viernes, 27 de junio de 2025

Frente a las guerras: militarismo y masculinismo en la izquierda

por Agnes de Oliveira
Brasil, 18/06/2025
Original: https://quilomboinvisivel.com/2025/06/19/diante-das-guerras-militarismo-e-masculinismo-na-esquerda (traducción no profesional)

«La masculinidad moderna no está hecha de testosterona, sino de gasolina y pólvora.» (Paul Preciado, Disforia Mundi)

«Aunque sólo sea por eso, es precisamente el auge del principio masculino del "trabajo abstracto como fin tautológico en sí mismo" lo que ha provocado el confinamiento doméstico y la represión de las mujeres en la historia occidental, produciendo en última instancia la pérdida de la dimensión sensible de las relaciones humanas, la destrucción de la naturaleza y la amenaza de una guerra nuclear.» (Roswitha Scholz, El valor es el hombre)


El viernes 13 de junio, Israel declaró la guerra a Irán bombardeando una serie de instalaciones nucleares, refinerías de petróleo y zonas residenciales de Teherán, Natanz y otras ciudades, matando a 78 personas, entre civiles (incluidos niños), militares de las Fuerzas Armadas y de la Guardia Revolucionaria, y científicos.[1] En una justificación que recordaba a la guerra de Irak, y anticipándose ya a las represalias, las FDI alegaron "ataques preventivos" contra una supuesta amenaza que suponía el programa nuclear iraní, a pesar de que Irán no había amenazado a Israel ni tenía armas nucleares.[2] Tanto en 2003 como ahora, es el mismo mecanismo el que funciona para crear lo que se pretende matar, en el que la producción de la diferencia racial y cultural realiza su trabajo de autorizar la violencia contra las "fuerzas del mal".

La guerra se declaró dos días antes de la reunión sobre el acuerdo nuclear entre Irán y Estados Unidos. Trump, por su parte, no sólo había sido informado del ataque, sino que se había pronunciado públicamente apoyando a Israel, justificando la "necesidad" de la guerra y culpando a Irán de no abandonar su programa de enriquecimiento de uranio.[3] Merece la pena mencionar otras dos observaciones sobre la fecha del ataque: 1) Pocos días antes del ataque de Israel contra Irán, la coalición de Netanyahu corría el riesgo de disolverse y convocar elecciones anticipadas. No es ningún secreto, por cierto, que Netanyahu utiliza las guerras para mantenerse en el poder y escapar a la posibilidad de ser condenado y encarcelado; 2) Los atentados se llevaron a cabo cuatro días antes de la conferencia de la ONU sobre la solución del conflicto mediante la creación de dos Estados. La conferencia fue aplazada el mismo viernes 13, cuando comenzó la guerra.[4] Tras seis días de guerra, con más de 240 muertos, la mayoría civiles i
raníes, es evidente el interés de EEUU e Israel en una escalada bélica. Trump, por ejemplo, se negó a firmar la declaración del G7 para desescalar la guerra, incluso ordenó la evacuación de Teherán y amenazó de muerte al ayatolá Ali Jamenei. [5] Más que eso, la situación expresa cómo la guerra es tanto un producto como un medio para intensificar la lógica de aniquilación no sólo del Estado de Israel, sino global y autodestructivamente del propio capitalismo, como en el caso de la guerra entre Ucrania y Rusia.[6]

El capital global, en sus diversas "guerras de orden mundial" promovidas por el imperialismo de seguridad, sólo puede preservarse, en medio de su crisis estructural, violando constantemente el derecho internacional.[7] Lo que estamos viendo ahora es una aceleración y profundización del colapso del derecho internacional. En este proceso, el papel de Israel en Oriente Medio ha sido bien definido por el propio canciller alemán: "Este es el trabajo sucio que Israel hace por todos nosotros".[8]

Al mismo tiempo que la guerra, Israel sigue profundizando el genocidio en la Franja de Gaza. También lo ha hecho con el apoyo y la financiación de milicias: tanto en Gaza, para contrarrestar a Hamás, como la milicia Al Shabaab, como en Cisjordania, mediante la formación de milicias de colonos israelíes. También el lunes (16), Israel llevó a cabo un ataque en el que murieron al menos 59 palestinos, y el miércoles (18) hubo otro ataque en el que murieron más de 400 palestinos.

Estamos, pues, ante la intensificación de la producción de muerte, que se ha convertido en un fin en sí mismo a escala ampliada. No en vano, los grandes medios de comunicación, los comentaristas y los expertos se encuentran perdidos en medio de la falta de perspectiva de la guerra.

En este escenario, sin embargo, también podemos ver manifestaciones militaristas y de apoyo a la guerra por parte de la izquierda. Al igual que la extrema derecha, pero con signo inverso, parte de la izquierda ve la guerra como "necesaria" para detener militarmente el genocidio en Gaza, apoyando a Irán en esta escalada militar. En ambos casos, estamos ante un "belicismo moral", referenciado desde un punto de vista nacional, que proporciona legitimación a las propias guerras del imperialismo global. Argumentamos aquí que esta posición de la izquierda no puede entenderse sin su relación con el masculinismo de crisis, el militarismo sacrificial y su economía libidinal subyacente.

Masculinismo de crisis y militarismo de sacrificio

El auge de un "masculinismo de crisis" dentro de la izquierda, que remite a una crisis del propio patriarcado capitalista, es cada vez más observable, por ejemplo, en el crecimiento de las posiciones antiminorías (o "antiidentitarias"), el nacionalismo y, como veremos, la defensa del militarismo. Como ya se ha señalado, el masculinismo no sólo concierne a los "hombres" como individuos empíricos, ni se deriva de ninguna determinación biológica. Más bien, es una forma de relación social de dominación sin un sujeto preexistente, dentro de la cual el sujeto se produce como masculino. Como tales, las mujeres cis y las minorías de género y sexualidad pueden no sólo defender posiciones políticas masculinistas, que refuerzan esta forma de dominación, sino también, al ocupar posiciones políticas estructuralmente patriarcales, llevar a cabo la dominación masculina desde una "doble socialidad", sin que las jerarquías de género dejen de existir. La figura de Ursula Von der Leyen, presidenta de la Unión Europea, personifica bien esta situación, ya que actualmente es la responsable de llevar a la Unión Europea a una carrera armamentística.[9] Pero algo similar podría decirse de figuras políticas como Carla Zambelli y Damares Alves, o del propio feminismo transexcluyente en afinidad con la política de extrema derecha y sus conspiraciones antisemitas, que acaban reforzando el propio patriarcado.

Frente a la guerra, en la izquierda y en la derecha, el masculinismo se manifiesta en su nexo interno con el militarismo, orientando la adhesión inmediata, como espectadores y aficionados, a los procesos (auto)sacrificiales resultantes de la escalada militar global. Esta dinámica sacrificial y su supuesto régimen libidinal no son ajenos a una crisis del propio Sujeto moderno -siempre ya patriarcal- que ve sus bases sociales de autoafirmación cada vez más socavadas por la crisis, descargando, en una dinámica competitiva de aniquilación, la violencia contra el mundo exterior y, al final, contra sí mismo. En consecuencia, la crisis del Sujeto se convierte también en una crisis del "Sujeto Revolucionario" bajo el paradigma de la soberanía y la autodeterminación mediadas por la estatalidad. Esta crisis del sujeto se expresa, por ejemplo, en el crecimiento de las figuras masculinas de los mártires y de los actos de amok suicidas y "sin perspectiva", con los que los hombres de izquierda y de derecha, sobre todo, establecen relaciones de identificación. Del ayatolá Jamenei a Netanyahu, de la Guardia Revolucionaria a las Fuerzas de Defensa de Israel.[10]

En un pasaje poco comentado de Necropolítica, al tratar de la situación de apartheid en Palestina, Achille Mbembe aborda la lógica del martirio, caracterizada por la figura del "terrorista suicida". Lo que caracteriza esta lógica es que "mi muerte va unida a la muerte del otro". El asesinato y el suicidio se llevan a cabo en el mismo acto. Y, en gran medida, resistencia y autodestrucción son sinónimos". El cuerpo, a su vez, ya no tiene valor en sí mismo, sino que se convierte en el soporte de un "proceso de abstracción basado en el deseo de eternidad", dentro del cual "el sujeto triunfa sobre su propia mortalidad". Esta relación entre autodestrucción y libertad, como manifestación de un proceso de abstracción en el que el cuerpo carece de valor determinante, no es el resultado de una codificación islámica y religiosa "arcaica" o "premoderna". Como muestra Mbembe, esta lógica está en la base de la metafísica del sujeto moderno y de su concepción de la libertad como autodeterminación, que en situaciones de terror y excepción alcanza sus formas más brutales de manifestación, en las que coinciden la autoafirmación y la autoaniquilación.

Sin embargo, la tendencia actual a la autoaniquilación se refiere a un proceso social más amplio de autodestrucción del propio patriarcado capitalista y su pulsión de muerte. Como argumentó Kurz en War of World Order: «La 'sed de muerte' no es un motivo específicamente islámico, sino más bien el grito universal de desesperación de una humanidad que se autoejecuta en su forma de mundo capitalista». De ahí el continuum  que encontramos desde las figuras del terrorista suicida, los sujetos masculinos amojamados y los adolescentes asesinos, hasta la propia dinámica de los Estados con sus aparatos de violencia y el imperialismo de seguridad "democrático", que se ha convertido en un "amok global ideal" y nuclear: «La pulsión de muerte del capitalismo se manifiesta como un amok policial mundial, que amenaza con adquirir dimensiones capaces de destruir el planeta.»

Tal es el masculinismo de crisis, que adopta la forma tanto de una guerra civil molecular (auto)destructiva como de una escala militar global, que llevamos tiempo viendo desarrollarse, adquiriendo escalas cada vez mayores y más peligrosas.

Masculinismo, militarismo y antiimperialismo

En este contexto, la guerra que ahora se recrudece se convierte en un momento de desescalada para la manifestación del deseo patriarcal de aniquilación, que adquiere un aire de fascinación espectacular a medida que las bombas rasgan el cielo y se producen muertes. Por parte de la izquierda occidental, la adhesión inmediata y la inversión libidinal en estas formas de aniquilación violenta llevadas a cabo por los Estados-nación acaba compensando su propia impotencia política ante el genocidio de Gaza.[11] Y, no por casualidad, en el contexto de la guerra entre Israel e Irán, la racionalización de esta adhesión va acompañada también de un aumento de las manifestaciones explícitamente antisemitas y de la legitimación del exterminio masivo de israelíes.

Para pintar la escala militar capitalista con los colores de la liberación, resultado de un proceso social global que se desarrolla a ciegas y mediado por la competencia entre Estados y bloques de poder, una parte de la izquierda presenta la guerra Israel-Irán como una guerra antiimperialista de liberación nacional. En este punto, el discurso de la izquierda se acerca -y se adapta- al discurso nacionalista antiimperialista de los duginistas (Cuarta Teoría Política) y de la extrema derecha prorrusa (Nazbols).[12] Desde los anarquistas hasta la Nueva Resistencia, se repite la misma justificación de la guerra y de su "necesidad", que tienen en común la posición del Eje de la Resistencia, así como la alianza euroasiática, como fuerza antiimperialista a la que hay que apoyar en la lucha por la liberación palestina. Así, mientras que del lado de la extrema derecha occidental la guerra se justifica como el "derecho a la defensa" de Israel, para la izquierda occidental y la extrema derecha prorrusa, se justifica a través de un "antiimperialismo" nacional, estructuralmente patriarcal, en el que los aliados, según criterios materialistas "objetivos" y "necesarios", se convierten en las élites políticas y los señores de la guerra de los regímenes de las naciones "aliadas". Es entonces cuando los regímenes nacionales, por el simple hecho de oponerse a Estados Unidos, no son mistificados como "anticapitalistas".[12]

La "pérdida de la historia" no podría ser aquí más explícita. Frente a un proceso de fragmentación y escalada militar global, en cuyo seno se intensifica la competencia entre Estados y bloques de poder, la izquierda "antiimperialista" evoca la constelación de la primera mitad del siglo XX, marcada por las guerras mundiales entre potencias imperiales, y las guerras de liberación nacional, responsables de la expansión de las formaciones estatales nacionales en un contexto de "capitalismos de Estado".[14] Como resultado, perdemos de vista que, en lugar de que el "antiimperialismo" traiga condiciones para la liberación, estamos frente a un proceso de profundización de la crisis global de la propia forma social dentro de la cual las luchas de liberación nacional tuvieron sentido y fueron históricamente concluidas. En lugar de una expansión de las formaciones y soberanías nacionales a través de las guerras de liberación nacional, lo que estamos presenciando es la descomposición de los propios Estados modernos formados en este proceso histórico. La escalada militar en curso es una de las formas en que se procesa esta descomposición social-global, resultado de la competencia patriarcal entre estados y bloques de poder en un contexto de agravamiento de la crisis estructural de la reproducción social capitalista.[15] Esto es difícil de aceptar en los análisis "realistas", que pretenden fundamentar la necesidad y objetividad de la guerra recurriendo a la constelación de guerras de liberación. Tales análisis no sólo se aferran a teorías cuyo punto de referencia histórico se ha agotado, sino a una visión del capitalismo como el "eterno retorno" de lo Mismo, como si ciertas formas de mediación social y de dinámica social tuvieran un poder infinito de regeneración y no estuvieran ellas mismas sometidas a una profunda crisis que plantea desafíos a la izquierda. Este punto ciego del "antiimperialismo", sin embargo, es coherente con el encuadramiento nacional de los conflictos, aislándolo de su pertenencia a un plan social mundial dinámico y cualitativamente modificado, caracterizado por una mundialización de las cadenas de producción y de los flujos de capital monetario, que es al mismo tiempo una crisis estructural de acumulación.

Sin embargo, y a pesar del "realismo" de las posiciones antiimperialistas, no es exagerado afirmar que uno de los efectos más probables de esta guerra será la profundización de la crisis económica y social de Irán, sumiéndolo en una guerra civil y en un proceso de descomposición del Estado-nación similar a lo ocurrido en Siria y Ucrania, aumentando la fragmentación social y la formación de máquinas de guerra. Algo que también está en marcha en el propio Estado de Israel, actualmente impulsado por el proyecto mesiánico y fundamentalista del "Gran Israel". La intensificación del genocidio y la escalada militar de Israel han profundizado la crisis de sus propias condiciones políticas, económicas y sociales, al tiempo que han ampliado las formas militantes de control territorial. Este proceso es sintomático de cómo la violencia de la aniquilación se ha convertido en un "fin en sí mismo" que contradice sus propios cálculos de intereses (económicos, políticos y militares), y no puede explicarse simplemente por ellos.

La retirada de Trump de la reunión del G7 y su negativa a firmar la declaración de alto el fuego es un síntoma de este nuevo momento de globalización y crisis del imperialismo, que intensifica la fragmentación y la competencia. Esto está en continuidad con el abandono de EEUU del apoyo militar a Ucrania, la posibilidad de retirar tropas de Europa y las tensiones con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Lo que estamos viendo, en este sentido, es toda la estructura del patriarcado capitalista y su imperialismo de seguridad, bajo la hegemonía estadounidense, desmoronándose a un ritmo acelerado, arrastrando al mundo a una espiral de destrucción.

Este proceso de escalada militar no produce en sí mismo más que guerras sin fin y sin perspectiva, dentro de las cuales el patriarcado capitalista transforma el globo en una enorme máquina competitiva y sacrificial de cuerpos reducidos a carne.

 

Notas:

1 https://g1.globo.com/mundo/noticia/2025/06/12/israel-realiza-aereo-contra-ira.ghtml

2 La relación fue puesta de manifiesto por el propio ministro de Defensa israelí, Israel Katz, quien afirmó que el ayatolá Jamenei podría correr la misma suerte que Sadam Husein.

3 Trump incluso comentó que la guerra "tenía que ocurrir". https://noticias.uol.com.br/internacional/ultimas-noticias/2025/06/15/trump-guerra-israel-ira-eua-se-envolver.htm

4 https://pt.euronews.com/my-europe/2025/06/14/crise-irao-israel-faz-adiar-conferencia-da-onu-sobre-solucao-de-dois-estados

5 https://www.reuters.com/business/aerospace-defense/trump-urges-tehran-evacuation-iran-israel-conflict-enters-fifth-day-2025-06-17/

6 https://quilomboinvisivel.com/2025/01/21/o-ascenso-do-masculinismo-na-esquerda/

7 En Wars of World Order, Kurz diagnostica el proceso de colapso del derecho internacional en la guerra de Kosovo de 1998, a la que siguió la de Irak.

8 https://www.dw.com/pt-br/israel-faz-trabalho-sujo-no-ir%C3%A3-por-n%C3%B3s-diz-chanceler-alem%C3%A3o/a-72955873

9 https://www.bbc.com/portuguese/articles/cj671j4g42lo

10 Según el relato de un activista anarquista iraní sobre la guerra y la fragmentación de la población iraní, la posición de una parte de la izquierda occidental, que ve los bombardeos de Tel Aviv como presagios de liberación, está más cerca de los fundamentalistas islámicos y de su lógica de mártires que de la izquierda iraní. Sobre esto, véase: https://quilomboinvisivel.com/2025/06/19/teera-sob-bombas-testemunho-de-uma-companheira-anarquista/

11 Se trata de un "amor desinteresado", de una alegría por participar en un poder deseante de aniquilación que no se posee ni se autonomiza en forma de poder capitalista. Algo que ya presupone una "impotencia"/carencia inscrita en el propio deseo.

12Esta deriva del antiimperialismo hacia una posición abiertamente de extrema derecha y un discurso de legitimación belicista basado en el pathos nacional no es reciente. Kurz había diagnosticado esta transformación en 2003: "La orientación hacia la nación como punto de referencia supuestamente anticapitalista y antiimperialista se ha convertido, liberada de su lastre marxista, en parte en una ideología y una política abiertamente nacionalistas de extrema derecha (como, por otra parte, lo ha hecho el patriotismo "socialista" en toda Europa del Este, incluida Alemania Oriental). La mutación de algunos de los tribunos del radicalismo izquierdista alemán de 1968 en nacionalistas reaccionarios (por ejemplo, Bernd Rabehl) e incluso en neonazis declarados (por ejemplo, Reinhold Oberlercher u Horst Mahler) es, en esta medida, más coherente de lo que podría parecer a primera vista." (World Order War, p.252). En nuestra opinión, esto sólo debe explicarse adecuadamente cuando se refiere al agotamiento de la fuerza histórica progresiva del capitalismo, sacando a la luz los elementos reaccionarios constitutivos del propio antiimperialismo de "liberación nacional", que se convierte, en un contexto de crisis, en una guerra sin perspectiva por la autoafirmación en la forma social capitalista, confundiéndose en muchos casos con el autosacrificio.

13 Es precisamente la toma de la nación (una construcción capitalista en sí misma) como punto de referencia supuestamente antiimperialista y anticapitalista lo que permite, por ejemplo, a la extrema derecha duginista presentarse como "anticapitalista"

14 Incluso se ha convertido en un lugar común en la izquierda, ante la profundización de la crisis del "imperialismo de seguridad" bajo la pax americana, volver a la constelación del imperialismo policéntrico. Cuando, sin embargo, está en curso una descomposición de los propios Estados nacionales y, más ampliamente, de la matriz de la socialidad moderna, que no merece que derramemos lágrimas sobre su final.

15 Según el Índice de Paz Global 2024, hay 56 conflictos armados activos en el mundo, incluida la guerra en Ucrania y el genocidio en Palestina. Se trata de la cifra más alta desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Se trata de un claro proceso de escala militar global.

¡Parar la guerra! ¿Anti-imperialismo o lucha de clases?

por Instituto de Balística
México, 26/06/2025

Una nueva guerra, otra vez…

1. La campaña militar israelita en Palestina no solo tiene un carácter salvaje, sino que también presenta cualidades racistas y de limpieza étnica, por lo cual no es exagerado llamarla una práctica genocida sin necesidad de entrar en debates estadísticos. Sin embargo, su naturaleza no corresponde a ninguna excepcionalidad, es una empresa social de destrucción[1] como el resto de conflictos bélicos modernos, que tiene como objetivo final la conquista del territorio de la Franja de Gaza primero, y de Cisjordania después.

2. Por muy desgarradoras que resulten las imágenes, no cambia el hecho de que es una más de las guerras del capitalismo. Aunque las modalidades pueden cambiar, a veces por materias primas, a veces por expansión de mercados o como en este caso, por un espacio desde donde posicionarse en la guerra entre imperios.

3. Lo iniciado en octubre de 2023 ha desencadenado un reacomodo en la geopolítica de Oriente Medio y el mundo, pero la geometría tradicional no alcanza para explicarlo.  El capitalismo ha tenido varias olas exitosas de globalización, desde el comercio marítimo del s. XVI hasta la conquista del telón de acero soviético a finales del s. XX, hoy podemos afirmar que domina todas las esquinas del planeta y que ya no hay oposiciones regionales, dado que la única oposición a la burguesía podría ser el proletariado insurrecto y ese no “gobierna” en ningún lugar del mundo (mucho menos en China).

4. Los regímenes a los que se les suele atribuir alguna diferencia, ya sea por su forma o por su cultura, no dejan de ser capitalistas. No existen “vacíos” a resguardar. La producción material de la vida en el lugar más apartado de la tierra ya forma parte de una cadena de valorización, y el producto de esta es forzosamente gestionado por la burguesía que domina ese territorio a través de su forma política, el Estado. Las imágenes de Rafah antes de la guerra lo demuestran, con su comercio de mercancías bajo[2] el dominio policiaco no solo del ejercito sionista, también de la policía de la ANP o de Hamás.

¿Y nosotros?

5. Cómo posicionarse ante las guerras capitalistas es un tema que ha dividido a los elementos organizados del proletariado desde hace dos siglos, esto porque asumimos que no hay tal cosa como una lucha nacional, dado que ambas clases son mundiales, y los proletarios somos compañeros que luchan en cualquier parte del mundo[3]. Consignas como “si luchas aquí, luchas allá” no son solo versos, expresan una realidad material.

6. Las formas de solidaridad se han adaptado a las condiciones históricas de cada guerra. En un inicio fueron forajidos románticos al estilo Bakunin cruzando el mundo para socorrer los levantamientos, llegando a Paris, a Bolonia o a Cuautla. Pero en tiempos de la II Internacional, partidos y sindicatos obreros le otorgaron un lugar central en sus discusiones. No participar de la guerra, sino parar su maquinaria era una obligación de los revolucionarios, y para ello se llamaría a una huelga general internacional[4]. En la práctica todos estos esfuerzos fracasaron, ya que estas organizaciones fueron absorbidas por sus enemigos. No solo fue la socialdemocracia aprobando las declaraciones de guerra, incluso algunos patriarcas del anarquismo declararon que era preferible que la guerra la ganara el bando aliado (aquellas democracias que ejecutaban revolucionarios a la menor provocación)[5].

7. Sin embargo, en 1918, en plena carnicería mundial, el primer asalto proletario comenzó con los motines y deserciones de conscriptos en ambos frentes. Lo que los bolcheviques y espartaquistas sintetizaron como “derrotismo revolucionario”, que no es otra cosa que los soldados volteando sus armas contra sus generales como forma de parar la guerra, fue la lección más importante del periodo [6].

8. Después de la 2ª guerra mundial, esta consigna mutó colosalmente. Al existir dos bandos, los países coloniales tendrían un carácter progresista y derrotar a las metrópolis abriría procesos revolucionarios en ambos lados. Esto aplicaba a los partisanos de Europa, a los maoístas en Asia, a los panarabistas, africanistas y latinoamericanos. El esquema de liberación nacional duró tres décadas.

9. La solidaridad fue una práctica generalizada del proletariado alrededor del mundo. Ya sea suministrando recursos (financieros o humanos) a través de sus respectivas burocracias militantes (comités en apoyo al tercer mundo), ya sea a través de una condena moral y pidiendo una paz abstracta (hippies y new age) o en algunos casos cuestionando el papel de la propia burguesía ya sea como agresora o como cómplice. La consigna “traer la guerra a casa” sintetiza la lección del 2º asalto[7].

10. Lo cierto es que estos procesos anticoloniales fueron rápidamente secuestrados, abriendo en algunos casos feudos despóticos para nuevas burguesías locales (muchas veces en su forma militar) o siendo nuevos eslabones para algún bando imperialista, ya sea la URSS o USA. En la mayoría de ellos, los grupos revolucionarios fueron liquidados y el proletariado desmovilizado para volver a la producción.

¿Y ahora?

11. Lo que el conflicto en Oriente Medio nos permite reflexionar es la limitante que presentan las actuales posiciones ante la guerra. Aunque existen algunas aberraciones como la izquierda alemana pro-sionista, sabemos que el rechazo de la población a esta guerra es masivo, pero se expresa en la forma de un moralismo sentimental (positivo pero insuficiente) y que en el seno de las organizaciones militantes aun abunda con fuerza una postura peligrosa: el defensismo, que significa tomar partido por alguno de los bandos estatales del conflicto.

12. Este anti-imperialismo[8], parte del supuesto de que existen naciones buenas y naciones malas, cuando en realidad solo hay fuertes y débiles. Ya sea en la guerra ——Ucrania VS Rusia o Israel VS Irán, o el próximo USA VS China—, sus respectivos gobiernos funcionan oprimiendo a su población y sus ejércitos en cualquier momento se vuelven verdugos internos. Los trabajadores de estas naciones pasan de ser bestias de carga a carne de cañón.

13. La ofensiva que desató el régimen criminal de Netanyahu sobre Teherán ha traído de nuevo esas voces a la arena. Los llamados a defender el régimen de los ayatolás olvidan tanto el origen como la función de dicha teocracia, la contrarrevolución islámica. En 1979 hubo un levantamiento popular de enormes dimensiones para derrocar al Sha, encabezado por los consejos obreros (shoras) que no solo buscaban un cambio político sino una revolución social, ante lo cual la burguesía tuvo que recurrir a Jomeini y su grupo político para encauzarla y mantener la estabilidad necesaria para el desarrollo capitalista en Persia. Su supuesto anti-imperialismo quedó desmoronado cuando iniciaron aquella guerra santa contra el Irak del partido Baaz[9].

14. Hoy en día, Irán ha construido una imagen de “resistencia” a Occidente a través de su conflicto con USA, pero en el fondo sólo es una guerra económica más, donde los ayatolás construyen un frente regional a través de su apoyo a milicias islámicas, como en Líbano y Palestina, además de masacrar poblaciones kurdas. Justo antes de este conflicto, el gobierno estaba siendo sumamente cuestionado por su población, incluyendo las protestas en contra de la policía moral a raíz de la muerte de Amini, lo cual ahora será sepultado en medio los llamados a la unidad nacional, igual que ocurrió con los opositores a Netanyahu de Tel Aviv.

Ninguna guerra, más que la de clases

15. Llamar a defender al país pequeño para quebrar al imperio ha sido una estrategia no solo absurda, sino inútil, que ha llevado incluso a enrolarse bajo la dictadura de Videla en Argentina[10] o bajo el manto de los talibanes. Los estragos que ha dejado esta política en el movimiento revolucionario aún se siguen sufriendo [11], ya que la guerra no solo se libra en el frente, sino también la retaguardia, lo que implica aumentar los niveles de explotación para garantizar recursos al ejército, reforzar la vigilancia y la represión de la vida cotidiana.

16. Ahora, las críticas de todos estos grupos al derrotismo revolucionario son de tan bajo nivel que piensan que es un llamado a que los proletarios invadidos deben dejarse desarmar y abrir paso a las fuerzas de ocupación, pero eso es ridículo. Sabemos que los ejércitos no son de conscriptos, sino de mercenarios y profesionales y no esperamos que estos se conmuevan, dejen de disparar y den marcha atrás. No es 1917, las formas han cambiado [12], mantenemos este principio.

17. Lo que aquí se está defendiendo no es un invento, sino es el espíritu de las acciones que tienen lugar ya en contra de la guerra: desertar del ejército, como hacían los refuzniks hebreos, frenar el envío de suministros como los estibadores de Francia, parar la fabricación de armamento como los obreros ingleses, o incluso las acampadas de los universitarios de Boston. Conocer los límites propios de estas acciones no impide reconocer su potencia. Pasar de la suplica de la sociedad civil y el boicot de los consumidores, a la ruptura y el bloqueo de las cadenas que hacen posible las acciones militares.

18. El llamado a “romper relaciones diplomáticas” que sigue imperando en las manifestaciones se debe convertir en una acción encaminada al corto circuito de las condiciones que hacen posible la guerra. Aumentar la reflexión, la discusión y la conspiración. esto hasta que las armas de la crítica puedan convertirse en la crítica de las armas, en todos los frentes, el de Trump y Netanyahu, pero también el de los Ayatolás[13], desde el Ártico, hasta la Antártida.

 

Notas:

[1] Además de los clásicos sobre el estudio social de la guerra, recomendable la obra del sociólogo surrealista Roger Caillois, La cuesta de la guerra.

[2] Varios grupos y estudiosos presentan a Gaza como una suerte de campo de refugiados, una sociedad de clases atípica, sin embargo hasta antes de la guerra existía una industria de la construcción que movilizaba trabajadores hacia Israel, así como una agricultura y un mercado locales

[3] Este tema quizá es el que más polémica puede levantar. Desde los grupos que se reclaman decoloniales hay una crítica sobre qué tan solidaria puede ser la clase obrera de los países desarrollados frente a la de sus excolonias, de las cuales se siguen beneficiando para mantener un alto nivel de vida, y mostrándose indiferentes hacia la población que migra ya sea por trabajo, ya sea por seguridad. El caso de los colonos israelitas es acaso el más escandaloso.

[4] Existen muchos textos sobre “la bancarrota de la internacional”, recomendamos el de James Joll, La segunda Internacional, Barcelona, Icaria, 1976, por el énfasis que pone en el tema de la guerra y los debates entre personajes como el anarquista Domela Niewenhius.

[5] Nos referimos al famoso Manifiesto de los dieciséis, que firmaron Kropotkine y Grave, fuertemente criticado por Malatesta.

[6] Existen diversos textos sobre lo que significó esta estrategia de lucha, como los del grupo Bilan. Incluso hay un episodio que ha sido recreado en películas, la famosa tregua de navidad.

[7] En los USA se utilizó esta consigna por grupos radicales para instigar a la revuelta por medio de disturbios y saboteos masivos, de tal manera que las tropas tuvieran que volver de Vietnam, el episodio es recordado como Los días de furia.

[8] A manera de anti-crítica, no solo desde el norte global se ha denunciado este concepto como anacrónico y reaccionario, ya Raphael Pallais lo hizo a propósito de su uso por la burocracia sandinista en Nicaragua hace más de 40 años.

[9] El texto Fuego a la polvora, de Bardo ediciones incluye una introducción al respecto del insurreccionalista Wolfi Lanstreicher.

[10] Existieron excepciones dignas que, a diferencia de la ola leninista, no se enrolaron en la guerra patriotera, como el grupo Emancipación Obrera.

[11] Los grupos denominados anarquistas siguen cayendo en esa trampa, como muestra la última declaración conjunta de los restos del plataformismo latinoamericano.

[12] En el sitio de Proletarios Revolucionarios podemos encontrar un estado actual del debate, invitamos a su lectura.

[13] Al momento de escribir estas líneas, celebramos el hecho de que nos han llegado varios textos contra la guerra de proletarios iranís, feministas, sindicalistas, etc,,  destacando el testimonio de un anarquista: Teheran bajo las bombas.



jueves, 26 de junio de 2025

Ni Tsahal ni Artesh

Tridni Valka
21 de junio de 2025
Traducción al español: Los Amigos de la Guerra de Clase
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Han pasado más de 20 meses desde que comenzó la masacre en Gaza. La campaña de exterminio, similar a la liquidación del gueto de Varsovia, está en pleno apogeo. Bombas “inteligentes”, bombas “tontas”, fósforo blanco, gas nervioso, ejecuciones sumarias, marchas de la muerte, tortura, violaciones… Sistemas controlados por IA como “Lavender” y “¿Dónde está papá?” – un algoritmo diseñado para localizar a supuestos miembros de Hamás cuando están en casa con sus familias – eligen los objetivos para que los operadores de drones militares reduzcan a polvo todo el edificio en el que se encuentran. El hambre, el cólera y las epidemias de polio provocadas deliberadamente por Israel están acabando el trabajo en los restos de la franja, increíblemente superpoblados, en aras de los sueños de un futuro desarrollo capitalista, una vez eliminados los proletarios sobrantes e inconvenientes. Como cantan los niños israelíes en el himno de exterminio bautizado con el nombre orwelliano de “Canción de la amistad”: “… volveremos a arar nuestros campos…”.

Pero además de los campos fértiles, estos sueños imposibles incluyen también lujosos complejos turísticos costeros para Trump, la exploración de yacimientos de gas para ENI y un tren de alta velocidad de Tel Aviv a El Cairo para Siemens. Por supuesto, será difícil lograr la realización de este paraíso capitalista en una zona llena de explosivos, completamente envenenada por el amianto de los edificios destruidos, los metales pesados, el fósforo blanco, el uranio empobrecido… y con acuíferos subterráneos llenos de agua de mar que el ejército israelí bombeó deliberadamente allí.

Mientras tanto, otros miles de muertos y decenas de miles de soldados mutilados con uniformes israelíes se han sumado a las víctimas de la masacre del 7 de octubre, y muchos más vendrán, ya que las facciones burguesas lideradas por Irán y Estados Unidos, respectivamente, están tratando por todos los medios de arrastrar a los proletarios que viven en sus territorios a esta carnicería. Israel, donde la unidad de la guerra capitalista y la paz capitalista siempre ha sido evidente, ya se está convirtiendo en un importante “teatro” de la catástrofe militar mundial que se está gestando.

Mientras escribimos estas líneas, todos estos preparativos militares están empezando a dar sus frutos venenosos, ya que el 13 de junio Israel lanzó su ataque, planeado desde hace tiempo, contra las instalaciones nucleares iraníes y ahora las bombas, los misiles y los drones están causando estragos en ciudades iraníes e israelíes. Mientras esto sucede, los portaaviones de la Marina de los Estados Unidos están rodeando Irán y posicionándose en el Mar Rojo contra los hutíes, y las bases del Ejército de los Estados Unidos en el Golfo Pérsico están en alerta máxima, al igual que los ejércitos de muchos otros países de la región. Trump se prepara para bombardear Irán; Jamenei se prepara para atacar las bases del Ejército de los Estados Unidos.

Sin embargo, en los últimos meses, el número de refuseniks y desertores en Israel, que antes era reducido, ha comenzado a crecer. Hasta ahora, cientos de reservistas se han negado públicamente a servir, negándose a participar en la masacre de los proletarios de Gaza por parte del Estado israelí y denunciándola, incluso si eso significa ir a la cárcel. Mientras tanto, hasta 100 000, es decir, alrededor de un tercio de todos los reservistas, simplemente no se presentaron. También hay “rumores” de “incidentes de fragging” que ya están ocurriendo dentro de las FDI…

La propaganda de nuestros enemigos burgueses está tratando de restar importancia a este movimiento para ocultar las crecientes grietas en la unidad nacional interclasista israelí.

Insisten en que a estos últimos no les importan realmente los palestinos y que su negativa se debe “solo” a que están agotados, no quieren morir o quedar lisiados, o porque cada vez que son llamados a las armas son despedidos de sus trabajos y quedan en la indigencia en medio de un costo de vida que se dispara. ¡Como si estas cosas no estuvieran unidas por la realidad material de la lucha por los intereses de nuestro enemigo de clase! ¡Esto no es más que otro de sus intentos de impedirnos reconocer que lo que nos une al otro lado de la trinchera es nuestra posición como clase explotada, como fuerza de trabajo movilizada o desechada según las necesidades de nuestros amos capitalistas! ¡Impedirnos vernos al otro lado de las trincheras como hermanos y hermanas en la lucha de clases!

Desde mayo se han producido varias marchas de protesta contra la guerra hacia la frontera de Gaza, una de las cuales terminó en enfrentamientos con la organización Tzav 9, una plaga nacionalista que acudió para impedir la entrada de alimentos en Gaza. También entre los manifestantes que exigían “el alto el fuego” y la liberación de los rehenes de Hamás se está extendiendo la conciencia de los horrores que se están viviendo en Gaza.

Al mismo tiempo, los proletarios hambrientos dentro de Gaza han celebrado recientemente varias protestas airadas, como ya hicieron muchas veces antes del 7 de octubre, a pesar de lo que nos digan los propagandistas burgueses, en las que pedían el fin de la matanza, exigían alimentos y denunciaban tanto a los carniceros del Estado israelí como a los kapos y los propietarios de los barrios marginales de Hamás. Por supuesto, los falsos amigos del proletariado del bando de la “liberación nacional palestina” están denunciando a estos manifestantes como “traidores” y “quinta columna”.

En cuanto a Irán, en los últimos meses ha estallado una nueva ola de huelgas militantes de trabajadores petroleros, camioneros y profesores en muchas partes del país, mientras que la ira proletaria y el deseo de venganza contra la burguesía por la brutal represión de los movimientos de la última década siguen hirviendo bajo la superficie. Movimientos que en sus momentos álgidos incluyeron a parte de los soldados del ejército e incluso a algunos miembros de la milicia Basij que cambiaron de bando y se unieron a las protestas. Y no olvidemos que los soldados iraníes saben cómo organizarse, cómo desobedecer las órdenes, cómo desertar, cómo volver sus armas contra sus oficiales, ¡como demostraron durante la llamada guerra entre Irán e Irak!

El programa burgués es siempre el mismo:

– Masacrar a los proletarios en Gaza y Cisjordania… La voluntad del Estado israelí de “masacrar a Hannibal” a cualquiera, como lo demostró el fuego de ametralladoras de helicópteros militares el 7 de octubre.

– Enviar proletarios a matar a otros proletarios o a morir a Gaza, Cisjordania, Líbano, Siria o cualquier otro lugar… por los intereses del Capital y su Estado…

– La explotación sin fin y la espiral de miseria en la región de Oriente Medio y en el propio Israel…

El proletariado no tiene más remedio que luchar y desarrollar su propia perspectiva, la práctica del derrotismo revolucionario:

– El proletariado lucha contra su propia burguesía, contra las fuerzas burguesas que lo explotan y reprimen directamente. Por eso, el proletariado de Gaza protesta contra Hamás y contra el Estado israelí, mientras que los proletarios israelíes se manifiestan contra su gobierno.

Podemos ver una creciente resistencia de clase contra la guerra en Gaza y Cisjordania, en Israel, en forma de innumerables protestas y disturbios en todo el mundo, en forma de huelgas de trabajadores que se niegan a suministrar armas a Israel…

– Recientemente se están desarrollando huelgas obreras en la región de Oriente Medio: Turquía, Irán y el propio Israel…

– Todas estas acciones juntas constituyen orgánicamente un ataque contra la dominación burguesa en su conjunto. Expresar solidaridad con el proletariado en “Oriente Medio” significa luchar contra “nuestra propia” burguesía aquí y ahora.

Desarrollemos esto más:

– Los proletarios con uniformes del Estado israelí y del Estado iraní tienen que poner el último clavo en el ataúd del mito burgués de la “unidad nacional judía” y de la “Revolución Islámica”: ¡inspírense en los soldados estadounidenses en Vietnam y, recientemente, en los soldados rusos y ucranianos, y vuelvan sus armas contra sus “propios” oficiales y explotadores y sus ejecutores!

Todos los mandos del ejército israelí, los políticos israelíes, los propagandistas militares o gubernamentales, los operadores de drones leales o los pilotos de aviones de combate dispuestos a seguir arrasando Gaza, los torturadores de las prisiones militares, los policías militares que imponen el servicio militar obligatorio… merecen temblar de miedo por su vida…

Todas las infraestructuras militares o gubernamentales, oficinas, almacenes… merecen ser objeto de sabotaje, ocupación, saqueo… y ser reducidas a cenizas…

Contra todos los ideólogos burgueses, ya sean “Hasbara”, “Liberadores Nacionales de Palestina” o el “Eje de la Resistencia”, debemos plantear la perspectiva del proletariado como clase mundial unida por sus intereses, independientemente del uniforme, la nacionalidad, los colores… Debemos resistir todos los intentos burgueses de arrastrarnos a masacres, de convertirnos en carne de cañón, de imponernos los sacrificios de la economía de guerra…

¡Desertores y objetores de Israel, resistid el encarcelamiento con las armas en las manos!

¡Proletarios de Israel, camaradas, la única alternativa a la actual catástrofe capitalista es levantarse en insurrección contra el Estado junto con vuestros hermanos y hermanas proletarios palestinos, árabes, iraníes, turcos, estadounidenses, europeos…!
¡Apoyamos a las tropas israelíes, iraníes y estadounidenses… cuando disparan a sus oficiales!
Contra la guerra capitalista y contra la paz capitalista… ¡afirmamos la insurrección proletaria mundial por el comunismo!

domingo, 22 de junio de 2025

Las feministas iraníes se pronuncian

20 de junio de 2025
Tomado de Anarchist Communist Group
Publicamos a continuación varias declaraciones de feministas iraníes.
El primero es del Grupo de Liberación Feminista de Irán.

7 recordatorios clave para nuestros aliados internacionales sobre el conflicto en Irán

1. Prioriza la desescalada
Evita cuentas o narrativas que comiencen con lemas como "Irán tiene derecho a la legítima defensa" (a menudo propaganda estatal) o "Israel liberará a Irán y no atacará a los civiles" (a menudo propaganda sionista). Tales declaraciones a menudo ocultan o justifican la violencia estatal. En cambio, siempre deberíamos centrarnos en los civiles, no en los estados.

2. Vuelve a verificar tus fuentes
Hay una cantidad abrumadora de desinformación en línea. Antes de compartir algo, verifícalo con medios de comunicación acreditados o periodistas de confianza. Las publicaciones virales no siempre son precisas, incluso si son emocionalmente convincentes. Algunas cuentas a seguir: @middleeastmatters y @centerforhumanrights

3. No olvides a los presos políticos.

A medida que se desarrollan los ciclos informativos, muchas personas quedan olvidadas. En Irán, innumerables presos políticos, incluidos los condenados a muerte, corren grave peligro a diario. Durante la guerra entre Irán e Irak, miles de personas fueron ejecutadas en 1988 con el pretexto del conflicto. No permitamos que la historia se repita.

4. Evitemos idealizar cualquier forma de poder estatal.
La oposición a un régimen opresor no implica apoyo a otro. Todos los gobiernos deben rendir cuentas, ya sea Israel, Estados Unidos, Irán o cualquier otro Estado. El auténtico antiimperialismo exige un cuestionamiento constante de todas las formas de opresión.

5. Enfóquese en las voces de los directamente afectados.
Empodere a quienes están en primera línea, no a los influencers que se apropian de la narrativa. Encuentre y apoye a activistas de base, periodistas independientes y personas que hablan desde su propia experiencia.

6. Las mujeres y los hombres iraníes están atrapados entre dos formas de violencia.
Muchas personas en Irán se oponen al régimen islámico y, al mismo tiempo, temen la intervención militar extranjera. No quieren ser utilizadas como peones en juegos geopolíticos. La verdadera solidaridad significa apoyar sus demandas de libertad, sin intervención militar.

7. No ignoremos las demás luchas en curso, especialmente la lucha contra el genocidio en Palestina.

En solidaridad con las mujeres y los hombres iraníes, sigan alzando la voz contra las atrocidades en Palestina, Sudán, Ucrania y las injusticias globales. Estas luchas no compiten entre sí, sino que están entrelazadas a través de sistemas comunes de opresión, militarismo y violencia estatal. La solidaridad debe ser interseccional.

*

La segunda y la tercera declaraciones provienen de mujeres en la terrible prisión de Evin . Ambas exigen el fin de la guerra, condenan el ataque del Estado de Israel contra Irán y, al mismo tiempo, rechazan el régimen teocrático y autoritario de Irán, responsable de miles de muertes de disidentes. Ambas enfatizan la necesidad de una lucha popular para derrocar al régimen, a la vez que rechazan la intervención extranjera. Si bien podemos criticar el uso de ciertos términos como «democracia», apoyamos el antimilitarismo y el internacionalismo de estas valientes mujeres.

En una de estas declaraciones, cuatro presos políticos —Reyhanna Ansari, Sakineh Parvaneh, Verisheh Moradi y Golrokh Irai— afirmaron que la verdadera libertad de Irán solo se logrará mediante la resistencia generalizada y el poder de los movimientos sociales. Rechazaron firmemente cualquier esperanza de depender de gobiernos extranjeros para traer la libertad o la democracia al pueblo iraní y condenaron enérgicamente los recientes ataques israelíes en suelo iraní, que resultaron en la muerte de civiles y la destrucción de infraestructura. Escribieron: «Nuestra liberación, la liberación del pueblo de Irán de la dictadura que gobierna el país, solo es posible mediante la lucha de las masas y recurriendo a las fuerzas sociales, no aferrándose a potencias extranjeras ni depositando esperanzas en ellas... Las potencias que siempre han traído destrucción a los países de la región mediante la explotación y la colonización, incitando guerras y asesinatos en busca de mayores beneficios, no tendrán otra salida para nosotros que una nueva destrucción y explotación».

*

En un mensaje aparte, las presas políticas Anisha Asadollahi, Nahid Khodabakhashi y Nasrin Javadi escribieron una carta directamente al pueblo de Irán. Comenzaron su carta con un saludo al pueblo oprimido y justo y declararon: «Las guerras nunca beneficiarán al pueblo». Es el pueblo, que no tuvo ningún papel en el inicio de estas guerras, quien siempre paga el precio.

Estas presas políticas se autodenominan "rehenes del gobierno", mantenidas indefensas tras puertas de hierro. Sin embargo, incluso desde dentro de la prisión han expresado su profunda preocupación por la gente que está afuera, llamando a la resistencia colectiva contra la guerra.

Dos panfletos desde Irán

Trabajadores Anticapitalistas (Irán)
15 y 17 de junio de 2025
Tomado de League of Internationalist Communists. Traducido por Barbaria.

Solo un levantamiento obrero anticapitalista puede aplastar a estos dos pulpos capitalistas asesinos y belicistas

1.    Los trabajadores estamos empleados en todos los sectores: en fábricas, escuelas, hospitales, servicios municipales, agricultura, industria, transporte por tierra, mar y aire, energía y servicios públicos, construcción, bosques y más. Ya estemos desempleados, jubilados o cargados de trabajo doméstico no remunerado, todos pertenecemos a la misma clase trabajadora, unidos por nuestra existencia social y nuestra explotación. Soportamos todo el peso de la dominación capitalista: la esclavitud asalariada, represión, privaciones, genocidio, encarcelamiento, tortura, violencia de género, opresión étnica, destrucción medioambiental y todas las calamidades que este sistema engendra.

2.    Hasta hace poco, sólo la clase capitalista y el régimen islámico de Irán nos imponían directamente esta violencia. Ahora, con la guerra en marcha, nos enfrentamos a dos monstruos capitalistas: la burguesía iraní y su régimen por un lado, y los gobiernos de Israel, Estados Unidos y la Unión Europea por otro. A pesar de su conflicto, ambos bandos imponen la misma brutalidad genocida. Desde arriba y desde abajo, en todos los aspectos de la vida, estamos siendo aplastados por la violenta maquinaria del capital, ya sea iraní, israelí, estadounidense o europea.

3.    Esta guerra no se libra entre «Estados», se libra contra nosotros. Decenas de millones de trabajadores soportan la carga: desplazamientos, falta de vivienda, hambre, hambruna, falta de agua, medicinas, tratamientos, muerte masiva. Nuestros hogares son bombardeados, nuestros seres queridos yacen insepultos y el futuro de nuestros hijos es incierto. En Teherán, Kermanshah, Isfahan y otros lugares, el coste de la guerra es inmenso. Estas condiciones gritan que debemos actuar, colectivamente, a nivel nacional y con una organización consejista y con conciencia de clase. Esto no es un eslogan. Es una cuestión de supervivencia. Debemos unirnos allí donde vivimos y trabajamos —fábricas, escuelas, hospitales, puertos, barrios— para formar consejos. No deben ser aislados ni locales; deben crecer hasta convertirse en un movimiento nacional, capaz de movilizar todos los recursos para satisfacer las necesidades urgentes: alimentos, seguridad, atención sanitaria, vivienda, educación. Estos consejos deben unirse, evolucionar hasta convertirse en una fuerza anticapitalista unificada, y arrebatar el control de la producción, la riqueza y la infraestructura de las manos de la clase capitalista y su Estado. Proclamemos al mundo: vemos a todas las clases dominantes —israelí, islámica, estadounidense, europea— como enemigas genocidas de la clase trabajadora. Hacemos un llamamiento a los trabajadores de todo el mundo a la solidaridad y al apoyo.

 

La guerra entre las bestias capitalistas es una guerra contra todos nosotros

1.    Dos regímenes genocidas están ahora en guerra: el gobierno israelí y la República Islámica. Como todos los Estados capitalistas, ambos son asesinos de trabajadores, criminales y belicistas.

2.    Israel nació de la coalición imperialista que surgió de la Segunda Guerra Mundial: un puesto estratégico para las potencias capitalistas. Durante casi 80 años, ha llevado a cabo un genocidio continuo contra los trabajadores palestinos y de Oriente Medio. Sus acciones cuentan con el pleno consenso del capital mundial. La República Islámica, por el contrario, surgió de la derrota del movimiento obrero revolucionario de Irán a finales de la década de 1970. Fue la solución de emergencia del capital para aplastar los levantamientos obreros y preservar la explotación. Aunque sus orígenes son diferentes, ambos regímenes sirven a los intereses del capital mediante la guerra, la represión y la expansión. Su confrontación actual es un choque por la influencia, no por la justicia: una lucha entre facciones capitalistas rivales.

3.    Israel, con el apoyo incondicional del capital estadounidense y europeo, ya ha dañado gravemente la infraestructura militar de Irán. Sin embargo, esto no significa que el régimen islámico se derrumbe. Luchará para preservarse, utilizando todos los recursos disponibles. Sus recientes derrotas, aunque significativas, no bastan para asegurar su rendición. El régimen resistirá hasta que su propia supervivencia se vea amenazada.

4.    La guerra no es por las armas nucleares. La cuestión nuclear es un pretexto. Durante 45 años, el conflicto central ha sido el desafío de Irán al orden capitalista mundial liderado por Estados Unidos, su exigencia de una mayor cuota de poder y su negativa a someterse. Esta guerra pretende zanjar esa disputa de forma decisiva, aunque no permanente. Aunque la República Islámica se vea obligada a transigir, sus rivales no tienen un sustituto viable para ella. Los exiliados monárquicos, los que quieren revivir la monarquía de los Pahlavi y los restos que defienden a [Maryam] Rajavi no tienen una base real. El régimen no caerá: capitulará y negociará para minimizar sus pérdidas.

5.    Aunque esta guerra termine, la siguiente fase de explotación y represión continuará. Mientras exista el capitalismo, también existirán la guerra, la crisis, el genocidio y la competencia por la plusvalía, el capital y el poder. Creer que Netanyahu, Estados Unidos o el régimen islámico «liberarán» a los 60 millones de trabajadores de Irán es una ilusión peligrosa. A cualquier trabajador arrastrado a esta creencia se le ha robado la conciencia. Esta ilusión debe ser destrozada por una crítica de clase contundente y basada en principios.

6.    Nadie puede predecir las consecuencias económicas de la guerra. Pero el resultado probable será la pobreza masiva, el hambre, el colapso de la producción, la represión y la muerte, solo para llevar a Irán a la mesa de negociaciones. Las clases dominantes estadounidense e israelí no dudarán en convertir a Irán en otra Libia si ello sirve a sus objetivos. Pero Irán no es la Libia de Gadafi ni el Iraq de Sadam. El régimen islámico luchará para evitar el colapso total.

7.    Es probable que esta guerra se intensifique. Las condiciones —hambruna, falta de medicinas, falta de vivienda, desempleo masivo— empeorarán. Todos los bandos cargarán el coste de la guerra sobre la clase trabajadora. Debemos invertir esta tendencia. Debemos redirigir la crisis hacia el propio capital. Esto no es imposible. Nuestra clase tiene la capacidad de hacerlo. El capitalismo estampa la palabra «imposible» en cada sueño de liberación, pero eso es parte de su poder ideológico, su deshumanización del trabajo y la mistificación de las mercancías. Debemos romper estas ilusiones. Hacer recaer el coste de la guerra sobre el capital. Intensificar la lucha de clases anticapitalista, con claridad, estrategia y determinación.

8.    Esta no es nuestra guerra. Es la suya. Estamos en guerra con ambos regímenes, con ambos bloques, con todo el sistema capitalista mundial. Cualquier alineamiento con un bando es una traición. La actividad contra la guerra solo tiene sentido si promueve un programa revolucionario y anticapitalista. Las manifestaciones contra la guerra deben estar vinculadas a la lucha de clases: no como una protesta vacía, sino como un desafío a los dos polos del poder imperialista. De lo contrario, se convierte en un llamamiento al régimen islámico para que se rinda ante sus rivales más poderosos y genocidas. Debemos rechazar esta narrativa. Nuestra lucha es contra todos los Estados y todos los capitales.

9.    Un punto crucial: la lucha contra la guerra debe ser anticapitalista. Sin esto, nos vemos reducidos a ser soldados de infantería de uno de los dos bandos de asesinos. Por ejemplo, oponerse a la política de guerra de la República Islámica es necesario, pero solo si se combina con la oposición al Estado genocida israelí y al imperialismo occidental. Lo mismo ocurre con las armas nucleares. Debemos rechazar toda financiación de la guerra por parte de nuestro trabajo, pero no de forma que sirva a facciones capitalistas rivales. Nuestra crítica debe caer por igual sobre todos los belicistas, todos los estados, todas las alas de la burguesía global.

10.   Dondequiera que estemos —fábricas, escuelas, hospitales, puertos, barrios— debemos unirnos. Construyamos consejos obreros. Unámoslos, no como sueños, sino como herramientas materiales de resistencia. ¿Por qué llamar a esto utópico? ¿Es porque el régimen utiliza la represión brutal para impedirlo? ¿No hacen lo mismo con todas las huelgas? ¿No han intentado aplastar todas las protestas, especialmente las de las mujeres, los jóvenes y los desempleados? Aun así, hemos luchado. ¿Por qué dudar ahora? Esta vacilación no es nuestra, nos la ha implantado la ideología capitalista. Debemos rebelarnos contra ella.

11.  Hacer de los consejos nuestra arma. En tiempos normales, las huelgas y los paros son poderosos. Pero en tiempos de guerra, las huelgas pueden ser cooptadas por un bando. Debemos ir más allá: tomar los medios de producción. No solo parar el trabajo, sino tomar el control. Esto aterroriza tanto al régimen islámico como al capital occidental más que cualquier otra cosa. Sí, seremos reprimidos. Pero debemos empezar. Hacer contactos. Coordinar. Construir. Unir nuestros consejos en un movimiento capaz de tomar el control del trabajo, la vida y la producción.

12.    ¿Qué pasa con nuestras necesidades inmediatas: medicina, vivienda, energía, alimentos? No pueden asegurarse en el marco del comercio capitalista. Nuestra consigna debe ser: Ocupar. Preparar. Expandir. Cuanto más preparados estemos para tomar y organizar la vida colectivamente, más poder tendremos para imponer demandas y asegurar la supervivencia.

13.    Debemos actuar como clase. Hemos pasado generaciones evitando este camino, engañados por falsas esperanzas: sindicalismo, democracia, ONGs, revoluciones de colores, antiimperialismo, federalismo. Nos han llevado al agotamiento, a la traición, a la ruina. Un día debemos empezar. Ese día ya debería haber llegado hace mucho. hagamos que sea ahora.

domingo, 15 de junio de 2025

Teherán bajo las bombas: testimonio de un compañero anarquista

Traducido de: https://www.leperepeinard.com/breves/rapport-des-compagnon-es-iranien-nes-jour-3-de-la-guerre-iran-israel
14/06/2025

[Desde Teherán, un militante anarquista da testimonio de los ataques israelíes, del caos cotidiano y del papel que intentan desempeñar los anarquistas entre la guerra, la represión y la supervivencia. Un relato conmovedor que he traducido con lágrimas en los ojos. ¡Todos mis pensamientos están con aquellos que, en ambos bandos, luchan por la paz y la libertad! ¡A los desertores, únicos héroes de las guerras!]

Una noche de fuego y confusión

Anoche, mientras dormíamos, Israel atacó Irán. Los ataques se dirigieron contra Teherán, pero también contra otras ciudades. Oí estruendos, vi relámpagos... Pensé que era una tormenta. Nada hacía presagiar una guerra, sobre todo con las conversaciones entre Irán y Estados Unidos.

No fue hasta la mañana siguiente, a través de nuestro sindicato anarquista (el Frente Anarquista), cuando nos enteramos de lo que realmente había pasado: múltiples ataques, muertes de civiles. Salí a investigar. La ciudad estaba acordonada. El ejército y la policía prohibían el acceso a las zonas afectadas. Todavía había bombas sin explotar en los edificios. En el hospital me impidieron entrar y la policía borró todas las fotos de mi teléfono. Según un periodista que se encontraba allí, al menos siete niños habían muerto.

Algunos lloraban. Otros, como era de esperar, se alegraban de la muerte de figuras del régimen.

El día siguiente: un infierno sin alarma

En las horas siguientes, vi escenas apocalípticas. El cielo estaba surcado por misiles. El fuego caía sobre las carreteras. La gente huía de Teherán: familias enteras, jóvenes trabajadores, ancianos. Esperaban ayuda en las aceras. Heridos, quemados, dos muertos ante mis ojos. Sin alarma. Sin refugio. Nada.

Las pantallas gigantes difundían la versión oficial: la República Islámica ha atacado Tel Aviv, Israel promete responder. Yo tengo compañeros allí. Anarquistas, pacifistas, insumisos. No queremos esta guerra.

Una población en supervivencia

El aire está contaminado: las instalaciones nucleares han sido alcanzadas. La gente fabrica conservas, almacena, huye de las grandes ciudades... y luego regresa, por falta de alternativas. Las carreteras están saturadas. Los medios de comunicación estatales cantan himnos y difunden mentiras. La única fuente fiable: Telegram y los canales por satélite.

Las manifestaciones siguen siendo escasas. Demasiada policía, demasiado miedo. Ayer, frente a los hospitales, las familias buscaban a sus seres queridos desaparecidos. Gritaban. Lloraban. Resistían.

Sin refugio, sin evacuación

Las instituciones permanecen abiertas como si nada hubiera pasado. No hay instrucciones de seguridad, ni sirenas, ni centros de acogida. Es probable que se produzcan fugas químicas, pero no existe ningún protocolo.

Así que la gente huye por su cuenta: los comercios cierran, los estudiantes se niegan a hacer los exámenes, los funcionarios se quedan en casa. Solo los servicios de emergencia siguen funcionando.

A veces tengo la sensación de que sigo vivo solo porque Israel (todavía) no ataca las zonas residenciales. Pero los incendios, la lluvia radiactiva y los disparos perdidos matan a pesar de todo.

Y no hay ayuda. Nada. Ni ayuda humanitaria, ni organizaciones externas, ni medicamentos... y las sanciones ya llevan años matando.

Cuatro Iránes, una sola tierra bajo las bombas

Hay que entender que el pueblo iraní está fragmentado:

  1. Una mayoría silenciosa, que odia al régimen pero rechaza la guerra. Sobreviven, huyen, lloran a los muertos y maldicen a los dirigentes.
  2. Los islamistas, fieles al poder, que hablan de martirio y quieren responder.
  3. Los monárquicos y liberales, a menudo proisraelíes, que aplauden los ataques contra los Guardianes de la Revolución.
  4. Los anarquistas y militantes de izquierda, como nosotros: contra la República Islámica, pero también contra Israel, contra todos los Estados. Por la supervivencia, la ayuda mutua, la autonomía.

¿Qué lugar ocupan los anarquistas en esta guerra?

No estamos armados. No participamos en los combates. Nuestra tarea es otra: informar, socorrer, crear vínculos, contrarrestar la propaganda. Ayudamos como podemos: primeros auxilios, transmisión de información, sensibilización sobre los riesgos químicos. Nos ocupamos de los nuestros y de aquellos que no tienen a nadie.

Rechazamos los discursos simplistas. Ni «todos los israelíes deben morir», ni «los sionistas son nuestros salvadores». Estamos entre dos fuegos: el fundamentalismo religioso por un lado, el militarismo sionista por el otro.

Nuestro papel es ser puentes. Transmisores de ideas. Abrir brechas en el fatalismo. Mantener la firmeza, incluso sin armas, incluso con miedo.

El duelo del movimiento contra la guerra

Debo admitirlo: estoy triste. Profundamente triste. Hace diez años, conversaba con pacifistas israelíes. Rehusaban servir. Kurdos, árabes, armenios, anarquistas. Soñábamos juntos con un Oriente Medio libre, sin ejército, sin Estado.

Pero perdimos. No fuimos lo suficientemente fuertes para impedir la guerra. No tuvimos suficiente apoyo. Hoy en día, la gente tiene miedo de hablar de paz. Creen que sería una traición. Que pedir el fin de los ataques es entregarse al enemigo.

Y, sin embargo, todo el mundo quiere la paz. Pero nadie se atreve a pedirla.

Una voz en medio del tumulto

No sé cuánto tiempo aguantaremos. Anoche, los aviones rugían como una autopista en el cielo. Pero sé una cosa: mientras haya gente que cuide, resista y se organice sin esperar al Estado, habrá semillas de anarquía, incluso entre los escombros.

Conclusión: no normalicemos lo insoportable

Antes que nada, quiero agradecer sinceramente a todos los compañeros que se han tomado el tiempo de escucharnos. En un mundo en el que las fuerzas políticas, económicas y policiales nos aplastan constantemente, es raro que aún se nos deje espacio para hablar. Incluso sin bombas, la violencia nos rodea: toma la forma de alquileres inasequibles, papeleo interminable, discriminación, cansancio, aislamiento. Una violencia sorda, presentada como «normal», a la que no deberíamos acostumbrarnos.

Pero cuando estalla la guerra, esta violencia se desata de repente a plena luz. Lo que se toleraba se vuelve insoportable. Y entonces, paradójicamente, podemos hablar. He podido escribirles porque todo se ha derrumbado. Porque, en el caos, las verdades más simples vuelven a ser audibles.

Lo que quiero decirles es esto: no dejen que estas palabras caigan en el silencio. No dejen que nuestro dolor, aquí en Irán, como en otros lugares, quede relegado a los márgenes, como si fuera solo «local», «específico», «cultural» o «excepcional».

Porque, en realidad, compartimos la misma guerra: la que libran los Estados contra nuestras vidas. Así que les suplico, compañeros: no aceptenla violencia cotidiana como algo natural. Rechacen la idea de que hay que esperar a que lleguen los misiles para reaccionar. No esperen a que nuestro sufrimiento se convierta en algo espectacular para que merezca su atención.

Hablemos ahora mismo. Organicémonos. Creemos espacios reales de acción y ayuda mutua. Para que la guerra aquí no se convierta en ruido de fondo. Para que no seanreducidos a simples «salvadores» frente a nuestro sufrimiento, sino cómplices en la lucha.

Llamamiento a la solidaridad internacional

Hoy en día, la situación es inestable, crítica, quizás al borde de una catástrofe humanitaria. Si Irán está aislado del mundo, ya sea por las bombas o por la censura de la República Islámica, difundan nuestro mensaje. Cuenten lo que está pasando. Den voz a quienes no la tienen.

No contamos con ninguna protección internacional. Las ONG están prácticamente ausentes. Las sanciones agravan nuestro sufrimiento.

Si tienen contactos, influencias, intermediarios en colectivos, sindicatos, asociaciones o redes de asistencia sanitaria: movilícenlos. Pidan ayuda médica urgente, una mayor vigilancia de las violaciones, una mediación internacional que escape a la lógica estatal.

Pero, sobre todo, rechacen los relatos simplistas. No somos peones de Israel ni peones del régimen islámico. No creemos ni en las bombas «liberadoras» ni en los mulás «resistentes». Estamos atrapados entre dos máquinas de muerte, y seguimos intentando, una y otra vez, construir otra cosa.

Aún no hay un éxodo masivo. Pero si la guerra se extiende, las consecuencias serán terribles. Así que, camaradas, levantémonos juntos. No para apoyar a un bando contra otro, sino para hacer oír otra voz: la de la vida, la libertad, la solidaridad, contra todos los Estados, todas las fronteras, todas las guerras.

lunes, 7 de abril de 2025

Revista Revolución nro. 3

Proletarios Internacionalistas, marzo de 2025

«El desarrollo de la guerra imperialista sigue desarrollándose y generalizándose avistando nuevas escaladas a nivel mundial. A la persistencia de las decenas de guerras, con Ucrania como centro de atención internacional, se ha sumado durante el último año una nueva masacre en Palestina, la más brutal desde que el Estado de Israel asume la función de gendarme en esa zona del planeta. A su vez, los discursos altisonantes de dirigentes burgueses y las tensiones diplomáticas que se acumulan entre gobiernos no son una mera sobreactuación para nutrir el espectáculo de la esfera política, sino que manifiestan un clima de beligerancia real, determinado por las necesidades actuales de acumulación capitalista que exigen de forma cada vez más acuciante, una destrucción masiva de fuerzas productivas para seguir reproduciendo las relaciones sociales existentes. (...) Nuestro  objetivo con estos materiales es contribuir a las tareas  derrotistas. Profundizar, fortalecer y estructurar esa práctica, esa perspectiva que nuestra clase trata de imponer contra todas las fracciones burguesas, luchando allí donde está contra “su propia” burguesía, transformando la guerra imperialista en guerra revolucionaria del proletariado mundial contra la burguesía mundial.»

• Presentación
• Precisiones sobre el derrotismo revolucionario
• Oriente Medio. La lógica de los Estados y el proletariado
    La lucha proletaria en Palestina y el ataque de Hamás del 7 de octubre
    Repliegue del proletariado y alineamiento imperialista
    Algunas respuestas relevantes del proletariado
    Esbozo de perspectivas
• Palestina. Una historia de miseria, masacres y sublevaciones
    Nacimiento del Estado de Israel
     La primera intifada
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• El colonialismo y sus criticos

Revista en PDF: https://proleint.org/wp-content/uploads/Revolucion-3.pdf

EL COLONIALISMO Y SUS CRÍTICOS

Extraído de revista Revolución nro. 3 (marzo 2025)
Proletarios Internacionalistas https://proleint.org

Históricamente, la colonización está indisolublemente ligada al desarrollo del mercado mundial, que a su vez está indisolublemente ligado al pillaje y a la guerra. Esta colonización ha sido obra de empresas que combinan intereses imperialistas privados y nacionales, los cuales han encontrado en aquella el medio para aumentar su poder, al tiempo que materializaban inexorablemente la globalización del mercado y la competencia capitalista.

La visión sesgada en términos de «pueblos» niega sistemáticamente el antagonismo de clase que opera en las sociedades colonizadoras y, en su caso, en las sociedades colonizadas. Cuando estas últimas ya eran sociedades de clases (como el Imperio Inca, enfrentado a los colonos españoles), el colonizador siempre utilizó la estructura opresora existente para someter a las clases explotadas, a menudo mediante alianzas oportunistas, enfrentando a unos contra otros antes de subyugar a las clases dominantes nativas o deshacerse de ellas. Por otra parte, cuando los colonizadores se enfrentaban a comunidades indígenas que no estaban organizadas en clases, y cuando no se trataba sólo de establecer un puesto comercial sino de conquistar tierras, los métodos, con la colaboración , si era necesario, de esclavistas locales preexistentes, eran invariablemente: expoliación de tierras, éxodo forzoso, esclavización y/o masacre. (1)

Más allá de estos hechos, lo que ha colonizado fundamentalmente el mundo, en oposición a la producción material destinada a la subsistencia, es el intercambio de mercancías, y lo ha hecho de forma violenta, a través de la guerra, pero también a través del trastorno de las relaciones sociales inducido por el intercambio, por el dinero que le sigue (que tiende a disolver y sustituir todas las comunidades preexistentes) y, por último, por el trabajo asalariado, que lleva la desposesión y la alienación a un nivel nunca antes alcanzado.

Más aún, todo Estado-nación se ha construido mediante una colonización brutal dentro de sus propias fronteras contra todo lo que tiende a escapar a sus garras y a los imperativos económicos, ideológicos y disciplinarios que encarna en defensa de las necesidades del capital. Por su parte, los métodos y la ideología coloniales (racistas, sexistas, deshumanizadores) de los países colonizadores beneficiaron la implacable vigilancia policial de los «enemigos interiores», los incontrolados, los marginales, los refractarios, las minorías... En general, a medida que ha avanzado el desarrollo y el progreso capitalistas, también lo han hecho las políticas de reconfiguración del espacio, la tierra y el tejido urbano, el desplazamiento, el destierro, la requisa, la devastación y la exposición a la contaminación industrial.

Todas las luchas en este terreno, sobre todo las que apuntaban a alcanzar un cierto grado de autonomía, forman parte del movimiento comunista por la abolición de las condiciones existentes, de la lucha proletaria.

Incluso hoy se puede decir que el Estado sigue llevando a cabo su obra civilizadora y colonizadora contra todos los aspectos de la vida que puedan escapar a la mercancía y a la vigilancia policial, cuestión esencial que guía también la gestión de la migración y del mercado laboral. A esto, como al imperialismo y a la guerra, ningún Estado (por muy «popular» o «libre» que sea) contribuirá jamás a ofrecer una solución o contrapeso, porque ésa es su esencia misma. Oponer un Estado «libre y soberano» a un Estado «colonial» es un señuelo para distraernos de nuestra lucha, una lucha que ante todo no tiene patria.

Históricamente, este internacionalismo se ha expresado en la crítica del colonialismo y el racismo, así como en la crítica del punto de vista colonial y occidental del mundo, en tanto que punto de vista de la clase dominante que naturaliza su estatus, jerarquiza a la humanidad y considera su obra civilizadora beneficiosa por naturaleza, justificando todas las atrocidades. Por supuesto, la crítica revolucionaria a este aspecto esencial no siempre ha sido coherente y consecuente, y sería interesante profundizar en ello.(2) Las divisiones en el seno del proletariado no desaparecen mágicamente en el curso de los procesos de ruptura con el orden burgués, por drásticos que sean.

Las luchas de las poblaciones colonizadas han sido a menudo distorsionadas o invisibilizadas. [Desde el principio] comenzaron a surgir en las regiones y países colonizados diversas expresiones de crítica radical a la visión colonial y occidentalocéntrica del mundo, y a la continuación material, económica, militar, política, social e ideológica de la empresa colonial y capitalista, críticas más allá de las independencias nacionales que se produjeron según calendarios diferentes de un continente a otro.

Lo que suele promoverse bajo la etiqueta de decolonialismo, lejos de ser la punta de lanza de esta crítica, expresa generalmente su versión integrable y aceptable, es decir, su desviación, su captación dentro de un marco socialdemócrata, con todo lo que ello implica en términos de borrar las demarcaciones esenciales respecto al Estado, la nación, el pueblo y los frentes más diversos.

La ideología decolonial, por un lado, se presenta bajo el disfraz de anticapitalismo radical, pero por otro se ahoga en el circo electoral representando a los explotados provenientes históricamente de la inmigración.

En cualquier caso, es en un terreno de desorientación política y de fragmentación posmoderna de la crítica en una disección interminable de «dominaciones» y «opresiones» donde la ideología en su versión decolonial fascina y recluta. A nosotros nos corresponde reapropiarnos de la investigación sobre los fragmentos poco conocidos o falsificados de la historia capitalista y de nuestras luchas, sin someternos a ese marco que se limita a reivindicaciones de reequilibrio, de autodeterminación de los pueblos y no de emancipación revolucionaria mundial.


Notas:
(1) Para ser precisos, existen tres tipos de colonias, que, por supuesto, pueden combinarse en formas híbridas: un simple puesto comercial (teniendo en cuenta los trastornos económicos y sociales provocados por el comercio en torno a las rutas trazadas desde el puesto comercial), una colonia penal y, por último, una colonia de asentamiento, tanto si en este último caso se trata de someter a la población existente a la explotación (y a la mortalidad que conlleva).
(2) A modo de ejemplo recordemos el caso emblemático de la solidaridad de Louise Michel, deportada a Nueva Caledonia, con la revuelta kanak de 1878, actitud no compartida por todos sus compañeros de prisión.

martes, 1 de abril de 2025

Protestas antiguerra en Gaza

Dyjbas, Communist Workers’ Organisation
28 de marzo de 2025

El frágil alto el fuego en Gaza llegó inevitablemente a su fin el 18 de marzo, con la reanudación de los ataques aéreos israelíes. En lo que fue uno de los días más mortíferos del conflicto hasta la fecha, cientos de palestinos murieron en cuestión de horas. Las acciones de Israel estuvieron motivadas por tres factores principales: consideraciones militares (Hamás estaba empezando a reagruparse), la situación política interna (el gobierno de coalición de Netanyahu intenta mantenerse en el poder en medio de una oposición creciente) y los intereses imperialistas regionales más amplios (la guerra en Gaza es clave para el intento de Israel de rehacer Oriente Próximo). La Administración Trump -que durante las últimas semanas había estado echando leña al fuego con diversas amenazas de expulsiones masivas de palestinos de Gaza para dar paso a una «riviera de Oriente Próximo»- simplemente dio luz verde a Netanyahu.

Una vez más, son los palestinos quienes están pagando el precio más alto, reducidos a nada más que números, con familias enteras y sus escasos medios de subsistencia siendo continuamente aniquilados. Sin embargo, a pesar de la guerra y la ocupación, los «palestinos» no son simplemente un bloque homogéneo, sino una sociedad con intereses sociales, políticos y económicos contrapuestos. Los últimos acontecimientos han puesto de manifiesto este hecho de forma contundente.

El 25 de marzo, cientos de personas salieron a las calles de Beit Lahia desafiando la brutal realidad de su vida cotidiana. Ondeaban retazos de tela blanca, portaban pancartas caseras y coreaban cánticos. Las protestas se extendieron a otras ciudades y los eslóganes que resonaban entre los escombros hablan por sí solos: “Queremos la paz”, “Paremos la guerra” y “Fuera Hamás”. El eslogan más simple pero directo era una reminiscencia de las protestas económicas en Gaza que Hamás dispersó en 2019: “queremos vivir”. (1)

“Nos negamos a morir por nadie, por la agenda de ningún partido o por los intereses de Estados extranjeros… Hamás debe dimitir y escuchar la voz de los afligidos, la voz que surge de debajo de los escombros: es la voz más veraz.” (2)

“Han matado a nuestros hijos. Nuestras casas han sido destruidas … [Estamos] contra la guerra, contra Hamás y las facciones (políticas palestinas), contra Israel y contra el silencio del mundo.” (3)
“Estamos oprimidos por el ejército de ocupación (Israel) y estamos oprimidos por Hamás.” (4)

En otras palabras, estas protestas son un grito valiente y desesperado, contra la guerra y contra todos los bandos en conflicto. En ellas podemos oír la voz real de las masas desposeídas que empiezan a ver que ninguna facción de la clase dominante puede ofrecerles la salvación. Los trabajadores de todo el mundo necesitan oír este grito.

Las guerras imperialistas son el producto directo de un sistema mundial al que en última instancia le importan los beneficios, no las vidas humanas. La única fuerza capaz no sólo de detener la tendencia a la guerra, sino también de crear una nueva sociedad sin guerras, es el movimiento de masas de la clase obrera internacional, sobre cuya explotación se construye el capitalismo. Sólo un movimiento así podría responder verdaderamente al grito que viene de Gaza.


Fuentes:
(1) https://www.hrw.org/news/2019/03/20/another-brutal-crackdown-hamas-gaza
(2) https://www.bbc.co.uk/news/articles/c4g71lk09npo
(3) https://time.com/7272030/palestinian-anti-hamas-protest-gaza-war-israel
(4) https://edition.cnn.com/2025/03/26/middleeast/why-gazans-are-protesting-hamas-now-intl-latam


jueves, 20 de marzo de 2025

Tehuchitlán es una muestra más de la putrefacción del Capital

Agrupación Autónoma Rabia Colectiva - AARC
En algún lugar de esta ciudad monstruo- Marzo 2025
Versión (corregida) en PDF: https://ia601201.us.archive.org/13/items/tehu_ver2PDF_folleto./tehu_ver2PDF_folleto..pdf

 
A comienzos de marzo del 2025 en el municipio de Tehuchitán Jalisco, el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco, conformado por familiares y voluntarios ocupados en la búsqueda de fosas clandestinas para la identificación de cuerpos de personas desaparecidas, se toparon con un macabro hallazgo, el cual se equiparó al de un campo de exterminio.

En el lugar de los hechos se encontraron con hornos crematorios clandestinos, restos óseos, vestimenta, calzado, cartas de despedida y varios objetos personales; que días después algunos fueron reconocidos por familiares de las víctimas desaparecidas. Se confirmó también que en esa propiedad donde se hizo el hallazgo, era un centro de operaciones y adiestramiento perteneciente al Cártel Jalisco Nueva Generación. En los días posteriores, en otros estados del país como Tamaulipas y Veracruz, otros colectivos buscadores hallaron también fosas clandestinas, sumándose a las miles de fosas encontradas en todo el país en las últimas décadas.

Desde hace años ya circulaba información en diversos reportajes acerca de la desaparición de jóvenes precarizados de clase trabajadora de entre 18 y 25 años, que eran reclutados por la fuerza por los cárteles de la droga, enganchándolos con artimañas y engaños mediante falsas ofertas de trabajo, para que, una vez acudieran a un lugar citado, fueran secuestrados para obligarlos por medio de la violencia, a trabajar para ellos (1). En este sentido, dichos hechos arrojan por tierra el mito de que ser sicario era sinónimo de una vida de lujos y exceso (viajando en autos de alta gama, derrochando el dinero en fiestas, rodeados de mujeres, mascotas exóticas, joyas y alcohol fino), el cual ha incentivado a muchos jóvenes de zonas rurales y marginadas a unirse a las filas de los cárteles. Con el paso de los años se demuestra que ha perdido cierta credibilidad, pues los miles de muertos, desaparecidos, desplazados y familias rotas no han sido en vano y sirven de ejemplo para no tomar parte en ese negocio. Es por esto mismo, que estas mafias organizadas no tienen otra opción que recurrir a métodos cada vez más deleznables para reclutar gente que haga su trabajo sucio.

Por otro lado, la respuesta del gobierno oficial y de la izquierda nauseabunda encabezada por MORENA y los simpatizantes que le dan su “apoyo crítico”, ha sido la del negacionismo de los hechos, con un alto grado de cinismo, deslindándose de toda responsabilidad y acusando de “complot y conspiración” “orquestado por la oposición derechista para deslegitimar su gobierno”. De más está decir que poco o nada le importan los asesinatos y desapariciones, ni mucho menos dar con los culpables.

No nos extraña tal posicionamiento proveniente de una izquierda mojigata delirante, socia y servil de los grandes capitalistas nacionales y extranjeros. El actual gobierno, que se jacta de ser “progresista” y brindar “apoyos sociales”, lejos de ser la caricatura que nos pintan los derechistas que lo acusan de ser un “gobierno socialista” y hasta “comunista”, en los hechos reales no busca trastocar siquiera un poco la estructura económica y social, sino por el contrario, se ha encargado de impulsar proyectos de desarrollismo capitalista urbano y de “seguridad” (2) que solo benefician a los a intereses de los sectores empresariales y conglomerados nacionales y extranjeros (turísticos e inmobiliarios), a costa de la destrucción de la naturaleza, el desplazamiento forzado de poblaciones (3).

Por su parte, la derecha rancia (encabezada por PAN, PRI, Movimiento Ciudadano) ha aprovechado la situación y ha abogado en su discurso por reavivar la estrategia del mequetrefe Felipe Calderón de “guerra contra las drogas con mano dura” (4), aderezándola con copiar el modelo de Nayhib Bukele en el Salvador, cuya campaña de “estado de excepción” lejos de lo que canta la prensa y los medios, no ha hecho otra cosa que encarcelar a miles de personas inocentes sin relación alguna con las pandillas y usarlas como fuerza laboral en condiciones de esclavitud. Lejos de haber eliminado el problema de las pandillas, solo ha provocado que muchos de sus líderes simplemente emigren a otros países para continuar sus operaciones o unirse a otros cárteles locales (5).

En este sentido, el combate a las drogas tiene más una careta moralista que real, los Estados no combaten al narcotráfico, simplemente lo regulan moviendo las piezas a su conveniencia. Las capturas de capos, la incautación de sus cuentas bancarias, los decomisos de drogas, la destrucción de laboratorios y las múltiples medidas tomadas, nunca frenarán la epidemia del consumo de drogas, porque este es un problema estructural bien incrustado en el funcionamiento de la sociedad capitalista. El tráfico de sustancias ilegales es un gran negocio que retribuye en grandes ganancias que fluyen hacia los bancos y la bolsa de valores. Un gran negocio que posibilita, además, pagar grandes sobornos a funcionarios del Estado (presidentes, gobernadores, alcaldes, mandos policiales, militares e incluso miembros del clero), por consiguiente, no es extraño que existan grandes intereses en preservar y hacer que crezca esa fuente de dinero.

El narcotráfico es una industria que no puede separarse del capitalismo empresarial que opera legalmente. Esas mafias encabezadas por grandes capos, cuyas estructuras jerarquizadas se alimentan de la sangre humana, no tienen nada que envidiar a los grandes conglomerados y corporaciones madereras, mineras y petroleras, cuyo modus operandi en todo el mundo, también es el despojo y el asesinato de poblaciones endémicas (y que casualmente muchos de esos grupos armados que emplean las empresas para amedrentar, son conformados por miembros de las mismas mafias de traficantes).

No es que el Estado y sus instituciones estén corrompidas por la mafia, el Estado es una mafia más en sí mismo, pero que opera bajo la cobertura de la legalidad. El Estado es una fuerza organizada, un monopolio de la violencia al servicio de la burguesía; no importa si gobierna la izquierda o la derecha, sus cambios camaleónicos son solo una careta para encubrir su verdadera función: servir al sistema capitalista.  

Por otra parte, el adiestramiento y la formación de los cuadros logísticos y militares de los miembros de los cárteles, no sería posible sin la participación de las mismas fuerzas armadas (incluyendo a altos rangos del ejército y fuerzas especiales) y de las corporaciones policiacas, que abastecen de activos a sus filas; los cuales son los encargados de transmitir todo el conocimiento sobre tácticas en uso de armas, inspección del terreno, asesinato, interrogación, vigilancia y tortura (mismo conocimiento que es utilizado contra el proletariado cuando se rebela e insurrecciona)

Otro de los principales responsables de la situación son los EEUU (capitalismo imperialista en decadencia), siendo el principal consumidor de sustancias a nivel mundial (6), primero por crear en la población la adicción a los analgésicos (a base de opioides) que son vendidos sin prescripción médica alguna; además de ser el principal proveedor a granel de armas a los cárteles. Todo esto evidencia que la estrategia propuesta por Donald Trump, que las derechas aplauden, de una “intervención militar en México para combatir a los carteles” es una burda falacia, que en nombre de “la seguridad”, esconde intereses de mayor control e injerencia7 en su guerra política y comercial contra las potencias orientales.  

Esclavitud, tráfico de mujeres, tráfico de órganos, cobro de piso, eliminación física de grupos rivales, empleo del terror armado, son solo algunos de los aspectos derivados de una industria psicópata que opera bajo la dinámica y las leyes del capitalismo (competencia, lucro, estafa), solo que, llevada a su máxima expresión, operando libremente sin trabas legales y despojándose de todo discurso moral. Como ya se mencionaba en la obra El Capital, el capitalismo viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies a la cabeza.

Es necesario que, como clase desposeída, como proletarios, entendamos que ni el Estado ni la burguesía son nuestros aliados. No solamente porque están hasta el hueso de coludidos con las mafias de traficantes, sino porque sus intereses están dirigidos a preservar este estado de cosas existente. En toda “guerra contra las drogas” siempre seremos el “daño colateral” de los reajustes en su negocio, ya sea por encontrarnos en el fuego cruzado o como carne de cañón que se enlista en su ejército; mientras la burguesía y los poderosos se orinan y cagan sobre nosotros.

El único camino que nos queda es empuñar el arma de la crítica sobreponiéndonos a la razón dominante, frente a la noción de que este es “el mejor de los mundos posibles” y el “orden natural de las cosas”; como proletarios, debemos afirmar la perspectiva revolucionaria, la comunidad de lucha, el apoyo mutuo y la confianza en nuestras propias fuerzas, a contracorriente de la figura de individuo ciudadano, atomizado y aislado, pues ese es el ideal que la burguesía quiere para nosotros, porque así resulta más fácil mantenernos vulnerables y dóciles ante sus manipulaciones. 

 

Notas:

1. Hay testimonios de sobrevivientes que escaparon del secuestro. 

2. En los sexenios anteriores donde gobernaron los partidos de la derecha, se buscó decretar la institucionalización de una policía facultada legalmente para ejercer tareas que hasta ese momento eran “exclusivas” del ejército, ante lo cual, la izquierda oficial encabezada por AMLO se opuso bajo la bandera de la paz y las libertades civiles. No obstante, cuando en el 2018 esa misma izquierda conquistó la presidencia y la mayoría parlamentaria, logró barrer con todos los obstáculos legales para la formación de esa policía militar, dando paso a la creación de la Guardia Nacional. Pero no sólo en este aspecto Morena fue superior a sus antecesores, sino que además, brindó mayores poderes y facultades al ejército, otorgándoles control sobre infraestructura estratégica como puertos, trenes y aeropuertos. Por si fuera poco, desde la administración e AMLO, se ha absuelto de sus crímenes a altos mandos del ejército, que habían sido arrestados por su comprobada complicidad con el narcotráfico y relacionados al caso de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

3. La gentrificación y la turistificación ha sido impulsada y respaldada desde la administración de AMLO, contribuyendo al incremento de la explotación y precarización de las condiciones de vida de la clase trabajadora.

4. Guerra que además de costar miles de muertos y desaparecidos, en realidad fue una patraña encubierta para apoyar al Cartel de Sinaloa en su disputa contra el Cartel del Golfo y los Zetas.

5. Cabe agregar que más allá de las bellas idealizaciones que se le adjudican, Bukele ha decretado la reactivación de la industria minera en El Salvador, que beneficiará a capitalistas privados y ha despojado a poblaciones pobres y contaminando sus tierras y mantos acuíferos. Por si fuera poco, su gobierno ha autorizado que las mega cárceles recientemente construidas, funcionen también como un “Guantánamo” para los inmigrantes venezolanos deportados por el gobierno de Trump. 

6. Récord que viene encabezándolo desde los años 70s, por la demanda de heroína para los soldados vueltos de Vietnam. Además, es importante recordar que fue el mismo gobierno norteamericano quien introdujo las drogas en los barrios pobres como estrategia anti-subversiva y contra la organización de proletarios negros y chicanos, durante las décadas de los 60s y 70s. También destaca el hecho de que, durante la ocupación yanki en Afganistán en la primera década del siglo XXI, se disparó la producción de opio para su comercialización mundial, y que además creó un gran número de adictos entre la población local.

7. A saber, la apropiación de los recursos naturales como es la intención de hacer con Ucrania.

lunes, 24 de febrero de 2025

Una tradición que se ha perdido: los pillajes a la muerte de los papas

Grupo Comunista Internacionalista
Revista Comunismo nro. 53, septiembre de 2005

[Apropósito de la muerte de Karol "Juan Pablo II" Wojtyła en aquel año]

Es con gran desolación que asistimos hoy al penoso espectáculo de millones de ovejas religiosas desfilando lloriqueando ante la riqueza del Vaticano. Quisiéramos creer que es por falta de acceso a todas esas riquezas que esos peregrinos modernos se pierden en efusiones, pero no es así, si esas pobres criaturas oprimidas se encuentran ahí, arrastrados por sus suspiros ciudadanos y la religión televisiva, es para lamentar la muerte del jefe de los prelados de ese riquísimo Estado que es el Vaticano, el papa Juan Pablo II. Éste se ha hecho famoso por sus frecuentes viajes y manifestaciones de apoyo - “perdón” en el lenguaje cristiano - a todo tipo de torturadores en todas partes del mundo, desde Hassan II y Ben Ali a Pinochet, Reagan o Castro, así como por la beatificación de José Maria Escriva de Balaguer, fundador de ese centro ultrareaccionario y anticomunista primario que es el Opus Dei.

Nosotros hemos encontrado consuelo a la triste actualidad sumergiéndonos en la historia y no fue una sorpresa, algunas buenas noticias nos esperaban. Durante la Edad Media y el Renacimiento, así como en épocas más recientes, la noticia de la muerte del papa hacía desencadenar la rabia de las masas contra los bienes pontificales. Antaño peregrinos y habitantes de Roma se manifestaban de una manera muy distinta a como lo hacen hoy esas carneros ciudadanos, provocando grandes desórdenes, pillajes y destrucciones. Un cronista romano, Gaspare Pontani, cuenta como en 1484 apenas había empezado a propagarse la noticia de la muerte del papa Sixto IV, considerado por la Iglesia como uno de los grandes papas del siglo XV, ocurrida en plena noche, cuando se empiezan a producir desórdenes hasta tal punto que “simplemente no es posible quedarse en Roma a causa de los pillajes y robos”. En efecto, grupos de jóvenes se reunieron y entendiendo que debían aprovechar la ocasión de la muerte del papa para manifestar su rabia frente al orden social, se presentaron en el palacio del conde Girolamo Riario, sobrino del papa Sixto IV y lo destruyeron completamente, a “tal punto”, prosigue el cronista, “que no dejaron una puerta y una ventana intacta”. Otros jóvenes fueron a Castel Giubileo, donde se encontraba la finca de la condesa Caterina Sforza Riario, para “robar una centena de vacas, todas las cabras y numerosos puercos, burros, gansos y pollos pertenecientes a la condesa”. ¡Al contrario de lo que constatamos hoy, pareciera que entonces era difícil lograr que los jóvenes se arrodillaran frente al clero, que aseguraba que los bienes pontificales acumulados en esos lugares servían a la salud de las almas!

Episodios de este género eran recurrentes y tenían una clara connotación social. El 9 de agosto de 1559 a la noticia de la muerte del papa Pablo IV, los habitantes de Roma “corrieron hacia la prisión y después de haber roto las puertas, liberaron a todos aquellos que encontraron”. Ese mismo día otros grupos fueron al Campidoglio para destruir la estatua de mármol que había sido dedicada tres meses antes a ese mismo Pablo IV. La frecuencia de este tipo de acciones durante la muerte de un papa era a tal punto elevada que la Iglesia se sintió obligada a tomar medidas para defenderse de esos ataques. Así, siempre a la ocasión de la muerte de Sixto IV de la que hemos hablado más arriba según Bucardo, maestro de ceremonia pontifical, “a cada entrada de la ciudad han sido asignados como custodias notarios apostólicos, funcionarios de la curia o/y ciudadanos romanos. Cardenales fueron designados para cuidar el palacio y la administración de asuntos corrientes”.

Muchas veces ni esperaban a la muerte del papa para empezar los pillajes. A veces era suficiente que circularan “malas noticias” sobre la salud del “santo hombre” para que la bronca de los romanos se desatara. Los esbirros del papa debían apurarse para probar que estaba todavía vivo y retardar así los “desórdenes”. Así, al inicio del siglo XIII el cronista inglés Matteo Paris cuenta como diez días antes de su deceso, Honorius III (1216-1227) “cansado y medio muerto” debió ser llevado a una “alta ventana” (del palacio Laterano) y ser expuesto a los habitantes de Roma para calmarlos, pues éstos ya habían empezado a “desquitarse contra los bienes pontificales”.

Ya en el año 904 un concilio romano había tomado medidas para reprimir esa vil costumbre de pillar el palacio Laterano, así como Roma y sus alrededores luego de la muerte del papa. En efecto, había promulgado un decreto hablando de esos “detestables hábitos” que “iban en aumento”. Por otra parte, es importante destacar que no se trata de un fenómeno exclusivamente romano. Capítulos imperiales y concilios intentaron impedir durante siglos el pillaje de episcopados y abadías a la muerte de su titular, emitiendo decretos, lamentando que esos pillajes se ejercieran en contra de sus bienes, “como si pertenecieran directamente a los prelados, lo que es contrario a toda ley”.

En toda Italia se verifican fenómenos de ese género. Cerca de 1049, a la muerte de “su” obispo, los habitantes de Osimo, una pequeña ciudad de Marches en los alrededores de Ancona, invadieron y saquearon el palacio episcopal, destruyendo viñas y arbustos, prendiendo fuego a las casas. León IX, la misma mañana del 18 de abril de 1054, cuando ya estaba gravemente enfermo, pide ser conducido a la basílica de San Giovanni, en el palacio Laterano, transportado sobre el mismo lecho en el que se encontraba. Cuando se supo la noticia “los romanos atacaron el palacio Laterano como tienen hábito de hacerlo”…

¡Otro tiempo, otras costumbres!

Contra la amnesia con la que los burgueses quisieran golpearnos, recordemos esos momentos de lucha que indican la vía de futuras peleas y gritemos fuerte:

¡Abajo todos los curas!, ¡abajo todos los ayatolás, imams y compañia! ¡Muerte a todos esos revendedores de paraíso adulterado!

Contra esta época hecha de superstición, de dinero y de plástico, donde la representación y lo ficticio ocupan el lugar de toda relación verdaderamente humana.

¡Que vuelva pronto el tiempo de lo real, el tiempo en el que los proletarios pillan y queman los edificios religiosos en lugar de llorar sobre la tumba de sus explotadores!

¡Proletarios “en el frente interno”!

22/02/2025
https://rdnetwork.noblogs.org/post/2025/02/22/proletarians-on-the-home-front


¡Camaradas!

En muchas partes del mundo, el capitalismo está reactivando su maquinaria bélica principal para masacrar a miles y miles de proletarios. Se les bombardea y acribilla sin tregua, se les mata deliberadamente de hambre y se les priva de agua, se les obliga a dispararse, apuñalarse o gasearse en las trincheras, se les viola, tortura y mutila…

Cuando nuestra clase se enfrenta a esta carnicería, a esta horrible intensificación de la inhumanidad de la sociedad capitalista, ¡su única reacción es negarse a someterse a ella! Esto nos sale de las entrañas y al mismo tiempo es la expresión de nuestros intereses históricos de clase.

Por eso, poco después del comienzo de la guerra en Ucrania, empezaron a aparecer “incidentes” a ambos lados del frente. Los soldados de ambos ejércitos intentan cada vez más escapar al reclutamiento y evitar ser enviados al frente. Se esconden cuando pueden, y si son reclutados a la fuerza en unidades militares, intentan escapar y abandonar sus posiciones a la primera oportunidad. La situación ha llegado tan lejos que los generales ucranianos se quejan de la “desintegración total de la disciplina del ejército”. Lo mismo está ocurriendo, aunque desgraciadamente a menor escala, en otros conflictos interburgueses en Oriente Medio, Sudán y otros lugares. Tanto en Ucrania como en Rusia, oficiales del ejército y reclutadores militares han sido atacados por sus “propias” tropas.

Pero, ¿qué podemos hacer nosotros, como proletarios que vivimos en los territorios “pacíficos” del “frente interno”, para apoyar concretamente la lucha de nuestros hermanos de clase uniformados que se rebelan contra la guerra capitalista y vincularla concretamente a nuestras propias luchas? ¿Aunque tengamos la suerte de vivir lo suficientemente lejos de la “zona de la muerte” como para no sufrir los bombardeos, los misiles, la ocupación militar o la presencia de bandas ambulantes de matones de las “unidades especiales”?

Nuestras vidas siguen viéndose afectadas a diario por los recortes del “gasto social”, el deterioro de las condiciones laborales y la intensificación de la explotación, la subida de los precios de la vivienda, los alimentos, la energía y otros medios de supervivencia, el aumento del control social y la represión y la militarización general de la sociedad.

Por supuesto, esto no es nada nuevo; también conocemos esta miseria en tiempos de “paz” capitalista y luchamos contra ella con la misma intensidad. Pero durante la guerra o los preparativos intensivos para la guerra, el capital y su Estado deben concentrar una parte cada vez mayor de la producción en lo que se conoce como “economía de guerra”. Es decir, producir rápidamente armas, municiones y vehículos militares, combustible, raciones alimenticias, etc. para gastarlos con la misma rapidez en el proceso de masacrar a los proletarios, es decir, ¡al resto de nosotros! Y como cada Estado tiene que hacer esto más rápidamente y a mayor escala que el “enemigo”, esto crea una inmensa presión para hacernos trabajar cada vez más arduamente, por más tiempo y con menos medidas de seguridad, etc. Al mismo tiempo, el Estado tiene que redoblar su propaganda a favor de la nación y de la santidad de “la Patria”, “la democracia” y “la libertad” para convencernos de que nos sacrifiquemos por los intereses del Capital, los cuales nunca pueden ser los nuestros.

La primera respuesta a la pregunta de qué hacer es: ¡rebelarnos contra nuestra propia explotación! Mediante huelgas, ocupaciones, bloqueos y sabotajes de autopistas y ferrocarriles, saqueos de mercancías y su redistribución entre la clase, etc. en tiempos de guerra, atacamos la producción, valorización y reproducción del Capital necesario para el esfuerzo bélico. Pero también, al afirmar nuestros intereses de clase en oposición a los intereses de la clase dominante, ¡desbaratamos su cuento de hadas de la “unidad nacional”! Nuestros enemigos de clase también tendrán que enviar más policías y soldados para intentar reprimir nuestras luchas – y no podrán ser utilizados para ahuyentar a los desertores y refugiados, para imponer la movilización, para vigilar las fronteras… y su lealtad al Estado no es un hecho. Después de todo, los motines en el ejército ruso en febrero de 1917 se desencadenaron cuando los soldados recibieron órdenes de sus oficiales de reprimir a los trabajadores en huelga en Petrogrado.

Para que nuestro ataque a la maquinaria bélica sea directo y eficaz, debemos concentrar nuestra actividad subversiva en varias áreas:

Desorganización de la infraestructura militar, como almacenes de municiones, ferrocarriles, puertos, aeropuertos y las carreteras utilizadas para llevar tropas y equipo militar a los frentes.

Podemos inspirarnos en nuestros hermanos y hermanas proletarios de los colectivos que han estado saboteando los ferrocarriles en Bielorrusia y Rusia desde el comienzo de la guerra para impedir el transporte de suministros militares al frente.

Los estibadores de Génova y Trieste en Italia y del Pireo en Grecia también bloquearon el envío de armas y municiones a Ucrania, Israel o para los bombardeos estadounidenses en Yemen.

Perturbación del reclutamiento militar, la conscripción y la “busificación” de reclutas para el frente. Tanto en Ucrania (Transcarpatia, etc.) como en Rusia (Daguestán, etc.), los cerdos y las patrullas militares que vienen a detener a los hombres reclutados a la fuerza se enfrentan a sus familiares y amigos enfadados.

Si vivimos en países más alejados del frente, el Estado ha utilizado hasta ahora o bien tácticas de reclutamiento “voluntario” y de manipulación nacionalista, como los programas de educación patriótica llevados a cabo en Francia y Polonia, por ejemplo, o bien planes de servicio militar obligatorio. Si buscamos inspiración sobre qué hacer, señalemos la larga tradición de protestas y disturbios contra los reclutadores militares y los “asesores de carreras militares” en las universidades estadounidenses, que se remontan a las llamadas guerras de Vietnam y del Golfo y llegan hasta la reciente guerra de Gaza.

¿Por qué los reclutadores militares, los propagandistas nacionalistas o los buenos ciudadanos que delatan para el Estado y denuncian la resistencia de clase antimilitarista – aquellos que nos obligan a sacrificarnos por el “bien de la nación” –, por qué a estos compinches se les debería permitir vivir sus vidas en paz y con seguridad? ¡Tratémoslos como nuestro movimiento de clase ha tratado siempre a los soplones y esquiroles! ¡Los chivatos no duran mucho tiempo!

¡Ayudemos a escapar a los desertores, escondámoslos y pasémoslos de contrabando a través de las fronteras, pero también organicemos nuestra lucha con ellos! Ya existen redes en Rusia y Ucrania que ayudan a los soldados a escapar del ejército, y tenemos que vincularlas con nuestras propias redes de lucha. Eso significa contactos seguros, teléfonos seguros, hogares seguros, recaudación de fondos…

La historia de la lucha de clases nos muestra que la única manera de oponerse realmente a la guerra capitalista, no a favor de continuar nuestra miseria en la paz capitalista, sino por la destrucción de toda la sociedad de miseria y explotación, y por lo tanto por el fin de todas las guerras, ¡es cuando la revuelta de los proletarios en el frente y la lucha de los que están en el “frente interno” se unen prácticamente!

Recordemos la experiencia de los proletarios en Irak durante la llamada primera guerra del Golfo de 1991, cuando los desertores del ejército, muchos de los cuales habían conservado sus armas, se reunieron tanto en los humedales del sur como en las montañas del norte, ¡donde organizaron con militantes obreros la insurrección contra el Estado!

Frente a la catástrofe capitalista mundial, ¡la revolución es nuestra única perspectiva!
¡Volvamos nuestras armas contra “nuestros propios” explotadores y “nuestros propios” generales!
¡Luchemos juntos contra la guerra capitalista y contra la paz capitalista!
¡Transformemos la guerra capitalista en una insurrección de clase mundial por el comunismo!