cuestión...

Notas:

    1. Se puede recordar la referencia de Bonefeld a Carl Schmitt con respecto a la fuerza de la violencia legislativa (Werner Bonefeld, “On the State of Political Economy: Political Form and the Force of Law” en Bonefeld, Critical Theory and the Critique of Political Economy: On Subversion and Negative Reason , Bloomsbury Press, 2014). Desde esta perspectiva, el acto estadounidense fue un acto de producción/transmutación del derecho internacional, reimponiendo el orden en la escena internacional, un orden que los propios Estados Unidos han moldeado desde la Segunda Guerra Mundial, imponiéndolo internacionalmente a través de su ejército y siendo el arquitecto del derecho internacional de la Carta de las Naciones Unidas. Los Estados Unidos, como el estado mundial de facto (es decir, que posee el monopolio global de facto de la violencia como el ejército más poderoso del mundo), juzga la validez o no del derecho internacional y produce derecho internacional a través de sus acciones. El “orden internacional basado en reglas” fue una creación de los Estados Unidos al servicio de sus propios intereses nacionales. Mientras Estados Unidos siga siendo el Estado mundial, será el hegemón global, el soberano que decide cuándo se aplica el imperio del derecho internacional y cuándo debe suspenderse. ↩︎

    2. Véase “ Tariffonomicon ”.

    3. El verdadero alto el fuego no es entre Israel y Hamás, sino entre Israel y la mayoría de los estados árabes y musulmanes de la región.

    4. China prometió hace unos meses que tomaría medidas estrictas para limitar el tráfico de precursores de fentanilo a cambio de una reducción de los aranceles estadounidenses sobre China (véase https://www.reuters.com/world/china/looming-trump-xi-meeting-revives-hope-us-china-trade-truce-2025-10-29/ ).

    5. El hecho de que las últimas propuestas de EE. UU. fueran otorgarle asilo a Maduro en Turquía (ver https://economictimes.indiatimes.com/news/new-updates/why-did-us-attack-venezuela-and-who-is-nicols-maduro-all-you-need-to-know-why-trump-captured-venezuelas-president-and-what-happens-next/articleshow/126331910.cms?from=mdr ), un país de la OTAN, y no en Rusia para pasar el rato con Assad como en las propuestas anteriores de EE. UU., refuerza el escenario de que Maduro estaba recibiendo amenazas rusas y chinas de no sucumbir a la presión estadounidense de entregar el poder.

    6. Además, Trump, en una publicación en redes sociales unas horas antes de la intervención militar en Venezuela, también amenazó a Irán con una intervención militar si continúa reprimiendo las actuales protestas antigubernamentales.

    7. A pesar de los estrechos vínculos económicos de México con China, el país ha cedido a la presión económica estadounidense y hace unos días impuso aranceles a China y otros países asiáticos (véase https://www.reuters.com/business/autos-transportation/mexico-hike-tariffs-china-starting-thursday-2025-12-30/ ). Además de la presión estadounidense, México espera imitar la estrategia de la administración Trump para impulsar su propia industria nacional. Antes de que China se convirtiera en la fábrica global, México (con el TLCAN en 1994, que preveía el libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá) se había convertido en la fábrica estadounidense, con industrias estadounidenses trasladándose a México debido a los salarios y tipos de cambio más bajos, un papel que se vio socavado por el auge de China. Ahora México intenta recuperar algunas de sus antiguas industrias.

    8. El petróleo venezolano puede ser de baja calidad, pero el petróleo de baja calidad (crudo pesado) es en algunas circunstancias mejor que el de mayor calidad (en el caso del asfalto, el diésel y el combustible para aviones). Por lo tanto, aunque es más barato y tiene mayores costos de procesamiento, y por lo tanto genera menos ganancias, sigue siendo demandado para estos usos. Y existen algunas refinerías estadounidenses, principalmente en Texas y Luisiana, que se especializan en procesar este tipo de crudo pesado .

    9. Véase " Το Δέρμα Βάφτηκε Πορτοκαλί " y " Tariffonomicon ".

    10. Con esta declaración, Trump no solo se dirigía a China, sino también a los mercados petroleros para calmar las preocupaciones sobre la escasez de petróleo (véase https://www.atlanticcouncil.org/blogs/new-atlanticist/how-a-venezuela-shock-could-raise-global-oil-and-food-prices/ ). Como se mencionó en la nota n.° 8, el petróleo venezolano puede ser de mala calidad, pero incluso el petróleo de mala calidad tiene sus usos.

    11. Si nos ponemos el sombrero de papel de aluminio de los teóricos de la conspiración, quizás la operación estadounidense fue completamente falsa, orquestada en coordinación con el propio Maduro, un acto de pura teatralidad. Es mejor para Maduro pasar voluntariamente unos años en una prisión estadounidense que a) no cooperar con EE. UU. y arriesgarse a ser asesinado en lugar de ser arrestado, o b) cooperar abiertamente con EE. UU. y ser perseguido y asesinado por agentes cubanos, rusos, iraníes, chinos y libaneses (de Hezbolá).

[Irán] A los trabajadores del mundo

Trabajadores iraníes anticapitalistas contra el trabajo asalariado
10/01/2026

 

El estado capitalista islámico de Irán está llevando la criminalidad a nuevas cotas.

Desde el 8 de enero, todas las comunicaciones dentro de Irán han sido cortadas. Desde el viernes, internet, los teléfonos y todos los medios de comunicación han sido bloqueados. Con el pretexto de este apagón, el estado ha perpetrado una masacre sin precedentes.

Informes de hospitales, personal médico y doctores de diferentes ciudades hablan de cifras de muertos y heridos muy superiores a las registradas anteriormente. Lo que está sucediendo ahora no tiene precedentes.

Solo un número muy reducido de personas con acceso a Starlink puede comunicarse con el mundo exterior. La información que sale de Irán es extremadamente limitada. Este video es uno de los pocos que han escapado.

Muestra un centro de Medicina Legal en Kahrizak, Teherán. Las familias de los fallecidos están reunidas allí, obligadas a mirar una pantalla con fotografías de los muertos, intentando identificar a sus seres queridos. El número de cadáveres es tan alto que los están transportando en camionetas. Este es solo un lugar, y solo en Teherán.

En otras ciudades, el número de muertos es mucho mayor.

Los informes apuntan a una catástrofe: se estima que miles y miles de personas han muerto.

Hacemos un llamamiento a los trabajadores de todo el mundo para que se conviertan en la voz de sus compañeros y compañeras de clase en Irán. Alcen la voz en cada rincón del mundo. Rompan el silencio. Difundan la verdad. Alcen la voz contra esta masacre dondequiera que estén.

Hacemos un llamamiento a la solidaridad, el apoyo y la protesta de los trabajadores de todo el mundo.
No permitan que este crimen se lleve a cabo en silencio.

Apoyen a los trabajadores iraníes.

jueves, 8 de enero de 2026

[Irán] ¿Qué no queremos? ¿Qué queremos? ¿Cómo conseguirlo?

Trabajadores anticapitalistas activos del movimiento por la abolición del trabajo asalariado
18 de Dey de 1404 (8 de enero de 2026) 

 

Todo el mundo habla de lo que no queremos, pero la cuestión vital es: ¿qué queremos y cómo lograrlo?
El “qué no queremos”, tal como lo gritan los insurgentes en las calles, es una lista larga: hambre, desnudez, falta de vivienda, asesinato de las libertades y de los derechos fundamentales, apartheid de género, contaminación ambiental, privación de medicamentos, atención médica y educación. Todos estos encabezan la lista de lo que “no queremos”.

Pero estos “no queremos” se cruzan en su camino hacia la explosión con ejércitos de salteadores: saqueadores que los devoran, los tergiversan, los transforman en demandas antihumanas de su propia clase y grupo; les estampan el sello de la democracia y la civilización de la esclavitud salarial; los convierten en alimento mental de la masa trabajadora; los transforman en el eje de sus levantamientos; someten a la masa rebelde y maldita para proclamarse ellos vencedores.

Así ha sido toda la historia del capitalismo. Cuanto más nos alejamos en el tiempo, más dolorosa ha sido la situación, más terrible el sacrificio de los trabajadores. Hoy mismo estamos al borde de repetir esta tragedia.

Se dirigen a los insurgentes y les gritan: “Vosotros sois los conquistadores de las ciudades, los dueños de las calles; solo quedan unos pasos para la victoria. Derribad el régimen religioso y nosotros instauraremos el poder moderno del capital. ¡Lloveremos democracia por todas partes!”
¡No digáis qué queremos!
“¡Va contra el juicio de los sabios!”
“¡Es divisivo!”
“¡Hay que lavar el cerebro de quien lo dice!”
El grito correcto —dicen— es solo “¡qué no queremos!”.
Eso es lo que debe hacer la masa; los “competentes” decidirán qué hay que querer.
Eso dice la oposición existente. Pero toda la cuestión gira precisamente en torno a qué queremos y cómo conseguirlo.

La respuesta que brota del corazón y del grito existencial de la masa trabajadora es esta:
el régimen debe ser derrocado para que, de inmediato:

Primero: demandas y expectativas

1. Alimentación, vestimenta, vivienda con todas sus condiciones, medicamentos, atención sanitaria, educación, agua, electricidad, gas, internet, transporte, ocio, viajes y todos los bienes básicos de la vida deben ser completamente sustraídos del dominio del intercambio mercantil y monetario, y ponerse a disposición de todas las personas, en todos los lugares, sin exigir ningún pago.
2. Prohibir cualquier intervención del Estado en cualquier ámbito de la vida humana: desde la vestimenta, la vida en pareja, las relaciones entre mujeres y hombres, chicas y chicos, hasta las creencias, la cultura, las costumbres, las tradiciones y la actividad política.
3. Abolir el trabajo doméstico y sustituirlo por servicios sociales fuera de cualquier forma de intercambio monetario.
4. Liberar a todos los presos y destruir de raíz la institución misma de la prisión.
5. Prohibir absolutamente toda forma de pena de muerte.

Segundo: estrategia de realización

Organizarnos de manera cada vez más amplia, más consejista, más anticapitalista.
No supeditar la obtención de nuestras demandas a una expresión perfectamente unificada y totalmente organizada de nuestra existencia colectiva. En cada momento, utilizar la fuerza unida de la que dispongamos para imponer las demandas a la clase capitalista y a su Estado. A medida que crecemos, debilitar al enemigo, imponer paso a paso expectativas cada vez más grandes a los capitalistas y a su Estado feroz, y reducir su capacidad de enfrentarse a nosotros.

Tercero: vías y tácticas

El alarido de que “la calle es la verdadera trinchera de la lucha” es un engaño de las oposiciones internas de la clase capitalista.

La calle es importante, pero no es en absoluto el campo principal. Hay que paralizar de la forma más generalizada posible el ciclo del trabajo y la producción; desafiar el orden económico, político, civil y jurídico del capital en todos los niveles.

Ocupar las propiedades vacías de los capitalistas y ponerlas a disposición de las personas sin hogar.
Arrebatar los centros de trabajo a la clase capitalista y colocarlos bajo el control de consejos obreros capaces de planificar libremente, fuera de la esclavitud salarial.

Avanzar por el camino de la hegemonía de un movimiento consejista generalizado, contrario al trabajo asalariado, sobre todo el ciclo del trabajo, la producción y la vida.

Apropiarse de los centros comerciales y de las cadenas de tiendas, y convertirlos en centros de distribución de los bienes básicos de la población sin ningún tipo de intercambio mercantil.

Cuarto: rechazar a los oportunistas mercaderes del poder

Con el terremoto del levantamiento de la masa trabajadora y de millones de hijos e hijas de trabajadores, se han abierto también viejas tumbas. De ellas salen murciélagos fosilizados que se deslizan entre la multitud. Estos desenterradores de la monarquía envenenan el ambiente con sus lamentos.

No se trata de expulsarlos, pero hay que decirle al mundo entero que no son nada.

¡Abajo el capitalismo, la República Islámica y todo Estado capitalista!
¡Viva una sociedad consejista sin explotación, sin clases, sin esclavitud salarial!

miércoles, 7 de enero de 2026

Artículos y panfletos sobre la cuestión Venezuela-EE.UU.

 

Venezuela, agresión imperial colonialista
por Rolando Astarita (Argentina, 05/01/2026)
https://rolandoastarita.blog/2026/01/05/venezuela-agresion-imperial-colonialista

Venezuela – La lucha de clases contra el imperialismo y el mito de la independencia nacional
por Angry Workers (04/01/2026)
https://materialesxlaemancipacion.espivblogs.net/2026/01/06/venezuela-la-lucha-de-clases-contra-el-imperialismo-y-el-mito-de-la-independencia-nacional

Guerra civil global y el nuevo reparto del mundo: A propósito de Venezuela y Estados Unidos.
por Colapso y Desvío (Chile, 03/01/2025)
https://colapsoydesvio.noblogs.org/post/2026/01/03/guerra-civil-global-y-el-nuevo-reparto-del-mundo-a-proposito-de-venezuela-y-estados-unidos

Sobre Venezuela: Apoyo acrítico al proletariado
por The Sonoran Internationalists
https://barbaria.net/2026/01/07/the-sonoran-internationalists-sobre-venezuela-apoyo-acritico-al-proletariado

martes, 6 de enero de 2026

NO ES SOLO POR EL PETRÓLEO: DIEZ TESIS SOBRE VENEZUELA

Traducción, intro y selección de extracto: Biblioteca Laín Diez, Chile

Desde Brasil llegan estas tesis del compañero Gabriel Teles (miembro de “Crítica Desapiedada” y coordinador del “Centro de Estudos sobre o Colapso Social), recién traducidas y que compartimos aquí. Están formuladas a partir de la actual coyuntura provocada por los movimientos militares de EEUU en Venezuela, y que parecen abrir un nuevo capítulo en el Cono Sur como espacio de pugnas interimperialistas entre los fragmentos y potencias de dominación capitalista global. Hacemos circular esta perspectiva, que, sin plantear verdades concluyentes, incita a la reflexión crítica y a una clarificación de nuestra condición presente.

«El discurso dominante volvió a girar en torno a un viejo argumento (confortable tanto para los gobiernos como para parte de la izquierda) según el cual todo se explicaría por el petróleo. Esta lectura, en verdad, oscurece más de lo que revela. En mi opinión, despolitiza el conflicto, apaga sus mediaciones de clase y desvía el foco de las transformaciones más profundas en curso del sistema internacional y en la propia América Latina. Lo que está en juego en Venezuela no es solo un recurso natural, ni un régimen específico, sino un nuevo patrón de tutela imperial, articulado con la reorganización interimperialista y la fragilidad estructural de las soberanías periféricas.»

Tesis 1. Venezuela como expresión de una transición en la dinámica internacional
Tesis 2. Recursos estratégicos y mediaciones geopolíticas
Tesis 3. Límites históricos de la soberanía periférica
Tesis 4. Las fracturas internas como condición para la injerencia externa
Tesis 5. La lawfare como técnica de legitimación de la excepción
Tesis 6. Selectividad estructural del derecho internacional
Tesis 7. La tutela imperial como forma contemporánea de dominación
Tesis 8. Administración de la crisis y vaciamiento de la soberanía
Tesis 9. El autoritarismo como efecto de la crisis internacional
Tesis 10. Centralidad del criterio de clase

Artículo completo:

PDF diagramado https://drive.google.com/file/d/1sM1xNERRpMjJqRj9N2wJBQGsU4xVdLel

PDF sin diagramar https://drive.google.com/file/d/1dYBFJXUMITFYEMvP5z4xOtMaFJRp6CBr

Xenofobia marxista. La izquierda de espaldas a la clase obrera venezolana

tomado de La Caja: Herramientas para el debate (Facebook)
Argentina, 06/01/2026



Es sabido, como ya hemos comentado muchas veces en ocasión de eventos sociales o electorales en Latinoamérica donde el pequeño capital nacional se enfrenta a los capitales medios de origen extranjero bajo las formas políticas propias, que la izquierda suele hocicar ante el nacionalismo burgués.

Es decir, toda movilización social contra un gobierno populista enseguida es degradado a “golpe de estado” de la “derecha aliada al imperialismo” mientras que el mismo fenómeno contra un gobierno de “derecha” recibe el beneplácito de la categoría de “rebelión”, mientras que en el terreno electoral todo gobierno no populista rápidamente es llamado “fascista”.

En ese acto, claro, en el primer caso no solo se defiende gobiernos hambreadores que expresan capitales impotentes sino que se sanciona la acción política de una fracción obrera, como pasó en Bolivia, como pasó en Perú contra Castillo, contra Dilma y, obviamente, contra la dictadura de Maduro.

Y poco importa que este último haya encabezado un régimen hambreador y represivo, que tiene salarios africanos y que cometió crímenes de lesa humanidad. Ese gobierno no es fascista, porque fascista es Patricia Bullrich por poner un protocolo que prohíbe el corte de calles. O sea, fascista no es encarcelar, torturar, fusilar y hasta desaparecer opositores, fascista es una medida administrativa que pone orden.

Esta cuestión ambivalente desnuda que la izquierda, aún cuando cacarea no apoyar a Maduro o menea el ficticio voto “crítico” en los ballotages, se coloca en el campo político del pequeño capital nacional. ¿Por qué? En términos ideológicos, porque considera que el enemigo es el capital más grande y extranjero que oprime y bloquea el desarrollo de los países latinoamericanos donde el nacionalismo, por acción u omisión, cumple un rol progresivo. Acción: si enfrenta al imperialismo; omisión: si no lo enfrenta, quedaría “expuesto” como que no va a fondo en la tarea esencial que la izquierda considera para la región, la liberación nacional. Ese no ir a fondo, imaginan, puede volcar las masas a la izquierda que aparecen como los verdaderos defensores de la nación.

Ahora bien, ese esquema, cuyo anclaje es la teoría del imperialismo, olvida varias cuestiones. Uno, el capital es una unidad mundial donde cada país cumple un rol en la acumulación global, esto es, realiza una porción privada del trabajo social según las características propias de cada espacio nacional.

Dos, el capitalismo es una forma histórica de organizar la producción social basada en la producción de valor sobre la base de la producción de plusvalía relativa (esto es, incrementar la productividad por innovación tecnológica para abaratar la fuerza de trabajo) y no “saquear” o “acumular” recursos o valores de uso como los modos de producción precapitalistas. Ningún recurso vale por sí solo, el valor está dado cuando media el trabajo. Por lo tanto, en el capitalismo los capitales más eficientes, más productivos, tienden a imponerse y liquidar a los capitales ineficientes.

Tres, señalar que el problema de los países latinoamericanos está dado por la opresión extranjera que bloquea sus desarrollos implica una formidable apología del capital mismo, en tanto se está diciendo que de no mediar la injerencia extranjera, todo país podría ser una potencia. Además de ser falso, puesto que los países centrales viven de producir más valor y comerciar entre ellos, no de “saquear” a países periféricos.

Cuatro, plantear la contradicción nación-imperio en lugar de obreros-capitalistas, esto es, atar a los obreros a capitales parásitos e impotentes, además de condenar a esa fracción obrera, los educa en la ideología enemiga y los lleva a un callejón sin salida al plantear una tarea, la nacional, que no existe. Por ende, es reaccionario.

Embanderada en la defensa de capitales chatarreros nacionales, la izquierda, por último, termina reproduciendo la fragmentación de la clase obrera, en tanto suele despreciar a las fracciones obreras que están del otro lado bajo la etiqueta de “cipayos”, “alienados” o “desclasados”. Se perdona que los obreros voten o apoyen al nacionalismo burgués, esos son “compañeros confundidos”, pero se rechaza y desprecia a los obreros que votan al no populismo. Nace así la imagen del “pobre de derecha”. Y ahí se ingresa en un terreno pantanoso y miserable.

Porque no sólo esa cuestión pone a la izquierda de espaldas a la clase en ocasiones donde la misma, con las armas que tiene y la conciencia que puede, se cansa y se lanza a luchar contra el populismo o festeja su caída, tal como ocurre ahora en el caso de Venezuela. Además de ello, digo, aparecen actitudes miserables como desear o reírse de que un votante de Milei perdió el trabajo, de que los venezolanos ahora creen que fueron liberados.

Y, acaso lo peor, la xenofobia que se está viviendo detrás de la burla sobre que los venezolanos que celebran la captura de Maduro, “se vuelvan a su país” o que son idiotas que celebran “bombardeos” contra su territorio, incluso hasta la burla sobre el grupo de inmigrantes venezolanos que fueron deportados cuando festejaban en Nueva York.

Hasta este extremo, la xenofobia, llega la izquierda en el afán de defender al capital chatarrero nacional y sus gobiernos hambreadores.

Puede que, obreros al fin, caigan presos del contenido reaccionario que predomina en épocas de crisis, al cabo la xenofobia es una relación de solidaridad entre obreros de un mismo país que compiten contra obreros de otros países. O puede, simplemente, que sea una canallada, un escalón más en el descenso y la degradación a la que conduce toda expresión política de capitales parásitos condenados a desaparecer.

Por ello urge construir una herramienta política que rompa la dinámica del binarismo burgués y pueda plantear los intereses universales de la clase.

Panfleto internacionalista

Anónimo, 05/01/2026

 

PROLETARIOS DE VENEZUELA Y DE TODO EL MUNDO:

NICOLÁS MADURO Y DONALD TRUMP! SON BASURA! ENEMIGOS DE NUESTRA CLASE POR IGUAL! 

OPOSICIÓN DERECHISTA Y OFICIALISMO = FALSO ANTAGONISMO Y PUGNA INTERBURGUESA

CONTRA EL INTERVENCIONISMO IMPERIALISTA Y CONTRA TODA DEFENSA DE LA NACIÓN 

A ORGANIZARNOS EN NUESTRO PROPIO TERRENO HISTÓRICO: EL DE LA REVOLUCIÓN SOCIAL MUNDIAL 

EL PROLETARIADO NO TIENE PATRIA

NUESTRA SALVACIÓN NO VENDRÁ DE FUERA, NI DE NINGÚN ESTADO 

ANTE LA CATÁSTROFE CAPITALISTA, NUESTRA ÚNICA ALTERNATIVA: LA REVOLUCIÓN SOCIAL MUNDIAL 

POR EL DERROCAMIENTO DEFINITIVO DEL CAPITALISMO, EL VALOR Y LA MERCANCÍA

Algunas notas rápidas sobre Venezuela

Anónimo
Chile, 04/01/2026


• El antiimperialismo reducido a un simple "anti EE.UU." es un problema, cuando existe más de un polo imperialista en la actualidad (China-Rusia). No hay imperialismo bueno.

• Hablar de soberanía nacional (desarrollo del capital local), autodeterminación de los pueblos (que ignora la existencia de clases sociales) y defensa de la democracia (siempre burguesa) es reforzar la ideologia de la clase dominante.

• El desastre de la gestión del capital del "Socialismo del Siglo XXI" es patente hace años, la degradación del nivel de vida del proletariado y la enorme migración, es una consecuencia material de dicho "proceso".

• Hoy somos testigos de una nueva reestructuración interimperialista del capital en el mundo por medio de las armas (Venezuela, Ucrania, Palestina, etc) en donde no podemos perder de vista que el principal enemigo siempre está en casa, y es "nuestra" propia burguesía. 


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Análisis del conflicto en Venezuela desde una PERSPECTIVA MATERIALISTA HISTÓRICA

1.- La naturaleza del Estado venezolano:
El gobierno de Maduro representa una burguesía estatal petrolera que surgió del proceso bolivariano, que aunque inicialmente incorporó elementos antiimperialistas, se consolidó como una fracción burguesa con intereses particulares. La “izquierda del capital” como categorización es precisa: un proyecto que administra elcapitalismo nacional mientras disputa márgenes de autonomía dentro de la división internacional del trabajo.

2.- Intervención estadounidense:
Las sanciones económicas, el reconocimiento de gobiernos paralelos y la presión militar constituyen formas de intervención que responden a:
- Control estratégico de recursos energéticos
- Contención de influencias extra-hemisféricas (China, Rusia) en zona tradicionalmente bajo hegemonía estadounidense
- Disciplinamiento para impedir que modelos alternativos de gestión capitalista (aún dentro del marco burgués) ganen legitimidad

3.- Dimensión interimperialista:
Efectivamente, Venezuela se ha convertido en campo de competencia entre EE UU. (potencia hegemónica en declive relativo) - China (potencia ascendente mediante inversiones, préstamos y , acuerdos petroleros) Rusia (apoyo militar y energético como forma de proyección geopolítica).

Ante el conflicto en Venezuela, el programa histórico proletario debería afirmar:

Independencia de clase absoluta y Derrotismo revolucionario: Ni apoyo a Maduro (burguesía estatal con retórica antiimperialista), ni a Guaidó/EE.UU. (burguesía prooccidental).

Unidad internacionalista: La crisis venezolana muestra la bancarrota del capitalismo nacional como solución. Solo la revolución obrera internacional puede resolver las contradicciones interimperialistas.

Autoorganización obrera: Apoyar solo las iniciativas que surjan de la clase trabajadora venezolana independientemente de ambos bloques estatales.

lunes, 5 de enero de 2026

El castillo de naipes del progresismo. La caída de Maduro y la impotencia del pequeño capital

tomado de La Caja: Herramientas para el debate (Facebook)
Argentina, 05/01/2026

 

La reciente caída de Nicolás Maduro sin oposición relevante, ni militar ni social, es otra estación de la seguidilla de derrotas que el progresismo, como paraguas ideológico del nacionalismo antinorteamericano y el populismo, viene sufriendo en el mundo desde hace una década. Pero, acaso, lo que distingue a las derrotas seriales del progresismo es la facilidad con la cual es vencido en una abierta contradicción con los discursos inflamados, las diatribas que buscan invocar una épica al estilo espartano en las Termópilas y las promesas de comerse el mundo que los sectores que forman aquel continente político suelen esgrimir.

En suma, no resulta extraño que pierdan, puede pasar. Resulta extraño que caigan sin luchar o sin una oposición digna.

¿Por qué pasa eso? ¿Falta de coraje? ¿O, más bien, es una expresión de la impotencia que representan? Veamos.

El cambio en la materialidad del proceso de trabajo, operado a mediados de los ‘70, que vimos bajo la forma de la internacionalización de la gran industria vía la informática, robótica y automatización del proceso productivo y, sobre todo, las consecuencias profundas que produjo a escala planetaria (la fragmentación del proceso productivo mismo, el desplazamiento del capital manufacturero a Asia, la fragmentación de la clase obrera y una nueva división internacional del trabajo) tomaron la forma ideológica y política del llamado “neoliberalismo” en los países centrales y en Latinoamérica, pero también reformas similares se dieron en la URSS (Perestroika) y en la China de Deng.

Esto es, todo el mundo salió de la autarquía propia de la manufactura y avanzó hacia la inevitable fragmentación y descentralización que el capital demandaba, donde dos tipos de países serían los ganadores: aquellos que producían tecnología y aquellos otros que podían explotar una abundante mano de obra barata. Los países que no contaban con esos aspectos, en cambio, se hundieron (URSS, Yugoslavia, Checoslovaquia, Argentina).

A su turno, dada la revolución técnica en la base del trabajo permitió, por un lado, abaratar las mercancías (entre ellas, las materias primas, clave para Latinoamérica) y, por el otro, degradar la otrora mano de obra calificada y expandir una porción de trabajadores que directamente sobraban para el capital. De esta manera, las dictaduras militares y la ola neoliberal en los ‘90, en LATAM, tuvieron por función adaptar el continente a la nueva etapa, incluyendo la caída salarial y la liquidación de capitales ineficientes (la llamada “desindustrialización” en Argentina).

Dos décadas, por lo tanto, de plenas transformaciones que parieron un nuevo mundo tras la larga noche “neoliberal” como forma política de la fase contractiva.

Larga noche que, en los 2000, empezó a clarear de la mano del fenomenal ascenso de China como taller del mundo y la expansión de una clase obrera fabril que demandaba mejores condiciones de vida, entre ellas, mejor alimentación. O sea, carne de cerdo y soja para alimentar a los cerdos. El crecimiento exponencial chino produjo un ciclo alcista en las materias primas y Latinoamérica ingresó en una fase expansiva.

En ese contexto, entonces, aparece la forma política que representa esa fase expansiva: el populismo y, dadas las transformaciones en la clase obrera, su correlato ideológico, el progresismo. De esta forma, apalancados en una montaña de riqueza social producto de los altos precios de las materias primas, el populismo incorporó fracciones enteras de obreros que estaban fuera del circuito de producción y consumo bajo la forma de trabajo precarizado, empleo privado subsidiado y, sobre todo, empleo estatal. Todo ello, naturalmente, financiado con el agro (kirchnerismo, Lula), petróleo (Chávez, Correa), gas (Evo Morales).

Sin embargo, pese a los discursos inflamados sobre transformaciones e, incluso, revoluciones (Venezuela), lo cierto es que no existió nada de ello fuera del despilfarro de riqueza social para sostener un esquema social de corto vuelo.

La crisis de 2008 y el desplome de las materias primas en 2012-14 fueron el canto del cisne del populismo y entonces aparecieron los heraldos negros: Macri, Piñera, Temer, Bolsonaro y, aunque simulaba continuidad, Maduro.

A partir de entonces, el populismo empieza a perder, una a una, todas las fichas en el continente, no sin antes destruir lo que había construido. El kirchnerismo, Evo Morales, Dilma y el propio Maduro protagonizaron ellos mismos el declive de su propia construcción y agotaron el proceso que les dio vida. Cuánto más agotado lucían más crecía la asociación con China que, de esta manera, ingresa en territorio que EEUU considera propio.

Expansión que no solo alcanza a Latinoamérica sino que también se dio en África y, naturalmente, en Asia, un poco facilitado por el giro internista que dio el primer gobierno de Trump. Nace así el BRICS, que no era una alianza con otra perspectiva comercial ni todas las pavadas que dlce el progresismo, sino un bloque que responde a la necesidad del desarrollo chino y la garantía de tener acceso a materias primas abaratadas a cambio de manufacturas, emulando el esquema de Gran Bretaña en el siglo XIX.

Es esta razón, por la cual, en forma contradictoria con el discurso productivo e industrialista que tiene el populismo (Argentina y Brasil), que la alianza con China conduce a liquidar la estructura industrial y transformarnos en meros productores de materias primas, tal como se puede ver que pasó en Venezuela con Maduro y que explica el éxodo de 8 millones de venezolanos.

Y es por esto, junto a la ausencia de transformación alguna en la etapa populista y el regreso de la fase contractiva, que vemos caer a todo ese personal político sin que se arme el quilombo que prometían en las canciones.

También por aquello vemos la agresiva intervención de EEUU en la región, en parte porque disputa a nivel global con el capital chino y entiende que necesita una acumulación continental para competir, en parte porque el avance chino amenaza los capitales norteamericanos que operan en la región. He aquí la otra paradoja, la alianza con EEUU permite la supervivencia de los capitales industriales chatarreros, tanto locales como extranjeros. Porque el carácter chatarrero de los capitales industriales no es una anomalía ni un plan extranjero para bloquear el desarrollo, es una necesidad de los capitales avanzados para reciclar su maquinaria obsoleta en nuestros países, seguir amortizando y obteniendo ganancias. Esto es, cumple un rol en la acumulación mundial del capital.

Y son estos motivos por los cuales EEUU está decidido a barrer con los gobiernos prochinos en la región, aún si necesita intervenir militarmente. Pero no interviene por el petróleo ni va a venir por el litio. Interviene porque necesita la región alineada para emplear una escala continental como forma de competir con los capitales chinos. No ver la unidad mundial del capital, seguir pensando la realidad a partir del hecho nacional no sólo educa a los trabajadores en la ideología de nuestro enemigo, además es reaccionario porque ata a la clase a capitales parásitos y plantea problemas que no son reales.

Por otro lado, el carácter chatarrero de los capitales locales, su impotencia para competir a escala mundial es la razón que explica la fácil caída del populismo ahora sintetizada en la captura de Maduro.

No es cierto que el populismo no quiso desarrollar la región por demagogia distributiva, no pudo porque expresa capitales ineficientes que dependen del auxilio de los ingresos de las materias primas y que están condenados a ser fagocitados por capitales más eficientes. Por ello, una vez agotado el ciclo alcista, el populismo se derrumbó como un castillo de naipes sin pena ni gloria.

La caída de Maduro

tomado de La Caja: Herramientas para el debate (Facebook)
Argentina, 03/01/2026

 

La captura de Nicolás Maduro tras una intervención militar norteamericana debe inscribirse como otro episodio más de la disputa global entre el capital norteamericano y el chino. Esa disputa, de índole comercial, ya ha trascendido al escenario militar tal como vimos en Ucrania, Irán, Gaza y, tarde o temprano, veremos en Taiwán.

Hasta el momento, EEUU sigue imponiéndose en aquel terreno, como vimos en la paliza a Irán y acabamos de ver en Venezuela, en una operación similar pero, acaso, más sencilla que aquella donde Bush Padre capturó a Noriega, presidente panameño. No obstante, la fragmentación a la cual está destinada Ucrania, en una guerra que sólo continúa para desgastar al eje chino-ruso, anticipa la suerte que puede correr Taiwán, esto es, su anexión a China.

Por ello mismo, como parte de una disputa donde EEUU parece declinar en lugares estratégicos ante el ascenso chino, la política para Latinoamérica se muestra más agresiva, sobre todo porque pareciera que EEUU piensa en una acumulación de capital a escala continental como forma de competir con el capital chino.

En este sentido, no es diferente el salvataje del Tesoro norteamericano a Milei que la captura de Maduro, esto es, la administración de Trump parece estar dispuesta a no admitir gobiernos prochinos, si es necesario poner la friolera de 20 mil millones de dólares, lo ponen, si es necesario secuestrar en forma ilegal al líder del gobierno de un país, lo hacen.

Queda por ver cómo se desarrolla la situación, si hay una transición encabezada por elementos de la propia dictadura venezolana o asume la oposición con algún acuerdo con aquellos elementos, sostenidos por Estados Unidos, hasta un llamado a elecciones libres. La posibilidad de un contraataque del régimen parece lejana, habida cuenta que en Caracas no hay, al momento, movilización social en favor de Maduro y, ante todo, porque la facilidad del ataque estadounidense mostró que la oposición militar no existe.

Esto no quita que el chavismo, como forma de gobierno, se haya terminado, en tanto la enorme porción de obreros sobrantes para el capital que deja la “revolución bolivariana” requerirá la continuidad de políticas asistencialistas.

Por otro lado, mucho se habla, en estos momentos, de que el interés, en verdad, es el petróleo. Pues bien, primero, Estados Unidos consume 25 millones de barriles de petróleo diarios y produce unos 14 millones de bpd. Tiene un déficit de 11 millones de bpd.

Segundo, Venezuela, actualmente, produce 1 millón de bpd. ¿Cuánto producía antes? Previo a Maduro la producción era de 2.5 millones de bpd y el pico se alcanzó previo a Chávez con una producción de 3.5 millones de bpd. Esto es, aún si Venezuela triplicara la producción petrolera actual y toda ella fuera para el consumo norteamericano, el déficit sería de 7.5 millones de bpd.

Tercero, ya hay capitales norteamericanos explotando petróleo venezolano, como por caso Chevron, que produce unos 300 mil bpd, siendo la empresa individual que más produce y también está Citgo, la empresa de capital estadounidense que realiza el refinamiento del crudo venezolano.

Cuarto, dado que el 90% de la producción petrolera venezolana se destina a la exportación y, a su vez, que el 90% de las exportaciones son a China, resulta difícil pensar en que la intervención responde al interés petrolero.

Quinto, al margen de todo aquello, hay una razón más de peso sobre la conveniencia del petróleo venezolano. Puesto que ese crudo es pesado, existe un costo adicional para su refinado. Por caso, el crudo de Arabia Saudita precisa un costo adicional de 5 dólares por barril para el refinado, el de Irán, Irak, Kuwait unos 8 dólares por barril. El ruso unos 15 dólares. ¿Y el venezolano? Unos 20-30 dólares por barril. Con un precio internacional de 65 dólares en la actualidad, no parece muy rentable.

Sexto, sería conveniente, cuando se denuncia injerencia extranjera o imperialismo en torno al petróleo, que se investigue el acuerdo que Maduro firmó con China Concord Resources Corp (CCRC), empresa privada y no estatal.

Por último, es necesario en estos casos despejar la maleza ideológica si lo que intentamos es comprender la realidad con vistas a intervenir en la misma lejos del binarismo burgués que suele dominar todo análisis político: pequeño capital o capitales más eficientes, donde el interés universal de la clase obrera está ausente.

Obviamente que la acción de EEUU no se debe al combate al narco ni busca llevar “libertad”, obvio que es violatoria de la autonomía nacional, es cierto que es una agresión al derecho internacional y todas las aberraciones institucionales que quieran, pero ya debiera quedar claro que el derecho internacional no existe, en tanto ante igualdad de derechos, prima la fuerza.

Pero no menos obvio es que la dictadura venezolana no sólo produjo una catástrofe económica que llevó a una diáspora de 7 millones de personas, redujo la producción de petróleo a un tercio de lo que producía hace tres décadas, llevó adelante un régimen represivo que transforma a Patricia Bullrich y a Sergio Berni en Heidi y Pedro en los Alpes, con 18 mil presos políticos y más de 10 mil ejecuciones extrajudiciales por parte de las fuerzas de seguridad del régimen. Esto es, estamos ante un gobierno reaccionario en toda la línea que no se puede defender y así lo prueba la propia clase obrera venezolana, tanto la que festeja en el exilio como aquella que no está moviendo un dedo en Caracas.

Lamentablemente, para terminar, la propaganda será que el “socialismo” hundió a Venezuela y EEUU la salvó. Lamentablemente EEUU hizo la tarea que no pudo no supo hacer la propia clase obrera venezolana. Esa limitación debemos atender si lo que buscamos es desplegar una acción política revolucionaria.

Comunicado sobre el ataque americano sobre Venezuela

  por GIIC (Grupo Internacional de la Izquierda Comunista) - 04/01/2026

 

“Primero es América. Es la paz por la fuerza. Bienvenidos al 2026.” (Pete Hegseth, Secretariado a la defensa, en la rueda de prensa de Trump del 3 de enero)

El ataque estadounidense contra Venezuela y el secuestro de su presidente Maduro en la noche del 2 al 3 de enero marcan una nueva etapa en la carrera hacia una guerra imperialista generalizada. Nadie lo duda realmente. “Nadie volverá a cuestionar el dominio estadounidense en el hemisferio occidental”, proclamó Trump en esa misma rueda de prensa. La intervención estadounidense fuera de cualquier marco legal internacional e incluso nacional significa que ha llegado el momento del uso exclusivo de la fuerza militar, sin pretensión de legalidad, y que se ha vuelto definitivo. Al igual que la Sociedad de Naciones a mediados de la década de 1930, especialmente a partir de la invasión de Etiopía por la Italia de Mussolini, se había convertido en una cáscara vacía, la ONU ya no cuenta. Ya no existe. No habrá vuelta atrás. El derecho del más fuerte y de la cañonera ya no se disimula, ya no se esconde detrás de ningún derecho internacional.

Las reglas del juego imperialista que prevalecían desde 1945 ya no existen. Y muchos ya no pueden participar en él. Solo Estados Unidos, China y, en menor medida, Rusia tienen ahora las cartas para sentarse a la mesa de juego, para gran disgusto de las antiguas potencias europeas, que han quedado excluidas desde el estallido de la guerra en Ucrania. Teniendo en cuenta los precedentes establecidos por la política exterior de Trump, no existe ninguna norma formal que impida a China imponer un bloqueo naval o, en última instancia, incluso invadir Taiwán y las amenazas militares estadounidenses sobre…

Groenlandia entran en el ámbito de lo posible, si no de lo probable, para gran consternación de Dinamarca y los europeos. Trump también amenazó a México, Colombia y Cuba (1) . Incluso la burguesía canadiense, que desde hace mucho tiempo forma parte integrante del bloque imperialista dirigido por Estados Unidos, debe empezar a preocuparse dada la disposición de Estados Unidos a tomar por la fuerza lo que tiene los medios para tomar.

El asalto a Caracas no tenía como único objetivo apoderarse del petróleo venezolano y privar de él a China y, de paso, a Cuba. También se trata de presionar y aislar aún más a los gobiernos de América central y del sur que aún no se han alineado con las políticas trumpianas. En particular, el Brasil de Lula está en el punto de mira. Después de Panamá, luego la Argentina de Millei, luego Chile, Ecuador, Perú, etc., el continente sudamericano y centroamericano está siendo sometido. La garra estadounidense se extiende y amenaza. El acceso de China y otros competidores, en particular europeos, a los mercados de América del Sur será cada vez más difícil y su influencia y presencia imperialistas disminuirán en la misma medida.

En el momento de redactar, el destino de Venezuela aún no está definido en lo que respecta al equipo en el poder. Sin embargo, este episodio puso de manifiesto la incapacidad de Rusia y China para proyectar su poder más allá de sus fronteras, una capacidad que, por ahora, solo tiene Estados Unidos. Por lo tanto, fueron incapaces de impedir el bombardeo estadounidense y el secuestro de Maduro, que se había reunido con un enviado del Gobierno chino horas antes de ser capturado por las fuerzas estadounidenses. Esto solo puede animar a los sucesores de Maduro, ya sean del régimen actual o de la oposición proestadounidense – igualmente corrupta y desde siempre (2)– a aceptar los dictados estadounidenses. “Estados Unidos brindará una visión de cómo debe gestionarse Venezuela y esperará que el gobierno provisional la lleve a cabo en un periodo de transición, bajo la amenaza de una nueva intervención militar (3).”

A cambio, las demás potencias imperialistas, empezando por China y sin duda también los europeos, se verán reforzados en su convicción de que para sobrevivir hay que tomar medidas militares, ya que al final solo cuenta la fuerza. La carrera armamentística mundial se acelerará aún más. Peor aún, la ofensiva estadounidense para excluir a China del continente americano forma parte de la política clásica del imperialismo estadounidense conocida como “containment”, la misma que estranguló cada vez más a Japón en la década de 1930 y lo llevó a embarcarse en la aventura de Pearl Harbor. No podemos prejuzgar aquí la eficacia de esta política de estrangulamiento de China en la actualidad. Sin embargo, no cabe duda de que esta no podrá sino reaccionar de una forma u otra, incluso acelerando el desarrollo de su propio poder naval, so pena de aceptar los dictados estadounidenses.

El ataque de Estados Unidos a Venezuela hace que Taiwán se vea más directamente amenazado. Aunque China carece de la capacidad de proyección de poder de Estados Unidos, tiene los medios y los incentivos para utilizar el poder duro cerca de sus propias costas. Puede estrangular económicamente a Taiwán y ejercer presión mediante la incautación de buques mercantes. También puede ejercer presión sobre Estados Unidos restringiendo las exportaciones de galio y minerales de tierras raras, ambos estratégicos y que son materias primas importantes para cualquier plan de Estados Unidos de relocalizar la fabricación de chips avanzados, que actualmente se concentra en Taiwán. Incluso antes de la última escalada con Venezuela, China anunció la construcción de nueve portaaviones para 2035. La carrera hacia la guerra está en marcha y el asalto a Venezuela no puede sino convencer a los últimos indecisos sobre su realidad.

En el caso de Venezuela, el proletariado local e internacional debe abstenerse de apoyar a cualquiera de los bandos, tanto al bando de Maduro, denominado “bolivariano”, como al bando proestadounidense, denominado “democrático”. Apoyar a uno u otro bando solo empeoraría aún más la situación de los trabajadores y asalariados del país, aunque solo fuera porque no podrían servir más que como carne de cañón en caso de conflicto armado. La participación, o incluso el mero apoyo pasivo, a uno u otro bando no haría más que perjudicar cualquier resistencia futura a las condiciones de explotación, salarios, empleo, represión, etc., que no harán más que empeorar, independientemente del gobierno que esté en el poder.

Lo mismo ocurre con los proletarios de los países vecinos de América Central o del Sur, en particular Colombia o Brasil, así como con el proletariado internacional en general. Es probable que las fuerzas de izquierda intenten organizar manifestaciones de apoyo contra el “imperialismo yanqui”. Ya es el caso en Estados Unidos, donde el 3 de enero se celebraron manifestaciones contra la intervención estadounidense en las principales ciudades, como Nueva York, Chicago, San Francisco, Washington, etc. Lo mismo ocurre en Europa y Canadà. A instancias de las fuerzas de izquierda “La France insoumise” y del PCF, se celebró en París una manifestación en la que participaron varios cientos de personas. Sin duda, no es participando en ella como los proletarios pueden aportar una solidaridad efectiva a los trabajadores de Venezuela, ni siquiera a su población en su conjunto. El único terreno en el que pueden expresar su solidaridad de clase es en la lucha contra su propio capitalismo, incluidos contra los gobiernos de izquierda antiamericanos, al menos antitrumpistas, de los presidentes Lula (Brasil) y Gustavo Preto (Colombia).

Pero, sobre todo, el ataque estadounidense interpela un poco más al proletariado de las principales potencias imperialistas que nos precipitan hacia el drama, empezando por Estados Unidos, por supuesto.

La burguesía estadounidense se embarca en una huida hacia adelante que, a pesar de las bravuconadas de Trump y su equipo, apenas disimula una especie de pánico ante su declive y la creciente y masiva afirmación del poder chino. “Estados Unidos nunca permitirá que potencias extranjeras roben a nuestro pueblo (4) y nos expulsen de nuestro hemisferio”, afirma Trump. Pero para defender hoy sus intereses imperialistas al nivel que exige la situación, la burguesía estadounidense también tendrá que redoblar sus ataques contra su propio proletariado. Lo mismo ocurrirá inevitablemente con los demás rivales imperialistas si quieren tener siquiera un asiento en la mesa de juego.

Es una carrera contra el tiempo entre el capitalismo y el proletariado cada vez más empobrecido. El primero, en una situación desesperada, nos está sumiendo en la guerra. El segundo debe hacer frente al empeoramiento de las condiciones de vida y de trabajo como resultado de esta preparación general para la guerra. Revolución proletaria internacional o guerra imperialista generalizada, esa es la alternativa a la que se enfrenta la humanidad. La responsabilidad histórica del proletariado, clase explotada y revolucionaria a la vez, así como la de sus minorías comunistas, se ve aún más comprometida.



Notas

(1) https://www.axios.com/2026/01/03/trump-maduro-venezuela-mexico-sheinbaum 2 .

(2)La burguesía venezolana siempre ha sido una burguesía parasitaria, que vive de las rentas del petróleo. Como resultado, el personal con el que se dota para gobernar el país siempre ha sido de lo más corrupto.

(3) New York Times, Con Venezuela, Trump abre una nueva era de riesgo para EE. UU, January 3th 2026.

(4) Es decir, la burguesía estadounidense considera que el petróleo venezolano le pertenece.

Venezuela: No ser tontos útiles de las oligarquías (de izquierda)

por Rafael Uzcátegui, 04/01/2026

 

El ataque de Estados Unidos a Venezuela es condenable desde muchos ángulos. Por primera vez, el país es bombardeado en su propio territorio por un gobierno extranjero. Pero en política las apariencias suelen engañar. Con la poca información disponible —y observando los hechos y el comportamiento de los actores— la trama del conflicto venezolano parece haber dado un giro inesperado: un golpe interno dentro del chavismo, facilitado por el “imperialismo”.

Los acontecimientos siguen en desarrollo, pero hasta el momento de escribir esta nota hay cuatro hechos que permiten sostener una hipótesis preliminar: el ataque en sí, las declaraciones de Donald Trump, las declaraciones de Delcy Rodríguez y la decisión del Tribunal Supremo de Justicia.

1) El ataque: fuerza aplastante, defensa inexistente

Luego de meses de asedio y presión, y tras ataques contra lanchas que dejaron más de 100 víctimas, el ejército de Estados Unidos atacó Venezuela en la madrugada del sábado 2 de enero. No existe un parte oficial de daños. Según reportes, fueron bombardeados al menos varios puntos de naturaleza militar en Caracas, La Guaira, Aragua y Miranda, con especial foco en Fuerte Tiuna, donde se encontraba Nicolás Maduro.

Hasta ahora, el gobierno no ha publicado cifras de muertos y heridos. El New York Times habla de al menos 40 fallecidos, entre militares y civiles. Se especula que la mayoría de las bajas ocurrieron durante la captura de Maduro.

Lo más llamativo no es solo el ataque, sino la ausencia de respuesta militar venezolana. Pese a que se había anunciado la posibilidad de un operativo de extracción, la reacción fue nula —por no decir inexistente—: no hay imágenes de fuego defensivo ni señales de resistencia sostenida. Algunos analistas ironizaron con que “los helicópteros gringos se pasearon como Pedro por su casa”. La periodista especializada Sebastiana Barráez afirmó que, para ese momento, la mitad del personal militar estaba en “permiso navideño”. Trump, por su parte, aseguró que no hubo pérdidas de equipamiento ni incidentes con el personal estadounidense durante la operación.

2) Trump: la confesión implícita de un nuevo guion

El segundo acto fue la rueda de prensa de Donald Trump, donde ratificó la captura de Nicolás Maduro y de Cilia Flores. Ahí soltó frases que, juntas, suenan menos a propaganda y más a señales de un arreglo: dijo que había “hablado largamente con Delcy Rodríguez”, que “Rodríguez haría todo lo que ellos dijeran”, que “gobernaría a Venezuela durante un tiempo”, y remató desestimando a María Corina Machado con una frase deliberadamente humillante: “una mujer bonita, pero sin respaldo dentro de Venezuela”.

Más allá del tono, el mensaje central fue claro: Trump ubicó a Delcy como interlocutora y como pieza de transición.

3) Delcy: antiimperialismo de trámite, omisiones cruciales

Después habló Delcy Rodríguez. Usó, sí, la jerga antiimperialista típica del chavismo y dijo que Venezuela “no sería una colonia”. Pero su discurso tuvo un centro distinto: exigir una fe de vida de Maduro y exhibir una carpeta con el supuesto decreto de “estado de conmoción exterior” —un articulado cuyo texto nadie conoce— para pedirle al TSJ [Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela] una interpretación.

Y, sobre todo, su primera alocución estuvo llena de omisiones y giros difíciles de ignorar:

- Desconvocó las movilizaciones que otros voceros chavistas habían promovido contra el ataque, y pidió “calma” y “quedarse en casa”.

- No dio cifras de muertos y heridos ni habló de la magnitud de los daños.

- Se apartó de la narrativa de “ataque contra la población” y, pese a algunas frases duras, sonó inusualmente condescendiente con Estados Unidos luego de una agresión de esa escala.
En una situación así, lo que no se dice suele decir más que lo que se pronuncia.

4) El TSJ: el atajo para no llamar elecciones

Finalmente, la decisión del Tribunal Supremo de Justicia. Meses antes, Nicolás Maduro había hablado de activar un “decreto de estado de conmoción exterior” en caso de agresión. Su contenido, hasta ahora, se mantiene en secreto. Lo relevante no es el misterio: es la utilidad política. Ese decreto, supuestamente, incluiría una fórmula para definir quién ejerce funciones presidenciales en caso de ausencia.

Delcy pidió una “interpretación” al TSJ y el tribunal respondió con velocidad: la nombró “presidente encargada”.

El problema es que la Constitución no contempla la figura de “presidencia encargada”, “provisional” o “interina” en caso de ausencia del presidente. El artículo 233 establece que si hay falta absoluta antes de cumplirse cuatro años del período, el Vicepresidente Ejecutivo asume para convocar nuevas elecciones en 30 días (y juramentar al electo, según el procedimiento). Con la simulación del “decreto de conmoción”, Delcy evita el punto decisivo: no declara la falta absoluta y no convoca comicios.
Dicho de forma simple: el TSJ fabricó una salida para conservar el poder sin pasar por la ruta constitucional.

El trasfondo: una facción preparada para administrar la continuidad

Delcy Rodríguez y su hermano Jorge Rodríguez han sido piezas centrales de la cúpula chavista durante años. A Jorge se le atribuye inteligencia fría, capacidad de maniobra y talento para negociar: ha dirigido la parte oficial en distintos procesos, incluido el Acuerdo de Barbados. También ha tejido puentes con empresarios, partidos “opositores” y sectores de sociedad civil que han sido calificados como “normalizadores”.

En los últimos meses, además, se habría promovido en Estados Unidos una operación de posicionamiento —incluyendo entrevistas en medios— para presentar a Delcy como una figura “confiable” y “moderada”. Si esto es así, entonces lo ocurrido no sería un accidente: sería la fase operativa de un plan.

Conclusión: no es la “clásica invasión”; es algo más turbio
Tendremos más datos en las próximas horas, pero hasta ahora todo apunta a una situación sorprendente: una facción del chavismo habría entregado a Maduro para conservar el control del poder, con apoyo o aval de Estados Unidos.

Si en este momento estás genuinamente indignado por la incursión estadounidense —y con razón: el precedente es terrible—, no te conviertas en tonto útil de las oligarquías de izquierda. Esto no parece la postal simplona de una “invasión imperialista” tradicional. Huele más bien a reacomodo interno, a sustitución controlada y a continuidad maquillada. Una traición negociada.
No me creas a mí. Busca, contrasta, conecta los puntos, hazte preguntas. Y, sobre todo: piensa por ti mismo.

viernes, 28 de noviembre de 2025

DE GAZA AL CONFLICTO GLOBAL. GUERRA CAPITALISTA Y SOLIDARIDAD INTERNACIONALISTA

Asamblea Internacionalista contra la Guerra

Este texto fue publicado originalmente en griego el 7 de julio de 2025, luego de la conformación en Atenas de la “Asamblea Internacionalista contra la Guerra”, espacio colectivo conformado por múltiples voluntades provenientes de diversas vertientes revolucionarias del medio antagonista radical —comunistas, anarquistas, antiautoritarios, autónomos, etc.—. L@s compañer@s frente a la masacre perpetrada en Gaza por el Estado de Israel, la guerra entre Ucrania y Rusia y otros conflictos armados, defienden de manera intransigente una perspectiva autónoma proletaria, internacionalista y anticapitalista, rechazando toda lógica de identificación con los bandos beligerantes en confrontaciones interestatales e interimperialistas (EE.UU. / China), que se están intensificando en la actual fase de crisis del capital mundial.

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Gaza: de un ataque genocida a desplazamientos masivos y limpieza étnica

Durante más de 20 meses, Israel ha lanzado un ataque sin precedentes contra la población palestina de Gaza. La guerra librada por Israel se dirige deliberadamente contra objetivos civiles, adquiriendo proporciones genocidas y destruyendo casi por completo infraestructuras, viviendas, hospitales, escuelas y vidas humanas. Ha provocado el desplazamiento masivo de palestinos de sus hogares, con el objetivo final de llevar a cabo una limpieza étnica que facilite la expansión de los asentamientos bajo la visión de establecer un “Gran Israel”. Simultáneamente, las operaciones militares de Israel en Gaza y en la región en general (Líbano, Siria, Irán) sirven de punta de lanza para que el bloque imperialista “occidental” cambie la dinámica de poder e imponga un nuevo orden en Medio Oriente, directamente vinculado al conflicto más amplio entre bloques imperialistas. Evidentemente, estas operaciones militares han dado sus frutos, debilitando a Hezbolá en el Líbano, contribuyendo a la caída de Assad, disminuyendo la influencia de Rusia en Siria y asestando importantes golpes a Irán.

La expansión de la guerra en Medio Oriente: crisis capitalista y rivalidad imperialista

Esta expansión de la guerra en Medio Oriente, con el apoyo activo de Estado Unidos y su participación directa en el conflicto militar, marca una escalada cualitativa. El peligro de una guerra regional más amplia y, posiblemente, mundial es ahora más real que nunca, como lo demuestran la continua guerra entre Ucrania y Rusia, la creciente tensión en el Mar del Sur de China entre China y Taiwán, el conflicto entre Pakistán y la India, el rápido rearme de los países europeos y el intento de fortalecer el militarismo y la militarización de la sociedad en todo el mundo. Es la crisis capitalista la que impulsa el aumento de la rivalidad interestatal y la escalada de los conflictos militares.

La guerra actúa como “destrucción creativa” y como mecanismo para superar el estancamiento y reproducir la dominación capitalista, entre otras cosas, mediante la limpieza violenta de un proletariado excedente.

Los palestinos de Gaza como proletariado excedente y las múltiples facetas del racismo antipalestino

Esto describe con precisión la condición de la abrumadora mayoría de la
población palestina de Gaza. En la década de 1980, casi el 45% de la población de Gaza trabajaba en Israel en empleos mal pagados y sin derechos laborales. Completamente privados de las protecciones otorgadas a la clase trabajadora israelí, los palestinos servían como ejército de reserva de mano de obra barata. Durante la década de 1990, los trabajadores palestinos fueron reemplazados cada vez más por migrantes de Tailandia, Filipinas y Rumania, que hoy representan la mano de obra más explotada en Israel, a menudo ganando incluso menos que los palestinos. Desde 2007, con el bloqueo total de Gaza por parte de Israel y Egipto, y el establecimiento de un estado de sitio, hasta el 7 de octubre de 2023, el número de residentes de Gaza que trabajaban en Israel se redujo a sólo el 1% de la población.

La economía de Gaza sufrió un daño masivo, con importaciones y exportaciones realizadas sólo ilegalmente a través de túneles en la frontera egipcia, lo que llevó a una tasa de desempleo en torno al 50% y a que casi la mitad de la población de Gaza dependiera exclusivamente de programas de ayuda humanitaria para sobrevivir. Es evidente que esta población representa un proletariado excedente totalmente desechable tanto desde la perspectiva de la economía israelí como de la imposición de la “pureza nacional” en la región. Esto ha fomentado un racismo extremo contra la población palestina de Gaza dentro de la sociedad israelí, llegando al punto de deshumanización. Los palestinos son etiquetados como “animales humanos”, e incluso el presidente de Israel, afiliado al Partido Laborista, declaró que en Gaza “no hay inocentes”. Esta ideología nacionalista de Estado legitima aún más la masacre y la guerra dentro de la sociedad israelí, construye la narrativa defensiva que el Estado de Israel necesita para justificar la agresión militar en Gaza y articula las ambiciones expansionistas territoriales de Israel.

Sin embargo, el racismo antipalestino también existe en muchos países árabes. La mayoría de los refugiados palestinos permanecen indocumentados y apátridas en los Estados árabes vecinos, a menudo confinados en campos de refugiados sin libertad de movimiento. Son tratados como forasteros, como una carga para la economía local y como un “cuerpo extraño” frente a la población local, como ocurre hoy con los refugiados en todo el mundo, sirviendo como chivos expiatorios de los males sociales. Además, son vistos como una fuerza desestabilizadora, con segmentos políticamente radicalizados de refugiados palestinos históricamente involucrados en conflictos armados con las autoridades estatales (por ejemplo, “Septiembre Negro” en Jordania), participando en la guerra civil del Líbano, y apoyando a Irak durante la invasión de Kuwait, lo que resultó en el desplazamiento de entre 300.000 a 400.000 palestinos de Kuwait después de 1991 y restricciones migratorias más estrictas en otros Estados del Golfo. Los proletarios palestinos han sido tratados sistemáticamente por los Estados árabes como peones y no como seres humanos en el tablero diplomático y militar de Medio Oriente.

En Europa y, más ampliamente, en el mundo “occidental”, el racismo antipalestino se ha visto reforzado en los últimos años como una versión de un racismo más amplio contra los musulmanes, promovido sistemáticamente en los últimos años tanto por las teorías de extrema derecha del “gran reemplazo”, como por el pánico moral cultivado por los gobiernos —tanto socialdemócratas como de derechas— ante la entrada de musulmanes en Occidente. El descontento por el declive del nivel de vida se dirige así hacia los segmentos más vulnerables de nuestra clase, desviando la ira de las relaciones sociales capitalistas. En estas odiosas narrativas racistas se presenta a Israel como un baluarte de la “civilización occidental” contra la “barbarie islámica”. Esto parece paradójico, dado que la retórica de extrema derecha que atribuye los planes de “sustitución de población” a la “élite global” es estructuralmente antisemita. Por el contrario, la solidaridad con los palestinos, que también ha crecido dentro de los grupos sociales más progresistas, frecuentemente carece de contenido de clase y se articula sobre la base de una mitología reaccionaria acerca del carácter revolucionario de Hamás y sus organizaciones aliadas, que en realidad representan políticas de opresión nacionalistas y capitalistas, a menudo estrechamente vinculadas a una ideología religiosa estatista. Hemos visto cómo esta posición se desarrollaba aún más con el apoyo abierto de Estados como Irán y Rusia, es decir, el apoyo de uno de los campos imperialistas. En cuanto a Hamás, no cabe duda de que es el personal político y militar de una sección de la clase dominante palestina que ejercía el poder en Gaza. Como tal, participó en la explotación del proletariado palestino tanto como fuerza de trabajo —mediante la imposición de impuestos y aranceles sobre el comercio realizado a través de los túneles— como mediante la extracción de ingresos procedentes de la gestión de la “ayuda humanitaria” para las necesidades de la población y el apoyo financiero de Irán y Qatar.

Hamás y sus organizaciones afiliadas tienen el monopolio de la violencia y las armas, en contraste con cualquier tipo de violencia revolucionaria de clase. Por otra parte, la gran mayoría de la población de Gaza sigue siendo un proletariado excedente desechable; carne de cañón.

Hamás y la trampa del “campismo antiimperialista”

Sobre esta base, el ataque del 7 de octubre de Hamás y sus colaboradores en Israel fue un acto de guerra por parte de lo que hasta entonces había sido la autoridad estatal de facto en Gaza. No fue un acto de resistencia por parte de un movimiento, ni tuvo un carácter proletario o revolucionario. No puede servir de modelo ni de brújula para las luchas proletarias. Su objetivo principal era invertir la situación que se estaba configurando con los Acuerdos de Abraham y alterar el equilibrio geopolítico en Medio Oriente. En segundo lugar, sirvió temporalmente para abordar la crisis de legitimidad interna de Hamás en Gaza; como demostraron las recientes manifestaciones masivas contra Hamás. Considerando el resultado, es decir, la respuesta absolutamente atroz del Estado israelí, el ataque no sirvió —ni podría haber servido— a los intereses y necesidades de la población palestina, que ya vivía en condiciones de apartheid y desplazamiento por parte del Estado israelí. Apuntó a objetivos militares y no militares por igual e intentó aterrorizar a la población enemiga, como cualquier acción militar estatal, aunque a una escala mucho menor. Sin embargo, contar cadáveres y comparar masacres es ajeno a cualquier perspectiva proletaria. La inmensa mayoría de los muertos en la guerra capitalista son nuestros propios muertos.

 

Grecia del lado de Israel: intereses económicos y rivalidades geopolíticas

Como ya se ha mencionado, la guerra de Gaza forma parte de un conflicto imperialista más amplio. El Estado griego ya nos está involucrando de lleno dentro de este conflicto, aumentando el gasto militar, proporcionando instalaciones y participando activamente en los planes de batalla del bloque “occidental”. Por un lado, hay razones económicas inmediatas por las que el gobierno griego apoya a Israel: la cooperación entre el capital griego e israelí desde armamento (INTRACOM Defense) hasta bienes raíces y desde el proyecto de interconexión eléctrica Grecia-Chipre-Israel hasta muchas otras colaboraciones sectoriales. Aún más importante es la alianza entre Grecia e Israel contra el creciente poder geopolítico de Turquía. En este contexto, se ha formado un frente informal Grecia-Chipre- Israel con ejercicios militares conjuntos, planes (abortados) para construir un gasoducto de gas natural (EastMed) que sortearía las redes de distribución rusas, intercambio de información, coordinación diplomática sobre la definición de Zonas Económicas Exclusivas, etc. Por otro lado, está el contexto más amplio de la competencia entre los bloques imperialistas “occidentales” y los llamados  “euroasiáticos”. Esto incluye el plan para conectar India, Medio Oriente y Europa (IMEC), que evitará rutas marítimas como el Canal de Suez, el Estrecho de Bab el-Mandeb y potencialmente incluso el Estrecho de Ormuz, quitando poder geopolítico a los Estados que actualmente los controlan. Este plan cuenta con el apoyo de Estados Unidos, la Unión Europea, Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos e India. Aunque este plan no tenga éxito, como suele ocurrir con este tipo de planes, es un método para ejercer influencia geopolítica sobre las partes implicadas.

De la crisis de la “globalización” al capitalismo de Estado y la economía de guerra

El apoyo de Grecia a Israel no está relacionado únicamente con los intereses económicos directos del capital griego o con los intereses geopolíticos inmediatos del Estado griego. Más bien, refleja cambios más amplios tanto en el sistema global de Estados-nación capitalistas como en los regímenes de acumulación dentro de las
formaciones sociales nacionales económicamente avanzadas. La crisis capitalista desde 2008 también ha sido una crisis del modelo de “globalización”, evidenciada por el resurgimiento del proteccionismo, con la imposición y el aumento de aranceles al comercio internacional.

Esta nueva era de proteccionismo coincide con un aumento de la intervención estatal, lo que señala el surgimiento de una nueva forma de “capitalismo de Estado”, caracterizado por economías de guerra y significativas inversiones desde los llamados “fondos soberanos de riqueza”, que se han expandido enormemente en los últimos años. Las grandes potencias están desarrollando sistemas de planificación destinados a aumentar su poder económico y militar, reemplazando los vínculos económicos mundiales regulados por el mercado e inaugurando una nueva fase de reproducción capitalista. Esta es también la base de la intensificación de la rivalidad imperialista y de los conflictos militares para asegurarse tierras, recursos y mano de obra. Esta es también la razón del consenso entre todos los partidos (excepto el Partido Comunista Griego) sobre el aumento del gasto militar en el marco del programa ReArm Europe. Los principales bloques en la nueva escalada del conflicto por las materias primas, los mercados, el liderazgo tecnológico, las esferas de influencia y la hegemonía cultural son, por un lado, Estados Unidos como potencia hegemónica existente y, por otro, China como potencia imperialista emergente con ambiciones de hegemonía global.

Estados Unidos cuenta con el apoyo de las principales potencias de la Unión Europea, Japón, Reino Unido y Australia, junto con Israel y Arabia Saudí; opuestos a ellos, alineados con China, están Rusia, Bielorrusia, Irán y Corea del Norte. Otros poderosos países del “Sur Global” —India, Brasil, Indonesia y Sudáfrica— aún no se han alineado definitivamente con ninguno de los dos bloques. En este  conflicto, Grecia se alinea con el bloque imperialista “occidental” y lo apoya. Además, con su participación en este conflicto, pretende mejorar su posición y poder regionales, por ejemplo, mediante el posible establecimiento de una Zona Económica Exclusiva (ZEE) más amplia, como lo demuestra la presencia de buques de guerra en el mar de Libia. Por supuesto, estas formaciones no son monolíticas y no excluyen la cooperación entre países pertenecientes a bloques diferentes. Al fin y al cabo, se trata de “hermanos enemigos”: la competencia no excluye la cooperación, que puede ir seguida de un conflicto armado.

Contra el “campismo”: una respuesta de clase internacionalista a la guerra capitalista

Si no resistimos ahora por todos los medios posibles a esta escalada bélica, pronto nos encontraremos entre la espada y la pared. Desde la perspectiva de los intereses proletarios, no existen guerras “justas” o “defensivas”. Tales distinciones son una mistificación que oculta el conflicto entre capitales nacionales y bloques imperialistas por el control de los mercados de capitales y materias primas, esferas de influencia y mano de obra barata. Cada parte envuelta en una guerra presenta su propio papel como “defensivo” y “justo”. Una victoria del Estado más débil lo hace más fuerte, reiniciando de nuevo el círculo vicioso, como lo ha demostrado la experiencia histórica. La derrota de un poder estatal más fuerte implica necesariamente el fortalecimiento del Estado-nación oponente y la movilización de la población en torno a él. Cualquier resistencia de clase debe ser aplastada para imponer la paz social y la unidad nacional.

En el pasado, el apoyo a los nacionalismos “débiles” y a sus respectivos Estados se disimulaba tras el fortalecimiento del llamado campo socialista. Hoy, ausente incluso esta pretensión, se abandona la crítica al capitalismo en favor de las distinciones culturales entre Occidente y Oriente o Norte y Sur, proclamadas por la ideología “anticolonial” y las políticas identitarias contemporáneas. Esta distinción es claramente irracional, mítica y reaccionaria, ya que el capitalismo es un sistema universal y global: “[ha] convertido todo el planeta en su campo de operaciones”, aunque la opresión religiosa, étnica y nacional obviamente sigue existiendo y no es “privilegio” de Estados específicos. La antigua y espectacular pseudo dicotomía, capitalismo versus “socialismo”, ha sido reemplazada por una nueva, desprovista de toda pretensión de emancipación social, como lo ejemplifica el apoyo “antiimperialista” a Irán, Rusia o China, salvo por la invocación de una hueca “teoría de las etapas”. El apoyo a un campo
imperialista, o campismo, es inherente a la ideología antiimperialista porque proporciona un análisis de arriba hacia abajo enfocado en los conflictos entre Estados, en lugar de una perspectiva proletaria arraigada en el conflicto global entre el capital y el proletariado. El apoyo a las fuerzas del “otro bando” y a los movimientos de liberación nacional asociados a ellas ni siquiera puede provocar el derrocamiento del imperialismo, que es inherente al capitalismo. Objetivamente, la posición política de apoyar a un bando imperialista allana el camino para la militarización más amplia de la sociedad y la guerra capitalista. Los antiimperialistas llegan incluso a apoyar los programas nucleares de supuestos “Estados débiles”, lo que puede conducir a la culminación de la guerra capitalista y a la destrucción total.

La única salida a la espiral bélica es la acción proletaria internacionalista con un claro carácter anticapitalista. Nos negamos a ser cómplices de cualquier ejército y de cualquier Estado. No apoyaremos a ninguno de los bandos en guerra. La única solución frente a la guerra es la organización autónoma de clase que lucha contra el capital y el Estado en nuestro propio país y el apoyo práctico a los que se niegan a hacer el servicio militar. También implica el apoyo a los desertores y objetores de conciencia del “otro bando”, así como la solidaridad práctica con los colectivos políticos y sociales que luchan contra la guerra capitalista en Rusia, Ucrania, Israel, Palestina, Irán y en todas partes. En lugar de esta práctica, que es la condición mínima necesaria para no convertirnos en carne de cañón del capital, presenciamos calumnias inaceptables sobre el “colaboracionismo” y la “traición nacional” contra los camaradas anarquistas y comunistas y, más ampliamente, contra los colectivos de la clase trabajadora (por ejemplo, en Irán). Precisamente en este contexto, debemos expresar nuestra solidaridad con los —ciertamente escasos— objetores de conciencia en Israel, así como con aquellas fuerzas dentro de Israel que se resisten al genocidio que se está llevando a cabo en Gaza. La identificación de toda la población con su Estado es falsa, como demuestra el hecho de que 100.000 reservistas no se presentaran a filas tras la ruptura del alto el fuego por parte del Estado israelí. Hay que confrontar los incidentes de odio nacionalista israelí cuando ocurran. La lógica de los ataques indiscriminados contra turistas israelíes es racista, ya que atribuye la responsabilidad colectiva a toda la población, a la vez que debilita la ya débil corriente de oposición a la guerra dentro de Israel.

Estamos en contra de la guerra capitalista y de cualquier implicación del Estado griego en ella, en contra de la militarización de la sociedad y del aumento del gasto militar que se produce a expensas del salario social. Luchamos por la creación de un movimiento proletario internacionalista que no se someta a los intereses nacionales, al Estado y al capital, expresando solidaridad práctica con los colectivos proletarios y políticos —comunistas y anarquistas— que luchan en los países devastados por la guerra.

Nuestro objetivo es construir lazos y comunicación con los proletarios internacionalistas. Sólo a través de la unidad global del proletariado podremos derrocar esta barbarie impuesta por los Estados y el capital. No debemos dejarnos arrinconar, sino acabar con la guerra capitalista luchando contra quienes la provocan. Nuestra guerra no es nacional ni religiosa. Es una guerra de clases social y antiestatal.