tomado de La Caja: Herramientas para el debate (Facebook)
Argentina, 03/01/2026
La captura de Nicolás Maduro tras una intervención militar norteamericana debe inscribirse como otro episodio más de la disputa global entre el capital norteamericano y el chino. Esa disputa, de índole comercial, ya ha trascendido al escenario militar tal como vimos en Ucrania, Irán, Gaza y, tarde o temprano, veremos en Taiwán.
Hasta el momento, EEUU sigue imponiéndose en aquel terreno, como vimos en la paliza a Irán y acabamos de ver en Venezuela, en una operación similar pero, acaso, más sencilla que aquella donde Bush Padre capturó a Noriega, presidente panameño. No obstante, la fragmentación a la cual está destinada Ucrania, en una guerra que sólo continúa para desgastar al eje chino-ruso, anticipa la suerte que puede correr Taiwán, esto es, su anexión a China.
Por ello mismo, como parte de una disputa donde EEUU parece declinar en lugares estratégicos ante el ascenso chino, la política para Latinoamérica se muestra más agresiva, sobre todo porque pareciera que EEUU piensa en una acumulación de capital a escala continental como forma de competir con el capital chino.
En este sentido, no es diferente el salvataje del Tesoro norteamericano a Milei que la captura de Maduro, esto es, la administración de Trump parece estar dispuesta a no admitir gobiernos prochinos, si es necesario poner la friolera de 20 mil millones de dólares, lo ponen, si es necesario secuestrar en forma ilegal al líder del gobierno de un país, lo hacen.
Queda por ver cómo se desarrolla la situación, si hay una transición encabezada por elementos de la propia dictadura venezolana o asume la oposición con algún acuerdo con aquellos elementos, sostenidos por Estados Unidos, hasta un llamado a elecciones libres. La posibilidad de un contraataque del régimen parece lejana, habida cuenta que en Caracas no hay, al momento, movilización social en favor de Maduro y, ante todo, porque la facilidad del ataque estadounidense mostró que la oposición militar no existe.
Esto no quita que el chavismo, como forma de gobierno, se haya terminado, en tanto la enorme porción de obreros sobrantes para el capital que deja la “revolución bolivariana” requerirá la continuidad de políticas asistencialistas.
Por otro lado, mucho se habla, en estos momentos, de que el interés, en verdad, es el petróleo. Pues bien, primero, Estados Unidos consume 25 millones de barriles de petróleo diarios y produce unos 14 millones de bpd. Tiene un déficit de 11 millones de bpd.
Segundo, Venezuela, actualmente, produce 1 millón de bpd. ¿Cuánto producía antes? Previo a Maduro la producción era de 2.5 millones de bpd y el pico se alcanzó previo a Chávez con una producción de 3.5 millones de bpd. Esto es, aún si Venezuela triplicara la producción petrolera actual y toda ella fuera para el consumo norteamericano, el déficit sería de 7.5 millones de bpd.
Tercero, ya hay capitales norteamericanos explotando petróleo venezolano, como por caso Chevron, que produce unos 300 mil bpd, siendo la empresa individual que más produce y también está Citgo, la empresa de capital estadounidense que realiza el refinamiento del crudo venezolano.
Cuarto, dado que el 90% de la producción petrolera venezolana se destina a la exportación y, a su vez, que el 90% de las exportaciones son a China, resulta difícil pensar en que la intervención responde al interés petrolero.
Quinto, al margen de todo aquello, hay una razón más de peso sobre la conveniencia del petróleo venezolano. Puesto que ese crudo es pesado, existe un costo adicional para su refinado. Por caso, el crudo de Arabia Saudita precisa un costo adicional de 5 dólares por barril para el refinado, el de Irán, Irak, Kuwait unos 8 dólares por barril. El ruso unos 15 dólares. ¿Y el venezolano? Unos 20-30 dólares por barril. Con un precio internacional de 65 dólares en la actualidad, no parece muy rentable.
Sexto, sería conveniente, cuando se denuncia injerencia extranjera o imperialismo en torno al petróleo, que se investigue el acuerdo que Maduro firmó con China Concord Resources Corp (CCRC), empresa privada y no estatal.
Por último, es necesario en estos casos despejar la maleza ideológica si lo que intentamos es comprender la realidad con vistas a intervenir en la misma lejos del binarismo burgués que suele dominar todo análisis político: pequeño capital o capitales más eficientes, donde el interés universal de la clase obrera está ausente.
Obviamente que la acción de EEUU no se debe al combate al narco ni busca llevar “libertad”, obvio que es violatoria de la autonomía nacional, es cierto que es una agresión al derecho internacional y todas las aberraciones institucionales que quieran, pero ya debiera quedar claro que el derecho internacional no existe, en tanto ante igualdad de derechos, prima la fuerza.
Pero no menos obvio es que la dictadura venezolana no sólo produjo una catástrofe económica que llevó a una diáspora de 7 millones de personas, redujo la producción de petróleo a un tercio de lo que producía hace tres décadas, llevó adelante un régimen represivo que transforma a Patricia Bullrich y a Sergio Berni en Heidi y Pedro en los Alpes, con 18 mil presos políticos y más de 10 mil ejecuciones extrajudiciales por parte de las fuerzas de seguridad del régimen. Esto es, estamos ante un gobierno reaccionario en toda la línea que no se puede defender y así lo prueba la propia clase obrera venezolana, tanto la que festeja en el exilio como aquella que no está moviendo un dedo en Caracas.
Lamentablemente, para terminar, la propaganda será que el “socialismo” hundió a Venezuela y EEUU la salvó. Lamentablemente EEUU hizo la tarea que no pudo no supo hacer la propia clase obrera venezolana. Esa limitación debemos atender si lo que buscamos es desplegar una acción política revolucionaria.
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