por Rolando Astarita
Argentina, 05/01/2026
El ataque militar de EEUU a Venezuela y el secuestro de Maduro y su esposa, Cilia Flores, constituyen una brutal violación de los principios del derecho internacional, que atribuye a los Estados derechos y obligaciones que configuran su soberanía. El principio de no injerencia en las políticas internas de los países, el derecho a la integridad territorial y a la autodeterminación constituyen los pilares de la democracia burguesa en el plano internacional. Se trata de una igualdad burguesa, formal, como lo son todos los derechos democráticos burgueses. Pero no por ello carecen de importancia.
En particular, el uso unilateral de la fuerza y la detención de un jefe de Estado en ejercicio son lo opuesto a los principios del derecho internacional democrático burgués. Lo mismo cabe decir de la agresión militar que acompañó al secuestro de Maduro y su mujer. EEUU atacó a Venezuela con 150 aeronaves, misiles y bombas, asesinando, según información recogida por el New York Times, unas 80 personas ((32 de ellos militares cubanos). Pero la Carta de la ONU sostiene la igualdad soberana de los Estados, y prohíbe que una potencia actúe por encima de otra, independientemente de su poder militar. Prohíbe explícitamente cualquier forma de intervención directa o indirecta. Todo esto es pasado por alto por Washington. Y ya había antecedentes cercanos: más de 100 personas fueron asesinadas, en las semanas previas, por EEUU con el pretexto de que manejaban lanchas cargadas de droga.
Status colonial y doctrina Monroe
Descabezado el gobierno venezolano, Trump advirtió que Delcy Rodríguez “no se porta bien” (esto es, si no hace lo que Washington le ordena) habrá nuevos ataques. También dijo que Venezuela estará bajo la tutela de EEUU, al menos en el próximo periodo.
Equivale a colocar a Venezuela en situación de semicolonia de Washington. Esto es, pérdida de su autonomía -formal- política. Encaja con la revitalización, por parte de Trump y su staff, de la doctrina Monroe, que dice, en resumidas cuentas, que el hemisferio occidental, y América Latina en particular, es coto de caza de EEUU. Recordemos que Trump ha reclamado el derecho de EEUU a apropiarse de Groenlandia (“la necesitamos por razones de seguridad”); la ocupación militar del canal de Panamá, e incluso la compra de Canadá. La contrapartida implícita (o no tan implícita) es que Rusia tiene derecho a invadir Ucrania; y China a defender su zona de influencia (¿Taiwán en el largo plazo?). Con este principio establecido, los capitales chinos y rusos no deberían meterse en América Latina. O reducir su participación a una mínima expresión.
¿Acuerdo con el aparato chavista?
Producido el secuestro de Maduro, la líder de la oposición, Corina Machado, y el excandidato Edmundo González Urrutia, se ofrecieron para encabezar un gobierno de transición hacia un régimen post chavista (que incluiría la libertad de los presos políticos; otorgamiento de libertades democrático-burguesas; reconocimiento del triunfo electoral de González Urrutia en julio de 2024). Los venezolanos de la diáspora que salieron, el mismo sábado 3/01, a festejar “la caída del dictador” en muchas ciudades del mundo, creyeron lo mismo. Pero Trump y su mano derecha, Marco Rubio, apretaron el freno. Dijeron que la oposición está mayoritariamente fuera de Venezuela, y que Machado no tiene poder ni reconocimiento para liderar un gobierno de “transición”. Apostaron por Delcy Rodríguez. La oposición y Machado pasan a un segundo plano. Por su parte, Trump y Rubio se han cuidado de hablar sobre el restablecimiento de libertades democráticas; tampoco se ha liberado a los presos políticos.
Recordamos: Rodríguez fue ministra de Comunicación (2013-2014) y canciller (2014-2017). Entre 2017 y 2018 presidió la Asamblea Constituyente. Y asumió la gestión del petróleo después de que el exministro Tareck El Aissami terminara en prisión por un desfalco a la industria. Rodríguez tuvo buen trato con los empresarios, y ahora Washington quiere que se entienda con las petroleras estadounidenses. Además, ha recibido el respaldo de las Fuerzas Armadas. El problema de fondo: Washington y la dirigencia venezolana temen que estallen enfrentamientos entre facciones militares o los colectivos; o entre movilizaciones populares a favor y en contra del régimen. Una dinámica de ese tipo podría sumir a Venezuela (en crisis económica profunda desde hace años) en una disgregación similar a la ocurrida en Libia post Gadafi, o Iraq post Hussein. En escenarios de anarquía y guerra civil no hay posibilidad de realizar negocios con un mínimo de seguridad. Además, habría nuevas olas de refugiados, que afectarían a la región y al mismo EEUU.
La estrategia de Trump entonces es sostener el régimen represivo, pero orientado ahora al capitalismo, y favorable en especial a los capitales estadounidenses. En este último respecto, es clave la industria petrolera. Actualmente Venezuela produce 1,1 millones de barriles diarios, contra más de 3 millones antes de que Chávez asumiera la presidencia. Para revertir este declive es necesario renovar equipos e invertir en infraestructura. Los expertos calculan que se precisan unos 100.000 millones de dólares. En el plan de Washington esta inversión la realizarían empresas norteamericanas, en cooperación con PDVSA (a propósito, en el primer día hábil después de la captura de Maduro sus bonos subieron fuerte). De nuevo, este programa requiere avanzar en acuerdos con el aparato estatal chavista. Y no sería la primera vez que grandes “revolucionarios antiimperialistas” giran en redondo y se adaptan “a los tiempos que corren”.
Es en este punto que aparece la mayor funcionalidad de Delcy Rodríguez sobre Corina Machado. Rodríguez expresa, al menos parcialmente, la continuidad de los intereses de la burocracia estatal y los mandos de las Fuerzas Armadas. No es el caso de Machado. La variante Machado es defendida por la Unión Europea; pero no es viable sin el apoyo de Washington.
Por ahora (escribo esto el 5 de enero) todo parece marchar como si hubiera un cierto consenso entre las fuerzas políticas implicadas de no hacer demasiadas olas. Significativamente, Delcy Rodríguez invitó a EEUU a “trabajar juntos en una agenda de cooperación”. Afirmó asimismo que es prioritario avanzar hacia “un relacionamiento internacional equilibrado y respetuoso” con Washington. A su vez, Diosdado Cabello elogió el orden y tranquilidad que había en Venezuela a pocas horas de consumada la agresión yanqui. Por supuesto, el mismo sábado 3 se convocó a una manifestación “antiimperialista” en Caracas y otras ciudades. Pero no movió el amperímetro.
Por último, es llamativo que los yanquis llegaran a Maduro, lo capturaran y se lo llevaran, sin encontrar gran resistencia. Solo un helicóptero de la fuerza agresora fue dañado por balas, sin que eso le impidiera volver a su base. No se informa de muertos entre los atacantes. Una situación que, por lo menos, es extraña.
Para terminar, sobre libertades democráticas y el proyecto socialista
En notas anteriores hemos reivindicado la tradición del marxismo de defensa de las libertades democrático-burguesas, y su significado para la liberación de los trabajadores. Esas notas las escribimos en polémica con gente que menosprecian la lucha por los derechos y libertades democráticas. Se vio en la invasión rusa a Ucrania (la mayor parte de la izquierda argentina negó el derecho de los ucranianos a defenderse). Y se ve en la actitud ante la represión policial, militar y parapolicial, en Venezuela. Militantes y organizaciones de izquierda desoyeron o desestimaron denuncias sobre detenciones ilegales, secuestros y torturas por parte del régimen, diciendo que las mismas eran funcionales al imperialismo y a la “derecha fascista”. Una consecuencia es que el socialismo es identificado, por millones de personas, con regímenes dictatoriales y burocráticos.
Enfatizamos que la lucha por libertades democráticas tiene dos aspectos: a) la defensa de la autodeterminación nacional y el rechazo de la intervención militar de EEUU, o de cualquier potencia, contra naciones más débiles; b) el rechazo de los regímenes dictatoriales burocráticos, la exigencia de la libertad de prensa y reunión, el derecho al voto, etcétera. Ambos aspectos deberían enfatizarse en la propaganda socialista.
El problema más grave: sea cual sea la suerte de Maduro en los próximos meses, el tema que objetivamente se instala en el seno de la izquierda es el balance del “socialismo siglo XXI”. Durante el ascenso de Chávez, y los altos precios del petróleo, buena parte de la izquierda presentó al chavismo como la renovación de los ideales y de la alternativa socialista. Pero la economía y con ella la población trabajadora, se hundieron en el atraso, la miseria y el hambre. Millones emigraron. Millones fueron llevados al callejón de la desesperanza y la resignación. Que miles de trabajadores salgan a la calle a vivar una agresión imperialista, y a agradecer a un sujeto como Trump «por la libertad», debería ser motivo de profunda reflexión en la izquierda. Repetimos, es necesario encarar un balance a fondo de lo dicho y lo actuado.
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